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Ahí estaba, tan bella como nunca antes, mirándome con esos ojos similares a los de un ángel. Ojos que nunca me rechazaron, siempre mirándome con la misma dulzura desde el primer día. Volteé mi cabeza, incapaz de mantener la mirada por más tiempo.
Me paré bruscamente, intentando alejarme de aquel sentimiento que solo me hacía recordar una cosa: estaba siendo vulnerable. Mi mirada seguía perdida en el suelo, intentando encontrar alguna excusa perfecta para salir de ese lugar.
—Jax, ¿estás... bien?
Mi instinto fue huir. Acababa de revelar un secreto tan íntimo y vergonzoso. Sentía el cuarto sofocante. ¿Siempre hubo tan poco aire aquí?
Me giré con la intención de decirle que olvidara todo, que había estado bromeando y que nunca más mencionara esta conversación. Pero cuando lo hice fui incapaz de articular palabra alguna.
Otra vez aquellos ojos me estaban mirando, con una preocupación tan genuina que me haría llorar.
—Disculpa si fui algo intensa con el tema, no quise hacerte sentir mal. Solo déjame decirte que yo jamás te rechazaría por algo así —me sujetó la mano delicadamente—. No soy como tus padres, nunca me podría burlar de esto. Tienes mi completo apoyo, Jax.
En el momento que dijo esas últimas palabras rompí a llorar. La abracé tan fuerte como si fuera a desaparecer. Quería decirle cuánto la aprecio, pero no podía articular palabra alguna.
—Ya, ya. Está bien, todo estará bien ahora... —Dejó que siguiera llorando en su pecho. Era tan cómodo; no recibía abrazos tan seguidos por parte de mis padres y el último que recibí no fue agradable. Pero el de ella era cálido, diferente a toda muestra de afecto que experimenté en algún momento. Si hubiera sabido que era así de cómodo abrazarla, lo hubiera hecho desde que llegué aquí. Incluso cuando mis lágrimas cesaron no quise apartarme.
—Ahora que estás calmado, te quiero hacer una pregunta.
Me separé de su abrazo y me senté en la cama, buscando disimular la vergüenza que tenía tras haber pasado tanto tiempo en sus brazos.
—¿Cómo te debería llamar? Ya sé que tu nombre es Jax, pero me refiero a tus pronombres. ¿Te sigo llamando por "él" o prefieres "ella"? ¡Oh! Incluso si ese nombre no te gusta, podemos darte uno nuevo. Podríamos hablar con Caine sobre eso. ¿Qué te parece?
Oh, Dios, creo que volveré a llorar.
—Y-yo... creo que Jax está bien y, con respecto a eso, creo que prefiero "ella" —dije con la voz más baja posible debido a la vergüenza.
—¡Genial! Entonces, Jax, ¿lista para una aventura? Kaufmo me dijo que quería ir afuera del circo a dar una vuelta —me dedicó una sonrisa que hizo que mi interior se sintiera cálido.
—Sí... creo que sí.
Me agarró la mano y salimos corriendo de su cuarto, encontrándonos con Kaufmo en el centro del circo.
—Hola, chicos. Qué alivio que ya vinieron, me aburría mucho aquí solo. Si se seguían demorando, los iba a ir a buscar —dijo mientras se acercaba a nosotros. Su cara cambió a una expresión confundida cuando me vio. Me acordé de que el moño de Ribbit seguía en mi cabeza. ########, olvidé sacármelo. ¿Qué pensará de mí?
—¿Qué estaban haciendo ustedes dos? —dijo con una ceja levantada—. Uhhhh, no me digan... ¿ya es oficial?
—¡KAUFMO! —gritamos ambos al mismo tiempo. Qué vergüenza, me estoy poniendo rojo.
—Ja, tranquilos, chicos. Su secreto está a salvo. —Volvimos a gritar avergonzados, yo tapándome la cara y Ribbit golpeándolo—. Ya, ya. Ya entendí, no hace falta la violencia. Por cierto, Jax, ese moño te queda bien, y no lo digo de broma.
Otra vez sentí ese calor en mi corazón. ¿Acaso es esta la verdadera felicidad?
—Bueno, ¿qué esperan? Vámonos ya, me aburro mucho aquí.
—Qué amargado eres. ¡Oh! ¿Y si invitamos a Ragatha? Seguro que también está aburrida.
—¡Mientras más, mejor! Vamos a por ella. Seguro está en su cuarto.
Los vi avanzar, pero yo no me movía. Aún seguía anonadado por el comentario de Kaufmo. ¿En serio no va a decir nada más? ¿No se burlará o me mirará feo?
—Uhh, ¿vienes, Jax?
Levanté mi mirada y ahí estaban los dos mirándome algo confundidos.
—Sí... ahí voy. —Corrí hacia ellos y caminamos en dirección a los cuartos mientras Kaufmo contaba algún chiste malo y Ribbit se burlaba de él.
Yo solo podía observar y sonreír genuinamente, agradeciendo a quien sea que me puso aquí por haberlo hecho. Si necesito estar atrapado aquí para poder experimentar este sentimiento, entonces ojalá nunca me saquen.
