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El líder de la banda

Summary:

Pequeño fic que escribí en honor del Día del Padre, el cual cuenta la historia de vida de los padres de Wirt, la forma en que trágicamente él perdió a su padre cuando era niño, y el como lo ha tratado de sobrellevar. Es el fic que más me ha gustado escribir a parte de mis historias largas de Wirt y Sara, disfruten.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

El líder de la banda

La vida de Walter Wood, o Wirt, como todos lo conocían, dio un giro cuando él solo era un niño de 7 años.

Wirt siempre había sido cercano a su padre, Patrick, quien fungía como el vocalista y la mente creativa detrás de la banda Isle of Dogs, que tocaba un estilo de rock con similitudes al soft rock de los años 70 e inicios de los 80. Patrick había formado la banda cuando tenía 19 años junto a cuatro de sus amigos de la universidad: el baterista Quincy Endicott, el guitarrista Stuart Reilly, el tecladista Mason Curtis, y la co-vocalista Amy Gillis. La trayectoria de la banda no había sido muy espectacular, pero localmente era muy reconocida y sin importar el sitio donde se presentara, miles de personas acudían a sus espectáculos.

Un día, al terminar un concierto, la banda acudió a cenar a un restaurante muy popular de la ciudad de Aberdale, Massachusetts, el Caribou Kitchen, en donde fueron atendidos por una joven camarera llamada Whitney Green, quien trabajaba en dicho lugar para solventar sus propios estudios universitarios. Cuando Patrick vio a los ojos a Whitney, inmediatamente se sintió flechado por ella, y al terminar de cenar le dio un cumplido y le dio su número de teléfono, lo cual hizo que la joven camarera se sonrojara, no podía creer que un "famoso" estuviera interesado en ella, pero aceptó sin chistar. Así, un día la chica llamó a Patrick, conversaron un rato y se pusieron de acuerdo en organizar su primera cita. Un viernes, tras salir de la universidad, Patrick condujo hasta la casa de Whitney y pasó por ella para ir al cine juntos, a ver una película de comedia romántica llamada Eternal Flame. En el cine, la pareja se tomó de la mano por primera vez y sonrieron, dándose cuenta que si estaban enamorados. Luego irían a cenar a un restaurante Old Spaghetti Factory, disfrutando de una deliciosa cena. Así, los dos condujeron de vuelta a la casa de Whitney, donde tras despedirse se dieron su dulce primer beso. Ambos se sintieron muy afortunados de sentir amor por el otro.

El tiempo fue pasando, y Patrick y Whitney continuaron su romance. Pronto, ambos terminarían sus estudios y, en un gesto de confianza mutua, Patrick le pidió a su novia que se fuera a vivir con él en su casa, ante lo cual la joven mujer aceptó gustosa. Ya como pareja viviendo juntos, Patrick seguía mostrando su creatividad al lado de su banda, y su éxito se hacía cada vez más grande. Una noche, Patrick y Whitney tomaron la decisión de hacer el amor por primera vez y lo disfrutaron como nunca lo habían imaginado, terminando rendidos y relajados en brazos del otro, con sus corazones desbordados de amor. Mientras que Patrick seguía teniendo éxito con la banda, a Whitney le costaba mucho encontrar un trabajo nuevo tras terminar sus estudios. Una amiga quien seguía trabajando en Caribou Kitchen, le sugirió que regresara a trabajar al restaurante ya que a los propietarios les encantaba su forma de ser y de atender a los clientes, así que Whitney habló con su jefe y regresó ahora con un mejor puesto, también sirviendo como cocinera dado su talento.

Dos años después de conocerse y empezar su relación, Patrick tomó la decisión de pedirle matrimonio a Whitney, lo cual hizo un día en Caribou Kitchen, causando el júbilo absoluto de todo el restaurante. En el verano, finalmente se casaron en una ceremonia modesta donde Isle of Dogs se encargó de amenizar el evento. No pasó ni un año después de casarse cuando, un día, Whitney descubrió que estaba embarazada, y su esposo se alegró pues ahora tendría a una persona más que podía amar. Con el paso de los meses, en las ecografías se reveló que el bebé sería un niño, y a ambos les encantó saber eso. Una noche frenética, Whitney despertó a su esposo al empezar a sentir contracciones, y él condujo a toda prisa con su esposa hasta el hospital. Ya estando allí, y pasando varias horas en labor de parto, el médico le comentó a Whitney que habría dificultades para que el bebé naciera de forma natural y que era mejor hacer una cesárea. La mujer aceptó para asegurarse que ella y su hijo estarían a salvo, y un rato después la pareja se encontraba en el quirófano, donde el médico trajo al mundo a un precioso niño con cabello marrón como el de Patrick y unos ojitos de color verde como los de Whitney. Cuando el bebé lloró por primera vez, los corazones de los nuevos padres se derritieron de ternura y sus venas se llenaron de un amor que era difícil de explicar para quien nunca había pasado por eso. Ya en el cuarto de hospital y tras haber revisado al pequeño bebé, lo colocaron en brazos de Whitney donde el niño siguió su instinto y se aferró al pezón de su madre para comer por primera vez.

- Nuestro niño es hermoso, Patrick. ¿Cómo lo vamos a llamar? – preguntó Whitney.

- Había pensado en Walter. Era el nombre de mi abuelo, a quien siempre amé – le replicó Patrick, con un tono de voz nostálgico.

- Sí, es un nombre muy bonito ahora que lo dices. Entonces, bienvenido al mundo, mi pequeño Walter – dijo Whitney acariciando el suave cabello de su bebé mientras él seguía bebiendo leche de su pecho.

Los años pasaron y Walter creció como un niño muy feliz. Cuando el niño comenzó a hablar y a decir su nombre, siempre se confundía y en vez de decir Walt decía Wirt, con lo que sus padres comenzaron a llamarlo así para que el niño no se trabara, y con el paso del tiempo ese nombre se quedó como costumbre, lo que al niño nunca le molestó. Patrick amaba enseñarle a Wirt como componer y tocar música, notando que el instrumento favorito de su hijo era el clarinete y le encantaba escuchar a Chopin. Los otros integrantes de Isle of Dogs adoraban a Wirt y también le mostraban como tocar instrumentos y cantar las canciones de la banda. La actividad que a Wirt más le gustaba era cuando veía a su padre utilizar su reproductor de cintas para grabar demos y vocales, y en más de una ocasión, Patrick lo dejaba hablar de fondo para conservar el recuerdo de su hijo como niño, pues sabía que él crecería y las cosas ya no volverían a ser iguales.

Llegó aquel día de octubre, un sábado para ser más precisos. Unas semanas antes, Wirt había cumplido 7 años, y su padre le había prometido que en el día de Halloween, ambos irían a una excursión a un lugar en las montañas que les encantaba mucho, donde también la banda haría un pequeño espectáculo con temática de dicha festividad. El niño estaba ansioso porque llegara ese día. Aquel sábado, Isle of Dogs dio un concierto en el parque deportivo de Aberdale ante más de 5 mil asistentes. La canción que cerró el concierto fue un cover de Beautiful Boy, de John Lennon, el cual Patrick le dedicó a Wirt. El niño se había quedado en casa con su madre, y durante un rato jugó con uno de sus vecinos, un niño de 10 años llamado Andy Davis.

Tras terminar el concierto, la banda abordó su camioneta rumbo a un restaurante lujoso en el centro de Boston. La camioneta se detuvo en un semáforo rojo, el cual, en el momento en que su luz cambió a verde y la camioneta avanzó, fue sorprendida por un tráiler que iba a exceso de velocidad y la embistió sin inmutarse. El conductor del tráiler estaba en estado de ebriedad y el choque hizo que quedara prensado entre los restos de la cabina, falleciendo prácticamente al instante. En tanto, el golpe en la camioneta impactó en el asiento trasero donde se encontraban Patrick y Quincy, quienes de igual forma fallecieron de manera casi inmediata, mientras que Mason tenía una pierna rota, Amy y Stuart tenían lesiones en la columna, y el chofer fue el único que solo resultó con heridas leves. Una ambulancia llegó al lugar y revisó a las víctimas, confirmando el deceso de Patrick y Quincy ante el terror y la angustia de los demás. El chofer le proporcionó a los paramédicos el teléfono de Whitney y la llamaron. La mujer contestó el teléfono de manera normal, pero cuando le informaron lo que le había ocurrido a su esposo, gritó de terror y casi se desmayó, rompiendo a llorar. Pronto, los paramédicos llegaron a casa, la calle iluminada por la sirena roja y blanca de la ambulancia.

A Wirt se le hizo raro que hubiera una ambulancia afuera de su casa, y bajó las escaleras curioso. Vio a su madre llorando inconsolablemente y, preocupado, le preguntó que le ocurría.

- ¿Qué pasa, mamá? – preguntó el niño.

- Wirt... tienes que ser muy fuerte – contestó su madre entre sollozos – mi niño, tu papá...tu papá...se fue, se murió en un accidente...su camioneta chocó y se murió...ya no lo volveremos a ver...lo siento mucho, Wirt... – la mujer ya no pudo decir nada más ante su llanto de angustia por haber perdido al amor de su vida.

En ese momento, algo se quebró dentro del corazón de Wirt, y jamás sería reparado. No habría aquella excursión de Halloween. Ya no vería a su papá grabando cassettes. Ya no estaría en la mesa cuando cenaran. Ya no comería las deliciosas hamburguesas que cocinaba. Era como si todo a su alrededor se derrumbara en un terremoto, y no sabía que hacer. Las lágrimas no tardaron en aparecer en sus ojos, cayendo sobre el suelo de madera de la casa. Lentamente volvió a subir las escaleras y cerró tras de él la puerta de su habitación. Se tumbó sobre la cama y, abrazando su almohada, rompió a llorar como probablemente no lo había hecho desde que era un bebé. Su papá estaba muerto.

El duelo duró meses en la casa. Tanto Whitney como Wirt acudieron al funeral, aunque ninguno tuvo el valor de ver por última vez el rostro ya inerte de Patrick. Ambos dejaron flores en su tumba y prometieron siempre visitarlo. La personalidad de Wirt se volvió tímida y retraída, y ya casi no hablaba ni con sus vecinos ni sus compañeros de escuela. Eventualmente, la escuela de Wirt le recomendó a su madre que lo llevara a terapia, y con esa ayuda, el niño pudo sobrellevar la pérdida, aunque quedó claro que siempre extrañaría a su papá. Y aunque con el tiempo Whitney conoció a Jonathan, quien se volvería su nueva pareja sentimental, a Wirt le costó mucho trabajo aceptar esto, pues no quería que nadie reemplazara a su padre. Tanto Jonathan como Whitney hablaron con el niño y le dejaron claro que su padre y los recuerdos que él tenía sobre el mismo eran imposibles de reemplazar y que no tenían ninguna intención de hacerlo, solo querían seguir con su vida pues es lo que Patrick hubiera querido. Así, pese a su renuencia inicial, Wirt eventualmente aceptó la nueva relación de su madre y aunque trataba de mantener su distancia con Jonathan, su forma de ver las cosas cambió y se enfocó más en seguir practicando el talento musical que su padre le había heredado.

Tiempo después, Jonathan y Whitney se casaron y además pronto se enteraron que tendrían un bebé juntos. A Wirt no le gustaba admitirlo, pero se sentía feliz de tener un hermanito pues había veces que se sentía solo y rara vez convivía con otros niños. El día que su hermanito, Greg, nació y Wirt lo vio por primera vez, al niño mayor lo inundó un rayo de felicidad e hizo la promesa de siempre cuidarlo de cualquier peligro. Después de que nació Greg, a la clase de Wirt llegó una niña nueva llamada Sara, quien pronto se volvió la mejor amiga y confidente del chico, y conforme pasaron los años y Wirt creció, se volvería su interés romántico, aunque no sabía como confesarle sus sentimientos. Eso hasta aquella aventura que él y su hermano vivieron en Lo Desconocido donde en realidad estuvieron a punto de morir ahogados, tras lo cual Wirt juntó valor y finalmente él y Sara se volvieron pareja.

El recuerdo de su padre siempre estaba latente en Wirt, desde las letras de las canciones de Isle of Dogs llenas de metáforas poéticas que a veces no entendía del todo, pero que lo inspiraban para escribir su propia poesía y sus propias canciones. Una noche de viernes de octubre, cercana a la fecha del aniversario luctuoso de su padre, Wirt fue a una fiesta en casa de Sara. Aunque el chico se mostraba feliz frente a sus otros amigos, por dentro lo comía la tristeza de pensar en su papá, y en la idea de que con el tiempo pudiera empezar a olvidar los recuerdos que vivió junto a él. Esto no pasó desapercibido para Sara, quien le preguntó a su novio si estaba bien.

- ¿Te encuentras bien, Wirt? Te noto algo raro, como si ocultaras algo – le dijo Sara.

- Estoy bien, nena, es solo que, ya sabes, por estos días fue cuando mi papá murió y me acuerdo mucho de él – le respondió Wirt, con cierta ansiedad en su voz.

La pareja se sentó en la banca que estaba en el pórtico de la casa de Sara. La chica llevaba un termo con chocolate caliente y le ofreció un sorbo a su novio, quien lo aceptó. Tras esto, el chico comenzó a hablar.

- Es algo muy extraño. A veces estoy bien durante meses, y luego algo pequeño me hace acordarme de él.

- Eso es porque tu papá fue, y aún en tu corazón es, muy importante para ti, Wirt. Recuerdo que yo también me sentí muy triste cuando murió Elaine Emmons, una niña de la primaria quien tenía leucemia y desafortunadamente no resistió la enfermedad, ¿la recuerdas?

- Si la recuerdo, pobre niña que no merecía eso, a veces pareciera que la vida es injusta, como decían They Might Be Giants – respondió Wirt, algo molesto.

- Supongo que no todo en la vida puede ser justo, y eso es algo que los simples humanos mortales como nosotros no podemos resolver – respondió Sara, recordando lo que a veces le decía su abuela al respecto.

- Sabes, Sara, hace un rato uno de tus amigos puso una canción que a mi papá le encantaba, y creo que por eso empecé a sentirme así. Era la canción de The Boys of Summer, y al escucharla, no sé, es como si hubiera vuelto a tener 7 años y estuviera en mi fiesta de cumpleaños con él – respondió Wirt, con nostalgia.

Sara bajó la mirada y escuchó a su novio con atención.

- ¿Lo sigues extrañando mucho, verdad?

Wirt sonrió apenas, pero era una sonrisa triste.

- Todo el tiempo.

Hubo un silencio breve.

- Lo peor es que... cada año recuerdo menos cosas. Y eso me asusta muchísimo.

Sara lo miró.

- ¿Cómo qué cosas, cariño?

Wirt apoyó los brazos sobre sus piernas.

- Su voz... el aspecto de sus ojos, esos pequeños detalles. Antes podía recordar exactamente como sonaba cuando me contaba historias antes de dormir y ahora... ya no estoy seguro.

Su garganta se tensó un poco.

- Y eso me hace sentir terrible porque... ¿qué clase de hijo olvida esas cosas?

Sara negó inmediatamente con la cabeza.

- No estás olvidándolo.

- A veces siento que sí – respondió Wirt con una risa débil.

Sara dejó su termo a un lado y tomó suavemente una de las manos de su novio.

- Wirt, solo tenías 7 años. No puedes obligarte a recordar cada detalle para demostrar que lo amabas.

El chico bajó la mirada hacia sus manos.

- Es solo que... tengo miedo de que algún día todo se vuelva borroso, que ya no recuerde nada sobre él.

Sara permaneció en silencio por unos segundos antes de hablar.

- Entonces platícame sobre él.

Wirt levantó ligeramente la mirada.

- Cuéntame todo lo que todavía recuerdes – volvió a decir Sara.

Por primera vez en toda la noche, la expresión de Wirt cambió un poco. No desapareció su tristeza, pero si apareció algo más cálido.

- Bueno... – dijo lentamente – él era muy malo silbando.

- ¿En serio? – dijo Sara soltando una pequeña risa.

- Sí, era terrible en eso. Pero aun así lo hacía todo el tiempo, sobre todo cuando cocinaba. Y a veces escuchaba discos de jazz muy viejos, música rarísima. Decía que algún día yo la entendería.

- ¿Y la entendiste? – le preguntó Sara.

- Creo que si – respondió Wirt, algo pensativo – finalmente, la música era su vida, su pasión más grande.

Siguieron conversando en la banca sobre todo lo que Wirt recordaba de su padre, como aquellos poemas cursis que le escribió a su mamá cuando empezaron a salir, las caminatas en otoño, su viaje en invierno a Boston donde vieron a otras personas esquiar, sus disfraces de Halloween, y todas esas historias que le contaba cuando era niño. Sara lo escuchó sin interrumpirlo casi nunca. Y aunque la tristeza seguía ahí, por primera vez en mucho tiempo Wirt sintió que recordar a su padre no solo tenía que doler. Empezaron a caer gotas de lluvia, y Sara le sugirió a su novio que siguieran conversando en su habitación. Así, la pareja entró a la casa y subió las escaleras.

- Oh, parece que los tortolitos quieren estar solitos en su cuarto. ¡No se olviden de los globos, chicos! – dijo Kathleen, riéndose y evidentemente refiriéndose a los condones.

- Ah, gracias, Kathleen, pero no vamos a tener sexo – respondió Sara en tono serio, seguido de lo cual ella y Wirt entraron a su habitación y cerraron la puerta.

Las gotas de lluvia golpeaban suavemente las ventanas de la habitación de Sara mientras la luz cálida de una lámpara mantenía el ambiente en penumbra. Afuera, todo estaba gris y silencioso, contrastando con la fiesta que ocurría en el piso de abajo. Wirt estaba sentado en la cama de su novia, y sacó su celular para mostrarle fotografías de algunos objetos que pertenecieron a su padre, los cuales estaban en una caja dentro de su armario. Incluían cintas de música, boletos viejos de espectáculos de la banda, un cenicero, y una chamarra doblada cuidadosamente. Sara miró las fotografías en silencio, dándole espacio a su novio. Wirt entonces seleccionó la imagen de otra foto vieja y algo desgastada. En ella aparecía él de niño sobre los hombros de su padre en Halloween. Ambos llevaban disfraces coloridos y absurdos, y Patrick sonreía de una forma tranquila y despreocupada.

- No recordaba esta foto – murmuró Wirt tras tragar saliva.

- Te veías muy feliz – le respondió Sara, mirando la imagen.

- Sí, supongo – dijo Wirt soltando una pequeña risa temblorosa, pero su voz se quebró en esa última palabra.

Durante unos segundos intentó seguir tranquilo. Miró la imagen otra vez y respiró hondo, como si quisiera contener algo que llevaba mucho tiempo acumulándose.

- A veces siento que todavía debería estar aquí – dijo en voz baja – como si... no tuviera sentido que se hubiera ido así, que dejara de existir.

Sara no respondió enseguida, pero notó como Wirt apretaba las manos, como si sintiera mucho enojo.

- Han pasado años y todavía hay momentos donde quiero contarle algo y luego recuerdo que ya no puedo.

Su respiración empezó a volverse inestable.

- Y odio eso... odio que el mundo siguiera avanzando como si nada hubiera pasado. Recuerdo una película donde alguien preguntaba porqué no podíamos juntar a toda la gente en el mundo a la que realmente amamos y vivir todos juntos para siempre, antes de darse cuenta de que siempre hay alguien que se tiene que ir y tenemos que decirle adiós.

Sara se acercó un poco más.

- Wirt...

El chico negó con la cabeza, intentando recomponerse.

- Lo peor de todo es que ya no recuerdo como sonaba su voz aparte de cuando cantaba con su banda.

Y esa frase fue la que terminó rompiéndolo. Wirt soltó una respiración entrecortada y se cubrió parcialmente los ojos con una mano, avergonzado de empezar a llorar. Intentó disculparse inmediatamente.

- Lo siento, cariño, yo no quería...

Pero Sara no lo dejó terminar, y sin decir nada más, lo abrazó con todas sus fuerzas.

Wirt permaneció rígido un instante, como si todavía intentara contenerse, pero después toda la tensión que acumulaba durante años finalmente cedió, y se aferró a Sara mientras se soltaba a llorar de verdad. No era un llanto escandaloso, sino uno agotado y profundamente contenido, como si hubiera pasado demasiado tiempo intentando ser fuerte en silencio. La chica le acarició lentamente el cabello mientras él escondía el rostro contra su hombro.

- Está bien... – le susurró ella – está bien extrañarlo, tú lo querías mucho.

Wirt respiraba con dificultad entre lágrimas.

- No quiero olvidarlo, Sara.

- No lo estás olvidando, Wirt.

- Pero mientras más pasa el tiempo recuerdo menos.

- Recordar menos detalles no significa amarlo menos – le respondió Sara sin dejar de abrazarlo.

Wirt cerró los ojos, y durante varios minutos no hubo más que el sonido suave de la lluvia y su respiración temblorosa. Sara siguió acariciándole la espalda lentamente, dejándolo llorar todo lo que nunca había permitido sacar frente a nadie. Y por primera vez en mucho tiempo, Wirt dejó de cargar ese dolor completamente solo. Poco después, la lluvia se detuvo, pero el cielo seguía cubierto de nubes oscuras. La habitación de Sara permanecía en silencio, aunque de fondo se escuchaba la música alegre que aún animaba la fiesta en el piso de abajo. Wirt permanecía sentado junto a la ventana, abrazando a su pareja y aún con los ojos rojos, y la mirada perdida en las gotas que resbalaban por el vidrio. Después de haber llorado, se sentía agotado, pero también un poco avergonzado.

- Debo verme bastante patético ahora mismo – murmuró con una pequeña risa triste.

Sara frunció un poco el ceño.

- Wirt...

El chico evitó mirarla, y comentó.

- Solo digo que... probablemente no es muy agradable verme teniendo una crisis emocional y llorando como un niño pequeño.

Sara se sentó junto a él y le sostuvo la mano.

- ¿Sabes que es lo que veo yo, Wirt? Veo a alguien que amaba muchísimo a su papá.

El silencio volvió por un instante, y Wirt tragó saliva.

- A veces siento que debería haberlo superado hace años.

- No creo que algo así se supere por completo. Aún me entristece la muerte de Elaine, y no sé como me sentiría el día el que alguien muy cercano a mi, como mis padres o mi abuela, o tú, murieran – respondió Sara, con algo de tristeza.

Wirt bajó la mirada otra vez, y Sara continuó hablando con calma.

- Perder a alguien tan importante cuando aún eras un niño cambia muchas cosas. Y has cargado eso tú solo durante demasiado tiempo.

- No quería ser una carga para nadie – respondió Wirt, soltando una respiración cansada.

Sara negó suavemente con la cabeza.

- Escúchame bien, Wirt.

Esperó hasta que él finalmente la miró.

- No eres una carga, para absolutamente nadie en el mundo. Ni cuando estás triste, ni cuando sobrepiensas las cosas, ni cuando sientes que el mundo entero se te viene encima. Yo te quiero sin importar tus defectos o tus manías, y quiero estar aquí contigo, en serio, mi amor – le dijo Sara con su voz volviéndose aún más suave, aunque también con cierta tristeza que nacía de su preocupación por él y su estado de ánimo.

Wirt sintió un nudo formándose otra vez en su garganta. Sara sonrió apenas.

- Eso suena como algo que Greg diría, ¿sabes? – dijo el chico, con una pequeña risa débil.

Sara rió un poco también.

- Bueno, quizás tu hermanito a veces tiene razón.

Por primera vez desde hacía un rato, Wirt sonrió de verdad, aunque fuera apenas, y Sara apoyó suavemente su cabeza contra el hombro de él.

- Tu papá siempre va a ser importante para ti. Y está bien que todavía lo extrañes.

Wirt cerró los ojos por un momento.

- Sara, gracias por quedarte conmigo.

Sara entrelazó sus dedos con los de su novio.

- Con todo gusto, siempre estoy aquí para ti. Como te lo he dicho, cuando estás a mi lado haces que me sienta mejor.

Seguido de esto, la pareja se dio un dulce beso en los labios. Y aunque la tristeza seguía ahí, ya no se sentía tan pesada como antes. Pronto, Wirt se despidió de su novia y volvió a su casa, donde jugó un rato con Greg antes de entrar a su habitación, algo agotado, y quedarse dormido entre los dulces recuerdos de todas las personas a quienes amaba, incluso si ya no estaban presentes.

Al día siguiente, tras almorzar, Greg sorprendió a su hermano mayor preguntándole sobre Patrick, pues para ese momento el niño ya sabía que el papá de Wirt había fallecido por aquellas fechas y notaba el triste semblante de su hermano. Wirt no se inmutó, y en esa tranquila tarde de otoño, donde las hojas secas cubrían el patio trasero, los dos chicos empezaron a conversar.

- ¿Cómo era tu papá, Wirt? – preguntó el niño menor mientras jugueteaba con una bellota entre las manos.

Wirt permaneció callado unos segundos, pero pronto respondió.

- Era un buen hombre, que nos quería mucho a mamá y a mi. Podría decir también que era algo... extraño.

- ¿Extraño? ¿Entonces tú heredaste eso de tu papá? – preguntó Greg, risueño.

Wirt soltó una pequeña risa.

- Si, supongo que si, Greg – dijo mientras miraba hacia los árboles e intentaba ordenar recuerdos que llevaban años guardados – le encantaba la música vieja, y siempre se la pasaba diciendo "ya no hacen canciones así".

- Eso también suena como tú, Wirt.

Wirt sonrió un poco antes de continuar.

- Le gustaba también inventar historias bizarras, como la vez que me convenció de que había un mapache viviendo en la pared de la cocina que solo salía por las noches a comer galletas Chips Ahoy.

Greg abrió los ojos, algo sorprendido.

- ¿Teníamos un mapache criminal en la casa?

- No, Greg, no había ningún mapache. Era solo una broma.

Greg pareció decepcionado por unos segundos, y su hermano mayor bajó la mirada hacia las hojas secas.

- Pero era muy divertido, hacía ese tipo de cosas todo el tiempo. Y cuando yo tenía miedo por las noches... se sentaba junto a mi cama hasta que me dormía – dijo Wirt con su voz algo más suave y nostálgica. Greg permanecía escuchando atentamente – siempre parecía saber bien que decir.

- ¿Lo extrañas mucho, Wirt? – preguntó Greg inclinando ligeramente la cabeza.

Wirt tardó un momento en responder.

- Si, Greg, lo extraño mucho. Hay días en donde no pienso tanto en ello... y otros en donde me invade la nostalgia de recordarlo.

Greg observó a su hermano con una expresión extrañamente seria para él.

- Yo creo que él estaría muy orgulloso de ti, Wirt.

Wirt parpadeó, un poco sorprendido.

- ¿Qué?

- Sí. Eres inteligente, te gusta escribir poemas, tienes una novia muy bonita, y me cuidas aunque te desesperes conmigo más de diez veces al día – respondió el niño.

- ¿Solamente más de diez, Greg? – preguntó Wirt en tono de broma.

Greg ignoró el comentario.

- Y además vencimos a La Bestia de Lo Desconocido, salvando a todos los que viven ahí. No cualquiera haría eso y viviría para contarlo.

- Eso... probablemente ayuda – dijo Wirt con una pequeña risa nasal.

- Apuesto a que tu papá habría hecho lo mismo – dijo Greg, sonriendo.

Wirt miró a Greg por unos segundos, y entonces se dio cuenta de algo que nunca pensaba demasiado. Aunque Greg nunca conoció a Patrick, y probablemente no existiría de no ser por su fallecimiento y posterior unión de su madre con Jonathan, el niño había heredado parte de su calidez, esa facilidad para hacer sentir mejor a los demás. Wirt apoyó suavemente una mano sobre la cabeza de Greg, despeinándolo un poco.

- Quizás tienes razón, Greg. Estoy seguro de que a mi papá le habría encantado conocerte.

- Claro que tengo razón, Wirt, y ese es un dato de la roca.

- Supongo que la roca nunca se equivoca, ¿verdad?

- La roca se alimenta con mi propia sabiduría. Me gusta que cada vez sepa más, y que cada vez tú me quieras más, Wirt. Eres el mejor hermano que alguien podría pedir.

Y así, mientras las hojas seguían cayendo alrededor de ellos, por primera vez en mucho tiempo, hablar de su padre no hizo que el pecho de Wirt doliera tanto.

La vida siguió, Wirt creció y eventualmente se casó con Sara, con quien tuvo dos preciosos hijos: Elaine, llamada así en honor a aquella amiga de la infancia de Sara cuya vida culminó demasiado pronto, y Patrick, llamado así en honor a su padre, el líder de la banda. Eran una familia muy feliz y unida, y el talento que Wirt heredó de su padre lo había vuelto compositor profesional que ya había trabajado con artistas importantes, escribiendo canciones que se habían vuelto éxitos a nivel mundial. A su vez, su hija Elaine también había heredado esa pasión y talento por la música.

Un día de junio, cuando se celebraba el Día del Padre, la casa olía a pan dulce recién horneado y a té de canela caliente. El jardín, con su precioso césped verde brillante y aquel árbol plantado sobre la placenta de Elaine para siempre recordar a su primogénita, reflejaba la luz de la mañana la cual también entraba por las ventanas de la casa. Dentro, Wirt estaba sentado en la mesa del comedor, revisando noticias en su celular, mientras Sara afinaba los últimos detalles en el pan casero que ponía en el horno para que toda la familia disfrutara. Enfrente de Wirt, Patrick claramente estaba escondiendo algo detrás de la espalda.

- ¿Por qué me estás mirando así? – preguntó Wirt con sospecha.

- No te estoy mirando así – respondió el niño sonriendo inocentemente.

- Si lo estás haciendo, Patrick, ¿escondes algo? – le preguntó su padre.

Sara sonrió mientras terminaba de servir el té de canela para los cuatro.

- Déjalo, Wirt, creo que quiere sorprenderte.

- Eso me preocupa aún más – respondió Wirt.

Antes de que pudiera decir algo más, Elaine, la hija adolescente, apareció corriendo por el pasillo.

- ¡Ya está listo! – anunció emocionada.

Patrick inmediatamente sacó de detrás de su espalda una tarjeta hecha a mano algo doblada y llena de brillantina.

- ¡Feliz Día del Padre!

Elaine le entregó otra caja pequeña envuelta torpemente con papel naranja. Wirt parpadeó sorprendido, mientras que Sara sonrió cálidamente.

- Feliz Día del Padre, amor – dijo Sara y besó a su esposo en la mejilla. Wirt sonrió, algo perplejo y avergonzado. El haberse vuelto padre lo había cambiado, pero aún seguía pensando en su propio padre y viéndose reflejado en él ahora que también lo era.

- No tenían que hacer todo esto, mis retoños – dijo Wirt, conmovido.

- Si teníamos – dijo Elaine – Mamá nos dijo que eres sentimental y quizás llorarías.

- ¿Tú les dijiste eso, cariño? – le preguntó Wirt a Sara.

- ¿Qué tiene de malo, Wirt? Es una observación objetiva.

Patrick prácticamente rebotaba de emoción.

- ¡Abre la caja, papá!

Wirt desenvolvió la caja cuidadosamente. Dentro, había una vieja fotografía restaurada. Era aquella fotografía de Patrick – su padre – cargándolo sobre los hombros cuando él era niño. Por un instante, el comedor quedó en silencio. La sonrisa de Wirt se debilitó, transformándose en algo más suave y nostálgico. Elaine habló con cuidado.

- El tío Greg nos ayudó a encontrarla.

Wirt pasó lentamente los dedos por la fotografía. Su padre sonreía en la imagen exactamente como lo recordaba: tranquilo, cálido, un poco despeinado. Patrick, el pequeño, observaba curioso.

- ¿Ese es mi abuelo Patrick?

Wirt asintió lentamente.

- ¿Él era una buena persona? – volvió a preguntar su hijo.

- Sí, muchísimo – respondió Wirt, sonriendo.

Sara dejó las tazas sobre la mesa y se sentó junto a su esposo en silencio. Elaine apoyó los brazos sobre la mesa.

- ¿Cómo era, papá?

Wirt observó la fotografía por unos segundos antes de responder..

- Bueno, era divertido. Algo raro, pero muy divertido. Le gustaba escuchar discos muy viejos y contar historias bizarras. Una vez intentó convencerme de que las ranas hablaban entre ellas cuando llovía. Ante esto, Patrick abrió los ojos muy sorprendido, como hizo Greg cuando Wirt le contó lo de los mapaches que robaban Chips Ahoy de la cocina.

- ¿Y si pueden hablar, papá?

- No, pequeñito, no pueden.

- Oh.

Sara sonrió mientras su esposo seguía mirando cautelosamente la fotografía.

- También era muy paciente, cuando yo era niño y tenía miedo por las noches... se quedaba conmigo hasta que se dormía – Su voz se volvió más baja cuando dijo eso.

- ¿Lo extrañas, papá? – preguntó Elaine observándolo con atención.

Wirt tardó un poco en responder. La pregunta ya no dolía igual que antes, pero todavía movía algo profundo dentro de él. Finalmente sonrió suavemente.

- Sí. Siempre lo voy a extrañar, aunque sea un poco.

Sara tomó discretamente su mano debajo de la mesa, y Wirt entrelazó los dedos con los de ella antes de continuar.

- Pero creo que... con el tiempo aprendí que extrañar a alguien no solo tiene que ser triste.

Wirt miró a sus hijos. Se sentía afortunado de tenerlos.

- A veces también puede sentirse bonito recordar todo lo bueno que dejaron contigo.

- ¿Yo me parezco a mi abuelo? – preguntó Patrick, inclinando la cabeza.

- Muchísimo – le respondió su papá, sonriendo.

- ¡Eso es genial!

- Especialmente cuando haces preguntas raras.

- Eso significa que soy sabio.

- Eso definitivamente no significa eso – dijo Elaine, quien adoraba a su hermanito desde el día que nació, cuando presenció como llegó al mundo. Todos se rieron un poco, y entonces Elaine volvió a señalar la fotografía.

- Te veías muy feliz ahí, papá. Querías mucho a mi abuelo y él te quería mucho a ti.

Wirt observó la imagen una vez más, y se dio cuenta que Elaine tenía razón. Durante años, recordar a su padre solo le había provocado dolor. Pero ahora, sentado ahí con Sara y sus hijos, el recuerdo ya no se sentía como una herida abierta. Se sentía como parte de él. Como algo cálido que seguía acompañándolo incluso después de tanto tiempo. Wirt sonrió suavemente mientras apoyaba la fotografía contra su pecho.

- Sí. Era feliz. Y hoy también lo soy, estando con ustedes a quienes amo tanto. Todo esto es gracias al líder de la banda, Patrick Wood. Gracias por todo, papá, y quizás nos volvamos a ver donde sea que estés ahora.

Y así, Wirt abrazó a su esposa y a sus hijos, con lágrimas corriendo por su rostro, pero eran lágrimas de alegría y eterno agradecimiento. No podía pedir nada más.

Esa noche, Wirt tomó su guitarra y ahí, en el patio de su casa acompañado por su familia, hizo una interpretación de aquella canción de Dan Fogelberg que, incidentalmente, dicho cantautor había escrito en honor a su propio padre. Porque la sangre de Patrick corría por el corazón y los instrumentos de Wirt y sus canciones estaban plasmadas en su alma, y Wirt, junto a su esposa e hijos, era el legado viviente del líder de la banda.

FIN

Notes:

Si se lo preguntaban, la película a la que Wirt está haciendo referencia cuando habla con Sara sobre su padre es Snoopy, vuelve a casa, específicamente la escena con la canción "It Changes".