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El Norte era un lugar ruidoso, la mansión en donde todos vivían, y cada día más personas se unían a ellos, era un espacio lleno de vida, algunos eran más de dormir hasta tarde, con horarios más nocturos, pero en cualquier momento del día, se escuchaban voces, risas, momentos entre todos que no solo los unía como amigos, si no que formaba ese vínculo tan especial, el de una familia.
Juan adoraba verlos la verdad, saludarlos, compartir un pequeño momento de su ocupado día con cualquiera de sus amigos, al final todo lo que hacía, todo su trabajo era para ellos, para verles felices, para que vieran que tanto le importaban como todo lo que hacia, sus construcciones y sus propias actividades para que se unieran más. Juan amaba el ruido, los amaba a ellos, pero también, el castaño era alguien que se estresaba bastante fácil. A veces todo era un poco mucho, luego de tantas horas bajo sol construyendo la montaña o tomándose el tiempo para ordenar los millones de cofres que tenían, volver a la casa y las voces fuertes, las burlas hacia el que a veces le agarraban no con mucho humor, le daban ganas de arrancarse el cabello, pero y mandarlos todos a la mierda, cosa que nunca haría, pero igualmente le hacia sentir más exhausto de lo normal. Pero, dentro de la casa había una excepción entre todos, alguien que nunca le hacía sentir así.
A veces Juan le observaba en silencio, cuando Graf estaba de espaldas, se quedaba mirándole. Graf era como el, trabajara para todos, construía en busca de crear algo que les beneficiara a todos, pero el polaco era callado al respecto, se movia como una sombra, con movimientos suaves pero que cuando construía máquinas veía la fuerza que tenía, como su rostro se fruncia ligeramente en concentración.
Graf era alguien distinto, callado, reservado y algo neutro, pero Juan adoraba cada uno de esos pequeños detalles. Callado pero no invisible, adoraba cantar, su risa era suave y siempre tenía datos interesantes que decir. Reservado pero siempre dispuesto a hablarle al de bandana respecto a cualquier cosa. Neutro pero nunca de forma brusca, su tono de voz era más monótono pero Juan notaba como en ciertas fraces elevaba ligeramente el tono al final, como aún con una voz más lineal, había mucho más allá que una línea recta.
En las tardes donde todos dormían y tenía una hora muerta donde se encontraba solo trabajndo, Graf siempre estaba ahí, siempre haciendo cosas, ocupado como Juan lo estaba, pero aún así, siempre el ojiazul creaba un espacio para ir a ver al castaño cuando necesitaba algo de ayuda o simplemente compañia. Graf al inicio se sintió fuera de lugar, el único polaco en un hogar que antes, era principalmente dominado por el español. Siendo sincero consigo mismo, llego a tener algo de miedo, el no encajar, pero el tiempo le demostró lo contrario, y no solo eso, descubrió un amor que antes no tenía. Siempre le interesó el idioma, el español, algo sabía por su cuenta, pero había un dialecto específico que siempre le hacia voltear la cabeza cuando pasaba. Veía la bandana roja que se movia por las corrientes de viento que pasaban por la casa, escuchaba la risa de Juan, distinta, un poco extraña, pero para él, especial. La entonación y acento de Juan le llamaba mucho la atención, era llamativo, diferente. Las expresiones de ojicafé eran ruidosas, más intensas, a veces se perdía un poco, teniendo que fijarse en el traductor que tenía en la muñeca, pero le gustaba escucharlo, dentro de su silencio, Juan entraba como una pequeña burbuja llena de vida.
Era una tarde calurosa, estaba aún con la montaña, cada vez faltaba menos, ahora se había movido hacia uno de los costados, el sol estaba recién bajando, pero aún así el calor pegaba directo con su cuerpo, tenía un gorrito para evitar quemarse la cara, pero no es como si ayudara de mucho. Este paso su brazo por su frente, retirando exceso de sudor que bajaba, incluso usaba la bandana para limpiarse un poco la frente. Se sentó un segundo en el pequeño puente de andiamos que había creado, observando la montaña, tarareando para sí mismo mientras pensaba como seguir acomodando los bloques cuando sintio que finalmente el sol que le llegaba fue tapado por primera vez en toda la tarde, sintiendo la sombra encima suyo, miro hacia el costado, observando a Graf que traía una botella con agua para Juan.
Este no pudo evitar sonreír como si el mismismo Jesús hubiese bajado para entregarle ayuda. El castaño sonrío en grande, estirando su mano hacia la botella, apoyándola primero en su cara antes de tomar.
— Ah...Dios Graf sabes cuanto te amo, ¿no? Eres lo mejor que me ha pasado en la perra vida. — Juan solto un suspiro acalorado, dándole un largo sorbo al agua fría, sintiendo como su cuerpo se enfríaba. Graf le observo en silencio, una sonrisita en sus belfos.
— Hmmm, te vi algo acalorado, si necesitás más dime. — Juan dejo la botella hacia un lado y en su lado vacio, dio unas suaves palmaditas a la madera para que se sentara a su lado. Graf no dudo, sentandose al lado del contrario, Juan estaba mirando hacia la montaña, una sonrisa en su rostro, una expresion suavizada. Graf lo estaba mirando a el, fijándose en su rostro.
— Se ve bien. — Graf mencionó y Juan volteó su rostro a verle con una sonrisa con sus dientes.
— ¿Te gusta? Me he supermega esforzado en esta esquina, quería que se viera perfecta. — Y el polaco asintio, aún mirando al castaño. Sí, la montaña también se veía bien. Al fin, con un parpadeo, dirigio su mirada a la montaña, el sol comenzando a bajar en sus espaldas, el cielo con un suave naranja. Graf murmuró algo en polaco antes de volver a hablar.
— Cuando Karaoke? — Miró de reojo a Juan, su temblante algo más serio esta vez, pero Juan podía notar en los ojos de Graf que estaba emocionado, no era el más expresivo, pero sus ojos azules le decían todo lo que debía saber. Juan solto una risita pequeña, pensando un poco.
Sabía lo mucho que Graf quería cantar, llevaba días queriendo que se juntaran todos para al fin tener la sesión de canto, pero no se les había dado por los horarios y esos últimos días, todos habían estado más ocupados de lo normal. — Ah, se que estás emocionado por el karaoke, lo haremos pronto, va? Intentaré juntar a los que estuvimos ese día. — Juan apoyo una de sus mano en el hombro de Graf, empujando este ligeramente hacia abajo, queriendo que se moviera.
Graf entendió, no necesitando palabras, acomodo su cuerpo, recostándose en los andiamos, su cabeza apoyada en el muslo de Juan, su rostro girado hacia la montaña, aún observándola. Podía ser una simple montaña, piedra y tierra, pero el polaco sabía que a Juan le hacía muy feliz cuando reconocían su esfuerzo y trabajo, entonces le prestaba un poco más de atención a la construcción.
Juan observó al de lentes hacia abajo, pasando sus dedos por el cabello más corto de Graf, viendo como su rostro brillaba ligeramente con el sol naranjo, como el azul tenía un brillo especial bajo la luz. Ambos miraron hacia la montaña, aún con dedos pasando suavemente entre ebras café, una cercanía de la que ninguno habló, solo se mantuvo. Cada vez era más normal que cuando estaba uno, el otro también, y el afecto físico, la cercanía donde Juan tocaba un poco más de lo necesario los brazos de Graf, a veces hombro contra hombro. El polaco también buscaba más seguido al segundo al mando, cenaban juntos pero fuera de casa, en la zona de las escaleras o en la oficina de Juan, para tener un momento más...de ellos.
A veces Juan pensaba que hubiera sido de él sin Graf, probablemente hubiese perdido la cabeza, pero no debía imaginarselo porque el polaco siempre estaba a su lado, no debía imaginarse una probabilidad que nunca pasaría.
¿No?
