Work Text:
El detective Dojima estaba sentado a orillas del río Samegawa. Con las mejillas rosadas por el alcohol, levantaba las manos torpemente mientras intentaba explicar cómo, en el pasado, aquel lugar había sido el favorito de su esposa y su hija.
Estaba borracho. No se daba cuenta de que le estaba confesando todo aquello al tonto de Adachi y no a alguien importante.
"Nanako debe pensar que odio este lugar." Al agitar la lata, algo del contenido salpicó el suelo. "Debe pensar incluso que odio a Chisato. O que la odio a ella."
Wow. Adachi lo observó en silencio. Si se quedaba callado unos minutos más, ¿se daría cuenta Dojima de que nada de aquello le importaba?
"Podría volver a salir aquí con ella. Mostrarle que aprecio a nuestra familia... o lo que queda de ella."
Depositar tanta confianza en un hombre como él era peligroso. Adachi solía culpar al alcohol, pero sabía que Dojima no le contaría algo así a cualquiera por muy ebrio que estuviese. Eso significaba que, para el detective, él era alguien importante. O quizá, simplemente, era el único que lo soportaba.
Cualquiera fuera la razón, seguía siendo peligroso; Adachi no era una buena persona. Podía reconocerlo, aunque no sentía que fuera del todo su culpa. Habían sido sus padres, con sus exigencias vacías de "estudia esto" y "estudia aquello", quienes le hicieron creer que el esfuerzo le daría algo que al final nunca llegó. Alimentar expectativas tan ingenuas en un niño solo hacía que el golpe de realidad doliera más de lo normal.
"¿Adachi?"
Dojima se acercó para comprobar si seguía ahí. Adachi no sabía cuánto tiempo había pasado sumido en su propio resentimiento.
"Ah, eh…" Hizo una pequeña pausa mientras intentaba recordar lo último que el mayor había dicho. "¿Y… por qué no lo hace, señor? ¿Por qué no pasa tiempo aquí con Nanako, como antes?"
El hombre dejó la cerveza a un lado y se rascó con nerviosismo la barba descuidada. No tenía excusas y le avergonzaba admitirlo: hacerlo sería reconocer que la pequeña Nanako sufría por su propio egoísmo, y que él era un pésimo padre.
"Soy un cobarde, por eso." Logró decir. "¿Pero no da miedo la nostalgia?"
"No creo tener razones para sentir nostalgia, Dojima-san."
Aquella expresión torcida, cargada de compasión, le resultó desagradable. Un comentario tan insignificante debería haber pasado de largo, pero no; el buen Dojima tenía que mostrarse preocupado. Porque si su compañero estaba deprimido, ¿quién iba a traerle el café?
"¡N-no me malinterprete!" agregó enseguida, soltando una risa forzada. "Quiero decir que mi vida es tan feliz ahora que no extraño el pasado."
Aunque eso no calmó a su compañero, al menos trajo el silencio de vuelta.
"Idiota. Me haces preocupar a veces."
"Ah, sí. Perdona."
Cuando Dojima movió la mano, Adachi agachó la cabeza por reflejo, pero no hubo golpe. Solo un toque firme en la espalda. Hizo una mueca.
"No pasa nada si no me quieres contar. Está bien."
"¿Contar qué?" Adachi apretó los puños sobre sus muslos. "Es usted muy raro, Dojima-san."
"Adachi."
Mirar al río se volvía cada vez más difícil; la imagen era borrosa, distorsionada por culpa de unos ojos extrañamente húmedos. Suficiente acción por hoy, decidió. Se levantó con torpeza y se sacudió la tierra de los pantalones, forzando una sonrisa de oreja a oreja. Mantenerse recto era un verdadero reto, si era honesto no recordaba estar tan ebrio.
"Creo que me debería ir, señor." Alzó su muñeca para revisar un reloj que no llevaba puesto. "¡Uy! ¡Sí que es tarde!"
Su jefe lo miró confundido desde el suelo hasta que se levantó también. Pero en lugar de despedirse, se acercó y le sujetó los hombros con más fuerza de la que era consciente. Por un segundo, Adachi consideró seriamente empujarlo y huir hacia su apartamento.
"Hay algo que me falta decir."
"¿De verdad?" Adachi entrecerró los ojos, esperando el golpe o el sermón.
"Mentí un poco. No es solo la nostalgia lo que me impide estar con Nanako. Cuando veníamos al río, Chisato lo hacía todo. Ellas siempre estuvieron más conectadas porque yo soy muy malo con las cosas sentimentales."
Dojima sonreía, pero las comisuras de sus labios temblaban.
"Si vuelvo aquí, ¿cómo podría reemplazarla? No sé cómo hacerlo." Ladeó la cabeza. "Pero quizá no hace falta. Quizá puedo encargarme yo mismo de demostrar afecto. De expresarlo, aunque sea incómodo."
Un discurso muy bonito, pensó Adachi, sin saber a dónde quería llegar.
"¿Sabes que te aprecio bastante?"
Había supuesto que era importante para él, pero escucharlo en voz alta era distinto. El peso de las palabras le golpeó el pecho. Sus mejillas se calentaron antes de que pudiera procesarlo. Qué vergüenza, Dojima-san. No diga esas cosas. ¿De verdad siente eso? Su boca estaba congelada por el shock.
"¿Por qué?" fue lo único que pudo articular.
Esperaba una respuesta vacía o una exageración burlona. ¿Cómo podría ser verdad? ¿Cómo alguien podría apreciarlo a él?
"Porque…" Dojima hizo una pausa, mirándolo con una seriedad absoluta, con los ojos brillando bajo la luz anaranjada del atardecer. "Porque eres un buen amigo."
Predeciblemente fue una respuesta mala, banal. Fue patético ver cómo Dojima tuvo que pensarlo varios segundos porque, obviamente, nunca se había detenido a reflexionar sobre ese aprecio, ni la razón. Como lo dijo mirándolo con total seriedad, sus ojos brillaron con la luz anaranjada de la tarde esperando impacientemente aprobación. Y fue incluso más patético cómo su débil argumentación le reconfortó el corazón. Se pudo ver a sí mismo recordando ese momento en el futuro con una sonrisa en la cara; no una burlona, sino una tierna.
Finalmente tendría una razón para sentir nostalgia.
Y eso era lo más peligroso de todo. Porque incluso sabiendo que Dojima era sincero, incluso guardando ese pequeño calor que sintió en el pecho al escuchar esas palabras como un tesoro, Adachi sabía de lo que era capaz. La calidez de ese recuerdo no lo haría mejor persona, ni lo detendría cuando llegara el momento de traicionar esa confianza.
