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Primal Instincts

Summary:

"Protégeme, Alfa." Dijo en un susurro casi lloriqueando el castaño.
"No me iré de tu lado." Afirmó el pelinegro, rodeándolo en un abrazo.

Notes:

Este one-shot está escrito en español y hay contenido explicito. La pareja que se desarrolla en este único capitulo son mayores de 25 años en un universo alternativo.
Espero lo disfrute, nos vemos en la próxima publicación.

Work Text:

 

Una mañana acalorada y algo húmeda en Japón hizo que Hirose despertara agitado. Se llevó una mano al pecho, convencido de que el corazón iba a escapársele de la caja torácica.

Antes de que pudiera reaccionar, un murmullo somnoliento a su lado le hizo volver la cabeza. Su alfa dormía plácidamente junto a él, abrazándolo como si fuera una almohada.
—Nakamura, despierta —murmuró el castaño, girándose apenas para contemplar su rostro. La piel del pelinegro, más clara que la suya, resplandecía bajo la luz tenue que se filtraba entre las cortinas. El calor teñía sus mejillas de un suave rubor, y sus largas pestañas oscuras descansaban sobre los párpados cerrados.
—Mmm… ¿Qué hora es? —preguntó el pelinegro, aún adormilado. Siempre había detestado las mañanas, y más todavía cuando el calor apretaba.
—Ya pasaron las ocho. Vas a llegar tarde al trabajo, amor —Rio suavemente mientras apartaba con ternura el flequillo oscuro de su frente.

Con el paso de los años, y con las hormonas haciendo lo suyo, Nakamura había dejado atrás al alfa tímido y delgado de la preparatoria. Ahora tenía el cuerpo de un hombre adulto: no era exageradamente musculoso, pero sí lo bastante fuerte como para alzarlo con facilidad y dejarlo sobre el sillón cuando quisiera. Su voz, que siempre había sido suave y masculina, había adquirido una madurez más marcada. Después de los veinticinco, al fin y al cabo, todos empiezan a cambiar.

De mala gana, ambos abandonaron las cómodas —aunque sofocantes— sábanas. Como era costumbre, Nakamura cargó a Hirose como si fuera un bebé y lo llevó hasta la pequeña cocina-comedor del departamento, donde lo dejó sentado sobre la mesa antes de colocarse entre sus piernas.

—No me quiero ir. Quiero quedarme contigo toda la mañana —resopló el pelinegro, molesto.
Aunque amaba su trabajo como biólogo marino en el acuario, pasaba demasiado tiempo fuera de casa, entre investigaciones y jornadas largas. Eso significaba muchas horas lejos de Hirose: sin su aroma a canela y vainilla, sin sus bromas, sin sus juegos. Frunció el ceño e incrustó el rostro en el cuello del omega, que se sonrojó apenas. Llevaban años juntos, pero seguía siendo imposible no reaccionar así; Nakamura era excesivamente dulce, pese a su apariencia seria y correcta.

—Yo tampoco quiero irme a trabajar, pero ya sabes… la docencia es demandante —respondió Hirose.
Ambos dependían mucho el uno del otro, como si cada separación les doliera de verdad. —Ayúdame a preparar el desayuno, porque si seguimos así de melosos lleg—
No alcanzó a terminar la frase. Las lamidas suaves sobre su marca lo desconcertaron, arrebatándole un suspiro.

—No quiero —afirmó el pelinegro mientras besaba el cuello de su pareja, hasta que recibió un golpe en la cabeza.

—No me gusta cuando te pones terco y dejas salir demasiado al alfa que llevas dentro, tonto —refunfuñó el castaño.
Se bajó de la mesa y se apartó de los brazos de Nakamura para ir hacia la heladera y comenzar a preparar el desayuno. No le disgustaba ese lado de su pareja, pero había momentos en los que debían comportarse como adultos y no como animales.

—Tch. —fue todo lo que soltó el pelinegro mientras se frotaba la zona del golpe. Luego suspiró y, finalmente, obedeció en ayudar a su pareja.

 


 

Luego de que Nakamura dejara a Hirose en su trabajo y se despidieran con muchos cariños en el auto, el castaño caminó dentro de la institución educativa algo contento. Su vida era tranquila, hasta armoniosa; tenía el trabajo que quería, un lindo hogar y una excelente pareja.

Subiendo las escaleras, y saludando a algunos alumnos por los pasillos, se topó con el director del colegio.

-Profesor Hirose Aiki.- Saludó, haciendo una reverencia.- ¿Cómo se encuentra?

-Algo acalorado, pero muy bien. ¿Cómo está usted?- Preguntó amablemente mientras hacia una reverencia más inclinada hacia su superior, el cual era un alfa bastante mayor de edad. Hacía un par de semanas que se había cambiado de colegio por problemas de traslado. Este quedaba cómodo entre su hogar y el trabajo de Nakamura.

-Estoy muy bien, gracias por preguntar. ¿Ha podido adaptarse bien? Ya sabe, cambiar de colegio y demás, suele ser algo complicado. Nuevos alumnos, docentes…-

-El lugar es bastante agradable, y he sido bien recibido por todos aquí, muchas gracias.- Y ahí es cuando miente.

Hace unos días atrás, fuera de la institución vio a un grupo de docentes que hablaban entre ellos, y uno de los temas de conversación fue él, y su querido alfa.

“¿Ya vieron la llegada del nuevo profesor?” dijo una mujer alta, con apariencia imponente.

“Un asco total, está unido a un Alfa macho, Qué horror.” Rechistó el otro docente, con un tono burlesco y asqueado.

Si bien él jamás fue de esos omegas que se quedaba con las palabras en la lengua siendo siempre sumiso, en ese momento se frenó sobre sus pasos. No podía arriesgarse a perder este trabajo, le pagaban mucho mejor que en su anterior colegio y aún hay deudas que pagar con su pareja. Con mucho odio, apretó sus puños y salió por otro lado. Ellos jamás se harían una idea de lo que era tener alguien tan ideal como Nakamura en sus vidas.

            Después de esa breve conversación con su superior, se despidió para dirigirse a su aula 2-B. Le tocaba dar Matemáticas II, y a pesar de que es una materia algo difícil para la mayoría, este grupo de estudiantes iban bastante avanzados y siempre consultaban sus dudas. Suspiró algo aliviado cuando vio que estaba el aula tranquila; charlas amenas, algunas risas, pero ningún alboroto.

            -Buenos días, vuelvan a sus asientos que comienza la clase.-Dijo mientras giraba su torso para escribir en la pizarra el tema de hoy: Cuádricas y Cónicas. Sintió detrás de su espalda como sus alumnos tomaban asiento y abrían sus cuadernos para empezar a escribir.

 


 

            -Quiero que para la semana que viene traigan todas las gráficas expuestas y sus demostraciones en el trabajo grupal que les indique, recuerden que afecta a la nota final de la materia.- Advirtió con un tono juguetón, provocando una suave risa entre sus alumnos- No quiero que a ninguno le vaya mal, ya saben que pueden preguntarme después de clases en sala de profesores.

            -¡Si!- dijeron al unísono los diversos grupos, algunos se levantaban para ir a comprar su almuerzo mientras que otro se quedaba en sus asientos conversando.

Salió del aula con un leve dolor en los hombros y la muñeca. Unos segundos después, se estiró. Graficar era la parte más tediosa de la clase, y explicar cada ejercicio una y otra vez en distintos cursos volvía todo aún más agotador.
Se dirigió al baño exclusivo para docentes mientras observaba cómo el sol golpeaba con fuerza el patio del colegio y las paredes del edificio. Al dar clases, casi no notaba el paso del tiempo. Recién al mirar su reloj de pulsera advirtió que ya eran pasadas las cinco de la tarde. En un rato más debería regresar a casa.

Abrió la puerta y se adentró a uno de los cubículos, pero de repente un fuerte dolor de cabeza lo hizo tambalear. Su vista se nubló y apretaba su cara como si eso sirviera para estabilizarse.

“¿Qué pasa? ¿Por qué me siento tan mal?” Repetía en su inconsciente, sentía que su estómago estaba revuelto, con unas profundas ganas de vomitar, pero nada salía de su boca. El cubículo se sintió asfixiante, como si las paredes poco a poco se cerraran. Cerro sus ojos, intentando controlar su respiración.

Con el pasar de los minutos, iba tranquilizándose. Ya no tenía la vista tan nublada y el dolor de cabeza disminuía relativamente rápido. Pero hubo algo que lo alarmo muchísimo más. Sintió su ropa interior algo húmeda, pero no lo suficiente para que se ensuciaran sus pantalones.

-…No, no puede ser. No, no, no.- Como si se tratara de un incendio, su cuerpo se calentó de pies a cabeza, siendo una fiebre que rozaba la asfixia. Su piel se sensibilizó inmediatamente ante el calor y sus extremidades inferiores no le jugaron una buena pasada, dejándolo sentado en el piso.

-No puede venir mi celo ahora, no me toca, no es época aún.- Repetía una y otra vez angustiado, intentando buscarle una explicación al aire. Estaba solo en el baño, y no sabía si podía entrar algún alfa. Sus ojos se nublaron, esta vez repleto de lágrimas, odiaba cuando le tocaba el celo ¿Pero en un lugar público? ¿Dónde hay niños y adultos? El miedo lo invadió, intentando estar lo más alerta posible e ignorar su instinto animal que cada vez tenía más ganas de salir.

Tocó delicadamente su marca, que palpitaba contra su cuello transpirado. Realmente necesitaba ayuda, ¿Y quién mejor que su pareja? Pero un sentimiento de culpa lo invadió, no quería molestarlo en su trabajo, pero ahora mismo se encontraba entre la espada y la pared.

Nakamura… por favor.” Pensó y mentalizó la imagen de su pareja, generándole un alivio momentáneo.

 


 

Punto de vista de Nakamura.

            Todo estaba relativamente tranquilo en el acuario, algunos espectáculos con delfines o charlas informativas de la vida marina de diversos seres vivos. Asignaron su turno al recorrido del mediodía a turistas y residentes en la zona de las medusas y pulpos. A veces el pelinegro se le escapaba una sonrisa risueña cuando algunos niños tocaban las grandes paredes de vidrio y señalaban entusiasmados de sus movimientos o colores.

            -Ah, como me gustaría tener un niño.- Otra vez, en una de sus fantasías mientras era la hora de su almuerzo, imaginaba a un pequeño niño con el cabello negro pero los grandes ojos de su querido omega, tan brillantes y expresivos. Lo visualizaba mentalmente jugando con autitos en su dormitorio, o leyéndole datos curiosos sobre pulpos junto a su pareja.-Jejeje…- Rio por un momento, regresando en si cuando alguien abrió la puerta y se limpió el hilo de baba que colgaba de su boca.

            -Dr., le dejo los documentos de la última observación XXXX-0315 de pulpos en Motoya.- Dijo una mujer mientras dejaba los documentos en su escritorio.

            -Ah si, gracias.- Asintió con la cabeza para luego pegarles una ojeada. Como ya cumplió el turno de charlas, debía terminar unos informes que había dejado incompletos por falta de información. Pasaron los minutos, con un silencio algo abrumador pero cómodo para Nakamura, cuando sintió un escalofrío por su columna, sobresaltándolo.

            -Esto…es.-Dejó las hojas por un momento en el escritorio y toco su cuello, sintiendo un calor repentino. Observó para todos lados, intentando buscar su teléfono, revisando si tenía algún llamado de su pareja. Sin embargo, no había nada; ni llamadas ni mensajes.

            -¿Será impresión mía?... Tal vez me equivo-.- Otro escalofrío lo sacudió, generando que se levantara de su asiento.- No, definitivamente hay algo mal.- Dijo, para agarrar su maletín y salir disparado de su trabajo. A la mierda el informe, su pareja lo necesitaba y lo desesperaba más no saber la razón.

            -¿Doctor? ¿A dónde se va?- Preguntó la misma mujer que le dejo los documento hacia media hora atrás.

            -Lo siento, tengo una urgencia y debo irme.- Afirmó nuevamente mientras caminaba a pasos agigantados hacia su auto.

            -Pero los documentos...-Y antes de que la mujer pudiera decir algo, una mirada amenazante brotó de su cara, dejando a la beta sin aliento.

            -Algo le pasa a mi pareja, y eso es más importante que un simple documento. Lo siento, me voy.- Aunque se haya enojado por la insistencia, no podía desquitarse con ella. Hizo una pequeña reverencia y abrió su auto.

Espérame, Hirose.” Pensó mientras imaginaba el rostro de su pareja.

 


 

Punto de vista de Hirose.

            Llevaba tanto tiempo en el baño que le daba miedo salir, por ahora ningún docente había entrado al lugar. Su olor estaba esparcido por todos lados, y la sensibilidad era cada vez peor. Para evitar manchar algo más, tuvo que sacarse los pantalones y quedarse sentado en el cubículo. Arriesgarse a que un niño lo viera así definitivamente no era opción.

Se había acostumbrado al silencio del baño, la canilla del agua goteando cada cierto tiempo, el olor repugnante a cloro, y demás características de un baño. Eso creía, hasta que escucho como alguien abría la puerta.

Contuvo su respiración, tapando su boca y cruzando las piernas, observando los zapatos parados frente a su cubículo.

            -¿Quién está aquí?- ¿Qué mierda hace Matsumura aquí? El debería estar dando clases en el otro edificio. Pensó mientras observaba la puerta.

Otra vez silencio, Hirose no podría verlo a la cara si lo encontraba así. La situación cada vez se complicaba más, imploraba que no hablara más; un omega en celo que perfumó todo el lugar con su olor separado por una simple puerta contra un alfa que poco a poco dejaba salir su olor.

            -Ya no es gracioso, ¿Quién está aquí?- La voz de Matsumura Kosei, que normalmente era suave, se volvió cada vez más áspera, como si fuera una lija. Su respiración cada vez se aceleraba más, a pesar de que confiaba en Matsumura como persona, no conocía la reacción que podría tener el alfa dentro suyo con un omega indispuesto.

Nakamura ¿Dónde estás?”

Y como si fuera un milagro, un estruendo los asustó a ambos. La puerta se había abierto, dejando ver a un Nakamura transpirado por haber buscado a su pareja.

            -¿Qué haces aquí?- Una voz irónica brotó de Matsumura, mirando de reojo a Nakamura.

            -¿Qué crees que estoy haciendo? Buscando a mi pareja.- Habló el pelinegro más bajo, algo agitado. Se acercó hacia la puerta donde estaba el castaño y habló.- Mi amor, ya estoy aquí.

Una expresión de sorpresa se dibujó en el rostro del otro alfa, dejándolo sin palabras. Se cruzó de brazos, a pesar de que habían pasado años, aún seguía celoso de que Nakamura haya terminado junto a su preciado Hirose. Pero ahora es un adulto, el cual no debe dejarse llevar por el pasado. Clavó sus ojos nuevamente en el pelinegro, el cual ya lo estaba viendo de forma amenazante, suspirando.

            -Ya entendí, me voy.- Finalmente rendido, el más alto se dirigió a la puerta mirando de reojo la escena y despidiéndose.

            -Amor estamos solos acá, puedes salir.-Ronroneó esta vez Nakamura.

            -…Entra, está abierto.- Ante la orden, el más alto abrió la puerta, observando el desastre que era ese cubículo. Por un momento se quedó anonadado, su pareja tenía su piel sonrojada, su frente sudada con algunos cabellos pegados y agitado. Siempre se ve tan lindo, pensó mientras sonreía para ocultar sus verdaderas intenciones.

            -Te ayudaré a cambiarte.- Ordenó el pelinegro, dejando sin palabras a Hirose. Se arrodilló y acomodó el pantalón del castaño, junto a su camisa y peinado para disimular el estado en el que se encontraba. Al tocar entre sus piernas, observó que estaba lubricado, marcando unas manchas en el pantalón.- Te voy a cargar, pero necesito que te quedes quieto.

            -Alfa.- susurró contra su oído, alertándolo y generando un fogoso sonrojo.-Te necesito.-Las uñas de castaño acariciaron el flequillo y pómulos del alfa. La embriagante voz del castaño entorpeció por un momento al pelinegro.

            -Tranquilo, ya nos vamos a casa.-Afirmó para luego alzarlo y salir del baño. Apenas llegaron al auto, Hirose se acurrucó en los asientos traseros del vehículo, durmiendo por un momento. Había estado una hora en alerta y estaba exhausto, pero ahora se encontraba a salvo.

 


 

         Una vez la pareja llegó a su departamento, la postura correcta y firme del pelinegro desapareció, mostrando su faceta de alfa. Beso, lamió y mordió efusivamente al más bajo, recibiendo como respuesta suspiros mientras rodeaba el cuello del más alto. -Me desesperé al sentirte tan mal, pero ya estás conmigo.-Expresó más aliviado el alfa, separándose por un momento del beso. Estaba realmente rendido ante sus pies, y si algo le pasara destruiría todo lo que se interpusiera ante su paso.

Se arrodilló frente al castaño, agarrando sus caderas para observar la cara sonrojada de su pareja, con un puchero marcado. Podía sentir bajo su tacto el calor y humedad ajena, y le encantaba cuando le llegaba esa época de celo. Todo el departamento lleno de los olores corporales de ambos; una mezcla de café y madera, contra un marcado olor a vainilla y canela.

            -¿Dime qué quieres de mí? Te daré lo que quieras.- consintió el pelinegro aún arrodillado ante el castaño, besando su estómago y apretando más las caderas ajenas, recibiendo de respuesta un apretón en su cuero cabelludo.

            -Vamos al dormitorio.- Ordenó el omega, sacándose la ropa a medida que hablaba, siendo un espectáculo ante los filosos ojos del pelinegro. Ver la sutil piel bronceada ahora sonrojada, los pezones sensibles y erizados y la respiración agitada era toda una obra de arte privada. Sólo para él.

 

            Besos fogosos. Era lo único que se podía escuchar en la habitación de Nakamura y Hirose. Besos desesperados, hambrientos, como si hubieran aguantado una eternidad por probarse. Ambos estaban sonrojados y acalorados, el zumbido del aire acondicionado era otro factor de ruido de fondo, pero el calor de sus cuerpos extinguía la frescura que liberaba el dispositivo. El resonar de sus lenguas y labios era hasta morboso de oír.

El más bajo, que lo único que portaba era su ropa interior, se sentó a la orilla de la cama, mientras que el pelinegro se arrodilló frente a él. Besó sus piernas con dulzura, mordisqueando los muslos internos del omega, que se movía ansioso ante sus ojos.

            -No me hagas esperar.- Expresó frustrado el castaño para recostar su torso sobre la mullida cama, frotando las manos por su cara exasperado por más atención.

            -No me digas que hacer.-Nuevamente, brotó de la garganta del pelinegro una orden, mostrando a su alfa casi dominando la situación. Ante ello, el castaño suspiró profundamente deleitado.

La lubricación brotaba lentamente de su trasero, y la tela de algodón frotaba contra su erección queriendo salir. Sin embargo, el pelinegro no dejó que se la quitara. Sentir la cálida lengua de su pareja por sus muslos y torso lo hacían llorar, y la situación empeoró cuando el pelinegro mordió sus pezones.

            -Alfa…-Lloriqueo por lo bajo.- Quiero más, por favor.

Nakamura no respondió verbalmente, pero sus acciones dijeron más que mil palabras. Metió sus manos debajo de la ropa interior, tanteando la entrada levemente lubricada del más bajo. Y con suma delicadeza, introdujo unos de sus dedos para acostumbrar al omega, escuchando un gemido ahogado y sintiendo sus uñas clavarse en sus hombros.

            -No seas delicado conmigo, estaré bien.- Susurró con regocijo, mirando a los ojos a su querido alfa. Sus ojos ya eran expresivos, pero esta vez el efecto del celo provocaba más brillo en señal del placer.

            -Hay que tener cuidado, omega. No importa cuantas veces lo hayamos hecho.- Susurró besando la marca del cuello que portaba el castaño.

Retiró la ropa interior suya y de su omega, exponiendo algo avergonzado su erección con algo de liquido preseminal. Negando con la cabeza para impedir que se le cruce algún pensamiento intrusivo, acercó nuevamente su rostro en el vientre de su pareja, bajando lentamente hacia su erección. Observó como el más bajo producía pequeños espasmos, arqueando la espalda y esa vista lo dejó más que satisfecho.

            -¿Q-qué vas a hace- Antes de que pudiera seguir hablando el omega, su pregunta quedó ahogada en su garganta, saliendo en su lugar un gemido. Su alfa estaba lamiendo su miembro, y con una de sus manos estimulaba su entrada. Todo al mismo tiempo.

Era como una lluvia de placer, sus puntos más débiles estaban siendo atendidos por su pareja. Solo alcanzaba a decir incoherencias, balbuceos y gemidos ahogados. No quería que parara, si pudieran seguir toda la noche lo harían sin problema.

            -Nakamura, por favor. Hazlo.- Rogo entre balbuceos, colocando sus piernas en los hombros del alfa que estaba atendiendo su erección.

            -¿Qué quieres? No logro entenderte.- A veces le gustaba desafiar o molestar un poco a su omega en este tipo de situaciones. Hirose era un hombre determinado, que no dejaba doblegarse ante nada ni nadie, ni siquiera ante Nakamura. Bueno…excepto en esta situación.

            -N-no estoy para juegos…-Lloriqueo debajo suyo el omega, mirándolo con suplica.

            -Si no me dices que quieres, ¿Cómo puedo complacerte, amor?- Dijo en casi un ronroneo, observándolo fijamente, mientras introducía nuevamente la erección del castaño en su boca. Cada vez sus movimientos eran mas acelerados, sintiendo como estaba a punto de venirse en su boca. Antes de que eso sucediera, retiró el miembro de su boca, provocando que el castaño eyacule en el rostro del pelinegro.

            -¡L-lo siento!, Dios no hagas estas cosas.- Hirose se apresuró en intentar levantarse, pero sus planes fallaron y terminó estampado en la cama. Nakamura había decidido cambiar la posición esta vez; ahora el castaño se encontraba con las caderas en alto, la espalda arqueada y su rostro enrojecido contra la almohada.-Amor esta posición…-Intentó moverse, pero las manos del Alfa sostuvieron firmemente su cadera, impidiéndolo.

            -Me gusta verte de esta forma, expuesto, débil, y por sobre todo lubricado solo para mi.-La voz extrañamente ronca pero entusiasmada del alfa generó cada vez más excitación en el omega. Nakamura jamás fue de esos alfas tóxicos ni mucho menos, era demasiado dulce y tierno. Pero cuando estaba el pico mas alto de su celo, su personalidad y cuerpo pasaban a adueñarse de su instinto animal.

Se acomodó detrás del omega, apreciando por un momento el nivel de intimidad que estaban experimentando, sonrojándose nuevamente.- Avísame si te duele.-Susurró el alfa para besar el lóbulo de su oreja e introducir su miembro.

Ambos gimieron al unísono, prácticamente sincronizados. Observo como el castaño apretaba las almohadas y aprisionaba mas su rostro para evitar hacer tanto ruido.- déjame oírte, eres tan lindo.-Dijo el alfa mientras levantaba suavemente el mentón del omega, el cual mordía su labio avergonzado. Cada vez que llegaba ese momento de intimidad sexual entre ambos sentían que podían fusionarse y ser un solo. Lentamente empezó a moverse, aun atento a la reacción del omega que se encontraba sumergido en una oleada de placer.

            -M-más, quiero más.-Rogó el castaño, exasperado moviendo suavemente sus caderas en busca de más fricción entre ellos.- No te detengas…Alfa.- Nakamura intentaba siempre mostrarse a sí mismo y no su lado animal, ya que era demasiado bruta con el castaño. Pero un poco ahora no estaría mal.

Suspirando, dejó lentamente que su instinto animal tomara el rol del acto. Golpeó el trasero del omega contra su miembro, embistiendo cada vez mas efusiva. Ya no eran gemidos los que se escuchaba contra las paredes, sino gruñidos y pequeños gritos que se escapaban de la garganta del omega. No tenía nada que reprochar, todo estaba saliendo perfecto. Por un momento sus ojos se nublaron en éxtasis, su próstata estaba siendo golpeada repetidas veces, sin parar o dudar un solo momento.

            -Hirose, y-yo…-La voz del alfa lo sacó por un momento de su ensoñación, y sentir como su interior estaba lleno de su alfa le provocó un gemido. Él hacia unos momento se había corrido por segunda vez, pero esta fue la primera vez del alfa. Ambos respiraban agitados, disfrutando del éxtasis, pero no se separaban uno del otro.

Aún el alfa dentro suyo, lo abrazó y dejó suaves besos en su piel bronceada que estaba ligeramente sensible. Era increíble como en un momento estaban en el acto mas carnal y hambriento, y ahora se encontraban acurrucándose en el pequeño nido dentro de su cama.

            -¿Estas bien…?- Por fin habló el alfa, quien lo observaba algo preocupado.

            -S-si… solo estoy algo cansado y sensible.-Dijo el omega mientras reía suavemente, generándole un leve dolor en la cadera pasándolo por alto.

            -Mmm eso espero.- Otra vez eran ellos, mirándose dulcemente a los ojos, profundamente enamorados. Nakamura tapó con algunas sabanas a Hirose para luego acurrucarlo en su pecho.-Mañana nos bañamos por la mañana, no te preocupes. Pero así no puedes ir a trabajar, al menos unos días.

            -Lo sé, es una pena. Pero significa encontrarme en casa con la pancita algo inflamada.- Refunfuño tiernamente el castaño mientras se escondía en el cuello del pelinegro.-Nakamura…-

-¿Mmmm…?- preguntó el pelinegro con los ojos cerrados.

            -Te amo.-

            -Yo te amo mucho más.- Dijo, para finalmente besar su frente y sentir como el cuerpo del castaño se relajaba, mostrando señal de que había caído dormido.

 

            A la mañana siguiente, Nakamura decidió quedarse para consentir y mimosear a Hirose, el cual agradeció profundamente. Pasaremos por alto el pequeño golpe que recibió el pelinegro por dejar adolorido al castaño.