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El siguiente paso

Summary:

John sentía la agitación de aquel joven mientras lo sujetaba por la cintura, incapaz de pensar en otra cosa que no fuera la intensidad de aquellos ojos de un color que no podía describir. Estaba avergonzado, y confuso, y sonrojado. Duro apenas un segundo, solo un segundo, y luego se alejaron, con inocencia y una risa incomoda por parte del rubio.
- eh... lo siento yo... - tartamudeó John. Luego recuperó su actitud amistosa habitual - venía por aquí y saltaste de esa forma y yo...
- Jete - lo corrigió el joven.
- ¿Qué? -
- El nombre del salto es Jete -
- Oh... claro. Mmm. Bueno, eres Sherlock, ¿verdad? -
- Y tu eres John Watson -

-fic balletlock/rugby!john/teenlock, au, ninguno de los personajes me pertenecen-

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Capítulo 1

Chapter Text

'[...]Quiero dejar en claro, por otra parte, que la razón de este experimento tiene como última finalidad, la ciencia. Ningún asunto, sin importar los riesgos personales que puedo haber cometido, existe en este documento fuera de los resultados de los que hace un momento he hablado. Es entonces que espero no encontrar ningún comentario sentimentalista en la sección que estoy dejando aquí debajo para cualquier consulta sobre mi teoría. Todos aquellos que quiten mi tiempo de tal forma serán ignorados o borrados, según el nivel de estupidez en sus palabras. Queda bajo su responsabilidad.'
Sherlock termino de escribir una nueva entrada de su blog en la que publicaba sus descubrimientos, ya que debido a su edad o su falta de estudios no le permitían acceder a revistas científicas reconocidas. Pero no lo importaba, él no los hacía por reconocimiento, lo hacía porque lo deseaba, y eso era suficiente. Al igual que el ballet. No importaba quien llegara a verlo, que tanto se rieran de él. Aquella danza tan elegante y lógica removía su interior de formas que la ciencia no podía explicar. Escucho, mientras apretaba el botón de publicar, que llamaban a su puerta. Tenía que ser Mycroft, siempre era Mycroft.
- No - contestó, sin esperar a la pregunta.
- Harás que mamá se enoje - escuchó que le decían desde el otro lado - y es navidad.
No hubo respuesta. Escuchó que su hermano, recién llegado de la universidad para las fiestas, se alejaba haciendo que sus pasos se escucharan solemnes. Lo odiaba. Odiaba todo lo que representaba. Suspiro y se levantó de su escritorio, con cierto recelo. Se acercó hasta la puerta y la abrió de un tirón. Su hermano lo esperaba al pie de las escaleras con una sonrisa petulante y ganadora. Sherlock se guardó el insulto para sí mismo y bajo a la planta baja seguido por el mayor de los Holmes, pensando que esto no era mucho mejor que la época escolar, pero allí tenía práctica de ballet.

Las vacaciones de invierno terminaron y las clases llegaron con una noticia: había un chico nuevo en la escuela. Era un juguete nuevo listo para brillar, con ojos celestes y cabello rubio, de sonrisa amable y maneras divertidas. Sherlock no podía importarle menos, pero el rumoreo sobre aquel chico mayor que se había atrasado medio año por un problema familiar recorría el salón de clases aquel extraño día en el que llegó temprano. Estaba intentando concentrarse en leer aquella biografía sobre Hamilton, del que había visto el musical recientemente, cuando el sujeto entró por la puerta rodeado de tres chicos que peleaban por ser amigos. ¿Quién podría culparlos? aquel chico de 16 años, aparentemente capitán del equipo de Rugby de la escuela en la que había estado hasta ese momento y a quien le prometían una beca en deportes en importantes universidades, era toda una atracción.
Sherlock se dignó a levantar la mirada cuando la profesora lo introdujo. Escucho su nombre pero realmente no escucho nada, aunque esta vez no tenía nada que ver con su falta de concentración ante cosas poco importantes. El problema fueron aquellos ojos. Azules como el cielo, divertidos, pero tristes en el fondo, hablando de aquel chico nuevo. Sherlock pudo leer todo: leyó la muerte de su madre en la desprolijidad del planchado de su ropa. Leyó el alcoholismo de... ¿su padre? ¿su hermano? en la mancha de vómito lavada y disimulada, pero obvia, de su rodilla. Leyó abuso fisico, definitivamente de su padre, en las marcas rojas (dedos) en las zonas de su brazo que dejaba ver la camisa arremangada. Leyó falta de dinero en sus prendas, pero también leyó desinterés ante este hecho. Leyó bondad en su sonrisa y confianza en su postura.
¿Cuál era su nombre? ¿Por qué le importaba? ¿Por qué le costaba moverse, o pensar con claridad?
Nadie se sentaba frente suyo porque todos los conocían, pero el rubio no, y cuando se situó en el aquel espacio vacío, el estómago de Sherlock dio un vuelco, y se maldijo internamente por ello.
No lo conoces, pensó, concéntrate en tu maldito libro
Pero no pudo, se paso el resto de la clase observando aquella nuca, esperando a que se volteara. Sin embargo al día siguiente ya había hecho tantos amigos que el rubio tomo un asiento diferente, y Sherlock acepto que no tenía tiempo para distracciones, aunque esta vez la anhelara.
Pasaron semanas que se convirtieron en meses. Las vacaciones de verano llegaron y pasaron sin eventos memorables para ninguno de los dos. John se dedico a trabajar con su tio, ayudandolo, y a jugar rugby con sus amigos. Para ese punto ya no solo era el capitán del equipo, sino que también se había convertido en el típico chico popular con el que todos deseaban pasar el rato. Pero él no estaba interesado en eso. Tampoco era ciego ante este hecho, aunque no había sido una desicion, y no entendía como lo había logrado. Simplemente era amable y carismático con todos, jamas se metía en peleas a proposito, solo cuando defendía a sus amigos. O tal vez era su aspecto de chico de oro. Fuese lo que fuese, le importaba poco mientras pudiera dedicar el resto del instituto a quitarse de la cabeza aquellos tortuosos meses tras el fallecimiento de su madre.
Por otra parte, Sherlock la había pasado fatal, pero era corriente para el. Tenía que convivir con su hermano, aunque para su suerte estaba realizando pasantías en una institución del gobierno y lo mantenían alejado de sus experimentos. Si John se dedicaba a trabajar y jugar rugby, Sherlock se dedicaba al ballet y a la ciencia. Cuando no estaba llevando a su cuerpo al limite, o probando teorías con partes de cuerpos muertos, estaba en el estudio que su profesora del instituto le prestaba las tardes que ella no lo utilizaba. No asistía a los cursos de verano porque eso conllevaba conocer gente nueva, bailar con gente nueva, y ya le parecía suficiente sus compañeros de baile del instituto. Irene, tal vez lo mas cercano a lo que se podía considerar una amiga allí, lo visitaba en el estudio algunas veces, y ensayaban juntos, pero en general prefería la soledad. Se sentía cómodo en ella.
Entonces cuando el ultimo año de instituto empezó las cosas seguían mas o menos iguales, excepto por aquel domingo al mediodia, cuando Irene había obligado a Sherlock a acompañarla a comprar algo al centro comercial, ambos vestidos con sus ropas de ballet.
Unos dos chicos, ambos del equipo de rugby, y compañeros de algunas clases, estaban en la entrada. Al verlo comenzaron a reirse, y le gritaron marica, además de otros insultos peores. Irene amago en ir a enfrentarlos, pero a Sherlock no le importaba. Todos ellos no eran mas que retrogradas con menos IQ que un perezozo, insultando al perezozo. Ella les enseño el dedo medio mientras él la arrastraba al interior del edificio, sin inmutarse. Esas cosas eran halagos en comparación a las cosas que le decían cuando él los leía en voz alta, y a veces aquellas cosas si le afectaban. ¿Su aspecto? ¿Su sexualidad? Realmente no importaban, pero cuando insultaban su inteligencia o personalidad... Bueno, todavía podía llegar a ser un tanto inseguro.
Al día siguiente se levanto temprano y coloco su ropa de ballet en la mochila. Tenía que aceptar que extrañaba las clases de baile, tal vez eran las unicas a las que deseaba ir realmente. Llego al instituto y el día paso como un borron. Todo lo que importaba era que ese era el último año en el purgatorio, nada más. También paso rápidamente para John. Llegó tarde por culpa de su actual novia, asistió a sus clases y cuando llego a la entrada del gimnasio una chica de figura esbelta, cabello negro y ropa ajustada lo esperaba. Le sonrió instantaneamente.
- hola Irene - la saludó y ella sacudió la cabeza.
- Ambos sabemos que no puedes coquetear conmigo Watson - le contesto con una sonrisa desafiante.
- Ni siquiera iba a intentarlo - se rió él.
- Perfecto, porque estoy aquí por algo serio - espero - tus amigotes imbeciles molestaron a Sherlock ayer.
- ¿Sherlock? -
- Ya sabes, mi amigo, alto, cabello rizado... -
- No, no... Quiero decir, se quien es, ¿por qué? - pregunto, mientras su mente lo llevaba a pensar en aquellos ojos cambiantes que siempre lo habían intrigado.
- No tienen excusa, pero asumo que porque él llevaba puesta su ropa de baile -
- Oh... De acuerdo... Hablare con ellos - susurró, un tanto confuso.
- Hablo contigo porque se que tu no eres un idiota ignorante - le dijo, mientras se colocaba su bolso en el hombro, lista para marcharse.
- Claro, gracias por decirmelo, no quiero conflictos -
- No quieres meterte conmigo. Chico listo. Nos vemos en la fiesta - y ella se fue moviendo sus caderas al caminar, elegante y gracial, pero John seguía pensando en aquel chico misterioso que le había intrigado desde el primer día.
Por otra parte, como delegado de los deportes, e Irene delegada de los clubs de arte, debía hacerse cargo de estas cosas. Los profesores lo habían planeado para reducir el bullying, y hasta ahora lo llevaban bien pero...

Sherlock practicaba en el estudio del instituto, recién acababa la clase y siempre pasaba un rato más alli, disfrutando de la soledad. Irene se despidió, siendo la última, y solo entonces de dejo llevar. Ni siquiera necesitaba la musica, escuchaba en su cabeza sus propias piezas de violin, las imaginaba, y las seguía sin problemas. Hasta que tras un Jeté, todo cambio.

John sentía la agitación de aquel joven mientras lo sujetaba por la cintura, incapaz de pensar en otra cosa que no fuera la intensidad de aquellos ojos de un color que no podía describir. Estaba avergonzado, y confuso, y sonrojado. Duro apenas un segundo, solo un segundo, y luego se alejaron, con inocencia y una risa incomoda por parte del rubio. Este joven de cabello negro y rizado, esbelto como nadie, lo miro conmocionado, pero su rostro reflejaba disgusto sin que se lo propusiera. No sabía como trasmitir aquel sentimiento porque jamas le había sucedido con anterioridad. Nadie había estado tan cerca.
- eh... lo siento yo... - tartamudeó John. Luego recuperó su actitud amistosa habitual - venía por aquí y saltaste de esa forma y yo...
- Jete - lo corrigió el joven.
- ¿Qué? -
- El nombre del salto es Jete -
- Oh... claro. Mmm. Bueno, eres Sherlock, ¿verdad? - una vez más el joven sentía cosas diferentes a las que su rostro reflejaba. Una de ellas era sorpresa. Otra fascinación.
- Y tu eres John Watson - dijo, como si no hubiese una razón específica por la cual saber aquel nombre, entre todos los de aquella escuela.
- Si, encantado de conocerte - le tendió su mano y este devolvió el saludo luego de pensarlo unos segundos. John parecía inmune a todos aquellos comportamientos - vine a disculparme, en nombre de mi equipo.
- Tu no estabas allí -
- Lo sé, pero soy el capitán - se encogió de hombros.
Sherlock esquivo su sonrisa deslumbrante mirándose a si mismo en el espejo del estudio, intentando mantener la postura y sus pies en posición. El recital se acercaba, no podía perder un segundo. Ni siquiera por John Watson.
- No fue tu culpa, John - continuo diciendo, sin embargo - y apenas fueron dos imbeciles, ellos no hablan por el resto del equipo, aunque tampoco sean un grupo de eruditos.
John solto una risa ante el comentario y Sherlock se sintió confundido ante la reacción. Eso no era lo que la gente solía hacer.
- Además, no era necesaria - dijo - la gente habla, es lo único que saben hacer, y es su problema.
- Guau - susurro John y Sherlock perdió toda postura para mirarlo - bien por ti, es perfecto. Entonces...
- Puedes volver a tu auto y marcharte con la conciencia tranquila -
- No estaba tratando de irme - dijo con seguridad, mientras Sherlock intentaba quitar la mirada de aquellos ojos azules como el cielo - quería invitarte a una práctica, y ellos podrían venir a la tuya...
- ¿Y como solucionaría algo eso? -
- Ambos son deportes, ¿no? - comento - creo que deberíamos apreciar nuestra pasión por igual.
- A ti no te apasiona el rugby -soltó Sherlock sin poder contenerse, y John lo miro con sorpresa.
- ¿Qué? -
- Te gusta, te resulta divertido, pero empezaste por tu madre y ahora no lo dejaras, es inutil en el último año. Además eres el capitán, tienes que mantener la reputación que te has ganado desde que entraste a la escuela. Y ahora estás lidiando sobre como decirle a tu padre... y a tu tio que deseas estudiar medicina, una carrera que no puede costear, y que no utilizaras la beca en deportes que te dieron - entonces se calló, y supo que si le quedaba alguna chance de siquiera amistad con John Watson, acababa de tirarla al tacho.
- Eso fue... asombroso - dijo, sin embargo.
- ¿Eso crees? -
- Por supuesto, 10 sobre 10, totalmente genial -
- No es lo que la gente suele decir -
- ¿Y que suelen decir? -
- Vete a la mierda -
John se rió en una sincera carcajada.
- No lo creía, pero de verdad lo puedes hacer -
Le habían hablado de mi, pensó Sherlock, específicamente de esto.
- El salto... el jeté también fue muy bueno- le dijo, sonriendo- siento el mal aterrizaje, fue mi culpa.
De repente Sherlock entendió porque este chico le agradaba a todo el mundo.
- No. Esta... esta bien - susurro.
- Genial. ¿Entonces? Que te parece mi idea -
- No creo que sea necesario - comentó.
- ¿Y si van a algún recital? Tu puedes venir a un partido, estoy seguro de que Irene ha asistido a algunos -
Ah, entonces esto es un asunto de delegados... claro. Pensó el más alto.
- De verdad John, todo está bien - le aseguró. No importaba porque estaba allí, no podía evitar corresponder a tanta amabilidad.
- Bien - contestó resignado pero no enfadado.
Lo cierto es que se había quedado pensando en lo bonito que sonaba su nombre cuando Sherlock lo pronunciaba.
- Pero podrías venir alguna vez... - continúo John, volviendo su voz mas suave, involuntariamente - y yo a algo tuyo, me gustaría ver lo que hacen aquí.
- Es Ballet, no creo que te interese -
- No me subestimes, genio - dijo John - ¿iras a la fiesta de esta noche?
- Las fiestas no son lo mío - masculló.
- Es una lastima - comento como si de verdad lo sintiera y tras saludarlo se marcho.
Y Sherlock se quedo mirando la puerta durante un rato sin terminar de entender lo que acababa de suceder.