Chapter Text
Ha pasado ya un mes de todo el desastre, derrotaron a Chuck, surgió un nuevo dios, quien tomará el hilo de las cosas con más responsabilidad. Si es obligatorio creer en un dios Sam y Dean, creen en el.
Los Winchester ya no están siendo manipulados como marionetas de un dios que solo los veía como entretenimiento.
Habían ganado, al fin libres, volvieron a salvar el mundo. Sin ningún apocalipsis o ser sobrenatural encima que amenazase con destruir la paz o apoderarse del mundo.
Aunque con la vida que llevan es solo una victoria mas.
O así lo siente Dean, mas que una victoria el veía a todos los que había perdido a lo largo de los años. Y que aun así no valía tanto el sacrificio, pues todavía hay monstruos acechando en la oscuridad, matando inocente, devorando vidas, rompiendo familias, haciendo desastres a su paso. Chuck solo era uno mas de esos hijos de puta, un poco mas fuerte pero no muy diferente a quienes se había enfrentando a lo largo de su vida.
Y ese pensamiento se quedo en su cabeza lo suficiente como para siquiera querer levantarse de la cama.
Porque Dean no sentía la victoria, en realidad sentía una horrible tristeza ya que su mente solo estaba para un ángel, su mente solo estaba para Castiel.
Castiel y ese estúpido trato que hizo y como tenia que ver con Dean.
Todas estas semanas se la ha pasado buscando algún indicio del vacío ha estado metido en libros, páginas web, sitios que hablan de todo sobre los ángeles, incluso en los cientos de expedientes de los hombres de letras - estos últimos no eran muy útiles, ya que a penas sabían de la existencia de ángeles como algo real, así que ese contenido era de pura especulaciones- estuvo tanto tiempo estudiando y releyendo lo mismo tantas veces que ya se considera un experto en el tema. Sam lo ayudó todo el tiempo investigando varias veces, trayendo le comida (que casi ni tocaba), sin hablar mucho, probablemente para darle su espacio de asimilarlo y pensando que así podría superarlo al menos un poco. Sam no estaba mucho en el búnker por esta razón, en estás salidas se veía con Eileen, así que Dean pasaba la mayor parte del tiempo solo.
Sin embargo, no había nada sobre el vacío, entre toda la información solo se lo mencionaba como "el lugar donde demonios y ángeles iban en su deceso", nada que no supiera ya. Estaba realmente frustrado, al no poder llegar a nada que le permita alcanzar ese lugar. Nada que lo ayudará para alcanzarlo a «él». Finalmente se derrumbó.
Es verdad que Dean había perdido a Castiel varias veces y en todas creyó que no lo volvería a ver, pero aquella vez era diferente al menos podía enojarse con alguien, culpar a alguien, cazar a alguien. Pero está vez el único culpable era él, pues el murió para salvarlo a él, así que al único con el que podía enojarse era con sí mismo.
El hecho de que el momento de la gran felicidad de Castiel es solo «sentir» y «expresar» su amor por Dean, lo inunda de enojo y tristeza.
El se siente egoísta por no intentar nada cuando el vacío devoro a Castiel, pues en su subconsciente cree que si intentaba algo, tendría que lidiar con esas dos palabras tan pesadas para el y que nunca nadie se las había dedicado con tanto amor y consuelo en su mirada.
La frustración de no poder hacer nada era tanta que algunas veces lo ahogaba tanto hasta las lágrimas.
Llevaba -lo que creía- horas en su cuarto, con varias botellas de whisky en el piso, el whisky detenía las lagrimas y mantenía los pensamientos a raya, probablemente lo único que lo mantenía cuerdo, según el. Sam seguramente estará preocupado por el. (Aunque realmente no piensa en ello). Solo quiere seguir ahí consumido por el alcohol, la verdad no quería ni dormir ya que al hacerlo un ángel con gabardina siempre se aparecía en sueños y solo terminaba en despertar de golpe, algo agitado, sin descansar realmente, nada grave cree él, un precio que merece pagar según su parecer.
Despierto solo pensaba en Castiel y lo que pudo haber sido "¿qué pasaba si Dean le correspondía?", "¿qué pasaba si no?", "¿por qué decidió ignorar lo obvio todos estos años?", "¿por qué se ocultó así mismo sus propios sentimientos?", "¿tan cobarde era?", Castiel se fue creyendo que no le correspondía "y aun asi el estaba bien con eso" "¿por qué Dean no dijo nada?" "¿por qué?", "¿por qué?", "¿por qué?".
Siendo sincero no quería moverse para nada. Así que decidió dejar de investigar, porque su esfuerzo no le estaba llevando a nada, se cansó de buscar no le importaba realmente si acababa muerto. Pues finalmente llegó a una conclusión.
Tal vez él no merecía que alguien como un ángel, un ser poderoso y celestial, sea reducido a sacrificarse por alguien como él: un simple hombre roto y patético.
Hace unos días este pensamiento lo carcomía tanto que con lágrimas en los ojos, se desplomó contra la puerta del baño y se deslizó hacia abajo con las manos cubriendo gran parte de su rostro queriendo cubrir sus lágrimas sin detenerlas realmente, entonces el arma en su cinturón le pesó -siempre la tenía consigo- de pronto era muy consciente de que estaba ahí , tan real, como ancla en medio de ese mar de culpa y enojo. La tomó entre sus manos, la vió por un momento, lo fácil que podía acabar con todo ese sufrimiento. La apoyó un poco más arriba de su entre ceja, lo frágil que se sentía su vida con un arma cargada apuntando así mismo, "y aun así decidió salvarme" pensó. Sus mejillas seguían húmedas por las lagrimas que aun caían por sus mejillas, quito el seguro con manos temblorosas, posicionó su dedo, apretó fuertemente los dientes y los párpados tanto como quiso apretar el gatillo, pero no presionó.
No pudo hacerlo, ¿Cómo podría? Castiel se sacrificó para que él viva, si se mataba no habría servido nada. Por otro lado estaba Sam, no quería que Sam se asustara con el disparo y que lo encuentre tirado en el piso con una bala en la cabeza y un charco de sangre a su alrededor. No podía hacerle eso a ninguno de los dos.
O tal vez el era demasiado cobarde como para acabar con todo el mismo, quería que alguien más lo hiciera, se sentía estúpido y patético de este pensamiento pues tenía miedo de hacerlo el mismo, a pesar de que parecía la única salida de acabar con el dolor que lo consumía.
Puso el seguro al arma y la deslizó con violencia fuera de su alcance, el repentino movimiento hizo que tomara una gran bocanada de aire y respirara agitadamente mientras se levantaba con dificultad apoyándose en lavamanos, se mojó la cara, -no tenía ganas de ducharse- no quería ver su cara en el espejo y lo patético que seguramente se veía, salió del baño, se dirigió a su habitación rápidamente.
Sam no estaba en el búnker, lo sabía porque le avisó antes de salir que iría a reencontrarse con Eileen quien regresó gracias a Jack. -Otra razón para meterse una bala en la cabeza, Sam no está, y si se mata sabe que aún así Sam no estará solo y no necesariamente sería útil para nadie, ni para cuidar a su hermanito siquiera.
Al menos uno de los dos no es miserablemente infeliz.
De pronto sintió incomodidad con su ropa así que se la quitó por unos pantalones chándal -probablemente de Sam por lo grandes que le quedaban- y una camisa desgastada que fue lo primero que encontró. Se tiró en la cama, enterró su cara en una de las almohadas, luego se acomodó de lado, abrazó una de ellas para que le den algo de calor, ocultó su nariz y boca en ella y siguió llorando, Dean realmente tenía el corazón roto y cada pedazo gritaba un solo nombre al unísono: Castiel.
Y así llegó a esto: un hombre aislado y patético.
Quería gritar, tirar todo, destruir este cuarto que lo hacía sentir tan pequeño y vulnerable, pero no lo hizo su cuerpo se sentía pesado.
Probablemente no pueda ni dormir, siente que si cierra los ojos verá esa sonrisa tan feliz de morir por él y tan aterradora para Dean.
Así se quedó abrazado a una gran almohada, varias botellas de whisky en el piso al pie de la cama, ebrio, intentando que el sueño no le gane y lágrimas que le da pereza limpiar. Y después de unas cuantas horas, oscuridad.
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No sabe en qué punto de la noche se había dormido, pero ahora estaba escuchando los intentos de Sam por despertarlo.
-¡Dean!, ¡Dean, despierta es una pesadilla!- le dijo Sam con la voz elevada casi gritando, mientras sacudía sus hombros con un poco de brusquedad para despertarlo.
Dean despertó alterado, incorporandose de golpe con Sam estabilizandolo por los hombros. Respiraba con dificultad intentando agarrar grandes bocanadas de aire y presionando su mano sobre su pecho en un intento por calmarse, estaba sudando, pero sentía escalofríos, podía sentir su cuerpo temblar por esto. Miraba a su alrededor para ubicarse, ya que hace unos momentos, veía el rostro de Castiel siendo consumido por esa oscura sustancia que parecía no tener fin. Dean intentaba alcanzarlo, pero la misma sustancia se enredó en sus tobillos envolviendo hasta sus rodillas para hacerlo caer al suelo, como si esa fuerza sobrenatural quisiera que solo vea devorar a Castiel por completo, mientras suplicaba que no lo hiciera incapaz de moverse y gritando sus súplicas.
Lo que primero distinguió en su campo de visión fue que estaba en su cama, en su habitación y con un Sam sentado en el borde de la cama sosteniendo por los hombros con clara preocupación en su rostro.
Se obligó a tranquilizarse, por Sam, apretando en un puño la camisa con la mano que tiene sobre su pecho.
Después de haber respirado y haber disimulado la calma como pudo -porque no estaba calmado-, apartó los brazos de Sam con suavidad, se pasó la palma de las manos rápidamente hacía sus mejillas para limpiar cualquier rastro de lágrimas.
-Estoy bien, Sammy- dijo suavemente con la voz quebrada intentando disimularla (fallando en el intento, por desgracia) -ni el mismo se cree esas palabras-, no quería explicar nada, no ahora, talvez después, talvez nunca. Ya se le pasará, cree él.
Sam abrió la boca para reprocharle, pero la cerró al instante pues obviamente su hermano no estaba bien, su aspecto era terrible parecía que había bajado de peso todo este mes, tenía ojeras muy pronunciadas, ojos inyectados de sangre, párpados entrecerrados de cansancio y su cabello rubio oscuro bastante desaliñado.
Creyó que debería darle un momento a su hermano para que se recomponga, hablaría con el más tarde cuando se tranquilizara y ordenara sus pensamientos para estar listo a la hora de hablar.
Soltó un pequeño «bien» apenas perceptible pero lo suficientemente audible para ser escuchado dedicándole una pequeña mirada de compresión y preocupación a Dean, se levantó de la cama y se retiró del dormitorio ajeno cerrando las puertas tras él. Dejándolo descansar, pues se nota que lo necesita.
Más tarde hablarían de esto con más calma.
