Actions

Work Header

Reminiscencia

Summary:

Sion comienza a tener fugaces apariciones en su mente: un sueño que quema sus retinas al dormir, al despertar y al vivir. Algo en aquella escena le perturba; es como si lo hubiera vivido, como si su cuerpo ya hubiera sentido cada tortura.

​Una mirada compartida en una cafetería basta para que su mundo colapse. Esos ojos cafés, brillantes como la estrella más brillante del cielo, fueron lo que terminó de cerrar su destino. Antes de que la oscuridad lo reclame y su cuerpo colapse en el suelo, una sola palabra se arraiga con fuerza en lo más profundo de su ser, como si ya lo conociera, como si le perteneciera: Riku.

​¿Podrá Sion soportar el peso de una reminiscencia que pertenece a un plano prohibido, o el reencuentro con Riku despertará un eco del pasado capaz de destruir su realidad actual?

Chapter 1: Pesadilla

Chapter Text

«¡Sion, mírame! Todo va a estar bien, confía en mí. Volveré a encontrarte.»

Sion sentía su cuerpo en llamas, como si se quemara desde sus entrañas hasta la más mínima hebra de su cabello. El sudor empapaba cada parte de sus prendas, las cuales ya no estaban pulcras y elegantes como a él amaba proyectarse hacia los demás; ahora estaban destrozadas, igual que como se sentía en ese momento. Su mente continuaba escuchando aquellas palabras, aquella voz que le solía traer paz. Intentaba observar a su alrededor, escuchar, entender, buscar al portador de esta; pero estaba débil, sus brazos permanecían inmovilizados y su cabeza dolía como si intentaran explotar hasta la última memoria que pudiera quedar en su subconsciente. Sentía miedo, sentía el escrutinio ajeno calar por su piel; quería gritar, quería escapar, tomar la mano de aquel ser que estaba gritando como si le quitaran una parte de su alma, y huir para amarse por una eternidad.

—Riku... Fue lo último que alcanzó a pronunciar antes de que el primer corte le hiciera sucumbir a lo más oscuro de su mente.

Sion abrió los ojos de par en par, aferrándose al edredón que envolvía su cuerpo, el cual brillaba gracias a las gotas de sudor. Observó el techo mientras boqueaba en una búsqueda desesperada de aire.

«Era solo un sueño», se dijo a sí mismo, como una forma de apaciguar aquel sentimiento de angustia que le había recorrido el cuerpo justo al despertar. Lo sintió tan real... Se sentía como si todas aquellas emociones ya las hubiera pasado, pero, según sus conocimientos, él jamás había pasado por algo tan tortuoso como lo fue aquel subconsciente.

Se mantuvo unos minutos quieto mientras observaba el techo y sacudía todo sentimiento que le hubiera provocado aquella experiencia, para luego mirar hacia el reloj que posaba en su mesa de noche. Eran exactamente las 8:08 de la mañana; aún faltaban minutos para que la alarma sonara, por lo que decidió tomar el celular que descansaba junto al reloj y mandarle un mensaje a su amigo, con quien había quedado de verse ese mismo día en la tarde.

Sion 08:08
¿Yushi, estás despierto?
Yushiiii.


Yushi 08:10
Sion, mi alarma aún no suena y ya me estás despertando.
¿Qué es tan importante que no puede esperar hasta la tarde?

Sion 08:11
Tuve un sueño muy extraño.


Yushi 08:11
¿Solo para eso?

Sion 08:12
Es que...
Te juro que fue muy perturbador.

 

Sion 08:14
Era un lugar con miles de ojos mirándome. No podía verlos bien, pero te juro que todos me juzgaban, como si hubiera cometido el pecado más imperdonable.
Y dolía, Yushi. Dolía como si realmente lo hubiera vivido.
También había un chico... Riku, creo que se llamaba. O por lo menos yo lo llamé así.


Yushi 08:15
Estás loco. No me vuelvas a contar algo así.
Nos vemos más tarde.

Ante lo arisco de su amigo, Sion no pudo evitar resoplar mientras apagaba el teléfono y lo dejaba caer sobre su pecho. Su mano izquierda subió hasta detrás de su nuca mientras se dedicaba a observar las pequeñas imperfecciones de su techo hecho de hormigón blanco; podía ver pequeñas protuberancias de distintos tamaños, mientras su mente volvía lentamente a traer pequeños fragmentos de aquel sueño a su cabeza.

Él nunca había sido alguien supersticioso, mucho menos creyente; de hecho, su familia siempre se había rehusado a que él tuviera una educación religiosa, pero había algo inquietante en lo que su subconsciente le presentaba, algo que no sabía cómo explicar.

«Tal vez viste una película sobre eso», pensó. Podría ser que su fanatismo por las películas de fantasía le hubiera jugado una mala pasada. Sí, definitivamente era eso.

Decidió, por su propio bien, continuar con su día normal, a la espera de quitarse esa sensación de encima, ese mal sabor de boca y las náuseas que este recuerdo le traían.

 

𖤍


El día estaba frío, los cielos cubiertos de un gris que presagiaba prontas lluvias; una sensación térmica que haría hibernar hasta a los humanos. Con cada respiración, un poco de vaho salía de sus labios ante la diferencia de temperatura. Por un segundo, quiso volver a casa.

—¡Hey, Yushi! —saludó a su amigo, quien se encontraba caminando hacia él a unos metros de distancia. Pudo notar un semblante extraño en él; si bien su amigo siempre había sido alguien que no solía mostrar las emociones con su rostro, se veía cómo su entrecejo se fruncía ligeramente cuando llamó su atención. Intentó no darle importancia, ya que sabía que despertar a Yushi tan temprano un fin de semana era como tocar una fibra sensible de su ser, así que decidió sacudir cualquier duda y concentrarse en la sonrisa un tanto incómoda que le regalaba su amigo —algo típico de él—. No importaba si llevaban la mitad de su vida conociéndose, él siempre se había comportado de forma tímida, casi servicial con él, por lo menos cuando estaba de buen humor.

Al parecer, ese no era el caso de hoy, porque aquella sonrisa se transformó en una mirada matadora.

—¿Me podrías decir por qué me despertaste a las 8 de la mañana un día sábado —refunfuñó su amigo de aspecto felino y cabellos semejantes al dorado, mientras cruzaba los brazos por encima de su pecho.

—Dramático —Sion rodó los ojos en señal de exageración.

—He perdido dos horas de mi sueño de belleza, Sion. Sabes que soy exigente con eso.

—Lo sé, perdona. Solo sentí que era importante contarte sobre mi sueño, sé que te gustan ese tipo de cosas... —El volumen de voz de Sion iba bajando con cada palabra, al igual que su cabeza, mientras que un pequeño puchero lleno de culpabilidad asomaba por sus labios.

Yushi puso sus ojos en blanco y le dio un pequeño empujón al mayor, mientras suavizaba su semblante con una sonrisa de oreja a oreja.

—Está bien, señor pucheros a mis 24. Entiendo que me hayas querido contar, pero para la próxima anótalo y me lo dices más tarde, ¿está bien?

Sion asintió con la cabeza mientras sonreía de manera inocente, para luego comenzar a caminar hacia la cafetería a la que siempre recurrían en esta temporada del año. Vestía un suéter gris y unos pantalones jeans rectos, oversize y de un celeste un tanto desteñido, unas zapatillas blancas y, encima, una gabardina negra que le llegaba justo al límite de las rodillas; también una bufanda de color gris que cubría la zona de su cuello en su totalidad. Su amigo iba vestido con una apariencia parecida, solo que él, en vez de llevar una gabardina, llevaba una chaqueta de cuero negra y un beanie gris que cubría completamente su cabeza.

Sion y Yushi habían sido inseparables desde que Sion cumplió los 12 años y Yushi los 10.

Sion siempre había sido un niño inquieto; podría decirse que ayudar en la granja de sus padres mitigaba parcialmente su hiperactividad, pero jamás se le agotaba la energía. Tenía una fuente inagotable de recursos dentro de su cuerpo que incluso llegaba a provocarle insomnio desde temprana edad. En un afán de querer ayudar a su hijo a que tuviera un descanso regulado, sus padres decidieron inscribirlo en una academia de fútbol, la "Great Green Academy", donde él pudiera descargar toda esa energía acumulada en su sistema. Ahí es donde conoció a Yushi, un chico tímido y ciertamente misterioso que podría haber sido la reencarnación de algún jugador dotado, porque definitivamente esas habilidades no eran proporcionales a la imagen de un niño de 10 años.

—¡Hola! Mi nombre es Oh Sion, ¿jugamos juntos? —preguntó el pequeño con una sonrisa que podría salirse de su rostro.

Yushi le mantuvo la mirada fija, analizando la situación, como si estuviera sopesando sus opciones, pero asintió tímidamente mientras sonreía, como si quisiera disimular la emoción que llenaba su pecho.

Desde ese momento, los dos jamás volvieron a despegarse. Sion sabía que siempre podría contar con él para todo, pero, reiteraba, solo cuando no se levantaba con el pie izquierdo.

El olor a café inundó las fosas nasales de ambos muchachos cuando abrieron la puerta de su lugar favorito, la cafetería "Qüerubim". Sion siempre había encontrado mágico aquel lugar; podría ser porque era como si fuera sacado de una obra del art nouveau, con sus cuadros de aquel movimiento artístico, todo completamente hecho de madera pulida y barnizada, flores que acompañaban cada mesa, o tal vez por el aroma que complementaba al café, que solía ser un leve olor a lavanda..., o tal vez podría ser aquella señora mayor de unos 80 años que atendía con una amabilidad -que muchas veces Sion había cuestionado- como si hubiera sido hecha para servir al prójimo; ella desprendía paz.

Los chicos se sentaron en una mesa disponible para dos, Sion mirando hacia la salida y Yushi dándole la espalda, cuando la amable señora, o Liliana —como se llamaba realmente—, se acercó con una sonrisa que podría enternecer hasta al mismo diablo.

—Sion, Yushi, tanto tiempo sin verlos –exclama con emoción, pasando su mano, con claros signos de su vejez pero cálida como la de una madre, por los cabellos de ambos, quienes le regalaron una sonrisa-. Díganme, niños, qué se van a servir hoy.

—Yo quiero un americano doble —pide Sion sin la necesidad de ver la carta.

—Yo, un chocolate caliente —responde Yushi con una pequeña reverencia de cabeza.

Liliana anota el pedido en la comandera que trae en sus manos, se despide con una sonrisa y se va hasta la barra a preparar todo.

—Bueno, y ¿me vas a contar tu sueño o no?

Sion se había perdido mirando por el ventanal que daba hacia las calles de Seúl; podía ver cómo algunas gotas caían, hidratando las grises calles de pavimento y los árboles que se veían un tanto solitarios debido al ambiente hostil donde se encontraban.

«Se me olvidó traer un paraguas, mierda», fue lo primero que pensó. Hipnotizado aún con las gotas, su mente no tuvo otra opción que trasladarlo al sueño, específicamente a la parte en la que un chico de voz melodiosa gritaba por él. Sion supuso que su nombre era Riku, ya que solo conectó los puntos, pero seguía sin tener la firmeza.

—Tierra llamando a Sion. —Yushi llevaba unos cuantos minutos —o segundos, según Sion— haciendo movimientos en la cara del mayor para sacarlo de su ensoñación. Y lo logró.

—Perdona, llevo desde la mañana con la cabeza en otro lugar. ¿Qué me preguntabas?

—Mmm... Está bien. —La mirada inquisitiva y desconfiada de Yushi caló por entre sus huesos y, por un segundo, Sion tuvo miedo de que pudiera verle hasta los pensamientos más insalubres—. Te preguntaba de qué trataba tu sueño.

—Ah, sí, bueno, verás... —empieza Sion, pero se ve interrumpido por Liliana, quien les deja el café correspondiente a cada uno. Sion le agradece y continúa con lo que estaba hablando— Bueno, parecía como si hubiera estado en otra dimensión, definitivamente no era acá, pero tampoco era un lugar feo; se sentía ligero, como si el aire fuera puro. —El semblante de Yushi era indescifrable, lo miraba como si estuviera pensando en algo—. Había mucha vegetación, estaba dentro de una estructura antigua, casi como un coliseo, o por lo menos eso pienso ahora por la cantidad de gente que sentía y el color gris, como si estuviera hecho de piedra.

Sion escucha cómo la puerta de la cafetería se abre y cómo la campanita de la entrada le da la bienvenida a aquella persona. Sion no había tenido la necesidad de mirar, hasta que el aire se volvió ligeramente pesado; una corriente recorrió desde la cabeza hasta sus pies y su cabeza comenzó a sentir una punzada que iba aumentando con cada segundo. Sion llevó ambas manos a su cabeza en busca de apaciguar el dolor, pero lo único que logró fue que sus oídos sintieran un pitido que le dejó aturdido por unos segundos. No entendía qué estaba pasando, el aire cada vez le faltaba más; cerró sus ojos con fuerza intentando que eso aliviara todos los síntomas, pero todo era en vano.

—Reacciona, Sion, reacciona. —Podía escuchar a la lejanía la voz de su mejor amigo, quien se encontraba mirándolo con preocupación, pero no podía responder.

Por un momento quiso correr hacia el baño, se levantó abruptamente y corrió hacia el lugar que podría ser la ayuda a sus males. Tambaleándose por la cafetería, chocó con un cuerpo más pequeño y menudo que el suyo. Era un chico de más o menos su edad, cabello tan negro como el carbón, ojos que se asemejan a los de un felino y que lo miraban con un deje de sorpresa, piel tostada de manera perfecta —como si el sol lo bañara todos los días—y unos labios voluptuosos llenos de vida. Eso fue lo último que pudo percibir antes de que su vista se fuera a negro y su cuerpo colapsara.

Riku, Riku, Riku...