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Donde se encuentra el hogar (¿Es acaso mio?)

Summary:

Bernard tenía doce años cuando dejó su hogar.
Tenia trece recien cumplidos cuando se dio cuenta de que habia encontrado un amigo/hermano en el lugar más inesperado del planeta.
Y tenia casi diesiete cuando volvio al lugar que alguna vez llamo suyo.

 

---
O Bernard es parte de la Liga de Asesinos, conoce a Damian y esto cambia un poco la historia. Bueno, quizad mucho.

Notes:

¿De donde surgio esto? No lo se, la verdad ni yo misma entiendo mis ideas aveces, pero me encanta Bernard al igual que Dami, asi que supongo que mi mente queria relacionarlos y hacian faltas historias de estos dos.
Espero les guste y le den una oportunidad.
Si vinieron por el Timbern este se va a desarrollar en el capitulo dos por cierto.
Disfruten!

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Bernard tenía doce años cuando dejó su hogar.

Bueno, quizás hogar era una palabra demasiado generosa para llamar la casa donde vivía junto a sus padres. 

Su profesora de primaria, la señorita Holly con cabello brillante y corto como las hadas, le había dicho que un hogar era un espacio emocional de pertenencia, amor y seguridad, tres palabras clave que Bernard no sabía si podía asociar a los sentimientos ligados a la estructura y a sus padres. 

Su madre era una mujer agradable en público, siempre con una sonrisa afable ante los demás y con palabras tiernas que dedicar a los hijos de los socios comerciales de su padre, mientras que en casa, cada una de sus frases estaban dedicadas a hacer que Bernard se sintiera como una pequeña hormiga irrelevante y decepcionante. No es que su madre lo maltratara ni lo insultara, pero cada uno de sus comentarios tenían un toque pasivo agresivo que hacían que a Bernard le naciera un dolor en el pecho y un nudo en la garganta. 

Su padre, por otra parte, era silencioso como un ratón, sin querer desmerecer a esas criaturas. El hombre se movía en su casa con seguridad en su andar pero con un aire de impertinencia que a Bernard le resultaba chocante, su silencio más que una concesión era una forma implícita de demostrar que Bernard no era digno de sus atenciones. Cada vez que su padre le hablaba era para darle órdenes que no podía comunicar con la mirada o para reprocharle por alguna transgresión e incluso esos momentos eran raros, ya que el hombre prefería dejar en manos de su esposa los castigos de Bernard. 

Bernard ni siquiera era merecedor de su enojo en días normales. 

Fuera como fuera, la casa de Bernard era más bien un edificio frío e impersonal donde convivia con sus progenitores que un hogar propiamente dicho. Cada habitación cuidadosamente pensada para ser agradable a la vista y mantener un fen shui impecable, los colores de las paredes y los cuadros en estas habían sido elegidos por un equipo especializado, ningún cuadro familiar adornaba las paredes, no había una sola foto de ellos en los pasillos y ni hablar de dibujos o trabajos escolares en el refrigerador. 

Dios no permitiera que los garabatos de Bernard arruinaran la imagen perfecta del lugar. 

Cuando aún vivía allí, Bernard a veces pensaba que ellos podrían mudarse del lugar hacia Bristol, tal como su padre quería, y la casa estaria habitable apenas dieran un paso afuera, después de todo, no había nada que se pudiera asociar a ellos, excepto quizas la habitacion de Bernard. 

No es que hubiera adornado sus paredes con posters de Heroes ni artículos de los avistamientos de Batman, como quería en el fondo de su ser. Las paredes eran de un blanco impoluto y la solitaria estantería de su cuarto estaba a rebosar de libros de texto genéricos y libros que había tenido que leer para su clase de Literatura, pero, debajo de la cama de Bernard se encontraba la verdadera esencia del cuarto.

Bernard había tomado la pizarra de la biblioteca de su escuela, la amable señora que la dirigía se la había cedido después de que la viera escondida en un rincón acumulando polvo mientras era olvidado de su verdadero propósito; ser una herramienta educativa en los grupos de estudio. Según la señora Molly, la amable bibliotecaria, la evolución de la tecnología había logrado dejar en el olvido ese tipo de herramientas, ahora todos los estudiantes usaban tablets o computadoras portátiles donde se compartían información a través de reuniones virtuales o archivos compartidos. 

La pizarra no era de corcho como le habría gustado, en cambio era una pizarra blanca usada con plumones y borradores, aun asi, Bernard se divertía escribiendo sus teorías conspirativas y comparando las anotaciones con lo que encontraba cada día en los periódicos uniendo los puntos con plumón rojo y subrayando lo importante con verde, era su pasatiempo preferido y, aunque a veces con el rose de sus mangas borraba sin querer lo que había escrito antes, no se desesperaba y volvió a anotar lo que habia dejado a medias. 

Era su propio y maravilloso secreto. 

Bernard estaba sentado frente al televisor de la sala de estar anotando mentamente la información del noticiero local sobre el último avistamiento de Batman , para luego conectarlo a otros puntos de su tablero de teorías, cuando sucedió. 

Ya era lo suficientemente tarde para que su padre se encontrara en casa, sentado a una distancia prudente de Bernard, con un informe sobre las ventas de la empresa o al menos eso pensaba Bernard, ya que su padre solo fruncía el ceño de esa manera cuando leía los informes que dejaban en evidencia el inevitable declive de la empresa, el cual había sido constante desde, bueno,  siempre. 

Bernard solo había visto a su padre sonreír con uno de esos reportes hace dos años, cuando sus ventas subieron por aproximadamente dos meses luego de que cerrara un trato con un inversionista extranjero. Había sido una época extraña para Bernard, su madre había sonreído más y su padre le había regalado un libro sobre el espacio y las nuevas especies descubiertas en los últimos años.

A Bernard el declive de la empresa le importaba poco,  en el último tiempo su padre se había enfocado más en el trabajo y pocas veces estaba en casa, lo cual no era muy diferente a cuando estaba en ella, ya que su presencia era casi imperceptible para Bernard. Lo unico que habia cambiado, para peor, era la actitud de su madre, quien se mostraba inusualmente irritada cuando no podía asistir a las reuniones de la socialité de Gotham o ,mejor dicho, de aquellas personas que querían aparentar ser parte de ella asistiendo a cafeterías y restaurantes de elite, ya que el dinero que le suministraba su padre era escaso.

Su padre se llevo los dedos a la sien como si estuviera sufriendo de un dolor  de cabeza particularmente fuerte cuando, como por arte de magia, aparecio un hombro vestido completamente de negro sosteniendo una daga en su cuello, haciendo que su padre quedara parallizado de la impresion, pero como siempre, no emitio ni una sola palabra y solo abrio los ojos con sorpresa. 

Bernard, por otra parte, saltó de su asiento y estaba a punto de gritar cuando una mano, que olía a cuero y hierro, le tapó la boca con un agarre tan fuerte que estaba seguro de que los dedos de la persona quedarían grabados en su rostro con un bonito color morado.

A pesar de que no estaba siendo amenazado con un arma blanca como su padre, Bernard era lo suficientemente inteligente como para saber que no había nada que su enclenque cuerpo infantil pudiera lograr, así que simplemente se quedó quieto, semisentado en una posición incómoda esperando que su atacante no decidiera que era una molestia que necesitaba eliminación. 

Bernard miró a su padre pero el hombre ni siquiera le dio un segunda mirada, sus ojos fijos en un lugar al costado de Bernard, donde no podía ver sin tener que girar la cabeza, lo cual no haría por temor a las consecuencias, aun así, la intriga le picaba al fondo de su mente, mientras mil teorías conspirativas se formaban en su imaginación acallando la pequeña voz que rogaba por que Batman o preferiblemente Robin irrumpieran en la casa para salvarlos.

Bernard nunca dijo tener un instinto de supervivencia demasiado desarrollado.

-Usualmente no recurro a hacer este tipo de visitas por mi cuenta - habló una voz desconocida, con un toque de acento extranjero que Bernard no pudo identificar - Pero teniendo en cuenta que estaba de visita para ver al Detective, decidí que podría terminar este asunto de pasada.

El hombre que sostenía a Bernard lo dejo sentarse nuevamente, lo cual sus piernas entumecidas por la precaria posición agradecieron, aun así, seguía sin dejar libre su boca, lo que le estaba produciendo un extraño tirón en la mandíbula.

Ya sentado, Bernard fue capaz de ver correctamente al hombre que había hablado anteriormente, parecia de unos cuarenta a cincuenta años, de cabello negro perfectamente peinado con algunas canas naciendo de sus cienes, tenia un atuendo que a Bernard le parecio oriental aunque no podia identificar con seguridad de donde venia, sus dedos estaban adornados con joyas de oro y sus ojos eran de un verde tóxico que Bernard solo había visto en esas asquerosas bebidas energéticas que le gustaban tomar a uno de sus amigos y que definitivamente no eran seguras para su edad. 

Los ojos del hombre estaban clavados en su padre, su porte regio y casi aristocrático le daban un aura de peligro inminente, eso junto a el hecho de que había entrado a su casa sin hacer el más mínimo ruido acompañado de lo que a todas luces eran ninjas -o asesinos,Bernard rezaba para que no lo fueran - hizo que Bernard se sintiera en el preludio de una mala película de acción, de esas con bajo presupuesto para los extras ya que estaba seguro de que tanto él como su padre no estaban dando un buen espectáculo. 

-Mi Señor - habló su padre con miedo y respeto en su voz, tragando saliva lentamente con tal de no mover demasiado su cuello y acabar accidentalmente degollada.

No

No

No

Bernard había visto suficientes películas de acción, de terror e incluso leído todos los libros de detectives que habían en la biblioteca de su escuela, como para notar cuando un personaje había hecho un trato que no había podido cumplir con algún malhechor o villano, quien después venía a buscar venganza contra él matando a su esposa o hijos. 

Y su padre lucía igual que esos personajes.

Mierda.Mierda.Mierda.

Si Bernard no ubier estado sentado ya, sus piernas habrían cedido ante su miedo, pero como lo estaba, éstas simplemente se movían nerviosamente sin que él pudiera evitarlo, gracias a los dioses, a su captor parecía no importarle su muestra de cobardía y no lo degolló o le retorció el cuello en esos momentos. 

-Seamos claros Dowd- siguió el hombre ignorando la súplica implícita en la voz de su padre - Hicimos un trato hace dos años, yo te ayudaría con tus negocios, un aporte inicial y luego tu me entregarias información sobre Batman o un treinta por ciento de tus ganancias anuales.

-Yo…mis ganancias..

-No Dowd, si tomara el porcentaje de ganancias prometido no llegaría ni siquiera a el monto inicial de mi inversión, eres tan mal empresario que incluso tomar toda tu empresa solo sería un desperdicio para mi.

-Señor, tengo un plan para el próximo trimestre, si me da un poco más de tiempo- dijo su padre ignorando el insulto descarado del otro a sus capacidades, solo para recibir una sonrisa cruel por parte del hombre.

-No seas ingenuo Dowd, te lo dije claramente antes de firmar el acuerdo, ahora solo te queda entregar información sobre el murciélago  así que ¿Qué sabes?- habló el hombre poniendo las manos bajo su barbilla.

-Yo… el murciélago…

Bernard vio a su padre balbucear con la desesperación creciendo en su interior, nunca había sido un hombre que valorará los ‘chismes’ de la sociedad diciendo que solo eran cosas de mujeres o idiotas son pasatiempos respetables, por lo que , poco y nada sabía sobre el héroe que habitaba en las sombras de Gotham, a ese punto Bernard sabia mucho mas que el, pero aun asi , sus teorias de conspiracion no parecían algo adecuado que compartir con el probable jefe del crimen/mafioso/vilano que estaba en su casa.

Bernard trago saliva y rezo por un milagro, Batman entrando por la ventana mientras Robin hacía una pirueta desde las escaleras por ejemplo, pero, como siempre, para Bernard, la realidad fue decepcionante y en vez de el Dúo Dinámico, fue su madre quien rompió el silencio en la sala.

-Cariño has visto mi bolso de piel de serpiente? Lo necesito para la reunión con Dakota en …

Su madre ingresó en la sala desde su oficina, arreglándose los pendientes mientras inclinaba ligeramente la cabeza para que el trabajo le fuera más fácil, cuando por fin logró que el pendiente encajara en su lóbulo levantó la cabeza encontrándose con la escena que se desarrollaba, la bufanda que traía en la mano cayó al suelo lentamente de forma casi cómica, sin emitir el más mínimo sonido.

Sus ojos azules, aquellos que Bernard habia heredado, se abrieron como platos y antes, de que el grito que se formaba en su garganta lograra salir, se encontro presionada contra el piso por un hombre corpulento vestido de negro, ahogando su grito contra la alfombra persa de imitacion que cuidaba con esmero y que ahora seguramente abria quedado con una mancha de labial.

El hombre de los ojos tóxicos le dedicó una mirada de reojo, llena de hastío y molestia, antes de volver a centrar su atención en su padre.

-Veo, por tus tan elocuentes palabras, que la probabilidad de que tengas algún tipo de información sobre el murciélago es mínima … que decepciona - exclamó con un suspiro fingido - en ese caso tendremos que proceder con otro tipo de pago, algo menos ortodoxo, por así decirlo.

La sonrisa del hombre causó en Bernard mas temor que aquella vez que había visto al Joker desde la ventana del edificio Municipal, había algo depredador y cruel en las facciones que la acompañaban que hizo a Bernard pensar que cualquier castigo que estuviera pensando ese hombre sería mucho peor que la muerte. 

-Veamos, son dos meses de retraso así que serían ¿dos dedos? - se llevó una mano al mentón fingiendo pensar- No, eso es demasiado suave para ti ¿Dos miembros podría ser?, del mismo lado por supuesto, asi te quedara una mano para que puedas trabajar y pagarme lo que me debes

-Que? - No pudo evitar exclamar su padre, su cuello se movió solo un poco pero fue lo suficiente para que la afilada daga que lo sostenía dejará una fina línea roja en su piel mientras que una gota de sangre escurría hasta su camisa anteriormente inmaculada. 

-Debes entender que yo venía con la mejor de las disposiciones - habló el hombre sin poner atención a su padre- así que no traje el equipo adecuado para algo como eso, por lo que tendrá que ser sin anestesia, pero no te preocupes nuestras espadas están lo suficiente afiladas para que solo se requieren unos cuatro golpes para retirarlas.

Bernard sabía que el hombre mentía, no dudaba que las espadas estuvieran afiladas, el corte en el cuello de su padre era una muestra evidente de eso, pero estaba seguro de esos cuatro cortes serian solo para alargar el sufrimiento de su padre, en vez de terminar todo de una vez con un corte limpio.

Bernard sintió la bilis subirle por la garganta mientras cerraba los ojos con fuerza, lo que estuviera por venir no era algo que él quisiera ver. 

-¡No! - exclamó la voz de su madre - No puede hacer eso, no puedo estar casada con un hombre manco.

Bernard abrió los ojos solo para mirar a su madre con incredulidad, sabía que la mujer ponía el estatus y las apariencias por encima de todo lo demás- de su hijo, de su salud-  pero nunca pensó que ella pudiera actuar de esa manera. Bernard no podía mirar a su padre por la pena y el horror que sentía calandole por los huesos.

-¿Oh?- habló el hombre girándose a mirar a su madre con interés, no se veía horrorizado ni asqueado por lo dicho por esta, lo que le hizo preguntarse qué otras muestras de la oscuridad humana había visto antes- ¿Te ofreces en su lugar entonces?

La pregunta hizo que su madre abriera los ojos con horror mientras negaba con la cabeza y las lágrimas comenzaban a caer por sus mejillas, dejando una mancha oscura donde la máscara de pestañas se esparcía, el hombre sobre ella la empujo nuevamente contra el piso pero dejó espacio para que su cabeza se pudiera mover con un mínimo de libertad. 

-Ni tú, ni tu esposo . Hablo el hombre mirando alternativamente - entonces ¿quién será? ...quizás ¿el chico?

Bernard se encontró siendo el blanco de la mirada del hombre, mientras que su mente procesaba sus palabras y sentía que todo a su alrededor se tambaleaba, un sollozo nació en su garganta pero la mano en su boca le impidió salir, sus ojos picaban con lágrimas no derramadas y estaba seguro de que su piel alcanzó un tono tan pálido que podrían compararlo con un fantasma en un juego de buscar diferencias.

No podía decir nada, ni aunque lo quisiera, así que solo se quedo mirando al hombre como un ciervo frente a los faros de un coche, en el fondo de su mente esperaba que, por algún milagro, el hombre frente a él sintiera compasión por ellos , por él, y dijera repentinamente que todo era una broma ,que esperaba su pago para la proxima semana y que dejará una nota con la dirección donde mandar el monto, o que quizás saliera una cámara detrás de su sofá acompañada de Vicky Vale para decir que era todo una cámara oculta  

Nada de eso pasó y Bernard solo se liberó de la mirada tóxica cuando su padre volvió a hablar.

-S..Si - masculló el hombre su padre sin mirarlo.

¿Qué?

Bernard sintió que iba a vomitar, sus ojos se dirigieron desesperadamente a su madre quien veía a su esposo con una mirada compleja pero con una resolución en sus ojos que le hizo querer sollozar de rabia.

Bernard quiso pensar que solo estaba sobreanalizando las cosas, pero en ese momento su madre, aquella que lo había dado a luz y criado por doce años, asintió repetidamente, como si temiera que su aceptación no fuera notada.

Bernard sintio un dolor en el pecho tan grande que le costaba respirar.

-Buen -habló el hombre nuevamente mirándolos con una ceja alzada - Ya que ambos están de acuerdo en eso, será el niño.

El hombre se levantó de su asiento y se acercó a Bernard, pronto su boca fue dejada en libertad pero no halló en sí mismo las fuerzas para decir algo, aun aturdido por la crueldad de sus progenitores. Su mentón fue alzado por el mayor, quien lo miró fijamente analizando cada parte de su rostro, con cálculos en su mirada. 

-Viendolo bien, eres bastante guapo.

Bernard se estremeció y la opresión en su pecho aumentó, quiso gritar, apartar la mano de su rostro y huir, pero todas sus extremidades parecían aturdidas , no podía mover ni un músculo paralizado por el miedo.

-Cabello rubio y ojos azules, lo bastante joven como para poder entrenarlo ya sea en combate o bueno..en algo más - el mayor sonrió cruelmente antes de dejar caer su mentón. 

Bernard se sentía encerrado en su propio cuerpo, sus extremidades no le respondian, su voz no salía y casi podía sentir como su mente se bloqueaba mientras intentaba no pensar en la implicación de las últimas palabras del hombre, era un niño, pero aun así era un Gothamite. Había visto cosas horribles y espantosas que un niño de su edad no vería en ninguna otra ciudad. 

O bueno lo era.

Bernard no puso atención a nada mas, no podia, pero si sintió como era alzado desde su lugar quedando en los hombros de la persona que antes le había cerrado la boca, cayendo como un saco de papas glorificado, en un último esfuerzo de controlar su cuerpo levantó su mirada para ver a sus padres solo para observarlos abrazarse con cariño sin siquiera darle una segunda mirada mientras sonreía por estar a salvo. 

Bernard se dejó llevar por la oscuridad. 

 

 

 

 

Nanda Parbat era un lugar realmente asombroso y alimento muchas teorías en la mente de Bernard, claro, cuando este salió de su limbo y pudo pensar en algo más que en los rostros aliviados de sus padres progenitores cuando se lo llevaron.

Bernard se preguntaba qué le dirían a los demás, quizás inventaran alguna historia sobre cómo había huido en la oscuridad de la noche, pero era poco probable ya que eso significaba que había algo que lo había hecho huir por lo tanto podrían desprestigiarlos o crear rumores desagradables.

No creia que sus progenitores se arriesgaran a eso. 

Decir que estaba muerto no era una opción, los policías de Gotham eran corruptos, pero había que tener dinero y conexiones para poder comprarlos, lo cual con el estado actual de la empresa de su padre era poco probable.

La opción que le pareció más posible era que dijeran que se había ido a vivir con su tía o algún pariente inventado debido a un problema de salud o algo parecido. No tenían familia cercana en Gotham que pudiera contradecirlos y no quedarían como malos padres frente a la sociedad o tendrían que gastar un dineral en encubrir su desaparición.

Fuera como fuera, Bernard no volvería a Gotham con sus padres.

Jamás

Las personas que lo habían secuestrado o comprado en cierto modo, eran parte de la Liga de Asesinos, una organización que se basaba en el principio de que la humanidad estaba destrozando el planeta y que para preservarlo los humanos debían ser eliminados o unirse a su causa, era una idea noble en el fondo, pero con el pasar del tiempo se había visto distorsionada de manera descomunal.

La verdad, Bernard no entendía como esperaban transmitir un mensaje de ese tipo mientras se hacían llamar Liga de Asesinos, quizas habria sido mejor si adoptaran un nombre como GreenPeace o algo similar, algo que dijera queremos proteger y crear un futuro mejor en vez de somos sicarios organizados, pero Bernard era solo un esclavo de la más baja categoría y no tenía derecho a opinar. 

Al menos que quisiera perder su lengua, la cual apreciaba, muchas gracias. 

Los primeros días los había pasado en un estado semicatatonico, lo habían entregado al cuidado de una mujer alta de rasgos duros, piel curtida y una mueca de desagrado constante, quien lo miró como si fuera un chicle masticado en la acera.  

Hafsa, como se había presentado la mujer, era la encargada de entrenar a los nuevos reclutas, pero no se mostraba demasiado optimista sobre Bernard debido a su falta de resistencia física, sus claros signos de pasar más tiempo entre libros que en el gimnasio y el hecho de que tenía doce años, lo que lo hacía menos que idóneo, en su opinión, para iniciar el entrenamiento. 

Demasiado grande, había mascullando levantándole los brazos, demasiado fofo, había agregado para coronar la humillación. 

Bernard había estado de acuerdo con ella, claro, podía defenderse contra un atacante o un ladrón, todos en Gotham habían aprendido a hacerlo, pero la mayoría de sus tácticas eran cobardes y aludian más a implementos -gas pimienta, una pequeña navaja que siempre llevaba a todas partes- que a la habilidad, además de ser medidas evasivas para lograr escapar, no para reducir a alguien.

No para matar.

Los primeros días, aun fuera de su mente y actuando más por instinto que por decisión propia, siguió los ejercicios lo mejor que pudo, corriendo hasta que sus pies sangraron, golpeando muñecos de entrenamiento hasta que sus nudillos quedaron a carne viva y practicando con dagas tan afiladas que sus manos se llenaron de pequeños cortes que ardían cada vez que flexionaba los dedos. 

Solo cuando, en un entrenamiento de combate improvisado, uno de los reclutas más jóvenes lo apuñaló en el estómago, salió del estupor ante el intenso dolor que lo recorrio.

Cayó al piso arrodillado mientras se llevaba una mano al estómago, con las lágrimas corriendo por sus mejillas, más por el dolor de la traición de su padres que por la agonía física, mientras que su mente comenzaba a analizar de verdad lo que había estado viviendo. 

Inevitablemente se desmayó. 

Cuando despertó se encontró en una sala que parecía ser una enfermeria, una mujer pequeña y atenta, lo miró con ojo crítico antes de tomar un pequeño dispositivo y escribir algo en él.

A los pocos segundos llegó Hafsa y le dio un puñetazo con la mano izquierda, ya que no poseía la derecha, que lo hizo girar la cabeza por el impacto. 

-Eres un inutil, rubio - exclamó en un inglés perfecto pero con un acento mucho más marcado que el hombre que se lo llevó - Doce años y un niño de seis te da una paliza, eres una escoria.

Bernard se quedó en blanco, algo en el fondo de si quería replicar, contestarle que tenía doce años pero que no había sido criado para ser un asesino, que el máximo esfuerzo físico que hizo en su vida fue jugar Voleyball con sus compañeros en clase de gimnasia, pero su mejilla palpitaba y el dolor en el estómago era tan sordo que se le quitaron todas las gana de hablar. 

-Por los dioses - murmuró lo mujer antes de acercarse a él y tomarlo del cabello, tirando de su cuero cabelludo - Eres un recluta del más bajo estatus, un esclavo, todo lo que eres pertenece a la Liga, así que te vas a poner de pie, saldras de esta habitación y iras a los campos de entrenamiento en cinco minutos, no más, ¿entendiste? 

-Si - murmuro Bernard con la boca reseca y con un regusto a hierro. 

Le tiraron del pelo más fuerte al punto que sentía que su cuero cabelludo estaba a punto de abandonarlo.

-Más. Fuerte - espetó la mujer.

-Si, Señora. - hablo en voz alta, de manera mecánica, como lo hacia ante su padre las escasas veces que lo regañaba. 

-Es entrenadora, alimaña - le respondió antes de soltarle el pelo - mas te vale cumplir.

Y con eso la mujer corpulenta salió de la enfermería, dejando a Bernard con la mejilla magullada, un poco menos de cabello y la seguridad de que su vida iba a ser un infierno de ahora en adelante. 

 

 

 

 

Bernard se entregó al entrenamiento con todo lo que tenía, se levantaba a horas insólitas, junto a los demás reclutas - ¿esclavos? - que ya estaban condicionados para despertar antes del alba para comenzar a entrenar. 

Dormía en una habitación espaciosa pero llena de futones tan cerca uno de los otros que la mitad del tiempo terminaba pisando a alguien o siendo pisado si es que no salía de las tapas al tiempo correcto. La mayoría de los chicos eran menores que él, ninguno parecía pasar los ocho o nueve años, aunque no es como si pudiera saberlo con certeza, ya que todos parecían empeñados en ignorarlo.

O quizás, simplemente no lo encontraban digno de entablar una conversación, no después de que demostrara ser claramente inferior en combate que cada uno de ellos. 

Un niño pequeño de cabello negro razo y mirada oscura, aquel que lo apuñalo en el estomago, le habia dedicado una mirada de hastio antes de decir una palabra que Bernard no llego a comprender en un idioma que desconocia, esa fue la unica interacción que tuvo con los demas los primeros meses.

Entrenaba tan duro como su cuerpo le permitia, lo cual era dificil en un inicio, su estomago sangraba todos los dias luego del ejercicio arduo, tiñiendo sus camisetas de un color mas oscuro de lo habitual, aunque no resaltaba mucho en el atuendo negro que se veia obligado a usar, solo el olor a hierro que sentía en la punta de la nariz le hacia darse cuenta de que su cuerpo habia llegado a su maxima capacidad por ese dia.

Poco a poco la herida fue sanando y Bernard, inevitablemente, mejoró en sus tácticas asesinas. A veces le parecía surrealista que hace unos meses estuviera soñando con tener su propia pizarra de corcho y un carrete de hilo para poder unir sus teorías y ahora pensaba en que daga podría obtener si es que lograba una promoción. 

No lo malentiendan, se sentía tan entusiasmado por matar a alguien como por volver a ver a sus padres, pero en ese lugar una daga podía significar la diferencia entre la vida y la muerte dentro de los muros de piedra plagados de niños que lo consideraban una competencia menor pero fácil de eliminar para reducir las filas. 

Nadie decía en voz alta que eso era lo que Ra’s Al Ghul, como supo que se llamaba el jefe de la Liga y el hombre que lo había llevado, quería que se masacraran entre ellos, pero era bien sabido que los inútiles eran considerados escoria y que la supervivencia del más fuerte pocas veces se castigaba.

Era un lugar horrible y Bernard se mantenía en pie solo por la necesidad instintiva de sobrevivir. 

A veces en las noches más duras, cuando era reducido por niños de la mitad de su tamaño o recibía una paliza de la entrenadora, Bernard se permitía refugiarse en su imaginación, trazando con los dedos hilos de conexión en un tablero invisible mientras dejaba que las teorías conspirativas irracionales inundaran su mente.  

En la oscuridad de la noche casi podía ver la pizarra de corcho con agujeros diminutos donde habían estado clavados alfileres y pequeñas imágenes sobre avistamientos de héroes o actividad criminal sospechosa, moviendo sus dedos en el aire mientras conectaba con un hilo invisible entre aquellas ideas que podían ser afines. 

Era su consuelo, su escape de la realidad donde se hacía cada vez más evidente que no tenía talento como asesino. 

Bernard nunca pensó que se sentiria abatido por la idea de no tener talento para quitar vidas, pero la alternativa que había insinuado la Cabeza del Demonio cuando lo conoció, aquello que podía hacer en caso de no ser un buen recluta, le hacían anhelar poder dar estocadas o puñetazos como sus compañeros de habitación. 

Las palabras del mayor, sus ojos verdes tóxicos mirándolo como un trozo de carne en el escaparate de una tienda, le hacían sentir náuseas, así que, cada vez que iba a flaquear, se daba ánimos pensando en que su presente era mejor que la alternativa que procedería de su fracaso como asesino. 

Se le daban bien las dagas, pero las espadas eran un no rotundo y las armas de fuego que ocasionalmente veía en algunos reclutas eran aún peor. Su aprendizaje de artes marciales era mediocre y se vio reducido a polvo en menos de tres movimientos de la pequeña sombra que seguía a David Cain por las instalaciones. 

Lady Shiva lo había mirado poco impresionada antes de arrugar la nariz con disgusto y salir de la estancia donde se suponía tenía que entrenarlo en lo básico, sin siquiera considerarlo digno de su esfuerzo o un mínimo intento de aprendizaje. 

La única persona que tenía un poco de fé en él era Madame Sabine, una mujer de aspecto delicado, con una gran cicatriz que nacía en su ceja derecha y atravesaba su rostro hasta la comisura izquierda de su boca, aunque , a pesar de ella, no se podían ignorar sus rasgos aristocráticos y la forma en que sus ojos se suavizaban cuando Bernard lograba algún progreso en su manejo del veneno. 

Bernard no sabia su historia, así como no sabia la de nadie en ese lugar, pero la amable mujer parecía fuera de lugar en la Liga de Asesinos, aun así, sus manos elegantes y delicadas preparaban un conjunto de venenos que hacían que cada persona que entrara a su oficina temiera tocar aunque sea el borde de una mesa por miedo a caer muerto. 

La mujer parecía tenerle cariño a Bernard, quizás porque pasaba más tiempo en su laboratorio que el resto de los chicos, así que le enseñaba con paciencia y cuidado. 

Bernard, que sabía aprovechar sus ventajas, comenzó a dedicarse a ser su aprendiz aunque sin dejar de aprender lo que la entrenadora Hafsa le enseñaba todas las mañanas o las lecciones de el entrenador Caín dónde terminaba magullado y con al menos medio litro menos de sangre.

Siempre que Bernard ponía un pie en el laboratorio rezaba por encontrar inspiración y poder crear un veneno potente, lo suficientemente letal para que Ra’s Al Ghul no quisiera darle otro uso a su ser. 

Bernard estaba caminando rumbo al laboratorio cuando se encontró con un niño diminuto. 

Debía tener aproximadamente cuatro o cinco años, vestido con el atuendo estándar de la liga, con una espada casi de su tamaño aferrada a la espalda y con unos ojos azules impasibles que lo miraron con una superioridad propia de aquellos que siempre habían mirado hacia abajo a los demás. 

Bernard hizo una leve inclinación en forma de saludo sin sentir vergüenza de mostrarse tan formal ante un niño que por su edad debería estar en jardín de infantes y no entrenando para volverse una fuerza letal, con el tiempo que llevaba allí, la mayoría de los niños que había conocido eran más de atacar antes de preguntar, siendo sorprendentemente eficaces. 

El chico lo miró frunciendo el entrecejo.

-Tienes un cabello extraño - hablo el chico con una voz aguda propia de su edad pero soberbia en el fondo.

-Si, bueno, eso pasa cuando el rubio gana la lotería genética - masculló antes de morderse la lengua.

Hacía mucho tiempo que no se permitía hablar de esa manera con alguien pero el chico era adorable, de una manera que no pudo evitar querer bromear con él. 

-Tt. No me trates como a un mocoso, rubia, se que es por genética - dijo poniendo los ojos en blanco - tu corte es de lo que hablo. 

Bernard intentó reprimir la sonrisa que quería formarse en sus labios antes la forma en que el chico casi parecía una versión miniatura de aquellos ejecutivos estirados que había conocido en las galas a las que su padre lo arrastraba en un intento de ganar estatus entre los ricos y poderosos. 

Al procesar las palabras del chico, se llevó una mano hacia el cabello donde sintió los mechones de un largo disparejo en un lado e incluso la zona donde se los habían arrancado por completo. Bernard no pudo evitar hacer una mueca al recordar cómo los había perdido, más por el dolor que rememoro que por su aspecto actual, desde el momento en que llegó a la Liga mantener su imagen había pasado a un plano muy profundo en su lista de prioridades, después de todo, mientras menos atractivo pudiera ser menos posibilidades había de que las palabras insinuadas por la Cabeza del Demonio se cumplieran.

-Debo admitir que he tenido mejor aspecto - habló con despreocupación.

-Eres una aberración para la vista - le reprendió el menor cruzando los brazos sobre su pecho y alzando la barbilla para parecer más imponente. 

-Bueno, mi aspecto no me mantendrá vivo en este lugar - explicó encogiéndose de hombros.

El chico parecía tener algo que decir pero pronto una voz irrumpió por el pasillo, un llamado fuerte y con tono de pánico. 

-¡Joven señor! ¡Joven señor! 

El pequeño se puso rígido antes de mirar a Bernard con crítica para luego suspirar como si el solo hecho de estar en su presencia fuera un fastidio y dar la vuelta para dirigirse hacia el origen de la voz. Sus pasos eran tan silenciosos que, si Bernard no lo hubiera estado viendo, ni siquiera sabría que el chico estaba allí aunque, como iban las cosas para él, el chico bien podría ser un producto de su imaginación.

Bernard negó con la cabeza cuando lo vio desaparecer, intentando pensar lo menos posible en las implicaciones del título al que el más joven había respondido. 

 

 

 

 

 

Se volvió a encontrar con el Joven Amo dos semanas después, mientras cumplía su castigo en las afueras de los campos de entrenamiento. 

Hafsa le había ordenado arrodillarse toda la noche sobre la grava por haber sido vencido nuevamente por todos los demás reclutas, profundamente decepcionada de que Bernard no pareciera mejorar ni mostrar algún tipo de habilidad excepcional en el combate. 

La noches en Nanda Parbat eran frías, con corrientes de aire que no hacían más que agravar la sensación térmica que envolvía su cuerpo, lo único destacable era el cielo despejado que permite observar las estrellas sin ningún impedimento.

En Gotham las estrellas nunca eran visibles, ya fuera por la contaminación que cubría la ciudad como un manto tóxico de smog, toxinas y gases de todo tipo o por la gran cantidad de contaminación lumínica que emitían los centros de entretenimiento que plagaban el centro y mantenían a flote la mitad de la economía. 

Bernard miró el cielo mientras intentaba recordar todo lo que había leído en el libro que le había regalado su progenitor y que ahora debería estar cubierto de polvo o en las tiendas de caridad, donde su madre enviaba ropa constantemente para parecer benevolente. 

Mantenía sus manos sobre el regazo sin dejar que estas vagaran por el aire formando las constelaciones o uniendo puntos imaginarios en su tablero de corcho mental, lo había hecho una vez mientras cumplia el castigo y Hafsa lo había recompensado con veinte latigazos por su falta de seriedad ante sus lecciones. 

Su meditación se vio interrumpida por una voz infantil y soberbia que reconocería en cualquier parte pese a lo poco que la había escuchado.

-Veo que decidiste dejar de lado tu apariencia extravagante, Rubia.

Bernard miró a su lado donde, sobre uno de los muros que colindan hacia los cuartos de los reclutas, se encontraba sentado el Joven Amo. Seguía vistiendo sus habituales ropas de la Liga, pero sobre sus hombros se dejaba caer una capa del color del onix, sujeta con pequeños adornos dorados que brillaban levemente ante la luz de la luna mientras su ojos azules miraban críticamente a Bernard.

Al ver el adorable rostro no pudo evitar sonreír, a pesar del dolor que se extendía por sus rodillas, donde la grava se clavaba y hundia en su piel, oscureciendo la tela de su uniforme con una mezcla de sangre y tierra.

-Buenas noches, Joven Amo - hablo con una inclinación de cabeza dramática - como puede ver, no es correcto llamarme rubia, señorito.

Bernard le sonrió aún más cuando el menor arrugó la nariz ante su tono dramático, sus palabras sonando lo más formal que podía. Había una diferencia entre hablar con los directores de grandes empresas o miembros de la elite de Gotham - o sus hijos - que hablar con el que, a todas luces, era el pariente sanguíneo o sucesor de el líder de una Secta/Liga de asesinos.

-Debo admitir que ese corte no te favorece en nada, Dowd - respondió el menor.

Bernard se sintió un poco intimidado por el hecho de que el Joven Amo lo hubiera investigado, o por lo menos hubiera preguntado por su nombre, ya que eso podía significar que tenía su atención, la cual no sabia aun si era algo bueno o malo.

-No creo que haya muchas personas que se vean bien con el cabello rapado, Joven Amo.

El corte había sido una decisión apresurada, no tenía mucha experiencia en cortes de pelo y lo que podía hacer con una daga era de por si limitado, así que se decidió por lo más efectivo y fácil. 

Que lo hiciera menos atractivo era un bonus.

-Lex Luthor no opinaría lo mismo.

-¿Hemos visto a Luthor con cabello? Creo que sin comparación no se puede emitir una opinión válida - respondió haciendo una mueca pensando en ese millonario megalómano que había visto una vez y que prefería nunca más hacerlo. 

Se hizo el silencio durante unos segundos donde Bernard no pudo evitar preguntarse si el Joven Amo estaba pensando en sus palabras o simplemente lo encontraba demasiado molesto como para contestarle.

-Supongo que tienes un punto ahí, Dowd - exclamó con sus ojos azules fijos en él. 

-Me siento honrado de que mis palabras hayan podido ser valiosas para usted - dijo formulando la frase con el toque justo de respeto y burla oculta.

-Tt.

El Joven Amo se mantuvo en su posición, ahora mirando a las estrellas mientras la noche se volvía cada vez menos oscura, solo cuando los rayos del sol comenzaron a asomar por el horizonte se marchó con el mismo silencio con el que había llegado. 

Si se encontraran en otro lugar, en alguna ciudad civilizada o un país menos sectario, Bernard lo habria regañado por quedarse despierto hasta tan tarde, pero teniendo en cuenta las enseñanzas de Hafsa y Madame Sabine, quienes creían que armar a un niño con una daga o dándole una dosis de veneno mortal, era de lo más común, Bernard no sabía qué pensar. Además, si bien el Joven Amo se había mantenido de un humor estable en sus encuentros, nada le podía asegurar que sus palabras no acarrearían a que terminara sin la lengua o alguna extremidad. 

 

 

 

 

 

El Joven Amo era un niño extremadamente inteligente y no tenía reparo en demostrarlo a los demás, en especial cuando se encontraba con Bernard mientras este recibia lecciones de Madame Sabine, interrumpiendo los únicos momentos de paz que había alcanzado. 

-Sabes que no puedes agregar más veneno de cobra en esa mezcla, solo lograras aumentar el sabor amargo y no tiene ningún efecto potenciador - exclamó desde donde se encontraba sentado a dos asientos de distancia de Bernard, con un libro en el regazo. 

Bernard le dedicó una sonrisa tensa.

-Le aseguro Joven Amo, que lo tengo presente - dijo mirándolo pero sin dejar de agregar la sustancia a la mezcla.

El Joven Amo levantó una ceja pero no dijo nada sobre la pequeña muestra de insubordinación de Bernard. 

-Pense que eras más inteligente, Dowd- habló con calma mirando el libro en su regazo y pasando de página - que al menos eso se podía rescatar de ti después de ver tus deplorables dotes en combate.

Bernard sintió que le tiritaba el ojo, era plenamente consciente que su avance, que sí había tenido muchas gracias, no lo posicionaba entre los mejores guerreros de su edad, pero era bastante deprimente e irritante que un niño de cinco años o símil se lo recalcara.

-No todos podemos tener tanto talento como el Joven Amo en batalla, algunos lo distribuimos a la socialización - dijo comenzando a revolver la mezcla antes de agregar una porción de pétalos, los cuales llenaron el lugar con una agradable fragancia a rosas. 

Si bien era un comentario un poco pasivo-agresivo contra el menor, no dejaba de tener un tinte de razón.

Bernard era plenamente consciente de las habilidades del Joven Amo después de verlo luchar contra David Cain en la batalla de exhibición que se había desarrollado hace meses. 

No había ganado, claramente, pero que un niño de su edad le pusiera cara a uno de los mayores activos de la Liga, por lo que había escuchado en los pasillos, eran digno de admiración, aun así, eso no parecía ser suficiente para Ra’s Al Ghul, quien sólo había mirado a su nieto con decepción después del encuentro antes de desaparecer por el balcón de su oficina. 

Bernard no había visto al Joven Amo por casi un mes después de eso, pero cuando lo volvió a ver había estado más arisco y sus ojos habían alcanzado un tono verde tóxico iguales a lo de su abuelo, lo que le había provocado náuseas y tristeza.

No hablaron de ello cuando lo vio por primera vez, Bernard no era popular entre los aprendices, pero era lo suficientemente listo para escuchar lo que susurraban por los pasillo, una piscina burbujeante, el verde que lo sana todo, que salva hasta de la muerte pero que toma algo a cambio, algo que no se puede decir ni cuantificar. 

El Joven Amo no se mostró diferente - salvo sus ojos, tóxicos e inquietantes - y Bernard no hizo ningún comentario, ignorándolo como cada una de las cosas que eran demasiado peligrosas o dolorosas como para hablar de ellas.

Habían pasado casi cinco meses después de eso y el Joven Amo seguía apareciendo a su alrededor de manera aleatoria, entablando pequeñas charlas que más bien parecían excusas para insultarlo de manera sutil pero que Bernard había llegado a apreciar en la soledad que le imponía su estancia en la Liga. 

-Eres de Gotham ¿cierto? - hablo el menor sin mirarlo, dando vuelta a una página y con la vista fija en el libro como si este fuera lo más interesante del mundo. 

Aunque sus hombros estaban más tensos de lo normal.

-Si, si lo era.

La ultima palabra le supo amarga, no sabía si sentirse aun como parte de Gotham, en los meses que llevaba en el lugar la idea de volver con sus progenitores padres había pasado pocas veces por su mente, ya que el solo hecho de pensar en eso le traía el recuerdo de sus rostros aliviados y su poco remordimiento por haberlo entregado a  un psicopata líder de un culto.

Además, a parte de sus padres, no habia mucho para el en Gotham, no tenia amigos si no más bien compañeros en la escuela, ya que si bien hace unos años todos encontraban interesantes sus teorias, ahora lo miraban como si fuera un idiota por pensar asi y seguir manteniendo “ideas infantiles” cuando ya casi entraban a la adolescencia. La familia de su madre vivía en Italia y la de su padre era tan escasa que su prima más cercana vivía a cinco horas de viaje y la había visto solo una vez en su vida. 

Asi que no sabia si podia considerar que pertenecía a Gotham, aunque tampoco pertenecía a Nanda Parbat, no en su corazón, así que quizás no pertenecía a ningun lado.

-¿Cómo es? - preguntó el Joven Amo sacándolo de sus pensamientos. 

Bernard miro al menor, que aun no lo miraba y seguía con los ojos en el libro, pero con los dedos tan tensos sobre las páginas que se marcaron las formas de sus uñas.

-¿Gotham? - pregunto extrañado.

-No, Metropolis ¡Claro que Gotham, Dowd! ¿Acaso los vapores tóxicos te han dejado sordo? 

Bernard no sabia porque el menor se sentía intrigado por Gotham, no habia mucho rescatable de la ciudad, a menos que se considerada el hecho de que era la cuna de Batman, aquella que había visto nacer al héroe oscuro, aunque no creía que el menor le estuviera preguntando por eso. 

-Bueno, es gris 

-¿Gris? 

-Si, calles de pavimento abollado, con grandes edificios de concreto y un cielo lleno de smog, sustancias tóxicas y sea lo que sea que esté haciendo el villano de turno, llena de gente con aspecto famélico o demasiados ricos para su bien, el poco sol hace que todos sean pálidos o de un poco saludable tono grisáceo… así que , si, podría decirse que Gris la define. 

El Joven Amo frunció el ceño.

-No parece una gran ciudad.

-Para nada - sonrió Bernard con diversión - es una porqueria, la mitad del tiempo corres el riesgo de ser asaltado por maliantes de cuarta y la otra mitad de verte envuelto en el plan de algún renegado.

-Entonces ¿Porque las personas siguen viviendo allí? 

-Mmm supongo que los Gothamites son gente dura, gente tan arraigada a sus costumbres y a su estilo de vida que vivir allí no les parece tan malo, puede ser una ciudad de mierda honestamente, pero existe una compenetración y una solidaridad entre aquellos que viven tus mismas penurias que mantienen andando a las personas.

-Suena a gente suicida.

-Bueno, quizás lo sean - dijo sin poder evitar soltar una risa - Pero son gente resiliente y no se dejarán vencer por unos pocos locos. 

El Joven Amo parecía tener algo más que decir pero no exclamó nada más mientras acompañaba a Bernard en el laboratorio, simplemente se dedicó a estudiar de su pesado libro escrito en que sabe que idioma, sin emitir un solo sonido. 

Bernard terminó su veneno y le mostró con orgullo al Joven Amo como era eficaz al dejarlo caer sobre una triste planta de madreselva que había en el alféizar, la cual se marchitó al instante volviéndose un montón de cenizas en su macetero. 

Bernard le sonrió con orgullo al menor quien solo rodó los ojos y siguió estudiando. 

 

 

 

Bernard no supo que era su cumpleaños hasta que un dulce fue dejado en su cama.

Al principio lo miró con sospecha, no había tenido ningún intento de sabotaje desde su llegada, ya que los demás aprendices no lo consideraban una amenaza como tal, pero en un lugar como ese nunca se podía ser demasiado confiado. 

Había estado aprendiendo de sigilo en las últimas semanas y se le daba bien a decir verdad, quizás si podría ser un asesino después de todo, uno bastante mediocre pero uno al fin y al cabo.

No es que le entusiasmara mucho.

Su repentino talento, aunque fuera solo un poco mejor que el de los demás aprendices con los que practicaba, le había ganado unas cuantas miradas de reojo, lo que le hizo sospechar un poco. 

Se acercó a su futon, perfectamente doblado y ordenado, para mirar más de cerca el dulce. Se parecía a uno que había visto alguna vez con su madre en los cafeterías, una pequeña delicia formada por capas de hojaldre cubierta de almíbar y pequeños frutos secos entre sus capas, o algo así parecía, Bernard nunca había llegado a probarlo. 

Extendió sus dedos y tocó la superficie, solo para terminar con la yema de su dedo cubierta de almíbar pegajoso, miró su dedos con curiosidad ante de volver a analizar el pequeño dulce. 

Después de unos segundos de mirarlo como una pequeña bomba a punto de explotar reparo en el hecho que debajo de la cubierta de la masa había una pequeña nota doblada. 

 

Dowd

Ahora que tienes 13 años deberías mostrar más habilidad, no te quedes atrás como aquellos insensatos e infantiles compañeros tuyos. Podrás ver que los dulces que recibo son de primera calidad y no tienen nada que envidiarles a esos pasteles que tú nombras. 

-D

Bernard sintió como una risa nerviosa comenzó a brotar de su garganta mientras abrazaba el pequeño pedazo de papel levemente manchado con almíbar contra su pecho, las lágrimas silenciosas cayendo por sus mejillas.

 

 

 

 

 

Bernard habría querido agradecer a su Joven Amo por su detalle pero con el pasar de los días no pudo ver ni la sombra de él en los pasillos. 

Sagradamente miraba todos los rincones de los cuartos, más que para prevenir el peligro, para encontrar alguna pista de el menor, aprovechó su entrenamiento en sigilo y se infiltró en las cocinas, donde los chismes bullían casi tanto como el agua para el té, pero ninguna de la criadas comentó sobre su Joven Amo ni sobre su madre Lady Talia.

Lady Talia era un misterio para Bernard. Por los pasillos hablaban de ella como una especie de Diosa Guerrera invencible de una belleza incomparable, las palabras en torno a su existencia estaban rodeadas de un aire de adoración donde las de Ra’s vibraban de miedo.

Su Joven Amo hablaba de su madre como una mujer fuerte de alma valiente y decidida, alguien que lo había creado para ser el mejor, a quien le debía todo lo que era y a quien no quería decepcionar. Bernard no quería ahondar mucho en el tema de “creado” pero las palabras del menor hacia su figura materna estaban teñidas de respeto pero carecían de la ternura y la calidez típica de los infantes hacia su madre. 

Bernard se conformó con no encontrar miedo o dolor en las palabras de su Joven Amo. 

Cuando Bernard ya comenzaba a preocuparse y se debatía internamente si sería capaz de salir de las instalaciones de entrenamiento para indagar por el paradero del menor, el miedo a la perdida del unico otro ser vivo que apreciaba supero su miedo a laa replesarias. 

Asi que comenzo a planearlo con cuidado, tenía una daga con un buen filo con la cual podía defenderse y sus habilidades de sigilo habían escalado significativamente entre el entrenamiento y sus misiones de espionaje en búsqueda de su Joven Amo, por lo cual no deberia ser dificil llegar al menos al perimetro de la residencia de este. 

El dia que por fin decidio salir estaba guardando la daga en su manga cuando la puerta del cuarto se abrió con un estruendo, dejando a la vista a una figura imponente. 

La mujer era alta y tonificada, con proporciones que harían a cualquier reina de belleza salivar y retorcerse de envidia. Su piel era de un dorado saludable, con ojos de un verde tóxico familiar, con una larga cabellera castaña que se veía suave al tacto y una forma de caminar felina y seductora. 

Bernard trago saliva, no por deseo, la mujer era hermosa pero no se inclinaba precisamente en ese sentido, lo sabía desde hace años, pero su porte le hacía recordar demasiado a una leopardo o una pantera y el era el estupido conejo que se le quedo mirando como un idiota.  

La mujer lo miró con crítica y Bernard no necesito otra señal para saber que ella era la madre de su Joven Amo, no tenían las mismas cejas, pero las forma de sus ojos era idéntica, al igual que la forma en que lo juzgaban como a un ser inferior, con una mirada crítica que podría en vergüenza a los mejores jurados de concursos de talento. 

Talia Al Ghul

Bernard instintivamente se puso a la defensiva, su postura se volvió rígida pero lo suficientemente calculada para proteger sus puntos débiles, no es que fuera lo suficientemente iluso como para creer que podría defenderse de alguien como ella, pero se sentía aún  peor si se mostraba como un cervatillo débil e indefenso. 

La mujer no cambió sus facciones pero sus ojos brillaron con algo sutil que Bernard no alcanzó a captar. 

-Bernard Dowd - habló con gracia la mujer frente a él.

Había pasado meses desde la ultima vez que había escuchado su nombre. Hafsa lo llamaba por todo tipo de apodos que eran una variación de inutil o perdedor, los demás aprendices pocas veces necesitaban hablar con él y probablemente ni siquiera sabían como se llamaba, de la misma manera que él no conocía sus nombres, y su Joven Amo le decía “rubia” en sus primeros encuentros antes de comenzar a llamarlo por su apellido. 

Se sintió familiar pero a la vez extraño, como algo que ya no le pertenecía del todo.

Le dejó un sabor amargo en la boca.

-Mi señora - respondió con una reverencia formal, doblando su cuerpo en noventa grados. 

Al parecer su muestra de respeto no fue suficiente, ya que pronto se encontró siendo golpeado en las rodillas por un hombre enmascarado, lo que hizo que terminara arrodillado frente a Talia. Bernard apretó los labios y no se permitio soltar ningún sonido de dolor o sorpresa. 

-No pareces gran cosa - habló la mujer acercándose y rodeándolo para verlo mejor. 

Sus pasos dejaban una estela de aroma a incienso y jazmín, un olor que a veces podía notar en las ropas de su Joven Amo los días que este se mostraba más animado y vivaz. Bernard sintió un toque amargo de envidia que tragó rápidamente al darse cuenta de lo infantil de ese pensamiento. 

No comento nada sobre lo dicho por la mujer y simplemente dejo que lo observara a su antojo. Conocía su lugar y eso conllevaba a ser consciente de que una frase mal interpretada por parte de un superior podría terminar con su cabeza en una pica. 

-Levanta la cabeza, Dowd.

Bernard obedeció la orden de la mujer y se encontró con su intensa mirada. 

-Damian necesita de un nuevo sirviente personal - hablo moduladamente mirándolo atentamente, probablemente leyendo todo su lenguaje corporal ante sus palabras - Y por lo que me ha dicho tu entrenadora, tu futuro como agente en el campo es poco prometedor. 

Bernard se mordió la lengua, no porque quisiera replicar, era consciente que tenia poco talento para el asesinato y su fortaleza estaba quizas en el espionaje y el manejo de venenos, pero necesitaba ocultar la sonrisa que amenazaba por asomar por su rostro.

Ser un sirviente era un trabajo duro, era básicamente degradarlo de un activo semi-valioso a una pieza desechable del personal, los sirvientes podían ser reemplazados en cualquier momento y su utilidad no era mucha, no requeria de talento ni habilidad extraordinaria, solo de disciplina rigurosa. Aun así, la idea de dejar de entrenar para arrabetar vidas compensaba lo anterior, además, poder estar más cerca de su Joven Amo era definitivamente una ventaja, después de todo, aunque fuera un poco vergonzoso, su Joven Amo era lo más parecido a un amigo hermano que tenía allí. 

-Debes ser consciente de que ser el sirviente personal de mi hijo conllevaba una responsabilidad inmensa y un castigo consecuente en caso de fallar en tus labores, ya sea intencional o no. 

Las últimas palabras de Lady Talia conllevaban una implicación que preocupo a Bernard, no por su seguridad personal,  ya que estaba seguro que nunca le haría daño al menor, jamás, pero el hecho de que alguien que se suponía era cercano a su Joven Amo haya tratado de herirlo era preocupante y desolador. 

-Lo entiendo, señora - habló volviendo a bajar la cabeza en un pequeño gesto de respeto - cumpliré con mis deberes a cabalidad y con regocijo. 

Talia movió la comisura de la boca como si quisiera reír antes de asentir y darse la vuelta para salir de la habitación, no sin antes indicarle que siguiera al guardia de sombras, el que lo había pateado, hacia la residencia de su Joven Amo para que le dieran instrucciones sobre su deberes.

Bernard quería pensar que todo estaba mejorando. 

 

 

 

 

Nada estaba mejorando.

Bernard se puso nervioso pero no lo demostró demasiado mientras ponía un paño húmedo en la frente de su Joven Amo, quien tiritaba mientras apretaba los dientes soltando susurros indistinguibles en arabe. 

El menor había pasado los últimos dos días, después de la llegada de Bernard, en la misma condición. Por lo que había escuchado por los pasillos y en las cocinas cada vez que iba en búsqueda de té medicinal y gachas para intentar que su Joven Amo comiera, la razón de su estado actual era su viejo sirviente personal.

La mujer había estado bajo las órdenes de una de las concubinas favoritas de Ra’s Al Ghul, quien, bajo la ilusión de buscar poder para sí misma y el hijo que esperaba en su vientre, había decidido eliminar a la competencia por el puesto de Cabeza de Demonio envenenando al heredero actual.

Bernard se había sentido desconcertado una vez la rabia paso, no entendía como su vida había pasado de estar viendo la televisión en la tranquilidad de su sala a vivir en un drama del harem en tiempo real, era casi irrisorio.

Bernard decidió dejar la rabia de lado, el ardor que le consumía en la boca del estómago al pensar en las personas que habían envenenado a su Joven Amo, y enfocarse en su recuperación. 

El medico que venía cada seis horas a ver a  su Joven Amo decia que estaba mejorando, que solo quedaba que eliminara los últimos restos del veneno de su sangre y que pronto volvería a estar consciente, el hombre mayor, con una larga barba grisácea y ojos demasiado tiernos para ser parte de la Liga de Asesinos, le aseguro que la peor parte había pasado hace días. 

Mientras Bernard cambiaba el paño ya seco de la frente del menor, se estremeció ligeramente al pensar en que tan mal estaba hace unos días. 

-U…Umm…Ummi..- susurro entrecortadamente su Joven Amo y Bernard le acarició las mejillas con cuidado. 

-Esta bien, Joven Amo, el dolor se irá pronto, solo necesita descansar - le hablo en voz baja y con cariño, como cuando hablaba con los pequeños animales que encontraba en la plaza cercana a su antigua casa.

Los ojos de su Joven Amo se abrieron un poco, dejando entrever la mirada nublada de este, lo que produjo un nudo en la garganta de Bernard. 

-¿D..Dowd? 

-Soy yo, Joven Amo.- por precaucion hablo en voz baja para sobresaltarlo.

-Ka…Kahli - susurro mirando más allá, aún con la vista perdida. 

Bernard miró detrás de él donde se encontraba el guardia que cuidaba de su Joven Amo. El hombre era alto y con músculos definidos, vestía el atuendo básico de la liga pero llevaba la cabeza cubierta con una capucha y el rostro con una máscara negra. Bernard nunca había escuchado al hombre hablar en lo que llevaba allí, lo maximo que habia escuchado de él fue un pequeño siseo cuando Talia le tocó el hombro al salir en una de sus visitas, según las sirvientas de las cocina no había hablado nunca con ellas, pero no era mudo, ya que habían escucho sus gruñidos y gritos de dolor cuando lo habían torturado por no proteger mejor a su Joven Amo. 

Sea como sea, ese hombro no es para un/a Kahli. 

Al sentir su mirada el hombre negó suavemente con la cabeza confirmando su suposicion.

-¿Kahli, mi señor? - murmuró.

-Na…nana - hablo con cuidado el menor y Bernard sintió que se le cerraba la garganta. 

-Ella no volverá joven amo, ahora yo soy su sirviente, Bernard, Bernard Dowd - le explicó con calma.

El Joven Amo pareció en conflicto por unos instantes, frunciendo el ceño mientras sus labios formaban pucheros, aun así sus mejillas no parecieron enrojecer más ni aumentaron sus temblores, por lo cual Bernard aún mantuvo la calma simulada. 

-Dowd… bien - murmuró por último antes de volver a dormir. 

Bernard soltó el suspiro que estaba conteniendo y lo vigiló unos minutos más antes de pararse para ir a buscar más agua fresca y té medicinal. Esperaba que su joven Amo estuviera mejor pronto. 

Rezaba a los dioses en los que no creía por eso. 

 

 

 

 

Cuando su Joven Amo se mejoró y pudo reconocer los sucesos que habían acontecido, se mostró estoico ante su madre aceptando la servidumbre de Bernard con actitud tibia, pero, dentro de las puertas de su habitación, el Joven Amo se veía desanimado y nostalgico, por lo que Bernard se encontró contándole sus teorias conspirativas en los momentos en que estaban solos.

Había esperado que el Joven Amo lo tratara con burla, se riera con sarcasmo de sus teorías o lo mandara a callar, pero en cambio solo escucha en silencio como si la voz de Bernard fuera solo ruido de fondo, llegado a un punto, Bernard estaba a punto de hacer una competencia entre su Joven Amo y su guardia sobre quién era más silencioso.

Bernard, como era de esperarse, se preocupó. El menor seguía su rutina habitual, pero su estado de ánimo era pésimo, sus ojos eran demasiado indiferentes para alguien que disfrutaba de burlarse de Bernard y no parecía tan orgulloso como antes de sus logros. 

Bernard estaba considerando seriamente raparse el pelo nuevamente para intentar provocar una reacción en el menor, cuando una conversación entre concubinas que paseaban cerca de las cocinas le dio una idea. 

Siempre le había gustado la cocina y si bien no era experto en comida oriental como para replicar alguna de las delicias que había visto a comer a su Joven Amo en el pasado, esperaba que el interés de este en la vida en Gotham le hiciera apreciar lo que prepararía. 

Así que, después de convencer a la encargada de las cocinas y luchar contra unas gallinas de los corrales cercanos, Bernard pudo preparar lo que quería.

Se quemó la mano algunas veces y definitivamente tuvo que ponerse cataplasma en algunas quemaduras más prominentes en sus dedos, pero el resultado era decente. 

Esperaba que a su Joven Amo le gustara. 

Se acercó hacia la pequeña mesa donde el Joven Amo desayunaba cuando lo hacía en su habitación y dejó con cuidado el plato frente a él, disponiendo los agregados a su alrededor para que pudiera elegir con libertad.

-¿Dowd? - preguntó el Joven Amo sin mirarlo, sus ojos verdes fijos en la comida frente a él.

-Pense que el Joven Amo disfrutaría de algo diferente esta vez - comenzó con cuidado pero con una sonrisa nerviosa- no soy muy bueno en la cocina oriental y en la occidental poco me pude instruir por mi edad mientras vivía en Gotham, pero pense que seria de su agrado algo común de mi ciudad de origen, o el país a decir verdad. 

-¿Y esto es? - pregunto tocándolo con el tenedor. 

-Hotcakes Joven Amo - explico - o Tortitas, son masas que se comen comúnmente en el desayuno acompañada por toppins diversos, a su derecha se encuentran frambuesas frescas, arándanos, sirope y crema batida, para que elija con que untarlos. 

Los ojos verdes del Joven Amo miraron a Bernard finalmente, arqueando una ceja con intriga. 

-¿Por qué? 

-Eh… bueno, recordé un viejo dicho “estomago lleno, corazon contento” y pense que esto podría animarlo - hablo encogiéndose de hombros- ¡Los prepare yo mismo y probe todos los ingredientes a la vista de las cocineras, todo está limpio! Pero si quiere puedo comer un poco antes que usted. 

No es que le gustara ser catador, pero sabía con certeza que su comida no estaba envenenada y además ese tema había sido delicado para su Joven Amo desde el incidente. 

-No es necesario - hablo el Joven Amo.

Bernard observó cómo el Joven Amo cortaba una tortita con una elegancia impropia de un niño antes de llevarsela a la boca sin agregarle nada más. 

Bernard contuvo el aliento.

Detrás de Bernard pudo sentir a el guardia ajustar su posición, probablemente listo para clavarle la espada en el pecho si es que el Joven Amo se veía comprometido. Contrario a lo que podria pensar el guardia eso no era lo que tenía tenso, para nada, lo que le preocupaba era cómo reaccionaría el menor. 

Para su deleite, su Joven Amo abrió un poco más de lo normal los ojos antes de que una pequeña y rara sonrisa sincera se formara en sus labios, pronto todo los hotcakes habían desaparecido y Bernard no pudo evitar la sonrisa que adornaba sus labios. 

Su Joven Amo dejó los cubiertos a un lado del plato con cuidado, en disposición de quien había terminado, Bernard se acercó para retirar el plato mientras tomaba nota de los toppings que más había consumido y aquellos que apenas había tocado para la próxima vez. 

Estaba caminando a la puerta cuando la voz del Joven Amo lo detuvo. 

-Bernard - dijo su nombre el menor por primera vez, provocando un vuelco en su corazón - Gracias.

Bernard apretó los labios antes de voltear el rostro para mirarlo, encontrándose con esos ojos verdes quizas no tan animados como antes pero definitivamente más vivos que en mucho tiempo, haciendo que el nudo en su estomago se deshiciera mientras el alivio recorría sus venas. 

-Es un placer servirle, Joven Amo - dijo haciendo una leve reverencia con la bandeja aun en la mano procurando no botar nada. 

Bernard levantó la mirada y vio que los ojos antes animados de su Joven Amo tenían un rastro de conmoción que desapareció en un instante, para ser remplazado por un brillo peculiar. 

-Dime Damian, Bernard.

-¿Qué? - balbucio - Yo…yo no podria Joven Amo, las reglas…

-Tt. No importa, llamame Damián cuando estemos solos Bernard, es una orden. - hablo con voz petulante antes de cruzar los brazos. 

Bernard quería arrullarlo, se veía adorable con un puchero en los labios manchados de crema batida y las mejillas levemente infladas, casi parecía el niño que debía ser y no el soldado que la Liga había forjado.

-Esta bien, Joven Damian. - hablo con una mezcla de miedo y diversión.

-Tt. 

Bernard hizo una reverencia y salió con una sonrisa en los labios que se acentuó al escuchar el leve resoplido que vino desde el guardia que custodiaba a Damian.

Y si Bernard soltó unas lágrimas de alegría cuando apareció en su mesita de noche una crema de aspecto lujoso para las quemaduras solamente él tenía cómo saberlo. 

 

 

 

 

 

Los años pasaron y Bernard se convirtió en una sombra constante en la vida de Damian, acompañandolo en todo lo que se le permitía. 

Las misiones eran un no rotundo, ya que se buscaba demostrar la valía de Damian en solitario y su presencia sería considerada una ventaja, a pesar de que la impresión de todos sobre Bernard no era más que un sirviente degradado por su falta de potencial en pelea.

Aun así, Bernard siempre procuraba tener todo listo para el regreso de Damian, dejaba una muda de ropa limpia sobre el baúl a los pies de la cama y cambiaba las sábanas con regularidad para mantener la cama siempre fresca y prolija. 

Después de procurar el orden en la habitación, Bernard se dirigía hacia el laboratorio de Madame Sabine, donde experimentaba con venenos y toxinas, mas de alguna vez la mujer le había sugerido convertirlo en su aprendiz, pero Bernard apreciaba demasiado su trabajo actual como para dejarlo, además, si bien le gustaba experimentar, nunca había sido partidario de que los asesinatos aunque estos fueran de manera indolora. 

A veces Bernard se desviaba hacia las salas de entrenamiento alejadas para practicar con dagas y proyectiles arrojadizos, no era muy bueno, pero con el tiempo forjó habilidad derivada del esfuerzo, lo que lo alegro ya que podria serle de utilidad para la protección de su Joven Amo, ya que si bien su Joven Amo era un niño excepcional, siempre existían amenazas en todas partes. 

Algunos dias se encontraba con el guardia en los pasillos, siempre con la mascara negra y los pasos controlados, aunque habia que destacar que en más de una  ocasion habia podido ver su corto cabello negro adornado con un pequeño mechon blanco, aunque habian sido solo miradaz fugaces mientras cada uno se dirigia a su destino. 

Pronto esos encuentros terminaron abruptamente cuando el guardia, impulsado por alguna razón que Bernard desconocía, huyó de la Liga dejando una pila de cuerpos tras de sí. Bernard no lo entendía, pero esperaba que estuviera bien, el hombre era callado pero siempre parecía verdaderamente preocupado por Damian. 

Cuando el Joven Amo llegaba, cubierto de sangre, con una sonrisa orgullosa y los ojos atormentados, Bernard se aseguraba de prepararle un baño caliente y prender velas aromáticas, permitiéndose ser un poco más cariñoso en sus gestos, lavándole el cabello con calma y dejando que la calma se asentara en los huesos de Damian. 

A veces Damian lo dejaba parlotear sobre distintas teorías o contarles historias sobre héroes del mundo, Bernard sutilmente le hablaba sobre el valor de las vidas humanas y las cualidades de los justicieros, intentando inculcarle algo más que la doctrina rígida y brutal de Liga. 

Bernard temió en un inicio que apareciera Lady Talia, o dios no lo quisiera, Ra’s Al Ghul en su habitación y lo ejecutarán por insubordinación al enseñarle esas cosas a Damian, pero con el pasar de los días nada sucedio, asi que siguio haciendolo. 

Le habló sobre los amigos, sobre el poder de las palabras de aliento y el valor de los abrazos sinceros. Damian pocas veces decía algo, pero siempre escuchaba con atención.

Pero hubo una vez, despues de una mision particularmente larga, que fue él quien sacó a colación un tema extraño y casi tabú en la Liga. 

Su padre. 

-Madre dice que Padre tiene “hijos” - pronunció la palabra con un toque de asco e incertidumbre. 

-¿Oh? Entonces tienes hermanos Damian - hablo frotandole el cabello con cuidado.

-¿Hermanos? - hablo arrugando su nariz - Son rivales, tengo que derrotarlos para poder ser heredero del manto de Robin.

-¿Robin? …espera… ¿Tu padre es Batman? 

-Tt. Claro que lo es Dowd, solo alguien como él sería digno de mi madre y de ser mi padre.

Bernard dejó de esparcir el shampoo por el cabello del menor ante la noticia, la verdad tenia sentido, por lo que había escuchado en los entrenamientos de Talia con Damian siempre le hablaba de un legado y de dotes heredadas, además de la curiosidad de su Joven Amo por Gotham, lo que llevó a que ambos se hicieran cercanos, pero aun asi era chocante.

-¿Dowd? 

-Lo siento, solo fue… impactante - hablo volviendo a lavarle el cabello.

No lo vio, pero pudo presentir que Damian estaba poniendo los ojos en blanco. 

-Como te decía, Madre me dice que debo eliminar la competencia, pero no estoy seguro de que sea necesario, soy tan excelente ¿Por que Padre siquiera consideraría a alguien más? 

A Bernard le dieron ganas de arrullarlo, pero como sabia que Damian era capaz de mucho más de lo que el alguna vez podria, solamente tarareo de acuerdo. 

-Bueno, Damian, si son tus hermanos…

-Adoptados - agrego como si fuera un dato sumamente relevante. 

-Aunque sean adoptados, siguen siendo hijos de tu padre, por elección propia debo decir, así que debe apreciarlos mucho si eligió que formarán parte de su familia.

Damian no hablo por unos minutos y Bernard paso a poner acondicionador en las puntas de su cabello.

-Tiene sentido pero …¿No sería mejor demostrar mi superioridad enfrentandolos? Establecer Jerarquía. 

Bernard río.

-Damian, no todo funciona como acá… Incluso me atrevería a decir que la mayoría del mundo no funciona como la Liga, los hermanos no son competencia, son aliados, son personas que te apoyarán y estarán para ti, son familia. El estatus o las habilidades son secundarios, si los desafíos probablemente termines irritando a tu padre.

Damian parecio pensarlo un momento y Bernard aprovechó la oportunidad para enjugarle el cabello con cuidado, antes de ir a buscar las toallas. Cuando volvió Damian parecía intrigado. 

-Entonces ¿Como saber cual es la jerarquía de mando? ¿Cómo establecer dominio? 

-Lo primero, preguntando, siempre es bueno preguntar antes que asumir cosas, las leyes implícitas son difíciles de acertar y fáciles de asumir erróneamente, así que pregunta. Habla no asumas.

Damian asintió.

-Y lo segundo, mira, como te digo Damian, no creo que haya una jerarquía, si tu familia se parece mínimamente a algo normal, y no a la Liga, no hay forma que subas en jerarquía golpeando a los demás o con intento de asesinatos.

-No serían intentos si son efectivos.

-Entonces, me corrijo, probablemente no ha forma que subas en jerarquia  golpenado a los demas, ni con intento de asesinato ni asesinatos efectivos - Bernard se llevo una mano a la barbilla y lo penso antes de agregar por si acaso- tampoco amenazando o manipulando.

-Tt.

-Ahora Joven Amo, séquese, pongase su pijama y a dormir, que mañana es un día importante. No todos los días se cumplen ocho años. - termino con una sonrisa. 

Esperaba que algo de lo que habia dicho se quedara en la mente de su joven amo, no era que tuviera mucha experiencia con familia normales pero las clases y ver a sus compañeros hablar de sus familias lo instruyeron un poco. 

Bernard ayudó a Damian a arroparse en la cama y estaba a punto de apagar la vela que mantenía la luz en la habitación cuando la voz del menor lo interrumpió.

-Dowd….Bernard

-¿Si, Damian?

-¿Crees que mañana ganare el combate contra madre? 

La voz de Damian sonaba levemente infantil, como solo se permitia en la oscuridad de la noche mientras estaba en compañia de Bernard, lo que hacia que su corazón se llenara de ternura.

-Confio en ti, joven amo, se que lo harás lo mejor posible - hablo con convicción - y si no ganas tendrás otro año atado a este humilde sirviente 

-Tt. Como sea.

Bernard solto una pequeña risa antes de apagar la vela y abrir la puerta para retirarse. 

-Buenas noches, Damian.- se despidio. 

-Buenas noches, Akhi - susurro Damian, pero en la silenciosa habitación se escuchó con claridad. 

Bernard sonrió para sí mismo con las lágrimas cayendo por sus mejillas, pero no se permitió sollozar. Akhi, nunca pensó ser merecedor de ese nombre y esperaba poder hacerle honor a ese titulo con el tiempo. 

 

 

 

Damian ganó.

Fue una batalla reñida y Bernard estaba casi seguro de que Lady Talia le había dado un poco de ventaja, pero nadie dijo nada y Damian parecía demasiado orgulloso para decirle algo, así que simplemente cerró la boca y sonrió al menor. 

Después del combate Lady Talia tocó el hombro de su hijo y lo guió fuera del campo de entrenamiento, Bernard se disponía a seguirlos cuando la mujer le dio una mirada severa que lo hizo quedarse en su lugar antes de hacer una reverencia y volver a los aposentos de su Joven Amo. 

Bernard llegó a la habitación y comenzó a limpiar para calmar los nervios que lo consumían, limpio los muebles de arriba a abajo, pulió los adornos de plata y sacudió todos los cojines a pesar de que en la mañana ya había hecho lo mismo. 

Le carcomia la ansiedad por la partida de Damian.

Sabía el trato, si Damian lograba derrotar a su madre ésta le diría el nombre de su padre, el real, no su nombre de héroe, y le daría autorización para ir en su encuentro, lo que inevitablemente signficaria que dejaría la Liga por un tiempo indeterminado. 

No sería como las misiones, donde Damian volvería en unos meses a lo mucho, en este caso, el menor podría optar por quedarse con su padre por años e incluso para siempre, lo cual era bueno, de verdad.

Si Damian se interiorizaba con la enseñanza de Batman, uno de los héroes más íntegros de la actualidad, era mucho mejor a que se criara en la Liga, destinado a convertirse en un arma para su abuelo.

El menor no tenía porque estar destinado a los asesinatos o el terrorismo, podia vivir algo mucho mejor fuera de los muros de Nanda Pabart, incluso existia la posibilidad de Batman le enseñara a ser el niño que nunca habia podido ser allí.

Era lo mejor para Damian, sin duda. 

Pero la parte egoísta de Bernard no lo quería dejar ir, era su hermano, la persona de la cuidaba y por la que velaba todos los días. No quería separarse de él, aunque supiera que era lo mejor. 

No le importaba su futuro, sabía que sería asignado como sirviente en alguno de los otros palacios del complejo, ya que sus años de servicio como sirviente lo hacían bastante competente, asi que no habia incertidumbre sobre su destino una vez su Joven Amo se fuera. 

Eso no significaba que le agradara, pero sabia que era lo mejor.

Intento no pensar en las palabras pronunciadas por Ra 's hace algunos años, ni una mirada gris y manos callosas.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando fue abrazado por un cuerpo pequeño pero increíblemente fuerte, haciendo que dejara caer la escoba que estaba sosteniendo. 

-¿Damian? 

-¡Me lo dijo, Akhi! - exclamó el menor con entusiasmo desbordante -Voy a ir a Gotham.

Bernard intento sonreír genuinamente, pero se sentía como si tuviera una mascara de barro en el rostro que le impedía levantar las comisuras de la boca, aun asi le devolvió el abrazo a su Joven Amo antes de revolverle el pelo ligeramente.

-Eso es increíble, Damian- exclamó con voz un poco demasiado aguda - Tengo listas sus pertenencias en una maleta en el armario, en cuanto las necesite se las entregaré... 

-¿Y tú? 

-¿Yo? - pregunto Bernard ligeramente desconcertado, pero con una pizca de esperanza floreciendo. 

-Si Bernard, tus pertenencias … ¿no creerás que te dejare aquí cierto? 

-Pero…

-Eres mi sirviente personal, así que haces lo que yo quiera y quiero que me acompañes a conocer a mi padre, quien sabe si tiene ayudantes tan competentes como tú.

-Yo… - comenzo Bernard pero se atraganto antes de poder continuar - sería un honor.

Bernard sintió que su corazón se calentaba y la sonrisa falsa en sus facciones se reemplazaba por una real. No es que le entusiasmara mucho Gotham, el lugar donde se había criado y donde sus progenitores lo habían entregado a la Liga sin una pizca de remordimiento, pero poder acompañar a Damian era lo que más quería. Ya pensaría que hacer con lo otro. 

Bernard estaba pensando en que tendría que empacar en su bolso, intentando calcular el clima de Gotham en esos momentos y los posibles ataques de los renegados en el lugar, las máscaras de gas eran indispensables al igual que sus navajas, algunos somníferos y quizas tambien esa mezcla anticongelante que había estado…

-Por cierto, mi padre es Bruce Wayne ¿lo conoces?  

Bernard se quedó en blanco mirando a Damian con sorpresa. El menor lo miro con curiosidad en sus ojos y confusión en sus rasgos. 

 

¿Qué carajos?

 

 

 

Notes:

Y ¿Que les parecio?
Necesitaba un fic sobre Bernard, porque mi niño no recibe suficiente aprecio. Jejeje
¡Que Corte de Los Buhos, Bernard siendo parte de la Liga de Asesinos es lo de hoy! Aunque muy asesino no nos salio el pobre, pero hace lo que puede. Hubieron pequeños cameos tanto nombrados como no, espero que los hayan captado.
¡estare atenta a sus comentarios!