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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-05-14
Updated:
2026-05-14
Words:
7,521
Chapters:
1/?
Comments:
2
Kudos:
4
Hits:
189

Burning Under the Lights

Summary:

Dazai Osamu se ha esforzado por mantener su carrera de modelo, hasta que dicho esfuerzo está a punto de ser arrebatado de sus manos por culpa de Chuuya Nakahara. Obteniendo más que polémica, algo mucho peor: una nueva e inconsciente “enfermedad”: La limerencia.

«...No se le está permitido abandonar su papel, así que sostiene un semblante firme, sofocando la sensación lacerante que se agita en su interior. Las heridas viejas y nuevas arden como si nunca hubieran cicatrizado.

Es muy tarde; lo siente sobre su piel y en las miradas ajenas. 

Las mejillas que viven como un recuerdo pasado hora arden al rojo vivo, encendiendo la chispa de los fuegos artificiales que se reflejan en sus ojos. Aquel brillo que creyó perder hace años.

A sus pulmones les falta aire debido a un suspiro involuntario, como cada reacción que ha tenido su cuerpo desde que vio al contrario, quien revela indiferencia cargada de diseño.

Dazai se desarma sobre el escenario. 

Una reacción que se mide en segundos, que las cámaras no dejan pasar, es un caos nuevo para la audiencia y ajeno a su propio cuerpo ».

Notes:

  • Inspired by a deleted work

¡Hola, hola! ¿Cómo están, mis queridos (y poco abandonados, lo siento) lectores?

Lamento si no se enteraron de la noticia, pero he decidido reescribir lo poco que tengo de fanfic. Sí, a los tres capítulos que había publicado...

No estaba convencido y la historia se sentía demasiado pesada y podría ser percibida de manera errónea debido a la manera en la que estaba escribiendo y ordenando los hechos.

Me agrada y alegra informar que ya he modificado los cambios en este capítulo y espero continuar con los siguientes para por fin avanzar con la trama.

Si leyeron el trabajo anterior, les recomiendo volver a leer este capítulo para notar la mejora y los cambios agregados; realmente hacen una diferencia y podrían apreciar la historia de manera más clara.

Para enterarse de este tipo de cambios o decisiones y aportar de forma simbólica en esta obra, los invito a unirse a mi canal de difusión, donde les comparto imágenes, descripciones y pequeños avances (sin spoiler) de mi trabajo.

  Canal de difusión: 𝕭𝐮𝐫𝐧𝐢𝐧𝐠 𝓤𝓷𝓭𝓮𝓻 тнє 𝓛𝓲𝓰𝓱𝓽𝓼 

Sin más que decir, disfruten.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: The Aesthetics of Pain

Chapter Text

El aire ingresa a sus pulmones y un ligero temblor lo recorre de pies a cabeza con una euforia cruda que conoce a la perfección.

Sin miedo, no hay más sentimientos, ha cruzado por este camino cientos de veces, mismos pasos, patrón y ritmo.

Entregándose y mejorando tras cada pasarela. Gracias a eso, radica en una de las pasarelas más reconocidas de todo Japón: “Eclipse”, donde el escenario se divide en dos plataformas altas que se encuentran de frente, creando un contraste entre los colores oscuros que absorben la luz y los claros que no la necesitan para poder brillar.

Mantiene el rostro en alto, la pasarela será suya por un par de segundos.

Se ha acostumbrado a esto, conforme al pasar del tiempo, dejó de salir junto al resto de modelos, anunciando su llegada como un acto teatral en espera del protagonista.

El último modelo cruza frente a él indicando su turno. Dazai avanza con pasos firmes y el rostro fijo, entrando al “escenario”, sin dejar que la iluminación lo ciegue. Oculto bajo su máscara de porcelana llamada cara.

No necesita ver a su alrededor; es consciente de la atención que le dan.

Las cámaras toman cientos de fotografías. No requiere un flash ruidoso, el sonido casi inaudible de los botones llega a sus oídos, junto a los trazos de tinta contra el papel de quienes hacen anotaciones.

Incluso la capa más gruesa de vendajes logra ocultar lo que su piel reconoce en segundos.

Sobre ellos luce un conjunto de inspiración aristocrática: Una camisa como la nieve; resaltando los olanes de tela satinada del cuello que sobresalen en el conjunto, lleva un pañuelo nantucket azul con un broche ornamental.

Las mangas abullonadas que terminan antes de llegar a las muñecas, dándoles un fin recto cerrado con botones de plata y guantes de nieve, lo acompañan. Reflejando bordados simétricos y ornamentales gracias a la luz, que prevalecen debajo de una levita desmangada; ajustada a los costados, pero suelta bajo la cintura con botones rodeados por dos líneas de encaje plisado con los mismos detalles color plata.

Como parte del punto focal y lo que hace resaltar a toda la colección, detalles en la espalda del mismo tono, un bordado plateado del esternón, costillas y vértebras lumbares se hace presente, escaso de una anatomía correcta, puesto que la hilera finaliza bajo el trasero.

Destaca sobre el color base por los largos olanes con encaje plisado teñido del mismo matiz azul a los costados, que emerge como pliegues de un velo escondido bajo el abrigo principal. Crea una sensación de ligereza y profundidad, como si el conjunto respirara elegancia y movimiento, incluso en la quietud.

Siguiendo con el pantalón blanco entallado de tela brillante con caída estructurada, mostrando el interior de la parte suelta de la levita, el mismo azul que sobresale al moverse.

El blanco y el azul chocan suavemente con la calidez de su cabello castaño de puntas onduladas, cejas delgadas y párpados dobles. Bajo una capa de pestañas finas, comisuras que no terminan de ser rasgadas resaltan con los iris avellana.

Mientras que el borde de sus labios pasa por una pequeña curva, brindando un aire coqueto poco voluntario. Su barbilla es casi puntiaguda, resaltando por las vendas que sobresalen en su cuello, remarcando sus hombros anchos, a pesar de su figura esbelta.

Los modelos que acaparaban el escenario hace unos segundos y los que ha dejado atrás desde el comienzo de su carrera profesional son diferentes a él. No tienen punto de comparación.

El atuendo no lo es todo; una parte es de quien lo porta y cómo lo luce. Define quién llevará el look de cierre: El último conjunto en salir, el más elaborado, dramático y el que mejor representa el concepto de la colección.

Sin embargo, el individuo en la pasarela contraria es acaparado con la misma intensidad.

La nueva presencia lo toma desapercibido, dándole un golpe duro, pero elegante, infiltrándose a través de las capas del atuendo, sus vendas y su piel.

La temperatura aumenta hasta volverse vibrante, descubriendo lo que es ser de sangre caliente.

Nunca había experimentado una sensación así: Mejor que la de un rayo de sol en una noche sin luna. Similar a la brillante luz azul que se reflejaba en su rostro cuando era un niño…

Unos meses después de mudarse a Yokohama, una ciudad donde el silencio y la oscuridad podrían reinar, ajena a la luz reflejada en su mirada, por la pantalla de TV, iluminando gran parte de la sala y su rostro a pesar de estar a un metro de su futon.

Esperaba su programa favorito mientras los comerciales pasaban uno tras otro, sin poder llenar el agujero negro de sus pupilas, buscando distraerse con cualquier artículo barato antes de que su mente entrara al estado automático que lo atormentaba.

Antes de darse cuenta, el sonido de las cámaras tomando fotografías salió de la televisión, parpadeando a la par del flash y la música electrónica. Retumbando en sus oídos, una combinación que no había escuchado antes, acompañada de una sensación ¿diferente? Ajena a lo que ha experimentado antes.

En la pantalla se visualiza un escenario del cual salen hombres y mujeres caminando al ritmo constante de la música, manteniendo un semblante serio, con atuendos que no les encontraba nombre; llamativos, maravillosos, increíbles. Los pasos sincronizados podrían quedar en un segundo plano, pero no lo hacían.

Presencio lo más cercano a la perfección con el título de “Paris Fashion Week”.

La última persona en aquel video fue una chica con el cabello rojizo y pecas que bañaban su rostro, apenas notorias en los píxeles de la pantalla, estando a centímetros de esta sin recordar cuándo se acercó tanto. Resaltando sobre piel pálida, que a los extremos estándares de Japón podría considerarse bronceada.

La modelo portaba un vestido rojo pegado al dorso, con un escote cruzado en “v” que dejaba al descubierto los hombros, excluyendo los brazos, guardados en guantes de encaje negro. Al llegar a la cintura, la falda se dividía en varias secciones esponjadas, mas se mantenían agrupadas en una sola pieza, siendo lo suficientemente alta para mostrar unos tacones negros adornados con diamantes en el centro.

Todo en ella se asemejaba al calor del fuego. Cada paso parecía brotar chispa del escenario y las poses reflejar el sol. La modelo dio una vuelta a la vez que dedicaba una sutil sonrisa a la cámara, terminando con el comercial.

Sintió su corazón arder; algo dentro de sí parecía gritar, burbujeando y tirando con fuerza a lo desconocido… Necesitaba entender lo que estaba pasando consigo mismo.

Está tan absorto en la sensación...

Hasta que recuerda dónde está parado y su ego le permite ver a quién tiene de frente.

Vistiendo una camisa de color carmesí profundo, con abundantes volantes que finalizan con encaje en las mangas amplias, terminadas en puños acampanados con encaje oscuro, que aportan volumen y movimiento que cae y se mueve con una ligera brisa, teniendo estos mismos en el pecho.

En el cuello destaca un choker de encaje negro donde cuelga un dige de diamantes, descansando sobre más de los característicos volantes.

Bajo su pecho se encuentra un corsé negro, ajustado a la cintura con cordones a los costados y ojales metálicos que estilizan la silueta y acentúan el contraste entre los tonos.

Desciende a un pantalón que se abre por los costados con pliegues de capas translúcidas que añaden textura y misterio.

Portando una capa negra, larga y con forro interior satinado que refleja la luz, evocando un aspecto majestuoso y de autoridad. Por último, sus dedos se guardan en unos guantes negros, ajustados, que completan la apariencia elegante y controlada.

No solo se trata de las prendas llamativas; es el cabello que irradia un fuego abrasador, uno donde Osamu comenzaba a quemarse. Sintiendo los ojos afilados, profundos y tan brillantes que podrían ser zafiros. Pómulos altos, nariz recta y mandíbula marcada, bañadas de estrellas o bien llamadas pecas, un ser majestuoso.

Su corazón da un vuelco y comienza a bombear sangre tan rápido que el calor se renueva, extendiéndose por su cuerpo con una rapidez inhumana.

No se le está permitido abandonar su papel, así que sostiene un semblante firme, sofocando la sensación lacerante que se agita en su interior. Las heridas viejas y nuevas arden como si nunca hubieran cicatrizado.

«Mierda», gritó en sus adentros.

Es muy tarde; lo siente sobre su piel y en las miradas ajenas.

Las mejillas que vivían como un recuerdo pálido ahora arden al rojo vivo, encendiendo la chispa de los fuegos artificiales que se reflejan en sus ojos. Aquel brillo que creyó perder hace años.

A sus pulmones les falta aire debido a un suspiro involuntario, como cada reacción que ha tenido su cuerpo desde que vio al contrario, quien revela indiferencia cargada de desdén.

Dazai se desarma sobre el escenario, quedando atónito.

No puede apartar la mirada; un murmullo cargado de súplica mordaz, agonizante y repulsiva se lo impide.

Una reacción que se mide en segundos, que las cámaras no dejan pasar, es un caos nuevo para la audiencia y ajeno a su propio cuerpo.

El causante continúa con la obra, imponiéndose mientras posa una mano en la cintura, creando una postura impecable con esos ojos voraces.

Los zafiros se encuentran con el rubí, en un contacto visual que se siente eterno. No aparta la mirada y Dazai no es capaz de hacerlo.

Su reacción no es un error o un descuido; es calculada, obscena en su insistencia. Se deja ver, se permite sentir, lo suficiente para convertirse en algo más que un espectador.

En el punto de quiebre, en la chispa destinada a hacer brillar el debut del otro.

Suficiente para desatar el caos dentro del mundo que ha creado con tanto esfuerzo.


-ˏ͛⑅ ‧̥̥‧̥̥ ̥ ̮ ̥ ⊹ ‧̫ 📸 ‧ ⊹ ̥ ̮ ̥ ‧̥̥‧̥ ⑅ˏ͛-

“Entre luces y cámaras, un rubor que habló más que mil palabras”.

“Tensión en la pasarela: Dazai Osamu pierde la compostura frente al modelo francés del momento”.

“Años de profesionalismo desperdiciados, Dazai Osamu comete lo que parece ser su peor error”.

Estos y más son los encabezados que salen como noticia de primera plana en los periódicos. En cuanto a los demás, gritan su falta de profesionalismo.

“Un error es posible para darle fin a una vida profesional”.

“¿Profesional o enamorado? Dazai Osamu desata polémica en la industria”.

“Carrera profesional tirada por el desagüe, los sentimientos son mayores que la ética profesional”.

—¡Es una exageración! —el castaño grita mientras recuesta su rostro en la barra de mármol frente a la cocina—. “Falta de profesionalismo” —imita, burlándose con voz chillona, dejando el periódico a un lado. —La pasarela continuó como si nada, solo fue mi estúpido rostro. —Suelta un bufido y toma sus mejillas con desprecio.

«Esto no está pasando», repite de nuevo como ha hecho desde que llegó.

Por lo que ha trabajado toda su vida, su pasión y motivo de existir parece desvanecerse de la manera más cruel, desde sus propias manos donde todo estaba perfectamente calculado.

¿Todo por qué?

¿Por qué no pudo sostener la máscara por un minuto más?

Es repugnante; no debió permitírselo. ¿Realmente se lo había permitido?

Demasiadas preguntas abiertas que apuntan al mismo francés:

“Chuuya Nakahara”.

Ha visto ese nombre plasmado en cada una de las noticias y artículos de opinión.

¿Qué hace un tipo como él en una pasarela en Japón?

Rompiendo todos los estándares que se le han impuesto, destrozando lo que debería ser, obligándolo a mostrar al público algo más crudo que su carne: Una emoción, un sentimiento…

No, algo más vacío, pero extrañamente embriagador.

No debería estar fingiendo que esto le causa gracia; no sirve para tener una cara bonita frente al público.

Pudo evitar tantas cosas… En las que no vale la pena pensar. Hay un sentimiento desconocido habitando en su pecho que comienza a ser una molestia insoportable cada vez más presente.

Le da náuseas.

Quiere arrancar esto junto a cada capa de su piel y miserable existencia.

Es muy tarde cuando su mente vuelve a inundarse en el mismo vacío que su reputación; ha perdido tanto que no puede perdonarse a sí mismo.

Su piel se eriza al sentir un helado escalofrío recorrer su espalda y esa imagen viva que lo atormenta, insiste en dominar su mente. Sus manos tiemblan junto a ese sentimiento inolvidable que lo acompaña cada noche. Borroso, pero tan claro que sus oídos dejaban un sonido sordo, una inmensa mancha oscura en un fondo blanco, desbordándose entre las baldosas, desprendiendo un olor más agrio que el metal…

—Ya encontrarás una solución —dice Mori, su padre, tomando un sorbo de café negro.

Sacando a Dazai del recuerdo que amenaza con consumirlo. No puede permitirse eso, no en este momento, con Elise estando a un metro de él sentada en el sofá desayunando cereal antes de ir a la escuela, ajena a lo que pasa en su vida, sin saber que a quien admira ha fracasado por una absoluta tontería, una absurda acción que no pudo controlar.

Una tontería de la que no tiene culpa; lo sabe con exactitud, tiene la osadía de culpar a alguien más. Ese pelirrojo lo hizo sentir tan vulnerable con esas facciones inasimilables, cabellera originada del fuego mismo, penetrantes zafiros y una lluvia de pecas que notó gracias a las fotografías con alta definición dentro de las noticias en internet. Un ser tan hermoso…

—¿Nadie en la agencia ha llamado? —insiste su padre.

Su agencia de modelaje: “Yō no Hikari to Kage no Art (YOHKA)” se especializa en modelos nacionales con la estética de cada uno esculpida en sus pieles; se caracteriza por tener modelos sobresalientes y exclusivos. Motivo para que Dazai siga conservando parte de los vendajes que cubren su cuello, brazos y piernas. Sobresalir le permite estar ahí; le daba a la gente de qué hablar, aumentando su popularidad.

Desde que salió en su primer proyecto, los vendajes despertaron curiosidad, fans dedicando artículos completos al respecto con teorías e hipótesis elaboradas, unas más acertadas que otras, o eso le gustaba decir.

Dentro de su contrato incluye que tanto él como la empresa tendrían que negar cualquier teoría.

Recuerda su primer “trabajo” con nostalgia, gracias a aquella noche.

El programa que esperaba ya había dado inicio; aunque no se percató, seguía dentro de una burbuja llena de preguntas y nuevos deseos.

La euforia lo acompañó al día siguiente cuando jalaba la bata blanca de su padre, mostrando un puchero entre la súplica de querer ser una de esas personas que caminaban para la cámara con atuendos lujosos que pedían ser admirados.

El abismo que lo acompañó durante esos meses reflejó un brillo sin igual, acompañado de una sonrisa llena de ilusión que pensó perder.

Su pequeño niño de 6 años estaba sonriendo e irradiando la alegría que todo niño de su edad debería tener diariamente después de meses, y no podía negarle lo que tanto anhelaba.

Su padre no tuvo elección; esa misma mañana consiguió el contacto de una modista que tenía una vacante abierta para vestir unos conjuntos y tomar fotografías destinadas a su catálogo de ropa.

Lo que Dazai no tenía en cuenta era el tipo de atuendo que usaría. No era parecido a lo que había visto en la televisión.

Desde que el carro frenó delante de la tienda, la curiosidad se sembró dentro de él, perdiéndose por un momento en el escaparate que exhibía dos vestidos con predominio del negro y detalles en rojo, acentuando la elegancia dramática.

Una falda amplia, adornada con volantes, lazos, cruces rojas y rosas de tela, combinada con una blusa roja de cuello, adornada por un lazo negro. Completa el conjunto un gran bonnet negro con volantes rojos, logrando un aspecto sofisticado, melancólico y teatral.

Uno destinado a un adulto y otro a alguien más cercano a su edad, deducible por el tamaño.

—¿Lolita Gothic? —murmuró mientras el agarre de sus dedos se apretaba contra su peluche de Odasakuman (protagonista de la caricatura que esperaba cuando salió el comercial que lo había incitado a esto).

“Lolita Fashion”: Se originó dentro de Japón en 1970, inspirada en la elegancia de la época victoriana y la abundancia del rococó, a la par que crea sus propias reglas. Lolita radica en la dulzura, fantasía y autonomía. Rompiendo con los estándares de género tradicionales.

Fuera del encaje y las enaguas, resguarda algo más profundo; una declaración estética y cultural que desafía las normas impuestas sobre el cuerpo, la feminidad e identidad.

En su mayoría se asocia con los colores pastel y matices sutiles; no obstante, para quienes prefieren una estética más oscura, el estilo Lolita Gótico combina la elegancia de su estilo con tonos oscuros, cruces, murciélagos y candelabros. Fusiona el atuendo de luto victoriano con la cultura juvenil rebelde.

—¡Así es!

La chica que le contestó se dispuso a hincarse de rodillas para estar a su altura, cambiando a un tono más chillón del que había usado para hablar con su padre antes de dejarlo en la tienda donde sería la sesión de fotos.

Ser doctor implicaba no disponer de mucho tiempo, así que la chica estaría a cargo de él.

No fue difícil convencerla; bastó con decirle que no necesitaban la paga que ofrecía y un par de billetes fueron suficientes. No solo por volverla su niñera temporal, sino por aceptar a Dazai con los vendajes que cubrían la mitad de su rostro, brazos y parte de sus piernas.

Ahora tenía frente a él un vestido negro con acentos borgoña oscuro, silueta tipo campana, sostenido probablemente por un petticoat típico de la moda victoriana.

La parte del dorso constaba de un escote de corazón decorado del borde con holanes negros y partes de este mismo color que simulaban un corsé con cintas cruzadas por debajo de la zona del pecho que terminaban en delgados moños.

Las mangas eran cortas, pero abombadas, confeccionadas con encaje negro. La falda constituía varias capas con volantes de encaje y lazos del mismo color borgoña.

La combinación de texturas creaba un contraste entre la delicadeza y el detalle.

—Esa es la ropa que usan las niñas —hizo un berrinche cruzándose de brazos y dejando de darle la cara—. No usaré eso.

Su postura era firme, pero debía admitir que esas prendas eran de lo más hermoso que había visto; nunca presenció nada de ese estilo y amenazaba con robarle su atención.

—Se burlarán de mí —murmuró antes de ocultarse tras la cortina del probador.

Sus compañeros se burlaban de él constantemente por los rasgos afeminados con los que había nacido: Mejillas abultadas, ojos grandes acompañados de largas pestañas, facciones delicadas y su bien cuidado cabello castaño, con ondas que enmarcan su rostro y descansaban arriba de su nariz.

Si no fuera por su voz, podrían confundirlo con una niña. No había día en que no se lo recordaran; escuchaba cómo se reían, los murmullos y las burlas.

A pesar de parecer indefenso, tenía un límite que, en cuanto desbordaba, los golpes se volvían el mejor recurso. Metiéndose en peleas insignificantes y terminando con moretones que en su piel pálida no pasaban desapercibidos, por lo cual recurre a los vendajes para ocultarlos.

los vendajes eran una capa más. Le gustaba lo que veía en su espejo al despertar, su cabello rebelde y junto a ello cuando su padre apretaba las mejillas como un acto tierno cuando discutían por una galleta.

—Sólo estaré yo y el camarógrafo, Dazai. La tienda está repleta de estos vestidos que confecciono yo misma para personas grandes y pequeñas. No tengo por qué reírme, pequeño —sonrió mostrando la gentileza que ya reflejaba su voz.
A pesar de haber sido comprada por un par de billetes, no parecía tener malas intenciones.

—Necesito vender estos vestidos o no podré seguir haciéndolos más —confesó la chica mientras se sentaba sobre las piernas delante de él. —Tal vez con un par de fotografías podrían llegar más personas, pero necesito un modelo muy bonito para ellas y pareces ser el adecuado para ayudarme —suspiró al no tener respuesta—. Y si sale todo bien, podrás ganarte unos dulces.

Dazai asomó su rostro por el espacio entre la pared y la cortina.

—Está bien.

Salió del probador con el vestido que había admirado antes. No le quedaba perfecto, tenía pinzas jalando la tela por su espalda para que luciera a la medida, la chica lo había ayudado. Ignorando ese detalle, se sentía perfecto.

La chica llegó con un par de accesorios y lo que sería su calzado. Decoró sus piernas con medias negras que no podían apreciarse por completo, ya que el vestido llegaba por debajo de las rodillas, acompañado de zapatos negros de charol.

Guantes hasta la muñeca de encaje negro adornaban sus dedos y un lazo del mismo material sobre su cabello en el lado derecho, el mismo que el de su vendaje.

Gracias a las prendas y sus tonalidades, los moretones pasaban desapercibidos, quitando sus vendas, a excepción de la que rodeaba uno de sus ojos.

—¡Listo! Te ves adorable, Dazai —dijo después de alejarse lo suficiente—, mírate..

Dazai movió la cortina, dejándolo visible al espejo frente a él.

El silencio se apoderó del momento. Dazai tomó por los costados el vestido y lo levantó con sutileza, dio media vuelta aun con la mirada fija en su reflejo. Aquel brillo que tuvo la noche anterior había vuelto junto a su sonrisa.

“No tienes que encajar para existir con dignidad”.

A partir de ahí, la sesión de fotos fue de maravilla. Toma tras toma, vestido tras vestido, uno mejor que otro, manteniendo el mismo estilo en los tonos oscuros.

En la mayoría de las capturas, debía portar un semblante serio; la vestimenta lo requería y él obedecía, guardando la alegría que gritaba en sus ojos.

Unos días después se le entregó el catálogo donde se presentaban sus fotos al lado de los precios y otros detalles acerca de los vestidos.

Pasó días enteros ojeando las páginas, aún recordando la textura de la tela sobre su piel y los halagos que recibía cuando posaba superando la expectativa.

Sin duda, su foto favorita era la última. El voluminoso vestido descansaba en el suelo blanco del escenario, luciendo las capas de holanes y encaje negro. La única donde se le permitió esbozar una sonrisa, que reflejaba todo lo que había sentido en ese momento.

La revista fue un boom en ese entonces. Aquel negocio pequeño se convirtió en popular al poco tiempo y era difícil pasar por las calles sin ver las filas largas que se formaban y los escaparates siendo vaciados.

Después de ese catálogo, recibió múltiples solicitudes de otros pequeños negocios que querían trabajar con él. No fue un misterio que un niño con facciones femeninas y envuelto en vendas se volviera sobresaliente al poco tiempo.

Para su buena o mala suerte, siguió modelando vestidos hasta que la demanda bajó años después y tuvo que vestir un traje negro que no recuerda con tanto detalle, a diferencia de aquellos vestidos. Se había encasillado en las variantes del estilo lolita, entre otros, que incluían las tonalidades oscuras con aire a lo gótico, mostrando que la moda no se limita a los adultos.

Han pasado años de eso, construyendo su carrera desde que tiene memoria, por gusto y vocación propia, una decisión que tomaría mil veces sin pensarlo, aun si eso lo hace estar arrepintiéndose en este momento.

A pesar de la popularidad ser un factor importante como la que ha forjado, el tipo de la que está obteniendo gracias a Nakahara es casi imperdonable.

Su vida e intereses personales deben quedar fuera de esto y es algo que su agencia lo tenía recalcado muy bien en los términos y condiciones. Ya generaban muchas polémicas por sus destacados modelos. No necesitaban más de lo que no podían manejar internamente.

Levanta la mirada de la barra, acercando el periódico rugoso que dejó a un lado hace un rato, para pasar las hojas buscando el título más llamativo que anuncia la portada y lo encuentra, comenzando a leer más de la “asombrosa” descripción del relato.

“…anoche, dentro del evento donde sucedieron los hechos, participaron dos modelos de YOHKA. El ya conocido Dazai Osamu, partícipe en el debut de Nakahara Chuuya.”

El escrito es verídico hasta el momento.

“…se estipula el nuevo aire que busca dar la agencia, saliendo del estereotipo tradicional.”

—Lo tengo —murmura para sí mismo.

Su padre no se molesta en observar, sabe lo que significa: Su hijo ha encontrado una solución.

Dazai se levanta de inmediato de su asiento para correr a su habitación y ponerse algo decente. Con la fortuna de tener las vendas cubriendo su cuerpo desde el momento que salió de la ducha.

Después de unos minutos, porta una camisa que rebela un cuello blanco, sobre un ajustado chaleco negro con finas rayas verticales de un gris claro.

En el cuello lleva un colgante circular azul, un detalle que se mantiene en todos sus atuendos fuera de pasarela.

El pantalón es de tela ligera color beige con más líneas verticales que estilizan sus delgadas piernas, ceñido por un cinturón marrón oscuro discreto. Incluyendo un abrigo largo color marrón claro y zapatos oscuros. No podía permitirse más fotografías si quería llegar a su cometido con tiempo.

Toma su celular y se percata de las llamadas perdidas de Kunikida, su manager. Las esperaba desde que terminó el evento y desde ese instante puso en silencio su dispositivo.
No necesita contestar para saber qué se trata del mismo tema que circula por todos lados con los gritos molestos de Kunikida recalcando que lo había arruinado, bla, bla, bla… Prefiere ignorarlo, yendo a la agencia por su propia cuenta.

Llama a su chofer y no tarda en estar frente al edificio de la agencia.

Por la banqueta la gente pasa de un lado al otro, metidos en sus propios asuntos y encaminados en sus propias direcciones bajo el bullicio de la ciudad. Ignora a la multitud y pasa entre ellos, llegando a las altas puertas cristalinas de la agencia; el portero le abrió, reconociendo su rostro al instante, seguramente fingiendo no haber visto las noticias.

Se adentra al edificio donde se sitúan menos personas, al menos en la recepción del primer piso; consta de dos escritorios a ambos costados, uno destinado a contratos que podrían cumplirse dentro de las instalaciones gracias a que la empresa cuenta con varios cuartos de fondo blanco, lámparas e iluminación, perfectos para tomar un par de fotografías destinadas a catálogos y revistas, ahorrando el traslado de sus modelos, entre otras cosas.

En el otro lado se manejan contratos más grandes, pasarelas patrocinadas por marcas reconocidas y mucho más. Aparte de ambas recepciones, hay pequeños recibidores, un ambiente moderno, pero cálido, para esperar una respuesta que todos los afortunados desean.

Camina a paso rápido, restándole importancia a su alrededor, en dirección al ascensor, deteniéndose un momento a esperar la llegada de este mismo al presionar un botón.

De reojo ve a Atsushi; el chico más nuevo dentro de la industria del modelaje, que rápidamente subió en popularidad gracias a su corte de cabello arriesgado y rasgos ¿felinos? Bueno, eso dice la audiencia.

Para Dazai, Atsushi no es más que un peón, sin representar una amenaza para su carrera.

Se encarga de saludarlo con una sonrisa y un ademán de manos, a la par que el otro se inclina en una muestra de respeto, aceptando el lugar que le corresponde. Eso le agrada, junto a la bondad honesta y paz inquietante que le transmite.

Llega al ascensor y sube hasta el último piso; al salir, el corredor se extiende en uno recto y pulcro, un pasillo de oficinas delimitado por muros de cristal y marcos oscuros que dibujan líneas, dando un aire moderno acorde con el edificio. La luz blanca del techo cae de forma uniforme, siendo reflejada en el suelo liso, brillante, casi como un espejo.

A ambos lados, las oficinas se distinguen, unas con pantallas apagadas que daban la sensación de una actividad suspendida, otras vueltas un caos, dejando en evidencia una mala planeación de horarios y una verdadera falta de profesionalismo por los correspondientes.

El espacio es amplio, aséptico, diseñado para la eficiencia más que para la calidez, cosa que lo diferencia del lobby.

A mitad de su recorrido siente que lo toman bruscamente del hombro. —¡Dazai! —exclama Kunikida molesto—. Llevo toda la mañana tratando de comunicarme contigo.

—Lo sé, lo sé —habla quitado de la pena, tratando de calmarlo con un ademán de manos. —En mi defensa, estaba pensando en una manera de solucionar todo esto.

—¡Más te vale que ya tengas esto resuelto, Dazai! ¿Sabes cuánto esfuerzo he puesto para que esto no se convierta en un problema aún más grande?

Ya se había imaginado ese sermón; de verdad lo odia, agradece la preocupación, pero no es el momento adecuado para ello, nunca lo es.

—En 5 minutos tendré una reunión con el jefe; si necesitas hablar con él, puedo transmitir tu mensaje.

—¿Me estás invitando a una reunión con el jefe? ¡Eso es magnífico, Kunikida! Es justo lo que necesito.

El nombrado trata de protestar hasta que una alarma proveniente de su iPad suena.

—Es hora de la junta.

El castaño sonríe victorioso después de que el rubio quita la mano de su hombro.

—Tendrás que comportarte o la solución será tu despido, Dazai. Espero que estés consciente de eso. —No dice más, para recuperar la compostura y seriedad habitual, comenzando el transcurso a la oficina del jefe.

Dazai esboza una sonrisa de victoria; su manager siempre lo deja hacer lo que quiere diciendo las palabras correctas.
—No tienes de qué preocuparte, Kunikida. Puedes confiar en que la respuesta a todos nuestros problemas llegará por sí sola —su tono bromista no cambia y nota la irritabilidad del otro.

—“Nuestros problemas”, no le veo nada de mío a esto—. La conversación se cerró a la par que suben por el ascensor.

Dazai se distrae en uno de los tres espejos que los rodean, peinando con sus manos los cabellos desordenados que dejó escapar cuando salió, centrándose en la rebeldía de su fleco, jugando con las puntas onduladas, frunciendo levemente el ceño.

Los rasgos que lo caracterizaban cuando era pequeño se habían quedado atrás gracias a la pubertad, siendo lo único bueno que obtuvo de ella.

Manteniendo su esencia “misteriosa” en la profundidad de sus ojos, con su mandíbula marcada al igual que los demás rasgos. Sus facciones, altura y cuerpo en general se encuentran dentro de los estrictos estándares de belleza en Japón… Le agrada y los mantiene sin esfuerzo. Aun así, le causa conflicto; sabe que es un punto de comparación para muchas personas y que no es sano.

Su complexión esbelta se mantiene por su metabolismo y, más que eso, por los múltiples días donde se restringió la comida. Creando un estándar imposible, que se ve obligado a cumplir y que quienes lo idolatran a seguir.

Recuerda aquellos días donde no comía, sintiendo la piel de su abdomen contra sus costillas al estirar los brazos.

Inmerso en su pensar, continúa pasando las manos por su cabello.

Kunikida lo mira por un momento al notar la ausencia de ruido, rodando los ojos con gracia al ver sus acciones, esbozando una tenue sonrisa.

A pesar de que su lazo se mantiene en lo laboral, Kunikida se preocupa constantemente por él, tanto que podría considerarse agobiante; lo agradece en sus adentros, pero sabe que después de todo es parte del contrato.

El ascensor se detiene y abre las puertas, mostrando un extendido pasillo con vitrinas; en ellas se resguardan los logros de YOHKA y reconocimientos personales del mismo jefe.

Avanzan por el extenso pasillo hasta llegar a la puerta al final del recorrido.

Dazai se arremanga las mangas por debajo de los codos, tratando de verse “decente”, cosa que Kunikida le resta importancia y abre la puerta, encontrando al jefe con alguien haciéndole compañía.

Parece que habían mantenido una conversación antes de su llegada, notando el documento sobre el escritorio y una pluma a escasos milímetros de haber tocado el papel, dejando el rastro de una firma.

La oficina, a diferencia de todo lo anterior, es mucho más cálida y amplia, aunque no lo suficiente para soportar un segundo más el revoloteo en su estómago.

Debe detenerlo a como dé lugar.

—Nakahara, es un gusto conocerte por fin.
Dazai toma la iniciativa para llamar la atención de los presentes.

Sus mejillas ya no arden como la primera vez; solo siente su pulso acelerándose sin motivo alguno, uno de los tantos cables que se supone sabe controlar…

¿Qué se le impide?

¿Qué es más fuerte que su propio autocontrol?

—El gusto es mío, Chérie —responde Chuuya.

“Cariño” en francés, “cereza” como un juego de palabras en inglés. Chuuya se está burlando descaradamente del pigmento en sus mejillas de esa noche.

Más que un saludo cariñoso o coqueto, como se podría escuchar, se contradice con la chispa en los ojos azules que lo acechan desde el rabillo del ojo, reflejando burla por completo.

El pelirrojo posa una mano sobre sus labios, tratando de ocultar una sonrisa, delatado por los hoyuelos que se hunden en sus mejillas.

Dicha acción duró un momento, retornando la compostura y dejando la pluma a un lado.

Y Dazai parecía ser el único afectado por el remolino de emociones desconocidas en su estómago.

—¿A qué se debe tu presencia, Dazai? Estamos atendiendo un asunto importante —Fukuzawa interrumpe la escena y ve con duda al intruso.

—Me gustaría dialogar con los presentes.

Al haber solo dos sillas, él se queda de pie, apoyándose informalmente cruzado de brazos sobre el respaldo de la silla donde ha tomado asiento su manager, justo al lado de Nakahara.

Fukuzawa reconoce el atrevimiento del castaño, al punto que ha dejado de molestarlo desde hace un tiempo ante la costumbre de dicha interrupción. A pesar de ellas, cada una ha sido acertada al contexto, guiando a una buena decisión; claro que no sucedía siempre, solo cuando Dazai necesitaba con qué distraerse.

Su jefe nunca rechaza su presencia y, gracias a esto, se ha enterado de las primicias. Una de ellas siendo vital para su intrusión actual.

—Bien, retomaremos eso en un momento. —Aclaró su garganta antes de continuar—. Kunikida, te presento a Nakahara, nuestro nuevo modelo; su prueba de ingreso fue dada ayer por la mañana y tuvo su debut en el evento de ayer. —Da una pequeña pausa—. Me gustaría que fueras su manager, si quieres la oportunidad.

Kunikida acomoda sus lentes antes de tomar su iPad, revisando su disponibilidad. Sabe que Dazai es un problema andante, pero podría con un modelo más; Nakahara no se ve como un caos en comparación con él.

—Claro, será un honor. —Kunikida termina por aceptar el trato.

Dazai abre la boca con una gran sonrisa.

—Eso es fascinante, tengo en mente proyectos con Chuuya y esto lo vuelve muchísimo más sencillo.

—¿Disculpa? —pregunta el antes nombrado con indignación, mas no hizo mención ante el uso coloquial de su nombre. Limitándose a verlo con el ceño fruncido.

Notando la resignación en su tono, Dazai asume que Chuuya no quiere crear una escena en su nuevo empleo, mas no aparenta ser difícil de provocar.

—¡Sí! Mi reputación está cayendo en un agujero que con cada minuto se hace más hondo. —Resopla antes de continuar y ve directamente al pelirrojo—. Estoy seguro de que una sesión de fotos con el más reciente y popular miembro de la agencia podría ayudarme.

Fukuzawa no objetó, estando consciente de la situación de Dazai y no le veía problema a su resolución.

—Entiendo, el contraste del clásico japonés con Dazai y la rebeldía en nuestra cultura con la apariencia francesa de Chuuya.

—¡Bingo!

Lo que dio inicio a una mala crítica podría darle la vuelta por completo a su situación. Dos caras de la moneda con las que ya está familiarizado; si funcionaba correctamente, podrían obtener ventaja al respecto.

—Me parece bien. —Afirma Fukuzawa, apoyándolo como es de costumbre.

—¿Esto no desataría más problemas? —dice Kunikida después de escuchar en silencio.

—No necesariamente —suspira Chuuya mientras se frota el entrecejo; ya es muy tarde para escapar.

—Si Chuuya hace bien su trabajo, no tiene por qué haber problemas —complementa manteniendo una sonrisa de oreja a oreja.

«Esto será interesante».

El nombrado se muerde el labio para callar, dedicando una filosa y amenazante mirada al más alto; Dazai podría temblar de rabia si no se le hubiera enseñado a contenerlo.

Fukuzawa aclaró su garganta, interrumpiendo la tensión que estaba por crearse, y todo prosigue con normalidad; Kunikida escucha los términos y condiciones con Chuuya, firmando los papeles y más bla, bla, bla, del que Dazai ya sabe. Hasta que finalmente el mayor soltó el tan esperado “Pueden retirarse”.

Chuuya se levanta del asiento, con el cabello brillante y ligeramente ondulado moviéndose con él, mostrando un atuendo que grita su chispa, aquella que contagia desde lo más profundo de su ser, con una chaqueta de cuero negra, de corte amplio y estructurado, con botones frontales grandes y bolsillos de solapa.

Da una vibra clásica y algo rebelde, mostrando los bordes de una camisa roja de algodón o pana ligera, llevada abierta sobre una camiseta negra de cuello alto, bajando por los pantalones de mezclilla oscuros, ligeramente ajustados, pero no ceñidos, con un cinturón visible que acentúa la cintura.

Sin pasar desapercibida una gargantilla de cuero que apenas escondía su prominencia laríngea.

Dazai desvía la mirada, fingiendo que no se había detenido lo suficiente para notar cada parte que no pudo apreciar antes, todos aquellos accesorios y prendas con lujo de detalle.

Estando tan perdido dentro de sí, espera no haber sido notado o el color rojo inevitable volvería a sus mejillas.

Los tres salen de la oficina, quedándose un momento delante de la puerta mientras Chuuya y Kunikida siguen conversando sobre cómo se organizará el día de mañana.

—Dazai, la próxima sesión de fotografía está programada para mañana; será presentada en la portada de la revista “FUDGE”. Podría llegar a un acuerdo con ellos para incorporar a Nakahara en ella.
Se dirige a él después de un rato; ese es el asunto del que hablaba con Chuuya.

—Me parece bien, así podría…

—Necesitan llevarse bien para mañana. No pueden hacer notar una disputa o esto solo se volverá más grande, así que tengan cuidado —interrumpe, viendo a los ojos de Dazai para después dirigirse a los de Chuuya por encima de los lentes, para subirlos después de regañarlos.

—Me aseguraré de eso, Kunikida —habla Chuuya siendo observado por ambos.

—¿Realmente estás seguro de que puedes con esto? —pregunta Kunikida con una mueca digna de un retrato, refiriéndose al castaño.

—¡Qué tratas de decir, Kunikida! —exclama Dazai con falsa molestia y dramatismo, apretando los puños a sus costados.

Chuuya se mantiene ajeno, suspira con cansancio y pesadez, mientras le devuelve la mirada al otro.

—Sí, al menos hasta que lo ayude con su “pequeño” problema —podría decir que hablo entre dientes, sintiendo su ligera molestia por estar metido en esto.

Kunikida los mira a ambos, con algo dentro de sí diciendo “esto no terminará bien”, decidiendo hacer lo más prudente: Retirarse a seguir con su trabajo.

—De acuerdo, los dejaré solos y confiaré en que sabrán cómo llevarse bien… Al menos por parte de Nakahara —murmura—. Son lo suficientemente maduros para eso.

Kunikida salió de escena antes de presenciar más inconvenientes, dirigiéndose al ascensor; cada paso resuena con una claridad incómoda e inusual.

Un silencio innombrable se queda flotando inerte en el aire, ante el cual Dazai no puede evitar ponerse tenso por un momento, encarando al pelirrojo por primera vez desde aquel suceso.

Es acechado por los zafiros, penetrando la tensión, volviéndose parte de ella, buscando algo que no encontraría; una señal dentro del silencio, que delate lo que Dazai nunca permite ver.

No ha apreciado a Chuuya con este detenimiento, a esta cercanía.
Sin nadie que los moleste, se embriaga con el perfume de la tensión que Chuuya emana, observando las pestañas rojizas, el ritmo al que sube y baja con sutileza el pecho contrario oculto en todas esas capas de ropa y piel, sin nada fuera de lo que se suponía habitual.

¿Qué es habitual en Chuuya?

Chuuya estaba por abrir sus finos labios.

Dazai no puede permitirse ser encarado por ver más de lo que puede digerir.

—¿Sabes que la pasarela terminó ayer, verdad? —atacó, notando la molestia ajena en un ceño fruncido.

—¿Por qué lo dices? ¿Volverás a ponerte rojo? —contraatacó Chuuya, como si lo hubiera estado esperando.

«Qué grosero». Piensa el castaño, fingiendo estar indignado.

Ambos comienzan a caminar hacia el ascensor, dejando que el eco tras sus pisadas se vuelva indiferente.

—Chuuya~ —alarga la última vocal con pereza y queja—, deja ese tema de lado.

—¿Qué te pasa? No me llames por mi nombre, recién nos conocemos —. Aprieta los nudillos, dejándolos de color blanco, reprimiendo la tentación que tiene seguramente por golpearlo.

—¿Por qué? En Francia debe ser usual que te traten por tu nombre.

—No estamos en Francia —. Parte del bien encubierto acento francés de Chuuya se escapa con esas palabras provenientes del coraje reprimido en su garganta —. Aquí en Japón, usar el nombre de pila se percibe como algo demasiado personal.

—No es algo que deba explicarte, lo sabes.

— …

—Somos socios, compañeros de trabajo, llámalo como quieras. No hay nada más que cruce la línea entre nosotros.

La sonrisa de Dazai vaciló por un momento, optando por concentrarse en la tensión de Chuuya que pasaba desapercibida en los hombros, pero evidente en las facciones de su rostro.

—Tenemos mucho tiempo para trazar el verdadero límite en esa línea, Chuuya.

—Lo dudo si el tiempo pasa como la popularidad del tomate en tu cara —. Evita el tema, cambiando el rumbo de la conversación con poca paciencia.

—Y podría sobrepasar tu altura si no olvidas eso. Por cierto, te recordaba más alto.

—Tú… —murmura, antes de poder protestar, el teléfono de Dazai comienza a sonar.

«Oh, qué lástima…». Para su ingrata sorpresa, el nombre “Kunikida” aparece en la pantalla y Dazai cuelga sin siquiera pensarlo.

—¿Qué te sucede, imbécil? ¡Puede tratarse de algo importante!

El mismo tono volvió a la luz y Dazai, más que preocupado, aparenta ser un gato inundado de curiosidad, empujando un vaso.

¿Cuántos golpes se necesitan para que Chuuya se derrumbe por completo? Necesita saberlo.

—¿Qué importa? —miente; claro que le importa, aún no comprende por qué está creando una escena.

El sonido se mantiene persistente; a diferencia de antes, Chuuya le arrebata el celular de las manos y contesta.

—Dazai —nombra su manager, volviendo a su característica voz firme y práctica—. El vestuario para la revista de mañana llegará en unos minutos. Necesitan una prueba de vestuario para hacer ajustes; la editorial quiere que todo luzca impecable. Los esperan en el vestidor C1.

Chuuya deja escapar un suspiro lento, cargado de cansancio.

Dazai asume que todavía no se acostumbra a las instalaciones, a los pasillos impersonales de la agencia y mucho menos al ritmo implacable con el que todo avanza.

Sus ojos se deslizan hacia Dazai por reflejo, buscando una guía que no necesitaba ser nombrada en voz alta.

Él lo nota y, por primera vez desde que se quedaron solos, no sonrió. Se le devolvió el celular mano a mano mientras se adentraron en el elevador. Dazai presiona el botón que indica la planta “-1” y las puertas se cierran.

El pelirrojo mira un punto fijo, sin prestarle verdadera atención; inhalando silenciosamente por la nariz durante 4 segundos, aguantando la respiración por 7 y exhalando lo que parecían ser 8 segundos, manteniendo la secuencia.

No solo su oído está atento; la mirada cautelosa de los ojos avellana se dedica a espiar el reflejo de Chuuya por el reflejo del metal de la puerta, sin ser notado (o eso espera).

Continúa acechando al pelirrojo, observa cómo los hombros bajan la guardia, las manos que antes temblaban se contraen para volver a su estado original por momentos y, finalmente, el ceño que dejaba de estar fruncido, cambiando a un semblante serio y más profesional, sin ser monótono.

Nakahara Chuuya mostrando una pequeña parte de su esencia.

Desvió la mirada antes de que Chuuya saliera de su nube y lo notara viendo más de lo que debería.

El ascensor frena, y Dazai logra contar un total de 4 repeticiones en el patrón de respiración del contrario. Al parecer, trata de calmar la ansiedad; puede reconocer ese patrón aun con los ojos cerrados.

«Adorable». Pasa por sus adentros con sorna, volviendo a curvar las comisuras de sus labios.

Una palabra tan ridícula para alguien como Nakahara.

Aun así, no encuentra otra mejor.

A los segundos, las puertas del ascensor se abren. Saliendo al pasillo, la resonancia de sus pasos rebota sobre el piso pulido conforme avanzan. Dazai caminó apenas más rápido, manteniéndose lo suficientemente cerca para sentir su presencia como una presión constante entre los omóplatos.

No se refiere a Chuuya al pensar en esa palabra, sino al desesperado intento de ocultar lo imposible.

Y eso solo lo vuelve más interesante.

Notes:

Espero haber cumplido con la expectativa o al menos que haya sido de su agrado. Me esforcé para mejorar lo que había escrito antes y ahora espero que esta obra reciba más apoyo que la anterior, ya que con esta estoy completamente satisfecha.

¡Esperen por actualizaciones mensuales!

Realmente no me tardo demasiado, pero ese es el transcurso máximo al que me he propuesto debido a mi trabajo y ocupaciones.