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Ash no había querido darle mayor atención a las miradas ‘sutiles’ que Juan lanzaba en su dirección, siempre habiendo querido autopercibirse como razonable y paciente—el Norte entero podría estar agradecido por ello—pero eventualmente hasta el hombre con mayor paciencia del mundo alcanza su límite.
Cuando Ash llegó al suyo, simplemente soltó un profundo suspiro y se giró a ver al castaño, quien lo vió de regreso sin tener el decoro de siquiera fingir que había estado mirando cualquier otra cosa.
“Can you stop staring at it? I’m starting to get self-conscious.”
Para sorpresa de nadie, Juan sólo le sonrió y soltó una de esas risitas que solían volver loco a Ash, porque para bien o para mal, inevitablemente hacían que quisiera reírse con él; sin embargo, esta vez su fuerza de voluntad fue mayor, y logró más bien fruncir el ceño en respuesta, ligeramente ofendido.
Juan se rompió a reír con más ganas. Ash dió un paso adelante, con toda la intención de irse pero el norteño tomó su muñeca para evitar su huida—y no importaba que tan posiblemente molesto Ash pudiera estar con él o con alguna de sus tantas gracias, no podría jamás alejarse del contacto ajeno. Sólo el suyo.
Dentro de unos cuantos momentos que realmente se le hicieron eternos, Juan dejó de reírse y tiró con gentileza del agarre en su muñeca para traerlo nuevamente a su lado, pronto estando nuevamente frente a frente, sin mayor distancia entre ellos.
“¿Me perdonas?” le pidió, y como Ash no quería ser tan convencido tan fácil, no respondió. Entonces la mano de Juan se deslizó desde su muñeca hasta dar con la suya y entrelazó sus dedos con la cotidianidad que hacía siempre antes de darle un pequeño apretón, buscando esa confirmación de que no estaba realmente molesto con él. No había forma de pretender por más tiempo tras el gesto, mucho menos bajo la atención de esos expectantes y bonitos ojos marrones.
“You play dirty,” le dijo con un resoplido mientras le ofrecía un pequeño apretón en respuesta, Juan se encogió de hombros con una sonrisa satisfecha en sus labios. “Why were you staring at it so badly? … Does it look bad or is it misplaced and you can’t help yourself?”
“Pff,” descartó Juan de inmediato con un gesto vago de su mano libre. “Si fuera algo de mi TOC, créeme que no sólo hubiera estado viendo. Es sólo que me pareció curioso, ¿sabes?”
Y entonces apuntó con la misma mano libre a las flores moradas que adornaba el cabello perfectamente estilizado de Ash, justo detrás de su oreja. “¿Siempre tiene que haber una boda para que te pongas flores en la cabeza?”
Ash parpadeó, tomando un largo momento para procesar las palabras. Confundido, levantó sus manos entrelazadas, donde sus anillos dorados de boda recientemente intercambiados relucían. “The flowers I'm wearing... for our wedding.”
Juan soltó otra de esas risitas, y Ash quedó estupefacto. Enserio se había casado con este tonto. “Flowers are beautiful, and I wore one to Katie’s wedding and you said I was the most handsome guy at the moment. Maybe I wanted you to find your husband handsome. Have you considered that, huh?”
“Awww,” canturreó Juan e inclinó ligeramente la cabeza a un lado, como encontrando tierno al dictador que tenía frente suyo y con el que se había casado. “Pero tú eres guapo para mí tooodo el tiempo.”
“I don't have a face three out of four times you look at me,” Ash replicó.
“Yesss, and that's so sexy,” reafirmó Juan con toda la facilidad del mundo, incluso en inglés. De haber tenido un rostro en ese momento, en lugar del usual, confuso patrón de píxeles y glitches en lo que sería su semblante, Ash se hubiera sonrojado.
“You’re insufferable.”
Juan asintió, claramente desavergonzado, su mano colocándose en la base del cuello de Ash y deslizándose sobre su piel hasta posarse en su nuca. “Mhm. Ahora, ¿me permites besar a mi muy guapo esposo? Que sea una de esas cada cuatro veces.”
Concentrándose únicamente en su mutua necesidad por compartir un beso con el hombre al que le había dado el “sí” en el altar hace tan solo una hora, Ash pudo relajarse lo suficiente para que Juan pudiera ver su rostro.
“También eres guapo cuando te sonrojas.”
Lo último no lo pudo refutar, la queja murió en sus labios cuando Juan los besó tras ponerse de puntillas.
