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"El día en que Kyle Broflovski se arrodillará ante su dios"
Querido Diario, que en realidad es un registro histórico de mi grandeza, así que guarda bien esto porque algún día los arqueólogos lo encontrarán y se arrodillarán también.
Faltan solo tres horas.
Tres horas.
Tres malditas horas para que Kyle Broflovski, el judío más odioso, moralista y pecoso de todo South Park, finalmente cumpla su puto trato.
Y no es un trato cualquiera. No, es EL trato. El que él mismo firmó con su puño y letra, delante de los chicos. El que él mismo propuso porque estaba tan seguro —tan jodidamente seguro— de que los duendes no existían.
Pobre imbécil.
Porque existen, siempre existieron... y yo lo sabía. Yo siempre lo supe; porque yo soy Eric Theodore Cartman, y las cosas que yo sé, son ciertas. Aunque todo el mundo me llame mentiroso, aunque todo el mundo diga que soy un gordo narcisista. Y aunque mi propia madre me mire con esa cara de "ay, calabacín, otra vez con tus historias".
Ellos no ven la verdad.
Pero yo sí. Y la verdad es que los duendes son reales, y lo vi. Lo vi con mis propios ojos. Todos lo vimos. Kenny, Stan, ese idiota de Butters... hasta Kyle. Sí, Kyle, lo vio. Lo vio con sus propios ojos verdes de sapo, y aún así se atrevió a decir que no era real.
¿Qué clase de persona ve un duende y dice que no es real?
Un perdedor, un jodido mentiroso ... un judío que no puede admitir que perdió.
Pero perdió, y YO GANÉ.
Y ahora, en tres horas, va a tener que ponerse de rodillas frente a mí y mi maravilloso traje de sultán, en la sala de mi casa con todos viéndolo, y va a tener que chuparme las bolas.
Las bolas.
¿Te das cuenta, diario? ¿Te das cuenta de lo enorme que es esto?
No es solo una victoria. No es solo ganar una apuesta. Esto es historia, esto es lo que los poetas escribirán, de lo que los cantantes cantarán y lo que los profesores de historia enseñarán dentro de cien años... "El día en que Eric Cartman demostró su superioridad absoluta sobre Kyle Broflovski".
Y no es solo por el duende, No. Es por todo.
Por cada vez que me llamó "gordo", por esas veces cuando me miró con asco, por haberme interrumpido en tantas ocasiones diciéndoles a todos que mis planes eran estúpidos, que yo era un idiota, que nunca lograría nada en la vida.
Mira quién ríe ahora, Broflovski.
Mira quién logró capturar a un duende real, mira quién tiene testigos.Y mira quién tiene un contrato firmado y un ejército de amigos que lo vieron todo.
Sé que todos están de mi lado. Bueno, están de mi lado porque Kyle firmó el contrato, así que técnicamente el judio no tiene salida y aunque intente huir da igual. Tengo testigos, tengo pruebas y tengo la verdad.
Y Kyle no tiene nada.
Solo su orgullo. Ese orgullo judío, tan alto, tan pomposo, tan... rompible. Y en tres horas, lo voy a romper por completo, lo voy a hacer pedazos. Voy a ver cómo se le desmorona la cara cuando se dé cuenta de que no puede escapar, que no hay salida, y que su palabra —esa palabra que tanto le gusta presumir— va a ser su perdición.
Porque Kyle Broflovski es un judío de palabra, ¿verdad?
Sí, claro.
Un judío de palabra que se pasó diez minutos diciendo que el duende no era real, que era un truco, que yo lo había inventado todo. Que yo era un mentiroso.
Y ahora, en tres horas, va a tener que tragarse sus palabras.
Todas.
Y no sólo las palabras. También...
Bueno, mejor no lo arruino. Quiero ver su cara, ver sus mejillas rojas, sus ojos verdes llenos de lágrimas de rabia, su puño apretado mientras su cerebro busca una salida que no existe.
No la hay, Kyle.
N o l a h a y.
Y él lo sabe. Lo sabe desde que vio al duende, desde que firmo ese puto papel. Lo sabe desde que abrió la boca y dijo: "Si es real, te chuparía las bolas".
Esas fueron sus palabras, no las mías.
Así que ahora, mientras escribo esto, mientras miro el reloj y veo cómo las manecillas se mueven lentamente —demasiado lento—, solo puedo pensar en una cosa.
¿Se pondrá de rodillas con dignidad? ¿O va a llorar como un bebé?
Espero que llore, lo espero con toda mi alma. Porque el llanto de Kyle es música para mis oídos. Es la banda sonora de mi victoria y es el himno de mi reinado.
Porque esto, diario, no es solo una apuesta.
Esto es una coronación.
Yo, Eric Theodore Cartman, soy el rey de South Park. Soy el que ve duendes, el que gana apuestas. Soy el que hace que Kyle Broflovski se arrodille.
Soy el que siempre gana.
Y Kyle...
Kyle solo es un peón en mi tablero.
Un peón que está a punto de aprender lo que significa desafiar a un dios.
Tres horas.
Tres malditas horas.
Y entonces, el mundo sabrá.
Que yo soy el puto rey.
— Eric T. Cartman, 10 años, a pocas horas de la victoria más dulce de su vida.
