Chapter Text
Estaba acostumbrado al calor, ya le era familiar el cómo generaba esas gotas de agua salada y se veían atraídas al suelo por la fuerza de la gravedad. No le molestaba tener la frente llena de agua salada que escurría, no era ese el motivo de su enojo, no podría ser eso, como sería con el resto de aprendices de este campo, en cambio, era esa insultante carta, la generadora de esta ira que le embargaba, su furia era tal que apreto el papel entre sus manos hasta estrujarlo. Su cosmo ardía del y llegó a quemar parte la carta. El texto no tenía nada de malo, era formal, adecuado, un documento burocrático, pero el contenido, eso sí lo hacía rabiar.
Para los entrenadores y alumnos del campo de Argelia, en Orán.
Por medio de la presente carta, nos permitimos notificar que ya existe un Patriarca designado de manera oficial, se les hace de su conocimiento que el excaballero dorado, Shun de Virgo, ha asumido el cargo de sumo Pontífice e iniciará a ejercer con efecto inmediato el cargo.
Se agradece la atención tomada, y solicita informar está nueva dinámica al resto de los caballeros y aprendices del campo de entrenamiento correspondiente. Si no llegarán a ser notificados con la presente.
Atte: El Santuario.
Aprieta con más fuerza la carta, para este punto ya es carbón en sus manos, el resto de aprendices a su lado lo miran, con sus expresiones de confusión, pero a él no puede importarle menos, lanza el pedazo carbonizado al suelo, sin pasar el resto de información a sus compañeros que le preguntan sobre que informaba esa insultante carta, pero ¿Cómo puede hacerlo? ¡Es una información inaudita! Se va alejando dando pisotones en cada paso que da, su ira no hace más que incrementar y se refleja en el modo alterado de su cosmo.
– ¡Jabú! – Una mano cae sobre su hombro–, ¿Qué demonios fue lo que hiciste? ¡Era una carta oficial!
– ¡Decía que el maldito de Shun es el nuevo Patriarca! ¡Claro que merece ser quemada!
Se separa del agarre en su hombro, su maestro, cómo ahora lo identifica, lo mira con los ojos abiertos y llenos de confusión, mira los restos del documento, antes de lanzarle esa mirada.
– Sea cual sea el problema que tengas con el nuevo Patriarca, más te conviene olvidarlo ahora él toma las decisiones, y tú debes acatarlas. Eres un caballero de Atenea, es nuestro deber...
– ¡No voy a permitir que el asesino de Atenea sea el Patriarca!
– ¡No te puedes basarte solo en lo que dice el caballero de pegaso! ¿No lo odiabas antes?
– ¡Al menos sé qué el no podría matar a la señorita Saori!
– ¡Fue una guerra! Y todos sabían las consecuencias, Athena más que nadie lo sabía, madura niño.
Su maestro se aleja, dándole la espalda, pero antes de irse lo vuelve a mirar, con esa expresión de decepción, esa que le indica que esperaba más de él, la misma mirada que le dio cuando regreso tras perder el torneo galáctico.
– Está será la única oportunidad que te doy, resignar a aceptar al nuevo Pontífice, o voy a alertar que eres un posible insurrecto.
Las palabras de su maestro le pegan, porque ¿Cómo es posible que defienda al asesino de Athena? Estuvo de acuerdo cuando era temporal, porque significaba que alguien mejor podría derrocarlo y asumir el cargo, Shiryu, de ente todos debían asumir el cargo.
– Entonces hagalo, porque sí pienso hacer ruido hasta que abdique.
Los ojos azules de su maestro emiten un brillo partícular, luego, con toda la calma del mundo, levanta una mano, los discípulos, sus hermanos de armas, se acercan corriendo hasta él por ese simple movimiento.
– Los sentimientos no influyen en un caballero.
Recuerda la una de las reglas más importantes de los caballeros, con ese tono frío, sin condencendecia, ese tono áspero que usa solo para los alumnos más problemáticos, excepto que en esos casos, llega a tener un tono de exasperación, ahora, solo hay matices de resignación y puede detectar decepción.
– Digamos que nunca pude seguirlo adecuadamente.
Un suave suspiro escapa de sus labios, cierra los ojos, cómo si algo realmente le doliera, sus ojos, azules, fluctúan en matices de lástima, de traición, de dolor, antes de que abra la boca, le tiembla por un momento antes de que pueda decir algo.
– Caballeros de Athena, leales a la Diosa , atrapen al insurrecto, que amenaza a nuestro Santuario.
El aire parece faltar durante un momento, sus hermanos de armas no pueden seguir la instrucción, no pueden moverse por la imporesión, por la conmoción que refleja sus rostros, su maestro, sin esperar a que ellos actuen se lanza directo contra él, atacando sin dar la posibilidad de poder defenderse ante la rafaga tan intenso de golpes lanzados en poco tiempo.
Lentamente, cada uno de sus camaradas se lanza, para atacarlo, para intentar detenerlo, usan técnicas conocidas, técnicas que les enseño su maestro, quien con toda la determinación del mundo se lanza para detenerlo.
– ¡Ciclón Mérope!
Inicia a dar vueltas, tantas que su mente no alcanza a seguirle el ritmo, sus compañeros lo rodean, pero no distingue quién es quien, las figuras se vuelven borrosas, hasta que cae de rodillas, presionado por la intensidad de los giros y vueltas que recibe. No puede quedar rendido en la técnica de su maestro.
Se levanta de su posición arrodillada, de algún modo, siente que la técnica no está completa, eleva su cosmo hasta niveles que jamás había alcanzado, liberándose de las vueltas, al abrir nuevamente los ojos, se da cuenta que no se ha movido, la técnica de su maestro fue una ilusión, una que realmente lo dejo afectado y por la cara de su maestro, ha logrado detener una técnica difícil de imposibilitar.
– ¡Galope de unicornio!
Su golpe sale contra su maestro, quien esquiva, luego, con una mirada fulminante el se lanza dando un par de golpes al aire, sin aparente sentido, hasta que su cosmo forma una enorme maza.
– ¡Maza de bronce!
El objeto formado por su cosmo se precipita, y casi le cae encima, la región donde se estrello se ve totalmente destruida, y comprimida las pérdidas y arena de la zona se ven aplastadas por una fuerza desconocida, no suficiente con eso, su maestro le dirige una mirada, esa que lo pone cómo su enemigo principal.
Jabú lo sabe a la perfección, no va a poder derrotarlo y su mejor opción es huir, así que eso hace, da media vuelta e inicia a correr, alejandose de la zona, alejandose de su maestro, de sus compañeros.
Con la sensación de traición acumulandose en su corazón, la persecución que le sigue es demencial, todos lanzan ataqeus para detenerlo, llega cerca de un risco, cerca del agua, lejos del campo de entrenamiento que lo vio crecer, lejos de las personas que llamo amigos, a los que considera familia.
La libertad está más cerca que nunca, hasta que es interceptado por su maestro con esa expresión de dolor, pero con la fiereza que siempre lo ha marcado, no puede detenerse, y sigue, porque si no, sus compañeros lo atrapan.
– Eimlaqi Betelgeuse.
Su cuerpo entero se levanta un par de metros del suelo, la expresión de su maestro es complicada, siente cómo la gravedad falta hasta que regresa a él, lanzándolo de manera diagonal contra el suelo, de algún modo logra redirigir su caída, con difículata, y tal ve un poco de fe en que podría lograrlo.
Cae al agua y siente el agua llenarle los pulmones, con agua dentro de la boca por la mala caída inicia a nadar, alejandose lo máximo posible de la zona, al alzar la cabeza, ve por el barranco a su maestro, a sus compañeros de entrenamiento, todos, lanzóle miradas de tristeza, cómo si hubieran esperado algo mejor de él. Y en cambio, solo vieron una decepción.
No le importa a Jabú, él hará lo mejor por el legado de su señorita Saori, va a honrar su memoria alejando al intruso que se hace llamar Patriarca.
Sigue nadando, sabiendo que ya no pueden perseguirlo al estar lejos de su alcance, los sentimientos de traición e impotencia calan ahora más, dada la miserable condición en la que ha quedado, como fue reducido a un traidor.
Su sangre hierve contra Shun, él va a sufrir cuando le ponga las manos encima, una idea retorcida se forma en su mente, él, apretando el cuello de Shun, hasta que se pone morado, hasta que ya no logra llegarle el aire a los pulmones, con esa mirada de falso cervatillo.
Le hubiera ido mejor cómo actor no puede evitar pensar con ironía ese comentario al aire que lanzao hace casi un año atrás, sí, si Shun no se hubiera dedicado a esto, todo sería mejor.
Se aleja, sin ver la mirada complicada que se forma en el rostro de su maestro.
Abdul mira cómo su discípulo se aleja, con el corazón roto, cierra los ojos mientras mira cómo su cuerpo se desvanece entre el olaje de la marea, escucha las respiraciones erráticas de sus alumnos, quien es llegaron para ver a su alumno, al traidor , huir.
– ¡Maestro! ¿Lo seguimos persiguiendo?
– No podemos, no le van a poder dar alcance, y es muy violento de momento.
Su segundo mejor alumno, Nasir le regresa su mirada, sus ojos cafés siguen el movimiento acuático de Jabu, evidentemente con la sangre aún ardiente por las ganas de atrapar al futuro traidor.
– Guarda fuerzas, Nasir.
Coloca su mano sobre el hombro de su alumno, quien lo mira sin comprender, aún, el resto de sus alumnos bajan la cabeza decepcionada, el mejor era Jabu, hasta le momento, y ahora, se había vuelto un insurrecto.
– Nasir, parte a Grecia, Athenas, de inmediato, advierte al Pontifice.
El joven se arrodilla aceptando la instrucción. El resto de sus alumnos forman una fila detrás de él, en espera de una instrucción para ellos.
– El resto, refuerce la entrada y salida de este campo.
Su mirada vuelve a dirigirse a su alumno, al final, ni siquiera con mano dura pudo detener a su alumno, se siente destruido por no poder detener ese camino que lo va a destruir, pero su deber va antes que sus sentimientos por su alumno, él dejo hace mucho tiempo de ser Abdul, ahora es el caballero de Orión, y su debe es detener el desastre de su alumno.
– Saif, quedan al cargo de tus compañeros marciales, y Nasir, cuando regreses ayudarán a Saif.
Sus alumnos fruncen el ceño, mirándolo sin comprender, Saif, de entre todos es el que menos entiende su actuar, pero Nasir, cómo casi siempre hace, es la voz de su grupo.
– ¿Por qué no se encarga usted? Maestro.
Vuelve a dirigir la mirada al horizonte, dónde sabe que va el rastro de su alumno problemático. Dónde va el traidor de Atenea.
– Ustedes se quedan, yo debo perseguir a este alumno ingrato.
Todos bajan el rostro, sabiendo que ahora, que tiene Jabu mayores delitos, es menos probable que lo entreguen con vida al Santuario, de hecho, según el protocolo más antugüo, lo correcto, es entregar solo el cadáver.
– Maestro... Yo lo detengo, no debe forzarse a detener a Jabu– Saif se propone a perseguir a su compañero–, todos aquí sabemos que lo ve como un hijo…
– Y cómo un padre debe detenerlo cuando erra en su camino.
Abdul se aguanta ante la irada atenta de sus alumnos, sin permitir ninguna segunda réplica contra su decisión. El silencio llena ese barranco, dónde escapo su excompañero, ahora el traidor del Santuario.
– Hagan lo que les pido, por favor.
Su tono de voz sale inusualmente bajo, cosa que no debería permitirse, Abdul, desde que estableció su armadura plateada fue lo esperado de él, un seguidor leal, entregado a la causa y su lealtad totalmente depositada en el Santuario, donde la Diosa Atenea protege a la humanidad. Y ahora, incluso si se trata de uno de sus amados discípulos, no puede permitirse flanquear en su cruzada.
– ¡Ya escucharon al maestro! Haremos lo que nos indica.
Nasir, su más leal alumno le segunda, en momentos cómo este, cuando le muestra tanto su lealtad no puede evitar pensar que realmente se gano su armadura plateada de corona boreal, pero se arrepiente con Saif al negarle la armadura de unicornio, viendo el fiasco que fue darsela a Jabú.
Sus alumnos restantes, se alejan, dejándolo con los sentimientos cruzados, pero con la determinación, debe y va a detener a Jabu, sin importar que en el intento perder la vida, porque, su deber va antes que los sentimientos parentales que tenga con el joven.
Su día había iniciado bien, algo muy raro después de tanto tiempo, dónde los problemas internos del Santuario no paraban de llegar, ahora, con los caballeros dorados, y su apoyo, todo fluye relativamente normal. O al menos tanto cómo puede, mientras todo se trata de normalizar.
Su ascenso cómo Patriarca claramente no fue bien recibido, todos protestaron sobre la parcialidad de la votación, aunque no pudieron hacer nada cuando los otros caballeros dorados cerraron la discusión, poniendose de su lado, cosa que agradece, no quiere otro motín.
Desafortunadamente, eso aplaza la presentación de la nueva Athena, hassta que vea que ningún caballero pueda ser una amenza contra la bebé, egoístamente piensa que lo mejor sería presentarla cuando tenga buena edad para correr y alejarse de cualquier posible asesino, sin embargo, eso es injusto y ¡No pueden esconder a una niña en el Santuario!
Así que haciendo de lado todos esos sentiminetos contradictorios, aquí está, redactando un evento formal para presentar a la bebé Athena, quien aparentemente no puede alejarse mucho de él, o inicia a berrear de manera enloquecedora hasta que lo tiene enfrente.
O según eso descubrieron al ver cómo, desde el incidente dónde se le detuvo el corazón en el Snatuario, ella no se despega de él, siempre debe tenerlo en la mira, o estar en la misma habitación. Marín creo la hipótesis de que Athena, aparte de poder reconocer los rostros o voces de sus cuidadores, también puede llegar a reconocer sus cosmos, lo que les hacía sentido a todos, pues un ser tan lleno de cosmo, cómo ella, debía tener que reconocer a sus caballeros de algún modo.
Justo estaba terminado el documento para presentar a la bebé Athena, cuando Ikki irrumpe en su oficina, con su rostro desencajado, molesto por motivos que no puede identificar.
– ¡Ikki! Te he dicho que debes anunciarte antes de entrar. Es tú hermano, y lo entiendo, ¡Pero también es el Patriarca!
Le grita Marín, con una pila de documentos a su lado, al parecer, ella y su hermano, estaban empeñados en que cuidará su salud, aunque, a diferencia de Ikki, ella no era tan opresora, le permitiía trabajar, de hecho lo incitaba a hacer algunas actividades, siempre y cuando procurará su salud.
Su hermano hace un ceño desdeñoso hacía la amazona, quien fastidiada, suspira, dejándolo ser.
– Es una emergencia, un tal Nassir de Corona Boreal quiere reunirse con Shun– Kiki levanta la cabeza desde el lugar donde está jugando con la bebé Athena.
– ¿Estabas vigilando Aries nuevamente?
– Claro, ¿Quién se encarga del templo sí tu cuidas a Atenea?
El tono de su hermano es plano, aunque él sabe que sí resguarda el templo de Kiki, no es solo por "cubrir" los deberes del niño, sino, alejar cualquier amenaza desde el primer templo, su experiencia le ha demostrado que es mejor detener todo desde el inicio a tenerlo a un par de metros de cercanía. Ikki, parece seguir el mismo concepto.
– Correcto, ¿Y entonces?
– Lo deje abajo, ¿Quieres que lo suba?
Asiente con la cabeza, Marín, a su lado inicia a moverse, sin ningún comentario, carga a la bebé Athena, quien solo gimotea un poco al ser movida.
– Kiki, sigue cuidando de Athena, Marín se queda contigo, voy a acpetar la audiencia.
Ikki, con el paso pesado se aleja, regresando sus pasos hasta el primer templo , que pesado. Shun, por su parte, se pone el atuendo papal completo, acomodando sus cabellos de modo que no estorben con la máscara.
Sigues luciendo cómo un vil impostor. ¿No te da vergüenza? Me eligieron cómo Patriarca, debo mostrar el ejemplo, cállate. Solo porque eres la única opción , sí hubieran tenido a alguien mejor, solo estarías encerrado en Cabo Sunión. Sea como se haya decidido, la realidad es esta. Déjame. Vas a fallar, ya lo has hecho antes.
Sale de su oficina, y camina hasta la sala del Trono, acómodando su figura en el gran trono dorado, te sientes cómo un intruso, ¿Por qué no renuncias a todo? Hay una bonita navaja en tu oficina, solo es cuestión de estar solo, ignora la voz que se apodera de su mente, debe concentrarse en este nuevo sujeto, a quien no conoce de nada, pero aparentemente está muy interesado en hablar con él.
Su hermano y el sujeto tardan casi veinte minutos, aunque es deprimente ver la entrada del joven, quien literalmente está siendo cargado por su hermano cómo un costal de papas, para ser arrojado sin piedad sobre el suelo frente a su trono. Le lanza una mirada crítica a su hermano, aunque se ve mitigada por la máscara dorada que le cubre el rostro.
Aquel joven con facilidad, casi prácticada se levanta del suelo. Su armadura plateada centella ante la luz del templo, los ojos cafés enfocan en su figura, reconociendolo cómo autoridad absoluta. No olvides que eres un impostor a diferencia del resto.
– Nasir de Copa Boreal, ¿Cierto?
– ¡Así es Patriarca!
El joven le ofrece una reverencia, y se queda arrodillado por un tiempo, sin decir nada, solo esperando alguna otra confirmación.
– ¿Venías a mí por...?
Deja ese espacio de manera suspensiva, tratando de animar al joven a hablar, parece acertado, según la forma en la que se tensa y levanta la cabeza, cómo un cervatillo asustado, todos saben que eres falso, y siempre van a reaccionar así, el joven se aclara la garganta, bajando nuevamente la cabeza.
– ¡Nasir informa al Patriarca! En nombre de su maestro Abdul.
La voz del joven sale con una formalidad atípica, la mayoría de informes que recibe no vienen acompañados de tanto respeto, a menos que sean dados por su hermano, las amazonas o sus amigos, esos no son tus "amigos", son gente que quiere ir por tu garganta, fingir ser buenos contigo les da ventaja. Asíq eu es novedoso cómo le muestra tanto respeto, aunque era de esperarse de los campos exteriores, ellos difícilmente se influyen por cuestiones internas del Santuario, al menos en situaciones cómo estás.
– Mi ex compañero, Jabu de Unicornio, es un traidor, ¡Atenta contra la vida del Patriarca! Mi maestro fue a detenerlo. Ese es todo el informe.
Su estómago se siente vacío, traga saliva, sintiendo la garganta seca, Ikki, quien seguía dentro de la sala maldice hacía Jabu, y golpea fuertemente uno de los pilares, antes de apartar la mano, mirando el pilar lesionado. El caballero plateado se aleja un poco de la zona donde se golpea el pilar, pero se mantiene ante toda la compostura.
– Bien... Gracias por el informe, tendré en condieración, dejo la misión en manos de tu maestro, y... Sí me das la oportunidad, enviaré a alguien yo mismo. Ahora, por favor, retírese.
Nasir se levanta, da una última reverencia y venta, a paso calmado, su mirda se dirige a Ikki, quien sigue maldiciendo, molesto por los problemas que tienen encima, bueno ¿Salió ganando un poco al no tener que presentar aún a Athena?
– Caballero dorado de Leo, convoca al resto de caballeros dorados, ahora, la situación requiere ser tratada de forma inmediata.
Se levanta de su trono dorado, ¡El trono de los verdaderos Patriarcas! mientras se dirige hacía la sala de conferencias, sabiendo de maravilla que deben detener el progreso de Jabu, antes de tenerlo amenazando al Santuario entero.
No va por el Santuario, va por tí. Sí, así es, pero lo conozco , no se va a medir, van a haber consecuencias. ¿Tratas de quedarte con el poder cómo hizo Saga? Se queda sin argumentos para combatir la vocesita, fuera de la sala de reuniones tiembla su voluntad. Sabes que lo haces porque tienes miedo, tú . Esto va a afectar a Athena , no me importan tus argumentos, no le temo a la muerte. Por supesto que no, las anhelas, para olvidar la vergüenza, salvarte de pagar tus deudas.
Se acomoda sobre su asiento, mientras esa voz sigue susurrando, sin detensarse, sin dejar de invadir su mente, porque tiene razón en algo, ¿En qué se distinguen él y Saga sí tratan de detener a los insurrectores desde el inicio?
Los pasos son la advertencia que recibe al entrar los caballeros dorados restants, quienes lucen tensos, entoces, se quda petrificado ¿Por cuánto tiempo le ha heco caso a esa voz para no ver que ya han llegado?
– Tomen asiento. Es un asunto serio.
Es lo único que ofrece, mientras todos ingresan, ¡Incluso Marín y Kiki con la bebé Athena! Traga saliva, recomponiendo mejor su postura, debe mostrarse sin perturbaciones, es el Patriarca . Al ver a todos los caballeros sentados sabe que es momento de exponer el caso.
– El caballero de Leo, llego a mí hac eun momento con un caballero del campo de entrenamiento de Argelia.
¿Iniciando por la tangente? ¿Tanto miedo tienes de parecerte a Saga? ¡Cállate! No lo soy. No, eres peor, él trato de matar a Athena , tú, si lo conseguiste.
Con todas sus fuerzas trata de ignorar la voz, no debe sucumbir a ella.
– Este caballero, me aviso que Jabu es un traidor. Quiero que nadie le haga nada, viene por mí, solo quiero que actúen sí llega a lastimar a alquien más del Santuario.
Las manos de Ikki se estrellan contra la mesa, sus ojos, arden y su cosmo, igual, solo que esto es literal, por cómo inicia a quemarse la silla dónde estuvo sentado y el pedazo de mesa que está debajo de sus manos.
– ¡No puedo permitirlo!
– Ikki, por favor.
– En este caso, estoy de acuerdo con Ikki, un atentado contra tí, es cómo ir contra el Santuario.
La voz de Marin trata de apaciguar los ánimos, aunque tiene el efecto contrario, haciendo que todos lancen sus protestas, Seiya, en su esquina, está terriblemente callado, sin decir nada, solo, escuchando en silencio, esto claramente no necesita ser señalado directamente, pero es consecuencia de sus acciones, de sus palabras.
– Por favor, el Patriarca puede ser cambiado en cualquier momento, es prescindible , en cambio, la seguridad del Santuario no, entonces, déjenlo seguir su camino, hará lo que tenga que hacer. No acepto discusiones.
– ¡No podemos aceptar eso!
La voz de Hyoga se levanta, su cosmo helado vuela a la zonza de Ikki, apagando los incendios accidentales que prendieron al estar tan furioso, aún así, no da el brazo a torcer.
– Te elegimos por Patriarca, porque eres el único apto, ¡El Santuario también va a verso afectado sin el encargado actual!
– ¡Pueden poner a alguien que conozca mis funciones actuales!
– Solo sería Marín e Ikki, ninguna es opción, ¡Ikki solo está aquí por tí! Y sin ofender de ningún modo a Marín, a ella le falta fuerza. Su poder sigue sin poder equiparar a un caballero dorado.
La amazona se tensa ante la declaratoria, que suena a deseos de recibir un golpe, aunque no puede evitar pensar que tiene razón, o eso aparente, por cómo sus hombros siguen temblando, pero sin tratar de corregir ese hecho.
– Sí fuera del caso, pueden instrumentar a uno nuevo.
– Shun –la voz del caballero de Acuario adquiere un nuevo tono, exasperado–, nos trajeron a Grecia, porque no hay gente, no estamos para perder un Patriarca.
Su cabeza se levanta para mirar al resto de caballeros dorados, quienes asienten seguido de sus palabras, luego, sin pena alguna vuelve a mirarme.
– Todos ellos están de acuerdo, Shun. Vamos a defender al Patriarca, y debemos detener el avance de Jabu.
– Puedo ir por él– Shaina se levanta de su asiento, con toda su arrogancia –, me sirve de entrenamiento, además, voy mejor en mi entrenamiento que Marín.
Con ligereza se burla de la amazona, aunque es una mentira descubierta , solo puedo suspirar ante la situación descotrolada, viendo cómo los caballeros dorados, flagrantemente, pasan por mis órdenes y hacen lo que quieren.
– No. Debo ser yo.
La voz de Seiya rompe su silencio desde que llega a la habitación, sus ojos muestran la convicción que siempre han tenido, ese fuego inagotable, que los impulso tnatas veces a seguir con su cruzada, esos ojos que lo miraron cómo enemigo hasta hace poco.
– Seiya, ya hemos hablado de acaparar misiones.
– No se trata de esto, Shu... Patriarca. Se trata de que yo cometí un error, y debo solucionarlo, detener a Jabu, es lo correcto.
Todo su discurso refleja una seridad, una dedicación a su deber actual, mostrando que realmente cree en lo que dice, que no va a aceptar una negativa, porque eso es lo que dicen sus ojos.
–Bien. El caballero de Sagitario se encarga, caballero de... Acuario ¿Puede suplirlo de sus actividades?
– Entendido, Patriarca– Hyoga da una sonrisa satisfecha ante la resolución final.
– Con esto dicho... Se levanta sesión.
Todos se levantan, pero ninguno se va, Kiki se lanza a sus brazos, dejando en el brazo derecho a la Athena bebé, quien gimotea suavementeantes de quedarse dormida entre sus brazos.
Ella realmente sabe comportarse para no llorar durante todas las discusiones que tuvieron lugar en la sala.
Seiya es el primero en salir, y únicamente lo hace para prepararse en su misión de persecución, confía en que Seiya sepa los límites, en que no empeore la situación, luego de Seiya, sale Hyoga, y Shaina con Marín, quien seguramente va a ordenar algunos papeles extra. Una idea cruza su cabeza, y es mejor tenerle presente y marca, además de expuesta para no dejar cabos sueltos.
– Caballero de Libra, ¿Me permite un minuto de su tiempo?
Shiryu, Ikki y Kiki lucen confundidos, su hermano se cruza de brazos mientras mira a Shieyu, quien se para erguido para escuchar lo que debo decirle, Kiki, se aprieta contra su costado izquierdo, tapandose enredando sus manos en la estola del Patriarca.
– Caballero de Aries y Leo, es una conversación privada.
Sin experar le entrega a Athena a Ikki y lo empuja ligeramente para sacarlo, el mayor protesta audiblemente por el trato, aunque no puede hacer nada al tener que salir. Su regresa atención a Shiryu, quien permanece tenso.
– Necesito que vigiles a Seiya en su misión y lo detengas sí ahce algo demasiado imprudente.
Los ojos de Shiryu se abren de sorpresa por la misión, aunque no esperaba eso, ciertamente no niega la misión encomendada.
– Así será, Patriarca.
Con eso, él se retira, sin esperar ninguna palabra más, Shun solo puede quedarse callado, con los pensamientos acumulandose y cegandolo.
Da un par de respiraciones, sabiendo que su paz, volvió a ser temporal, aunque está vez queda en expectativa de buenas noticias, trata de confiar en... Sus compañeros.
