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I can't wait another day, Amanda

Summary:

Tommy decide que la fiesta de graduación de Wilbur y Techno es el mejor escenario donde finalmente besar al chico que le gusta.

(Todo el mundo decidió que era tiempo de escribir a purpled y tommy besándose, y yo no me iba a quedar atrás)

Notes:

Título: Amanda - Boston (temazo)

Work Text:

Ni tan mal que esté saliendo, piensa Tommy arrastrando a Purpled fuera del salón.

La fiesta de graduación de Wilbur y Techno era un evento que la familia esperaba con ansias desde hacía varios meses.

Cuando por fin llegó la noche donde Kristin le definía los rulos a Wilbur y Techno se llenaba las orejas y trenza de argollas doradas, Tommy expresó su plan:

—Hoy voy a besar a Purpled.

Sin filtros, eufemismos ni florituras. Y en su defensa, si él no lo hace, no va a pasar nunca. Ya se hartó de pasar los últimos meses de escuela haciéndose el bobo cuando está cerca suyo, así que cuando Wilbur hace una arcada y Techno responde con un comentario seco como el bollo de pan que lleva dos semanas en la panera, lo último que piensa hacer es retractarse. Sobre todo cuando tiene conciencia plena de que la mirada de Purpled sobre él cambió en esos meses de fingir inocencia en su descarado coqueteo.

Así que Tommy se aseguró de que su chaleco gris con pantalón a juego estuvieran bien planchados, recogió su cabello, se puso el aro de esmeralda y labial rosa y salió.

Contrario a la creencia de Tubbo, le estaba saliendo bien. Si no, ¿por qué estaría tirando de la mano de su amado hacia el patio del salón?

Purpled se veía mejor que nunca: llevaba una camisa de seda manga larga color violeta y pantalón de vestir negro con una cadena plateada colgando del cuello. Su cabello fue peinado con esmero, más largo de lo que solía tener antes, acomodado en ondas bien definidas. De la oreja le colgaba una argolla metálica negra y su índice izquierdo lucía un anillo negro liso.

(Si Tommy tuvo problemas para no mirarlo boquiabierto, es problema suyo y sólo suyo, ¿bien? Bien).

(Al menos lo disimuló mucho mejor que Purpled, que no dejó de mirarlo con ojitos en todo lo que va de la noche).

—¿A dónde vamos? —pregunta Purpled.

Ah. Buena pregunta.

—Eh… no sé, a donde no retumbe la música. —Tommy se encoge de hombros y escudriña el lugar, en busca de un rincón sin gente.

¿Por qué no pueden poner música bailable? Se pregunta Tommy viendo la cantidad de gente en todos lados.

Escudriña el espacio. En la mesa de aperitivos están Punz, Techno y George hablando, lo que significa que van a tener que mantenerse alejados de básicamente el centro del patio para no arriesgarse a que sus hermanos los vean. Eso… en realidad descarta por completo el patio trasero.

El patio del frente, sin embargo, está vacío a excepción de Charlie y su primo Avery, que charlan mientras ven algo en el celular. El porche de entrada está totalmente vacío y tiene suficiente iluminación para generar un ambiente… sugerente.

Bingo.

—Vamos ahí. —Tommy tira de su brazo inerte hacia la zona.

Ambos se sientan en la escalera, con una bonita vista a los setos que separan el patio del estacionamiento. La noche es cálida y corre una brisa que alivia el subidón de energía.

Purpled se sienta en un escalón con el hombro pegado a la pared. ¡Qué conveniente!

—¿Qué te parece la fiesta? —pregunta Tommy y se sienta a su lado.

Purpled piensa su respuesta.

—No sé, no soy muy fiestero. —Se encoge de hombros—. Supongo que depende principalmente de si tengo amigos o familia para reírme un rato, pero aquí sólo te conozco a ti, mi hermano y sus amigos. Y bailaría con ellos sin problema, pero la música… digamos que no acompaña.

—Vaya, Purpled bailarín —se burla Tommy con la mejilla contra su puño.

Purpled resopla.

—No soy el mejor, pero hay canciones a las que uno simplemente no se resiste.

—Por supuesto que sí. Simplemente no puedo imaginarte bailando.

—Me imagino que esta no será otra de tus formas discretas de decirme emo.

—¿Decirte emo, yo? —Tommy se lleva la mano al pecho.

—Sé que lo haces a cada oportunidad. —Purpled lo empuja con el hombro.

Tommy empuja de vuelta (no, no estaba buscando más contacto), Purpled vuelve a empujar. Ambos ríen. Se hace el silencio.

—A mí tampoco me gustan mucho las fiestas —suelta Tommy.

Purpled lo mira.

—No me lo esperaba de ti, pero tampoco me sorprende, de alguna forma.

—Rara vez me gusta una. No sé exactamente de qué dependa, pero supongo que tu perspectiva tiene sentido.

—¿Tommy de acuerdo en algo conmigo? El fin se acerca.

—¡Cállate! —Tommy lo empuja, esta vez con más intención. Purpled se queda apoyado contra la pared. A este paso, el chico está pidiendo que lo besen.

Oh, sí, el beso, Tommy tiene que concentrarse en eso. Aunque el primer paso es hacer un buen ambiente. Así que Tommy se encarga personalmente de mantener una charla amena.

Hablan sobre… cualquier cosa. Realmente, cualquier cosa. Desde el clima hasta apostar sobre cuándo llegará el fin del mundo. Hablan hasta que se desgastan y su parte más vulnerable queda expuesta al otro, hablando de miedos, del futuro, de la inseguridad.

Tommy piensa que es un buen ambiente. Pero tal vez no un buen momento, porque Tommy sabe que Purpled no es de los que se abren todo el tiempo, y no va a abusar así de su vulnerabilidad, no gracias, él es un caballero.

Un poco decepcionado, sigue la charla, suavizados por el sueño de una madrugada de fiesta.

Cuando se hace el silencio, Tommy voltea a ver a Purpled.

Tiene la vista perdida en el cielo negro, clavada en algún sitio del vasto universo. Sus ojos reflejan todo ese infinito, y todo lo que Tommy puede pensar es que ese es el hombre del que está enamorado.

—¿Qué estás mirando, tan perdido? —pregunta Tommy, se acerca un poquito más a su costado. Purpled lo mira brevemente, por su cercanía, y vuelve los ojos al cielo.

—Las… pléyades. Un cúmulo de estrellas —explica antes de que Tommy pudiera preguntar.

—¿En dónde están?

Purpled acerca sus rostros con timidez y señala un punto.

—Esas tres estrellas que se ven más claras son el cinturón de Orión. —Señala al cielo—. No se ve muy claro por la contaminación lumínica, pero si te concentras mucho, en diagonal a la estrella de la derecha vas a ver un borrón azulado con puntitos celestes.

Su dedo se desplaza más al costado, donde las Pléyades están en su campo de visión.

—¿Las ves?

Tommy entrecierra los ojos hasta divisar la dichosa mancha azul en el cielo.

—Sí —asiente—. ¿Por qué se ven tan chiquititas?

—Están a cuatrocientos cuarenta y cuatro años luz de distancia, Tommy, ¿cómo más se iban a ver?

—Bueno, discúlpame por no ser un nerd como tú.

—Te encanta que te hable con términos técnicos. —Purpled sonríe y alza los hombros. Tommy lo toma como un reto.

—Sí, me encanta. Ahora ponte a hablar en términos técnicos.

Purpled lo mira con cara de pantallazo azul momentáneo antes de aclararse la garganta con una sonrisa nerviosa y empezar a hablar sobre acumulaciones de gas frío, distancias y constelaciones.

Y sí, tal vez Tommy lo mira con ojitos de corazón, pero ¿cómo no hacerlo? Vamos, la poca luz cálida que hay en el porche parece saber dónde posarse para hacer un buen juego de luces y sombras sobre su rostro para marcarle la mandíbula y el arco de los labios que tanto quiere besar, y permite que las estrellas hagan el trabajo de iluminar sus ojos. Y mejor ni hablemos de su voz o cómo gesticula al hablar con emoción sobre las supernovas, y mucho menos de cómo lo mira a los ojos cuando explica para saber si entendió.

Y tal vez Tommy no entienda, pero definitivamente lo escucha, con la devoción y el anhelo que esconde tras su coqueteo descarado y jocoso.

—Dios, ya debo estar aburriéndote. —Purpled aparta la vista de su rostro con las mejillas pintadas de rosa—. Tal vez sí soy un nerd.

—No digas eso cuando podría escucharte todo el día.

Las palabras salen sin pensar, pero Tommy descubre que no le importa.

Purpled le sonríe como pocas veces se permite hacerlo: sentimental, avergonzado, feliz. Genuino.

—¿Sí? —pregunta bajito.

—Sí —responde Tommy, igualmente bajito.

Hay un momento de realización en Tommy, de que… están cerca. Purpled también se había acercado a él en varios momentos fríamente calculados.

—Deberías usar camisa más seguido —habla Tommy—. Te queda bien.

Purpled se pone más rosita.

—No lo creo, es demasiado tu estilo.

—¿Crees que soy el único que puede ponerse una camisa? Vamos, es mejor que tus remerones de bandas emo…

—¡No empieces!

Purpled lo empuja con el hombro (y con todo su cuerpo, en realidad, estaban completamente pegados). Tommy recupera el equilibrio rápidamente y se asegura de volver a la misma cercanía de antes.

—Hablo en serio, te ves genial.

—Basta, no hables más. —Purpled se tapa el rostro y lo inclina para el otro lado. No evita que Tommy vea su sonrojo.

—¿Por qué? ¿Te pongo nervioso? —Se inclina más cerca, con la barbilla rozándole el hombro.

Purpled vuelve a mirarlo, con el rostro rosado y los ojos grises llenos de nerviosismo y dejes ilegibles de algo más.

—Sí —responde, crudo y directo.

Por un momento, Tommy teme haber arruinado sus posibilidades. Había sido la oportunidad servida en bandeja de plata pero, como siempre, Tommy Innit arruina todo con su intensidad. Bien hecho, Tommy.

Tommy se aleja de su rostro, pero como es un hombre codicioso, no permite que sus hombros dejaran de tocarse.

Purpled se aprieta más contra su costado. 

—Tú también te ves bien —susurra.

Tommy lo mira. Purpled igual.

—Dime por favor que no arruiné el ambiente.

Purpled ríe.

—No, no, sólo… ya sabes que me pongo nervioso. —Mira al frente, a él de vuelta—. Me gusta cómo te queda esa camisa.

—Se la robé a mamá. —Tommy se regocija.

—Me sorprende que no hayas venido de rojo.

—Technoblade ya vino de bordó, no iba a hacer lo mismo yo. —Se encoge de hombros.

—Sí, igualmente te queda bien.

Tommy tiene que hacer un esfuerzo físico por no gritar ante el tono nervioso y dulce de su amado.

Con tal de liberar un poco, suelta un bufido.

—Mira qué atrevido que estás hoy, casi pareciera que me estás coqueteando —suelta, sugerente.

Hay dos segundos de silencio. Entonces:

—¿Y si lo hiciera?

La mente de Tommy es una fiesta. Cierra los ojos y sonríe como un campeón.

—¿De verdad quieres saber?

Purpled lo mira. Se inclina hacia él. Tommy igual.

—¿Será algo bueno? —pregunta.

Tommy ahueca la mano en su nuca y lo besa.

Purpled queda con la mano suspendida en el aire durante el segundo que le toma reaccionar antes de apoyarla temerosamente en su omóplato. Tommy siente la exhalación sobre el arco de su labio, cómo su amado se relaja cuando le acaricia los pelos de la nuca y mueve los labios dejando una estela rosada en su camino.

Tommy lo besa, disfruta la timidez de Purpled cuando decide también mover los labios y acariciar su espalda. Su otra mano le ahueca la mejilla con dulzura, el metal de su anillo irrumpe la suavidad y calor de su piel en una breve sección, pero Tommy vuelve a estar sobre nubes cuando Purpled acaricia su pómulo con el pulgar.

Lo besa una y otra vez, prueba cómo encajan sus labios, en qué ángulo e inclinación su nariz le roza la mejilla, si hay posibilidad de un beso más movido o si se quedan con la dulzura del momento.

Cuando la posición se hace incómoda, Tommy deja un último beso que suena con un chasquido cuando se aleja.

Purpled tiene las mejillas sonrojadas, los labios con borrones de pintura rosa y respira profundo. Cierra los ojos y reprime una sonrisa nerviosa cuando se da cuenta de que Tommy lo está mirando.

Tommy ríe suavemente.

—No te rías —dice Purpled con los nervios cerrándole la garganta, pero una sonrisa rosada en los labios.

—Es que te ves muy tierno. —Tommy se sienta todavía más cerca, con sus caderas pegadas.

—Basta. —Se tapa el rostro con las manos.

—El rosa te queda bien.

—¡Tommy! —chilla y lo empuja suavemente, sin intención de alejarlo. Mala idea: Tommy agarra sus manos para que no se vuelva a tapar la cara—. ¡Tommy, suéltame! —Purpled ríe y tira, pero Tommy no le hace caso y tampoco se incorpora cuando los tirones lo acercan más y más a él.

—No.

—¡Tommy!

Tommy se estira y le da un beso en la mejilla. Aprovecha que Purpled se paraliza para tomar su rostro y esparcir besos por cada centímetro de sus labios que no estuviera pintado de rosa.

Purpled ríe e intenta dar lucha, pero pronto comprende que la resistencia es insignificante contra la voluntad de Tommy, así que acepta su destino y simplemente coloca las manos sobre sus hombros hasta que Tommy sacie su hambre.

Se separa con una sonrisa radiante y, cuando mira a Purpled, no puede evitar soltar un suspiro.

—¿Vas a dejarme respirar ahora? —pregunta con la voz quebrada de risa.

—¿Por qué habría de hacerlo? —inquiere antes de inclinarse y picotearlo.

Purpled suelta un quejido callado por otro beso antes de que Tommy finalmente se aleje y suelte sus manos. (No hablemos de cómo Purpled casi extiende la mano para impedir que se mueva).

—¿Será algo bueno? —pregunta Tommy cuando vuelve a sentarse con una sonrisa que acompaña su mirada arrogante.

Purpled revolea los ojos y se dispone a ignorarlo, pero como estamos hablando de Tommy, lo empuja con el hombro para obtener respuesta.

Se miran con una sonrisa. Purpled aparta la mirada.

—Sí —susurra.

Tommy se zarandea, como si dijera “ya lo sabía”. Purpled resopla sintiendo el movimiento contra su costado.

Hay un momento de silencio donde los labios cosquillean y ansían el calor de los otros de vuelta. Donde las manos inquietas quieren sostener y acariciar, y los pulmones desean volver a compartir aire. 

Cuando el momento se alarga, Tommy se acomoda y apoya la cabeza sobre el hombro de Purpled.

Purpled se rasca el labio y luego mira la pintura rosa en la yema de su dedo.

—Mira cómo me dejaste —se queja mirándolo. Tommy levanta la cabeza de su hombro.

—¿De qué te quejas? Te queda bien el rosa. —Lo mira con picardía.

Purpled ya ni siquiera se molesta en responder: solo deja que su rostro tome color y sonríe.

Tommy mira cada pequeña expresión que hace. Alza una mano y le acaricia la mejilla (la que no tiene la marca de su beso, por supuesto). Ojos grises se conectan con los celestes, y la sonrisa les sale del corazón.

—Tendría que dejarte así más seguido —suelta Tommy.

Purpled sigue poniéndose rojo.

—Te sonrojas fácil…

—¡Bueno, ya basta! —lo interrumpe.

—¿Por qué? Estás atentando contra mi libertad de expresión. Se supone que estamos en un país libre.

—¿En serio te vas a poner a decir estupideces inmediatamente después de besarme? —Se tapa los ojos con una mano, exasperado.

—¿Y si me callaras? —Tommy se le acerca.

Todo lo que puede hacer Purpled es sonrojarse (¿Cómo es siquiera posible sonrojarse más?). Se pone nervioso, mira para otro lado, se pellizca los dedos.

—Oh, eh, yo… no sé, nunca hice esto. —Voltea el rostro.

—¿El qué?

—Eh… ¿esto? —Mueve el dedo entre los dos.

Tommy calcula. Luego abre los ojos bien grandes.

—Purpled. —Lo mira—. ¿Este es tu primer beso?

—Eh… ¿sí?

Tommy queda boquiabierto. El rojo en las mejillas de Purpled esta vez es por vergüenza. 

—¡¿Soy tu primer beso?!

—¡¿No sabías?!

—¡Purpled! ¿Qué carajo?

—¡Pensé que sabías!

—¡Purpled! ¿Por eso estabas tan nervioso? —ríe, apoya la frente en el hombro de Purpled y las manos en sus costillas.

—¿Cómo más querías que me sintiera? —pregunta con tono de impotencia.

—Oww, qué lindo eres —arrulla Tommy, convirtiendo la pose en un auténtico abrazo.

 

Siente cómo la mejilla de Purpled se apoya sobre su coronilla. Tras un momento, se aleja y lo mira a los ojos. El afecto en las suaves caricias de sus manos sobre su caja torácica se refleja en su mirada.

—No… no estoy acostumbrado a que me miren así —murmura Purpled.

—Acostúmbrate —suelta Tommy con sencilleza.

—Me va a costar un poco, me temo.

—Yo te voy a acostumbrar, entonces. —Toma su mano. Purpled sonríe—. Ahora bésame, idiota.

Sí, le va a costar acostumbrarse, pero a Tommy no le importa cuando Purpled toma su rostro con ambas manos y lo besa y sonríe contra sus labios, derritiéndose el uno sobre el otro, deshaciéndose en un amor meloso y azucarado.

Se va a acostumbrar, eventualmente, porque se separan por cinco minutos en los que Tommy va a robar una porción de marquise de chocolate y se cruza a Wilbur, que mira sus labios manchados de rosa y pone cara de asco, pero después se ríe y lo abraza, y luego Kristin lo ve e intenta conseguir información mientras le limpia los restos de pintura. 

Se va a acostumbrar, porque Purpled manda una foto que enfoca la mitad inferior de su rostro a sus amigos y recibe instantáneamente una muestra de locura en forma de mensajes en su chat grupal.

Va a acostumbrarse al ritmo que deba ser, porque el tiempo que Tommy llevaba esperando este momento lo entrenó con una paciencia que sólo podría haber obtenido intentando ligar con un chico como Purpled.

Pasan el resto de la noche sentados en la escalera compartiendo marquise, café y besos, y vuelven a sus casas con una cita programada.