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Lo que no es, y lo que tal vez será

Summary:

"Ya había discutido con Lord Kusanali acerca de esta reunión, ella le había preguntado muchas veces si estaba seguro de que quería tener esa conversación y él todas las veces le respondió que asistiría a la reunión si era necesario. Así es que no se permitiría renunciar ahora, pero en realidad…

Él no creía posible que la otra parte aceptara la reunión".

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Nahida quiere congeniar más con los arcontes, pero con una en especial, el trabajo duro no lo tendrá que hacer ella.

o

Yo intentando que se sienten a hablar de una vez por todas. Nahida me da una mano, o dos, un brazo, tal vez.

Notes:

Ehhh... ¡Hola!
La verdad es la primera vez que escribo un fanfic así que estoy nerviosa de cómo resultó esto, pero espero que a las pocas personas que esto les haya alcanzado les guste.

He tratado de hacerlo lo más caracterizado posible pero aún no sé si lo logré, de todas formas, hice todo lo que pude con mi toque de poeta, pero aish como odio la narración.

Creo que no diré nada más así que los dejo con lo que sea que hice, ¡gracias por leer!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Aún sintiendo la brisa bailar entre sus dedos, el silencio en la habitación lograba hacerle sentir que escaseaba aire que ni siquiera necesitaba. Curioso, porque nunca tuvo problema con el silencio en tiempos pasados, sin importar cuán incómodos podían llegar a ser.

 

En medio de la tensión latente, Kusanali se acercaba con una tetera humeante desde la entrada de la sala del Santuario de Surasthana que acomodó con su ayuda para esta reunión. 

 

Decidido a hacer algo que no sea mirarle la cara a … la invitada al otro lado de la mesa, Wanderer se levanta para dirigirse a Lord Kusanali y tomar el objeto caliente él mismo, quitándoselo de sus manos pequeñas. Ella le sonríe, pareciendo inspeccionar con sus grandes ojos verdes su expresión, mientras que él entrecierra un poco los ojos y bloquea su mente en respuesta, solo por las dudas de que pierda contra su curiosidad.

 

De todas maneras, pareció satisfecha con lo que sea que encontró solo en sus gestos (que bien podía ser todo, considerando su inteligencia y el tiempo que han trabajado juntos), y se vuelve de donde vino a traer… en realidad, no tiene ni idea.

 

Wanderer le echa un último vistazo antes de darse la vuelta y dirigirse de nuevo a la mesa de centro en la que se encontraba. No hace contacto visual mientras llega con la tetera caliente. No sabe qué expresión hace la otra persona mientras la coloca en el medio para poder arrodillarse correctamente, ni cuando acomoda las tazas y vierte el té en cada una de ellas. Él tampoco quiere saberlo.

 

Con solo el sonido del té, la identificable estática en el aire y sus respiraciones innecesarias fue fácil reconocer pasos diferentes a los tintineos suaves de Kusanali al caminar. Terminando de servir la última taza (la de ella) y escuchar un suave murmullo de agradecimiento que decide no prestar atención, dirige su mirada al sonido justo a tiempo para ver al de cabellera dorada quedarse estático en la entrada con los ojos abiertos.

 

El silencio, de pronto, se hizo más fuerte, manteniéndose así durante breves momentos en que todos parecían congelados. Hasta que, claro, la molestia voladora soltó un jadeo que bien podría considerarse grito. El viajero pareció despertar ante eso, parpadeó una, dos, tres veces y lo vimos asentir con una sonrisa (que él podría jurar que estaba llena de exasperación) a ambos en modo de saludo y… ¿despedida?, porque se dio la vuelta, tomó a Paimon y se marchó en cuestión de segundos.

 

…

"Así que ni él viajero es tan valiente para quedarse a una conversación entre ellos. Je, y él que lo consideraba un entrometido de primera”, pensó.

 

Siendo sincero consigo mismo, en esos momentos en que lo vio correr hacia la salida, sintió la tentación de pedirle que lo llevara a cualquier lugar al que estuviera huyendo. Pero no iba a perder su dignidad haciendo eso, la cosa gritona nunca se callaría luego.

 

Además de que ya había discutido con Lord Kusanali acerca de esta reunión, ella le había preguntado muchas veces si estaba seguro de que quería tener esa conversación y él todas las veces que asistiría a la reunión si era necesario. Así es que no se permitiría renunciar ahora, pero en realidad…

 

Él no creía posible que la otra parte aceptara la reunión.

 

La melodía familiar ahora sí se deja oír y hace que detenga sus pensamientos, alzando su mirada que, no había notado, estaba fija en su taza de té.

 

Para su horror, Lord Kusanali llega con dos platos de dango a los que él se encarga de darles una mueca desdeñosa. Para su mayor horror, escucha una aspiración emocionada de… el otro individuo en la sala.

 

Se resiste a voltear incluso si solo es para darle una mirada de incredulidad, así que se la dirige a Kusanali, aunque rápidamente la cambia a una que podría pasar como curiosidad.

 

—¿De dónde sacaste esa… cosa? —no los insulta directamente, necesita saber quién está vendiendo esa atrocidad para poder ir a darles una buena charla.

 

La arconte le dirige una mirada divertida, viendo a través de su no muy elaborada actuación. Pero Wanderer solo continuó con su expresión levemente interesada, como si quisiera saberlo por cualquier otra razón no relacionada a vetar esa inmundicia dulce de la nación.

 

—Le pedí al viajero que me los trajera —respondió, para luego dirigir su mirada a la otra mujer mientras se acomodaba en un cojín esponjoso y le ofrecía un plato—, escuché que te gustaban, así que le pregunté si me los podía traer desde Inazuma, ya que siempre está viajando de allí por allá.

 

Wanderer entrecerró sus ojos preguntándose si era posible vetar al primer Sabio de Buer sin que ella se enterara.

 

Unas campanillas sonaron en su mente como risas infantiles —No, no puedes hacer eso —le contestó ella.

 

Solo suspiró levemente en respuesta, lo intentó.

 

—Gracias, Buer— …uh— me siento muy halagada por toda la consideración que estás teniendo conmigo.

 

Uh. Él realmente no había pensado en cuán diferente era su voz, la de ella, comparada con la del Shogun.

 

Sonaba… firme, propia de una general de guerra como ella, claro, pero a la vez tenía una oscilante delicadeza, que demostraba una sensibilidad existente que él sabía, no se mostraba en la marioneta.

 

Si es que de alguna manera aún no creyera que ella estuviera aquí, en frente de él, esto definitivamente lo hubiera convencido.

 

Tal vez era así. Tal vez aún no lo había creído del todo, pues no pudo evitar exaltarse aunque sea levemente y dirigirle la mirada por primera vez desde que sus ojos se encontraron antes de entrar a la sala, cuando la había observado descolocado entrar en el Santuario y ser recibida por Lord Kusanali.

 

Ahora, al escuchar su voz de nuevo, no sabía qué expresión estaba haciendo. Lo que era seguro, pensó, es que debía ser una muy lamentable. Pues sintió a Nahida apoyar su manito sobre la suya en la mesa mientras que los ojos de… Belcebú mostraban curiosidad, lo que sin duda no le hacía bien a su estado.

 

Wanderer ya ni siquiera sabe cómo se siente. Su resentimiento y tristeza estaban ahí, pero como voces de vidas lejanas, ya apagadas. Dejándolo solo con una confusión agria, una de la que ni siquiera pueda afirmar con seguridad porque solo siente que no entiende nada, la situación ni a sí mismo.

 

—No es nada —escucha decir a Kusanali como un eco—, en verdad me alegro de que hayas podido venir hasta acá.

 

Parpadea fuerte y dirige su mirada a Nahida al escuchar una aspiración de su parte al terminar la frase, como lo hace cuando va a decir algo que no está muy segura de compartir.

 

—Me quedaré aquí solo unos minutos más y luego los dejaré solos —la siente apretar su mano levemente, para continuar ahora dirigiéndose a la otra arconte con una pizca de timidez— y en caso de que todo salga bien, me gustaría…, luego me gustaría pasar un poco de tiempo juntas, si es que es posible con el escaso tiempo, claro.

 

Wanderer parpadea otra vez (¿está seguro de que no se le dañaron los ojos?), coincidiendo graciosamente con la mujer delante suya.

 

—Ah, yo- —la escucha hablar algo sorprendida, pero no sonaba disgustada— Claro, no estoy segura si debería estar tanto tiempo fuera de Inazuma, pero quedarme unas horas más para charlar no estaría mal. Sí…, me gustaría mucho

 

Él la ve dirigirle a Nahida una sonrisa y se tiene que obligar a no parpadear de manera exagerada por tercera vez en cinco minutos, porque si lo hiciera podría comenzar a considerar seriamente haberse averiado, ya no de broma.

 

Las observa tomar bocados de sus dangos, y por alguna razón: disfrutarlos. Él vuelve a su té mientras escucha a Nahida agradecer entusiasmada por haber aceptado su oferta y a Belcebú reír suavemente.

 

La risa se apaga poco a poco y Wanderer siente su mirada en él, lo que le hace de repente muy consciente de sí mismo. Alza su mirada y mantiene los labios cerrados en una línea mientras ella abre los labios lentamente antes de dirigirse hacia él.

 

—¿No comerás uno? —preguntó, aún con esa curiosidad hacia él que no comprendía su origen.

 

Mira de reojo a Nahida, quien se está terminando los últimos pedazos de sus dangos. Ella le dirige una mirada gentil justo antes de que él vuelva a centrar toda su atención en la otra arconte frente a él.

 

—No soy fan del dango, ni de cualquier otro dulce —le responde algo seco, pero aun así intentó que no pareciera que quería cortar la conversación ahí. "Se supone que estamos aquí para dialogar", se repite.

 

—Oh, eso… no lo esperaba —él frunce el ceño —pero a la vez sí, supongo. De todas formas, lo que se ajuste a ti está bien.

 

Wanderer se encuentra a sí mismo cerrando y abriendo la boca como un pez ridículo, sin saber cómo responder a eso. Escucha un suspiro satisfecho de Nahida y él no sabe si es por la comida o por algo más.

 

Cuando se vuelve a ella, está con las manos juntas y comienza a dirigirse a Belcebú:

 

—Bueno, antes te había comentado sobre lo que sucedió con los recuerdos de las personas de Teyvat que estuvieran relacionadas a él, ¿verdad? —Sus manos se separan y comienza a gesticular con ellas como siempre— Como una ramita arrancada del árbol por el viento. Dejando solo una marquita tan pequeña que únicamente podrías reconocer si te acercas muy pero muy cerca, pero para ese tiempo, otra ramita habrá tomado su lugar, y nosotros ignoraremos el hecho de que no eran las mismas.

 

Belcebú escuchaba atenta mientras asentía.

 

—Hace un tiempo sentí que algo había cambiado —las cejas de Wanderer se elevan levemente ante eso— , pero a diferencia de una experiencia similar, en la cual había una variable física, esta vez no veía nada fuera de lugar a mi alrededor, y no pude reconocer qué es lo que estaba mal".

 

—Uhm… —Nahida se llevó una manita a la barbilla y solo se tomó unos segundos antes de decir —¿Qué recuerdas de él?

 

La mujer frente a él le dirige la mirada y él parpadea lentamente. Ella no se toma ni un momento antes de contestar.

 

—Recuerdo haberlo creado y el decidir dejarlo en el Pabellón Shakei. Luego..., luego de que todo el conflicto en Inazuma ya había pasado, poco después de que comencé a sentir que algo andaba mal, algo me inclinaba a revisar el Pabellón, en donde creí que él seguía.

 

Su mirada era fija y parecía querer descubrirlo, entender qué era ¿o tal vez cómo?. Curiosidad, eso es lo que ha sentido de su parte desde que llegó. Él solo responde a sus ojos interrogantes con un ceño fruncido.

 

No apreciaba para nada su estancia en ese lugar aislado.

 

Percatándose de que él no dirá nada, continúa: —Fue una sorpresa descubrir que el lugar estaba vacío, pero supuse que todo andaba bien, pues no recibí ninguna petición para una audiencia. —Wanderer aprieta los puños sabiendo que eso no había sido de esa manera, él había ido a Tenshukaku, él había pedido ayuda, él trató de hablar con ella —Luego fue una sorpresa más grande para mí, cuando años después recibí tu carta explicando que se encontraba en tu nación, bajo tu manto, Buer —expresó hacia la arconte menor.

 

Nahida se toma el tiempo de tomarle las manos y apretarlas levemente hasta que él deja de empuñarlas tan fuerte. Belcebú tal vez estuviera mirando y se preguntaría qué es lo que le ocurría, pero ese no sería una respuesta que contestaría. Él no quería hablar de Tatarasuna ahora, sobre todo no con ella.

 

Pero había algo… sí, solo una cosa que quería preguntarle, la única cosa que no cambió en la serie de eventos reemplazados por Irminsul.

 

Mira a Nahida y él sabe que ella comprende todo lo que está pensando (o tal vez esté leyendo su mente de nuevo). Asiente hacia él, antes de dirigirse a la arconte mayor —Al parecer, los primeros recuerdos que tenías de él permanecieron de esa manera. Comprensible, porque Irminsul no podría explicar su creación de otra manera, dada su inusual esencia —Nahida le suelta la mano para tomar su último sorbo de té— Hum, y aunque los capítulos que le siguen a ese prólogo de su historia no son tan pacíficos como piensas, es lo que le ha hecho resurgir y ser quien es ahora. Tal vez, el tiempo y él mismo, por supuesto, te permitan conocer realmente la humanidad en él.

 

Los ojos del mencionado se abrieron, haciéndolos ver más grandes, y a él mismo, más joven.

 

—Bueno, con mi parte dicha, me retiraré para que puedan hablar a solas —dijo mientras recogía su plato ya terminado—. Belcebú, otra vez, gracias por venir. Estaré esperando en otra habitación, así que pueden buscarme cuando hayan terminado, si eso es lo que quieren."

 

Sus pasitos volvían a resonar como tintineos por la sala mientras se alejaba luego de despedirse de los dos con una pequeña sonrisa en la cara. Wanderer la observa hasta que desaparece por completo. Sin embargo, la exhalación de la única otra persona en la habitación lo obliga a voltear.

 

—¿Cómo te ha ido? —es lo que le pregunta ella.

 

Pero él no quiere charlar de cómo le ha ido, ni de su vida, ni de cómo es. Solo quiere saber una cosa.

 

—Si fui un fracaso para ti, si… no pude cumplir tus expectativas para tomar tu lugar como Shogun, ¿por qué, en ese entonces, no me destruiste como a los otros? —se encuentra pronunciando con voz ronca lo que siempre, en el fondo, se había preguntado. Una cuestión a la que nunca pudo encontrar una respuesta más allá de que los dioses no tienen que ser lógicos.

 

La pregunta pareció sorprenderla, notó. Belcebú abrió los ojos y comenzó a mirarlo con más intensidad, al igual que la estática en el aire vibró un poco más fuerte, para luego volver a su anterior estado. La vio parpadear dos veces antes de que bajara su mirada hacia su té con el ceño fruncido.

 

—Nunca te consideré un fracaso, ¿eso es lo que piensas? —preguntó primero, alzando la vista. Él estaba abriendo la boca para responder a eso cuando ella continuó:—Tú eras… un prototipo. No se suponía que tomaras otro papel más que probar si todas las funciones que quería establecer eran posibles, y lo logré. Es por eso que pude crear al Shogun.

 

Wanderer frunció el ceño y apretó los puños sobre la mesa. Un prototipo, ni siquiera tenía un propósito aparte de eso al ser creado. Una prueba.

 

—Igualmente, no entiendo por qué no… me destruiste si es que ya había servido para lo que querías. Sé que destruías los demás… prototipos. ¿Por qué no lo hiciste conmigo y decidiste… dejarme en ese pabellón, abandonado? —le recalca de nuevo, mirándola fijamente, exigiéndole una respuesta. ¿Por qué?

 

La mujer frente a él parece en duda consigo misma, pero él no sabe por qué. No la conoce ni la comprende. Es algo que ha reconocido desde el momento de su creación.

 

—Yo.. creí que eso sería lo mejor para ti, o no, tal vez- —la ve tomar una aspiración antes de ordenar sus ideas— Creo que fue una combinación entre mi buen deseo hacia ti, y… mi propio egoísmo y temores. Creí que había hecho bien, que te estaba liberando. Pero tú no pareces verlo de esa manera.

 

Lo mira como si no supiera qué hacer con eso, pero él tampoco lo sabe. Por supuesto que no lo vio de esa manera, ella-

 

—Me encerraste en un lugar aislado, encerrado, ¿cómo es eso liberarme? —pregunta sin poder evitar levantar un poco la voz.

 

—Yo- —la ve parpadear inútilmente de nuevo. Pero luego, aunque mantenía su ceño fruncido, su mirada se volvía triste, y parecía mirar algo lejano a través de él— Cuando te creé, lo primero que hiciste fuera de las indicaciones fue llorar.

 

Flaquea ante eso —Sí, y pensaste que era débil-

 

—No —le corta y sus cejas se elevan en sorpresa, ella lo expresa como si no pudiera creer que él diría eso— Cuando te vi llorar, recordé algo que… mi hermana me había contado en algunas de sus divagaciones luego de pasar tiempo con el pueblo de Inazuma.

 

La hermana de Belcebú, Baal. Él sabía de su existencia, pero no estaba familiarizado con nada más acerca de ella, así que no sabía qué contestar a eso. Por suerte, la arconte siguió, aunque con una voz ligeramente temblorosa que él no pasó desapercibida.

 

—Yo solía involucrarme más con los soldados, en la guerra, y cuando descansaba solía hacerlo con los pocos amigos que compartía junto a mi hermana —expresó, posando una mano hacia su pecho— Era ella la que se enfocaba en visitar a nuestra gente en sus vidas diarias, ayudando en sus necesidades, halagando los nuevos logros que archivaban, y escuchando todas las noticias que querían compartir con ella —ambos fruncen el ceño y miran la mesa, pero no se podría asegurar que era por las mismas razones— En ese entonces, contigo llorando entre mantas, me preocupé que que algo anduviera mal. Pero luego recordé lo que Makoto me había contado después de haber visitado a un recién nacido en petición de la madre.

 

La arconte frente suya alzó la vista, y él se sintió inclinado a hacerlo también.

 

—Lo primero que hacen los niños humanos al nacer es llorar. Esa es una prueba de que están bien, de que están vivos

 

Wanderer se sintió entre abrumado y burlado ante esa connotación. Él no era un niño, y mucho menos un humano, él no-

 

—No soy ninguno de los dos —fue lo único que pudo decir con la voz temblorosa.

 

—No, no lo eres. Pero estás vivo, realmente vivo. En ese momento, lo noté. Habías nacido. Tú… nunca fuiste un fracaso para mí. Es más correcto decir que sobrepasaste mis expectativas, pues no estaba buscando que ninguna de mi creación tenga una consciencia propia completamente separada y diferente de la mía —y luego con un toque de vergüenza añadió:— pero luego, me volví a alarmar. Como dije, no buscaba… a ti. Se supone que solo eras un prototipo, y que luego de que evaluara lo que necesitaba, te destruiría. Pero luego… no pude permitirme a mí misma hacer eso. Tú…fuiste más de lo que yo pensaba conseguir.

 

Él aprieta los puños. Siente extraño su pecho vacío, como si el vacío se hiciera cada vez más y más consciente de sí mismo y se removiera en su interior. Tal vez esté a punto de vomitar, piensa.

 

—Pero como no te esperaba, no sabía qué debía de hacer contigo. Yo tampoco estaba en buen estado, esos años fueron realmente duros, tanto para Inazuma como para mí, y tal vez- tal vez mi decisión en ese entonces, que creía que era lo mejor, fue desacertada. Así que… me disculpo por eso. Tal vez,… podamos continuar con más de estas reuniones como sugirió Buer. Me gustaría conocer quién eres y que tú me conozcas a mí, así, tal vez mis disculpas puedan cargar más peso para ti.

 

La arconte llevó su mano al pecho y bajó la cabeza levemente. No lo suficiente para discrepar con su posición como arconte, pero sí para indicar que lo siente.

 

—Entonces… como no sabías qué hacer conmigo, pero no te atreviste a destruirme, ¿decidiste que lo mejor era dejarme tirado? —siguió inquiriendo, ignorando la propuesta por el momento. Su tono, ya no tan agrio como antes. Ahora, más bien, expresaba esa sensación de… vacío, que estaba ascendiendo desde su pecho hasta su boca.

 

—Yo…pensaba que te estaba protegiendo, que te estaba dando libertad al dejarte ahí —respondió la mujer, aunque no sonaba muy segura de si eso era así o no.

 

El viajero ya había removido sus ideales, cuando estuvo en Inazuma, recordó él.

 

—No, yo- lo siento —continuó— supongo que, en realidad, todo eso era yo preocupada. No quería perder a mi pueblo, mi nación, ni…a ti, pues aunque recién hubieras aparecido, seguías siendo una creación mía. Pero tampoco quería que nadie perdiera nada, así que al igual que Inazuma, te encerré, creyendo que así… el mundo no te arrebataría nada, como…como me lo hizo a mí.

 

—Tú me arrebataste más por tu temor a que perdiera algo —recalcó fríamente.

 

—Yo- —él alzó la mano un poco, pidiéndole no decir nada.

 

Wanderer suspiró —Sé que el viajero ya ha movido algo en tus principios, pero creo…que necesitaba decirlo. Ni siquiera porque crea que aún no lo entiendas, porque sé, por lo que me ha dicho (sea verdad o no), que estás mejorando en esa instancia.

 

Podía sentir cómo el vacío se instalaba en su garganta, más difícil de ignorar.

 

—Esto lo digo solo por mí, porque quiero decirlo en voz alta y frente a ti —la arconte frente a él aprieta los labios en una línea fina, dejándolo— Tú…me arrebataste la capacidad de elegir. Decidiste que estar aislado del mundo era lo mejor para mí, sin pensar en cómo yo lo tomaría, y ¿sabes? Si esta reunión hubiera sido muchísimo antes, no sería esto por lo que te rechazaría. En ese entonces, te resentiría por no darme la gnosis, por no elegirme para servirte como el shogun, aunque eso me dejara con aún menos elecciones propias que pudiera dar.

 

Baja su vista un momento hacia su té ya helado, y relaja la expresión fruncida que estaba haciendo para levantarla de vuelta, alzando también el pecho.

 

—Pero ahora valoro mi autonomía. Y soy lo más libre que… una…. persona cargante de tantos pecados como yo, podría ser —Belcebú parpadea antes de enfocar su mirada hacia su visión anemo que brillaba en su pecho y sus ojos se abren un poco cuando encuentran la pluma dorada colgando de ella— No aprecio mi tiempo en ese lugar,… y tampoco te aprecio mucho a ti por eso.

 

Él no puede evitar acunar la pluma en su mano mientras continúa: —Pero no te odio. Esto, simplemente por la lamentable razón de que no te conozco —empuñó la pluma sintiendo sus bordes presionar su palma, pero sin hacerle algún daño— y… todavía no estoy seguro si quiero hacerlo —se obliga a soltar su mano y extenderla— pero supongo que por ahora… puedo reconocer el hecho de que no me veías como menos, y que intentabas hacer lo mejor —aprieta los labios y antes de que pueda contenerse, murmulla:— aunque en realidad lo hayas arruinado con eso.

 

Belcebú detiene su mano que iba a su encuentro ante eso, lo mira por un segundo con un ligero levantamiento en una esquina de sus labios antes de tomar su mano.

 

—Lo entiendo, tú…estás en tu derecho. Por mi parte, seguiré trabajando en mejorar, por Inazuma, por mí. Si es que alguna vez quieres que nos conozcamos, bueno… —le miró tranquila, a pesar de que no estuviera segura de que aceptaría, simplemente esperaba.

 

Wanderer no sabe por qué ofreció la mano, se siente raro. Aunque a la vez, tal vez sea el único contacto que tenga con ella en mucho, mucho tiempo. Así que lo deja estar unos segundos hasta que se sueltan.

 

—No esperes que sea pronto —le responde secamente, pero está sonriendo levemente, aunque contenga un poco de burla en ella.

 

Toma aire y suspira, sintiendo que el vacío en su organismo se va. "Ah, al final solo era que quería suspirar", pensó.

 

—No me preocupo, ambos tenemos la eternidad.

 

La brisa baila

y la estática vibra,

ahora unidas,

ambas más livianas.

Notes:

Hola otra vez.

Este oneshot tiene una continuación en mi mente y por eso el final puede resultar un poquito abierto, pero quería dejarlo de esa manera por si en un futuro (que no esperan que sea muy pronto) quería seguirlo.

Por otra parte, lo que sí puede que suba son algunos poemas que también escribí acerca de Ei y Scara. Si quieren, pueden pasarse por ahí en cuanto los suba.

Con eso, solo me queda decir adiosito <3

y que detesto la prosa sdfuofhshh

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