Chapter Text
El trabajo en la granja siempre resulta arduo pero reconfortante. Arar, cavar, recoger, quitar malas hierbas, revisar las vallas, preparar el heno, asegurarse de que ningún Wooloo escapa…
El Ludicolo y la Lurantis de una de las primas mayores se encargan de regar las plantas y mantenerlas frescas, mientras otro primo arregla la puerta del granero con la ayuda de su Machamp.
Mudsdale arrastra los arados sin dificultad mientras Floette flota alrededor de ellas, supervisando el trabajo, su florecilla agitándose con el suave balanceo del Pokémon.
—Eso es… Ya está —dice Ziara cuando Mudsdale llega al final del campo—. Bien hecho, Mudsdale.
Antes de soltar el arado, la chica acaricia el cuello de su Pokémon, siempre agradecida con su compañera.
Floette la observa mientras Ziara arrastra la herramienta hasta el pequeño cobertizo de al lado, atenta a sus movimientos.
—Vamos a por el heno, Mudsdale.
La enorme yegua asiente, siguiéndola con esa tranquilidad tan suya. Floette se acerca a las flores de al lado del granero, cerciorándose de que continúan en buen estado. El padre trató de arrancarlas un día, tachándolas de mañas hierbas, pero Ziara, sabiendo que por alguna razón Floette había comenzado a encariñarse de ellas, se lo impidió. Y funcionó, porque cada día la pequeña hada las visita y cuida a las que comienzan a marchitarse.
Mientras, Mudsdale y Ziara se ocupan del heno. La primera lanza las balas hacia el carro con sus poderosas patas traseras, con más precisión de la que se esperaría de un Pokémon con su envergadura. Ziara oyó hablar de que los Mudsdale podían hacerlo, por lo que hace años, cuando su compañera aún era una Mudbray, ambas practicaron su puntería. En un principio… no fue tan bien como una joven Ziara creyó, pero con el tiempo la Pokémon perfeccionó el tiro. Ya es algo tan integrado a su rutina que la chica ni siquiera la supervisa, tan solo se ocupa de pasarle las balas de heno o vuelve con Floette para observar con ella sus flores.
—¿Ya has acabado? —aprecia Ziara en cuanto Mudsdale ha lanzado la última bala al carro—. Esa es mi chica.
Se asegura de que todo está bien posicionado (claro que lo está) antes de atar el carro al lomo de Mudsdale, dirigiéndola hacia los comederos de los Wooloo.
Deben estar al llegar, Harley se los llevó a pastar hace un par de horas, buscando las mejores flores de los prados. Y efectivamente, mientras Ziara coloca las balas de heno en sus lugares, unas bolitas algodonosas comienzan a rodar ladera abajo.
—¡Woo! —proclama la primera en llegar, deteniéndose a tan solo unos centímetros de Ziara. Ella agradece que el Pokémon no la haya derribado. Es una experiencia que ha vivido muchas veces y nunca le apetece repetir.
—¡Loo! —añade el segundo, que inmediatamente se dirige a por el heno.
—Buenas tardes a vosotros también. ¿Habéis encontrado buenas flores?
Un tercer Wooloo asiente, golpeando la pierna de Ziara con su cabeza. Ella se agacha, acariciando su suave lana. Y un momento después, está rodeada, cada Wooloo queriendo su momento de atención. Otra, más traviesa, incluso le tira de la trenza desde atrás.
—Hey, hey, con cuidado. ¡Estate quieta!
Ziara señala con un dedo a la Wooloo traviesa, tratando de parecer mínimamente severa, pero la pequeña la mira con esos ojos y sonrisa adorables, y la chica es incapaz de fingir molestia.
—Bueno, vale, si solo querías atención, ¿verdad? Pero no me tires de la trenza.
Ziara se agacha de nuevo, rascando a la Wooloo entre los cuernecitos, y esta asiente, claramente comprometida con la idea de no morder más trenzas.
—Wooloo, Woo.
—Ya veremos si te dura la inocencia.
Unos momentos después, un “Yam, Yam” resuena ladera abajo. Harley aparece junto a Yamper, corriendo junto a los últimos Wooloo rezagados. Para cuando llega, Ziara ya casi ha terminado de colocar las últimas balas de heno, y los Wooloo, contentos, comen sin ninguna preocupación en el mundo. Como siempre.
Harley frena frente a ellas, resollando. Pese a que su hermano aún está creciendo, Ziara aún se enorgullece de ser más alta que él. Si esto se mantiene para cuando Harley haya llegado a su edad o no, es algo que el tiempo dirá, pero por ahora Ziara puede disfrutar de esa pequeña victoria interna.
—¿Qué tal el día? —pregunta ella.
—Muy bien —jadea él con una sonrisa—. Hemos llegado a alto de la colina y había muchas flores, se han hartado de comer.
—¿A lo alto del todo? ¿El pico?
—Sí. Lo difícil no ha sido tanto subir sino seguirles el ritmo cuando bajaban rodando.
Harley suspira y se tumba en el suelo sobre su espalda, agotado.
—Por Arceus, qué rápidos son. Al menos Yamper me ha ayudado a que ninguno se fuera donde no debía. Que hablando de Yamper, hoy hemos pillado a un par de Nickit intentando robarme el pan mientras yo estaba distraído. Pero Yamper se dio cuenta y combatimos.
Ziara alza las cejas. No sorprendida, sino crítica.
—¿Vas buscando pelea con Pokémon salvajes?
Harley se sienta, ofendido.
—Eh, yo no he buscado pelea, ¡que me querían robar el pan!
Mudsdale suelta un resoplido que suena a risa, pero por lo demás su rostro permanece impasible como siempre. Yamper, por su parte, asiente con un determinado “¡Yamper!”.
—Haz lo que quieras, pero tampoco te sobrepases —le recuerda Ziara.
La expresión de Harley se vuelve más sobria por un momento, negando con la cabeza.
—Claro que no. Hasta les dejé algunas bayas. Aranja y Zreza —proclama él, orgulloso—. Ya sabes, para recuperarse y por la parálisis.
Harley parece buscar algún tipo de reconocimiento por su elección. Bueno, por una vez Ziara podría concedérselo.
—Muy bien —responde, su voz y mirada bastante inexpresivas. Pero Harley se ilumina y asiente, orgulloso.
—Fui bueno con ellos.
—Ya veo. De todas formas, a ver cuándo evolucionas a Yamper, que ya es hora.
Harley frunce el ceño, ofendido de nuevo.
—Eh, no critiques a Yamper, hace lo que puede.
—No la critico a ella, sino a ti.
Ziara le rasca la barbilla a Yamper, sonriéndole.
—Espera, ¿a mí por qué?
Ziara lo ignora y se vuelve hacia Mudsdale.
—Yo creo que ya hemos terminado, vamos a quitarte eso.
Mudsdale asiente, siguiendo a Ziara cuando ella se gira y se dirige al granero de nuevo, con Floette flotando por detrás. La chica desata diligentemente las correas, sus manos callosas pero suaves contra su compañera. Aquí y allá le acaricia el lomo al enorme Pokémon, contenta con su desempeño.
—Hoy habéis trabajado muy bien, las dos —comenta Ziara cuando termina con todas las correas, acariciando a Mudsdale una vez más y sonriendo a Floette, satisfecha—. Vamos a ver qué tenemos para cenar. Pero de todos modos…
Ziara desaparece, volviendo unos momentos después con dos cuencos de bayas, uno grande para Mudsdale y otro pequeño para Floette.
—Flooo —Floette gira sobre sí misma en el aire, su flor agitándose con ella. Ziara no puede evitar sonreír de nuevo.
—Os lo habéis ganado. Como siempre, pero la tía dijo que hoy han sobrado estas bayas, así que…
Mudsdale frota suavemente su hocico contra la mejilla de Ziara, empujando con cuidado, y la sonrisa de esta se ensancha.
—No es nada.
Sus manos se deslizan por el robusto cuello de Mudsdale, rascando por las partes que Ziara sabe que su compañera más disfruta, pero eventualmente se separa y señala el cuenco.
—Come mientras yo guardo lo demás.
La chica coloca el cuenco de Floette sobre una mesa de trabajo que no debería estar junto al granero. Ya que Floette siempre flota, Ziara siente extraño alimentarla en el suelo. Y su pequeña hada parece agradecerlo, porque le acaricia su mejilla (la opuesta a la que Mudsdale frotó con cariño) con la flor antes de coger uno de los frutos.
Ziara lleva la carretilla al granero, colocándola en su lugar mientras sus compañeras comen. Se asegura de que todas las correas se encuentran donde deben, como cada día, y luego vuelve con sus Pokémon.
Mudsdale empuja su hocico contra el rostro de Ziara otra vez, y ella suelta una pequeña risa, acariciando bajo su barbilla.
—Anda, sigue comiendo.
El trabajo en la granja casi ha terminado, la huerta ya está atendida y los Wooloo felices y con la barriga llena. Ziara coge el cepillo que siempre guarda para Mudsdale y comienza a cepillarla, los últimos dorados rayos de sol tostando agradablemente el pardo pelaje de la enorme yegua.
Ziara cepilla, quitando de su Pokémon el polvo y broza de todo un día de trabajo. Como la mayoría de sus primos y tíos ya han terminado sus labores, el huerto se siente casi vacío, excepto por algún “Woo” de vez en cuando o el sonido de su madre guardando las herramientas más abajo.
Es… agradable. La satisfacción de saber completas sus tareas, de poder disfrutar de esta tranquilidad después del esfuerzo. Trabajar en la granja con todos le gusta, tener sus propias labores, realizarlas con Mudsdale y Floette.
Y esta paz. Esta paz al anochecer, con el sol escondiéndose tras las montañas, los Wooloo tranquilos, el sonido lejano de la cena haciéndose en la casa.
—Qué tranquilidad —murmura Ziara, pasando el cepillo con cuidado por el dorso de Mudsdale.
La Pokémon asiente, empujándola de nuevo con el hocico cariñosamente, mientras Floette da otra vuelta sobre sí misma.
—Flo, Floette.
Sí, qué tranquilidad… Hasta que esta se rompe.
—¡Ziara!
Floette se eleva con una baya a medio comer justo a tiempo para ver a Bayley llegando hasta ellas. 9 años, aún muy joven para ayudar, en opinión de los mayores. Ziara no está de acuerdo, a su edad ella colaboraba más de lo que Bayley hace. Porque no tantas personas podían trabajar aún en ella, le había contestado su padre, pero eso no es problema de Ziara.
Tras la niña corre su Wooloo. Una variocolor que Bayley adoptó como su compañera en cuanto salió del huevo.
—¡Ziara, quiero una Floette!
La mayor ni siquiera levanta la vista del lomo de Mudsdale.
—Ya sabes que yo tengo a Floette porque Sage me la trajo de Paldea.
—Pues Flabébé.
—Bayley, si no hay Floette tampoco hay Flebébé.
Ziara ignora el mohín de Bayley, aún cepillando a Mudsdale. Su propia Floette se coloca junto a la niña, como si quisiera reconfortarla.
—Bueno, pues entonces ayúdame a encontrar algún otro Pokémon para mi equipo.
—¿Para qué quieres otro Pokémon?
—¡Para hacerle compañía a Wooloo! —Bayley responde como si fuera evidente.
Ziara alza las cejas, medianamente divertida.
—No es como si en esta casa faltara compañía.
La niña suelta un resoplido, fastidiada.
—¡Ya sabes a qué me refiero! ¡Necesito otro Pokémon en mi equipo! ¡Llévame al Área Silvestre!
Ziara se queda quieta un momento.
—No.
—¡Ziara!
—Pídeselo a Harley. O a papá. O a la tía. O a los quince primos que tenemos.
—No son quin–
—Ya lo sé, Bayley. El caso, pídeselo a cualquier otro, yo tengo cosas que hacer.
—Pero quiero ir contigo.
—Pero yo no quiero ir.
Floette mira a Ziara con una expresión de reproche. Ahora ella también.
—Ette, Flo, Floeeette.
—No te pongas de su lado —se queja Ziara.
Al menos Mudsdale no parece especialmente apiadada de Bayley, sigue… Con su cara mayormente inexpresiva.
—Ziara, porfa, llévame al Área Silvestre. Mudsdale es muy fuerte, ella nos puede proteger si pasa algo. O Corviknight. O hasta Floette.
—No hables de Floette como si ella fuera más débil —la riñe Ziara. Floette es estupenda.
—Vale, pues mejor. Los tres nos pueden proteger. Y tú eres muy lista y sabrás a dónde ir, y seguro que encuentras el Pokémon que quiero, y seguro que sabes manejarte genial.
—Mi negativa a ir al Área Silvestre no es por incapacidad, sino porque no me apetece. Tengo cosas que hacer. Además, ¿qué Pokémon quieres?
Bayley duda un momento.
—… Toxel.
—No —dice Ziara inmediatamente, pausando el cepillo sobre Mudsdale—. Son insoportables.
A juzgar por la expresión de la pequeña, su hermana mayor puede imaginar que Toxel es solo una idea entre muchas otras.
—¿Pikachu?
—Es el Pokémon más básico.
—Morpeko. Son monísimos.
—No, nos destrozaría la huerta.
—¡Sage tiene una!
—Sage maneja a su Morpeko, tú no sabrías.
Ziara ve cómo Bayley se está frustrando.
—¡Solo me dices que no! ¿Qué Pokémon me dejas?
La mayor intenta no ablandarse con el tono de la pequeña. Qué Pokémon me dejas, pregunta, como si fuera ella la que debiera decidirlo.
—Yo no decido, sino mamá, papá y los tíos —responde Ziara un segundo más tarde de lo que debería.
—Pero yo quiero que tú me dejes… —murmura Bayley.
No, Ziara está convencida de que su hermana lo hace a propósito, ese tono, ese mirar hacia arriba… Hasta su Wooloo está compinchada, también mirándola con esos ojos irresistibles.
—… Algo que te guste pero que no cree demasiado caos.
La cara de Bayley se ilumina. Es bonito verla así, pero Ziara se fuerza a centrarse en seguir cepillando a Mudsdale, quien mira a su humana de reojo. Lleva ya dos minutos en el mismo punto de su lomo.
—¿Me vas a llevar entonces?
—No.
—¡Pues se lo digo a mamá!
Tch. Esta pequeña manipuladora… Realmente Ziara podría llevarla al Área Silvestre, pero por pura terquedad no quiere. Y, de eso está segura, no piensa ceder ante los chantajes de esa pequeña tirana.
—Pues vale.
Y efectivamente…
—¡Mamá! ¡Ziara no quiere hacer cosas conmigo!
Cómo cambia la narrativa cuando le interesa, piensa Ziara.
Su pobre madre aparece momentos después, los pantalones sucios de barro.
—¿Qué pasa?
—¡Le he dicho a Ziara que me lleve al Área Silvestre y solo dice que no!
—¡Tengo cosas que hacer aquí! —se defiende Ziara— O fuera de aquí. A veces salgo.
La madre les dedica una sonrisa cansada.
—No seas mala con tu hermana, Ziara, llévala algún día que no tengas planes.
—Pero la granja–
—La granja no se cae si os vais un día, eso te lo aseguro —le recuerda la mujer.
Bayley mira a Ziara con esperanza. Si al menos fuera presuntuosa sería más fácil molestarse con ella. Mudsdale y Floette ambas le dedican una mirada a su entrenadora, sabiendo que va a ceder. Tampoco es como si tuviera mucha opción, están ejerciendo presión de grupo que solo irá a más como Ziara continúe negándose.
—Bueno, ya veremos. A lo mejor.
Bayley suelta un gritito feliz.
—¡Wooloo, eso es que sí!
La Wooloo de la niña asiente, como si supiera que claro, eso es un sí, y Ziara no se ve capaz de remarcar que su respuesta no fue un sí, pero a quién engañaría.
—¡Wooloo, Loo!
Mientras su madre y hermana se dirigen a la casa y Ziara guarda el cepillo de Mudsdale, la chica suspira. Con lo tranquila que está ella en su granja, con sus tareas y su rutina.
Pero en una familia tan grande como la suya, un “no” a la pequeña se convierte en sus padres, hermano, tíos y primos insistiendo hasta que cambia de opinión. Y además, debe admitir Ziara, ver la cara de su hermana iluminarse…
Manipulación, eso es lo que todo esto es.
Al menos Mudsdale y Floette cambiarán de aire, piensa ella. Es lo mejor que pueden sacar de esto. Y pensar en recorrer las zonas seguras del Área Silvestre con sus compañeras casi hace que a Ziara se le olvide que ha sido completamente coaccionada a ceder.
Solo casi.
