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Si le preguntaban a Juan si su vida era buena, sin titubear respondería que sí.
Tenía un esposo amoroso —Ash, un alfa de ojos morados que olía a cedro—, un trabajo estable como consultor artístico y un hijo adolescente que era un ángel encarnado.
Bueno. Casi un ángel.
Y si le preguntaban a Ash si su vida era buena, también respondería que sí. Había encontrado al amor de su vida después de años de creer que no merecía uno. Vivían juntos en un vecindario tranquilo, rodeados de amigos que los visitaban los fines de semana.
Todo era perfecto.
Excepto por un problema. Uno muy chiquito. Bueno, no tan chiquito y usaba gafas de sol.
Senpai. El hijo de Juan. Fruto de su matrimonio previo con un tal Spreen —un alfa cobarde que se había ido al enterarse de que Juan estaba embarazado—. El demonio odiaba a Ash. Sin importar los regalos caros que este le daba. Sin importar que le hubiera regalado una PC gamer de Dios sepa cuántos dólares solo para que jugara Roblox y viera brainrot.
Senpai lo odiaba.
Y Ash, el alfa que había construido un imperio comercial desde la misma mierda, no sabía qué hacer.
— Ash. — Juan entró a la cocina con el teléfono en la mano y una sonrisa que le dio miedo a Ash. — Tienes una oportunidad.
— That smile scares me.
— No debería. — Juan se sentó en su regazo y le mostró la pantalla. — Senpai tiene una cita.
Ash se acomodó en la silla, tomando suavemente la cintura de su esposo. Arqueó una ceja mientras veía la pantalla del teléfono de Juan.
Donde se apreciaban mensajes de Senpai comentándole a su padre sobre su cita.
— A date? — preguntó, con una mezcla de incredulidad y diversión, ¿Quién sería el loco que aceptaría salir con ese niño amargado?
— Con un omega. Se llama Ishan. Es nuevo en su escuela y parece muy dulce. — Juan sonrió con ternura, apoyando las manos en los hombros de Ash. — Y Senpai está nervioso.
Ash parpadeó. ¿Nervioso? Ese mocoso que practicaba boxeo, que dormía a sus rivales de un golpe, ¿estaba nervioso?
— Why is that an opportunity?
— Porque tú eres un alfa. Un alfa que logró conquistarme a mí, que no soy fácil. — Juan sonrió con picardía. — Puedes darle consejos. Conectar con él.
Ash frunció el ceño. Pensó en todos los intentos fallidos. En la PC gamer. En el cómic de primera edición de Spider-Man que había costado una pequeña fortuna. En el gimnasio que él mismo pagaba para el "pequeño príncipe".
Nada había funcionado.
— What if he doesn't want my help? — preguntó, y su voz sonó más pequeña de lo que pretendía.
— Entonces lo intentaste. Y eso ya es más de lo que Spreen hizo por él.
El nombre del ex siempre flotaba en el aire como un fantasma. Ese alfa cobarde que se había ido al enterarse del embarazo. El que había dejado a Juan solo y a Senpai sin un padre.
Ash apretó la mandíbula. Su alfa interior gruñó, bajo, protector.
— Okay. I'll try.
Juan lo besó en la mejilla. Ash lo tomó por el mentón y lo besó en los labios. Un beso lento, cálido.
— Ese es mi alfa — dijo el castaño separándose por un segundo, los ojos brillando.
Volvieron a compartir otro beso. Las manos del pelinegro se deslizaron por la cintura del castaño, recorriendo sus muslos, apretando suavemente. El aroma a cedro y miel se intensificó en la cocina, envolviéndolos en una burbuja íntima.
— What the actual fuck is happening.
Una voz asqueada los hizo separarse como si les hubieran echado agua fría.
Senpai estaba ahí, parado en la entrada de la cocina. Su pijama de Spider-Man aún puesto, el pelo despeinado por haber dormido mal y una expresión de horror puro en su rostro. Como si acabara de presenciar un asalto.
Sus ojos rojos se abrieron como platos.
— Fuck, dude! — gritó, llevándose las manos a la cabeza. — Can you please get your hands off my mom?
— He's my husband — respondió Ash, con total calma, sin siquiera soltar a Juan del todo.
— He's my dad!
Senpai se volteó bruscamente, caminando de regreso a su habitación con pasos pesados. Se oyó el portazo desde la cocina. Y luego un grito ahogado: SOMEONE GET ME BLEACH FOR MY EYES!
Juan soltó una risa, escondiendo la cara en el hombro de Ash.
— Es tu culpa.
— I didn't do anything — dijo Ash, con inocencia fingida.
— Me estabas manoseando.
— I was appreciating my husband. There's a difference.
Ash suspiró, pero no pudo evitar sonreír.
— I'll talk to him later — dijo Ash, besando la cabeza de Juan.
— ¿Sobre la cita?
— Yes. And about… boundaries.
— ¿Qué límites? — Juan levantó una ceja, algo confundido.
— That I'm going to keep appreciating my husband in my own kitchen. He doesn't have to watch.
Juan se rió otra vez, viendo con aprecio a aquel hombre que al inicio parecía ser un iceberg, cuyas capas se fueron derritiendo poco a poco, mostrando a un divertido, cariñoso y amoroso ser humano.
— Te quiero — dijo Juan, sin soltarlo.
— I know — respondió Ash, con una sonrisa pequeña. — That's why you married me.
— Por eso y porque estás buenísimo.
— Also valid.
Las horas pasaron.
La hora de la cita de Senpai se acercaba.
Desde la habitación se podía escuchar el sonido de la secadora de pelo, lo que significaba que el joven ya había terminado de ducharse.
La señal perfecta para que Ash pudiera hablar con él.
Se levantó del sofá. Caminó hacia el pasillo. Se detuvo frente a la puerta de Senpai.
— You've got this — murmuró Juan desde el sofá.
"I'm brave. I'm strong. I'm Ash."
Se repitió el mantra una vez más, porque seamos sinceros, los adolescentes dan miedo.
Toc. Toc.
— Hey, kid. It's me.
Silencio.
— I'm not here to annoy you. I just want to talk. Five minutes. That's all.
Pasaron tres segundos eternos.
La puerta se abrió solo un par de centímetros. Unos lentes de sol se asomaron por el espacio, desconfiados, lo miraron a través de la rendija.
— What do you want?
— To help. With the date.
— I don't need your help.
— Your dad says you do.
— My dad says a lot of things.
Ash apoyó una mano en el marco de la puerta, sin forzar la entrada.
— Look. I know you don't like me. I know you think I'm trying to replace your… — Hizo una pausa, eligiendo las palabras con cuidado. — Your other parent. And I've been on dates before. Bad ones. Good ones. And one really good one that turned into a marriage.
Senpai frunció el ceño, pero no cerró la puerta.
— I'm not saying I know everything. I don't. But I know how to treat an omega right. And I know how to not mess up. Most of the time.
El chico lo miró largamente. Sus dedos apretaron el borde de la puerta.
— You really want to help? — preguntó, con voz baja.
— Yeah. I really do.
La puerta se abrió del todo.
Senpai estaba vestido con unos pantalones negros y una camisa de cuadros roja y negra. Tenía el pelo todavía ligeramente húmedo en las puntas, peinado hacia atrás.
Ash lo observó de arriba abajo.
— You look good.
— Don't be weird, dude.
— I'm not being weird. I'm being honest. You look good. Ishan's going to like it.
Senpai se mordió el labio.
— How do you know?
— Because you look like your dad when he's trying to impress someone. And I fell for that face. Hard.
El chico hizo una mueca de asco.
— Okay, now you're being weird. I don't wanna know that.
— Sorry. Too much?
— Way too much.
Respondió. No le agradaba la idea de imaginarse a su padre/madre en alguna situación romántica con Ash.
Ash sonrió, sin disculparse realmente.
— Can I come in?
Senpai dudó un segundo. Luego se apartó.
Y durante los primeros cinco minutos hablaron sobre cómo actuar en su cita. Ash le compartió consejos. Le dijo cuándo abrir la puerta del coche. Sobre no usar el teléfono durante la cita. Que preguntara, que escuchara y que no interrumpiera.
Senpai puso los ojos en blanco tres veces, pero asintió a cada consejo.
La charla siguió.
Los cinco minutos se estiraron a diez. Diez a quince. Quince a veinte.
Hablaron de cosas que no eran la cita. Ash le preguntó sobre sus torneos. Senpai le mostró un video de sus combates.
— It's good — dijo Ash, y sonó sincero. — You have talent.
— Whatever — respondió Senpai con un tono avergonzado.
Mientras tanto, en el pasillo.
Juan estaba pegado a la puerta cerrada. Tenía la oreja literalmente apoyada en la madera, en un intento poco efectivo de escuchar la conversación.
La puerta se abrió lentamente, Senpai con una cara ahora más relajada, Ash apareció detrás de Senpai, apoyado en el marco de la puerta.
— How much did you hear?
— Nada — dijo Juan, demasiado rápido.
— You're a terrible liar .
Senpai los miró a los dos, negando con la cabeza.
— You're both insane. I'm leaving.
Y salió caminando hacia la puerta de la calle.
— Good luck, kid! — gritó Ash.
— Don't need it! — respondió Senpai, pero se le escapó una pequeña sonrisa.
La puerta se cerró.
Juan y Ash se quedaron solos.
— ¿Crees que le vaya bien?
Ash lo tomó de la mano.
— I think he's going to be fine.
Juan sonrió y apoyó la cabeza en su hombro.
— Te quiero.
— me too .
