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La última misericordia hacia un fiel sirviente

Summary:

Los últimos momentos entre El Prototipo y Catnap fueron silenciosos.

Notes:

Catnap es mi hijo favorito y me pongo muy sentimental al pensar en él. Así también me interesa mucho el personaje del Prototipo. Quise escribir sus últimos momentos como el reflejo de una larga vida juntos llegando a su fin.
Tengo el headcanon sobre el Prototipo pensando que no tiene ningún amigo real. Así que ve sus relaciones siempre como transaccionales y de un solo lado, sin darse cuenta de que realmente es adorado no solo como un dios.
De todas formas, estuve retrasado la subida de este y otros fics, así que acorté este para poder subirlo de una vez.
Probablemente vuelvo a publicar este fic en inglés cuando salga el capítulo 6.

Work Text:

Catnap fue a enfrentarse directamente al humano.

Y el Prototipo estuvo allí para ver esto desde las ventilas dónde hacía solo unos segundos también estaba el gato. Con la escotilla cerrada, él solo pudo escuchar. No más juegos del gato y el ratón, un enfrentamiento directo. Catnap bajó de un salto, sus garras tan grandes que chocaban con el suelo a cada paso, luego escuchó el familiar ruido del GrabPack extendiendo una mano y chocando, el chirrido eléctrico y los quejidos de dolor provenientes de Catnap fueron —sorpresivamente— incómodos para el Prototipo. Un humo gris se filtraba mientras escuchaba a la criatura ahí abajo retorciéndose de un lado a otro.

Catnap siempre se había movido con cierta gracia cuando cazaba, era ágil y podía moverse de aquí para allá sin ser detectado por otros. Entonces escucharlo derrapar como un animal pequeño y asustado era algo inusual. Nadie en esa fábrica era ajeno al dolor, todos habían pasado por lo más profundo del infierno durante sus años bajo el cuidado de los científicos de Playtime Co., una criatura como Catnap ciertamente podía soportar infinidad de cosas más allá del cuerpo humano promedio. No el fuego, al parecer.

Es así que el Prototipo abrió la escotilla cuando todo el tumulto se detuvo solo para encontrarse con la devastadora imagen del gato caído en el suelo, con el pelaje calcinado y una mezcla de humo gris y rojo a su alrededor. Si Catnap pudiera ser más expresivo, el Prototipo juraría que lo notó aliviado al levantar la mirada y encontrarlo ahí. Quizás la falta de brillo en sus ojos lo hacía evidente, o la noticia de la muerte de Mommy ya había viajado demasiado lejos, pero Catnap no huyó de su mano robótica que se acercaba poco a poco, incluso extendió los brazos como si ya supiera qué esperar. Allí, arrodillado frente a él y sin preocuparse por nada más en este horrible mundo que les tocó vivir, Catnap levantó sus brazos, la luz proveniente de la escotilla iluminando su tétrica sonrisa, y se dejó atravesar sin miedo.

Bajo la mirada eterna de su dios, el juguete se entregó alma y cuerpo en sus manos.

El brillo blanco de los ojos de Catnap se apagó en cuestión de segundos mientras el Prototipo lo levantaba lentamente. Su cuerpo no era tan pesado como aparentaba, más allá de la hambruna en la que vivieron durante décadas, Catnap fue diseñado de esta forma. Lo fácil que fue manipular su cuerpo lo hacía ver frágil, como si su columna se fuera a romper o su cabeza estuviera a punto de desprenderse.

Un niño verdaderamente pacífico.

El Prototipo no creyó que fuera sensato dejar el cuerpo ahí a merced del ex empleado, por lo que tiró el cuerpo de Catnap encima suyo. Los brazos del gato se posaron sobre los hombros del bufón, mientras se arrastraban lejos de ahí. Había otro lugar mejor para ese cuerpo.

Fue casi imperceptible, pero el Prototipo sintió una leve respiración salir del cuerpo de Catnap, un suave movimiento de cola, y la chispa de la vida se le escapaba de a poco. Pensó para sí mismo que quizás su golpe no fue tan fulminante. No sabía si esto era solo imaginación suya o si realmente quedaba alguna conciencia atada al cuerpo del felino, pero de todas formas dijo.

“Dulces sueños”, mientras caminaba lentamente arrastrando el cuerpo.

De cierta forma ya se había acostumbrado a eso, la presencia de Catnap detrás suyo todo el tiempo. Al menos cuando iba a su piso, podía escuchar sus pasos, los ruidos de las ventilaciones vibrando bajo un repentino peso, por supuesto, también el humo rojo concentrándose en un solo lugar. Solía creer que Catnap no era tan bueno escondiéndose como sugería su animal, o nunca había adquirido el instinto más salvaje a diferencia de Yarnaby. Bien, eso creyó en el pasado hasta que vio a Catnap cazar. Primero, humanos, luego juguetes. Durante la Hora de la Alegría había alcanzado cifras increíbles de bajas. El Prototipo vio las grabaciones, al principio se abalanzó contra varios grupos de empleados atacando con garras y colmillos a todo lo que se moviera, rematando a quienes se encontraban tirados en el suelo agonizando, un salvajismo que había visto en pocos juguetes.

Luego fue por los que se escondían. De no haber sido por los gritos de sorpresa que soltaban los empleados cada vez que eran encontrados y asesinados, Catnap habría pasado desapercibido de las cámaras casi por completo durante las siguientes horas. Luego de que los pasillos se silenciaran y la carne y restos comenzaran su descomposición, cuando ya no había más pruebas ni correcciones, las cosas se calmaron y el Prototipo dio un par de vueltas por toda la fábrica buscando a los últimos sobrevivientes y además revisando qué hacían los Bigger Bodies. Catnap llegó a él en cuestión de minutos y su presencia lo acompañó durante todo el recorrido.

Entonces supo que todo ese tiempo Catnap buscaba ser visto por él.

Ahora paseaba por los mismos pasillos con el cuerpo del gato y se daba cuenta que de cierta forma consiguió lo que quería hasta el final. Era imposible ignorarlo y mucho menos con el ex empleado rondando por su zona. Tendría que terminar con esto rápido para volver a sus objetivos principales.

Los sentidos del tacto y del gusto del Prototipo estaban atrofiados hace ya mucho tiempo, desde que dejó de ser un simple humano, solo podía imaginar el olor a quemado que desprendía el gato mientras avanzaban. Debía ser fuerte, pues comenzó a ver a juguetes más pequeños asomarse por ventilaciones y grietas para revisar qué traía. El Prototipo nunca estuvo especialmente fijado en ellos, criaturas tan insignificantes que podía acabar de un simple golpe, pero también los niños protegidos por Catnap. El gato nunca hablaba mucho, pero incluso así quedaba claro que él se encargaba de estos pequeños seres vivientes con esmero. Así que cuando comenzaron a agruparse más y más alrededor del Prototipo, los más valientes incluso subiendo por sus patas o saltando sobre su abdomen, no tuvo el instinto de atacarlos.

El Doctor los describe como tontos y curiosos. Claro que estos eran sus rasgos más distinguibles, para acercarse tan libremente al Prototipo se debía tener una valentía considerable o una grave falta de intelecto para saber los peligros que él representaba. Al girar su cabeza notó que subían por la cola de Catnap, mordisqueaban la piel quemada y sintética del exterior para llegar a la capa inferior que era lo comestible. Sin embargo, dejarlos avanzar ahora solo entorpecería sus planes.

“¿Ustedes creen que todo lo que aquí muere les pertenece?” extendió su mano y sujetó a uno de los minis verdes, llamando la atención del resto “este es mío. Ahora lárguense de aquí” lo tiró sin mucha fuerza al suelo, por todo el pasillo se escuchó el ruido del peluche quejándose al ser golpeado, pero eso no era nada comparado a lo que El Prototipo podría hacerles. Quizás los pequeños no eran tan tontos después de todo, pues supieron que debían apartarse enseguida. Algunos saltaron al suelo, evitando las puntas afiladas de sus patas, otros bajaron temerosamente por sus piernas.

Uno había bajado por la parte delantera de su torso, aterrizando justo en frente del Prototipo. Este se inclinó levemente para estar a la altura del mini Cripter, con la sonrisa siempre decorando su rostro, y con una dulce voz preguntó “¿Te gustaría verte al revés?”, extendió su garra para atraparlo, pero el pequeño salió corriendo enseguida para esconderse “muy inteligente”, dijo enderezandose y volvió a mirar detrás.

Esos pequeños eran realmente insistentes, pero al menos ahora se mantuvieron a una mayor distancia y cuando el Prototipo volvió a su camino, ellos lo siguieron cabizbajos. No imaginaba a seres tan poco desarrollados, tan guiados por el instinto, sufriendo por la muerte de su líder. Lo dudaba. Debían estar hambrientos y esperando permiso para comer, era lo más probable. Quizás recordaban el calor que emanaba el cuerpo de su líder, cuando Catnap los acompañaba a dormir acurrucados, y pasaban así largas noches en el frío subsuelo de la fábrica. Había visto muchas cosas por las cámaras. No era raro verlos jugar —el Prototipo pensaba que era un juego— al gato y al ratón, presa y cazador. Los perseguía, los sujetaba con la mandíbula y los sacudía antes de dejarlos ir. Habría visto eso por horas si no fuera porque se ocupaba de otras cosas.

Su destino fue Hogar, dulce hogar.

Siempre fue un lugar desastroso al que evitó ir tanto como pudo, de todas formas ya había alguien allí encargándose del piso. No había muchas razones para darle mantenimiento a la fábrica, por lo que ya estaba acostumbrado al polvo y a las paredes desgastandose. Aún así, recordaba con algo de claridad lo que fue su anterior hogar y el de Catnap, antes de ser convertidos en juguetes. Claro que Catnap eventualmente eligió su propia habitación cuando tuvo la oportunidad porque ¿quién se lo negaría siendo uno de los Bigger Bodies más peligrosos y único líder en esa zona? Esa habitación era un genuino desastre. En Hogar habían por lo menos tres tipos de habitaciones para los huérfanos, las comunes con mayor cantidad de niños, las medianas que no pasaban de un par de residentes y las exclusivas. Había muy pocas de estas últimas, El Prototipo había estado en una por ser uno de los protegidos de Elliot. Horribles tiempos para todos los que vivían ahí y no corrían con la suerte de ser adoptados.

Catnap había estado en una común cuando aún era un simple niño. Así que no desaprovechó la oportunidad de irse a algo mejor siendo el dueño. La que eligió estaba al lado de la vieja habitación del Prototipo. Todas eran un desastre total, pero Catnap se encargó de que su habitación estuviera llena de rasguños, con tablones de madera fuera de su lugar, con los vidrios rotos y la cama y sábanas totalmente hechas pedazos. Solo quedaba un colchón con restos de pelos morados y algunas manchas de sangre, al lado, algunos huesos. Fue imposible imaginar de dónde venían, ya que Catnap a veces llevaba tanto restos humanos como juguetes a esa guarida. Pero podía ver restos de peluche afelpado y collares con decoraciones de plástico, todos de la línea de los Smiling Critters.

No cree que Catnap odiara a sus compañeros juguetes de cuerpos grandes, en sí solo atacaba cuando alguien era un obstáculo para el Prototipo, si todos aquellos compañeros suyos hubieran sabido comportarse en su momento, quizás habrían vivido hasta ahora y hubieran caído con su líder, tal como Dogday. Si bien ellos habían sido aislados por los científicos durante mucho tiempo siempre tuvieron la sensación de ser vigilados, de que había alguien allí dándoles atención. Ahora que estaban por su cuenta la sensación de soledad era mucho mayor y eso había provocado que la mayoría de juguetes se desviaran de los objetivos iniciales.

Se preguntaba si Catnap habría disfrutado la soledad, al recordar lo solitario que era antes de su transformación, esta era una de las pocas cosas que no sabía sobre aquel ser. Ojalá lo haya hecho, pues pasará un interminable tiempo a solas desde ahora.

El Prototipo dejó el cuerpo morado recostado en el colchón, con el cuerpo estirado boca arriba. Si recordaba correctamente los planos de las radiografías de Catnap, el órgano artificial que creaba el gas rojo debía estar en su abdomen. Dejó el teléfono con el que mantenía comunicación con Poppy y el ex empleado a un lado, listo para atender por si recibía cualquier llamada. Con una de sus garras clavó el costado del cuerpo de Catnap y abrió la herida introduciendo sus dedos hasta dar con la pequeña caja responsable del gas. Justo donde imaginaba que estaría.

No podía sentir culpa por todo esto, al final del día, el propio Catnap odiaba aquel humo. Al menos en los primeros meses, las altas concentraciones habían irritado su garganta y provocado una fuerte tos, además de que incluso luego de someter al cuerpo de Catnap a los efectos del gas para lograr acostumbrarlo no pudieron evitar los efectos de estar tanto tiempo en contacto. El gato no podía decirlo, ya que otro efecto tras la cirugía había sido el terrible dolor de garganta, pero había algo en su forma de actuar que revelaba la irritabilidad que le causaba vivir con su nuevo cuerpo. Sus expedientes fueron desalentadores por mucho tiempo.

Claro que había considerado intervenir quirúrgicamente en el cuerpo de Catnap, hace muchos años de hecho, pero también sabía que él odiaba las cirugías, odiaba las agujas. Además, el equilibrio que mantenía su cuerpo en funcionamiento era demasiado delicado como para querer meter sus manos allí. Así que había dejado aquella idea de lado hasta ahora. De todas formas, ni en muerte o en vida Catnap se habría negado a algún deseo del Prototipo. Siempre sintió que le debía algo grande, así que quizás ahora que le entregaba la vida y su carne estarían a mano. Catnap habría estado de acuerdo con eso.

Entonces el Prototipo se dió cuenta que sabía muchas cosas sobre Catnap.

Cosas que no servirían para nada ahora que estaba muerto, ya no necesitaría saber su ubicación cada cierto periodo de tiempo, ni sus hábitos cambiantes durante los años, podía despreocuparse de hacerle compañía y de que ningún otro juguete de cuerpo grande o el Doctor le causaran problemas, no había razón para preocuparse en que siguiera con vida o si comía suficiente para seguir funcionando o si mataba a todos los juguetes de su zona y volvía a quedarse solo. Ya no era necesario. De hecho, si quisiera, ni siquiera debería recordar su nombre o su existencia desde ahora. Que así sea. Adiós, Catnap, el fiel creyente.

Theodore era otra historia.

Aquel pequeño niño fue bastante juzgado y evitado por el resto, preferiría aislarse. En parte, el Prototipo tuvo algo de culpa. Era amigo de Theodore y por eso muchos pensaron que el niño era raro, que imaginaba cosas. Ninguno de los dos se molestó nunca en corregirlo, a uno no le convenía y el otro no parecía tan molesto cuando estaban juntos.

Cuando ocurrió el accidente consideró dejarlo morir. El Prototipo odiaba su propia existencia tanto como niño y juguete, antes de hacerse sus propios ajustes, cuando solo era un estúpido payaso colorido, retenido y estudiado todo el tiempo, no le gustaba nada de eso. Nadie agradecería tener aquella vida, pero Theodore lo hizo porque se le fue nada gracias al sacrificio del Prototipo. Lo que había sido aquel niño ahora no era más que un montón de carne descomponiéndose y estructuras metálicas que se oxidaran como todo lo demás.

Bien, él le sacaría algo de provecho. Esta fue una idea que consideró desde hace tiempo, cuando conoció lo letal y efectivo que era el gas rojo sobre niños, adultos y hasta juguetes. El gato había sido tan leal y útil que el Prototipo sólo consideró hacer esto en el momento de su muerte, arrancó el sistema del gas rojo de entre la carne, estaba sujetado a la estructura central, por lo que debió tirar con fuerza para separar la caja sujetada al metal con fuertes tornillos, la brutalidad de sus movimientos provocó que escurriera más sangre por todo el suelo y su propio cuerpo. El líquido caía al suelo desnivelado y seguía un fino camino hasta la puerta, donde estaban el resto de critters pequeños esperando por el momento adecuado para entrar.

Habían perdido toda la confianza de antes, pero su deseo de consumir alimento fue lo suficientemente grande como para acercarse al charco de sangre y comenzar a lamer, unos amontonados sobre otros.

Conectar la cámara de gas a su sistema abdominal fue algo más tardado, debió abrir su cuerpo y tal como hizo con el brazo de Mommy, conectarlo entre el cableado y los huesos que mantenían su figura erguida. Una parte ciertamente sensible de él mismo, fue un proceso tardado y doloroso en su mayor parte, removiendo los tejidos más blandos para hacer lugar a la caja. Afortunadamente era muy pequeña, ideal para el cuerpo tan delgado del gato. Cerró su cavidad abdominal con cuidado, asegurándose que todo siguiera funcionando en su lugar. Sus brazos se movían perfectamente y el gas comenzaba a filtrarse por su cuerpo, esto resultó ser algo incontrolable, a diferencia del dueño original el Prototipo no fue capaz de controlar esto a voluntad, pero ya era sabido que él no resultaba afectado por ese gas. Lo comprobó hace muchos años.

Su sangre caía por los brazos de Mommy y Huggy unidos a su cuerpo, uniéndose a la de Theodore en el suelo. La carnicería había acabado por su parte, miró detrás de sí, a los peluches pequeños ya impacientes por probar algo más que solo sangre.

“Vengan, niños. No muerdo”, invitó con una voz suave y femenina. Las criaturas no esperaron y corrieron a un lado del Prototipo, mordiendo la carne expuesta del cuerpo grande ya fallecido. El Prototipo no se quedó atrás, pues tomó entre sus garras un trozo, arrancandolo con fuerza y lo masticó sin poder saborearlo, pero la carne estaba tensa y se resistió en un principio, rápidamente se deshizo entre los dientes del Prototipo y este lo escupió, ya que no tenía una garganta para tragar ni un estómago para alimentar.

Miró como su viejo conocido era terminado con una gran rapidez bajo los hambrientos peluches. Pronto debía volver a vigilar al humano, quién sabe dónde estaría a este punto —aunque él tiene una idea de a dónde podría dirigirse ahora—, pero por un momento solo quiere ver esa escena. Imaginar que es él quien se alimenta del gato, que son sus dientes los que desgarran su carne y lo consumen.

Y ya no habría más Theodore tampoco. Así que adiós, viejo compañero.