Chapter Text
Antes que nada, ella quiere aclarar que no hizo nada tan patético como desmayarse, gritar, o Dios no quiera, ponerse a llorar. Porque sencillamente, no tenía tiempo para esas estupideces.
Sabe en el momento en el que despertó del lado izquierdo de su cama, que algo no andaba bien. Ella era una criatura de hábitos demasiado marcados. El lado derecho le pertenecía porque daba más rápido a la puerta de su habitación, el lado izquierdo le pertenecía a su adorable gatita Myssi, para que despertara con el sol dándole en su brillante pelaje rojizo, y por tanto, para que a ella no le dé el sol en la cara.
Pero ahora le estaba dando el sol en la puta cara.
Inmediatamente abrió los ojos. Ojeó toda la habitación llena de jaulas con pájaros, bichos y libros esparcidos por todos lados hasta que sus ojos se posaron en dos niños de cabello blanco. Habían dos niños en el lado de su cama, mientras ella estaba en el lado de su gatita.
Ni siquiera se puso nada en los pies antes de hacer contacto con el frío suelo para correr hacia el espejo de la habitación. La vista de un cabello blanco con una trenza elaborada (que estaba comenzado a caerse en despeinados mechones suelto), junto con el tono antinatural del púrpura solo confirmaron sus sospechas.
Ah, ella sabía que ser una princesa era algo que se debía esperar para su próxima vida, porque después de todo, ¿Qué mejor papel podría tener ella, la hija de uno de los magnates más importantes y ricos en el mundo de los negocios? Es obvio que solo podría ser una princesa. Se sentiría orgullosa, incluso halagada, de no ser por un pequeño detalle.
La princesita a la que le robó el cuerpo iba a morir dentro de poco tiempo.
Podría haber sido una Tudor, conocía bastante de Inglaterra para saber una o dos cosas importantes que la ayudarían. Tal vez una Romanov, dependiendo de la época, se saldría con la suya fácilmente. Maldita sea, incluso podría haber sido una Plantagenet o una Qing. Pero no, tenía que llevarse la peor parte del pastel, tenía que ser una princesa ficticia, una Targaryen loca que nadie toma en serio y que tiene los días contados antes de volar sin un dragón.
Pero eso no es lo peor, no, porque ahora ni siquiera sabe en qué canon está. Si fuese el de los libros no habría problemas (aunque sabe que hay partes que están hechas de rumores, no hay que ser un genio para saber cuáles son los eventos principales y cuáles son los rumores sin importancia. Champiñón podría ser un ordinario de primera, y el Maestre Eustace un mojigato, pero no era tan complicado saber cuál era la verdad y quién mataba a quién), el problema está en que ella ni siquiera terminó de ver la última temporada de la serie.
Me dirás entonces, "Pero chica, ¿A caso el conocimiento de los libros no te bastan para idear un plan del calibre de Tyrion Lannister? Que perra ambiciosa". Y te habría dicho que si, de no ser porque había visto las primeras partes de esa serie, antes de saber qué cientos de cosas eran diferentes a los libros. Era una fan acérrima de los libros, no de esa estúpida serie.
El rostro risueño de Phia Saban la observa desde el espejo, su mente dice serie, pero luego los ojos púrpuras toman protagonismo y le susurran libros. No sabe cuál podría ser, o tal vez son ambos, juntos en una perfecta sincronización para tapar los agujeros de trama, o tal vez ninguno, y este es un universo alternativo donde Viserys se casa con Daemon porque mágicamente los hombres Targaryen pueden concebir hijos.
Je, eso sí sería interesante de ver.
Solo hay una forma de averiguarlo, piensa mientras se pone la bata verde sobre el pijama de encaje elaborado. Ella le da un ligero vistazo a los niños que roncan como pequeños gatitos antes de salir a su habitación, rumbo hacia el cuarto de Viserys.
::
Nunca hará eso otra vez. Casi vomita.
El cadáver en descomposición con la boca abierta fue demasiado perturbador, le recordó a todas esas películas de zombis donde el estúpido personaje extra se acercaba a uno de ellos para que le devoren el cerebro apenas se descuide. Carajo, ahora que lo recuerda, en Westeros hay zombis de hielo. Ella solo reza para que Viserys no despierte y la acuse de casi vomitar en su pútrida cara.
Bueno, calma, calma. Al parecer, cosas primordiales como personajes importantes y su linaje siguen siendo lo mismo, así como los eventos importantes que desarrollan toda la trama de la danza. Según escucho por los susurros de las sirvientas, la cena fue hace solo unas horas. Bien, puede trabajar con eso.
Ella se recuesta en la cama, los niños siguen durmiendo mientras el amanecer sigue impoluto en el cielo. Habitar en el cuerpo de Helaena tiene sus pros y contras. Los contras son obvios, nadie respeta a Helaena, todos la pasan por encima. Es ese personaje pusilánime que nadie tiene en cuenta y que morirá por su propia cuenta.
Pero hay ventajas, pocas, pero las hay. Helaena es considerada uno de los personajes, si no el más, inofensivo de toda la historia. Nadie espera nada de Helaena, nadie espera que ella traicione a su madre ni a sus hermanos, pues ella es perfecta para dejarse manipular sin cuestionar nada. Es retratada como la dulce y soñadora princesa que jamás haría nada malo. Todos recuerdan a Helaena por eso, son sus rasgos claves. Por ser tan inofensiva y dulce, es que nadie le hace daño de forma intencionada. Todo el bando Negro y Verde sabe que Helaena no está bien de la cabeza, y por tanto, es pasada de algo por cualquier plan. Incluso Otto y Larys Strong la pasan por alto.
Aegon, el hermano de Helaena, se contentaba con ignorarla y dejarla tranquila (hasta que se emborrachaba claro está, imbécil repulsivo), Aemond y sus traumas con mujeres mayores y el incesto la mantenían como la "intocable" (cuándo quiso obligar a Helaena a subirse a Dreamfyre, bastaron unas pocas de palabras para desistir). Diablos, incluso Alicent en su forma retorcida creía que estaba haciendo lo mejor con la única hija que veía como extensión suya (y quien no la había traicionado hasta el momento).
Dulce Helaena, ingenua Helaena, ¿Qué podría hacer este amable pajarito encerrado en su propia mente? La respuesta es simple, nada.
Es la tapadera perfecta, piensa mientras acaricia el cabello blanquecino de Jaehaerys. Nadie espera maldad, nadie espera ningún complot elaborado. Ser Helaena podría acarrearle ciertas ventajas que, si utiliza bien, podrían hacer que sobreviva sin ningún rasguño para el final de la danza.
Pero ahora, ¿A cuál bando apoyar? Esa es la pregunta difícil.
Idiotas que se creen con una moralidad superior irían rápidamente a arrodillarse ante Rhaenyra y contar todo lo que saben para qué mágicamente la danza no ocurra, que todo se resuelva en paz y que Rhaenyra se siente tranquilamente en su trono mientras anula el compromiso entre Jacaerys y Baela para dárselo al debilitado mental que pensó que eso pasaría.
Idiotas aún mayores se quedarían a intentar cambiar las personalidades psicóticas y narcisistas de Aegon y Aemond, esperar un final feliz en un trío picante mientras queman todo a lomos de Canibal, con Sunfyre y Vhagar a los costados (je, como si el idiota borracho dejará los coños de las putas por el de alguna idiota follada por su otro hermano, mientras el otro hermano con serios problemas de autoestima se quedará tranquilo viendo como su esposa contrae sida de su hermano mayor. ¡Pero hey! Fuego y sangre, o lo que sea).
Y esos solo son los escenarios hipotéticos más surrealistas.
En fin, ella sabe que ambos bandos están condenados. La última vez que lo vio, Alicent traiciona a todos los activos fuertes de su bando para hacer entrar a Rhaenyra a la capital, Aemond toma Harrenhal engañado por Alicent para luego vivir su pequeño romance para nada influenciado por sus problemas de mami con una bruja que anteriormente servía a Daemon, Aegon simplemente escapó de la Fortaleza porque le temía a Aemond y porque presentía que tanto su madre como su hermanito iban a matarlo (y por primera vez, tuvo razón), huyó con otro de los mejores activos del equipo Verde, Larys Strong, quién tenía toda clase de información, sobornos y quién sabía como armar un buen plan. Sin olvidar a Otto. Tanto los actores intelectuales como los activos de guerra tomarán su propio rumbo. En unos pocos meses, todo el equipo Verde se disolverá y será Helaena quién quede en el ojo de la tormenta.
El bando de Rhaenyra tampoco es limpio. Sí bien allí hay una ligera lealtad (o bueno, al menos antes de que los jinetes bastardos y Rhaena entren a la ecuación), no hay ningún cerebro maestro que pueda guiar y mover los hilos, (ese niño, Jacaerys, parecía ser el único con un poco de cerebro en los libros, pero en el canon de la serie ni siquiera tenía eso). Los Negros están comandados por un necio impulsivo que atina de pura suerte con algunas cosas, junto a su reina, quién nunca actúa hasta que es demasiado tarde. Tienen a Corlys Velaryon, Helaena se los concede, pero ni siquiera él puede hacer mucho como Mano de la Reina cuando su misma reina prefiere confiar en su clara enemiga. Tenían seis dragones contra solo tres. La pura fuerza combinada de estos podría someter a cualquier cosa, y sin embargo, esperaron que muera Meleys para hacer algo.
Ambos bandos estaban condenados al fracaso desde un principio. Por eso, Helaena necesita colarse entre ellos, conseguir una abertura donde pueda escapar de las consecuencias que sabe que vendrán.
Ah, Helaena, ahora ella es Helaena.
Personalmente odia cualquier cosa que la haga trabajar, pues ella nunca tuvo que trabajar en su vida. Ella nunca se levantó a la madrugada para ir a un empleo mal pagado para luego aguantar a niños imperativos en la casa mientras su inútil esposo veía la televisión. Ni tener tres trabajos como una universitaria sin un centavo que tiene que elegir entre pagar una cuota educativa o, bueno, comer. No, ella siempre tuvo todo servido en una bonita bandeja de porcelana fina (porque la plata era solo para viejos ricos que creen que lo heredado es mejor y no anticuado, o Dios me salve, una bandeja de oro como una vil nueva rica). Jamás, en toda su existencia, tuvo que trabajar ni ocuparse de cosas que la agoten física o mentalmente.
Es por eso que en esta nueva vida, no planea fugarse a Essos con su dragón (y wow, espera que ese dragón le obedezca) para vivir como una simple plebeya o una burla de comerciante. No, Helaena se quedará en Westeros, vivirá hasta el final de este cuerpo con el título de 'princesa', teniendo cientos de sirvientes que la sirvan.
¿Y que si tiene que fingir un poco más para lograrlo? Siempre fue la preferida de todos en su otra vida. Su padre la amaba, su madre la amaba, su hermano la amaba, incluso ese jardinero solitario y la chismosa empleada doméstica la querían, aún con su holgazanería y su forma mimada.
Entre el bando Verde y el bando Negro, no elige ninguno. Ambos son un desastre que está a punto de estallar, pero eso no le impedirá usar ambos bandos y luego irse tranquilamente por algún lugar de Westeros a vivir una cómoda vida rodeada de sirvientas que atiendan cada uno de sus caprichos, mientras algún esposo suyo se ocupa de las cosas más importantes en una casa. Ah, le encanta ser una mantenida, Helaena creé que nació solo para ello.
Helaena suelta una risita, mitad risueña y mitad enloquecida, mientras retira su mano de la cabecita de Jaehaera (¿Y no es eso loco? Ahora tiene hijos, hijos sin la necesidad de pasar por el dolor de un parto). Pronto se levanta y se viste lo mejor que puede (si lo que está por hacer no fuese tan importante, enseguida levantaría de la cama a esas idiotas damas de compañía que tendrían que estar cerca para vestirla, pero bien, el tiempo apremia).
Antes de irse de este asqueroso y maloliente lugar, primero tiene que atar algunos cabos y plantar pequeñas semillitas para su cómodo futuro.
::
Aemond es un bicho raro.
¿Sabe ese momento donde estás tranquila en una cafetería, ocupándote de tus propios asuntos, hasta que llega un tipo raro que comienza a mirarte fijamente sin parar? Bueno, así se siente Aemond.
En el instante en el que entró a su habitación, Aemond había dejado todo lo que estaba haciendo en su escritorio para mirarla. Su ojo se abría en una expresión de perpetua complejidad, mientras la observaba atentamente. Era como ver a un cazador antes de que se tire sobre su presa a destriparla con sus dientes.
Solo que Helaena no era una presa.
Ah, tener este rostro tan expresivo hace que todo sea mucho más fácil. Ella solo mira a Aemond con su mejor cara de perdida-asustada-indecisa antes de que el mismo Aemond se levante de la silla para venir a consolarla.
—Hermana, ¿Qué pasa?—. Aemond hace un amague de agarrarla por los brazos, pero al final sus manos quedan en el aire. Patético. Está tan deseoso de que Helaena (o cualquiera de su familia, la verdad) lo toque. —Fue Aegon, ¿No?.
Helaena se retuerce en su sitio, haciéndose más pequeña, antes de tomar un respiro y mirar a Aemond. —Tengo miedo Aemond. Escucho cosas, cosas que me preocupan —. Ante eso, Aemond suelta un suspiro cansado, idiota. Debe pensar que Helaena, la verdadera, está delirando otra vez.
Aemond la guía hasta una de las sillas, cerca del balcón cerrado. —Madre te ha dicho que no temas, los intrusos ya se han ido. Además, nadie se atrevería a hacerte nada conmigo aquí.
El consuelo habría sido tierno de no ser porque conoce a este tipo, sabe que clase de perdedor con problemas de mami es. Helaena niega con la cabeza, cerrando los ojos hasta sentir como le duelen las córneas. Sus manos agarran su vestido, arrugando la tela verde en sus piernas. Aemond se mueve preocupado, bien, que se inquiete, lo necesita incómodo para que esto funcione.
—Helaena voy a llam—. Helaena interrumpe a Aemond, levantándose para acercarse peligrosamente al espacio personal de Aemond. Ella agarra los pómulos angulosos con ambas manos mientras lo mira con ojos desorbitados. Vaya, si no fuese por esos serios problemas mentales que tiene, ella lo encerraría en alguna torre para que sea su semental. Es bastante bonito cuándo la mira con esa expresión necesitada. Ah, Dios da, Dios quita.
—Van a llevarme Aemond. Lejos, lejos de aquí—. Ella sostiene su mirada mientras acaricia la piel debajo de su cicatriz. Estando así de cerca, puede escuchar la repentina y profunda inhalación de Aemond. —Me desangrarán mientras mis hijos miran vulnerables.
Aemond traga saliva, levanta sus manos para ponerlas en sus muñecas. —Tranquila hermana. Ven devuelta a mí, vuelve conmigo—. Helaena siente los deditos ansiosos de Aemond en ella. Perfecto.
—Oh, mi querido hermano. ¿Qué será de nosotros ahora? Tengo miedo, tengo tanto miedo—. Helaena se aparta de Aemond, ella ve como él sigue el calor de sus manos antes de darse cuenta y recuperar la compostura. Helaena se abraza ella misma, mirando perdida la pared llena de libros de Aemond (¿Es ese un manual sobre costumbres matrimoniales valyrias?). Aemond está detrás de ella cuando Helaena se gira repentinamente a su dirección. —Una guerra se avecina hermano, no podemos confiar en nadie más que en nosotros, solo nosotros.
La pupila de Aemond se agrandan hasta casi tragarse el violeta del ojo, sus labios tiemblan sutilmente. Bien.
Helaena vuelve a acercarse a Aemond, está vez utiliza un enfoque menos íntimo, solo agarrando las manos de Aemond y acariciándolas, dejando que Aemond ansié más. -Debiste ser tú, mi querido hermano, tú debiste nacer primero. Aegon es...- Ella suelta un suspiro derrotado, deja que el mismo Aemond ponga las palabras en su boca, que las piense en su mente. —Si tan solo tú te sentarás en ese trono... Ahora que padre ha muerto, ¿Qué nos espera, en manos tan crueles?.
El efecto es inmediato, Helaena sonríe para sus adentros al ver el brillo de convicción en el ojo de su hermano, así como su repentina alerta al escuchar sobre la muerte de Viserys.
::
El bando Verde estaba condenado desde un principio, Helaena solo aceleró esa caída. Solo guío sutilmente a Aemond, el activo más importante de los Verdes, a tomar lo que por derecho creía suyo (niño tonto, como si un mocoso sin experiencia, con claros momentos de impulsividad, fuese mejor que el idiota borracho manipulable). Está en Aemond actuar, y sinceramente, a Helaena no le importa si ambos hermanos se asesinan entre sí, porque de todas formas ella saldrá involuta de ese conflicto.
¿Quién se atrevería a decir que la estúpida Helaena convenció a Aemond de matar a Aegon? La dulce Helaena solo tuvo una de sus tantas crisis. Pobrecita ella.
En fin, ahora necesita concentrarse en otra cosa más importante.
Ella sostiene las manos de ambos niños mientras los hace caminar más rápido, quienes se quedan obedientemente callados, ambos deben estar descolocados ante el comportamiento de su madre. Realmente no le interesa demasiado si los hijos de Helaena viven o mueren (claro, sería bueno que vivan, pero si presentan una amenaza...). Sería muy raro que ella se presente sin sus hijos. Helaena podría ser muchas cosas, pero era bien sabido que amaba a sus niños.
Pronto desacelera el paso cuándo se acerca a la puerta de roble. Hay dos guardias de capa roja apostados en cada lado de la puerta, Helaena los mira por un momento antes de bajar la mirada al suelo.
—Princesa Helaena—. Los npc la saludan formalmente, se habría pavoneado al escuchar el título, pero hay asuntos que atender. Ah, que complicada que es su vida.
Ella asiente antes de hablar, con un tono de voz bajo y medido, proyectando desorientación. —Madre les ordena que ayuden a Ser Arryk a encontrar a Aegon—. Los npc se miran entre sí, indecisos, Helaena frunciría el ceño ante el descaro de la servidumbre, pero tiene un papel que mantener. —Quiero que Aegon abrace a los niños antes de dormir.- Está vez, alza la cabeza, sus ojos aún sin mirar a los guardias uno y dos. —Quiero a Aegon conmigo, por favor, encuéntrenlo.
Guardia dos asiente, ya cumpliendo con su orden, pero guardia uno le da una mirada indecisa, preguntándole si quiere que la acompañe a su habitación. Quiere poner los ojos en blanco y despedir a este idiota, pero desafortunadamente no puede. Solo le inventa una excusa para que ambos puedan irse.
Helaena los observa irse apresuradamente, antes de que ella misma suelte las manos de los niños para abrir la pesada puerta. Dentro de la habitación, Rhaenys, la Reina que Nunca Fue, se gira para mirarla con expresión de enfado, antes de relajar su semblante al ver quién es.
Con Aemond fue fácil, pero con Rhaenys tendrá que usar todos sus dotes actorales. Dios, dale paciencia.
