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Secreto en el lago

Summary:

Maysilee Donner tiene secretos como todos los seres humanos

Uno de ellos descansa al otro lado de la cerca del Distrito 12, oculto entre árboles, agua helada y recuerdos que todavía le duelen demasiado.

Por otro lado, Haymitch apareció una mañana en la puerta de su confitería cubierto de tierra, pidiendo gominolas para otra chica.

Haymitch Abernathy nunca había prestado demasiada atención a Maysilee Donner. La chica orgullosa de la zona de comerciantes; ella tampoco parecía interesada en él… hasta ahora.

Entre sol y agua, discusiones, secretos familiares y un lago que jamás debió ser encontrado por Haymitch, ambos empiezan a descubrir que quizá no se conocen tanto como creían.

Notes:

He leído Amanecer en la cosecha y no puedo con el final, así que me fui a buscar finales alternativos y di con este ship que me encanta. (Los personajes no tienen la personalidad del libro, pues últimamente solo he leído fanfics sobre ellos y no me atrevo a volver a leer el libro aún). He leído fanfics sobre este ship y, en lo que espero que publiquen más capítulos, he decidido hacer el mío.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Viernes de Locos

Chapter Text

El sol se asomaba en el distrito 12, en la zona de comerciantes, precisamente en la confitería del distrito. Maysilee Donner despertaba con los rayos del sol en su rostro; inmediatamente sintió un peso sobre ella. Era su hermana favorita o más bien la única que tenía su inigualable gemela Merrilee Donner, quien debería honrar el trabajo de sus padres y usar la cama que le compraron.

Maysilee apartó a su gemela con delicadeza, aunque Merrilee tenía el sueño tan profundo que ni siquiera una bomba la despertaría.

Mirando a su propio reflejo acostada en la cama, sonrió y salió de su habitación hacia el baño. Antes de que su abuela falleciera hace 4 años, ella era la segunda persona en levantarse en la casa de la familia Donner. Ahora que su amada abuela, a quien amo más que a su propia vida, ya no está, ella la honra levantándose temprano todos los días, incluso más temprano que sus padres, o eso es lo que le gustaba pensar. 

Su responsabilidad a la corta edad de 15 años era ir al colegio, hacer turnos en la confitería que algún día ella o Merrilee heredarían y evitar la cosecha, aunque, claro, esto último no estaba en sus manos.

Al llegar al baño, vio su reflejo en el espejo y solo se limitó a recoger su cabello en una coleta mal hecha y asearse; el agua en la cara la terminó de despertar. Procedió a bajar al primer piso a la tienda de su familia; salió a la calle a barrer la entrada de la tienda en pijama, una de color celeste que le quedaba a juego con sus ojos.

Realmente no le importaba si los adultos la veían, pues era una rutina a la que sus vecinos mayores se habían acostumbrado. Sus amigos, por otro lado, eran otra cosa, aunque no le preocupaba, pues la mayoría estaría como Merrilee en la cama durmiendo y, si la veían, tenía fe absoluta en que estarían sonámbulos y pensaría que lo habrían soñado o algo por el estilo.

Después de terminar con la entrada, ingresó a la tienda y se limitó a limpiar el mostrador, posteriormente a barrer el interior de la tienda, el cual era el paso final de su rutina matutina antes de subir a prepararse su preciado café, de no ser por itchy itchy Haymicth, quien decidió aparecer en su tienda.

Hola, Merrilee —dijo mientras se apoyaba en la puerta y alzaba la mano en forma de saludo—. Justo la persona que necesitaba.

Sonrió y se acercaba a la recepción donde Maysilee había estado barriendo instantes antes.

—Escucha, necesito unas gominolas de todos los sabores posibles, ¿me oyes?, que sean las más ricas.

Mayilee apostaría toda la herencia que le dejó su amada abuela a que Itchy Itchy Haymicht había pasado toda la noche trabajando y, por el pedido que había hecho, posiblemente las gominolas eran para Lenore Dove; todos sabían que ella amaba las gominolas. 

Con esa ropa sucia llena de tierra, con cada paso que daba dejaba un pequeño caminito en el mismo piso que minutos antes había barrido. Maysilee se limitó a tocarse la frente en señal de molestia antes de mirarlo y señalar el cartel pegado en la entrada donde establecía el horario de atención.

Haymicth volteó la cabeza en dirección a donde había apuntado hace un momento y volvió a mirarla.

Por favor, Merrilee, solo son gominolas; te voy a pagar. Yo necesito darle una sorpresa a Lenore Dove por su cumpleaños para que me perdone —dijo con los ojos suplicantes.

¿Que lo perdone?

Posiblemente, Haymicth había dicho algo que a Lenore Dove no le había gustado; si quería ser más precisa, algo sobre no meterse en problemas con los agentes de la paz. Lenore Dove era una rebelde; ella lo sabía, compartían un secreto y la conocía demasiado bien. Ella creía ser un misterio, pero todos venían a través de ella; nunca nadie le pinchó esa burbuja, supongo.

Haymicth la miró esperando una respuesta; ella solo pudo soltar un suspiro.

Bien —dijo con tono de resignación— y soy Maysilee.

Extendió la mano esperando el dinero con el que iba a pagar.

Haymitch abrió los ojos como platos; no podía creer que esta chica en el mostrador era Maysilee Donner, la niña más creída del distrito 12, la chica que lo había molestado y que le había puesto ese apodo por el que su círculo social se alejó 2 semanas de él. "Itchy Itchy Haymitchy"

¿Era realmente ella?

Nunca la había visto así de desarreglada, en pijama, o fuera lo que fuese la ropa que llevaba puesta; su cabello alborotado y sin todos esos collares en su cuello que la caracterizaban.

A ella no parecía importarle que él la viera en ese estado, pues podía haber fingido ser Merrilee; de todos modos, no las distinguía, bueno, no había pasado el tiempo suficiente con las gemelas como para saber cual es cuál.

—Y bien, Abernathy —preguntó Maysilee con la mano aún extendida.

Haymicth la observó y se apresuró a darle el dinero.

Una pregunta se formuló en su cabeza: ¿por qué Maysilee le haría tal favor? Es decir, Merrilee lo haría porque ella es la más amable de las dos, pero Maysilee no pondría algo raro en las gominolas de Lenore Dove, ¿verdad? Eso solo haría que ella se pusiera aún más furiosa con él.

Maysilee empezó a contar el dinero. 

—Ya que estás aquí, puedes limpiar el desastre que hiciste al ingresar —dijo mientras dejaba el dinero de lado.

—Ah, sí... 

Fue lo único que pudo soltar.

Seguía pensando si Maysilee le pondría algo en gominolas de su chica; él sabía que Maysilee sabía que Lenore Dove la odiaba. A ella no parecía importarle, o eso quería asumir Haymicth, porque la vez que Lenore Dove intentó robar su prendedor de sinsajo, Maysilee no tomó represalias ni nada parecido. 

Cuando volteó hacia atrás, solo vio el caminito de tierra que había dejado. Agarró la escoba que había usado Maysilee minutos antes y empezó a barrer. Por su lado, Maysilee empezó a colocar las gominolas en una bolsa transparente. 

Haymicth la miraba de reojo mientras ella parecía contarlas cuidadosamente.

—Estoy segura de que con esto Lenore Dove te perdona

Coloco las gominolas en el mostrador.

Haymicth no sabía qué responder a eso

—¿Tú crees?

—Estoy segura de que sí.

Maysilee parecía observar si él barría bien el piso.

—Pero no la acostumbres a arreglar las cosas con presentes; es mejor hablar los problemas.

Haymitch bajó la mirada.

—Yo lo sé, pero a veces ella actúa antes de pensar y siempre se está metiendo en líos. Entiendo sus ideales, pero… son cosas que están fuera de nuestro control. Cuando intento hablar de lo que yo pienso de sus acciones, simplemente parece fingir que no me escucha...

Su mente frenó en seco: ¿qué estaba diciendo enfrente de Maysilee Donner, la enemiga de su chica, su Lenore Dove imprudente, pero su Lenore Dove ¿Acaso él no tenía con quién hablar sobre los problemas de su relación? Por eso una pregunta casual de Maysilee Donner la terminó convirtiendo en testigo de una de las peleas con su chica; ni hablar si Lenore Dove se enterara, lo colgaría en el árbol del ahorcado.

Maysile sonrió con ironía.

—¿Ya terminaste? 

Ella pareció darse cuenta de algo y volvió a intervenir. 

—De barrer me refiero a si ya terminaste de barrer, no a lo que decías de Lenore Dove.

Haymicth dejó la escoba a un lado.

—Sí, ya terminé de barrer.

Se acercó al mostrador; había dos bolsas: una contenía las gominolas y la otra, toffees.

Maysilee le acercó la bolsa de gominales.

—Todo tuyo, Abernathy 

Y justo cuando Haymitch se disponía a agradecer, ella empujó la otra bolsa hacia él.

—Este corre por cortesía de la casa.

Haymitch la miro extrañado 

—Gracias… Maysilee...

—¿Quieres mi consejo, Abernathy? 

—Si no es una burla, está bien, supongo.

Ella hizo contacto visual y sonrió.

—Preocúpate más por tu familia que por Lenore Dove. Covey es independiente; somos libres como el viento... o al menos siempre intentan serlo dentro de lo que pueden

Ella miró hacia abajo.

—Quiero decir, cuida bien a tu hermano; los toffees son para él. Si Merrilee se enterara de que le llevo dulces a mi novio y no a ella, pondría un grito al cielo.

Haymicth sonrió

Quería preguntarle por qué ella decía eso, qué derecho tenía para opinar sobre su relación. 

Aunque, siendo honestos, él le había dado el derecho al contarle sus problemas con Lenore Dove pero solo fue porque Burdoock estaba muy ocupado con su nueva novia como para hablar con su mejor amigo; además, eso lo hizo sonar como un mal hermano. Claro que ella podría comprar dulces para toda su familia si quisiese, porque viene de una familia de comerciantes.

Antes de salir de la tienda, Haymitch no pudo ignorar las dudas que seguían rondándole por la cabeza. ¿Por qué Maysilee Donner estaba siendo amable con él? ¿Qué eran esos consejos y esos dulces “por cortesía de la casa”? ¿Intentaba jugarle una broma pesada? ¿Cómo sabía ella sobre Sid? Él no le había prestado atención desde hace mucho tiempo y sabe que ella tampoco lo había hecho, pues nunca cruzaron palabra en el colegio a pesar de ir al mismo aula. No pudo soportar más la duda.

Lastimosamente para él, tendría que irse con la duda, pues lo último que vio de Maysilee Donner fue su espalda cubierta por ese pijama azul compuesto por un polo y un short demasiado corto para su gusto, aunque, considerando el calor del verano, podía entenderlo.

Con la ausencia de la gemela, decidió salir de la tienda con las dudas aún dándole vueltas en la cabeza. ¿Qué más da? Por si acaso probara los dulces antes de dárselos a Lenore Dove y a Sid, estaba seguro de que este último amaría los toffees; por otro lado, su madre seguro lo regañaría por gastar el dinero en cosas así.

.

.

.

Maysile Donner subió a la segunda planta de su casa; solo se miró en el espejo del comedor para avergonzarse. Haymithc Abernathy la había visto en pijama desarreglada. 

Trató de calmarse y se dirigió a la cocina a por un café; necesitaba de esos sin azúcar bien cargados que la mantuvieran sobria o se perdería en sus pensamientos.

El café no sirvió de nada; no podía dejar de pensar en lo que acababa de pasar. Diez minutos, eso fue todo y aun así para ella habían parecido una eternidad.

Es cierto que no se había fijado en Haymicth Abernathy durante un largo tiempo, ¿por qué? Era uno más del beta; ella no era Asterid enamorada de Burdock Everdeen ni Lenore Dove saliendo con Haymitch.

Pero Dios, cuánto había cambiado. Cuando lo vio ingresar a la tienda, solo pensó: "Trágame tierra", y ni siquiera lo había visto bien. 

Pero cuando se acercó, pudo notar sus pestañas y su cara más de cerca; aunque coincidían a veces en clase, nunca le prestó la suficiente atención como para notar el cambio de la niñez a la adolescencia. 

Casi podía entender a Lenore Dove y a las chicas que suspiraban por él en el colegio. Haymitch Abernathy se había convertido en un chico guapo; lo pudo notar aun teniendo toda esa suciedad encima. 

Por Dios, ¿había llamado a Haymicth Abernathy guapo?

Qué más da, por muy lindo que se hubiera puesto Abernathy, solo le hizo ese favor por Asterid; su preciada amiga se había enamorado de Burdock Everdeen. No tenía nada en contra de los chicos del beta y menos de alguien descendiente de Covey, pero la misma Asterid tenía que admitir que sus grupos sociales no eran precisamente compatibles.

La mismísima Lenore Dove la odiaba; no es que a ella le importara demasiado. Al final, Asterid ya le había adelantado sus planes con Burdock de ir a la pradera a pasar el rato y tratar de llevarse bien los dos grupos de amigos: los del beta por parte de Burdock y los de ella, los chicos de la zona comercial.

Por la felicidad de su amiga, decidió dar el primer paso y tratar de llevarse bien con los chicos del beta; si al final iban a convivir, por lo menos que no fuera tan incómodo. 

El apodo que le puso a Haymicth nunca le importó demasiado, pero parece que a él sí, porque nunca más volvieron a hablar después de eso y el odio de Lenore Dove solo remarcó que definitivamente él no la quería tener cerca.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por Merrilee, abrazándola por detrás.

—¿En qué piensa mi adorable hermana gemela?

—En que vamos a llegar tarde al colegio si no te apuras en alistarte.

—¿Mira quién lo dice?

Merrilee, haciendo un puchero, señaló su pijama.

Eso bastó para que Maysilee se diera cuenta de que seguía en pijama

—Por lo menos no tengo lagañas en los ojos

Rio antes de besar la mejilla de Merrilee.

—Iré a despertar a mamá.

Y se alejó en dirección al cuarto de sus padres

.

.

.

Su ida al colegio transcurrió de manera normal con Merrilee y Asterid a su lado, aunque tenía la sensación de que esa rutina no duraría demasiado.

Al llegar al aula, se sentó en su asiento de siempre junto a su gemela. Maysilee mentiría si dijera que había dejado de pensar en el encuentro de la mañana. 

De manera disimulada, volteo hacia el asiento de Lenore Dove; en el que solía sentarse, ahí estaba la chica sin sus gominolas. Supongo que Abernathy no logró felicitarla por su cumpleaños antes de ir al colegio.

Por otro lado, este último no estaba en el aula; eso solo quería decir que estaba trabajando. La mayoría de los chicos del Beta se saltaban las clases para hacer trabajos o trueques; tenían que llevar la comida a su casa.

La clase transcurrió con normalidad o, al menos, con lo que sus vecinos consideraban “normal”: aburrimiento absoluto. Cuando terminó, salieron del aula hacia el patio. Se quedó cerca de su grupo; era un viernes común de no ser por lo ocurrido en la mañana. 

Entonces ingresó Burdock Everdeen, abriéndose paso en el patio con unas plantas en las manos; se acercaba a ellas, a su grupo, a Asterid para ser exactos.

Maysilee entrecerró los ojos intentando identificar la planta. Y solo cuando Burdock llegó se dio cuenta de que venía acompañado; parado a su lado estaba Haymitch Abernathy.

Asterid llevó una mano a su rostro completamente sonrojado mientras Burdock le acercaba las plantas.

—Oh, Burdie... están preciosas.

Mientras ellos hablaban como si fueran la pareja más enamorada del Distrito 12, Merrilee a mi lado saludó a Haymitch y este le devolvió el gesto. Realmente no me importaba demasiado; en este momento me llamaba más la atención esa planta que tenía sobre sus brazos Asterid; definitivamente la había visto antes.

—¡Katniss!… 

Fue lo único que solté sin pensar cuando Haymitch pareció intentar entablar una conversación conmigo. Okey, definitivamente parecía que lo había ignorado por completo.

Asterid levantó la mirada.

—¿Maysilee? —preguntó en tono algo extrañada 

Burdock frunció ligeramente el ceño.

—Sí, Maysilee. Son katniss.

Lo dijo con un tono más amable del que normalmente usaba al hablarme. 

Supongo que Haymicht le contó sobre lo ocurrido esta mañana en la tienda; si no, no me hablaría así. Solía ser algo más sarcástico o irritante conmigo, probablemente por culpa de su prima Lenore Dove.

—No voy a preguntar de dónde lo sacaste, pero deberías tener más cuidado.

Fue lo único que me limité a decir. Por su lado, Merrilee intervino rápidamente.

—Eso no quita que estén preciosas, Burdock.

Le sonrió emocionada a Asterid. Mi adorable hermana, siempre intentando salvar situaciones incómodas.

Haymitch, Burdock y Asterid me miraron raro. No quería tener que dar explicaciones; me fui de boca con lo de Katniss, lo sé, perdóname, querida abuela, no merezco tus secretos.

—Hey, May, ¿podemos hablar un momento?

Un chico se acercó a mí levantando la mano en señal de saludo.

Era Otho Mellark; podía sentir cómo se me iluminaban los ojos. 

Otho Mellark tenía un extraño don; él siempre me sacaba de momentos incómodos. Un ángel, mi salvador.

—Claro que sí.

Volteé hacia el grupo de personas a mi alrededor 

—Nos vemos al rato

Me alejé siguiendo a Otho; podía sentir a Merrilee siguiéndome por detrás, dejando a Asterid con los chicos del beta. Realmente espero que Asterid no piense que la dejamos de lado por culpa de las diferencias entre grupos.

Merrilee me agarró del brazo. Cuando llegamos con Otho, a su lado estaba Julian Undersee, un chico que iba a nuestra clase. Vivía en la zona comercial; éramos vecinos. Bueno, su familia tenía bares donde los agentes de la paz iban a subir la moral. Ese chico estaba enamorado de Merrilee; eso se notaba desde donde salía el sol hasta donde se escondía.

¿Qué más daba? No era un mal tipo; de hecho, era demasiado amable, igual que su adorada Merrilee.

Julian se acercó a Merrilee nerviosamente

—Mañana sábado vamos a salir. Queríamos pasar un rato en la plaza y luego ir a comer algo.

Las palabras parecían ir más para Merrilee que para Otho o para mí.

Veía a mi bella hermana sonrojada; me miró en busca de una respuesta. Merrilee definitivamente estaba emocionada lo suficiente como para que se notara en su cara y Julian estaba lo suficientemente nervioso, pues podía ver sus manos inquietas. Así que asentí mirando a Merrilee.

—¡Claro que sí! Nos encantaría. —Merrilee sonrió emocionada— Yo y May podemos preparar algo para comer.

—Como una doble cita

Agarre a Otho del brazo; el pobre casi deja de respirar. Julian y Merrilee me miraron completamente rojos.

—Ustedes preparen el itinerario. Otho y yo pensaremos qué cocinar.

Arrastre a Otho lejos

—¡Maysilee!

Gritó Merrilee, avergonzada.

—Preparen el itinerario, vale.

Pode ver a Julian muy nervioso, mucho más que mi gemela. Me alejé con Otho a mi lado.

Cuando nos alejamos lo suficiente, Otho suspiró. Lo conocía desde que éramos niños, sabía perfectamente que jamás haría correr rumores sobre haberlo tomado del brazo; era demasiado bueno para eso. 

Todo iba relativamente bien hasta que vi a Lenore Dove abandonar el colegio sin Abernathy; probablemente iba a perder el tiempo con sus gansos o a meterse en problemas.

Me sentó junto a Otho en un extremo del patio mientras organizamos la comida de mañana; él haría los cupcakes y yo los decoraría. Simple, lo bueno de Otho era que entendía las cosas rápidamente; había comprendido enseguida que solo intentaba dejar a Merrilee y Julian a solas.

Aunque el corazón de Otho era otra historia, aunque intentaba ayudar a Julian, su mejor amigo enamorado de mi doble, él seguía viéndose afectado por la relación entre Asterid y Burdock.

—Está bien, en las decisiones del corazón no se mandan.

Intenté consolarlo; yo no soy especialmente buena para esas cosas.

-Los amores de juventud son pasajeros. Si Asterid termina con Burdock, prometo ayudarte.

Le extendí el dedo meñique, algo que mi querida abuela me había enseñado y que me encargué de transmitir a mis amigos.

Otho sonrió antes de corresponder el gesto.

—Gracias, Maysilee.

—Estoy segura de que, aunque no sea Asterid, encontrarás una chica que te ame y valore tus sentimientos. Eres una gran persona.

Otho no era del tipo de persona que buscaba venganza o guardaba rencor; era lo que yo llamaba un ser de luz.

—Entonces deberíamos concentrarnos en hacer felices a Merrilee y Julian, ¿no? —dijo Otho con esa sonrisa que expresaba todos los días.

—Sí, creo que deberíamos dejarlos solos a los dos. Mañana anima a Julian a confesarse; si lo hace, estoy segura de que Merrilee le corresponderá.

Yo más que nadie sé lo enamorada que está Merrilee de Julian solo la han de ver suspirar cuando este sale a exponer en clase. Se me escapó una risita.

—Mañana pasaré a tu tienda a dejar los cupcakes, ¿vale?

—Me viene bien a las diez.

—Entonces así quedamos, May.

Otho se alejó sonriendo.

Volví a quedarme sola con mis pensamientos. ¿Qué? No soy buena para consolar a las personas; no heredé ese talento de mi querida abuela. 

"Katniss"

Con todo esto, lo olvidé completamente. Mi abuela solía llamar así a esa planta; solo crecen en el lago fuera del Distrito 12. 

¿De dónde sacó Burdock esa planta? Bueno, no era secreto que él salía del doce para cazar; había husmeado mucho más allá de lo común y había  encontrado ese lago, ¿por casualidad? ¿Acaso su madre le había confiado el secreto del lago? Ni siquiera Lenore Dove sabía sobre ese lago; se mantuvo como tabú para todo Covey.

De todas maneras, tenía que ir a ver su cabaña; tenía que saber que Burdock no la hubiera encontrado.

Salió del colegio cinco minutos antes de terminar el recreo; no se tenía que preocupar por Merrilee; ella inventaría una excusa por ella; además, podría sentarse junto a Julius, ¿qué mejor regalo que ese? Mientras caminaba a toda prisa, se acercó a las afueras del distrito, hacia los bordes del doce. Cruzó la cerca, dio unos cuantos pasos antes de correr lo más rápido que podía; como si alguien la estuviera persiguiendo, se escabulló en el territorio prohibido.

Ir a su pequeña propiedad era un largo camino desde el doce; no tenía tiempo para ir caminando con la paciencia del mundo. Las clases terminarían en 4 horas y para eso ella debería haber regresado ya de su pequeño paseo; podría ver sus collares rebotando sobre su pecho y todo su cabello en un vaivén. Cuando llegó al lago, se detuvo en seco y lo observó con toda la admiración del mundo. Estaba feliz; estaba completamente segura de que tenía una sonrisa en la cara, una tan grande que cualquiera pensaría que había ganado alguna apuesta o de esas sonrisas que tienes cuando cumples los 18 y sacan tu nombre de la cosecha. 

Caminó rápidamente rodeando el lago y se metió en el bosque. Después de unos 20 minutos caminando de manera apresurada, llegó a su cabaña.

Entró examinando el patio, observando alguna diferencia desde la última vez que estuvo ahí. Entró a la cabaña con sigilo y empezó a revisar el interior. La cama, la mesa de noche, los armarios... todo estaba exactamente igual como lo había dejado.

Abrió el cajón de la mesita de noche y ahí estaba su prendedor de sinsajo, de los últimos regalos que le dio su querida abuela, uno que no podía usar porque sentía que le quemaba la piel al usarlo; solo recordaba los momentos felices y una vez que lloraba, no podía parar hasta quedarse dormida.

Al darse cuenta de que Burdock no había llegado hasta allí, solo se dedicó a festejar. Saltando como una loca. Agarró una de sus mantas y salió de la cabaña. Extendió la manta sobre el césped y dejó su mochila a un lado. Tomó el prendedor entre sus manos y dio un suspiro de alivio

Al menos Burdock no había indagado al otro lado del lago y no encontró su cabaña. Ahora tenía que pensar cómo ocultar su lugar especial. Entró nuevamente a la cabaña para recogerse el cabello en un moño desordenado antes de salir usando únicamente ropa de baño de dos piezas; tiró su vestido sobre la manta y dejó sus collares dentro de su mochila.

Se acercó al agua y empezó a entrar. El agua estaba helada; podía sentirlo en sus huesos, pero realmente lo necesitaba. Era reconfortante. ¿Qué había sido ese día de locos? Desde la mañana con Abernathy apareciéndose en su tienda, luego con Burdock llevándole Katniss a Asterid, ¿de dónde los había sacado? Un misterio para todos, un dolor de cabeza para ella y luego estaba el futuro enamorado de su gemela.

Se adentró más en el agua; bastaron unos segundos para que su cuerpo se acostumbrara a la temperatura. Estar así hacía que la cabeza soltara todas las ideas que se aferraban a quedarse. Trató de no mojarse el cabello o, ¿cómo le explicaría a Merrilee que había salido del distrito en dirección al lago? Si su bella hermana se enterara, pondría un grito al cielo y estaría la siguiente semana pegada a ella de manera literal.

Pasaron unos 10 minutos y decidió salir del lago. Se tiró con el cuerpo mojado sobre la manta, miró su prendedor a su lado. ¿Qué habría pensado su abuela al heredarle? Un prendedor con un animal que parecía un muto de los Juegos del hambre; no lo entendía y parece que nunca lo haría, pues su querida abuela se había llevado esa explicación a la tumba. La extrañaba más de lo que podía expresar con palabras.

Miro hacia el lago con el broche en la mano y empezó a cantar

You can't take my past
You can't take my history

You could take my pa
But his name's a mystery

Nothin' you can take from me was ever worth keepin'
Oh, nothin' you can take was ever worth keepin'

Can't take my charm
Can't take my humor
Can't take my wealth
'Cause it's just a rumor

Nothin' you can take was ever worth keepin'
No, nothin' you can take was ever worth keepin´

Las lágrimas comenzaron a brotar

Thinkin' you're so fine, thinkin' you could have mine
Thinkin' you're in control, thinkin' you'll change me
Maybe rearrange me, think again if that's your goal
Ooh

Lágrimas corrían por su rostro mientras miraba al vacío.

¡Crack!

Un sonido que se produjo a sus espaldas le heló la sangre.

Se puso de pie tan rápido como pudo.

Y entonces lo vio un chico rubio, de cabello ondulado y ojos celestes; su corazón dio un vuelco. Él permanecía inmóvil junto a un árbol, tan sorprendido como ella.

Era Haymitch Abernathy. ¿Qué demonios hacia allí?