Actions

Work Header

A Bit of a Mix Up

Summary:

“¿En serio? ¿Cuánto piensas cobrar?”

“Un lingote de Netherite.”

“¿Qué? No, eso es demasiado caro.” Ash dio un paso completo para atrás, su pobreza pasándole factura física y distrayéndolo de su propósito inicial, “Nadie va a pagar un lingote.”

“¡¿Por qué no?! ¡Soy muy bueno!”

ó

Ash se entera del presunto puesto de besos de Juan.

Notes:

Si este fic es enviado, encontrado o mencionado por cualquier creador involucrado con el QSMP será completamente borrado.

Otros trabajos Purpleflower:
About Flowers, Breakups, and All That Stuff , Zigzag Footsteps

 

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Si había algo en este mundo de lo que Ash estaba absolutamente seguro, era que Dios lo odiaba.

Mientras que su vida había tomado un rumbo relativamente más pacífico debido a las problemáticas internas del Norte, su vida había continuado, en su mayoría, ajetreada. Rituales para revivir a los muertos, científicos locos experimentando con personas cercanas a él, casamientos con trabajadores de la Federación, y lo que sea que estuviera pasando con Fit y su jefe, Ash no dejaba de verse envuelto en un caos tras otro.

Apenas habían pasado unos días tras ese fiasco que osaban llamar caso judicial, y ya su mejor amigo lo había azotado con la gran noticia que le quedaban pocos días en este plano terrenal.

No obstante, a pesar de la falta de tiempo, Ewron logró restarle importancia al asunto y arrastró a Ash a la pequeña taberna de Graf. Los dos deberían estar trabajando desesperados por conseguir los materiales del altar, pero tal vez a causa del estrés, ninguno quiso lidiar con el labor rutinario que era conseguir colorante.

O quizás ambos eran un par de flojos buscando excusas.

Fuera lo que fuese, Ash agradeció la distracción. Escuchar a Ewron divagar sobre lo que le hizo a Katie esta semana o alguna otra pobre alma sería perfecto junto un par de cervezas.

Para su desgracia, no solo el suministro de la taberna seguía vacío, sino que la elección de conversación que había escogido Ewron lo hizo querer saltar de su silla. Por lo pronto, se limitó a anclar sus manos en la barra de madera, deseando haber permitido a Ewron prender el televisor y poner sus videos a todo volumen, aun si fuera meramente para hacer ruido de fondo y fingir no haberlo escuchado.

“¿Sabías que tu noviecito del Norte va a poner un puesto de besos?”

Desde el fiasco de ser llamado su novio enfrente de una corte en la que él no estaba presente, Ewron por lo general dejaba a Ash tranquilo en todo lo referente a amoríos. Lamentablemente, porque Dios lo odia y al parecer también sus amigos, hoy decidió hacer lo contrario. Para colmo, Ash sabía con exactitud a quien se refería.

“No es mi novio–” Hizo una pausa, sus ojos volando a los de Ewron para buscar cualquier indicio de burla. Ash maldijo al recordar que el muy miserable tenía uno de los rostros más difíciles de leer de la isla, “¿Va a poner un qué?”

“Sí, sí, sí, me escuchaste,” Dijo Ewron con una sonrisa ladina e inclinándose hacia Ash. Sabía que había captado su atención irrevocable, “Un puesto de besos, ya sabes, como cuando pagas por un pequeño besito en los labios por diversión.”

Tronó un beso al aire, divertido al recibir la reacción de disgusto de Ash.

“Sí, ya sé que es un puesto de besos, tarado.” Escupió, careciendo de gran parte de su mordacidad de siempre. Si la incertidumbre que sentía atravesó hasta el tono de su voz, Ewron no lo hizo notar, “¿De verdad Juan va a…?”

“Si estás tan preocupado por él, ¿Por qué no vas a preguntarle?” Recomendó como si fuera una posibilidad, “O mejor, ¿Le pagas por unos cuantos?”

“No estoy preocupado–” Pausó, menos de un segundo, “No, sí estoy preocupado.” Y era la verdad irrefutable.  Ash se preocupaba por Juan. Nunca había sido sencillo, nunca hubo algo que pudiera señalar y decir ‘aquí empezó’ y ‘fue por esto’, ambos se conocieron bajo las peores circunstancias y no debería haber sido posible tenerle tanto cariño, pero ahora Ash mataría por él. Se dejaría matar una y otra vez por Senpai si eso significara mantenerlo a salvo, “Es una de las ideas más estúpidas que se le podían haber ocurrido, cualquier trabajador de la federación podría llegar y, y hacerle algo–” Espetó, levantándose de su silla para caminar apresuradamente de izquierda a derecha, “Además, ¿Quién va a pagar por un beso? Tendrías que ser uno de los perdedores más patéticos de toda la isla para pagar por un misero beso.”  

Wow,” Su sarcasmo fue enfatizado por un tono seco y una expresión aburrida, “Sabía que te gustaba Juan, pero no sabía que tanto como para hablar más que yo.”

“Dios, eres un insufrible, literal nunca puedo tener una conversación normal contigo.” Si el hombre no moría en una semana, Ash lo mataría con sus propias manos. Por ahora, arremetió contra él con un empujoncito a su hombro, casi haciéndole caer de su silla.

Más allá del grito agudo y los labios fruncidos, Ewron lo ignoró rotundamente y se reacomodó en su asiento, fingiendo serenidad, “Por cierto, estás muy equivocado si piensas que nadie pagaría por uno de sus besos.”

La cara de Ash se arrugó, “Tú no cuentas.”

“No estoy hablando de mí.” Las primeras gotas de irritación se hicieron notar, aun si estaba reacio a explotar por pura terquedad, “Pero tienes que admitirlo, hasta tú tienes ojos– Bueno, no del todo,” Una risa se le escapó, y Ash juró que a la tercera que hiciera sus chistecitos, sacaría su espada, “Pero sabes a que me refiero, Juan es bastante lindo, y allá afuera hay gente tan desesperada como Graf, o Shappo, ¿Sabes? ¿Crees que ellos desaprovecharían algo así?”

Alright, broski, como sea,” Bufó, rodando sus ojos. De todas las personas de la isla, no le daría a Ewron el lujo de saber lo que opinaba sobre el físico de Juan, “¿Cómo conseguiste esta información exactamente?”

Zumbó pensativo, ambos codos contra la barra, sus palmas sirviendo de apoyo para su rostro y sus pies colgando del borde de la silla. Sería un manierismo lindo, sino proviniera de Ewron, “Estaba por el distrito comercial, y por pura casualidad, escuché a Jeremy y Don conversando del asunto con Juan,” Una sonrisa sombría se dibujó en su rostro, aquella que iba acompañada de un destello del cual Ash se había acostumbrado a reconocer como preocupación, aun si esta se mezclaba con burla, “Estaban muy emocionados de persuadirlo en su trabajo de ensueño.”

Eso era… interesante. Simplemente. Interesante.

¿Qué más podría ser si no interesante? Excluyendo a la Federación, si dos hombres deseaban ser participes de un acto tan banal, no era asunto de Ash. No serían los únicos ni los primeros. Claro, uno de esos participes era Juan, lo cual hacía el cotilleo algo interesante. Pero solo eso.

Y, a pesar de repetírselo para sus adentros, Ash no pudo controlar el vacío latiente en su pecho. Todo el asunto era ridículo, ni siquiera había un dolor físico, una daga o una espada a la que culpar, pero era lo suficiente molesto para alarmar a Ash.

Curiosamente, también había algo más coloreando su sentir que agradecía por su facilidad de identificar; enojo. Si bien era cierto que no sabía a quien iba dirigido, Ash encontró que era muy parecido a aquellos pequeños ataques que tenía cuando Juan se le ocurría hacerse el chistosito y mencionar que tan ‘cool’ era Aldo.

“¿Y por qué me dices esto?”

“¿Y por qué no? Tú fuiste él que me dijo que te preocupaba Juan, yo solo te estoy avisando.”

“Sí, pero lo haces sonar como si,” Sus palabras llegaron a un alto, provocándole un gruñido al entender que su respuesta sería inquietante e insatisfactoria. Muy simple. Muy cursi. Para nada digna de un Líder Supremo.

“Cómo si qué.” Dijo, sin preguntar, el muy maldito retándolo a admitirlo.

“Nada.” Suspiró, llevándose una mano contra la frente como si con ello pudiera expulsar también el estrés. “¿Entonces qué? ¿Don y Jeremy quieren besar a Juan? ¿Esa es tú información del día?”

Ewron asintió con aprobación, “Bueno, más que besar creo que Don quería ser besado en otras partes del cuerpo, pero sí, en resumen sí.”

Ash apretó los dientes con fastidio, pero logró responder, “Sí, bueno, no creo que Don reciba lo que quiere.”

Para sorpresa de nadie, Ash sacó su Waystone, las partículas moradas revoloteando a su alrededor junto con su distintivo sonido de activación llamando la atención de Ewron.

“¿A dónde vas con tanta prisa?” Se giró en su asiento para encararlo.

“Por ahí.” Murmuró, sonando tan infantil que le arrancó una risita al otro asesino.

 


 

Cinco minutos después, Ash se sintió notablemente menos seguro de sí mismo. No lo definiría con la palabra “arrepentimiento”, pero sin duda estaba muy cercas de ello. No obstante, si por algo era reconocido, era enfrentar sus problemas de frente. Bueno, la mayoría de ellos, tan siquiera.

Pasó el umbral de la mansión y subió las escaleras al segundo piso como si fuera su propia casa, acostumbrado a la falta de miembros del Norte recorriendo los pasillos. Aun si estuvieran, no es como si Ash fuera a irse solo porque lo piden. Estaba ahí para ver a Juan, no a nadie más.

“¡Hola!” Saludó en español, su voz gruesa y juguetona tras entrar a la habitación erguido con todo el orgullo que no sentía, y cerrar las puertas detrás suyo.

“Hey,” Su expresión se relajó, dejando caer las tablas de madera que cargaba al piso. Normalmente, Ash se habría preocupado por el sobreesfuerzo que estaba realizando, pero al echarle un vistazo rápido de pies a cabeza, Juan estaba mejor. Su yeso había sido removido, y el color de sus moretones se desvanecía con el tiempo. Bien. Juan seguía bien. “¿Qué haces aquí? ¿Pasó algo?”

Su mirada se desvió un instante antes de volver a posarse sobre Juan, ya sin el rastro de jovialidad falsa con la que había abierto las puertas, “Solo quería pasar por aquí y saber cómo estabas.” Sin esperar respuesta, refunfuñó, “¿Qué? ¿No puedo venir a visitarte?”

“No, no, obvio sí.” La pequeña risita apresurada que obtuvo le resultó ridículamente gratificante, “De hecho, mira, llegas en el momento perfecto, estaba a punto de construir mi puesto en el Spawn.”

Señaló al piso donde había dejado caer la madera; había otros materiales regados por el suelo, desde arcilla hasta ladrillos y piezas decorativas. Fue una lastima que Ash no pudo prestar atención con cómo su corazón se encogió al escucharlo, “Sí, he, he escuchado sobre tu nuevo… trabajo.”

“¿En serio?”

Juan prácticamente radiaba de felicidad, “Hm-mh,” Asintió leve, casi robótico, “Ewron me contó de ello.”

“¿Sí? ¿Y qué piensas?” Dio un par de pasos en su dirección, de repente demasiado cercas, “¿Me pagarías por uno?”

Ash estaba consciente de los frecuentes coqueteos que plagaban la isla. Por más que odiara admitirlo, ni Juan ni él eran la excepción a esto, pero había algo raro en el comportamiento del Segundo al Mando que no entendía del todo.

Claramente estaba ofreciendo un beso, pero su expresión no coincidía con su propuesta; sus ojos grandes brillando de emoción, su voz neutra, y su lenguaje corporal tan típico como cualquier otro día.

Quizás, esto era la norma para él. Ash no se iba a estrujar el cerebro intentando comprenderlo.

Uhm, no creo, no creo que,” Logró articular antes de ahogarse. Por si fuera poco, su cerebro invocó imágenes de las cuales preferiría morir antes de admitir que si quiera tuvieron cabida en su mente como pensamientos intrusivos. Borrar, borrar, borrar, se reprendió para sí mismo mientras se aclaraba la garganta, “No deberías vender algo así.”

Sorpresivamente, su nerviosismo pasó desapercibido. Juan solo parecía extrañado.

“¿Por qué no? Tampoco es que vaya a cobrar muy caro.”

Ash había venido hasta aquí por preocupación, tal vez para hacerlo recapacitar o en todo caso saber su racionamiento detrás de un labor tan comprometedor, pero el hilo de la conversación le hizo soltar una risita atolondrada, su curiosidad y su preferencia por bromear con Juan ganando, “¿En serio? ¿Cuánto piensas cobrar?”

“Un lingote de Netherite.”

“¿Qué? No, eso es demasiado caro.” Ash dio un paso completo para atrás, su pobreza pasándole factura física y distrayéndolo de su propósito inicial, “Nadie va a pagar un lingote.”

“¡¿Por qué no?! ¡Soy muy bueno!”

Asintió despacio, ignorando el sudor en sus palmas acumulándose, “Creo que eres muy talentoso en muchas cosas.”

Las manos de Juan volaron a su propia cintura, posando con un aire de orgullo y una sonrisa. “Y por eso mismo cobrare un lingote.”

Esto era tan estúpido, y sin embargo, ahora también familiar. La absurdidad que los acompañaba era algo que Ash esperaba con ansias en cada encuentro. Se había vuelto algo valioso, algo reconfortante en lo que podía confiar después de un mal día. Era encantador de una manera en la cual todavía no podía entender del todo y ni siquiera estaba seguro de querer entender.

Aprovechando el ambiente ligero, tomó un par de pasos para acercarse a Juan, cerniéndose sobre él, su voz burlona llena de un apego que solo se manifestaba en privado, “No vas a tener ningún cliente así.”

“¿Ah, sí? Pues fíjate que ya tengo clientes.”

Juan era un pésimo mentiroso. Ash podía notarlo a leguas al mirarlo a los ojos. Toda la vida había odiado la poesía y frases melosas, pero supuso que ‘Los ojos son la ventana del alma’ aplicaba bien para Juan. De ahí su adoración por observarlos a menudo.

Un sonido entre un resoplido y una risa pequeña salió de la boca de Ash, “¿Hm? ¿Quiénes?”

“Eh…” La silaba se quedó flotando por un segundo en búsqueda de un nombre, siendo solo cortada por una sugerencia.

“¿Ibai?”

“Jódete.” Una carcajada burbujeante explotó dentro de él, aguda y enfatizada por un pequeño empujoncito hacia su hombro que muy a duras penas tambaleó a Ash, “Vale, no tengo clientes todavía, ¿Okay?” Su mirada estaba fija exclusivamente en él, una sonrisa y un tono suave que por poco lo hizo derretir, “¡Pero por eso tendrás un descuento por ser el primero!”

Ash se obligó a no retroceder. Se quedó pegado al suelo, como si su vida dependiera de ello, “No– Yo no, no quiero pagar por algo así.”

Juan bufó, “¿Cómo que ‘algo así’? ¿Estás devaluando mi trabajo?”

“Creo que… podrías haber conseguido otro tipo de empleo, sí.”

Rodó los ojos, “Bueno, si el Régimen es tan pobre, supongo que te lo puedo dejar a quince bloques de diamante.”

Las cejas del Líder se fruncieron, “El precio no es el problema.”

“Pues de a gratis no te lo voy a dar, cabrón.”

“¡No lo quiero gratis tampoco!” Chilló, su frustración finalmente llegando a un nuevo pique. Era incomprensible como Juan podía permanecer tan poco afectado, como si fuera lo más normal del mundo, más que confundido podría decirse que estaba hasta curioso de la reacción estridente de Ash.

“Qué tal esto, te doy uno pequeño, como una muestra, y ya si quieres más me pagas.”

“¿Aquí mismo? ¿Ahora?”

Esas… no eran las preguntas correctas.

Ash debió rechazarlo, decir un ‘Gracias, pero desafortunadamente no estoy buscando nada físico ni romántico por el momento’, o cambiar la conversación como siempre lo hacía con cualquier otro posible pretendiente–

No, él no tenía la culpa de quedar atónito, ¿Cuál era esa puta forma de preguntar?

Es verdad que Ash no había besado a muchas personas antes, pero estaba seguro que la gente comúnmente no se besaba así nada más, sin una atmosfera, sin un cierto romanticismo hipócrita que solía plagar a las personas pero que de todas formas amaban escuchar.

“No tengo otro lugar, todavía no construyó nada,” Dijo como si fuera una obviedad y él fuera el estúpido por preguntar, “Podemos hacerlo en el sillón si quieres.”

Había que reconocérselo a Juan. Aun si resultaba lo suficiente humillante para aceptarlo, nunca nadie había desconcertado a Ash tanto. Bueno, quizás Shappo, pero por razones muy diferentes.

No estaba muy seguro de lo que realmente estaba diciendo al abrir la boca, pero algo tenía que decir, “Nuh-huh. No. No pienso hacer nada aquí– Nope.”

Juan arqueó una ceja, “Pues en el Régimen entonces.”

“¿En el–?” Ash dijo rápidamente, una octava por encima de su tono habitual, “¿Y si alguien nos ve?”

Ser vistos no era el problema.

Para empezar, la pregunta de Ash era obsoleta porque no iban a besarse. Segundo, objetivamente, era de las peores ideas que Juan pudo haber tenido, y eso que la salvación de Aldo estaba incluida en aquella lista ficticia.

Esto era horrible. Peligroso, de hecho, hasta el punto de poner en riesgo la vida.

Porque Ash estaba seguro que los labios de Juan estaban tan cercas de los suyos que bien podía agacharse un poco y alcanzarlos, y la sola idea aceleró su corazón con una fuerza que no había sentido desde ser asesinado a sangre fría por Senpai en su propio hogar.

“¿Qué tiene que la gente nos vea?”

Freaky, fue lo que su inmadurez le proveyó primero, su mente corriendo a mil por hora y quedándose en blanco al mismo tiempo.

Una risa entrecortada se le escapó sin siquiera sentir que se gestaba en su pecho.

Estaba jodido. Completamente jodido. Jamás había deseado besar a alguien por el mero hecho de hacerlo. No por diversión, o para callar, o compensar una pelea. Pero ahora no parecía tan malo, no si era con Juan.

Su cerebro le reclamaba por no desmenuzar su racionamiento, pero la sangre retumbándole en sus oídos no lo dejaba pensar correctamente. El constante deseo que su anhelo por besarlo fuera mutuo y no una transacción más apropiándose de él.

“Yo–” Se humedeció los labios, apartando la mirada con un ceño fruncido. “¿No crees que debería ser en privado?” Murmuró, tan bajo que Juan le miró con compasión.

Dios, ¿Cómo mierda había llegado a esto?

“Entonces aquí.”

Durante medio segundo, Ash se permitió sopesar todas las opciones en su cabeza una vez más, y después asintió levemente, avergonzado. Ash no había bromeado cuando dijo que era difícil llevarle la contra. Era imposible, por más ridículo e inverisímil que pareciera.

Juan suspiró y luego– sucedió.

Fue simple, un roce de labios contra labios, apenas allí. Una de sus manos se alzó, ahuecando con suavidad la mejilla del otro como si fuera algo precioso, algo que podía serle arrebatado en cualquier segundo. Presionó un poco más firme, breve, solo para que el labio de Juan encajara contra su boca.

Tan rápido como lo hizo, Ash sintió como el cuerpo de Juan se volvió rígido, y se separó en seguida.

“¿Juan?” Susurró, conteniendo el aliento, sus ojos buscando los del Segundo al Mando.

No removió su mano, sus pulgares acariciando en círculos distraídos cercas del borde de su boca mientras la ansiedad lo carcomía por dentro. Para alguien tan emocionado por darle una ‘muestra’ de su nuevo negocio, Juan ni siquiera parecía respirar.

¿No se había sobrepasado, verdad?

Ash lo miró expectante, sus labios convirtiéndose en una línea y su mano deteniendo el movimiento.

Eso fue suficiente para hacerlo reaccionar, “Este,” Soltó una risa alargada, nada como su risa habitual. Era nerviosas, sus ojos desviándose en los adornos del traje de Ash antes de volver a posarse en su rostro. Carraspeó, ganando valor, “¿Ash?”

“¿Yeah?”

“¿Qué era lo que creías que estaba vendiendo?”

“Un…” Ash consideraba la pregunta, a falta de palabras creativas, cringe, difícil de mencionar en voz alta sin tomárselo a juego, “¿Puesto de besos?”

Otra risa, esta vez más pequeña, una mano saltando a cubrir su boca en un intento inútil de prohibir que el sonido saliera y tapar el rubor involuntario que estaba tomando el color completo de su cara. “Estaba preparando una tienda de arte.” Admitió, voz baja e insegura, “Creo que Ewron me escuchó cuando estaba con Jeremy y Don, pero solo estaba bromeando.”

Okay. Había tres opciones efectivas como respuesta a esto; esconderse y jamás salir de la segunda planta de su Panteón, huir a otra isla, o matarse.

Por el momento, la tercera opción le pareció tentadora.

Oh my god I’m gonna kill myself.” Chilló con rabia. Hubiera sido casi cómico, sino fuera porque la voz irritada de Ash resonó por toda la habitación como una advertencia antes de correr hacia el balcón y querer saltar de él. Que Juan lo siguiera por detrás, preocupado y alborotando los brazos para pararlo lo avergonzó a un grado extraordinario, pero se esforzó por girarse y encararlo. Había algo de mayor importancia que decir antes de su muerte, “I’m sorry, I’m so sorry for kissing you–

Las palabras de Juan salieron disparadas, “No, no, perdón, fue mi culpa por no decir nada.”

“Claro que no, fue mi culpa por ser un tarado y ni siquiera preguntarte.” Su garganta dolía y tragar saliva no ayudaba. El nudo seguía ahí, terco en solo desaparecer si golpeaba su cabeza contra la pared más cercana. De repente, una de las manos sujetó la muñeca de Ash, aferrándolo a permanecer quieto y tranquilizarse. Podría decirse que era un acto atento, si no fuera porque el hombre seguía riéndose, “Deja de reírte, no es gracioso.”

“Perdón, no quise reírme,” Aclaró su garganta, su voz indiferente a pesar del intenso rubor, “Pero no te tienes que preocupar por nada, fue solo un beso.” Ash no sabía por qué, pero sintió una repentina sacudida al oírlo, algo entre tristeza y ansiedad por explicarse, “No tenemos que hablar de esto nunca otra vez, puedes confiar en que no diré nada.”

“No quiero eso–” En un momento de valentía, confesó, “No fue solo un beso. No para mí.”

Juan no dijo nada durante unos instantes, pero para sorpresa de Ash, se las arregló para sonreír y romper el silencio primero, “No sé que quieres decir con eso.”

Ash alzó una ceja ante eso. No sabía si el Segundo al Mando estaba haciéndose el idiota a propósito o si buscaba una clase de confirmación. Lo que si sabía era que, si bien Juan parecía completamente tranquilo por fuera, el temblor de la mano que conectaba la muñeca de Ash lo delató.

El que, de alguna forma, Juan estuviera reprimiendo sus emociones en un intento fútil de dejar lo que había pasado atrás, dejó sin aliento a Ash.

Cuando pasaron un par de segundos más, envolvió la mano de Juan con la suya, gentil y cuidadoso, analizando cada cambio en su expresión, “¿Estás seguro de que no sabes?”

Se tomó un momento para pensar, pasando su pulgar por el dorso de la mano de Ash. Ya no parecía tan tenso, pero las comisuras de sus labios seguían sin demostrar una sonrisa genuina al hablar, “Creo que estoy malinterpretando todo esto.”

Ash zumbó, no muy sorprendido. Ya era casi un milagro que ambos fueran capaces de comunicarse a este nivel, “Bueno, yo también malinterpreté la situación.” Se encogió de hombros, “Creo que estás en todo tu derecho de malinterpretar un par de cosas también.”

Tragó saliva, la declaración tomándolo desprevenido, “No… creo que sea esto lo que quieres.”

“Puedes simplemente preguntarme.”

Juan intentó fruncir el ceño, pero terminó resoplando, “Tú no me preguntaste.” Respondió, con un dejo de diversión tiñendo la réplica.

“Sí– lo siento.” En verdad lo sentía. Ash no quería un beso robado, o pagado, o regalado por lastima o lo que sea que no fuera entrega en su estado más puro. Estaba dispuesto en entregarse entero si eso significaba obtener su confianza, una parte de su devoción, solo para él. Aun así, jugó a hacerse el desentendido, “Te preguntaré a la próxima.”

Rio, suave, tan leve que podría haberse hecho pasar por un bufido, “¿Quién dijo que iba a haber una próxima vez?”

“Puedo irme, si quieres.”

“Ya cállate a la verga.”

Juan se movió primero entre risas, acortando la distancia al inclinarse hacia adelante, su mano libre apoyándose en el pecho de Ash, su corazón latiendo con fuerza bajo la tela.

Para alguien que hablaba tanto y no paraba de gritar, el beso fue ligero, cauto, incierto, y sin embargo, insoportablemente sincero. El beso fue ligero, cauto, incierto, y sin embargo, insoportablemente sincero. Era la primera vez que Ash había besado a alguien mientras reían, y se encontró disfrutando la cotidianidad de aquello, que tan fácil encapsulaba lo que era Juan, gentil pero inquieto, y sobre todo con una alegría que Ash mataría por mantener a salvo.

Las pocas risas que quedaron en el aire desaparecieron para dar cabida a suspiros bajos que motivaron a Ash a besarlo con más ternura.

“¿Podemos–?” Preguntó sin saber muy bien que decir, su aliento entrecortado pese a la dulzura del beso.

“Ajá–”

Se movieron al mismo tiempo, ambos emitiendo un suave gemido al contacto, satisfechos de continuar besándose pero esta vez con menos vacilación, los nervios iniciales desaparecidos dando lugar a algo que, tras haber permanecido reprimido durante mucho tiempo, por fin salió a la luz.

Sin prisa, Ash levantó su mano libre, acunando la mejilla de Juan, su pulgar temblando ligeramente contra su mandíbula, el deseo mutuo que fueron incompetentes en expresar con palabras ahora manifestándose.

Juan no dudó ni un instante en corresponderle, profundizando el beso. La mano en su pecho subió hasta enredarse en la cascada de cabello del otro. Una euforia sin precedente brotó dentro de Ash con el sutil gesto. Juan lo estaba besando, y Ash a Juan. No por un premio o un pago– Era algo reciproco que ningún imbécil podía conseguir con unos cuantos lingotes de un material caro.

Para el tercer beso, la intensidad aumentó, y en cierto modo, se sintió correcto. El cuerpo de Ash se inclinó hacia adelante, recibiendo a Juan en sus brazos con un cuidado silencioso. Todavía era lento, pero se atrevió a morder su labio inferior, provocándole un jadeo que permitió que Ash deslizara su lengua hacia el interior.

La experiencia era… húmeda. Nueva, e incluso un poco desagradable con la saliva arremolinándose en las dos bocas, pero la imperfección y el gemido crudo que arrancó de Juan al probar y succionar su lengua valían la pena.

Ash quería más– lo necesitaba tal cual aire en sus pulmones, y no obstante, olvidó el pequeño detalle que Dios lo odiaba.

“¿Juan?” Fue la única advertencia que ambos recibieron antes de que las puertas se abrieran de par en par. “Ohh…” El beso concluyó súbitamente, los dos hombres corriendo a esquinas opuestas de la habitación como adolescentes, como si Tina no los hubiera atrapado en el acto y estuviera congelada en un bucle solo alargando la misma silaba mientras su cerebro asimilaba la situación. De repente, sus ojos cayeron en Ash, “Oh, dios mío.

“No, Tina, esto no es, nosotros–” Juan vaciló con su explicación, producto de la distracción que era Ash soltando sus ‘why’s ahogados.

Para alguien que parecía haber visto el anticristo bajar y comerse unas donas en la habitación contigua, Tina se llevó una mano a la barbilla, pensativa y tranquila al reflexionar, “La verdad es que hace mucho sentido todo ahora.”

“¿De qué hablas?”

Juan sonaba casi ofendido. “Nada.” Se le escapó una risita, y después, como si su mente hubiera sido inundada con recuerdos, gritó descontroladamente, “¡¿No estarás pensando tener sexo en mi cuarto de nuevo, verdad?!”

Ash observó uno de los cojines del sillón rojo, preguntándose si sería suficiente para asfixiarse con él.

“¡Tina!” Siseó, mirando de reojo a Ash, “No es lo que crees– No íbamos a hacer nada. Jamás me acostaría con alguien del Régimen.”

Ash bufó con arrogancia, cruzándose de brazos y apaciguado ahora que ponían en duda su orgullo, “Okay, tampoco te pregunté.”

“¡Le voy a decir a Vegetta!”

Tina salió disparada de la habitación y Juan corrió detrás de ella, pasos apresurados se escucharon por toda la casa junto con gritos a la distancia que armonizaban la alocada escena, y una pequeña chispa se encendió en el pecho de Ash.

Se dio a la marcha también, buscando a los otros dos mientras se desinflaba entre risas que hacían su caminar más difícil. Era una casa difícil de vivir– ruidosos y muchos de ellos insoportables, pero a Ash no le molestaría compartir ese tipo de vida llena de bullicio e inconvenientes junto con Juan.

Notes:

Creo que esto no era lo que muchos esperaban cuando querian que Ash visitara su puesto de besos, pero al menos es trabajo honesto...

Series this work belongs to: