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Quédate un poquito más

Summary:

Aldo acaba de cometer el acto más terrible de todos, uno que juró nunca realizar, pero incluso en los peores momentos, incluso cuando él lo duda, siempre puede contar con Roier.

Notes:

Holaaa :D

Heme aquí una vez más, escribiendo para mis queridos cubitos de minecraft.

Este pequeño os está basado en su mayoría en el cóver de Mon Laferte de la canción "La Nave del Olvido" de José José, así que recomiendo oírla mientras leen :3 además de en algunos fanarts e ideitas que he visto por ahí.

Anyways mucho yappeo.

Enjoy~

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La lluvia arrecia con fuerza en la tierra, los rayos caían dispersos en la lejanía, las chispas de la netherita contra el diamante volaban por el aire y llenaron el coliseo improvisado con el olor ferroso de la sangre a cada roce intenso de las cuchillas contra la piel descubierta.

No podía pensar con claridad, las gruesas gotas de agua limitaban su vista empañando sus lentes, sentía que su cabeza iba a explotar por contener el llanto, el odio, la ira…

“¡Vaya general resultaste ser!”, Aldo arrastró sus pies por las vías de su tren con la voz de Foolish repitiendo una y otra vez aquellas frases, cada palabra apuñalaba su pecho como filosas dagas serradas que sólo querían hacer daño, sólo querían provocar… y lo merecía, sabía que era sólo su culpa que todo hubiera resultado así.

La puerta de metal rechinó al abrirse contra su peso muerto, el sonido de la lluvia se vio extinto entre las paredes de piedra del castillo, finalmente el abrumador silencio de la soledad golpeó su pecho al recorrer las enormes habitaciones del lugar, de ese templo construido para el aislamiento que él había elegido para sí mismo.

“¡No era sobre ellos!, ¡se trataba de ti!”, sus pasos cansados, casi moribundos en espíritu, no se detuvieron y guiaron a su destrozada mente hasta la cima del castillo, al borde por donde podía visualizar perfectamente la mansión del Norte donde ahora mismo Foolish y Tina debían estar atendiendo sus heridas, rodeados por la familiaridad del fuego del hogar, abrazados por el confort de la compañía mutua.

“Se trataba de ti”, una que anhelaba más que nunca.

Dicen que cuando ves al vacío, éste te devuelve la mirada. Aldo lo vio, el vacío, pero no el que estaba ahí debajo de sus pies, ese que estaba instalado en su maltratado corazón y que ahora lo llamaba de vuelta a la oscuridad eterna, al descanso del dolor que podría tener si tan sólo diera un pequeño salto…

“Aldo, ¿viniste a mi fábrica?”, y habría cedido al frío abrazo de la incertidumbre de no ser por esa pequeña notificación en su comunicador que llamó al instante su atención, pues sabía de quién se trataba.

Roier.

Tardó un segundo en contestar, dos.

“¿Papu?”.

“Si, perdóname por romper tu pared, ocurrió un pequeño accidente pero puedo ir a repararlo”, escribió rápidamente antes de dar un paso atrás.

“Jijo de tu pinpon”, Aldo no pudo evitar sonreír con esa frase, tal vez tonta, pero que le hizo retroceder al menos por un momento más y correr sin dudar a la única persona que aún tenía.

— Papu. — Soltó con alivio nada más ver esa figura atlética con su típica sudadera de Spiderman y bandana azul tan conocida en medio de la fábrica con los brazos cruzados y el ceño fruncido de molestia.

— ¿Quieres explicarme qué pasó? — Preguntó con obvia irritación por el hueco qué había en las paredes del lugar y qué Berta había causado en un pequeño inconveniente previo.

— Es que Berta se me aloco y causó esto, pero no te preocupes, ahorita te lo arreglo enseguida. — No había terminado ni siquiera su frase cuando ya estaba reconstruyendo la pared con deepslate.

— Ay Aldogeo, me voy tantito y haces tu desmadre. — Roier negó y el contrario rio ligeramente por su comentario.

— Perdóname we, fue un accidente, en serio. — Roier no dijo nada al instante al captar un tono genuino de súplica más disimulado en esas palabras. Él era más observador de lo que parecía y claramente había notado las heridas que tenía, las manchas de sangre en su ropa húmeda, sus ojos enrojecidos e hinchados de llorar en silencio, su postura encorvada, sus manos temblando discretamente a cada acción, sus ojos opacos…

— ¿Quieres ver lo que hice abajo? — Preguntó con más calma una vez que Aldo terminó y fue a su lado nuevamente.

— ¿Qué hiciste?

— Ven, sígueme. — Roier lo guió a la parte baja de la fábrica a través de unas escaleras de madera rojiza hasta una habitación con un escritorio en medio, algunos cuadros decorativos y un sillón negro.

— Wow, ¿y esto? — Aldo dio una vuelta sorprendido al entrar en la misma.

— Es una pequeña oficina, para hablar de negocios y ese tipo de cosas. — Roier fue detrás de él mientras investigaba lo que había.

— Te quedó chingona. — Mencionó Aldo al ver las tuberías anaranjadas en el techo y las paredes. — ¿Y esas para que son?

— Ah, son mera decoración. — Roier movió su mano quitándole importancia aunque sonreía, claramente orgulloso

Aldo soltó una risa ligera, abrió la boca para decir algo más pero la cerró de repente, pues vio en el escritorio de Roier una foto que el contrario también divisó al darse cuenta de a donde había dirigido su mirada.

En el marco de madera se podía apreciar la primera foto que sacaron del Norte; Juan, Foolish, Tina, Roier, Molly y él se encontraban alrededor de Vegetta, todos haciendo alguna mueca tonta mientras que el rey sólo sonreía ampliamente en frente de la mansión en obra gris, era una foto simple, algo tan banal que en otro momento no habría apretado su corazón como en ese momento lo hizo, incluso quitándole el habla.

Roier frunció el ceño al ver que Aldo llevaba una de sus manos a su pecho y apretaba la ropa de su camisa con tal fuerza que creyó que la iba a romper.

— Aldo-

— Roier… ¿seguirías creyendo en mí aunque fuera un asesino? — El mayor de ambos volteó con una mirada que sorprendió al de bandana y lo dejó mudo por un microsegundo. En ese vistazo a su alma pudo apreciar lo roto que estaba su espíritu, lo necesitado de compañía que estaba, lo arrepentido que se sentía de seguir vivo en ese preciso momento de quiebre. Era una visión tan dolorosa que podría haber alejado a cualquiera por temor a contagiarse de esa profunda tristeza…

Pero a Roier no.

— Sí. — Dijo al instante, sin siquiera un atisbo de duda y fue esa seguridad tan inquebrantable como un muro de obsidiana lo que removió en lo más profundo a Aldo hasta conmoverlo. No pudo aguantar más todo lo que tenía guardado y se quebró ahí mismo, frente a la persona que más confiaba, que más amaba.

No pensó de manera racional cuando casi se abalanzó sobre Roier y lo apretó con fuerza entre sus brazos en un abrazo tan desesperado que volvió a sorprender a Roier.

— Gracias. — Gimoteó en medio del mar de emociones que ya no podía controlar. Los fuertes brazos de Roier no titubearon en devolver el abrazo con la misma intensidad para dejar que descargara todo en su hombro mientras le daba consuelo acariciando su espalda con parsimonia y pegó su mejilla a su cabello, ignorando por completo el hecho de que seguía húmedo por la lluvia.

Aldo poco a poco se fue calmando, la presencia de Roier y el constante contacto entre ellos lo hizo sentir por fin comprendido, acompañado… amado como no había vuelto a experimentar en días de aislamiento y Roier a pesar de lo shockeante que le resultaba ver a Aldo así cuando siempre había sido una persona tan sonriente e inquebrantable, no dejó de transmitirle que estaba en un lugar seguro, que estaba ahí con él, al menos hasta que sintió que aligeraba su agarre en sus ropas.

— ¿Por qué me preguntas eso?, ¿qué pasó? — Roier acunó su rostro entre sus manos y le preguntó con suavidad una vez se hubo calmado lo suficiente como para dejar de sollozar.

— Me obligaron a pelear con Foolish y Tina.

— ¿Por? — Roier alzó sus cejas extrañado.

— Se vistieron de los de la Federación y al parecer eso no les hizo mucha gracia. — explicó con risa irónica. — Nos llevaron a una arena y tuve que matarlos.

— Bueno, pues para que se les quite. — Roier se encogió de hombros y Aldo volvió a verlo con impresión.

— Yo… no estoy orgulloso pero soy un asesino wey. — Repitió como si no creyera realmente la poca importancia que parecía tener para Roier un hecho tan abominable e imperdonable.

Pero es que era así, para Roier no había nadie más importante en el mundo que Aldo, nada de lo que hiciera o dijera podría alejarlo o hacerle creer que no era digno de su amor, así que le sonrió con suma dulzura y acarició sus mejillas con sus pulgares.

— Fue para que le bajaran de huevos ¿no?, ¿para qué van a fregar? — Volvió a decir con esa seguridad que hacía a Aldo quebrarse cada vez un poco más.

— Gracias papu. — Aldo volvió a abrazarlo, esta vez en un toque más tranquilo, más seguro. Roier sonrió y volvió a corresponder de la misma forma.

— Oye, ¿tienes de casualidad una toalla o algo?, ya me incomode de estar todo húmedo. — Dijo en un momento Aldo con molestia y vergüenza y Roier volvió a reír.

— Aquí no, pero en tu castillo de seguro sí que hay. — Sugirió Roier y Aldo hizo una ligera mueca.

— ¿Podrías… ir conmigo? — Murmuró sin verlo, claramente apenado, una visión que pocas veces Roier había tenido el privilegio de tener.

— Claro que sí. — Roier agarró sus manos, entrelazando sus dedos para balancearlas ligeramente en un movimiento que llamó la atención de Aldo, sus manos morenas y maltratadas de la pelea y el trabajo hicieron contraste con las manos bronceadas y más cuidadas de Roier, era obvio a quién en ese momento le importaba más el autocuidado.

— Vamos que no me has mostrado cómo es tu cuarto allá. — Roier lo jaló y lo incitó a seguirlo, cosa que Aldo no dudó en hacer.

Se teletransportaron rápidamente y corrieron de la lluvia al estar fuera del edificio.

— Bueno, pues aquí está la entrada. — Empezó a decir Aldo mientras Roier lo seguía, viendo a su alrededor más que impresionado.

— Wey, está enorme, ¿neta tú hiciste todo esto? — Dijo al terminar el rápido tour que Aldo le dio.

— Si we, ¿por qué dudas? — Aldo arqueó una ceja y sonrió desafiante a lo que Roier sonrió de la misma manera.

— No pues, nomás preguntaba. — Roier alzó sus manos en son de paz y Aldo sólo negó divertido.

— Y bueno, este es mi cuarto. — Aldo abrió la puerta de oro dejando a Roier ver su gran habitación de paredes de ladrillo de piedra con una alfombra roja en el piso, candelabros, varios cofres con código de seguridad, su cama, mesa de encantamientos y demás decoraciones.

— Vaya lujitos. — Roier silbó de impresión y Aldo sonrió.

— Ya sabes cómo soy. — Aldo se quitó su gabardina y la echó en el piso de forma descuidada antes de dirigirse a su armario de donde sacó una muda de ropa más ligera y una toalla. — Creo… que voy a tomar una ducha rápida.

— Dale papu, te dejo entonces si quieres. — Roier sonrió a punto de dar la vuelta cuando sintió un ligero tirón en su sudadera que lo hizo voltear.

— ¿Puedes… quedarte un poquito más? — Aldo volvió a apenarse de tener que pedir algo tan infantil, incluso bajó la vista para ocultar sin mucho éxito sus mejillas sonrojadas pero necesitaba que Roier no lo abandonara en ese momento.

“Me moriría si te vas”, fue todo lo que quiso decir pero no se atrevió.

Pero Roier no necesitaba escucharlo.

— Claro. — Roier volvió a girar y tomó la mano de Aldo con suavidad, él siempre entendía él subtexto, las frases ocultas, el doble sentido en las palabras y las acciones de Aldo, nadie lo entendía cómo él y ambos eran más que conscientes de eso.

Y mientras Roier esperaba pacientemente sentado en su cama, Aldo sintió el agua caliente golpear su cuerpo aún herido, llevándose poco a poco la suciedad de la batalla, limpió sus heridas de la sangre seca y sacudió el polvo de su cabello, todo rastro visible desapareció dejando atrás sólo las cicatrices que siempre le recordarían lo que había hecho aquella noche desafortunada.

Cerró el agua después de varios minutos y tomó la toalla para secarse, encontrándose con sus ojerosos e hinchados ojos café devolviéndole la cansada mirada. Era tan fácil que pudiera ceder ante el vacío que volvió a crecer en su pecho al ritmo de la gota de agua restante de la ducha que se escuchaba de fondo…

— Eh papu, ¿te vas a tardar mucho?, es que necesito entrar. — Y cómo si la sola idea de terminar con todo fuera un llamado silencioso para Roier, su voz se pronto se escuchó afuera de la puerta, trayéndolo de vuelta al momento.

Claro, no estaba solo.

— Ya casi salgo. — Contestó y sacudió su cabeza para despejar sus pensamientos.

Se vistió y casi chocó con Roier al abrir la puerta que soltó una risita algo contenida al ver el susto de la sorpresa en la cara de Aldo que dio un pequeño paso atrás.

— Órale, hazte pa allá. — Aldo le dio un golpe sin fuerza en el hombro que hizo a Roier volver a reír.

— Ya dame permiso. — Aldo negó con una sonrisa, sabía que lo había hecho a propósito para molestarlo un poco.

Y sinceramente apreciaba ese pequeño gesto.

Aldo fue a su cama y se echó de espalda, viendo al techo las imágenes de lo que había ocurrido nuevamente pasaron cómo un metraje por su mente, uno muy doloroso y que le hizo cerrar sus ojos y respirar hondo.

“Mátalo”, ordenó el Guardia de la Federación con esa voz robótica que tanto detestaba.

“¡Sí!, ¡estoy de acuerdo!, ¡sólo hazlo!, ¡ya hemos terminado aquí!”, exclamó Foolish derribado en el suelo, sangrando por su hoja, furioso por sus acciones…

— ¿Sigues pensando en eso? — Aldo abrió los ojos y se encontró con la mirada de Roier viendo directamente a su rostro, se había incluso sentado a su lado. No parecía alterado pero era obvio que estaba preocupado.

— No es fácil dejar ir algo así. — Murmuró sin apartar la vista. Ambos se miraron a los ojos por unos segundos que parecieron eternos hasta que Roier se movió para subirse completamente a la cama, acostándose a su lado, sus narices casi rozaron sus puntas y Aldo pudo apreciar las abundantes pestañas de Roier así como Roier pudo hacerlo con sus profundas ojeras.

— Puedo esperar un poquito más. — Le susurró y Aldo se arrimó contra él, nuevamente buscando un abrazo que no le fue negado.

— Gracias. — Aldo volvió a cerrar sus ojos, dejándose arrullar entre el calor de los reconfortantes brazos de Roier que no dijo nada más, no era necesario, nunca era necesario cuando se trataba de ellos dos.

“Espera un poco, un poquito más”, fue todo lo que Roier le dijo aquella noche lluviosa en la que Aldo finalmente dejó de estar solo.

Notes:

Ahhh al fin pude hacerles algo a mis queridos Aldoier desde hace mucho tenía ganas de escribir algo sobre ellos pero nunca me había animado ;w;

Espero que les haya gustado y muchas gracias si llegaron hasta aquí, esto no es lo único que tengo planeado para estos dos pixeles que tanto me encantan.

Espero volver pronto con algo más para ellos, merecen muchísimo más contenido, así que todo chambear más >:3

Nos vemos pronto en un siguiente fanfic.

Chao chao~