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La Guardería del Tri

Summary:

Un descanso, eso es lo que parecía, irse a sus casas a descansar por un fin de semana, pero una tonta alerta naranja arruinó todos los planes.
Varios jugadores se quedan encerrados en el Centro de Alto Rendimiento con "Don Memo" y Edson Álvarez como niñeros.
La mayoría está en sus asuntos, pero ya se dieron cuenta de que hay varios integrantes que no pueden vivir sin internet o sin conocer sus sentimientos por cierto otaku del gol, y éste solo puede pensar que le pasan cosas típicas de los "spokon".

Notes:

Hice este fanfic en medio día, no tengan muchas expectativas de él.
También puede que haya muchos errores porque yo no sé de futbol, solo lo hice porque quería unirme al mame.

Chapter 1: Viernes: Alerta Naranja

Chapter Text

La alerta naranja cayó a las 18:12 Hrs. 

Guillermo Ochoa, "Memo" para los cuates, lo leyó dos veces, bloqueó el teléfono y soltó el suspiro más largo de sus 40 años. Seguramente Edson ya habría recibido la notificación por parte de Javier Aguirre y de todo el personal que cuidaba de ellos. Nadie iría (ni se iría) del Centro de Alto Rendimiento durante ese fin de semana puesto que había una alerta meteorológica que denotaba tormenta en el hermoso Valle de México. 

La selección empezaría a jugar el mundial pronto. Así que los entrenamientos eran duros, había muchos jugadores que jugaban en Europa, otros que solo pertenecían a la Liga MX, pero al fin muchos debutarían en su primer mundial este 2026. 

Memo ya lo tenía claro, nadie podría salir del CAR. La carretera a Toluca estaba cerrada por deslave. Protección Civil había dicho que estarían así tres días mínimo. 

Millones de dólares en jugadores.

"Niños" con energía para correr dos maratones. 

Y él de niñero.

Edson Álvarez fue el primero en aparecer en la puerta de Memo para preguntar qué debían hacer, una vez que quedó el plan, llamaron a todos a la sala, Edson tenía cara de "ya sabía que algo iba a salir mal" y Memo se veía cansado.

—Nadie puede salir del CAR hasta que nos den nuevas instrucciones, no podemos permitir tener accidentes ni enfermedades ¿Entendieron? —Preguntó Memo Ochoa. 

—¡Sí! —Gritaron todos, pero realmente nadie estaba escuchando, muchos tenían mucho sueño y otros solamente querían descansar de sus atenuantes entrenamientos. 

Una vez que todos se enteraron de las indicaciones, se fueron a sus respectivas habitaciones, Edson y Memo tendrían que ver cómo se las arreglaban para comer, ya que antes contrataban una cocinera que les llevaba comida, pero con estas indicaciones, ni siquiera sabrían qué tenían qué hacer o si había algo en la cafetería donde era el lugar donde los jugadores degustaban sus alimentos. 

A las 19:00 el edificio 2 se quedó sin luz. Los deportistas que residían allí caminaron hasta cualquier otro edificio. El generador aguantó en el edificio 3, donde se amontonaron a todos. Calor, humedad, cuerpos sudando y... ¡Sin WiFi!

El grito colectivo se escuchó hasta Cuernavaca.

—¡No! —Bramó Gallardo mientras sostenía su celular y jugaba en línea—. Tenía rankeds.—Había perdido todo el desempeño que había logrado toda esa madrugada. Le iba a dar un tic en el ojo por el coraje.

—Ya valió mi clip. —Dijo Chino, sosteniendo el celular como si fuera un bebé muerto. Él le ayudaba a la cuenta de Tiktok de la Selección Mexicana a guardar algunos momentos para hacerlos vídeos virales en aquella red social.

Armando González, alias Hormiga, no gritó. Estaba en el sillón del fondo, enterrado en un hoodie gris dos tallas más grande y una manta del equipo 7 de Naruto que alguien le regaló traído desde Japón. En su tablet, con el brillo al mínimo para ahorrar pila: Frieren. Lo eligió a propósito. No era de temporada. No había spoilers nuevos. Era lento, bonito, triste. Perfecto para cuando la endocrinopatía te tenía el cuerpo caliente y la cabeza hirviendo. Si se aburría, se dormía. Si se ponía mal, lloraba bajito y nadie lo notaba.

Mateo Chávez llegó con una bolsa de almendras, manzana en rebanadas y una botella de agua. Desde los trece años hacía lo mismo. Ellos se habían conocido desde pequeños, se conocieron en las canchas de cantera del Necaxa, se separaron durante años, pero debutaron en la Sub-15 y Sub-13 de las Fuerzas Básicas de Chivas. Sus padres habían sido jugadores de futbol reconocidos, así que inmediatamente la presión ya estaba en ellos. 

Siempre había una conexión telepática. Mateo era un lateral derecho, Hormiga un delantero. Se entendían sin verse, estuvieron juntos dos temporadas antes de que los subieran a primera división. Jugaron juntos en Chivas y después el AZ Alkmaar lo fichó en Europa, a veces deseando volver para ver a ese chico del que se enamoró en su juventud. A ver si era más alto que él y si se seguiría sonrojando con facilidad. 

Así es como ambos estaban cumpliendo su sueño de jugar en el Tri juntos, pero para Mateo, la Hormiga ya no solo era su "amigo de la infancia" sino que había otra clase de sentimiento que no se atrevería a decir en voz alta.

—Te guardé esto. —Dijo, sentándose a un centímetro de él—. Si no comes bien no te pondrán de titular.

Y sin pedir permiso le subió el cuello del hoodie. Quince años de costumbre no se quitan con una transferencia a Europa. Hormiga sonrió de lado.

—Gracias, bro.

La palabra le sabía a metal. Bro. Siempre amigos. Desde el piso, Brian Gutiérrez bufó.

—No lo meten porque tenemos mejores delanteros.—Dijo Brian con un tono molesto. 

—Tampoco es como si jugaras mejor, todos nos estamos esforzando. —Mateo le regañó.

Brian se levantó del suelo y observó a la Hormiga, ellos dos tenían ese pique desde los quince. Porque Brian y Hormiga se conocieron en la Sub-15 de Chivas. Brian era la estrella: canterano, rápido, bocón. Hormiga era "el flaco raro" que llegó con la presión de que tenía que triunfar sí o sí. El primer día se pelearon por la banda derecha.

Solo de recordar la historia era graciosa: 

—Ese lugar es mío. —Escupió Brian.

—Pues gánamelo. —Contestó Hormiga sin parpadear. El entrenador los puso juntos para que se desgastaran. 

Funcionó. 

Se volvieron la pesadilla de todas las defensas. Brian desbordaba, Hormiga ponía la pausa, y terminaban asistiendo al otro con cara de "fue casualidad". 

Eran rivales que se hacían crecer mutuamente, pero el "hate" se volvió cariño con pasos extra. Brian jamás podría cuidar a Hormiga tan abiertamente como Mateo lo hacía. 

Gilberto Mora estaba harto de la situación, esos vatos eran 5 o 6 años mayor que él, pero sinceramente lo incomodaban tanto. Estaba cansado de la actitud de Hormiga, actuaba como si no supiera que atraía a dos de sus compañeros y no de una forma que pudieran decir "amistad", así que interrumpió.

Se metió entre los tres. Le quitó la manta a Hormiga sin pedirla y rodó los ojos.

—Tomaré esto porque parece que están muy entretenidos. —Sonrió como si no le importara, últimamente le habían dado ese papel: "el inocente niño que podía hacer lo que quisiera porque ni siquiera tenía una INE". —Deberían irse a dormir.

—Tú primero, morro metiche. —Contestó Brian, pero no se movió.

Obed Vargas se tiró al suelo y se acomodó justo debajo de Mateo y Hormiga. Tenía veinte y cero malicia, pero él, al igual que Mora, ya sabía que esos tres tenían un temilla difícil de explicar. Era mejor interrumpirlos antes de que las cosas escalaran, esos dos fueran más obvios de lo que ya eran, pudieran arruinar su valioso trabajo en equipo y no pudieran desempeñarse bien en los partidos.   

—Me voy a mover aquí. ¿Tienes algún problema?—Obed le dijo a Armando con una sonrisa.

Hormiga le revolvió el cabello.

—No, Obed. Quédate. Somos un equipo.

Obed sonrió como si le hubieran dado la Copa. Mateo y Brian se miraron con la misma expresión: "Esto es completamente tu culpa". Al fondo, Chino grababa todo para el grupo "Guardería del Tri". Johan y Gallardo ya estaban en guerra de almohadas. El "pistaches con salsa verde" les gritaba que se callaran o "Don Memo" los pondría a correr.

Fue cuando "Don Memo" apareció con una charola. Nada de pan. Fruta picada, avena y agua. No había más en la cocineta que tenían. Y tendrían que racionalizar todo lo que tenían en caso de que la tormenta se extendiera y entraran en un mundo apocalíptico.  

—Gracias, Memo. —Dijo Hormiga, aceptando la manzana.

—No me des las gracias. Duerman. Mañana trataremos de entrenar bajo techo y...

Edson aprovechó. Se paró en medio de la sala con los brazos cruzados.

—A ver. Escúchenme todos. Por algo soy el capitán. Reglas nuevas: sin gritar, sin romper nada, deben dormir temprano y si alguien se enferma me avisan. ¿Quedó claro?

—Sí, capitán. —Corearon quince.

—¿Y los otros? —preguntó Edson viendo a los que faltaban.

Gallardo levantó la mano sin voltear, tenía una sonrisa maliciosa en el rostro, ya no tenían nada que hacer, no tenían internet, muy apenas tenían luz y también quedaba poca comida. Necesitaban levantar el ánimo y la moral para sentirse mejor. ¿No que un México sin hambre, Claudia?

—Capitán, mejor cuéntenos el chisme de Memo y Messi. Dicen que hay historias bien raras que hacen las fanáticas.—Miró a Guillermo Ochoa, quien puso los ojos en blanco, sabía lo que Gallardo pensaba, pero Memo no quería ser blanco de las burlas de los demás.

Todo fue culpa de un partido entre México vs. Argentina en el mundial de Qatar 2022, fue en la fase grupos, Messi era un delantero que dejaba a todos temblando, Memo le atajaba todo. Hubo una toma donde Messi se le quedaba viendo a Memo después del partido con cara de ¿Quién es este wey?, Memo solo se quedo viendo como "esta es mi chamba". Y bueno, el internet hizo el resto. 

Edson se quedó helado.

—¿De qué hablas?—Miró a su compañero. 

Los que tienen escenas en la regadera en los vestidores, Machín —Dijo Johan a Edson y luego miró a Gallardo—. Están buenísimas.

Edson cerró los ojos dos segundos.

—Mejor hagan planchas. Todos. Ya. —Aplaudió, no quería alimentar el caos entre los jugadores, mucho menos hacerlos dudar de su amistad y compañerismo durante el mes del mundial, aunque también fuera el mes del orgullo. 

Para eso ya tenía a cierta tercia de Chivas que seguramente no sabía lo popular que eran, los rumores de que Hormiga era gay eran tan fuertes como los de las mujeres mayores de edad sexualizando a Morita. Puras locas, porque los hombres eran violentos, las mujeres locas, pero bueno, para eso tenían gente de relaciones públicas a las que se les pagaba por deshacerse de los rumores que los acosaban. 

Ser figura pública era bastante difícil. 

Edson suspiró y terminó sentándose a un metro del grupito de los que olían a "pañales y leche en polvo", para decir señalar a los más pequeños de la Selección. Todos dormirían en el mismo cuarto, amontonados. 

Apagaron la luz principal. El cuarto quedó en penumbra por el generador. A los diez minutos, Mateo estaba dormido con la cabeza en el hombro de Hormiga. Brian fingía dormir pero no se separaba ni un centímetro. Morita se envolvió en la manta que le quitó a Hormiga y Obed roncaba bajito entre todos. 

Hormiga no podía dormir. Sacó el celular. Sin internet, solo tenía la galería. Y ahí estaban. Los tres edits guardados. "Mateormiga", "Brimiga", y uno que le mandó Obed por error: "Obed x Hormi". Se rio en silencio y se tapó la cara con sus manos.

Sabía que lo shippeaban. Sabía que existía "Mateormiga" (Mateo x Hormiga) y "Brimiga" (Brian x Hormiga). Los había visto en Twitter a las 3 AM, entre edits con filtros pastel y comentarios de "se aman y no lo saben", "Los childhood friends to lovers son los más tiernos y románticos", "Los rivals to lovers son los que me gustan más". Los comentarios siempre le darían risa. Solo de recordarlo se ponía rojo y se hacía el menso. 

Era más fácil decir que lo que sentía era "normal en los spokon", literalmente era un futbolista y el power up de la amistad debía ser su arma secreta, sabía que los animes de deportes tenían buenas shipps, pero todavía no encontraba el Kagayema de su Hinata, el Aakashi de su Bokuto, el Yuuri de su Viktor, el Langa de su Reki... el Isagi de su Bachira...  Vebía admitir que en ese momento se sentía como Haru, sin saber elegir entre Makoto o Rin de Free!!!

Hormiga apagó su celular y se quedó dormido. 

Brian lo había visto, lo había visto, tenía un edit de él con Hormiga, tragó saliva y frunció los labios. Esa era su oportunidad, quizá mañana podría acercarse, fingir entrenar y quizá hablar sobre lo que vio, así que ya podía descansar con una sonrisa en el rostro. 

Solo que vio a Edson levantarse y salir de la habitación. 

El capitán negó con la cabeza y vio a Memo afuera con sus charolas de fruta. Era un niñero cansado, si los quitaban a ellos dos de la selección, y a Raúl Jiménez, quien se había salvado de quedarse atrapado en ese lugar con ellos), la media de edad bajaba hasta 27.1 años. 

Edson apoyó la frente en la pared.

—No sé cómo manejar esto. Soy el capitán, pero eres el que tiene más experiencia. —Edson dijo con una mueca preocupada. 

—Vamos a sobrevivir, seguiremos entrenando, buscaremos una forma de salir mañana a comprar algo de comida, no nos moriremos, somos el orgullo de México ¿No? Vamos a llegar lejos. 

—No me refiero a eso, no sé cómo lidiar con el amor juvenil, ¡Yo conozco a los papás de esos niños! ¿Qué les voy a decir? —Edson murmuró tomándose muy a pecho el papel de capitán no solo en cancha. 

—Nada, déjalos ser. —Memo sonrió. —Ahorita están viviendo su momento de jóvenes, es normal que tengan sus hormonas alborotadas ya que no hay mujeres por aquí, viven 24/7 con los otros, es normal que tengan dudas, pero después del mundial esto se acabará, países europeos se los van llevar. —Suspiró. —Morita y Tala ya tienen asegurados un contrato en otro continente. —sonrió. —Con el tiempo se quita. 

—¿Estás seguro? —Edson preguntó, tenía muy presente el ¿Y si sí?

—He vivido 6 mundiales. —Memo sonrió. —Todos quieren ganar y demostrar que son los mejores, todos quieren contratos en equipos europeos, quedarse en México no es opción, al menos no para ellos. —Sonrió. —Y cuando se vayan, ya no serán tu responsabilidad y solo quedará verlos con orgullo. 

Edson asintió. 

Afuera tronaba, había muchos relámpagos, la lluvia no se detenía. Definitivamente los mayores se arrepentían de tener una "Guardería" y que nadie viniera a apoyarlos, pero sabían que pasara lo que pasara, la imagen de la Selección Mexicana recaía en ellos.

Continuará...