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—Fran, hablemos de Lando en el partido de hoy, sabemos que te gusta el villerito —dice la voz automatizada con el mensaje de un fan.
—Sí, hablemos. Me pareció un partido muy interesante, lo vi desbordar muy bien.
Busca en su computadora un compilado de las mejores jugadas del siete en el partido de Boca de esa noche por la copa local. También tenía uno del partido anterior cuando entró en reemplazo de uno de sus compañeros. Presenta su pantalla y espera a que la audiencia pueda ver lo mismo que él.
—Me sorprendió, en realidad no, ya sabemos lo bueno que es. Pero más que nada porque no venía jugando. Sabe leer el juego, a veces hace alguna de más, aunque ya cada vez menos y, chicos, en serio, en el gol de Velasco hoy… El pase que le metió, precioso.
Su vista pasa por los comentarios rápido y sonríe. Todos se burlan de él y su fanatismo por Lando que inició ni bien subió a la primera división de Boca años atrás. También ellos habían visto lo mucho que sufrió cada una de las lesiones del jugador.
—Me alegra mucho que se haya recuperado rápido de la lesión y que enseguida se haya puesto a la par del grupo, más porque se vienen una seguidilla de partidos importantes. Cada vez está jugando más minutos y el cuerpo le está respondiendo, así que yo estoy muy feliz. Estoy esperando el gol, qué decirles, es lo único que queda.
Escucha la puerta de su casa abrirse, lo ignora como siempre lo hace.
—Saben que yo quería que hiciera un gol en el superclásico, pero no se pudo. Ojalá le toque mojar en la copa, sería muy especial.
—¿Amor? —Escucha a lo lejos.
Insulta por lo bajo y cierra su micrófono rápido, o al menos aprieta el botón. Se levanta mientras ve al chat explotar por la simple frase. Él nunca dio a conocer a su pareja, todos saben que tiene una, que es bisexual, pero ni siquiera han oído su voz antes. Abrió la puerta apenas y lo vio venir por el pasillo, salió y cerró la puerta detrás de sí.
—¿Estás loco? —Le reclama en un susurro.
—¿Por vos? Obvio, lindo —le responde en el mismo tono. Lando lo toma del rostro y lo besa, está recién duchado y perfumado y Franco solo quiere abrazarlo y quedarse allí.
El jugador es su pareja desde hace más de un año, casi dos. Se habían conocido cuando Lando se estaba recuperando de la fractura en su tibia. Franco había ido a conocer al plantel de su equipo ese año y el número siete estaba en el sector de rehabilitación. Tuvo algunas lesiones más en el medio; sin embargo, no fue hasta la rotura de sus ligamentos cruzados que volvieron a hablar.
Lando había visto lo mucho que se había preocupado Franco, lo había defendido y halagado como jugador. Su discurso lo conmovió al punto de querer hablar en privado con él. Lo que el streamer no se esperó fue entrar a la lista de mejores amigos del futbolista, mucho menos ver aquellas fotos provocativas casi a diario.
Seguir hablando no fue un problema.
—Estoy en stream, Lan.
Lando hace una mueca de disculpa, una que Franco ya sabe que es de mentira. No se arrepiente, no le importa haberlo interrumpido y lo haría de nuevo.
—Pueden estar un rato sin vos, ¿no?
—Lan, dale. Corto en un ratito y charlamos, ¿sí?
—¿Charlar? Yo no quiero charlar con vos —le guiña un ojo y Franco se ríe. —Te queda linda la camiseta.
—¿Viste? Es del jugador más lindo.
—¿Te la regaló él? ¿No serás el más afortunado?
—Igual me gusta más cuando me la saca.
Lando alza una ceja con una sonrisa.
—Quien pudiera ser ese, ¿no?
Ambos se ríen y Franco besa sus labios. Lando lo toma de la cintura y de la nuca, no deja que se separe de él y profundiza el beso. Sus lenguas se encuentran rápido e inician un juego entre ellas; el castaño no puede dejar de pensar que tiene que volver a su trabajo, que ha dejado todo a medias y que se debe a su público.
Se separa con pesar y comparten un beso esquimal.
—Un ratito y vuelvo, ¿comiste?
—Sí, amor. Quiero el postre.
Franco rodea sus ojos y camina a la puerta donde tiene su estudio de grabación. Había iniciado con un simple set up en su habitación, ahora no solo se había mudado con su pareja, sino que tenía un montón de herramientas que antes solo soñaba con tener.
Lando no lo deja abrir la puerta, lo abraza por detrás y deja múltiples besos en su cuello que lo hacen reír.
—¡Basta, Lando! Tengo que trabajar, boludo.
—Yo te mantengo, no te hagas problema —murmura con una sonrisa, sabiendo que Franco no dejaría de hacer lo que ama, y se inclina para besarlo de nuevo.
—Salí, Lan, en serio, tengo que volver.
Lando lo suelta, no sin antes darle un último beso en sus labios.
—Te espero, no tardes mucho —le dice señalándolo con el dedo mientras camina hacia su habitación.
—Voy a tardar más ahora —le responde con una sonrisa abriendo la puerta de su estudio.
—Me debes el postre.
—¡Basta, Lando! —le grita entre risas, con un leve sonrojo en sus mejillas.
Se sienta en la silla y acomoda el micrófono que había movido cuando se fue. Su mirada recorre la pantalla y su sonrisa se va, al igual que el color en su rostro, al notar que el micrófono nunca estuvo muteado. El chat está enloquecido, apenas puede ver un comentario antes de que pase de largo y lo pierda.
Ahora todo el mundo sabía de su secreto más preciado.
Iba a matar a Lando.
