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You Are Late (Again)

Summary:

"—Es hermoso... —murmuró la joven—. Es el escenario perfecto para una confesión, ¿no crees?"

Y Umemiya se lo tomó personal.

(...)

La vista de la playa por la noche, bengalas, fuegos artificiales, risas y gritos. Definitivamente, un escenario digno de una comedia romántica cliché, pero ¿a quién no le gustan los clichés?

Notes:

amo a esta pareja, así que tenía que escribir algo sobre ellos y se me ocurrió, por qué no, publicarlo

‼️ cualquier comentario ofensivo hacia la identidad de tsubaki será eliminado, no me aguanto a transfóbicos acá

se agradecen los comentarios y kudos 🙇🏻💗

Work Text:

El sol se había escondido hace poco, lo único que iluminaba la playa eran los celulares de los adolescentes que torpemente trataban de encender las bengalas y pequeños fuegos artificiales que habían comprado en la tienda de conveniencia, las risas, los gritos y las charlas se combinaban con el sonido de las olas, generando así una melodía que llenaba el pecho del peliblanco con una calidez que podría encender una y mil fogatas.

 

—¡Ume!

 

Umemiya desvió ligeramente la mirada ante el sonido de aquella grave voz que tan bien conocía, observando como Tsubakino corría en dirección hacia él descalza por la arena, las sandalias color crema colgando de sus pálidas manos a la vez que con su otra mano apuntaba al joven con la linterna de su teléfono, iluminando el camino hasta él.

 

—Tsubakino. —sonrió— ¿No vas a encender bengalas?

 

—Mmh. —sacudió la cabeza, su cabellera negra con puntas rojizas moviéndose elegantemente—. Prefiero hacerte compañía. —le sonrió mostrando los dientes.

 

El peliblanco únicamente le sonrió de vuelta antes de que la playa se iluminara y el chillido de Nirei llamara la atención de ambos adolescentes que miraron hacia el frente, Sakura había conseguido por fin encender los fuegos artificiales que explotaron en el aire, las chispas de colores reflejandose en el cielo como estrellas

 

—Es hermoso... —murmuró la joven—. Es el escenario perfecto para una confesión, ¿no crees?

 

Aquello hizo a Umemiya soltar una risa suave, admirando de igual manera como el cielo se iluminaba frente a ellos, sin embargo su atención no se mantuvo en aquellas luces por demasiado tiempo, sus ojos azulados viajando hasta su acompañante, la manera en que los destellos se reflejaban en sus ojos, como su sonrisa parecía brillar incluso más que estos y deseó poder detener el tiempo en ese instante para así poder admirarla por siempre. Luego de la pelea con Endo el aire en la ciudad parecía haberse limpiado, los hombros de todos se sentían más livianos por obvias razones, pero para Ume no era solo la tensión de aquel encuentro la que había abandonado sus hombros, parecía como si toda la carga de su vida se hubiera disuelto y escurrido fuera de él, y ahora que miraba a Tsubaki sintió que la necesidad de hablar con ella de verdad, de hablar no como el líder de la Furin, sino que como Umemiya.

 

—Mira, mira. —señaló la pelinegra con su dedo índice, riendo dulcemente.

 

Umemiya siguió con la mirada a donde Tsubaki estaba señalando, se trataba de Sakura y Sugishita a lo lejos, quienes se encontraban lado a lado, ignorando completamente los fuegos artificiales y solo se miraban de reojo o al suelo como si este fuera lo más interesante del mundo, las orejas de Sakura enrojecidas y el ceño del pelinegro más fruncido que nunca, la mayoría pensaría que estaba irritado, mas los mayores lo conocían bien y sabían que esto no era más que una clara muestra de nerviosismo. Ambos se habían vuelto bastante cercanos con el tiempo, y el incidente con Endo definitivamente había influido en ello, causando un cambio significativo en su relación que hizo a los jovenes acercarse a sus mayores—por separado, en busca de algo de claridad en los complicados sentimientos que habían florecido.

 

—Son adorables, ¿no crees?

 

—Tsubakino... —musitó.

 

—Me pregunto quién se declarará primero.

 

—Tsubakino.

 

—Sugishita parece estar llevándolo mejor, ¿tú qué opinas?

 

—Tsubaki. —dijo con firmeza, captando finalmente la atención de la joven, que volteó a verlo con sus ojos abiertos de par en par—. Me gustas.

 

No pasaron más de cinco segundos desde que aquellas palabras abandonaron la boca del peliblanco con completa calma, y el color en el rostro de Tsubakino cambió al mismo tono de su labial, su corazón latiendo con tanta fuerza que estaba segura que Ume podría escucharlo.

 

—Ah... —parpadeó un par de veces, como si tratara de procesar lo que acababa de pasar—. Como amigo, ¿verdad?

 

—Mh. —negó con la cabeza—. Tal vez llego un par de años tarde a corresponderte, pero me gustas, nunca pensé en actuar en base a estos sentimientos porque tenía muchas cosas en la cabeza, bueno... aún las tengo, pero algo se siente diferente, creo que lo que pasó con Endo hizo que todos cambiáramos un poco.

 

Si Tsubakino decidía preguntar desde hace cuánto, Ume probablemente contestaría "desde siempre" sin pensarlo dos veces, porque así era, desde que se conocieron cuando apenas eran unos preadolescentes y el peliblanco había tomado la decisión de cuidar de ella, incluso si era más que consciente que Tsubaki podía defenderse sola, desde ese momento ocupó un lugar especial en su corazón, uno al que nadie más había entrado, pero que le había llevado bastante tiempo comprender lo que aquel lugar significaba, no por miedo, ni mucho menos vergüenza, sino que al decidir encargarse de la Furin puso sus propios sentimientos a un lado casi inconscientemente; cargando con los sentimientos de aquellos que lo seguían y confiaban en él. Luego de lo sucedido, y que el corazón de Umemiya se quebrara un poco al ver el estado en el que la joven había terminado como consecuencia de la pelea, se permitió por primera vez en mucho tiempo cargar a sus propios sentimientos, analizarlos, comprenderlos y abrazarlos.

 

Y no volvería a dejarlos de lado.

 

—Pero yo... yo no soy una mujer. —expresó con voz temblorosa.

 

—No me gustas porque seas una mujer, un hombre, o ninguno. —colocó sus manos sobre los fuertes hombros de la joven—. Me gustas porque eres Tsubaki, eso es suficiente para mí.

 

—Tú... —susurró al notar como su rostro y el del contrario estaban cada vez más cerca—. Sí que me hiciste esperar... —se carcajeó.

 

—Perdón, sabes que siempre llego tarde.

 

Umemiya rió, cerrando los ojos cuyos extremos se arrugaban ligeramente mientras carcajeaba hasta que su risa fue callada por la boca de la joven; haciéndolo abrir los ojos en grande, fue un beso fugaz, apenas un roce de labios, pero que le puso los pelos de punta a ambos adolescentes. Tsubakino soltó una risita luego de que su labial quedara impregnado en los labios de Ume, dándole un aspecto gracioso, mientras que el recién nombrado únicamente sonrió antes de sujetar la mejilla de Tsubaki e inclinarse para unir sus labios una vez más, sintiendo los brazos de la pelinegra rodearle el cuello en un intento de mantenerlo cerca. Ambos rieron dulcemente ante aquel contacto, perdiéndose en su propia burbuja de amor hasta que el peliblanco entreabrió los ojos para observar la expresión de Tsubaki, mas se vio distraído por una silueta a un par de pasos de distancia de ellos que lo hizo alzar lentamente la cabeza.

 

—Oh, Sakura. —dijo tranquilamente el mayor, su boca manchada con labial rojo.

 

Tsubakino volteó ligeramente para observar al joven y saludarlo, como si no hubieran sido atrapados en una situación... comprometedora. Sakura tenía en sus manos dos bengalas que había traído a los mayores por petición de Suo, manos que ahora se encontraban temblando y su rostro teñido de un intenso color rojo a causa de lo que acababa de presenciar.

 

—¿Sakura? —Tsubaki ladeo la cabeza.

 

El recién nombrado tragó saliva y solo se dejó caer hacia atrás, su cuerpo creando un sonido doloroso al aterrizar en la arena.

 

—¡Sakura!