Actions

Work Header

No quiero equivocarme.

Summary:

Juan siempre creyó que Foolish era así con todo el mundo: atento, amable y demasiado cariñoso para su propia tranquilidad. Entre proyectos de construcción, discusiones absurdas y pequeños gestos imposibles de ignorar, Juan termina enamorándose de su mejor amigo mientras intenta convencerse de que todo está en su cabeza.
~~~

Hice que algunos de los miembros de la mansión trabajen en un despacho de arquitectos.

Notes:

Aclaro que esté historia de los cubitos del Qsmp no de los Cc's.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: En lo que hay entre tú y yo.

Chapter Text

La lluvia golpeaba los ventanales del taller mientras Juan sostenía una brocha entre los dedos, observando con evidente molestia la pared frente a él.

—Te estoy diciendo que ese tono de azul parece vómito de pez —gruñó, ajustándose los anteojos.

Al otro lado de la habitación, Foolish soltó una risa baja.

—¿De qué hablas? Eso ni siquiera tiene sentido.

—Lo tiene. Solo que es claro que tú no lo entiendes.

Foolish suspiró sin dejar de sonreír.

—En ese caso, cambiemos el color, ¿bien? Solo cuidemos que no tenga que ver con... peces.

Juan cerró la tapa del bote de pintura mientras Foolish se acercaba con el abanico de colores.

El tono y la actitud paciente de Foolish solo lograron irritarlo más.

Porque así era siempre.

Foolish haciendo tonterías. Foolish riendo con él y con las situaciones absurdas en las que se metían.

Foolish acercándose demasiado mientras revisaban los planos.

Como en este momento.

Juan lo miró de reojo mientras él pasaba páginas de colores y tonos de pintura. Contuvo un suspiro.

Foolish era muy atractivo.

Sus pestañas largas, su nariz recta y su manzana de Adán eran dignas de admirar. Podría seguir enumerando todo lo que hacía atractivo a Foolish durante todo el día.

Incluso parecía injusto.

—¿Por qué me estás viendo a mí y no a los colores?

Juan se congeló. Había sido atrapado.

—No, no te estoy viendo —lo negó, aunque aún no dejaba de hacerlo.

—Sí lo estás haciendo.

—Oh, por Dios, eres tan egocéntrico.

—¿¡Yo!? ¡Solo estoy diciendo los hechos!

Juan giró el rostro.

—Entonces miraré hacia este lado para que dejes de imaginar cosas —dijo, fingiendo indignación, cuando en realidad solo escondía su sonrojo.

—¿Y cómo verás entonces los colores?

De nuevo, una de sus típicas peleas que en realidad no se tomaban demasiado en serio.

Porque eran amigos. Y así funcionaban ellos.

El verdadero problema era que Juan llevaba meses enamorado de él.

Y temía estar dándole demasiada importancia a los gestos amables de Foolish.

Porque Foolish era atento y amigable con todo el mundo. Siempre ayudando y cuidando de sus amigos.

Sabía que no debía buscar una intención oculta en ello. No podía malinterpretar la forma en que cada mañana llegaba a saludarlo completamente sonriente o cómo le llevaba su café capuchino justo como le gustaba. Tampoco podía darle otro significado a aquella vez que llegó corriendo para ayudarlo a levantarse cuando resbaló del último escalón.

Porque así era él.

Pero Juan odiaba cuánto le aceleraba el corazón por esas pequeñas acciones.

Ensimismado en sus pensamientos, giró otra página sin escuchar las opiniones del parlanchín de Foolish. Entonces sintió un pequeño ardor que lo hizo apartar de inmediato el dedo del cuadernillo.

—Ah...

Frunció el ceño y miró su dedo. Se había hecho una fina cortada con la hoja de papel.

—Oh, Dios. ¿Cómo puedes lastimarte tan fácilmente?

Juan levantó la vista.

—No es que lo haga a propósito. Odio cuando el papel me corta —apeló, acercando descuidadamente el dedo a sus labios.

Pero Foolish lo detuvo, tomándolo de la muñeca.

—Oye, no hagas eso. Vas a empeorarlo.

—Es que arde... —se quejó.

Foolish lo miró de manera comprensiva.

—Ven conmigo.

Sin darle tiempo a responder, el más alto lo guio sin soltarlo hasta la mochila que había dejado en el suelo junto a la suya. Solo lo soltó cuando se agachó para buscar algo dentro de ella.

Inesperadamente, sacó un pequeño botiquín con lo básico de primeros auxilios.

Juan observó curioso cómo buscaba entre las cosas hasta sacar un par de artículos.

—Tu mano.

Juan miró la mano extendida de Foolish, esperando la suya. Tragó en seco antes de entregársela.

—¿Es necesario todo esto? Es solo un corte con papel.

—Nunca subestimes ninguna herida.

—Pero... ¡auch!

Foolish roció la solución antiséptica, esperó un momento a que secara y luego colocó con delicadeza una curita.

—¡Tara~! —descubrió su dedo, mostrando orgulloso su obra maestra.

Juan aguantó una risa al ver que tenía dibujitos de gatitos.

—¿En serio?

—¿Cuál es el problema? Es tierno y te ayuda a sanar.

Juan soltó una pequeña risa mientras miraba, como idiota, la estúpida y adorable curita. ¿Cómo podía alegrarse con algo tan pequeño?

Volvió a mirar al pelinegro, que acomodaba el botiquín en el mismo lugar dentro de la mochila. Era tan meticuloso.

—Por cierto, ¿por qué llevas un botiquín contigo?

—Oh... ¿no es obvio? —dijo, poniéndose de pie—. Porque eres tan torpe y siempre te lastimas —sonrió de lado—. Tengo que estar preparado, eso es todo.

Juan se quedó sin palabras.

¿Cómo debía tomar eso?

¿Llevaba un botiquín consigo solo por él?

—No soy tan torpe, idiota —apartó la mirada por temor a que pudiera leer sus verdaderos sentimientos.

—¿Es tan difícil para ti decir “gracias”?

Y ahí estaba de nuevo, esa incomodidad en su pecho.

Porque no podía dejar de pensar cosas estúpidas.

—Gracias, Foolish.

—De nada, Juan.

De nuevo ahí estaba esa gran y radiante sonrisa.

Un par de días después, Juan y Foolish fueron a cenar a un lugar que les habían recomendado.

No era un restaurante sofisticado; más bien era un lugar casual, con un ambiente bastante ameno y reconfortante.

Como era costumbre para Juan, tomaba notas mentales de la decoración, pues le había parecido hermosa. Observaba con atención los detalles y las formas, guardando mentalmente la fórmula para lograr esa sensación tan agradable.

Mordió su sándwich despreocupadamente, inmerso en su análisis, hasta que sintió un pequeño y ligero toque en el cabello.

Una mano grande apareció en su visión, apartando algunos mechones marrones de su frente.

—Creo que necesitas un corte de cabello.

Juan miró a Foolish, que estaba del otro lado de la mesa.

—Tu flequillo ya no me deja ver tus ojos.

La acción del de ojos verdes lo tomó completamente desprevenido. Tanto así que tragó mal el bocado y comenzó a toser bruscamente.

—Oh... Ah, Juan, ¿estás bien? —preguntó preocupado.

—S-sí —logró decir apenas entre la agitación.

Se levantó señalando el baño y se apresuró a ir. Una vez dentro, se tomó el tiempo necesario para despejar su garganta.

—Ah... —se quejó con la voz ronca producto de la tos, pasando una mano por su cuello.

¿Por qué tenía que pasarle eso justo frente a Foolish?

¿Tan difícil era dejar de hacer el ridículo frente a él aunque fuera una vez?

Levantó la vista, encontrándose con su reflejo.

Se observó unos segundos antes de llevar una mano a los cabellos de su frente.

Era verdad. Necesitaba un corte de cabello.

El celular vibró dentro de su bolsillo. Lo sacó y miró la pantalla.

“¿Estás bien?”

De Foolish.

No... no lo estaba.

Cada día era más difícil estar a su lado sabiendo que...

Negó rápidamente.

No debía pensar en eso. No en ese momento.

Respiró profundo y puso una sonrisa sobre su rostro antes de salir nuevamente.

Se encontró otra vez con el ambiente agradable del restaurante y se dirigió a su mesa.

De camino, notó a una chica. Estaba parada frente a la mesa y sostenía su teléfono entre las manos. Por la manera en que actuaba, parecía nerviosa. Foolish simplemente negó con amabilidad.

—Lo siento, no doy mi número a desconocidos.

Juan alcanzó a escuchar aquello. Para cuando llegó a la mesa, la chica ya se había ido.

—Hey... ¿estás bien? —Foolish fue el primero en hablar mientras él tomaba asiento.

—Lo estoy... ¿Qué fue eso? —preguntó inclinándose hacia él—. ¿De verdad una chica te pidió tu teléfono?

—¿Lo viste...?

—Imposible no verlo.

Miró discretamente hacia donde estaba la chica, quien ahora era animada y consolada por sus amigas.

—Es linda...

—No lo es.

Juan parpadeó ligeramente ante el tono serio de su respuesta.

—¿Qué? No la viste bien. Es preciosa. Deberías haberle dado tu teléfono.

—La vi. Y créeme, no lo era.

Le sorprendió la rapidez y la seguridad con la que Foolish se expresó.

—Ok, ok... no lo era —le dio la razón resignado—. Aunque tal vez simplemente no es tu tipo.

Bebió un poco de agua, dejó el vaso sobre la mesa y sonrió con aire travieso.

—Yo sé cuál es tu tipo.

—Ah, sí, ¿cuál es?

—Vegetta.

Vegetta era su jefe, mientras que para Foolish era su socio.

Cuando Juan llegó a la empresa de construcción, todos hablaban de ellos dos como si estuvieran juntos. En ese momento no le dio demasiada importancia; incluso pensaba que hacían buena pareja.

Primero tuvo la oportunidad de conocer a Vegetta y descubrió que era una persona maravillosa, muy talentosa y tenaz.

Luego conoció a Foolish.

Su conexión había sido inmediata. Cualquiera pensaría que llevaban años siendo amigos, aunque en realidad apenas estaban por cumplir uno de conocerse.

—Oh... —Foolish sonó genuinamente sorprendido—. Bueno, no puedo negarlo.

—¿Cómo podrías? Es muy guapo —dijo sin pensar.

Luego se apresuró a arreglarlo:

—Lo digo como cumplido, no me malinterpretes. Jamás intentaría algo con él.

De nuevo, Foolish tuvo esa pequeña expresión de incomodidad en el rostro.

—Aunque lo intentaras... no me importa. Vegetta y yo lo dejamos hace ya un tiempo.

—¿Qué? —eso lo tomó por sorpresa.

—Es en serio. Fue más o menos cuando llegaste.

—¿De verdad? Por su forma de actuar, yo creí...

—Terminamos en buenos términos. Solo somos amigos.

—Oh...

—Creí que lo sabías.

—No, yo no...

—Eres tan despistado. Nunca prestas atención —dijo con burla.

—¿Qué? En realidad tú nunca me hablaste sobre esto.

—Creo recordar que lo hice.

¿Era malo que Juan se sintiera aliviado?

Apenas hacía un momento se había sentido especialmente mal por tener esos sentimientos por alguien que tenía pareja.

Parte de la tensión que llevaba encima desapareció de golpe, permitiéndole disfrutar con más tranquilidad la velada.

Después de un rato más de charlas sin sentido, ambos salieron del local.

El viento otoñal los recibió, moviendo sus cabellos. Caminaron por la acera, uno al lado del otro, rozando sus brazos constantemente, como si separarse aunque fuera unos centímetros resultara difícil.

—Mañana... —empezó Juan— voy a ir a cortarme el cabello.

—Oh... ¿en serio? ¿Después del trabajo?

—Sí...

—¿Puedo acompañarte?

Cruzaron sus miradas y ambos mantenían una sonrisa suave.

—No es necesario. Conociéndote, te aburrirás ahí.

—No lo haré. Es divertido ver cómo cortan el cabello y después tal vez podamos ir a comprar algo.

—¿Qué cosa?

—No sé... ya pensaré en algo.

Juan rio.

—Ni siquiera sabes qué comprar. Solo ve a casa.

—Decidido. Iré contigo.

—¿Me estás escuchando?

Foolish soltó una pequeña risa, y Juan miró al frente mientras sonreía ampliamente.

Cuánto deseaba que días como esos duraran para siempre.
~~~

Después de aquel día, Juan notó cómo el pelinegro buscaba cualquier excusa para tocarlo y mantenerse cerca de él.

Como hoy, por ejemplo.

Estaba solo en la sala de descanso, sentado en el cómodo sillón, bebiendo café mientras leía una revista sobre arquitectura.

—Aaah... —llegó Foolish suspirando, sacándolo un poco de su lectura.

Sin previo aviso, se dejó caer en el sillón justo a su lado.

—Hay más espacio allá, ¿sabes? —se quejó por la repentina invasión de su espacio.

—Estoy cansado... —respondió nuevamente, ignorándolo.

Cerró los ojos y se acomodó de tal manera que su cabeza quedó cómodamente recargada sobre el hombro de Juan.

—¡Oye...!

—¿Podemos quedarnos así solo unos minutos? Prometo que no molestaré.

Su voz se fue apagando lentamente hasta quedar en silencio.

Se había quedado dormido.

Juan suspiró. Intentó volver a concentrarse en su lectura, pero fue imposible.

¿Cómo podría?

Miró de reojo al hombre a su costado. Se veía tan pacífico y tranquilo.

Con suavidad, apartó los cabellos que caían sobre su rostro.

Sin mucho más que poder hacer, cerró los ojos también y disfrutó de la compañía.

Ciertamente, la actitud de Foolish había cambiado. Pero él tampoco era diferente.

Así como Foolish se acercaba cada vez más, Juan le permitía hacerlo.

Mientras dormitaba, una pregunta apareció en sus pensamientos.

¿Realmente Foolish era así con todos sus amigos?

Al día siguiente tuvo la oportunidad de comprobarlo.

Estaba bajando las escaleras cuando escuchó voces en la parte de abajo. De inmediato supo quiénes eran.

Se agachó en un escalón de tal manera que podía observar sin ser visto: la interacción entre Tina y Foolish.

Era difícil escuchar lo que decían, pero veía cómo se reían a carcajadas, cómo Foolish molestaba un poco a Tina y cómo ella le reclamaba por ello. Se daban pequeños empujones y golpecitos entre ellos, pero sin duda era distinto.

—Humm...

Apartó la mirada mientras intentaba ordenar sus pensamientos.

Mordió con nerviosismo la uña de su pulgar, sin saber exactamente qué pensar.

Suspiró con pesadez mientras revolvía sus cabellos. Luego dejó caer la cabeza hacia atrás.

—¿Qué haces aquí, Juan?

—¡Ah! —se cubrió la boca él mismo para ocultar el grito.

Miró a Aldo, que estaba ligeramente inclinado hacia él, observándolo desde arriba.

—Idiota, me asustaste —reclamó en voz baja.

Rápidamente dio un vistazo hacia el piso inferior. Parecía que Foolish y Tina no los habían escuchado.

Aldo hizo exactamente lo mismo y sonrió.

—Pinche celoso, ya ni disimulas.

—¿Qué? No, yo no... No es lo que piensas.

—¿Ah, sí? Entonces vayamos a saludarlos. ¡Ey! ¡Tina, Fool—!

Rápidamente, Juan le cubrió la boca y lo obligó a subir al piso de arriba en reversa hasta que chocaron contra una pared.

—Eres un pendejo idiota —le reclamó con enojo—. Escucha, no los estaba espiando por celos ni nada de eso. Yo solo quería comprobar algo, ¿ok?

Notó cómo Aldo lo cuestionaba con la mirada.

—¿Qué? ¿Por qué me miras así?

Aldo tomó su muñeca y la bajó para descubrir su boca.

—Juan, te conozco y sé lo celoso que puedes ser. Pero sabes que, aun así, te queremos.

—Te estoy diciendo que...

—¡Aldo, Juan...!

Una voz aguda se escuchó detrás de Juan. Se giró un poco para ver a Tina y Foolish subiendo las escaleras.

—¿Ves? Sabía que los habían escuchado. ¿Qué hacen aquí?

—Sí... ¿Qué están haciendo, chicos? —preguntó Foolish.

Y se veía un poco... ¿molesto?

Su mirada estaba fija en una cosa. Juan siguió la dirección de sus ojos, descubriendo el motivo de su enojo.

—Ah...

Fue lo único que pudo decir.

Aldo aún tenía retenida su muñeca y, en realidad, estaban demasiado cerca uno del otro. Antes de que pudiera alejarse, Aldo hizo todo lo contrario.

Se acercó a su oído y le susurró:

—No te preocupes, Juan. Guardaré tu secreto.

Juan frunció el ceño viendo al moreno alejarse.

—Solo hablábamos de que su servidor cerró un trato para un nuevo proyecto. ¡Comeremos otro mes, chicos!

—¡¿En serio, Aldo?! ¡Eso es genial!

Juan trató de ocultar su incomodidad con una sonrisa.

¿Por qué sentía que Foolish se había molestado?

Lentamente llevó su mirada hacia el pelinegro que estaba a su costado y lo encontró mirándolo fijamente para inmediatamente después apartar la vista.

¿Eh?