Chapter Text
Se han perdido.
Lani lo sabe sin necesidad de que Makoa lo diga. Donde antes veía pasos confiados de su amigo, ahora observa vacilación. Su Rockruff no parece mucho más ubicada que él, aunque ella aún permanece alegre, moviéndose por entre las rocas. Makoa, sin embargo, mira alrededor con frecuencia, y hace ya varios minutos que apenas habla.
Lani no necesita ser una experta para reconocer duda en los movimientos del chico.
—Te dije que no deberíamos venir —se queja ella.
—¡Pero si esto es genial! —replica él.
—Nos hemos perdido y lo sabes…
Makoa se gira al oír el tono lastimero de Lani, y el pánico inunda su rostro un segundo al ver la expresión de ella, pero enseguida lo oculta. Él se acerca, su voz y ojos suavizándose.
—Eh, oye, no te preocupes, te prometo que saldremos de aquí. A lo mejor no sé muy bien dónde estamos, pero ya verás como encontramos el camino por donde vinimos.
—Siempre te pierdes —Lani encuentra sus palabras más infantiles de lo que querría, pero está asustada.
—Pero siempre volvemos, ¿verdad?
Makoa sonríe, mostrando sus dientes blancos y esa confianza tan suya. El chico extiende la mano y con ella aprieta el brazo de su amiga, buscando tranquilizarla.
—Volveremos antes de que siquiera atardezca.
—¿Y si no? —murmura ella.
—No hay un “si no”. Rockruff y yo descubriremos cómo salir de aquí antes de que te des cuenta.
Lani mira al suelo, no tan segura como él. Popplio roza su hocico con la pierna de ella, y la niña no puede evitar sonreír un poco.
—¿No estás cansado, Popplio? —pregunta Lani.
El terreno resulta escarpado, y Popplio es ágil en agua, pero no entre rocas. El Pokémon, de todos modos, niega con la cabeza, pero ella sabe que él trata de no preocuparla.
—Muy bien —dice Makoa con una palmada, sonriendo—. Ya que hemos reconocido que igual nos hemos perdido… Rockruff, chica, ¿tienes idea de dónde podemos estar?
—¡Rock! —ladra ella, contenta, y niega con la cabeza.
Lani trata de no desesperarse, lo cual encuentra cada vez más complicado. Al contrario que Makoa, quien en ningún momento pierde su sonrisa.
—Vale, haremos una cosa. Vamos a subir hasta lo alto de la montaña y desde ahí veremos hacia dónde bajar. Lani, quédate aquí con Popplio descansando, iremos Rockruff y yo.
—No —dice la niña de inmediato—. Yo quiero ir con vosotros, y seguro que Popplio también.
Su compañero asiente, decidido como ella. Lo cierto es que a Lani le asusta quedarse sola en ese lugar. Sabe que Popplio la defendería, y que ella puede ser lista y proteger a su Pokémon, pero él aún no es lo suficientemente fuerte, y Lani… Lani no cree que pueda ser de mucha ayuda si algo malo ocurre.
—¿Estás segura? El camino es largo, y todo cuesta arriba, podéis quedaros aquí y en cuanto sepamos algo–
—No —repite ella, más firme—. Nosotros también vamos.
Makoa duda un momento, pero termina por asentir.
—Pero si te cansas puedes decírmelo y paramos.
Lani ya se siente cansada, pero prefiere soportarlo y continuar andando que detenerse aquí por más tiempo.
En cuanto Makoa reanuda la marcha, Lani se agacha y coge a Popplio en brazos, ajustándolo para acomodarlo. Aunque le pesa, a la niña no le importa. Es su compañero, y suficiente se ha esforzado ya por ellos.
El ascenso, como Makoa predijo, resulta fatigoso. Lani nota las piernas agotadas, más ahora que carga el peso de Popplio.
—¿Estás bien? —pregunta Makoa ocasionalmente, mirándola con un deje de preocupación.
—Sí, puedo seguir —responde Lani cada vez.
Sin embargo, su paso es cada vez más lento y forzoso, su respiración más pesada, y sus manos ajustan a Popplio constantemente, tratando de buscar una forma de hacer más ligera su carga.
—Popplio, Pop —se queja él en un momento, notando cómo su entrenadora se esfuerza en cargarlo.
Makoa se gira de nuevo y frunce el ceño.
—Anda, dámelo.
—No, yo pue–
El chico no la deja terminar y le quita al Pokémon de los brazos. Su peso apenas parece afectar a Makoa, los músculos de sus brazos marcándose suavemente.
—Puedo devolverlo a su Poké Ball —ofrece Lani, ajustando su paso para colocarse a su lado.
—A buenas horas. No, déjamelo.
Popplio le dedica a su entrenadora una mirada casi de disculpa.
—¡Ruff! —urge Rockruff, unos metros frente a ellos. ¿Por qué los humanos son tan lentos?
La cachorra no parece cansada como Lani. De hecho, corretea de aquí para allá. Preocupación es algo que probablemente tampoco siente, a juzgar por sus movimientos siempre alegres.
Y por fin, tras lo que a Lani se le antojan como horas… Llegan a la cima de la montaña, cuyo terreno se halla plano, menos escarpado que la subida. Han podido beber gracias a las botellas que trajeron, pero hace ya un buen rato que la niña comió su almuerzo, antes de que se perdieran. Makoa observa los alrededores de la montaña, alejándose unos pasos, tratando de averiguar por dónde deberían bajar. Lani, por su parte, se sienta en una de las rocas, hambrienta, y Popplio se le acerca, ya libre. El Pokémon presiona su nariz contra la pantorrilla de ella con un gimoteo.
—¿Tienes hambre? —murmura, y su expresión se suaviza cuando su compañero asiente— Yo también, pero ya terminamos todo lo que traje…
Makoa alza la vista, oyendo su conversación.
—Ah, ¿tenéis hambre? Tomad.
El chico rebusca en su mochila un momento antes de tenderle un bocadillo a medio comer. Así lo dejó en su parada del almuerzo, queriendo guardar el resto para luego, según dijo. Y por ello precisamente Lani niega con la cabeza.
—No, es tuyo.
—Pero os lo doy.
—Si ni siquiera te lo terminaste, tú debes tener más hambre que nosotros.
—Qué va, si yo traje más cosas. No insistas y come.
Makoa, sin más miramientos, deja caer el bocadillo en el regazo de Lani. Acto seguido se gira de nuevo y continúa observando el terreno, mascullando comentarios hacia los que Rockruff asiente.
Lani vacila, pero conoce a su amigo lo suficiente como para saber que no aceptará el bocadillo de vuelta, por lo que corta un generoso trozo para Popplio y comienza a comer. Cuando Rockruff la mira, la niña sonríe un poco y le ofrece otro pedazo que ella acepta enseguida, meneando la cola.
—Tenemos que volver por ahí —dice Makoa en un momento, señalando una parte de la ladera.
Lani sigue su mirada, bajando lo que le queda de bocadillo a su regazo. No reconoce el camino, pero para ser sincera, a ella todo este paisaje le parece el mismo.
—¿Estás seguro?
—Más o menos.
Esa respuesta no tranquiliza a Lani en lo más mínimo.
—¡Makoa! —salta la niña— ¡Nos hemos perdido y ni siquiera sabes volver! ¡No vamos a llegar, y en unas horas anochecerá, y nosotros seguimos aquí, y apenas nos queda agua, y tenemos hambre!
Ella se detiene, porque si continúa hablando quizás empieza a llorar. Él lo nota y se le acerca, arrodillándose frente a ella, su rostro más sobrio.
—Eh, oye, ya te lo dije, siempre nos las arreglamos para volver. Estoy casi seguro de que–
Makoa no llega a terminar la frase, pues un estruendo de rocas los sobresalta, levantando una nube de polvo frente a ellos. El chico se pone en pie a tiempo de ver una figura saliendo de entre la polvareda. Lani lo siente tensarse, pero se posiciona frente a ella.
—¡Rockruff, prepárate!
—¡Ruff!
Lani también se levanta, asustada, y Popplio se pega a su pierna.
Makoa y Rockruff se encuentran en posición de ataque cuando la nube de polvo se disipa lo suficiente como para ver qué hay tras ella.
—Ah —musita Makoa, su postura relajándose.
Pero Lani no se tranquiliza. La figura es grande, alzándose unos metros sobre ellos.
—¡¿Qué es?! —susurra y grita a la vez.
—¡Tranquila! —Makoa se gira hacia ella, sonriendo ampliamente— ¡Es un Drampa!
Lani ha oído hablar de ellos. Se supone que son espíritus amables y gentiles, y ella cree haber escuchado decir a la abuela de Makoa que su amistad es uno de los mayores regalos que un Pokémon salvaje puede obsequiar. Pero Lani también recuerda que cuando un Drampa monta en cólera, se vuelve agresivo y peligroso. ¿Y si el que tienen frente a ellos se encuentra alterado? O peor, ¿y si ellos lo han agraviado de alguna manera?
Pero incluso Lani debe admitir que la postura del Pokémon no parece amenazante, sino amigable.
—Draaampa —saluda con voz profunda, acercándose unos pasos. Sus ojos se posan en cada humano y Pokémon frente a él, e incluso parece sonreír.
—¡Lani, esto es genial! —exclama Makoa con entusiasmo— Drampa, esta es Lani, yo soy Makoa y nos hemos perdido —resume él—. ¿Tú nos puedes ayudar a salir de aquí?
—Espera, Makoa–
—Draam —asiente el dragón.
El rostro de Makoa se ve iluminado cuando se gira hacia su amiga.
—¿Ves? ¡No pasa nada, Lani, es bueno!
El chico la coge del brazo, arrastrándola hasta el Drampa.
—Mi abuela dice que cuando era pequeña se perdió y un Drampa la salvó y se hizo su amigo. ¡A lo mejor hasta es el mismo Drampa! ¡Eso sería chulísimo, Lani!
—Sí… —murmura ella, no tan convencida.
Lani alza los ojos hacia la extraña criatura, que le devuelve la mirada con gentileza. No, no parece amenazante, pero aun así…
Popplio, que sin duda siente el titubeo de su entrenadora, empuja sus piernas con el hocico.
—Plio. Popplio —la alienta él.
—Lani, ¡hasta Popplio te anima!
Y Rockruff, nunca dada a quedarse fuera, salta y le da a Lani el último empujón (literal) que necesita para estar cara a cara con el Drampa. Este ladea un poco la cabeza y exhala en su rostro, lo que hace que Makoa ría.
—¿Ves? ¡Le gustas!
—No sé yo…
—Deja de ser tan negativa. Un Drampa ha venido a ayudarnos, eso significa que ahora es nuestro amigo.
Lani alza una ceja, divertida a pesar de su nerviosismo por tal proclamación.
—¿Quién dice eso?
—Yo. Y él.
La sonrisa de Makoa se ensancha cuando Drampa deja escapar un “Dra” que suena sospechosamente a afirmación.
—Oye, Drampa —llama el chico alegremente—, ¿nos llevas entonces hasta abajo?
El Pokémon asiente y gira su largo cuello, señalando su lomo. Lani cree que Makoa podría comenzar a botar de felicidad en cualquier momento.
—¡Qué guay!
Lani coge a Popplio en sus brazos justo antes de que Makoa la agarre del hombro y la ayude a subirse a la grupa del gran dragón. Ella se deja hacer, observándolo mientras él hace lo propio y sube también a Rockruff, sujetándola con un brazo mientras con el otro asegura a Lani.
—Drampa, creo que es por ahí —señala el chico.
Su nueva montura asiente y se alza en el aire. Lani suelta un jadeo, sujetando a Popplio más fuerte; no sabía que los Drampa volaran, no poseen alas. Aunque más que volar, parece que el gran dragón flota, observa la niña.
Tras ella Rockruff ladra un par de veces antes de abrir la boca y dejar caer la lengua a un lado. Makoa coloca una mano en el hombro de Lani otra vez, apretando un momento.
—¿Estás bien?
Ella asiente, mirando a su alrededor, a las rocas bajo sus pies, a la montaña que dejan atrás, al viento que no puede ver pero sí sentir en su rostro. Popplio tiene los ojos bien abiertos y parece disfrutar de la experiencia, lo que consigue que Lani se relaje un poco más.
Makoa suelta una risotada. Él está claramente contento, y aunque ella no se atreva a mirar atrás por miedo a perder el equilibrio, puede sentir la sonrisa de su amigo aun sin verla.
Tras unos minutos, Drampa desciende al suelo, al pie de la montaña. Rockruff es la primera en saltar fuera y enseguida comienza a correr alrededor de Drampa, agradeciendo el viaje, o quizás simplemente queriendo quemar la adrenalina del vuelo.
Makoa desmonta y extiende una mano, ayudando a Lani a bajar. Esta deja a Popplio en el suelo, que empuja su hocico contra el costado de Drampa. La niña mira al gran Pokémon y sonríe.
—Muchas gracias por traernos.
—¡Sí, ha sido genial! —interviene Makoa— Vendremos a verte otro día. ¿Verdad, Lani?
Ella asiente, aún con la sonrisa en los labios. Drampa hace un gesto de entendimiento con la cabeza y exhala en la cara de Lani una vez más, haciéndola soltar una risita.
—Gracias otra vez —murmura.
—¡Ruff! ¡Rock! —ladra Rockruff, apuntando con su nariz a la parada más adelante, y al autobús que desde lejos se acerca.
El rostro de Makoa se ilumina nuevamente.
—¡Te lo dije, Lani, era por aquí! Vamos, tenemos que cogerlo antes de que lo perdamos. ¡Hasta otro día, Drampa!
El chico agarra a su amiga del brazo y echa a correr hacia la parada del bus local, dejando al miedo e incertidumbre de Lani atrás, junto al Drampa.
Una vez en la costa, Makoa la acompaña a casa.
—¿Al final te lo has pasado bien?
—Sí… —Lani frunce un momento el ceño, y entonces sonríe con mayor convicción— Sí.
—¿Ves? Y tú no querías ir esta mañana.
—Igualmente nos hemos perdido —le recuerda ella.
—Pero nos hemos hecho amigos de un Drampa genial, y hemos volado, y… ¡Y nos lo hemos pasado genial!
Lani deja escapar una risa baja.
—Sí, al final me ha gustado.
La sonrisa de Makoa es tan amplia que la niña se cuestiona si no le duelen los músculos de las mejillas.
Al llegar frente a la casa de Lani ambos se detienen. Rockruff frota las piedras de su cuello contra Popplio, que suelta un quejido, y luego contra las piernas de Lani, que soporta el gesto de cariño con más entereza.
—Bueno… Nos vemos, Lani, Popplio. Otro día saldremos.
Ella asiente y se gira para su casa. Sin embargo, la voz de Makoa la detiene antes de llegar a la puerta.
—¡Oye! Lo de perdernos, que tuvieras hambre, que explotaras y te asustaras…
—¿Sí?
—¡No se lo cuentes a mi abuela!
Y por una vez, es él quien parece sentir miedo.
