Chapter Text
—Hirose —Kosei Matsumura se levantó de su asiento en cuanto vio al castaño acercarse a su mesa. Había perdido la cuenta de cuándo fue la última vez que lo vio, probablemente desde la preparatoria, y tomando en cuenta que ahora eran alumnos recién graduados de la universidad… Sí, pasó mucho tiempo—. Es raro que me invites a algo.
—Ya —La sonrisa del castaño parecía forzada. Tomó asiento y de inmediato hojeó la carta de la cafetería, demasiado llena de gente para el gusto que le conocía a Hirose, aunque no debía parecerle tan raro. Sus preferencias pudieron haber cambiado en todos estos años— ¿Ordenaste algo?
—No, te estaba esperando —No pudo evitar sentirse un poco triste por el hecho de que Hirose creyera que sería tan maleducado como para empezar sin él. Podía tener tiempo sin verlo, pero su cariño seguía intacto.
—Qué amable —La sonrisa de Hirose fue pequeña, y Matsumura comenzó a sospechar. Alguien podía cambiar de personalidad en el transcurso de un par de años, sobre todo en el final de la adolescencia, pero creía que la amabilidad y alegría de Hirose eran cualidades intrínsecas a su persona, presentes desde que lo conoció hasta que perdió el contacto con él. O algo le había borrado esas características, o sucedía algo más.
—¿Qué pasa? —Hizo la pregunta sin rodeos. Hirose pareció sorprendido por lo directo que fue, más que por el cuestionamiento en sí mismo—. No creo que de repente te ganara la nostalgia y quisieras reunirte con un viejo amigo.
—Qué cruel —Rio—. Hay un poco de eso, ¿Sabes?
—Ya —Dijo Matsumura, aún sospechoso. Justo en ese momento se acercó un camarero a tomarles la orden, y se sorprendió al ver que Hirose no pidió un refresco o algo dulce como antes, sino un café negro, algo que nunca solía probar. Tal vez la vida universitaria lo había orillado a consumir cafeína para cumplir con plazos de entrega y demás compromisos propios de esa época de la vida.
—Tienes toda la imagen de un tipo que pide café —Bromeó Hirose después de que se retirara el camarero, al ver que su viejo amigo imitó su pedido.
—Tú no —Observó Matsumura.
—Okuto me pegó el hábito —Matsumura alzó una ceja, curioso. ¿Quién era ese? Al ver su expresión, se apresuró a explicarse—. Nakamura. Iba conmigo a la preparatoria, ¿Recuerdas? Te lo presenté alguna vez.
—Ah, él —Matsumura suspiró. Ese tipo le había arrebatado a Hirose un sinfín de veces, y sospechaba que era la principal razón por la que su amigo de la infancia siempre olvidaba sus reuniones. Aunque ya no le guardaba tanto rencor. Después de algunas situaciones curiosas, se dio cuenta de que se trataba de un buen tipo. Raro, pero buena persona, y eso era lo más importante—. Antes no lo llamabas por su primer nombre.
En ese momento el camarero regresó con ambos cafés, por lo que se instauró el silencio entre ambos, para desgracia de Matsumura. Moría de curiosidad por saber por qué se habían vuelto tan cercanos como para que el bicho raro de su prepa le hubiera pegado un hábito y Hirose lo llamara por el nombre con tanta familiaridad. Observó cómo servían el café frente a él, y no pudo evitar sonreír al ver cómo Hirose tomaba los sobres de azúcar para endulzar el suyo. Era difícil acostumbrar su paladar dulce al café amargo, pensó. Comenzó a beber su café mientras Hirose preparaba el suyo.
—Llevamos saliendo un par de años —Confesó Hirose una vez el camarero los volvió a dejar a solas, asegurándose que no necesitaban nada más, y Matsumura se ahogó con la bebida, derramando un poco del líquido caliente sobre sus piernas, aunque de la sorpresa no le dolió— ¡¿Estás bien?!
—¡¿Cómo que están saliendo?! —Cuestionó Matsumura en un tono demasiado alto, lo que atrajo un par de miradas hacia ellos. Al ver la incomodidad de Hirose se aclaró la garganta, inhaló y exhaló un par de veces, y se volvió a sentar con la misma calma que lo caracterizaba—. Lo siento.
—Está bien. Nadie se lo esperaba, a decir verdad —Rio Hirose, refiriéndose a su relación con Nakamura—. Comenzamos a salir a finales de la preparatoria.
—¿Cómo…?
—Es una historia muy larga —Hirose se encogió de hombros, y de repente su mirada se nubló un poco—. Aunque se relaciona un poco con lo que te quería decir hoy.
Matsumura aguardó en silencio. Tenía mucho que procesar: volvía a ver a Hirose después de años, solo para enterarse que su querido amigo estaba saliendo con el rarito de Nakamura desde hacía años. ¿Cómo se iba a recuperar de eso con facilidad? Además, estaba el propio Hirose. Sabía que su relación con Nakamura no era esa cosa que le estaba ocultando, y no sabía cómo interpretar las señales que le daba: la extraña lentitud con la que hablaba, la sensación de tristeza de su mirada, y que no estuviera tomando su café, sino revolviendo azúcar que ya estaba completamente diluida en el líquido, con aire ausente. Podía estar sorprendido, pero sabía que era adecuado esperar hasta que Hirose esperara a hablar.
—No te preocupes mucho, ¿Está bien? —Advirtió Hirose con cuidado, y a Matsumura le enterneció el gesto. Era típico de él preocuparse por otros incluso cuando él mismo tenía alguna preocupación grande—. Tengo un diagnóstico de cáncer.
Matsumura agradeció estar sentado.
—Es terminal, no hay mucho que hacer —Siguió hablando Hirose, con una calma terrorífica propia de las personas que ya perdieron la esperanza y sólo albergaban resignación en su corazón—. Debí dejar de fumar cuando Okuto me lo dijo, y no hacerlo a escondidas.
—Espera… —Pidió Matsumura, mientras se sostenía la cabeza con las manos, procesando todo. ¿Cómo era posible que su viejo amigo le hubiera hablado sólo para darle una noticia tan terrible, sin introducción apenas, y con tanta calma, como si le dijera cuál era su trabajo ahora? Era cruel. Demasiado cruel. Entendía que era difícil para Hirose y no quería volverse el protagonista de la tragedia, pero necesitaba un momento.
—Lo siento. En realidad vine a escondidas —Hirose explicó por qué le estaba diciendo las cosas tan rápido. Le había inventado a Okuto que saldría con Mukai y Takeuchi, como lo había hecho las últimas semanas desde que le dieron el diagnóstico y los doctores habían hecho más pruebas para saber cómo tratar la enfermedad.
Cada semana había sido peor que la anterior, con una serie de malas noticias que simplemente se acumulaban y con las que decidió cargar solo: primero, una molestia en el pecho que no le comentó a su pareja para no preocuparlo. Luego, cuando vio que era un dolor constante, fue a hacerse una revisión general, donde le mandaron radiografías. Ahí salió el tumor, y empezaron las pruebas para ver la naturaleza del mismo, que terminó siendo maligno y señal de cáncer. Ahora, su enfermedad estaba en fase terminal y era demasiado tarde como para hacer cualquier cosa, por factores relacionados a la mala suerte como su estresante trabajo como profesor, su hábito de fumar y la genética que no jugó a su favor. Decidió no tomar las quimioterapias porque creía que era un sufrimiento innecesario, pero pronto tendría que hablar con su familia para advertirles por el componente genético e, inevitablemente, decirle a Okuto.
Okuto. El corazón le dolía cada vez que pensaba en la situación. Su novio era tan buena persona y lo amaba profundamente… Esas cosas usualmente lo hacían feliz, pero ahora volvían todo más difícil. Cualquier cosa que hiciera lo lastimaría: esconderle su enfermedad era una traición a su confianza, pero decírselo le rompería el corazón peor que si terminara con él. El momento de hablar con él se acercaba cada vez más, lo sabía, pero antes tenía algo que hacer.
No quería dejarlo solo. Okuto seguía siendo solitario después de todos estos años, y sus pocos amigos ahora estaban en otras ciudades trabajando. Okuto también recibió una oferta para ser investigador marino en una ciudad costera, pero decidió quedarse en la ciudad, con él. Hirose se sintió terrible. ¿Para esto lo retuvo a su lado? ¿Para morirse? Le debía asegurarse que estaría bien incluso cuando él no pudiera cuidarlo, por lo menos.
—Ko —Hirose lo llamó con seriedad—. Quiero pedirte que cuides a Okuto.
—¿Eh? —No pareció entender a qué se refería.
—Se llevaban bien en la preparatoria, ¿Recuerdas? —Preguntó Hirose, y Matsumura apartó la mirada. Definitivamente su imagen sobre Nakamura mejoró después del tiempo y lo respetaba, pero eso estaba muy alejado de llevarse bien con alguien. Sin embargo, no quería romperle la ilusión a Hirose—. Necesitará un hombro sobre el que llorar cuando yo no esté.
—¿No tiene a su familia? —Cuestionó Matsumura con recelo.
—Es complicado —Hirose apartó la mirada, y Matsumura no presionó al respecto. Está bien, no todas las familias deben ser estrictamente cercanas, pensó. Luego de unos segundos, los ojos castaños volvieron a posarse sobre él, brillando de la manera que recordaba, rogando—. Por favor.
Matsumura hizo una mueca, sin estar convencido. Hirose sabía que estaba pidiendo mucho, pero le pareció la mejor opción: algunas veces Okuto hablaba sobre Ko y, aunque jamás lo admitiría, siempre parecía divertirse mucho cuando recordaba las pocas ocasiones en las que coincidieron. En alguna noche en la que se quedaron despiertos hasta tarde, y con la extraña sinceridad que suele venir con las madrugadas, Okuto le confesó que le habría gustado conocerlo mejor e incluso llegar a ser amigos. A Hirose ese momento se le quedó grabado en la memoria. Que un chico tan tímido como su novio pensara eso es porque debió haber visto algo inusual en Ko que le llamó la atención.
Además, no le estaba contando todas sus intenciones, porque Hirose sabía que Ko se negaría de inmediato de saberlas. Hirose se enteró años después que Okuto comenzó una amistad con él porque se enamoró mucho antes de su primera conversación, siquiera, y no supo de qué otra manera acercarse. Eso llevó a una relación feliz y estable de varios años y que sólo acabaría con la inminente muerte de Hirose. Pero, si Okuto se hacía amigo de Ko, ¿No existía la posibilidad de que se enamorara también de él?
No es que a Hirose le hiciera mucha gracia pensar en su novio con otro. Pero ahora, con la muerte tan presente en su vida, decidió que lo que más deseaba era preservar la felicidad de Okuto, incluso si no era con él. Sí, le hubiera gustado casarse con él. Le hubiera gustado mudarse juntos a una casa más grande y dejar atrás el departamento de estudiantes que rentaban con esfuerzo. Le hubiera gustado tener otro pulpo de mascota y tal vez algo más normal, como un gato. Le hubiera encantado envejecer junto a Okuto tanto como le hubiera gustado no tener cáncer de pulmón. Pero la vida no era justa, y lo único que podía hacer es que la vida fuera un poco más fácil para el amor de su vida.
Le gustaría que terminaran juntos en algún momento. La intención de Hirose era plantar la semilla: decirle a Ko qué cosas le gustan a Okuto para fomentar la cercanía entre ambos y servirle de guía, porque entendía que su novio podía ser complicado, por ser generoso. No esperaba que se hicieran novios de inmediato y que Okuto lo dejara para irse con Ko, era demasiado egoísta para eso. Pero, si empezaban a salir meses después de su muerte… Estaría bien. No quería que Okuto navegara solo por la tristeza, con peligro de ahogarse en ella y jamás salir. Necesitaba un ancla y, en su opinión, la mejor opción era el chico frente a él, incluso con su expresión insegura que se debatía entre si aceptar o no la petición de Hirose, aunque ambos ya sabían la respuesta.
—¿Crees que te negaría algo? —Suspiró Matsumura, derrotado, y la sonrisa que le salió a Hirose al escuchar su respuesta fue la primera vez que el gesto le salió sincero después de tan duras semanas.
