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Una vez en el norte....(hubo un principe)

Summary:

Diez años atrás, el Reino del Norte cayó ante la Federación y el príncipe más joven de la familia real desapareció durante una tormenta de nieve. Desde entonces, la guerra se ha mantenido congelada por una única razón: la promesa de que el príncipe sigue con vida y esta capturado en las manos de Cucurucho.

Ishan, un joven periodista decidido a desenmascarar esa mentira, está convencido de que el heredero murió aquella noche.
Sin embargo, cuando su investigación lo obliga a viajar junto a un misterioso mercenario, comenzará a descubrir que la verdad es mucho más complicada de lo que imaginaba.

Entre conspiraciones, secretos y viejos recuerdos, ambos deberán enfrentarse a una pregunta que ha permanecido sin respuesta durante años:

¿Qué ocurrió realmente con el príncipe perdido?

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Antes, existía un reino lleno de magia y sabiduría gobernado por dos poderosos reyes: el rey Vegetta y el rey Foolish.

 

Todo el mundo conocía su historia de amor. Se decía que el rey Vegetta, durante su fiesta de mayoría de edad, había sido el joven más codiciado de toda la corte. No solo era el heredero al trono, sino también un mago prodigioso que desde pequeño había demostrado un poder capaz de eclipsar incluso a los consejeros reales más experimentados. Nobles de distintos reinos viajaron aquel día con la esperanza de llamar su atención y convertirse en alguien importante para el futuro rey.

 

Foolish, sin embargo, era diferente.

 

Mientras el resto de invitados intentaba rodear al príncipe con conversaciones vacías y sonrisas calculadas, el joven noble se había apartado del salón principal para admirar la arquitectura del palacio real. Observaba las enormes columnas de mármol, los vitrales encantados y las delicadas estructuras doradas del techo con una fascinación tan genuina que terminó captando la atención del propio Vegetta, quien compartía aquella misma pasión en secreto.

 

Así fue como hablaron por primera vez…

 

Y también como todo comenzó.

 

Desde aquella noche, no hubo forma de convencer al príncipe Vegetta de elegir a alguien más que no fuera su querido Foolish. Muchos criticaron su relación al principio, algunos nobles consideraban a Foolish alguien demasiado simple para convertirse en rey consorte, que no traería beneficio político a la corona al ser solo un simple barón recién ingresado en la nobleza. Sin embargo, con el paso de los años, ambos terminaron silenciando a todos al demostrar que juntos podían llevar al reino a una prosperidad jamás vista.

 

Bajo su mandato, las ciudades crecieron, la magia floreció y las relaciones con otros reinos alcanzaron una estabilidad que parecía imposible.

 

De aquel amor nacieron cinco hijos…

 

El primero fue el príncipe heredero Roier, famoso por su enorme carisma y su capacidad para poner cualquier situación a su favor. Se creía que poseía una mente rápida y creativa, especialmente en combate, siendo capaz de dominar casi cualquier disciplina con apenas un poco de práctica, pero también cualquier conversación.

 

Luego vino el príncipe Aldo, conocido por ser apasionado por las artes militares y la estrategia. Desde muy joven destacó por su talento natural para el duelo y por la seriedad con la que estudiaba tácticas de guerra junto a los generales del reino.

 

La tercera fue la princesa Molly, heredera de las artes mágicas oscuras de su padre Vegetta. Elegante y orgullosa, cada atuendo que utilizaba terminaba convirtiéndose en tendencia entre las jóvenes damas de la corte. Muchos nobles deseaban pedir su mano, pero la misma ya estaba comprometida con el joven príncipe Shappo heredero del reino polaco, el cual, siempre se acordaba de mandar miles de joyas y vestidos a la princesa.

 

Después nació el príncipe Pac, conocido por su carácter amable y servicial. A diferencia de sus hermanos mayores, prefería mantenerse lejos de los focos para dedicar su tiempo a construir inventos dentro de sus talleres. Era, sin duda, el favorito de los sirvientes gracias a su humildad y a la facilidad con la que lograba hacer sonreír a cualquiera.

 

Y finalmente estaba Sen, el más pequeño.

 

Muy pocos fuera del círculo cercano de la familia real sabían demasiado sobre él, puesto que las miradas siempre estaban puestas sobre sus hermanos mayores, quienes ya participaban activamente en el mundo político del reino. Uno pensaría que debido a ello el príncipe Sen sería un niño olvidado y solitario.

 

Pero no, claro que no.

 

No había criatura más querida dentro del Palacio de Oro que el joven príncipe. Sus padres lo llenaban constantemente de cariño y regalos, sus hermanos mayores rara vez podían negarle algo y, al ser el menor de todos, todavía no cargaba con las responsabilidades que el resto debía afrontar diariamente. Era común verlo correr por los enormes pasillos del palacio perseguido por guardias agotados, esconderse durante reuniones importantes o aparecer cubierto de polvo después de haber pasado horas enteras explorando rincones secretos junto a los trabajadores del castillo. “Tal cual como una pequeña araña” solían decir sus hermanos. Algo bastante apropiado considerando que las arañas también eran su animal favorito. Y aunque los reyes intentaban mantener cierta disciplina, la verdad era que nadie dentro del palacio tenía demasiado éxito negándole algo durante mucho tiempo.

 

Más allá de lo mimado que era el joven príncipe, también era sorprendentemente talentoso. A una edad en la que la mayoría de los nobles apenas comenzaban sus lecciones formales, Sen ya había recibido su primera arma espiritual: un collar adornado con un rubí escarlata capaz de transformarse en un enorme mazo de guerra. Durante semanas enteras no habló de otra cosa. Si alguien le preguntaba qué deseaba hacer cuando fuera mayor, la respuesta siempre terminaba derivando en alguna historia sobre aventuras, monstruos o lo fuerte que llegaría a ser cuando dominara por completo su nueva arma.

 

Nadie parecía especialmente preocupado por ello. Después de todo, era difícil imaginar que algo malo pudiera ocurrirle al hijo menor de los reyes Vegetta y Foolish, especialmente en el Reino del Norte.

 

Y quizá fue precisamente por eso que nadie estaba preparado para lo que ocurrió después.

 

La llegada de Cucurucho fue algo que ni la familia ni todo el reino creyó que sucedería. Se sabia de su historial de científico, sobre su creciente grupo llamado la Federación y como estos trabajaban con la ideología de alcanzar la evolución humana absoluta mediante la experimentación humana. Los reyes del norte claramente rechazaron sus ideas y proyectos que deseaban expandir por los reinos, prohibiendo su entrada al reino del Norte. Sin embargo, esto no vino sin consecuencias, pues una noche de fiesta de diciembre para festejar el final del año, el Cucurucho ataco.

 

Palacio de Oro ardió y las defensas reales cayeron. Entre la sorpresa, la desesperación y la sorpresa del ejercito de bestias inhumanas que poseía la Federacion en sus filas, los herederos de la familia Brown de Luque se vieron obligados a huir por orden de los reyes, quienes se quedarían a luchar.

 

Según los rumores, los reyes lograron evacuar a sus hijos, antes de que las fuerzas enemigas alcanzaran el corazón de la capital, buscando seguir el siguiente plan: cruzar la frontera y llegar al Reino Polaco, donde les darían asilo gracias a la alianza política que tenían por el matrimonio de Molly y el príncipe Shappo.

 

Pero nunca llegaron juntos.

 

Los relatos se vuelven confusos a partir de ese momento, ya que los pocos que estuvieron ahí o eran meros ciudadanos o guardias de la corona que apenas habían sobrevivido. Hablaban de una emboscada, una persecución que se extendió durante kilómetros en la mientras avanzaban en el medio de una tormenta de nieve los mayores trataban de proteger a sus hermanos pequeños de las fuerzas enemigas que descubrieron sus carruajes y que trataban de capturarlos.

 

Sea la verdad o no, aquella noche ocurrió una tragedia, pues en el medio de la oscuridad y de la fría nieve de diciembre, se sabía que en el medio de la batalla uno, el carruaje del príncipe Sen había perdido en medio de la ventisca y quedándose atrás, y cuando sus hermanos se habían dado cuenta ya era muy tarde.

 

Con la desaparición del príncipe menor y la huida de la familia real, el Reino del Norte cayó mucho más rápido de lo que cualquiera hubiera imaginado. No porque sus habitantes dejaran de resistir, ni porque los soldados hubieran abandonado las armas, sino porque la propia guerra pareció detenerse de golpe.

 

Cucurucho y la Federación tomaron el control de la capital, de los caminos principales y de las antiguas fortalezas reales en cuestión de meses. Hubo rebeliones, por supuesto. Hubo nobles que se negaron a reconocer a los nuevos gobernantes y ciudades enteras que continuaron luchando incluso después de que todo pareciera perdido. Pero cada vez que la resistencia comenzaba a ganar fuerza, aparecía el mismo mensaje, o mas bien amenaza: El príncipe perdido seguía con vida y estaba bajo la custodia de la Federación.

 

O al menos, eso afirmaban ellos, claro que, la historia se repitió tantas veces que se termino convirtiendo en verdad para muchos. Algunos creían que Cucurucho utilizaba al príncipe como rehén para mantener alejados a los reyes, otros afirmaban que Sen había sido criado por la Federación y que algún día regresaría para gobernar el reino bajo sus órdenes. También existían unos pocos que pensaban que todo era una mentira.

 

Porque lo cierto era que, desde su exilio en el Reino Polaco, los reyes Vegetta y Foolish jamás intentaron recuperar el Norte por la fuerza, y aquello resultaba extraño. Nadie conocía mejor que ellos el poder que poseían, uno que, si realmente lo deseaban, podrían haber convertido la guerra en una autentica pesadilla para la Federacion. Sin embargo, los años pasaban y el esperado ataque nunca llegaba.

 

Eso no significaba que permanecieran inactivos, pues se decía que atacaban fortalezas enemigas desde otros planos, que destruían convoyes militares en territorios lejanos y que aparecían allí donde la Federación menos lo esperaba. Algunos incluso juraban haber visto al rey Vegetta atravesar el cielo nocturno envuelto en magia oscura mientras el rey Foolish comandaba ejércitos enteros desde dimensiones imposibles.

 

Historias exageradas, probablemente, aunque no todas. Lo único que parecía indiscutible era que los ataques jamás ocurrían en el Norte. Nunca. Ni cerca de la capital, ni cerca del antiguo Palacio de Oro, ni cerca de los territorios donde, supuestamente, se encontraba retenido el príncipe desaparecido.

 

Era claro que, los reyes del norte se están conteniendo de atacar, sabiendo que su hijo posiblemente seria asesinado, por lo tanto, mientras Sen siguiera cautivo, la guerra jamás podría terminar, y el reino del norte jamás podría ser recuperado y regresado a los años de oro que alguna vez tuvo.

 

Por eso mismo, es que las mentiras deben ser reveladas, por el bien del reino y por respeto al príncipe Sen. Pues el príncipe Sen no esta encerrado o retenido por la Federación, y eso es algo que los reyes Vegetta y Foolish deben saber: El príncipe Sen esta muerto y lo ha estado desde el primer ataque de Cucurucho. Este debe ser un mensaje para que no sean cegados por las mentiras crueles de alguien que claramente tiene descaro de usar la memoria de un ser querido de la familia real. Es momento de tomar acción para liberar el norte y-

 

—Okey, hasta ahí. Basta, Ishan. Ya he escuchado suficiente.

 

La voz de su jefe cortó la lectura como una cuchilla atravesando papel.

 

Durante unos segundos nadie respondió. Solo se escuchó el crujir de las hojas entre las manos de algunos empleados y el constante golpeteo metálico de las prensas trabajando en el piso inferior. El sonido era tan habitual que la mayoría ya ni siquiera lo notaba, pero en ese momento el silencio incómodo de la sala hizo que pareciera ensordecedor.

 

—Pero…apenas y he comenzó con el articulo en si.

 

—Pues, mas que un articulo parece una clase de historia.

 

Varias personas soltaron pequeñas risas por lo bajo.

 

—Y esa es exactamente la razón por la que debemos publicarlo, la gente debe saber la verdad ¿Ni siquiera va a considerarlo? —Dijo Ishan poniendo su voz un poco mas suplicante. Su jefe solo masajeo el puente de nariz con clara molestia.

 

—¿Considerar publicar un artículo acusando a la Federación de mentir sobre el príncipe desaparecido durante más de diez años? Por supuesto que no, Ishan.

 

—Pero...

 

—No, Ishan. Si publicamos esto —continuó el hombre—no solo vendrán por la imprenta. Vendrán por todos nosotros. La gente tiene derecho a seguir respirando mañana por la mañana —explico apoyando ambas manos sobre el escritorio para marcar la importancia de sus palabras —Y nosotros también.

 

—¿Entonces seguiremos fingiendo? —pregunto el joven— ¿Actuando como si fuera normal que una guerra lleve años estancada por culpa de un príncipe que nadie ha visto en más de una década?

 

—No es tan simple—replico el hombre, para después señalar el montón de hojas que Ishan sostenía— Incluso si asumimos que tienes razón, ¿cómo piensas demostrarlo? La mitad de este artículo son "se dice" y "se cree". Tus fuentes son rumores y testimonios imposibles de verificar.

 

—Es que yo tambien soy testigo ¡Yo estuve ahí! —contesto el joven moreno, golpeando ligeramente su pechos. Varios suspiros se escucharon en el salón, pequeños “aquí vamos de nuevo…” sonaron de manera baja pero no  lo suficiente, pues Ishan aun podía oírlos, pero no lo dio importancia y continuo. — Yo. lo vi. todo, ¡es verdad!

 

—Tenías nueve años, Ishan…

 

—Eso no cambia lo que vi—respondió. Su jefe rodo los ojos. Un carraspeo interrumpió su conversación, Fred, su compañero de trabajo y editor dentro de la imprenta, siempre haciéndole la vida imposible con sus correcciones a él y a cualquiera con quien le tocaba trabajar.

 

—¿Y qué fue exactamente lo que viste? —pregunto Fred, fingiendo un interés claramente falso. Ishan estaba seguro que utilizaría lo que le dijera para burlarse de él a sus espaldas, pues es algo que siempre asi, pero a este punto, ya le daba igual.

 

—Vi caer el carruaje. Mi madre, ella trabajaba para el palacio y cuando Cucurucho atacó y estábamos huyendo lo vimos todo...vimos como cayo por el barranco Onyx—Fred chisteo ante sus palabras.

 

—¿Y? ¿Que tal si la federación bajo a buscarlo? —pregunto con tanta confianza que hasta su jefe suspiro decepcionado de la tonta pregunta de su empleado. Algunos de sus compañeros se rieron tambien, molestando a Fred al no saber porque lo que habia dicho daba risa—¿Qué? ¿de que se ríen?....

 

—¿Al barranco Onyx?—Ishan continuo con una ceja levantada—Nadie puede bajar al barranco Onyx, todos saben lo profundo que es y que ninguna tecnología es capaz de soportar la presión mágica que hay alli, ni siquiera la tecnología de la Federación. Nadie se acerca allí, ni siquiera las bestias mágicas…—Ishan apretó sus papeles con mas fuerza—….No hay manera que el pricipe allá sobrevivido.

 

Su jefe soltó un largo suspiro y se levanto de su asiento.

 

—Ya todos pueden retirarse—le dijo su jefe a los demas trabajadores de la sala— Alondrissa.

 

—¿Sí, señor?

 

—Quiero el artículo sobre la muerte del Rey de los Mercenarios mañana por la mañana.

 

—¡Sí, señor!—La mujer respondió con un pulgar arriba antes de mirar discretamente a Ishan. Le dedicó un pequeño asentimiento que parecía decirle “te espero afuera”. Ishan respondió de la misma manera. Poco a poco la sala comenzó a vaciarse, pero al mismo tiempo que lo hacía, los murmullos de sus compañeros aumentaban mas de volumen.

 

—No puedo creer que perdimos treinta minutos en esto.

 

—Ya saben cómo es Ishan.

 

—Desde que murió su padre está obsesionado.

 

—Bueno, supongo que no es fácil perder a tu madre de niño y luego perder a tu padre. Su padre era un buen hombre después de todo.

 

—Aún así, no entiendo por qué el jefe lo contrató.

 

—Shh. Cállate.

 

—¿Qué? Es verdad.

 

—¿Quieres que te despidan?

 

Ishan fingió no oírlos mientras se alejaban. Sabia que no ser muy sociable con sus compañeros podría provocar más resentimientos con ellos, en especial por la forma repentina en la que apareció. A este paso estaba acostumbrado y para él, era suficiente con tener a Alondrissa como su única amiga dentro del trabajo.

 

Su jefe esperó unos segundos antes de volver a sentarse y soltar nuevamente otro suspiro.

 

—Ishan…te acepté aquí por el enorme aprecio que le tenía a tus padres, que en paz descansen. Pero no puedo seguir permitiendo que pongas tu vida en riesgo por estas cosas—dijo el hombre y Ishan suspiro con desgano, apartando la mirado fingiendo estar ocupado organizando sus papeles.

 

—No estoy poniendo mi vida en riesgo.

 

—¿Ah, no?

 

El hombre señaló el artículo.

 

—Estás acusando públicamente a la organización más poderosa del continente de sostener una mentira durante años.

 

—Porque es verdad.

 

—Eso no importa—La respuesta fue tan rápida que incluso Ishan se quedó callado—ya no tienes 13 años mas, Ishan, tienes 19. Ya no puedes dar panfletos como aquella vez mientras cuando eras joven sin cargar las consecuencias, te pueden arrestar, o peor, ejecutar.

 

Ishan sabia a que se refería. Cuando tenia 13 años, tuvo la “grandiosa” y estúpida idea de crear sus propios panfletos en donde critica a la federación y explicaba como no era posible que tuvieran en sus manos al príncipe Sen y como usaban dicha mentira para evitar tener un enfrentamiento directo con Vegetta y ponerle una correa en el cuello. Por supuesto, esto no paso desapercibidos para las autoridades, y si no fuera por su padre, que negocio con los guardias por un par de monedas es que logro salir ileso. Claro que, sin evitar ganarse una gran reprimenda de su parte.

 

Desgraciadamente Ishan no tenía ese carisma insuperable que su padre tenía, ni tampoco la mente talentosa de su madre con las maquinas e ingeniera, apenas y poseia conocimiento básico de las profesiones de ambos. Era gracias a ellos que no habían muerto de hambre y por ello siempre se había esforzado.

 

Y aun así, en una pequeña parte de su mente, tenía el pensamiento ingenuo pero honesto de que hubiera mil veces haber tenido hambre y tenerlos a su lado ahora mismo.

 

—Escucha, Ishan…eres un chico cuidadoso, responsable y trabajador, y te respeto por ello. Nunca he conocido a nadie más apasionado por el periodismo que tú.

 

Aquello logró que parte de la tensión abandonara los hombros de Ishan.

 

—Amo el periodismo, es….lo que soy— susurro Ishan con su voz en un tono mas bajo de lo habitual y con completa sinceridad, mirando con aprecio a las paginas en sus manos, las cuales estaba arrugada, llena de anotaciones y tachones por doquier. Habia preparado ese articulo con tanto cuidado para presentarlo ese dia—Y precisamente… por eso no puedo quedarme callado mientras nuestro reino sigue empobreciéndose. La gente pasa hambre y los impuestos aumentan cada año para mantener andando a las máquinas y experimentos inhumanos de la Federación.

 

—Lo sé.

 

—Entonces...

 

—Lo sé, Ishan—volvio a decir su jefe, con mas seguridad—No creas que eres el único que está cansado de todo esto. Pero estas cosas no nos corresponden a nosotros…—explico el hombre mientras miraba a la ventana de la sala. El invierno se acercaba y ya las primeras pequeños copos de nieve empezaban a caer. En otra época, Ishan hubiera pensado que era algo hermoso, pero ahora sabia que comenzaría una etapa difícil de enfrentar para todos.

 

—¿Por qué no? —pregunto genuinamente.

 

—Porque somos gente común—Ishan arrugo su frente.Su jefe continuó antes de que pudiera interrumpirlo—¿Qué sabes tú de lo que hacen sus majestades en secreto? ¿Qué sabes de las investigaciones que podrían estar llevando a cabo? Tal vez ya conocen la verdad, tal vez llevan años buscándola. No necesitan nuestra ayuda.

 

—Eso no lo sabes—dijo Ishan, negando con su cabeza.

 

—Y tú tampoco sabes lo contrario—replico su jefe, esta vez con una leve sonrisa. Pero Ishan sabia que era más una sonrisa resignada que una de diversión. Una que veía seguido estos años entre sus conocidos tratando de mantenerse positivos antes los problemas que se enfrentaban dia a dia desde que la Federación tomo el poder—Ellos son reyes, Ishan. Son personas capaces de cambiar el curso de una guerra. Nosotros….apenas conseguimos sobrevivir cada día—el hombre se fue digiriendo a paso lento hacia la puerta. Poso su mano en la manilla pero sin antes voltear hacia él, con una mirada seria—Hay personas que matarían por tener un trabajo estable, una cama donde dormir y comida para llevarse a la boca, Ishan, tú tienes todo eso y es gracias al sacrificio de tus padres…no lo desperdicies.

 

La puerta se cerró con un suave clic y entonces Ishan quedó solo. El ruido de las prensas continuaba llegando desde el piso inferior, constante e inmutable, como si el mundo siguiera avanzando sin importarle en absoluto las discusiones, las guerras o los sueños de quienes vivían en él. El sonido de los engranajes, el crujido de la madera y el roce de cientos de hojas siendo impresas se mezclaban en una melodía familiar que había acompañado gran parte de su vida, una que normalmente encontraba reconfortante, pero que aquella tarde solo conseguía recordarle lo pequeño que era frente a todo lo que intentaba cambiar.

 

Durante unos segundos permaneció inmóvil, observando la luz anaranjada del atardecer filtrarse por las ventanas de la imprenta. Luego volvió a bajar la vista hacia los papeles que sostenía entre las manos. Allí estaba toda la información que había recolectado durante meses, entrevistas, testimonios, registros viejos, rumores contrastados una y otra vez y fragmentos de historias que había reunido con paciencia casi obsesiva. Sin embargo, al verlos ahora, no pudo evitar sentir que seguían siendo insuficientes. No porque creyera estar equivocado, sino porque comprendía perfectamente por qué no había logrado convencer a nadie. Las personas necesitaban pruebas y él solo tenía recuerdos, sospechas y una convicción nacida de algo que había visto cuando era apenas un niño.

 

Por un instante se permitió considerar las palabras de su jefe. Quizás debía dejarlo estar. Continuar con su vida. Escribir artículos sobre cosechas abundantes, mercaderes deshonestos, nobles corruptos o mercenarios muertos. Levantarse cada mañana, llegar puntual al trabajo, cumplir con sus encargos, cobrar su salario al final de la semana y regresar a casa para dormir. Una vida sencilla. Tranquila. Las grandes decisiones quedarían en manos de quienes realmente tenían el poder para tomarlas, de reyes, generales, consejeros y héroes. Personas mucho más importantes que él.

 

Y sin embargo, la idea le resultaba insoportablemente vacía.

 

No era tan arrogante como para creer que podía cambiar el destino de un reino con la publicación de un simple artículo. Sabía perfectamente que las guerras no terminaban con tinta y papel. Las fronteras no se recuperaban con titulares. Los tiranos no caían porque un periodista escribiera unas cuantas páginas. Pero también sabía que las personas actuaban cuando creían en algo, y para creer en algo primero debían escucharlo. A veces las palabras no cambiaban el mundo, pero preparaban el terreno para quienes sí podían hacerlo. Como solía decir su padre, antes de sembrar había que preparar la tierra, para luego sembrar y cosechar.

 

Por eso seguía aferrándose a aquella historia.

 

Porque si existía una mínima posibilidad de que la Federación estuviera utilizando el nombre del príncipe para manipular a todo un reino, alguien debía decirlo. Si existía una mínima posibilidad de que los reyes estuvieran conteniéndose por una mentira, alguien debía investigarlo. Y si todos preferían ignorarlo por miedo, entonces tal vez ese alguien tendría que ser él. No tenia nada que perder después de todo, al menos ya no.

 

Ishan soltó un largo suspiro y dejó caer los papeles sobre el escritorio. Sus dedos permanecieron apoyados sobre la última página.

 

—¿Qué estoy pasando por alto...? —murmuró para sí mismo.

 

Notes:

No tengo ni idea de que estoy haciendo, pero la idea vino a mi mente y no me solto. Ayuda, tengo todo un universo en mi mente y ahora debo escribirlo de alguna manera.