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El verano es incertidumbre

Summary:

Nakamura Okuto está enamorado de su compañero de clases Hirose Aiki, quien a su vez es su compañero de cuarto.
Pero el término del semestre lo deja preocupado por el futuro de su relación.

 

O un Roommates AU sobre ellos dos.

Notes:

Holis este es mi primer fic y honestamente no pensé que sería sobre ellos, pero quede encantada con el anime y Roommates es uno de mis AUs favoritos así que aquí mi contribución al fandom de Go for it Nakamura!

También, esto es pura pelusa sin sentido, pero tenía muchas ganas de escribir algo simple♡

Work Text:

Ha pasado más de un semestre desde que Nakamura Okuto y Hirose Aiki se convirtieron en compañeros de cuarto.

 

Y - Para alegría del pelinegro- Unos meses desde que se hicieron amigos oficialmente. 

 El verano comenzaba a instalarse lentamente sobre la ciudad.

 

A esa hora de la tarde, el calor todavía permanecía atrapado entre las paredes del dormitorio estudiantil, mezclándose con el suave olor a tela limpia, libros usados y el ventilador viejo que giraba perezosamente desde una esquina de la habitación.

El ventanal junto a las camas estaba abierto, dejando entrar una brisa tibia que apenas lograba mover las cortinas claras. Afuera, el cielo comenzaba a teñirse de tonos anaranjados y dorados, justo antes de que el atardecer alcanzara su punto más intenso.

 

El tiempo pasaba muy rápido, y hoy sería la última noche durmiendo en la cama de al lado de su enamorado secreto. Las vacaciones finalmente comenzarían al día siguiente y la mayoría de los estudiantes que viven en los dormitorios volverían a casa hasta el próximo semestre. 

 

Nakamura, -siendo el joven enamorado que es- no podría estar más feliz y deprimido a la vez mientras guardaba sus cosas en su mochila.

Extrañaba su casa, a su familia y claro a su pulpo mascota Icchan

Pero la incertidumbre de no saber que sería de su relación con Hirose durante el verano lo ponía aún más nervioso. 

Peor que solo eso, existía la posibilidad de que Hirose decidiera cambiar de compañero de cuarto para el próximo semestre. 

 

- No quiero que eso pase...- murmuro para sí mismo antes de cerrar su maleta.

- No quieres ¿qué? - Pregunto una suave voz desde detrás de sí. 

Nakamura dio un pequeño salto por el susto antes de girarse rápidamente.

Hirose estaba de pie junto a la puerta, todavía con el uniforme escolar y el cabello ligeramente húmedo por el sudor. 

 

No era muy común del castaño pasar las tardes después de clase en su habitación. Normalmente salía con sus amigos, Oomori, Takeuchi o Mukai. Incluso el propio Nakamura había sido arrastrado muchas veces fuera de su dormitorio compartido hacia otros lugares antes del toque de queda. 

 

- Llegaste pronto - hablo el pelinegro mientras sentía sus mejillas sonrojadas.

—Sí, eh. Los chicos estaban siendo muy escandalosos con la idea de que mañana sería nuestro último día y... —comenzó Hirose mientras se dejaba caer sobre su propia cama—. Pero estás ignorando mi pregunta. ¿No quieres qué? —dijo mirando a Nakamura.

 

-No, eh... no es realmente nada. Solo no quiero volver a casa —confesó a medias el joven, tratando de recuperar el color natural de sus mejillas.

—¡Eso no tiene sentido! Tú mismo dijiste cuánto extrañabas a Icchan, tu dormitorio y la comida de tu mamá—

—¡Ya entendí! —lo interrumpió Nakamura rápidamente, sintiendo cómo el calor subía hasta la punta de sus orejas.

 

Desvió la vista casi de inmediato, incapaz de seguir mirando a Hirose directamente. A veces olvidaba lo mucho que el castaño recordaba las pequeñas cosas que él decía. Detalles insignificantes que ni siquiera Nakamura creía importantes.

 

Hirose soltó una risa ante su reacción.

No era una burla cruel. Sonaba suave, ligera y como todo en el niño, feliz.

—Entonces sí admites que no tiene sentido —comentó divertido mientras apoyaba un brazo sobre la cama.

 

Nakamura apretó los labios, avergonzado.

—No tienes que decirlo así...

 

—¿Así cómo?

 

El pelinegro lo miró apenas por un segundo antes de volver a apartar la vista.

Pero solo ese segundo de mirada fue un gran error para su corazón.

 

Porque Hirose lo estaba observando con su expresión extrañamente dulce que parecía reservar solo para él.

La luz anaranjada del atardecer entraba por el ventanal, iluminando completamente su rostro cansado después de clases, pero aun así sonreía como si aquella conversación fuera lo más entretenido de su día.

 

Había algo peligrosamente cálido en la forma en que miraba a Nakamura. Algo parecido a la confianza y la tranquilidad que viene de ella.

Como si realmente disfrutara estar ahí con él.

 

El corazón de Nakamura dio un salto incómodo dentro de su pecho.

 

—Solo... deja de mirarme tanto —murmuró, llevando su rostro de nuevo a la maleta frente a él.

 

Perdiendo el cómo la sonrisa de Hirose pareció crecer todavía más.

 

—¿Eh? ¿Y ahora qué hice? —preguntó entre risas y falsas quejas.

 

Nakamura trató de ignorar cómo su corazón se aceleraba mientras se ponía de pie para dejar la maleta junto a su cama.

 

—Estaba pensando que deberíamos tener una pijamada —dijo Hirose una vez que logró recuperarse de su pequeño ataque de risa.

Eso sorprendió al pelinegro.

—Dormimos juntos todos los días. ¿No cuenta eso como pijamada? —preguntó genuinamente confundido.

 

—Sí, pero hablo de una pijamada completa. Ya sabes: películas, bocadillos, historias de miedo, dormir tarde...

 

—Pero todas esas cosas ya las hacemos, ¿no? —respondió Nakamura.

 

Pudo observar cómo Hirose se tragaba las palabras y hacía un pequeño puchero en menos de treinta segundos.

Y honestamente, fue suficiente para convencer al otro chico.

—¡Pero por mí está bien! —agregó rápidamente.

 

La reacción del castaño no se hizo de esperar.

—¡Genial! Iré a bañarme mientras tú compras algunos bocadillos. Ya sabes cuáles me gustan —dijo mientras se dirigía al baño.

 

Nakamura lo observó alejarse durante unos segundos.

Y cuando la puerta del baño se cerró completamente el silencio inundo el dormitorio.

 

˚ʚ♡ɞ˚

 

Ambos estaban recostados en la cama de Nakamura.

Una película se reproducía distraídamente en el portátil de Hirose mientras ambos compartían una bolsa de dulces.

El ventilador seguía girando lentamente desde una esquina de la habitación, removiendo apenas el aire cálido del dormitorio. La oscuridad de la noche de verano solo se veía interrumpida por la luz del portátil que teñía el rostro de ambos jóvenes en tonos cambiantes.

 

El corazón de Nakamura – aunque ya debería haberse acostumbrado después de tanto tiempo – seguía reaccionando cada vez que sus cuerpos quedaban demasiado juntos o sus manos chocaban al buscar otro dulce.

“No te pongas nervioso” repetía mentalmente el pelinegro cada vez.

-Sabes… – murmuro Hirose de repente, captando la atención del pelinegro quien giro su rostro hacia el castaño.

 

-¿Qué harás este verano? – pregunto Hirose, desviando la mirada de la película para observarlo.

 

-Oh…, no mucho. Probablemente acompañare a Kana una que otra vez al centro comercial, tal vez vayamos a casa de mis abuelos o algo así – Respondió Nakamura, recordando como habían sido sus vacaciones anteriores.

El castaño soltó un pequeño murmullo en respuesta antes de volver a fijar la vista en la pantalla. Pensando que la conversación había terminado, Nakamura se acomodó nuevamente sobre la cama para seguir viendo la película.

—¿No saldrás con amigos? —preguntó Hirose en voz baja, curioso, sin desviar la mirada de la pantalla.

 

—Bueno... no tengo amigos más allá de ti...

La respuesta salió más cruda de lo que Nakamura esperaba.

 

Por un instante, el castaño permaneció en silencio.

—¿Qué hay de Kawamura? —preguntó entonces, interrumpiéndolo mientras se acercaba apenas un poco más.

 

Nakamura sintió cómo el calor volvía lentamente a sus mejillas.

 

—Ah, bueno... no hemos hablado mucho sobre el verano y, la verdad, no sé si realmente somos amigos —respondió intentando mantener la voz estable.

 

Aparentemente, aquella respuesta tranquilizó al castaño.

 

Hirose soltó un pequeño “ya veo” antes de volver a concentrarse en la película, acomodándose otra vez contra la pared.

 

El ventilador continuaba girando lentamente desde la esquina de la habitación, creando un ruido constante que se mezclaba con los diálogos apagados de la película.

 

Por unos segundos, ninguno de los dos volvió a hablar.

 

—Entonces... ¿saldrás conmigo? —preguntó Hirose.

 

El corazón de Nakamura se detuvo.

 

O al menos eso sintió durante un segundo.

 

Sus ojos se abrieron de golpe mientras giraba lentamente el rostro hacia el castaño, completamente convencido de que había escuchado mal.

 

Hirose seguía mirando la pantalla con aparente normalidad, llenando su boca de dulce tras dulce, como si no acabara de destruir mentalmente a Nakamura con una sola frase.

 

El calor subió violentamente hasta las orejas del pelinegro.

 

—¿Q-qué...? —logró murmurar.

 

Finalmente, Hirose lo miró.

 

—Durante el verano —aclaró con naturalidad—. Pensé que podríamos salir algunas veces.

 

Nakamura sintió una mezcla horrible entre alivio y decepción atravesarle el pecho al mismo tiempo.

 

—Oh... sí, podríamos hacerlo —respondió con calma.

 

O al menos fingiendo estarlo.

 

Recibió una mirada lateral por parte del castaño antes de que este soltara una pequeña risa.

—Tienes la cara de alguien que acaba de ganar algo. ¿Tan feliz estás? —preguntó divertido.

 

—Sí —respondió Nakamura con una honestidad casi automática antes de hundir el rostro contra el colchón para ocultar su sonrisa.

 

Escuchó otra risa suave a su lado.

 

—La verdad es que pensé que no volveríamos a tener contacto durante el verano... —admitió en voz baja—. Estaba algo preocupado por eso.

 

Tras sus palabras, llego un silencio repentino.

Nakamura solo puedo sentir cómo el colchón se movía ligeramente mientras Hirose cambiaba de posición junto a él.

 

—¿Por qué pensarías eso? —preguntó el castaño esta vez con una voz mucho más suave.

 

Y, de alguna manera, eso empeoró todo.

 

Porque Hirose estaba hablando como si la idea de dejar de verlo fuera algo imposible.

 

Como si, para él, seguir a su lado fuera lo más natural del mundo.

 

—No lo sé... —respondió Nakamura en voz baja.

 

Ambos permanecieron mirándose.

Recostados sobre el colchón, con apenas unos centímetros separándolos, Nakamura mantenía parte del rostro oculto detrás de sus brazos mientras Hirose descansaba de lado, sus manos entre ambos, lo suficientemente cerca como para que sus dedos pudieran tocarse.

 

Un leve sonrojo teñía las mejillas de los dos adolescentes.

 

Y, aun así, ninguno parecía querer apartarse.

 

Finalmente, Hirose rompió el silencio.

 

—¿Puede ser que eso era lo que no querías que pasara? —preguntó suavemente, haciendo referencia a la conversación de antes, cuando acababa de llegar al dormitorio.

 

—Sí, pero... —respondió el pelinegro, antes de interrumpirse a sí mismo.

No sabía cómo explicarlo sin sonar demasiado desesperado.

 

Hirose seguía observándolo.

 

Sus ojos grandes y llenos de vida recorrían con atención cada parte visible del rostro del pelinegro, incluso cuando este intentaba esconderse entre sus propios brazos.

 

—Honestamente... me preocupa más que quieras cambiar de compañero de cuarto —admitió finalmente Nakamura en un susurro, ocultando por completo la cara contra el colchón apenas terminó de hablar.

 

—¿Ah? —respondió Hirose, completamente desconcertado.

 

El sonrojo del Nakamura se extendió hasta sus orejas, al mismo tiempo que sus latidos aumentaban y resonaban contra su pecho. Casi ignorando como el colchón volvía a hundirse ligeramente.

 

Y entonces Nakamura sintió unos dedos agarrar suavemente parte de su pijama.

 

—¿Por qué haría eso? —preguntó Hirose otra vez, esta vez casi sonando herido por la idea.

 

El sonrojo de Nakamura se extendió hasta sus orejas mientras sus latidos golpeaban con fuerza contra su pecho.

 

Durante unos segundos no respondió.

 

Solo podía sentir los dedos de Hirose sujetando suavemente parte de su pijama y la horrible vergüenza creciendo dentro de él.

 

Lentamente, dejó de esconder el rostro en el colchón.

 

Primero apoyó el mentón sobre sus brazos y luego giró apenas la cabeza lo suficiente para mirar al castaño.

 

Sus ojos se encontraron de inmediato.

Y eso hizo que fuera más difícil hablar.

 

—Lo siento... —murmuró Nakamura después de unos segundos—. Supongo que fue raro pensar algo así de ti.

 

Hirose lo observó en silencio.

La expresión en su rostro se suavizó.

—Sí, un poco —admitió con una pequeña risa nasal—. Quiero decir... me gusta vivir contigo.

 

El corazón de Nakamura prácticamente se comprimió dentro de su pecho.

Hirose parecía no darse cuenta del efecto que tenían sus palabras. Ni de la forma tan cálida y dulce que seguía mirándolo incluso en ese momento.

 

—Además —continuó el castaño mientras soltaba lentamente su pijama—, sería aburrido compartir habitación con alguien más.

 

Nakamura soltó una pequeña risa nerviosa.

 

—Eso no suena muy convincente...

 

—Estoy hablando en serio —respondió Hirose casi de inmediato.

 

Nakamura volvió a mirarlo.

 

El castaño mantenía esa expresión suave y sincera que hacía que el pecho del pelinegro se sintiera demasiado pequeño para contener todo lo que estaba sintiendo.

 

—Eres divertido, pero no de una forma en la que todo tenga que girar en torno al humor —continuó Hirose con tranquilidad—. Eres amable, atento, ordenado, limpio... y probablemente la persona más respetuosa que conozco.

 

Cada palabra parecía hundirse directamente en el corazón de Nakamura.

 

Sin darse cuenta, Hirose comenzó a acercarse un poco más mientras hablaba. Apenas unos centímetros mientras el colchón continuaba hundiéndose entre ambos.

Despacio y natural.

Como si la distancia entre ellos desapareciera por sí sola.

 

Nakamura permaneció acostado, cabeza girada para seguir observándolo. El calor en su rostro ya era insoportable, pero aun así no podía apartar la mirada.

 

Porque Hirose lo estaba mirando como si realmente creyera cada una de esas palabras.

 

—Eres, honestamente, la única persona con la que me siento cómodo todo el tiempo —admitió el castaño en voz más baja—. Nunca exiges nada y... no lo sé. Siento que simplemente puedo ser yo cuando estoy contigo.

 

El corazón de Nakamura latía tan fuerte que comenzaba a doler.

 

Y Hirose seguía acercándose.

 

Hasta que finalmente quedó lo suficientemente cerca para levantar una mano y apartar con suavidad algunos mechones oscuros del rostro del pelinegro.

 

Sus dedos rozaron apenas su cabello.

 

Un gesto pequeño.

 

Demasiado pequeño.

 

Pero suficiente para hacer que Nakamura dejara de respirar por un segundo.

 

Hirose pareció darse cuenta de lo que acababa de hacer unos segundos después.

 

Sus ojos se abrieron ligeramente y apartó la mano con rapidez.

 

—Deberíamos dormir —susurró antes de levantarse de la cama, aparentemente nervioso por primera vez en toda la noche.

 

Nakamura lo observó incorporarse demasiado rápido.

 

Como si estuviera escapando.

 

El vacío que dejó el cuerpo de Hirose sobre el colchón fue inmediato y extrañamente frío.

 

Y antes de siquiera pensar en lo que estaba haciendo, Nakamura extendió la mano.

 

Sus dedos atraparon la muñeca de Hirose apenas por reflejo.

 

El castaño se detuvo de golpe.

 

Ambos se quedaron congelados.

 

Nakamura abrió los ojos con horror apenas se dio cuenta de lo que acababa de hacer.

 

—Ah— yo... lo siento —balbuceó rápidamente sin soltarlo todavía—. No era para detenerte o algo así. Solo pensé que... bueno, no pensé realmente y...

 

Su voz comenzó a deshacerse sola entre nervios.

 

—Puedes irte a dormir si quieres. Obviamente puedes hacerlo, y tu cama está ahí, y sería raro si te obligara a quedarte aquí porque eso sería extraño y—

 

Hirose seguía mirándolo de esa manera.

 

El otro chico sintió que iba a morir ahí mismo.

 

—Solo quería decir que... gracias por lo de antes y que probablemente estoy actuando raro porque tú eres muy amable conmigo y yo no sé qué hacer con eso y—

 

Nakamura.

 

Su nombre salió suave.

 

Casi agotado.

 

El pelinegro levantó lentamente la vista.

 

Y entonces lo vio.

 

Hirose tenía las mejillas completamente rojas.

Sus ojos recorrían el rostro de Nakamura con una intensidad que el pelinegro nunca había visto antes.

 

Como si hubiera llegado a algún límite.

 

Antes de que Nakamura pudiera procesar algo más, Hirose se inclinó hacia él.

 

Y lo besó.

 

Un casto beso en los labios.

Demasiado suave y muy cálido.

 

Los dedos de Nakamura se tensaron alrededor de la muñeca del castaño mientras su mente quedaba completamente en blanco.

 

El beso apenas duró unos segundos antes de que Hirose se apartara de golpe, igual de sorprendido por lo que acababa de hacer.

 

El ventilador seguía girando lentamente en la esquina de la habitación. La película olvidada continuaba llenando el aire con voces lejanas y música de fondo.

 

Ambos permanecieron inmóviles.

Respirando agitadamente.

 

Mirándose como si acabaran de cruzar una línea invisible de la que ninguno sabía cómo volver.

 

Y, aun así, ninguno parecía querer hacerlo.

 

Sus miradas volvieron a encontrarse.

 

Y, apenas un segundo después, volvieron a besarse.

 

Esta vez más despacio.

Más consciente.

 

Nakamura soltó la muñeca del castaño, permitiéndole acercarse por completo mientras sus nervios parecían derretirse junto al calor que llenaba la habitación.

 

Hirose deslizó sus manos hacia el cabello oscuro del pelinegro, acariciándolo entre sus dedos. Mientras que las manos del pelinegro terminaron aferrándose suavemente a la cintura del castaño, acercándolo apenas un poco más.

El segundo beso se sintió diferente.

Estaba lleno de emoción, sinceridad y como si ambos hubieran estado guardando demasiadas emociones durante demasiado tiempo.

Pero igualmente, lleno de la calidez que Hirose brinda.

Y lleno de la confianza que Nakamura brinda.

ʚ♡ɞ˚

—Entonces... —comenzó Nakamura, acostado sobre la cama de Hirose mientras mantenía al castaño entre sus brazos—. ¿Seguiremos siendo compañeros de cuarto?

Hirose soltó una pequeña risa contra su hombro.

—Creo que somos un poco más que eso ahora.

El pelinegro sintió cómo el calor volvía inmediatamente a sus mejillas.

Hirose apenas levanto la cabeza para mirarlo. Su cabello estaba desordenado y sus ojos cansados por la hora, pero volvió a reír como si fuera incapaz de contenerlo.

Porque estar con Nakamura lo hacía genuinamente feliz.

 

El sueño finalmente les gano y, entre el calor del verano y los brazos del otro, ambos terminaron quedándose dormidos.