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– Que lindo que vengas a visitar de nuevo.
Está quieto, sin moverse, en un ¿Palacio? De mármol y piedra caliza, no debería haber nadie, excepto él, pero nuevamente, ¿Dónde está? No lo sabe realmente, solo tiene la terrible sensación de qué no debería estar aquí.
– Oh, nuevamente no recuerdas, ἀγαπητέ μου.
– Yo no tengo pareja.
Se da la vuelta recordado ese hecho, porque definitivamente no es el "amado" de alguien, no obstante, frente a él, una mujer hermosísima se para, con los ojos verde oliva más intensos que jamás podría haber existido, la mujer, conríe de forma gatuna, mientrsa niega, acercándose demasiado a él, era incómodo ver lo segura que se veía al tomar esa clase de acercamientos tan fácilmente.
– Mi Hades, vine a visitarte de nuevo, Hypnos me hizo el favor y...
– ¡Alto ahí! ¿Hipnos? Lo sellamos en el infierno. Espera, ¿Quién eres?
Quiere retroceder, pero la mano delgada y fina de la mujer lo detiene en su lugar, ella, arrulla, cómo si fuera un animal herdio que necesita cuidados, atención y mimos, por lo desorientado que queda después de esa lesión que lo llevo a ella.
– Oh, mi Hades, ¿Cuándo será que vuelvas a mí?
Se queja con voz triste, antes de apartarse, cómo si no encontrar lo que busca en él, y tal vez sea así, dado que él no es Hades, fue el recipiente de ese Dios, pero definitivamente, no es él.
– Bueno, solo quería verte, la última vez no fue suficiente, debo admitir.
La dama, se acómoda el cabello, esos hermosos rulos castaños, que llevan una ¿Corona de castañas? O aparentemente son castañas junto a ¿Bellotas y hojas verdes? Guirnaldas con flores blancas, que se pierden en esos mechones castaños, le corrigue su mente, que contrastan demasiado con su piel ligeramente tostada por el sol, así luciría la primavera encarnada, no puede evitar pensar, y eso lo hace reaccionar.
– Perséfone.
Los ojos oliva de la mujer se abren en sopresa, mientras su boca, que también se abrió de impresión, inicia a tambalear un poco, claramente sorprendida por el reconocimiento, una de sus manos se extiende nuevamente hasta él, con los ojos entrecerrandose ligeramente, cómo si viera algo imposible.
– ¿Me reconoces, Hades?
– Eh, no solo pensé que... Bueno, deberías ser la primavera personificada por tu apariencia y me llamas "amado mío", sin duda eres Perséfone.
Ante esa explicación, los ojos brillantes de emoción de la dama, se apagan, ahora, un mohín se abre paso por sus delicados rasgos, luce tierna, detente ahí mismo, ¡Ni se te ocurre pensar eso! le grita una parte de su cerebro y cómo se ha vuelto costumbre, dos partes de su cerebro inician a pelar por el pensamiento más dominante.
– ¿Qué es lo que quieres de mí? ¿Cómo liberas a Hypnos?
Perséfone niega con la cabeza, cómo si decirle eso sería mal, idiota, eres un caballero de Athena, ¡Claro que no te dirá nada! Ella, lo mira, de pies a cabeza antes de negar.
– Desde que Hades entró a está interminable guerra contra ustedes los athenienses no he podido bajar al infierno, ¡Pero! Ahora que pude bajar porque matarón a mi esposo, al menos en cuerpo físico, pude romper los sellos de Athena, son ¡Rídiculamente fáciles de liberar! Hasta un mortal podría hacerlo
Ella se cruza de brazos, haciendo más grande esa expresión de disgusto, es realmente tierno cuándo- ¡No pienses eso! ¡Es la esposa de HADES, el Dios por el que Atenea murió! Y el hombre que no quieres volver a ser , observa nuevamente a la Diosa de la primavera, que sigue con los brazos cruzados, pero la mirada baja, cómo si extrañará algo, y claro que lo hace, idiota , extraña a su esposo .
– Eso explica... Espera, ¿Antes estuviste aquí?
Subitamente recuerda lo que dijo antes, en es momento no le pareció importante, pero ahora, tiene sospechas de ella, ¿Es una maniobra del infierno para volver a despertar a Hades dentro de él? ¿Acaso Perséfone es la enviada para despertar a Hades? ¡Es imposible hacerlo! La sangre de Athena... La sangre de Saori lo saco de él antes, y tú no hiciste lo suficiente para defenderla ¡Traidor!
– Vaya, Hades, no me había observado de esa manera desde que quede embarazada de Melíone.
– En primera, no soy Hades, y en segunda, no sé cómo tienen la conciencia de hacer todas esas cosas.
– ¡Vamos, Athena no está tan limpia cómo crees! ¿Te recuerdo a Arácne? ¿A su sacedotisa que se convirtió en Medusa ? O ese interesante combate que tuvo por una...
– ¡Ya entendí! Pero al menos no tengo que escuchar relatos dónde no hay ropa o temas similares que igual son perturbadores .
– ¿Te recuerdo a Erictondio?
– ¡Ay, por Atenea! No manches la memoria de mi Diosa con esos tipos de relatos, por Athena.
Le da la espalda a la Diosa, que resopla, molesta por el intercambio verbal, dónde claramente ninguno va ganando nada, tal vez traumas por la cantidad de recuerdos perturbadores que le hace recordar, sin duda, oír mitos griegos de la boca de uno de ellos podría ser perturbador, así que agradece, de momento que solo le recuerde esos temas en vez de dar catédra de ellos.
– Okey, va, no vamos a sacar nada de esto, ahora responde, ¿A qué te referías que no me "veías"?
– Estuve una vez aquí, Despeina trato de succionar tu alma con tu bidente, estoy aquí para impedirlo, verte en sueños... Ayuda un poco, ¿Sabes? Siente una presencia divina y succiona parte de ella, en vez de la del mortal.
Esa definitivamente no era una respuesta que esperará, los hombros de la mujer se encojen contra ella, cómo si revelarlo fuera vergonzoso, y probablemente fuera así, porque los Dioses no intervienen por los humanos, ellos son arrogantes, ellos ven por ellos y que está ayudando al recipiente hueco de su esposo, podría contar cómo una gran tontería para el resto de Dioses.
– Perséfone. Yo no soy Hades.
Ella, vuelve la mirada a él, con rapidez, su cabello, perfecto, en esas reglas bien definidas, que acentúan su cara, dan una violenta vuelta, y sus ojos verde oliva estaban rojos de ira e indignación.
– ¡Lo eres! ¡No lo niegues!
Con eso, una serie de flores, petunias, lirios naranja, tulipanes rojos y claveles amarillos se hicieron una ilera alrededor suyo, cómo un círculo protector y oh, está furiosa, antes de darse vuelta y ¿Desaparecer?
Abre los ojos, con letargo, recordando vívidamente las flores que rodeaban a una mujer muy hermosa, que se desdibuja en su mente, toma un cuaderno a su izquiera de la cama, lo había puesto ahí, después de casi dos meses teniendo sueños, que por algún motivo parecen importantes y debería anotar al menos, eso dedujo después de su patético desplome en la votación en que lo designarón oficialmente cómo Patriarca.
La pluma escribe garabatos descoordinados, por el sueño aún acumulado, hasta terminar con media página completa, antes de poder leerlo para entender que había soñado , la puerta de su habitación se abre, para revelar la cabeza de Kiki, y claro que ya estaría despierto, sigue siendo un misterio para él, cómo Kiki, puede despertarse antes de las 5 AM, ya él, una psersona mayor que el niño, le era complejo despertarse a las seis en punto.
– ¡Buenos días, Shun! Oí de Marín que hoy no tienes tan ocupada la agenda.
– Te mintió decaradamente, porque sí tengo algo importante que hacer.
– ¿Y eso sería? Bueno, envía por el mundo a más caballeros, para que entrenen a más caballeros, los necesitaremos dentro de poco.
Kiki guarda silencio, sin decir nada más, solo asiente una vez, antes de acercarse y tumbarse en la cama, era bueno verlo tan confiado, aún recuerda cuándo Ikki y él lo tamarón bajo su cuidado, el aunque era pegajoso, tenía sus lapsus dónde no quería nada , verlos, oírlos, estar cerca de ellos, eso lo entendieron y vivieron al mes desde que iniciaron a cuidar al niño.
Ambos se quedan en la cama, por otro rato, el sueño, trata de arrastrarlo de nuevo a sus brazos, el movimiento de Kiki no lo inquieta de la fomra en que debería, después dde todo no sería la primera vez que se marcha al verlo dormirse.
– ¿Quién es ella? ¿Tu novia, Shun? Porque suena irreal la mujer que describe. Y una de dos, o estás muerto de amor o estás alucinando.
– ¿Qué?
Pregunta en su nube de sueño y cansancio, mientras se incorpora y ve el cuaderno, el diario de sueños en las manos de Kiki, quien sonríe al ver sus anotaciones errantes.
– Sí, mira, la describe con pasión.
Después, le cedé el cuaderno, para que vea lo qe escribió, las mejillas se le encienden de rojo al instante de leer, porque ¡Es vergonzoso! ¿Cómo pudo escribir esto? ¿Eso soñó? ¿Estaba loco? ¿Iniciaba a delirar? ¿La otra voz en su cabeza realmente significaba locura y no remordimientos? Porque ese tipo de texto, él, no pudo escribirlo. Las palabras, aunque escritas de forma groyesca ponían lo que parecía ser un poema de amor.
Lirios, claveles y ojos verde oliva.
Castañas frescas sobre tus mechones, y guirnaldas blancas sobre tu piel tostada.
Gatuna sonrisa, invade mi mente.
Perturbadora y tierna.
Hace pucheros y se ve linda.
No puedo pensar eso, es prohibido, es inmoral, pero soy su ἀγαπητέ μου.
Viene a mí, no es la primera vez, ella viene, y es preciosa.
– ¡Vaya, Shun! ¿Estás bien? ¡Ikki! ¡Creo que a Shun le puede dar un paro!
El comentario de Kiki le hace regresar a la realidad, arranca la hoja para apretarla en su mano, y su cosmo, casi la quema, pero la vuelve a su estado "original" o lo más acercado a lo que fue antes de ser apretada hasta quedar hecha chicharrón, porque todavía la necesita y no puede eliminarla de este modo.
– Yo... ¿No sé? Creo que es una idealización mía.
Le dice a Kiki, y antes de poder decir algo más, Ikki irrumpe por la puerta, con la pijama a medio poner, seguramente se iba cambiando o algo similar, pero observa a los dos, hasta acercarse a él y tocarle la frente.
– No tienes fiebre...
Sus mejillas enrojecen aún más por la verguenza ajena, entierra la cabeza contra las piernas que se retraen al instante, para poder huir parcialmente de la vergüenza de sus escritos pasionales.
Casi dos semanas después de lo que él llamo la "situación", porque ignora el nombre de Kiki, sí, era muy problemático tomar "la fiebre de amor", cómo un buen nombre para describir el problema, retoma la escritura del diario personal, así que se prepara está noche, dejo pedido explícitamente que no entrarán tan temprano a su habitación, iba a "descansar" un poco más.
Eso le gano una mirada de aprobación de su hermano, y una mueca amistosa de Marín, quienes eran los más preocupados por su salud, por motivos un tanto distintos, pero con un mismo propósito de cuidarlo para que siga viviendo un poco más, cómo Athena quiso, pero no merecemos.
Así qué, vuelve a dejar la pluma y su cuaderno, con esa hoja infernal , antes de dormir, al costado izquierdo de la cama, Morfeo, hace su trabajo y es arrastrado al mundo de los sueños con una velocidad vertiginosa.
Azucenas y jazmines le dan la bienvenida a dónde sea que esté ahora, está acostado sobre una pradera verde, color esmeralda, vibrante, que está rodeado de todas las flores que describió, y más, esparcidas cómo un tapete a su alrededor, se queda prendado de una flor, es hermosa , parece una rosa fusionada con una peonía , solo que a diferencia de la última flor, está casi no podía abrirse, las peonías, en su madurez, muestran sus pétalos menos. curvas. , está, en cambio, se regresa, se entreponen por el terreno y le fascina.
Sus dedos acarician la flor, los pétalos, cómo si tocarlos fuera un délito y debería serlo, porque podría dañarla, y eso realmente sería imperdonable, flores de este tipo, deberían estar siempre cuidadas, bien atendidas, para que pudiera pasarles, aún así, contra todo deseo de su mente, su mano, sigue acariciando, cada pétalo, con la dedicación de un artista a su obra principal a esa sabe que marcará toda su carrera, toda su vida.
– Veo que algunas cosas no cambian del todo, ἀγαπητέ μου.
Unos brazos se pasan por su espalda y un cuerpo caliente, se queda ahí, estacionado, sin moverse, los brazos son delgados, aprietan tan fuerte cómo pueden, sin llegar a dañar. El aroma a flores se hace más intenso, pero no siente la necesidad de moverse, solo de quedarse , después de todo, es un sueño, ¿No? Así que eso hace, se acomoda contra el cuerpo delgado que se paraliza , antes de que una cabeza se acomode contra su hombro izquierdo que no protesta de dolor en ningún momento por el peso extra.
Claro, es un sueño, y claro, aquí, nada lo puede martizar, ni hacer sufrir, cómo un "mal" acómodo de una libreta, de un diario de sueños.
– ¿Por qué aún no regresas a mí del todo? Mi amado.
Los brazos de sueltan, dejando su calor residual atrás, al levantar la mirada, par ver a la mujer que aparece en sus sueños, esa que sin querer protegonizo un poema muy ridículo revela.
Es todo lo que su descripción dijo, y más, las castañas y guirnaldas que descritas no están en sus rulos castaños, en cambio, una corona de olivos y esas flores que le gustarón tanto estaban adornando sus ondas. Esos ojos oliva, lo seguían observando, seguían tan fijos en él que pesaban, sentía algo antiguo en ellos, un reconocimiento que le daban, pero no podía regresar.
– Si la primavera fuera una persona, sin duda serías tú.
Los ojos de la mujer se aguadan, antes de dejar caer la cabeza contra su hombro nuevamente, ella luce devastada, y no puede hacer nada para aliviar su dolor, porque no sabe que le duele, solo entiende, que tiene los ojos tristes, y el corazón cargado de pena y lamentos.
– Dijiste algo similar antes.
Murmura, aún con su cabeza pegada a su hombro, se queda quieto, dejando que ella se acomode sobre él, es incómodo tener a alguien tan cerca de él, no es habitual que esto suceda, pero no puede hacer nada para moverla, porque se ve que lo necesita .
– ¿Lo hice? No recuerdo eso.
- Perder.
Se vuelve a quedar ese silencio entre los dos, hasta que su mano derecha, regresa a tocar los pétalos de la flor extraña que desde el inicio.
– Está flor, es bonita, pero no termino de entender, ¿A qué te referías con que "algunas cosas no cambian"?
La mujer, finalmente se aleja de él, mirando las flores con atención, antes de hacer aparecer una nueva en el suelo, en la pradera verde, un latido doloroso lo atraviesa, eso apesar de ser un sueño implicaba algo más.
– Rosa de Damasco. Te ha gustado desde el momento en que la viste, pero jamás pudiste tocarla sin matarla antes.
Dice de manera críptida, cómo sí el matará todo lo que tocará, se aparte de ella, dejando bastante espacio entre los dos, ella cierra los ojos, antes de dedicarle una sonrisa que no le llega a los ojos.
– ¿Quién eres?
– Perséfone... Se está haciendo pesado presentarme siempre o... Que me reconozcas al instante y me veas así . Yo... Solo vengo a ayudar al receptáculo de mi esposo, eso es todo.
La mujer se acomoda contra las flores que aparecen a su lado, jacintos azules, calénndulas, y unas flores que parecían corazones sangrantes, tal vez debería iniciar a estudiar el lenguaje de las flores para entender todas las invocaciones que hace Perséfone con las flores.
– Lo lamento, pero soy...
– El Patriarca del templo de Atenea, tu debe es vigilar y evitar que Dioses de dudosas morales se acerquen demasiado a él, lo sé.
Perséfone se levanta de ahí, las flores la siguen cómo una estela al caminar, luego, regresa su mirada a él.
– Lo siento, amado mío, hoy, he tenido un mal día.
Respira ondo, tratando de recuperar compostura o aparentemente haciendo, porque no puede deducirlo adecuadamente, dada su reacción.
– Yo, no vine solo para verte hoy, debo decirte, que Despaina ha ido al infierno nuevamente, la aleje, pero... No pude recuperar tu bidente aún. Lo siento, amado mío.
Ella vuelve a acercarse, su mano delicada, le ofrece una Rosa de Demasco antes de alejarse por el sendero creciente de jacintos y caléndulas, que eran cercados por los corazones sangrantes, parecía un camino real, por cómo esa planta, esos corazones creían para cercar el sitio por dónde camina.
Los bordes de su mundo de ensueño se desdibujan, aún con la espalda de la mujer alejandose, retirándose de la escena, cómo si fuera demasiado doloroso estar por la zona, sin un amante apasionado al que regresar, y podría ser así, después de todo, Hades fue asesinado por Athena, ¿No?
Sus ojos se abren, letárgicos, mientras su mano izquierda, con dolor, por extender más de lo que puede el brazos, recupera el cuaderno y la pluma del lugar, para iniciar con las ll escritura que necesitaba hacer para su diario de sueños.
Las palabras, al igual que la vez pasada salen gariboladas, aplastadas unas con otras, al terminar de escribir, no lo lee, en cambio, cierra el cuaderno, para iniciar con el día cómo debería.
Lo deja olvidado por todo ese día, tener nuevos caballeros dorados era pesado , por todo lo que debía suceder, los entrenamientos, el enseñar protocolos, el papeleo extra sí hacían alguna tontería, no se imagina a Saga haciendo esto por voluntad, y si lo hacía, era realmente amor a su trabajo, porque a él le pesa una tonelada poder desenpeñarse cómo debería.
Entonces, al final del día, abre el diario, con el corzón expectante, y sin saber del todo que esperar.
Ojos tristes, jacintos azules y caléndulas.
¿Qué le hace sufrir? ¿Qué hace que se aguaden esos olivos?
Rosa de Demasco, ¿La primera flor que me presento?
El combate le duele, con los ojos pesados
Brazos calientes, corazón apagado, ¿Por quién llora ya no está?
No castañas, ahora rosas
Y unos ojos tristes, que no ocultan su pesar.
Su amor no se mueve, viene a mí por él.
Su garganta se seca, eso es preciso, probablemente más que esa cursicritura suya, ahora, tiene un perfil más acertado, una mujer hermosa, que está triste por una perdida, y ¿Debe pelear por ella? ¿A qué se refiere con el combate? ¿Es metáfora o realidad lo que está escrito? ¿Una acción inconsciente de su cerebro? ¿Una mala pasada? Ya no sabe que hacer y esto, a pesar de decir mucho, sigue dando vueltas sobre una mujer.
Lanza el diario a la mesita, con odio, se acuesta con fuerza, y su hombro izquierdo protesta por el golpe seco contra el colchón. Se acómoda de su lado derecho, el único costado en el que puede dominar, sin sentir los dolores fantasmas de su clávicula perdida.
– Estoy seguro que sí sigues mirando el documento de ese modo le harás dos perforaciones con los ojos, por la intensidad en que lo miras.
La voz calmada de Marín lo regresa a la realidad, deja el documento sobre la mesa, sobandose el entrecejo con dolor, para poder pasar la sensación de molestia en los ojos.
– Lo siento, solo tengo...
– ¿Cosas en la mente, cómo esa misteriosa chica?
Cuestiona Marín, con ese tono sarcástico que la caracteriza, que la hace la mujer vivaz que es, él la mira, por un momento, sin saber que decir exactamente, cómo formular lo que le ha estado pasando realmente.
– En parte, mira, el problema surge en que ella...
– ¿Te usa de sustituto para un amor que no puede olvidar del todo? Lo sabemos, Kiki leyo el pasaje de tu diario.
Sus hombros se tensan, eso era algo que sí haría Kiki, sí tiene mucha curiosidad de un tema, pero no espero que fuera tan descarado para ir a revelar esos pasajes a todos, ¿Era por eso que su hermano chirriaba los dientes al ver a la santa de Géminis? ¿Por qué se asemejaba a los pasajes de su diario?
– Eh, no, ese no es el problema, es que ella, ¡Aparece en mis sueños! Me dice cosas importantes, y ella, ¡No puedo recordarlo en la mañana! Dijo algo de un combate que suena muy peligroso , algo que no debería olvidar, y de todas formas lo hice.
Se reclina contra el respaldo de la silla de su oficina, que no se te olvide que te eligieron por cómodidad, no porque lo merezcas , le dice su vocesita interna, se levanta de golpe, después de ese pensamiento, la voz se hace meno presente cada vez que ella está en sus sueños, esto no podía ser coincidencia, para ellos, las "coincidencias" no existen, o son destino o es alguien interfieriendo en tí, de algún modo.
– Marín, demonios, me acabo de dar cuenta de algo, muy malo .
La amazona no dice nada, esperando a qué hable, a qué le diga algo, pero Shun, no puede formular algo, en cambio, mira a la amazona, con detenimiento, es una espina peligrosa, que no debería esperar para ser respondida, aunque deberá esperar hasta la noche.
– Yo... Tengo una teoría al respecto de ella, pero debo confirmarlo hoy en la noche.
Marín, para su sorpresa, no le dice nada, simplemente, le toma una mano, antes de asentir con la cabeza, cómo si fuera a una misión peligrosa, y no supiera que decirle exactamente.
– Me dirás lo que descubrirás mañana.
Concluye la amazona, y eso es toda la interacción, toda la plática del día, antes de tener que irse a acostar, para obtener respuestas.
No obstante, esa noche, no sueña, ni la siguiente, ni la siguiente a esa.
La mujer, así cómo llego, se fue de maera sábita, sin la menor intención de aparecerse, aún tras dos semanas de no invadir su mente por las noches, ¿Tal vez no era nada realmente y solo idealizaba a alguien? ¿Era su mente deteriorada la que hablaba por él? ¿El síntoma para decirle que iba en decadencia?
Se recuesta esa noche, pensando en la mujer de ojos oliva, deseando saber la realidad, deseando verla para satisfacer su curiosidad.
Flores se extendían por el sitio, dispersas por todas partes, flores blancas de funeral , ellas, crean un camino, por instinto, por algo que le grita ¡Siguelas! camina por dónde le indican, sin descuidar ningún momento el sendero que tiene detrás, hasta llegar a un lugar blanco y no de nieve, sino de flores de funeral, en medio o casipor dónde debería estar el centro, está la mujer de sus sueños, encogida sobre si misma, manchando a las flores de un rojo carmí, que no se extiende, porque crea más flores de funeral.
Corre hasta la mujer, e inicia a tratar de buscar una herida abierta o algo que le indique dónde podría estar la lesión, pero ¡Nada! No se ve ninguna lesión, pero sigue habiendo sangre, y bastante.
– ¿Hades? ¿Eres tú? ¡Mi amado!
Los brazos de ella se levantan, en búsqueda de atraparlo en ellos, pero no consigue levantarlos del todo, pues, algo le escocé y hace que se retuerza, con agonía.
– Sin soja, Hades.
Le dice y eso, hace que sus ojos oliva pierdan el brillo que antes emanaron, que antes los llenos de ilusión al verlo, en cambio, lo mira con pena, con lamentación.
– ¿Quién eres? ¿Por qué sangras? Más importante, ¿Dónde está la herida?
Ella cierra los ojos con resignación, y en cambio niega con la cabeza, mirando al vacío, cómo quien espera la muerte inminente, y considerando la lesión que tiene, sin duda, solo lo espera la muerte si no la atienden.
– No puedes hacer nada, solo queda esperar la muerte.
Ella dice con desapego, sus ojos verde oliva se aguadan mientras niega la cabeza, el corazón parece apretuajrse contra su caja tóraxica.
– Vamos, debes decirme, ¡Estoy seguro que puedo hacer algo!
– ¿Eres Hades?
Vuelve a preguntar, está vez con una voz más rota, sus ojos, inician a derramar lágrimas dolorosas, que se transforman en Jacintos cuando caen entre todas las flores blancas que la rodean.
– No, digo lo fui .
– Pero no lo eres ahora , no puedes hacer nada, es el arma de mi esposo, Despeina, esa maldita, lo usa cómo si supiera , ella... Ugh
La que ahora conoce cómo Perséfone, se encoge en sí misma, con dolor, mientras más lágrimas le llenan la visión.
– ¿Su arma? ¿Su espada puede hacer eso?
– La espada no es de los principales, solo un trofeo de guerra.
Perséfone parece perderse después de eso, cierra los ojos, dejando de derramar lágrimas, acómodando su cuerpo, contra las flores, cómo si ellas podrían darle el consuelo que neccesita ahora mismo.
– ¿Entonces? ¿Qué arma es?
– Su bidente, Despeina lo tomo, cómo te dije antes, y... Está queriendo matarte, yo... No puedo, no una segunda vez , debo... A Haddes, a mi amado.
Los temblores de su cuerpo ahora no solo se deben a al carga que lleva básicamente, sino al dolor emocional, ese sentimineto viceral de la perdida, que la hace encogerse, por pena, la agarra y aprieta entre sus brazos, la Diosa de la primavera, inicia a derramar lágrimas, los sollozos se escapan, el dolor de la perdida se acentúa ahora, que necesita a su esposo, y no está ahí con ella.
– Él me juro, nunca sufrir, él, lo prometió .
– ¿Y lo cumplió?
– En su mayoría... Pero lo necesito ahora.
– Lo lamento...
Ambos se quedan así, abrazados, ella aún llorosa sobre su hombro derecho, mientras, él, busca cualquier lesión visible, cualquier posibilidad de que pudiera salvarla del dolor que siente ahora mismo.
– Señora Perséfone.
– Fone, solo diez centavos fone, por favor.
– Fone , necesito hacerte una pregunta.
El cuerpo de la mujer deja de temblar por un momento, y su cara, literalmente se restriega sobre su hombro, con ligereza, sin brusquedad, solo el cuidado que le daría a tu ser más amado, pero él no es Hades .
– ¿Tal vez pueda responder?
– Teléfono. Hay una voz, que desde hace mucho no me deja, creí que era... Pues inseguridades, ¿Sabes? No pude salvar a mi Diosa, le quede a deber mucho, yo... Pude hacer más por ella y fallé. Entonces, me dí cuenta, que esa voz, parece disminuir un poco cuando apareces en mis sueños, ¿Influyes en eso?
–En parte. El bidente busca destruir tu mente, sí se hace presente fuera de las pesadillas , me temo que estás infestado por su energía.
El cuerpo de la Diosa se aparta, para verlo, para mirarlo a los ojos, antes de volver a llorar, y coloca una mano sobre su mejilla, y él ¿Recuerda que ella hizo estro antes? Los ojos de Perséfone pierden intensidad por un momento, antes de negar.
– Ambos estamos hechos un desastre, ¿No?
Solo pregunta, volviendo a acómodarse contra él, Shun no sabe cómo sería Hades cómo esposo, pero al menos, Perséfone, lucía muy enamorada de él, según cómo está sobrellevando la perdida de su esposo, al que matarón por salar la Tierra.
– Sé que para este punto puede sonar hipócrita, pero lamento tu perdida.
Ella suspira, sin decir más, en cambio, solo deja a los torrentes acuosos volver a descender por su rostro. Luego, una risa tonta se abre paso por ella, discordante, era una risa rota, de esas que salen por el dolor que ya no sabe a dónde irse para terminar con su sufrimiento.
– Realmente eres el recipiente perfecto para mi esposo.
Después de eso, ya no hablan, no dicen nada, solo se quedan apoyados, el uno contra el otro, Shun, obtuvo sus respuestas, y Perséfone, parecía estrar perdiendo contra el Bidente de Hades.
– Perséfone...
– Teléfono.
– Sí, disculpa, Fone... Gracias...
– ¿Y ahora?
– Por las respuestas y por detener la voz.
Las flores a su alrededor, iniciaron a marchitarse, ya no escucho respuesta alguna de Perséfone, ella, se quedó flácida contra su pecho, contra su hombro, fue inevitable llorar también, por el evidente sufrimiento que tuvo tener, tanto físico, cómo mental, así que la aprieta contra él, por un momento más, su cuerpo, sigue estando caliente, pero espera que ella viva realmente, porque ha sido muy buena con él.
O al menos, eso puede decir de está interacción. Su pecho inicia a doler después de ese pensamiento, arde, quema, y la respiración le falla, su brazo izqueirdo cosquillea, eso implica un paro, pero ¡Es muy súbito! ¿Es por la energía de la que le advirtió Perséfone? Se deja caer contra las flores blancas, que se van desapareciendo lentamente del prado, tal parece que de algún modo, Perséfone no se va sola.
Ella, aún sigue entre sus brazos, sin dar señales de perder su calor. Cierra los ojos, sin saber que más esperar, solo el inminente dolor que le deja estos episodios.
– ¡Está desesperando! ¡Vayan por Ikki!
Grita la voz juvenil de Kiki, quien se lanza al frente para verlo, pero este Kiki, luce un tanto cambiado, por ejemplo, él no recuerda haber ido a dormir y que Kiki tuviera un chichón del tamaño de Rusia en el frente, ni que tenga moretones por dispersos por los brazos.
– ¿Qué?
Su voz sale ronca, cómo una voz que no ha tenido uso por un largo rato, carraspea, sintiendo la necesidad de agua, al voltearse, ve una vía intravenosa , sin duda sueños, eso indica un tiempo dónde no pudo consumir nada.
– Shun, no te muevas, creímos, creí... ¡Shun!
Kiki se vuelve a lanzar encima de él, llorando, cómo si hubier estado al borde de la muerte, por la puerta, Ikki, entra con el ceño fruncido en preocupación, al verlo, al igual que Kiki, se lanza para adelante, aunque esté, simplemente se arrodillo a un lado de la cama, para inciar a pasar la mano sobre sus cabellos.
– Shun , demonios, no puedo pasar por eso de nuevo , cárajo, de verdad que no puedo, yo... Hermanito .
Marín y Shaina aparecen por la puerta, sin emitir comentario alguno, solo mirando y Shun tiene muchas dudas al respecto de lo que paso.
La pila de papeles que lo recibió al entrar por su oficina fue enorme , incluso si Marín y su hermano, ayudaron a resolver un par, aún existían documentos que solo él podía llenar o firmar.
Según le dijeron Ikki y Shaina, después del desastre que fue su despertar es qué, simplemente se quedó dormido, sin reaccionar a nada, Shun sí bien, no pudo escribir nada en su diario, sabe que se debe al enemigo actual a Despeina, a que ella tiene algo peligroso, algo muy sensible para poder simplemente ser una coincidencia, para ser algo bueno.
Desde el incidente con el sueño, lo han estado monitoreando, porque ni la fuente de Athena pudo decir exactamente que tenía, excepto el acercado al síndrome Kleine-Levin, pero incluso eso no entraba en su cuadro médico, no se puso irritable, no desperto en ¡Cuatro semanas! Directamente, sin espacios dónde desperará, tampoco tuvo gran apetito, era cómo despertar a un día normal.
Y eso, hizo que tuvieran más cuidado con él, pues en cuatro semanas había pasado mucho, cómo el ataque al Santuario, que llevaba tanto tiempo esperando, por parte de Jabú y el resto de chicos, según Seiya, que fue el perseguidor, no logró darles alcance hasta un percancé que se negó a revelar de manera verbal, y le rogó prácticamente, que lo leyerá.
Entonces, ahora, también debía revisar ese documento extra, se sentó, teniendo el primer momento de tranquilidad en un rato desde que desperto, inicia con el documento de Seiya, que es el más urgente de momento, por la sentencia que deberá darle a los caballeros de bronce, la lectura inicia a desdibujarse, el sueño inicia a tomar ventaja sobre él y... Oh, espera despertar en al menos cuatro horas y no esas cuatro semanas.
El sitio dónde estaba, era desconocido, pero terriblemente familiar a la vez, un prado verde intenso, dónde las flores crecían cómo les instaba su gana, había tantas especies de flores, que era imposible reconocer todas, se agacha, tomando entre sus dedos una rosa de Damasco, o eso trato, antes de oír cómo se acercaban a él, se levanta y da la vuelta.
Para ser impactado por un cuerpo, que se lanza a él, ambos caen contra el prado de flores, los pétalos de la rosa revolotean, y una risa de campañilla se abre paso por la garganta de la mujer, que se levanta, con enormes flores adornando su cabeza, con una corona de olivos acompañada de tantas flores que le quitaría una hora mencionando a todas, solo sabe que eso está plagado .
– ¡Hades, ἀγαπητέ μου !
Y la mujer de un bronceado perfecto, trata de besarlo después, se aparta de ella, totalmente, con la cara roja y la confusión marcada en la cara, ella, también luce confundida, sus ojos oliva se entrecierran antes de separarse rápidamente, sus ojos se vuelven a escrutarlo, antes de suspirar.
– Bueno, mínimo sé que estás ahí, ἀγαπητέ μου.
La mujer se encoje de hombros antes de levantarse, él, queda muy perturbado en el suelo, ella, le extiende el brazo, para ayudarle a levantarse, duda, antes de aceptar el gesto amable que le ofrece, después de literalmente lanzarse sobre él.
– Bueno, estpa vez no tomo mucho tiempo, gracias por salvarme, esposo.
Se lanza rápidamente, para dejarle un beso en la mejilla, iris, girasoles y margaritas explotan por todo el prado y desplazan a las millas de flores de su corona, haciendo que ue hasta su cabello ¡las puntas del cabello! Tengan esas flores, ¿Cómo se sostienen? No tiene ni idea.
Pero debes entender que ella es Perséfone , esposa de Hades.
El mundo se desdibuja, pero no entiende ¿Hades la salva en su cuerpo?
Una sansación retorcida se mete en su mente, él no pue de ser Hades, Athena , lo saco antes, ¡Es imposible!
– ¡Perséfone! ¡¿A qué te refieres?!
Pero ella no responde, las flores se desvanecen de su visión y el prado lleno de vida se ve remplazado por madera, por papeles, por el Santuario de Atenea , se levanta, agarra una hoja de manera rápida e inicia a escribir, eso es la más lúcida que ha estado nunca, y no debe desaprovechar, Marín, entra, calmada, pero se detiene al verlo escribir errático.
– ¡Marín! Envía rápido a Shiryu a los cinco picos, debe confirmar algo en la colina dónde estuvieron sellados los espectros de Hades, es urgente, sale hoy.
Se da la cuelta, recogiendo papel un pesado libro y pluma, las manos de Marín lo detuvieron de su carrera, la máscara plateada no revela sus sentimientos personales pero sí demuestra su tensión de hombros la preocupación que tiene.
– ¿Qué pasó?
Esa pregunta no da permiso a no decir nada, se queda callado, sin saber que decir, en cambio, suspira, se deja caer contra su silla, la silla del Patriarca, sigues sin ser digno , ¡Déjame en paz! No tengo energía para tratar contigo hoy.
– ¿Recuerdas lo que te dije? ¿De la mujer?
– ¿La que llega en sueños?
– Sí... Ella, ¿Creo que puede ser Despeina y quiere algo con Hades?
Marín guarda silencio, no dice más, solo ve la pila de documentos, y sus garabatos, sin decir nada, los toma e inicia a revisar, la letra es desorganizada, errática de un modo que jamás había sido.
Hades, ¿En mí?
Ella lo busca, lo quiere, ¿Necesita algo de mí?
¡Flores por todas partes! Prado verde, verde, margaritas, girasoles.
Nombres de más flores se extienden por el papel Marín dobla el papel, para observar a Shun, quien no dice nada ahora, solo se queda viendo a la nada, con los ojos desubicados.
– Deberé pedirle a Seiya que reahaga su informe. Voy a dar el anuncio a Shiryu.
Con eso, sale de la oficina del Patriarca, dejando a Shun con su crisis existencial.
La oficina estaba sin ningún ruido, solo el rasgueo de la pluma al escribir sobre el papel, pero incluso eso no era suficiente para calmar la ansiedad que lo carcomía, Shiryu se había ido hace exactamente dos semanas, se supone que dentro de poco, estaría de regreso, un par de días más y podría descubrir que tan cierta era que seguía siendo Hades, cómo le hizo creer Perséfone , porquq Marín, bendita sea, le hizo darse cuenta que era estúpido que fuera Despeina y le dijera. "amado mío".
Suelta la pluma, arrojandola a cualquier sitio de su escritorio, ha estado tan ansioso que no se atreve a acercarse a Athena, tú sabes que es poque la matarás de nuevo, eso es mentira, a Athena, ¡Ya la mataste antes! ¡Fue culpa de Hades! Yo... ¡No hiciste nada más para salvarla! ¡Eres patético! Y lo sabes.
– Rechazar.
Ikki entra por la puerta principal, cargando a una llorosa Athena bebé, la pobre, estaba a moco tendido, sin aparente motivo, pero no quería verla no debe verla, ¿Y sí vuelve a suceder lo mismo?
– Disculpa, hermanito, ¿Qué te ha pasado? En este tiempo no has ido a verla, supongo que es algo importante, por eso la traje un rato.
Luego, su hermano la pasa, con confianza, cómo si no pudiera volver a arruinar las cosas , sostiene el pequeño cuerpo de la bebé, ella, sigue llorando, la aprieta contra su pecho, sintiendo la necesidad de calmarse, de jurar nuevamente, poder salvar a Athena, a pesar de estar completamente entregado a salvarla.
– Shun... No entiendo que te aflige, hace tiempo que no eres honesto conmigo, pero, quiero que sepas, hermanito que sigo aquí, para todo lo que necesitas.
Las palabras e Ikki, lo impactan más de lo que debería, el calor de Athena, de la promesa que le hace a ella, hace que todo se sienta tan personal, cierra los ojos y niega, antes de volver a intentar hablar.
– Hermano... Creo que Hades no se ha ido del todo, eso significa que Saori murió en vano, no conseguimos el objetivo y... Sería mí culpa , yo, debí protegerla debí ...
– Shun– Los brazos de su hermano lo aprietan, Athena sigue llorando, pero el calor combinado parece apagar un poco sus llantos–, hermanito, hiciste todo por ella , fuiste el primero en lanzarte a ayudarla...
– Pero no pude protegerlo cuando más ayuda necesitaba. Fracasé.
– Nunca, Shun, eres bueno , lo has intenetado, Athena, Saori, lo debes saber mejor que nadie. y sí Hades sigue ahí, podemos hacerle frente nuevamente, ahora está debilitado, podemos derrotarlo, no es cómo cuando nos agarro sin saber nada.
Su hermano lo aparta del abrazo, para verlo a los ojos, lleno de confianza, de resolución, de fiereza. Y lo sabe, tiene razón, no son iguales, nunca volverán a serlo, pero pueden con todo, pero no confía en él.
Esa noche se fue a dormir, sin estar cansado, sin poder consciliar el sueño, lleno de insomnio, no sabe cómo lo consiguió al final, pero lo agredece, debido a que volvió a despertar en el prado, está vez, no tuvo tiempo para reaccionar, antes de que unos brazos se aferren a su cintura, Perséfone se aprieta contra él.
– No soy Hades, y no volveré a serlo lo lamento, Diosa Perséfone.
La aleja, volteando a verla ella, luce desconsolada, con las rosas de Damasco por todas partes de su cabello, él era el recipiente de Hades, sí a él le gustrón, era probable que igual a Haes le gustarán, Perséfone niega con la cabeza, mirandolo con traición, cómo si Shun hubier hecho algo imperdonable.
– ¡Es imposible! ¡He venido tantas veces! ¿Por qué en algún momento aparece él? ¡Hades, mi esposo, por favor, dame una señal de qué sigues ahí! Ya lo hiciste una vez, ¿Recuerdas? ¿El bidente? ¡Me salvaste! Solo el regente del Infierno puede usarlo y liberar las heridas que influyen, vamos, esposo, por favor, por favor .
Ella cae de rodillas, abrazando su pecho, con dolor de una perdida, las flores en su cabeza, se marchitan, dejando los rulos caer de su tocado incotable a cabellos sueltos por toda su espalda, los hombros le tiemblan, y ella niega con la cabeza una realidad intocable.
– Perséfone...
– ¡Fone! ¡Soy Fone, Hades!
Los ojos verde oliva lo miran desde abajo, lágrimas derramándose por sus mejillas. Se levanta, de manera subita, para agarrarlo de las ropas papales, que se da cuenta, viste entre sueños.
– ¡Caballero de Andrómeda! ¡Lo siento en ti! ¡La esencia del Rey del Inframundo! Mi Hades, mi esposo, está adentro de tí, por favor, po un momento, solo unos minutos , permíteme... Por favor .
Sus lágrimas caen, sobre sus túnicas, el suelo entre los dos, se llena de flores jacintos azules, lirios, claveles blancos, y Shun, siente la necesidad de ayudarla, pero no puede , ni siquiera sabe del todo sí Hades sigue dentro de él.
– Lo siento, Perséfone...
– ¡Llama! Hades, por favor.
Shun no puede soportar tanta amargura sin darle resultados a ella, le gustaría irse , para dejar de ver cómo ella se rompe al no encontrar a su esposo en él, porque incluso sí estuviera, no lo dejaría salir de nuevo, porque el peligro que representa es mayor al beneficio que ella pueda recibir al volver a ver a su esposo, trata de tocarla, de darle cosuelo, pero su mano se desdibuja, ella también se da cuenta.
– ¿Qué? ¿Cómo...? ¡Infierno! ¡Por favor, no estoy molestando, nunca me podría molestar contigo por dejarme tanto tiempo sola! ¡Mi esposo, por favor!
Ese grito se volvió en lo último que escuchó, su mente, está despejada en la mayoría, con escenas escapandose por su mente, pero fuera de eso, recuerda más que nunca, incluso más que esa vez en la oficiana del Patriarca, se acómoda contra las almmohadas, es tempranno, más temprno de lo que nunca se hubier despertado por naturales, pero eso no importa, siente impotencia, dolor por Perséfone.
Cierra los ojos, sin saber que hará la próxima vez que la vea.
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Shiryu, estaba, cuanto menos, confundido por el pedido al inicio, le pareció anormal la petición de Shun, el Patriarcca, pero sí lo enviaba a ver el sello era porque sabía algo, ¿No? Bueno, sea de dónde saliera la información de Shun, resultaba ser algo muy acertado venir a supervisar, pues lo que se encontró a la cima del sello fue una tabla de piedra, dónde se encotraba un relato griego, todo parecía antiguo, y coninicidía con todas las viejas escituras.
En la piedra que encontró, relataban de un combate que tuvieron Athena y Hades, por culpa de Perséfone , pues ella, se había hartado de ir y venir del infierno a la Tierra, entonces, Hades, se dispuso a dominar la Tierra, a su voluntad, para que ella jamás volviera a sufrir ese dolor, no obstante, Athena, la Diosa de la justicia se lo impidió, matando a su tío, y quedando herida de gravedad después del combate, pero viva , o Eso, decía la piedra.
Shiryu, había escuchado que cosas cómo podía llegar a suceder, si la fábula era de tal magnitud que sacudía a los reinos de los tres hermanos. Al parecer, esto lo era Shiryu, creyendo que esto era lo que Shun buscaba, lo cargo y emprendió el camino de regreso, no sin antes ver que el sello, estaba completamente destruido, con todos los ocupantes interiores sin posibilidad de regresar.
A su regreso, Marín lo recibe y escolta al templo del Patriarca, Shun, lo recibe en su oficina, le duele la espalda y las piernas al ver tantos documentos, eso significa que no podrá moverse por mucho tiempo, lastima por él.
– Patriarca, regresó y encontró el objeto que me mando a buscar.
Muestra la piedra, Marín la toma y analiza, Shun, por su parte, se levanta para verlo, se queda callado por un largo rato, antes de quitarse la máscara y revelarle su rostro aliviado a Shiryu.
– ¿No había nada más, caballero de Libra?
– No, sólo que el sello de los espectros está completamente destruido.
– Ya veo... Gracias, Shiryu.
Suhn le dedica una sonrisa, cómo si consiguiera el alivio después de un largo tiempo, pero su expresión se tensa de repente, cómo tratando de enbonar algo que nadie más que él puede entender.
– Puedes retirarte.
Y eso hace, sin pedir explicaciones, cómo hubiera hecho un amigo, pero obedece cómo un caballero a su Patriarca, a fuera, se pregunta, que sí no hubiera sido tan idiota, probablemente podría haber sido más estrecha su realción en este punto, pero los arrepentimeintos no sirven, ahora, para enfrentar las consecuencias.
El prado seguía de ese verde esmerandal que instaba a acostarse sobre él a perderse sobre él, sin nada más que pensar, per Shun, sabe que esto es solo una calma temporal, Perséfone, se acerca a él, con su sonrisa apagada, con sus ojos oliva llorosos, antes de lanzarse a él, cómo si fuera Hades, pero ahora lo sabe, no lo es, no lo puede ser, ya no, nunca más .
– Perséfone... Investigué... Encontré la tabla de mito de la muerte de Hades.
La mujer se tensa en sus brazos y lo mira, con horror, cómmo si mintiera de manera descarada.
– Espera, debo hablar... Yo, no sé porque piensas que soy Hades, pero la tabla...
– Miente, ¡Siento la esencia del Rey del inframundo en tí! ¡La esencia de mi esposo!
– Yo tampoco sé porque sucede eso, pero no soy Hades, soy Shun, ex caballero de Andrómeda.
– ¡Aún lo eres! ¡Debajo de ese traje papal lo seguirás siendo siempre!
– En ese caso sería Virgo...
– ¡No! ¡Es falso! No, no.
Perséfone se agarra el cabello, mientras niega la realidad, luego, lo mira, las flores, todas, los campos, se marchitan, se vuelven amarillos, cafés, hasta el cielo parace perder su vigor.
– Mientes, Hades, yo... Ya no quiero la Tierra, esposo, solo quiero que vuelvas, no mme importa ir y venir del infierno a la Tierra, por favor, no esoty molesta.
– No soy Hades, soy el Patriarca del Santuario de Atenea...
– ¡Basta de mentir! ¡La llave del bidente está en tí! ¡Eso lo tenía Hades!
–¿El bidente? Ὀψόμεθα ταχέως, ὦ ἀγαπητέ μου ¿No?
¿Cómo recuerda el nombre? Perséfone jamás lo ha dicho en sus dieciocho encuentros. ¿Cómo sabe cuántos hijo? lo dominaste, humano , dice la voz, levanta la cabeza, y Perséfone, está pálida, lívida, cómo si viera a un muerto, sus labios tiemblan, antes de caer pesadamente sobre el suelo.
– ¡¿Perséfone?!
– Es cierto... No eres mi esposo.
Sus ojos oliva me observan, antes de resoplar y soltar el sollozo más desgarrador posible, inicia desde el estómago, y se rompe en su garganta, por la forma en que suena cómo animal herido antes de colocarse las manos sobre los ojos.
– Fue mi culpa, murió por mis deseos egoístas.
– Perséfone, no entiendo.
Se arrodilla a su lado, ella, se aleja un poco, antes de negar con la cabeza, recuperando el aliento.
– El bidente, más que arma, es la llave del infierno, Despeina, lo quería para autonombrarse reina del Inframundo, acceder al ejercito y el resto es historia.
Perséfone, con lágrimas en los ojos, levanta la cabeza, no aparecen flores está vez, solo queda su rostro tostado por el sol y destruido por la tristeza y aargura de una perdida cercana.
– Pero, elegido al regente antes de qué muriera Hades, ¿Ha tenido muchas complicaciones de salud, además de las heridas del combate? ¿No has tardado maás en sanar?
– Sí, pero mis heridas fueron más graves.
– Puede ser, pero ¿No moriste y sobreviviste a algo casi imposible, sin las secuelas que te marcaban?
La preunta de Perséfone se queda en su mente, por un largo rato, es cierto, el mayor riesgo de tanto tiempo si respirar, fue perder la cabeza , por el tiempo que no le llego el oxígeno al cerebro, sus paros cardíacos, aunque constantes en el hospital, pararón, cuando menos se pensó que lo harían, las heridas, no cicatrizarón, no en el tiepo que debieron, pensarón que fue por el paro, por eso el marcapasos no le sirve, por eso, Sigue teniendo paros con todo y el objeto.
– Perséfone... No, soy ateniense.
– Sí, no. Pronto, incluso dejars de ser humano, lo puedo asegurar.
La mano de Perséfone, cae sobre su pecho, en el lado izquierdo, dónde debe estar el corazón, ese que le ha dado tantos problemas últimamante, Perséfone lo acaricia, con dolor, antes de negar con la cabeza, soltando otro sollozo, ahora, Shun entiende, Perséfone, vio en él a Hades, porque tenía la puerta del infierno... En su corazón, según puede entender.
– No puedo ser el responsable. ¿Puedo pasarlo a alguien más?
La Diosa resopla, negando ligeramente, antes de volver a soltar un sollozo roto.
– No, no hasta que lo asimiles.
– ¿Y eso cuánto tardará?
– No lo sé... Hades nunca tuvo un cuerpo mortal, pero para él, la asimilacipon le costo días.
Shun, no puede eivtar hacer un puchero, él lleva ¿Qué? casi un año con este problema, sin ver resultados evidentes a su condición, sin ver mejoría en nada, excepto, cuando Perséfone intervino y le dio un empujón, sin saber, en la dirección correcta.
– Perséfone... No me debes nada, y yo tampoco, solo disculpas por ilusionarte, pero ¿podrías ayudarme?
La Diosa de la primavera, abre los ojos ante su propuesta, ve cómo duda, antes de asentir, con los ojos aún aguados por las lágrimas derramadas anteriormente.
– Trataré... Pero Hypnos no deberás hacerlo todo el tiempo, debes dominar al Bidente.
– Pero no lo tengo yo.
– Eso no importa... Del todo, entre más lo domina, menos podrá usarlo Despeina.
Con eso, algo parece encenderse en Perséfone, el prado, no regresa a su vibrante verde esmeralda, pero sí salen pastos, cortos, descoloridos, pero hay vegetación.
– Bien, te enseñaré lo mejor que pueda.
Al parecer, Perséfone logra afgarrar fuerza al querer derribar a su hermana, que entró al infierno e hizo de las suyas cuanto quiso.
– Cuento contigo, Perséfone.
– Fone... No me gusta completo.
– Bien, puedes llamarme Shun en ese caso.
Ella sonríe, no esa sonrisa deslumbrante que se muestra al incio, cuando piensa que era Hades, o esa sonrisa gatuna, que se muestra al querer fastidiarme, es pequeña, triste, pero muy significativa.
Extra:
– Por cierto, ¿De verdad te corrió del infierno para conseguirte la tierra?
– No es que me "corriera" realmente, solo que había años en los que de verdad no me admitía, este año iba a hacerlo... Era más fácil que lo hiciera cuando Athena lo había derrotado y...
– ¡Oh, discúlpame, Perséfone!
