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Entre Tus Brazos

Summary:

México quedó eliminado del Mundial 2026. A pesar de contar con una nueva generación de jugadores y el inmenso apoyo de la afición, no lograron romper la maldición de los octavos de final. El país quedó asombrado y orgulloso del desempeño de la selección en el campo, pero alguien que no logró demostrar su potencial se sintió responsable de la derrota de su equipo. Hundiéndose en sus pensamientos, el único que podía sacarlo de ahí era un ojiazul más alto que él.

Notes:

Hola! Este es mi primer fanfic oficial que publico y planeo dejarlo aqui por el resto de mi vida. Perdón por cualquier error ortográfico que se me haya pasado. Me gustaría seguir escribiendo fanfics en español, pero la verdad se me dificulta ya que leo y escribo más en inglés. Si tienen comentarios constructivos, por favor díganme cómo mejorar (y con respeto por fis). ¡Lo apreciaría mucho!

XOXO Sofi <3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Tres meses de trabajo duro. Todo había llegado a su fin.

El silbato sonó. Los gritos estallaron, pero solo escuchaba silencio. El verde brillante del pasto ahora se mezclaba con el verde de la bandera, de nuestro uniforme. Sentado en la banca durante prácticamente todo el mundial. Todo había terminado. —¿Por qué está lloviendo otra vez? —Armando preguntaba. El estallido del público se escuchaba a lo lejos. Armando miró a su lado, —Don Memo, ¿por qué está lloviendo?

 

Memo cubrió su boca mientras las lágrimas amenazaban con derramarse. —No lo sé, hijo —respondió. Armando miró a los asientos del estadio. Su bandera ya no ondeaba. Su gente sentada sin moverse. Miro hacia el campo. Quiñones miraba al suelo, con las manos en las rodillas. Armando se levantó y caminó lentamente hacia su equipo. Esos muchachos, que lo habían acompañado en esa oportunidad histórica en el Estadio Azteca, cabizbajos por el 3-2 que se anunciaba en la pantalla. Sus ojos se llenaban de lágrimas mientras caminaba hasta que los brazos de Tala las hicieron caer. ¿Por qué? ¿Por qué había terminado así? Este era su escenario, su gente, su partido, su vida. Los mejores compañeros que hubiera podido esperar de la liga de fútbol más grande del mundo. Por la mañana estaban riendo para despejar la presión y el estrés, y ahora lloraban ante el público que los apoyó desde el inicio.

¿Y si… si él hubiera entrado a jugar? ¿Y si… si esta vez era su única oportunidad en el mundial? ¿Y si … si tal vez este mundial hubiera sido diferente?

—Campeón de goleo de la Liga MX… y Catorce minutos,— pensó al separarse de Tala, —Catorce putos minutos… ¿Acaso no fue suficiente? ¿Acaso no soy suficiente?

Las palabras y los consejos de su padre comenzaban a desaparecer de su mente. El solo ser convocado al mundial era un logro monumental. Era algo de lo que cualquier jugador de fútbol estaría orgulloso de haber sido elegido, pero la frustración de no haberlo logrado lo enfurecía hasta el punto de explotar.

Pero una mirada al niño lo hizo desaparecer. Los ojos de Morita eran más rojos que su bandera. Aun negando con la cabeza y mirando al pasto, Morita levantó la mirada. Lira tomó de la mano a Morita y lo encaminó hacia el equipo. Armando se quedó ahí parado, pero al ver a Edson con los brazos extendidos, comenzó a caminar hacia él. Edson lo abrazó y le sobó la cabeza mientras le susurraba al oído: —Gracias, hormiga. Frente en alto. Siempre—. Las lágrimas ahora caían sobre el hombro de Edson. Durante unos segundos que parecían eternos, Edson le palmeó la espalda y se apartó de él.

Armando se quitó la playera de color verde claro que llevaba puesta durante casi toda su participación en la Copa Mundial, marcando que calentaría la banca. Marcando que calentó la banca todo el partido y que no contribuyó nada a su equipo, a su país, a sí mismo. Todo el equipo caminaba alrededor de la cancha del Estadio Azteca. La última vez que estaría ahí, en ese estadio tan legendario. Comenzó a caminar mirando al suelo. ¿Cómo podría encarar a la gente que confió en él? ¿Cómo podría verse a sí mismo?

 

Una palmada fuerte en la espalda lo despertó de esos pensamientos. Al mirar hacia adelante, el muchacho con el número 26 trotaba mientras aplaudía. Las lágrimas amenazaban con volver a caer, pero la manga de su playera las secó. Con las manos en la cintura, levantó la mirada. Los tres colores adornaban el estadio. Las banderas que se habían detenido tras su derrota volvían a ondear en el aire. Los tres colores de su gente, gritando el nombre del país que amaba, del país que representaba. Sus oídos, que antes no escuchaban nada, ahora escuchaban a su país gritar con orgullo a su equipo. Hacia él.

Javier Aguirre los reunió y Raúl trató de encontrar las mejores palabras de aliento que pudiera ofrecer, pero el dolor de la derrota invadía a la mayoría de los jugadores. El aplauso y el orgullo del público se escuchaba de camino a los vestidores, pero dentro de ellos era silencio. Raúl y Lira se habían quedado atrás para dar las entrevistas después del partido, pero el resto de los muchachos se cambiaban en silencio. El Piojo y el Vega, los más ruidosos del equipo, ahora eran los más callados. La pantalla de los vestidores mostraba el campo del Estadio Azteca. Don Memo, parado en medio del campo, se despedía del fútbol.

Una leyenda. Una leyenda a la altura de Messi y Cristiano Ronaldo. El final de una leyenda… una leyenda que él, Armando “Hormiga” González, pudo haber llevado más lejos.

¿Y por qué no? ¿Por qué no pudo hacer eso? No fue lo suficientemente bueno. —¿Campeón de goleo de la Liga MX? Qué chiste. Qué puto chiste.— pensó.

 

La lluvia y la tormenta eléctrica que habían retrasado el partido ahora volvían a caer sobre ellos, ayudando a mantener los bajos ánimos del equipo.
—Frente en alto, muchachos. Relájense un rato y tomen un baño. Los veo en la cena— Javier Aguirre les dijo antes de bajar del autobús.
Sin ver a nadie, Armando subió a su habitación. Cerró la puerta, dejó caer su mochila al suelo y se lanzó sobre su cama. No supo cuánto tiempo pasó, pero el sonido de la puerta de su habitación abriéndose lo despertó. —Puta puerta de mierda— dijo pensando que la el fuerte aire de la tormenta había abierto la puerta. Brian abrió los ojos al escuchar las palabrotas de Armando, ya que era muy inusual que fuera grosero. Brian traía una charola con dos hamburguesas y dos cocas. —Perdón, no podía abrir la puerta

 

—Por fin, adiós a la dieta, aunque tenemos que estar en forma para cuando regresemos pa’ las Shivas. La Liga MX está a la vuelta de la esquina— Brian dejó la charola sobre la mesa junto a la televisión. Armando, aún en su uniforme y sentado en la cama, observaba a Brian, ya bañado y vestido para dormir. ¿No se sentía culpable por la derrota? ¿Por qué seguía exactamente la misma rutina que cuando ganaban partidos? Estaba actuando como si esta derrota no hubiera ocurrido. —¿Dónde está el control, bro? Muéstrame tus caricaturas— Brian buscaba con la mirada el control remoto, pero encontró los ojos de Armando.

—Andale hormi, ayúdame a buscarlo,— Brian insistió. Al no recibir respuesta, se puso de rodillas para buscar debajo de la cama, pero al no ver nada, se levantó. Brian volvió a mirar a Armando, quien lo veía con lágrimas en los ojos. —¿Qué mierdas fue eso wey? Putos Catorce minutos de mierda!— Armando pasó las manos por su cabello. —¡No pude hacer nada! ¿¡Mejor golero de la MX y mejor calienta bancas del Mundial?! ¿Por qué la gente me aplaudía?! ¿Por qué mierdas gritaban mi nombre?!— Su voz cada vez se alzaba más y más. —Soy un bueno para na-—

Los labios de Brian lo callaron. —¿Qué pedo…? —pensó Armando. Fue tan rápido que Armando no tuvo tiempo de reaccionar, pero los brazos de Brian lo sujetaron con fuerza, mucho más fuerza que los gritos de la afición. Brian lo siguió apretando y los tumbó a ambos en la cama, dejando a Armando sobre su cuerpo.

Los brazos de Armando temblaban, pero aun así sujetaron a Brian. Las lágrimas caían y sus sollozos se ahogaban en el pecho del más alto. —Nunca vuelvas a decir eso, Hormi— le susurraba al oído.

Brian tomó un profundo respiro para calmarse. Brian le palmeaba la espalda y acariciaba el cabello de Armando, tratando de consolarlo. No había nada que decir. Nada que ninguno pudiera decir para calmar la situación. Aun así, las lágrimas volvieron a caer. Los minutos pasaron y Armando ya no tenía lágrimas que derramar. Ya que las palmadas en su espalda habían cesado, miró hacia arriba. Los ojos de Brian estaban mucho más rojos que los de Morita. Sus ojos azules ahora estaban rojos por las lágrimas.

Claro. El dolor que Armando sentía no podría compararse con el dolor de Brian. —Yo… —Brian susurró, dejando las palabras en el aire. Armando alzó la mirada.
—¿Brian…? —Armando acarició la mejilla de Brian, cuyas lágrimas no dejaban de caer. —Yo soy el que no pudo hacer nada…— El corazón de Armando cayó al suelo, —de que hablas Brian? ¡Hiciste mucho por el equipo! ¡Sin ti, hubiéramos perdido 1 a 3! ¡Tú le diste el penal a Raúl! ¡Tú nos diste la esperanza de ganar!
—Pero no los llevé a la victoria… tenía la oportunidad y no pude dar lo necesario…—

Armando entendió. El dolor que él sentía no podía compararse porque en realidad era compartido con Brian, con su equipo. Llegaron tan lejos cuando ambos apenas comenzaban sus carreras profesionales. El país los amaba por haberles devuelto la fe. Dieron todo lo que pudieron en el tiempo que les dieron. Tal vez no ganaron la copa, pero sí ganaron el amor del país. Tanta esperanza y amor por el deporte hicieron que México forjara una hermandad con otras naciones. La hermandad entre la gente de otros países dio origen a diversas comunidades y las fortaleció. Todo México, incluso quienes nunca habían visto fútbol, los apoyaba y los mantenía presentes en sus plegarias. Esa unión es el núcleo, el corazón, de lo que el fútbol significa para el mundo. El mundo los quería y estaba orgulloso de ellos.

Armando le sonrió con ternura, —Solo nos queda entrenar pa’ el próximo. Brian asintió, tomó la mano de Armando, que le sostenía el rostro, y cerró los ojos para sentir su tacto. Segundos después, Brian le palmeó la espalda a Armando y usó su brazo para sentir debajo de la almohada —¡Aquí estaba, wey!—

Brian sacó el control del televisor. Aún con Armando entre sus brazos, prendió el televisor—¿Dónde le picó, bro?—. Armando tomó el control de las manos de Brian para meterse en la aplicación de anime. Al abrirla, el capítulo en el que lo había pausado ayer en la noche se reprodujo. Inmediatamente apagó la tele y hundió la cara en el pecho de Brian. Confundido, Brian le quitó el control y la volvió a prender. —No quiero saber nada de fútbol ahora. Quita Blue Lock—

Brian volvió a prender la tele y seleccionó el único otro anime que conocía y que sabía que Armando veía, Dragon Ball Z. Ambos se levantaron y caminaron hacia las hamburguesas que Brian había traído. “Cha-La Head-Cha-La” sonaba en el televisor. Ambos comieron en silencio. Las lágrimas ya no caían, pero sus ojos hinchados les dolían. Brian trataba de mirar el televisor, pero no tenía ni idea de qué pasaba en el anime, ya que nunca había visto Dragon Ball. En diferentes circunstancias le habría preguntado a Armando que le explicara qué estaba pasando, pero no creía que el más bajo tuviera ánimos para hacerlo. Armando comía mientras veía el televisor, tratando de enfriar la cabeza tras lo sucedido.

 

—Estoy lleno, bro —Brian se volvió a tirar en la cama. —Oye wey, date un baño. Edson dijo que mañana sale el bus a las 12— Armando caminó hasta el armario para buscar su ropa.

—Te va a dar indigestión si te acuestas— Brian se levantó y caminó hacia la puerta,

—Buenas noches Hormi — Armando observó a Brian salir de la habitación y decidió meterse a dar un baño.
Tomó una ducha con agua fría para despejar la mente, pero por más que intentara, no podía olvidar lo sucedido. — Esto es solo el inicio. Mi carrera solo está comenzando. Sí le echo ganas, y con la ayuda de Dios, regresamos en 4 años con más potencia— Se bañó rápidamente, se secó el cabello y salió ya cambiado, listo para dormir.

 

Brian no había regresado, pero Armando decidió recostarse en la cama. El aroma de Brian recién bañado había penetrado en la almohada. Sabiendo que estaba solo, abrazó la almohada e inhaló lo más que pudo. Tantos entrenamientos tan divertidos que nunca había hecho en Las Chivas unieron a ambos. Los cotorreos de el Vega, Santi, Edson y el Piojo. Las bromas de Don Memo y Morita. Los regaños, las instrucciones y las risas con Javier Aguirre. Fue divertido mientras duró, y ahora será un recuerdo que llevará consigo por el resto de su vida.

 

Sus ojos estaban cansados, al igual que su mente, pero antes de quedarse dormido, un relámpago alumbró y retumbó en la habitación. Ese relámpago terminó llevándose la luz y, en tan solo unos segundos, su celular comenzó a sonar de tantos mensajes. Llovían más mensajes en el grupo de WhatsApp que tenía con sus compañeros que las nubes de afuera.

 

Piojo: Don Memo, se fue la luz. Tengo miedo 😱

Vega: 🤡 te va a comer el coco

Quiñones: Ya dejen dormir

Raúl: Ya estaba dormido pero el trueno me despertó

Edson: No estén mamando, que Vasco me dijo que el hotel estaba embrujado

Santi: wey ya 😩 que vas a asustar al niño con el coco

Memo: Duérmanse. O. Dejen. Dormir.

Morita: 😴😴😴

Piojo: El morita ya está dormido que mañana va a la escuela

Vega: No mames 🤣

Brian: Zzzzz

Johan: Ya dejen a los niños dormir 👹

Obed: No hay huevos de andar por el pasillo

Santi: Ahorita wey?

Piojo: A huevo, nos vemos en el pasillo del cuarto del Erik

Vega: No que mucho miedo cabron?

Erik: Nonono vayanse alv

Luis: Jale

 

—Brian ya estará dormido….— Tomó su celular, lo puso en silencio y luego lo dejó en la mesa de noche. Mientras se levantaba de la cama para ir a ponerle el seguro a la puerta, escuchó la voz de Brian del otro lado de la puerta. —Bro, déjame quedarme a dormir aquí porfa.

Armando abrió la puerta, lo dejó entrar y cerró la puerta. Brian venía caminando por los pasillos oscuros del hotel iluminándose con el flash de su celular. Para poder iluminar el cuarto, dejó el flash encendido y colocó su celular junto al de Armando. Se sentó en la cama y apoyó la cabeza en la almohada, sin saber que Armando la había abrazado y olido a fondo antes de entrar. Las orejas de Armando estaban rojas como un tomate, pero agradeció que el flash del celular no llegara a alumbrar donde estaba parado. Le puso seguro a la puerta y fue a sentarse junto a Brian, quien ya estaba recostado en la cama. —Bro, qué suerte que te tocó el cuarto y el pasillo pa’ ti solo. El Obed esta risa y risa viendo pura mamada en el celular y no me deja dormir—

El silencio se adueñó del cuarto. Ese beso, tan corto y tan rápido, daba vueltas y vueltas y no podía salir de su cabeza desde que ocurrió. Quería saber por qué lo había hecho y la única forma de saberlo era preguntándole. —Oye Brian…—

—¿Yeah? —respondió el ojiazul. Armando echó un vistazo rápido a Brian, quien estaba boca arriba con los ojos cerrados. Mirando al suelo, Armando comenzó a pellizcarse el pulgar derecho con nerviosismo. Quería saber qué llevó a Brian a darle ese beso. Tomó un suspiro y preguntó, —¿Qué fue eso de hace rato?

Brian tomó unos segundos antes de responder, —¿Uh? ¿De qué hablas bro?—
Fue como un balde de agua fría, mucho más fría que la de su baño. —Ah, na-nada— Brian, aún acostado con los ojos cerrados, logró alcanzar y tocar los dedos de Armando. —¿De qué hablas bro? —Repitió más lento. Armando se armó de valor para ver a Brian. Una sonrisa burlona adornaba su rostro. —Este güey sabe de qué estoy hablando —pensó. Miró hacia la puerta para confirmar que estaba cerrada. La verdad era que ambos sabían que esa tensión había comenzado desde que conoció a Brian, pero floreció cuando ambos recibieron la noticia de que habían sido convocados a la selección.

A pesar de que Armando no pudo jugar mucho en el mundial, siempre apoyó a todos sus compañeros, pero con Brian ese apoyo era diferente. Sus sentimientos iban mucho más allá de la admiración. La destreza de Brian en el campo cuando jugaba en el Chivas era inimaginable. A pesar de sus errores, muy probablemente causados por los nervios, realizó jugadas maravillosas durante el Mundial. Jugadas que más de una vez les dieron la oportunidad de anotar y continuar subiendo la escalera.

Armando ya no podía ocultarlo más. Se levantó para sentarse más cerca de Brian. Tomó el celular y apagó la linterna. La lluvia se había intensificado, al igual que sus sentimientos. Entrelazó sus dedos con los de Brian e hizo lo mismo que el ojiazul había hecho antes.

 

Comenzó a acercarse a sus labios, pero pronto Brian tomó a Armando por sorpresa, lo agarró de la cintura y lo puso sobre él. Brian inclinó la cabeza y volvió a besar a Armando. El contacto de sus suaves labios hizo que Brian emitiera un leve gruñido. Se notaba la falta de experiencia de Armando al besar, pero se esforzaba al máximo por seguir el ritmo de Brian. Brian sonrió; se dio cuenta enseguida de que, aunque Armando fuera el máximo goleador, aún le faltaba camino por recorrer en este tipo de experiencias. No es que eso le importara, ya que estaría encantado de enseñarle y dejarle practicar tanto como quisiera.

Brian se apartó un poco de él. —Abre tus labios —lo besó de nuevo, pero notó que no los abría. Por más que se esforzaba por ver, afuera estaba demasiado oscuro; además, no quería sacar el teléfono para iluminar, pues eso habría hecho que Armando se sintiera aún más cohibido de lo que ya lo estaba.
—Por favor— suplicó mientras sus labios aún se rozaban. Intentó besarlo otra vez y, esta vez, Armando le hizo caso. Brian comenzó lentamente a mover sus labios, pero pronto se intensificó. La posición en la que estaban incomodaba a Brian ya que no podía hacer de las suyas.

Brian ayudó a Armando a incorporarse y a recostarse contra el cabecero de la cama. Se colocó entre sus piernas mientras le sujetaba la cintura. Armando rodeó el cuello de Brian con los brazos. Brian profundizó el beso deslizando la lengua dentro de la boca de Armando. La falta de experiencia era evidente, pero eso solo hizo que ambos quisieran dar lo mejor de sí mismos.

Brian fue el primero en tocar la lengua de Armando. Lentamente lo invitó a hacer lo mismo, pero era mucho más tímido de lo que creía. Brian se separó de él. —Yo... ah...— Armando lo agarró del cuello del pijama y lo besó de nuevo. Esta vez, Armando tomó la iniciativa. Exploró la boca de Brian, despacio y con seguridad, notando cómo cierta zona hacía que Brian lo apretara un poco más fuerte.

No querían separarse, pero la falta de aire los obligaba a hacerlo. No podían verse, pero sí sentirse el uno al otro. La frente de Brian descansaba sobre la de Armando. —¿Y... ahora qué?

Armando rió entre dientes. —Ahora nos dormimos que va a venir el coco

Brian sonrió y besó a Armando de nuevo. Se acostaron juntos, la cabeza de Armando descansaba sobre el bícep de Brian mientras su brazo posaba en el pecho del ojiazul, sintiendo los latidos de su corazón.

Brian acariciaba lentamente el suave cabello de Armando.
—Mi corazón palpita más que cuando estaba en el campo… —Brian susurró suavemente mientras le acariciaba la mano a Armando, que descansaba sobre su pecho. —Hormi, yo...— Incluso él podía decir que los latidos de su corazón eran aún más intensos que antes —me gustas... ¿Hormi?— lo llamó de nuevo.

A lo lejos se escucharon las risas de Vega, Luis y Santi tras un grito del Piojo. Brian sonrió, pues sus compañeros ya no estaban tan tristes tras la derrota. Descubrió que ya fuera derrota o victoria, tener a Armando en sus brazos era lo mejor que podía sentir en el mundo.
Cerró los ojos y se concentró en los suaves ronquidos de Armando. —Le voy a cambiar el cuarto al Mateo cuando regresemos al Shivas—pensó antes de besar la cabeza de Armando y acompañarlo en un sueño profundo.

Notes:

Llevo 3 días en el mundo de las Chivas y del FIFA. No me quiero ir de aquí lol

Por favor, recuerden que estos brochachos son personas como tú y yo. Esto que escribí es producto de mi imaginación y estoy 99.99% segura de que nunca pasó. Aunque el Chivas ya sepa sobre el Brímiga, por favor no los hostiguen ni presionen para que digan o hagan cosas que no quieren. ¡Ante todo, el respeto va primero!