Chapter Text
ATHENS™
Querido lector, usted ha sido uno de los afortunados beneficiaros que nuestra organización ha elegido para poder leer tres bitácoras informativas sobre nuestro experimento del comportamiento humano.
Este experimento busca simular la tensión y ambiente que se vivirá en una convivencia dentro de un centro espacial en busca de la repoblación en otros planetas. Sí, así de complicado es. Hemos elegido para ustedes tres de nuestras bitácoras: el día #78, el día #82 y el día #87. Escritos por nuestros especialistas y científicos: Philip Walter Foden, Lisandro Martínez y Joaquín Correa.
Esperamos que esto ayude a informar al mundo lo que se vive en este lugar que ha sido secreto para muchos.
Les agradece ATHENS™
Científico encargado: Philip Walter Foden.
Experimento del comportamiento humano.
Día #78: Anomalía/Desviación Extrema.
El día inició como lo previsto, los siete individuos pasaron el día conversando, pasando el tiempo.
Pocos se han visto colapsar hasta este momento, estar encerrados por 78 días podría haber hecho explotar a cualquier otra persona, sin embargo estos individuos parecen estar desarrollando un nivel envidiable para manejar el estrés, o al menos la mayoría de ellos.
Hemos visto “mejoras” en cuanto interrelaciones entre ellos, parecen más amistosos, los conflictos y peleas por el liderazgo del grupo entre los llamados Enzo y Lautaro se han visto frustrados por nuestro equipo.
Durante estos días habíamos estado buscando una justificación por el comportamiento agresivo que habían mostrado estos dos.
Es por eso que nuestro equipo de tecnólogos hicieron un llamado de ambos durante el almuerzo de hace dos días.
Fueron remitidos a la cámara de regulación, en donde solo los esperaba una persona tapada de la cabeza a los pies, era uno de nuestros médicos. Luego de explicarle la situación aceptaron, de igual manera no se pueden negar a ninguna petición, está en su contrato.
A cada uno se le extrajo entre 10 y 15 ml de sangre. Con eso había dado por terminada la labor de campo, sin embargo las evaluaciones y análisis se vieron retrasadas por al menos un día y medio.
Está mañana se me hizo llegar los resultados de dichos análisis, fueron cuatro páginas con las posibles causas de aquellos enfrentamientos entre esos dos individuos, casualmente argentinos.
Leí con cautela y, como lo sospechaba, el resultado era uno que yo ya tenía pensado.
Individuo B#893-7N “Enzo Fernández” y el individuo A#683-6N “Lautaro Martínez” lanzaron los mismos síntomas: “Una exagerada presencia de testosterona en la sangre”
Esto pudo causar muchas cosas en ambos, entre ellos los que ya hemos visto: Lucha por el liderato, la búsqueda por dominar su entorno y la rivalidad entre ambos por esa “dominancia”.
Eso explica las peleas que han tenido. Sin embargo había que darle una justificación a este alto nivel de testosterona, y era claro:
“Los individuos llevan más de setenta días encerrados en este lugar, bajo estrés y tensión cada día, y más importante: La abstinencia estaba dando sus frutos. Los individuos no han tenido contacto sexual de ningún tipo durante todo este tiempo.”
Eso claramente hacía que la acumulación de sus deseos y hormonas hicieran explotar estos síntomas, iba a suceder tarde o temprano. Ya lo teníamos previsto.
Sin embargo no contamos con lo violentos que esto podría volverlos. Porque aunque sus enfrentamientos no llegaron a los golpes debido a intervenciones de sus compañeros y nosotros como equipo, hubo en más de tres ocasiones amenazas entre uno y otro diciendo querer matar al contrario.
Esto causó un grave cambio en el entorno, la tensión era palpable y se sentía como si algo estuviera por pasar. Aunque esto ya era una posibilidad hace algunas semanas, los días recientes se empezó a convertir en una realidad.
Estamos dándole seguimiento a esto, dandole especial atención a Enzo y Lautaro. Aunque cada uno estaba en su propio lado y no se topaban, sus actitudes seguían siendo hostiles, tanto que justo en este momento estamos en constante monitoreo porque un enfrentamiento entre estos dos es inminente.
Todo esto ha tenido un solo detonante.
Aunque hace un tiempo habíamos notado estas actitudes “primitivas” de territorialidad, y dominancia; éstas solo eran mostradas por su entorno, por “su área” o “¿Su territorio?” No he encontrado otra palabra.
Uno de los primeros incidentes fue un problema solo por un llavero.
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ENZO: (hace algunas semanas)
La comida estaba buena, llevaban semanas comiendo lo que quisieran como una recompensa por pasar más de cincuenta y seis días en ese lugar.
Ahora, saciado y caminando perezosamente, se dirigía a la habitación, aquel amplio lugar (bastante amplio a decir verdad) en donde compartía el lugar de descanso con todos.
Aún escuchaba el ruido de los chicos en el comedor, riendo y hablando de quien-sabe-que. Le había dicho a Julián que iría a dormir la siesta y que si quería también podía ir con él.
El castaño se había negado, quedándose en la mesa junto a Cucurella y Guiu. Pensó que quizás Julián quería esperar a digerir bien la comida antes de acostarse, pero él, por otro lado, estaba bastante cansado para esperar.
Ahora estaba prácticamente frente a la entrada de la habitación. Desde ahí pudo escuchar la algarabía de aquellos que no estuvieron en el comedor, esos a los que Enzo casi no les hablaba.
Eran risas socarronas y de volumen alto, como si hubieran contado el chiste más gracioso del mundo. Él esperaba que tan siquiera tuvieran la decencia de ser menos ruidoso mientras él dormía, o se pondría fea la cosa.
Enzo entró sin darse a notar mucho, solo quería tirarse en su cama y dormir, esperando que Julián se tirase igual que él en un momento, en esa cama justo al lado de la suya.
Con lo que contaba era que el grupo de cuatro chicos sí lo habían notado. Las risas se detuvieron y los chicos del otro lado lo observaron con atención, claro que Enzo no se inmutó en ningún momento.
Lautaro fue el que lo vio con más atención, elevando sus comisuras descaradas en una sonrisa. Estaba sentado sobre su propia cama mientras que en la cama de al lado estaban Alexander y Erling.
El morocho miró a ambos noruegos con malicia y volvió su rostro hacia donde Enzo parecía haber caído dormido. Algo en su mano empezó a sonar, era un sonido metálico, como pedazos de metales chocando entre sí; o eso fue lo que Enzo interpretó.
Porque en realidad lo que sonaba en la mano de Lautaro era aquel llavero (sin llaves) que Enzo siempre ponía sobre su estante como representación de uno de sus más grandes amores, River Plate.
El descarado, al cual apodaban el toro, giró más rápido el llavero haciendo que hiciera aún más ruido, cosa que a Enzo empezaba a molestarle. Los ojos del morocho acostado seguían cerrados, tratando de ignorar el sonido.
Lo que si no soportó fueron las risitas que soltaban los otros, con claro tomó de buena. No había manera en que él era el centro de esas risas, ¿Entonces porque habían sonado desde el momento en que piso esa habitación?
Gruñó, casi imperceptible, al abrir los ojos. La interrupción de sus horas de sueño era algo que lo ponía de muy mal humor. Levantó su cuerpo de la cama y miró en dirección al grupito de tres en la otra esquina, encontrando el origen de aquel molesto ruido.
Y como si fuera poco, sin querer bajarle a la jodita, Lautaro volvió a hacer el mismo movimiento, cuando de nuevo ese ruido entre sus dedos.
Enzo iba a decir algo, pero prestó más atención a aquello entre los dedos del otro morocho y fue ahí cuando su enojo comenzó a crecer. La pequeña pieza de metal de color blanco y rojo daba vueltas en el dedo índice del otro, mientras los noruegos reían no tan descaradamente, peor claramente sabían lo que hacía Lautaro.
Se incorporó sobre su cama y se paró de inmediato, casi a la velocidad de luz.
—¿Qué carajo hacés con eso, Lautaro? —dijo mientras caminaba hasta casi llegar a ellos.
—¿Qué? ¿Esto? —Preguntó, sonando igualmente descarado. —En la basura, ¿Por? —
A Enzo le empezaba a subir la bronca, y el tono altanero del otro no ayudaba para nada.
—Damelo Lautaro. —Intento sonar lo más tranquilo para no empeorar las cosas, elevó su mano izquierda para obtener así el llavero, pero Lautaro parecía querer de todo menos eso.
—¿Por qué lo querés si me lo encontré yo? —
—Deja la pelotudes, y dame mi llavero. —esta vez sonó más exaltado, pero aún moderado.
—No es tuyo, Enzito. El único pelotudo aquí sos vos, andate si no querés que te cague a pilas aquí. —dijo Lautaro, acercándose más a él y notando la respiración agitada de Enzo, como si se estuviera conteniendo. Eso le causó gracia.
Había logrado su cometido, el otro parecía enojado y solo por un llaverito de un equipito de fútbol.
Enzo lo miraba con enojo, fue entonces cuando soltó una risa burlona frente a él, como si él otro no lo estuviera viendo con severas ganas de pegarse un puñetazo.
—Toma tú llaverito de mierda. —dijo Lautaro, y como si toda la escena y las risas de sus compañeros noruegos hubiesen sido poco, apretó el llaverito en su mano y, con más fuerza de la que se debería, lo tiró con fuerza hacia el rostro de Enzo.
—Uh… —Dijeron los noruegos al unísono.
A Enzo el dolor del metal contra su rostro fue lo que menos sintió. Apretó los puños y se abalanzó contra el otro, buscado darle una piña, el tipo ya lo tenía harto con tan solo unos pocos minutos.
Y hubiera logrado su objetivo, sin no fuera por qué los amigos de Lautaro se levantaron de inmediato para detenerlo, y lo lograron pues Enzo fue interceptado por Erling y Alexander, y aunque intentó soltarse fue inútil.
—Maricon de mierda, bancatela, puto. No sabía que tenías niñeras acá adentro. —grito Enzo, mientras todavía era agarrado.
Lautaro volvió a reír. —¿Tanto te dolió el llaverito? Mirá si el maricon soy yo y a vos te dolió que te tirara el llavero de mierda que tenés. —
A Enzo se lo carcomía la brinca, si no fuera por los otros dos que lo agarraban, ya lo hubiese dejado inconsciente en el suelo de mármol blanco de la habitación.
—Eeeh. ¿Qué ha pasado aquí? —dijo Cucurella mientras llegaba con los otros dos chicos detrás de él, escucharon el ruido y no dudaron en volver a la habitación.
—Jaja tú amigo que no se banca nada el maricon. —
Enzo se removió, volvió a intentar zafarse pero otra vez no lo consiguió. Los noruegos eran muchos más antes y más corpulentos que él, era inútil. Enzo iba a volver a gritar cuando la voz robótica del lugar habló, llamando la atención de los siete chicos.
—Individuo B#893-7N “Enzo Fernández” y “A#683-6N “Lautaro Martínez” a la cámara de regulación. —
Todos se miraron entre sí, algunos más preocupados que otros, uno más enojado que los otros. Había pasado mucho tiempo desde que alguien fue llamado a la cámara de regulación. Debían acatar aquellas órdenes, no debían dudar en ir, habría consecuencias sino. Lo dice su contrato.
Es por eso que Lautaro fue el primero en dirigirse a su cámara de regulación y cuando no estuvo más a la vista de todos, los noruegos soltaron a Enzo y él también fue rápido, no antes de decir un “ya vuelvo” a Julián.
Los cinco restantes en la habitación se vieron, como buscando el culpable o al menos queriendo averiguar la causa de la pelea sin saber que todo fue por un llaverito.
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Este altercado fue hace más de tres semanas, y marcó el inicio de una lucha campal entre los dos argentinos. Esto nos genera curiosidad y preocupación a la vez. Nuestra ambición por ver hasta dónde puede llegar el ser humano por ser “el que manda” sobre las cosas, es grande; pero nuestra preocupación por desquiciar a los individuos también es un factor.
Por ahora solo nos limitamos a observar, ver cómo evoluciona todo. Decidimos intervenir cuando las cosas están por descontrolarse, y eso hasta el día de hoy no ha ocurrido, porque como he notificado, las cosas han mejorado.
“Las mejoras” son que las interacciones entre los individuos no se han visto afectadas, sin embargo Enzo y Lautaro no se dirigen la palabra entre ellos por, lo que según hemos captado, una hostilidad que en ellos no se había calmado. Se enfrentarán tarde o temprano.
A#683-6N (Enzo) y B#893-7N (Lautaro) han creado algo demasiado interesante ante nuestros ojos, algo que va en contra de los principios de este experimento. Se suponía que buscaríamos la forma de que un grupo de personas convivan en armonía y trabajen en equipo para solucionar problemas destinados a cualquier ámbito, pero lo que capturó la atención de ATHENS™ fue como el grupo fue dividido en dos.
Parecía imposible, estos individuos parecían propensos a llevarse bien, a tener un buen ambiente. Sin embargo está siendo todo lo contrario: la “sociedad” dentro del ATHENS™ capsule se ha dividido en dos bandos.
Todo inició por las peleas entre los argentinos, los grupos se ven marcados, es evidente hace más de dos semanas.
Aunque los individuos tienen interacciones entre sí, la tensión sigue presente, como hoy durante el almuerzo. Los individuos de un bando y otro hablaban y respondían entre sí, pero parecían no querer hacerlo mucho.
El individuo A#683-6N “Enzo Fernández” formó su grupo, con los que ha estado desde el día #001 del experimento, no se ha separado de ellos desde ese entonces, sin embargo ahora ha tomado la postura que mejor se ha desarrollado en él: Líder, capitán, guía.
Así es, como era evidente, ha tomado el rol de líder en su grupo, sus compañeros no se ven molestos por esto, pues lo siguen a cada lado sin chistar. Ellos no son problemáticos, y se veía desde que sus integrantes fueron consolidándose.
Individuo A#683-6N “Enzo Fernández”
Individuo C#096-6K “Marc Cucurella”
Individuo C#841-5B “Marc Guiu”
Individuo A#031-6N “Julián Álvarez”
Todos ellos son tranquilos, sin buscar problemas con sus compañeros, se llevan bien entre ellos y conviven en armonía. Pero cuando los integrantes del otro “bando” los provocan los únicos que parecen querer defenderse son A#683-6N (Enzo) y C#841-5B (M. Guiu) quienes responden agresivamente ante cualquier provocación, a diferencia de los otros dos que suelen ser más meticulosos al actuar.
Ahora, con la consolidación del otro bando la hostilidad se ha multiplicado. Y como era de esperarse el que tomó el rol de “líder” fue B#893-7N (Lautaro), algo que provocó discusiones entre su propio grupo al querer mandar sobre sus otros compañeros.
Estos, a diferencia del otro grupo, son más problemáticos y buscan provocar altercados entre ellos, pero siguen unidos por alguna razón.
Individuo A#893-7N “Lautaro Martínez”
Individuo Ø#712-8J “Alexander Sørloth”
Individuo Ø#361-8J “Erling Haaland”
Llevan una convivencia no muy sana a base de gritos y dictadura por parte de Lautaro, pero los tres son inseparables y más cuando se trata de buscar una pelea con A#683-6N (Enzo).
Pero hoy eso pudo haber escalado a algo más grave… sin embargo por el hecho de que A#683-6N (Enzo) se contuvo de no formar nada, todo pasó desapercibido, o al menos para todos menos él, porque incluso mientras lo monitoreo mientras está acostado sobre su cama, parece inquieto y según nuestra computadora sus latidos hace horas están acelerados.
Y creo saber el origen de su inquietud, aunque hasta ahora solo es una hipótesis. Solo una conclusión que he sacado después de analizar, por encima, algunas cosas.
Todo inició desde que el experimento comenzó. Ese día llegaron los siete individuos sin ningún tipo de conocimiento de sus otros compañeros, sin embargo las amistades fueron creciendo de manera natural, a algunos les tomó más de dos semanas entablar conversaciones.
Y a otros, como A#683-6N (Enzo) y A#031-6N (Julián) les tomó solo una palabra para empezar a formar un lazo de amistad.
Ellos fueron inseparables desde el primer instante, incluso eligieron sus camas uno al lado del otro para conversar todo el rato. No sabíamos qué tan rápido podía una persona formar una amistad con un completo desconocido, pero al parecer a esos dos solo les tomó un hola y mostrar el llaverito al otro.
Así fueron pasando esos días mientras los otros dos individuos se unieron a ellos, C#841-5B (M. Guiu) llegó primero, y luego llegó C#096-6K (M. Cucurella) y así firmaron su grupo. Pero los dos originales seguían reforzando el lazo entre ellos.
No había nada “raro” hasta hace casi un mes… en donde durante un monitoreo del almuerzo notamos como A#683-6N (Enzo) abrazaba a su amigo de forma muy cariñosa por la espalda, esto significó un gran avance para nuestro apartado de interrelaciones…
Sin embargo, para mí puede haber otra cosa. He estado comentando con mis compañeros, El doctor Lisandro Martínez y el Doctor Joaquín Correa; y los tres sospechamos del nacimiento de “algo más”, sin embargo no tenemos pruebas irrefutables ante está posibilidad.
¿Será acaso que la alta testosterona en la sangre de los individuos tiene que ver con esto? ¿Acaso la abstinencia hace que estos individuos busquen, de cierta manera, la forma de formar una posible relación (no solo amistosa) con sus compañeros?
No tenemos ni una respuesta, pero lo que ha sucedido hoy nos acerca cada vez más a ella.
Porque también notamos que hay una sobreprotección sobre A#031-6N “Julián Álvarez”, en especial (y exagerada) por parte de A#683-6N (Enzo), porque durante todas estas semanas de cambios Julián solo se vio interactuando con integrantes de su grupo, aunque sospechamos que esto es solo porque son a los únicos que A#683-6N (Enzo) le tiene confianza.
En pocas palabras, los únicos que le tiene permitido hablar es a integrantes de su grupo, y eso era algo nuevo. Lo que sea que estaba creciendo entre esos dos se vio de mejor manera durante el almuerzo.
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ENZO: (durante el almuerzo)
Enzo no comía, no podía. Cómo iba a comer tranquilo sabiendo que Lautaro estaba cuando justo al lado de Julián, sacándole conversación, sonriéndole descaradamente frente a él.
Estaba molesto, hace semanas venía tratando de alejar a Julián de cualquier interacción posible junto a Lautaro. Lo venía haciendo bien, hasta que, antes de sentarse, el otro morocho se sentó al lado del castaño.
No quiso provocar otro problema, así que permaneció callado. Sin embargo lo que su boca no decía, se lo decía su mente: Le enojaba ver mucho a Julián junto a Lautaro.
No sabía a qué se debía ese sentimiento de enojo, y no le interesaba en lo absoluto. Solo quería llevar a Julián lejos de ese pelo de carpincho que hace semanas le venía haciendo rabiar.
Julián sabía de todo esto, y a Enzo le molestó aún más la forma en la que se reía de lo que sea que él pelotudo de Lautaro le estuviera diciendo al oído.
Quitó la mirada, sabía que si seguía mirando algo en él explotaría. Julián era amigable con la mayoría, pero en ese momento era lo que menos le gustaba.
Julián era SU amigo, desde el inicio, desde el día uno. El castaño no había formando una amistad tan real con ningún otro que no fuera él. Julián lo abrazaba, le decía buenas noches, le sonreía y era solo a él, ni siquiera lo hacía con sus otros amigos, y ¿ahora resulta que con Lautaro se le hizo tan fácil convivir?
No era posible que Julián lo cambiara después de setenta días de amistad, y nada más y nada menos que por el pelotudo con pelo de escoba. Era injusto sabiendo.
Lo que sentía eran celos, y aunque el ambiente empañaba muchos sentimientos que se creaban en cada uno, era evidente que la mandíbula apretada y su mirada fija en esos dos no solo emanaba desconfianza, sino rabia, enojo, bronca, celos y todo lo derivado.
Necesitaba que Julián supiera que estaba enojado, necesitaba que lo viera incómodo por verlo junto a Lautaro. Necesitaba que el mismo Julián le preguntara por el rostro de mierda que tenía y así hacerle un planteo, no importa si los otros pelotudos estuvieran ahí.
Sin embargo el brazo de Lautaro sobre el respaldo de la silla del castaño lo hizo no querer ver más, era suficiente para él. Y contando con qué Julián no lo miraba, elevó más su bronca.
Por eso, se levantó y golpeó la mesa mientras lo hacía, captando la mirada de los presentes que aún comían. No dijo nada y se fue, con el cuerpo repleto de bronca y los puños cerrados con ganas de golpear a Lautaro en el rostro, pero sabía que no era correcto, pero lo estaba sacando de sus casillas y solo porque interactuaba con Julián durante el almuerzo.
Camino a pasos rápidos hasta su habitación y se tiró en su cama con dramatismo, estabas actuando como un estúpido últimamente cuando se trataba de Julián.
JULIÁN: (después del almuerzo)
Estaba preocupado. Había pasado un tiempo desde que Enzo se fue del comedor, parecía enojado. Julián no sabía el por qué de la reacción de su amigo, simplemente se fue y ya.
Estaba buscando el momento para ir a buscar a Enzo, sin embargo lo cargoso que se había puesto Lautaro no lo permitía. Se había pegado a él como garrapata desde el almuerzo y no entendía por qué.
Le estresa mucho tener a la gente sobre él, y por eso desde hace unos minutos estaba con cara de culo cuando Lautaro le intentaba hablar de algún tema y para mostrar cordialidad ante su compañero solo asentía con interés fingido.
Le preocupaba la actitud de Enzo, últimamente estaba peleando mucho, no con él, con cualquiera que quiera sacarlo de quicio. Estaba emocionalmente inestable.
—¿Y vos, Juli? —Dijo Lautaro luego de haber escuchado a Erling hablar.
Julián se quedó en blanco, perdido, estaba disociando de más. Ni siquiera escuchó lo que le preguntó el morocho que aún lo sostenía con uno de sus brazos sobre sus hombros, algo que lo incomodaba demasiado.
—¿Eh? —Dijo mientras se removía incómodo.
—Que si te tratan bien “allá” —Lautaro movió la cabeza en dirección a los otros dos chicos sentados en el comedor aún.
Cucurella y Marc los miraban con desconfianza, en realidad lo hacían desde que el morocho decidió sentarse a su lado, incluso le preguntaron si se sentía cómodo cuando Lautaro lo llevó hasta el lugar en donde ese grupito compartía la mayoría de los días: un sillón amplio puesto justo bajo ese espacio en el techo por donde se podía ver la luz suave del sol a través de un gran vidrio, siendo atravesados por hojas de algunos árboles a las cuales nunca habían podido ver.
El lugar era ciertamente lindo durante el día.
Los noruegos no eran divertidos para nada, eran muy serios en todo, pensó que su humor mejoraría después de unos días, pero ahora iban por el día 78 y seguían igual.
El único que ponía la risa era Lautaro, único porque ni siquiera Julián mostraba signos de pasarla bien en compañía de esos tres. Sus compañeros a lo lejos miraban esto y notaban la incomodidad, se preguntaba en dónde estaba Enzo.
—Si, me tratan bien. Son mis mejores amigos. —Dijo con seguridad.
Lautaro rió ante lo dicho. ¿Qué le parecía tan gracioso?
—Bueno, Juli. Si eso dices tú… —Sembró cizaña. —Mira que es la primera vez que tengo una conversación larga con vos. —
—Y yo… —Dijo Erling, que parecía mirarlo de una manera extraña desde hacía un rato.
—No. Es que no se… —se quedó sin palabras, pues no sabía si existía una respuesta a eso. —Que se yo…—se limitó a decir.
Lautaro volvió a tirar una risita molesta. —Decilo, Juli. No te dejan hablar con nosotros. —
Julián negó las acusaciones, él podía hablar con cualquiera, solo que no se había dado la oportunidad. Sí, habían interactuado en algunas ocasiones, pero solía hacerlo más con sus amigos.
La risa de Lautaro era irritante hasta cierto punto. Ya no se sentía cómodo para nada y por eso empezaba a intentar alejarse del cuerpo del otro con desespero.
Y pensó que no lo iba a lograr, la risa de Lautaro había cesado. Hizo un último movimiento hasta que el morocho aflojó el agarre sobre su hombro.
Se levantó de inmediato del sillón, captando las tres miradas de aquel grupito.
—Tengo que ir al baño, chicos. —aviso Julián sin esperar una respuesta.
Se dirigió con rapidez hacia el baño, no sin antes voltear a ver a sus amigos.
Camino rápidamente, en realidad no quería ir a ningún baño. Quería buscar a Enzo. Iba a hablar con él y el porqué de su repentina desaparición, escuchar a su amigo era una de sus cosas favoritas.
No estaba en el baño ni, obviamente, en la sala, por lo que solamente podría estar en un lugar.
Camino en dirección a la habitación, y extrañamente la luz estaba apagada, cosa que solo sucedía en las noches.
Entró con cautela y lo encontró. Estaba acostado con la mirada en la dirección contraria a la suya, dándole la espalda a la puerta. Parecía un niño dormido después de llorar.
Por alguna razón trago fuerte, y se acercó un poco hasta la cama del otro. Y tocando suavemente el cuerpo del otro, tratando de llamar la atención del morocho.
—¿Enzo, ya te dormiste? —Pregunto en casi un susurro.
No obtuvo respuesta. Y lo hizo otra vez y tampoco la obtuvo, parecía que Enzo estaba en un sueño profundo. Quizás debería hablar con él en otra ocasión.
Los pasos de Julián se escucharon cuando salió de la habitación rumbo a quien sabe donde. Pero lo que no sabía era que aquel morocho acostado en la cama estaba lejos de estar dormido.
No dio tantas vueltas con lo que estaba sintiendo, estaba celoso, no había otra explicación. ¿Qué otra explicación hay de que le enojaba ver a Julián hacer contacto con Lautaro? Eran celos, pero la cosa aquí era que: según él, no era gay. Nunca había sentido atracción por otro hombre, sin embargo Julián sacaba está parte de él que jamás había sentido.
El querer sacarlo de un lugar, hacerse notar y que duerma la siesta con él. ¿Era eso mucho pedir?
Estaba metido en un quilombo. Había entrado de una manera y saldría de otra completamente diferente.
Se iba a morir.
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ENZO: (durante la noche)
No sabía la hora, solo sabía que era muy tarde debido a que todos sus compañeros ya estaban en sus camas durmiendo y mayormente dormían muy tarde.
Enzo no podía dormir desde que se acostó en esa cama, estaba mal. Hubiese hablado con Julián en ese momento, pero se contuvo porque sabía que le haría el planteo de su vida y Julián no lo merecía, solo por hablar con otro chico.
Se hizo los oídos sordos cuando escuchó a Lautaro entrar junto a Julián y sus amigos. La risa del morocho le zumbaba los oídos, era molesto.
Pasó casi media hora después que entraron a la habitación hasta que todos quedaron dormidos y en silencio, sentía que sus amigos estaban igual que él, aunque en menor medida, esto debido a lo poco que hablaban cuando Lautaro se dirigía a ellos.
Ahora que el silencio reinaba en la habitación, sus pensamientos se hacían más fuertes. “Lautaro y Julián” “Lautaro quiere a Julián” “Julián quiere a Lautaro” “A Julián le gusta Lautaro”
~¿Qué? ~
¿En qué carajos estaba pensando? A Julián jamás le gustará Lautaro, ¿no?
“O ¿si?”
~Callate~
Pero… ¿Y si había posibilidad? Los gustos de Julián no eran desconocidos para nadie, lo había contado desde que inició, pero… ¿a Julián la abstinencia lo estaría afectando tanto como a él?
No puede ser ¿no?
Sus pensamientos lo carcomía de nuevo, y estaba desesperado por calmarse.
Y no encontró otra manera que mirar hacia Julián, dormido y con el rostro relajado. Un impulso lo invadió, como un acto reflejo que le dijo que hacer.
Salió de su cama y se pasó rápidamente a la de al lado, a la de Julián. Levantó la sábana hasta quedar pegado al cuerpo del castaño, el otro se removió en su sueño, la piel de Enzo estaba fría a comparación de Julián que estaba cálido y reconfortante, lo que necesitaba.
Estaban frente a frente, mientras el castaño aún dormía, era lindo mientras dormía… o mejor dicho, siempre lo era.
Necesitaba más de esa piel cálida, sí, la necesitan. Puso su brazo izquierdo alrededor de la cintura de Julián, no sabía qué hacía pero no se detuvo, pasó su otra mano por debajo del otro y se unió a él en un abrazo, dejando su rostro sobre el pecho del contrario.
Julián olía muy bien.
—¿Enzo? —Se sorprendió al escuchar la voz del otro encima suyo, quizás había hecho demasiados movimientos a tal punto que despertó a su amigo…
No respondió, por lo que Julián volvió a preguntar.
—Enzo, ¿Qué haces aquí? —Dijo con una pequeña risa, lo que tranquilizó a Enzo.
—Juli… —La voz salió baja, pero más ronca de lo normal debido a no hablar por horas. —¿A vos te agrada Lautaro? —Pregunto.
Su voz parecía desesperada, lo que hizo a Julián hacer una risa nasal. —¿Por qué preguntas? —
—Es que los vi abrazados hoy. —
—No estábamos abrazados…—Refuto.
—Si estaban, te tenía con el brazo encima. —habló Enzo aún con el rostro sobre el pecho del otro.
—Bueno, si lo pones así… —Buscó las palabras… —No, no me agrada mucho… solo que es cargoso y no me dejó en paz. —
A Enzo le gustó la respuesta de su amigo, mientras aún seguía enganchado al castaño sonrió. Y en otro de esos impulso que estaba teniendo ese día, levantó el rostro hasta quedar justo bajo la mandíbula del castaño…
A Julián le intrigaba la cercanía que Enzo empleaba, pero no preguntó, quizás solo estaba muy dormido.
Enzo puso sus labios bajo la piel de la mandíbula del castaño, haciendo que a Julián se le erice la piel. ¿Qué estaba pasando?
—Te quiero, Juli. —Culminó Enzo.
Claro que Julián se quedó con esa frase hasta algunos minutos después, en donde analizaba las posibilidades de que su amigo sintiera algo por él, pero decidió guardarlo para después.
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Las cámaras captaron cada momento de esta interacción, esto servirá para el estudio de interrelaciones que están haciendo mis colegas Lisandro y Joaquín.
Informe del día #78 finalizado.
Por el Doctor, Philip “Phil” Walter Foden.
