Chapter Text
Si alguien te hubiera dicho que a la hora de morir te conviertes en un esqueleto andante,que los alebrijes eran reales y caminaban entre los vivos y los muertos o que en general existía toda una civilización de gente fallecida,probablemente habrías llamado a Don Antonio por otro problema de borrachos colándose al cementerio.
Nunca fuiste alguien muy religioso o espiritual,si,participabas a la hora de hacer el altar,regar el cempasúchil por el suelo y poner el pan de muerto,pero más allá de eso nunca creíste que los muertos despertaban de su descanso eterno para ir a comer unas chalupas,siempre intuiste que era una de esas cosas que inventaba la gente mayor,como tener casa propia a los 30.
Te encontrabas poniendo los últimos arreglos antes del atardecer,cuando los adultos regresaban de la jornada,los jóvenes salían de la escuela y las señoras preparaban su tercera olla de tamales,Don Antonio,el encargado principal del cementerio,un señor de manos callosas y uñas con olor a tierra mojada,que a simple vista podría matar a un pájaro con la mirada pero en realidad le daba pena pisar sin querer una tumba.Te había pedido el enorme favor de encargarte del cementerio este día de muertos,puesto a que quería pasar más tiempo con su hija y nietas,agregando que te pagaría extra,a lo que accediste sin pensarlo mucho,no es como si tuvieras ofrendas a las que asistir o familia con la que convivir,algo que Joaquín,el que se encargaba de hacer guardia parecía tener una obsesión con hacer chistes al respecto cada que la oportunidad se cruzaba.
Entre esparcir pétalos por algunas tumbas,aquellas cuyos nombres se habían desvanecido por el pasar de las estaciones,recoger basura (principalmente latas de cerveza),saludar a las familias que preparaban sus propias ofrendas,el día fue lo suficientemente rápido para no pensar en la noche después del trabajo;mirando a las personas reunidas a tus alrededores,niños jugueteando con los pétalos mientras los padres dejaban sus respetos en el altar,personas de todas las edades encendiendo las veladoras,que,a medida que el sol se escondía,iluminaban el lugar con tonos anaranjados.
Ahí fue cuando recordaste la tumba del no tan inolvidable emblema del Santa Cecilia,el famosísimo Ernesto de la Cruz,cuyo mausoleo se asomaba imponente entre las tumbas humildes de los lugareños,resultaba imposible pasar por alto su presencia en el poblado.Habías contemplado que el cantante fuera un tema a destacar cuando recién te mudaste al pueblo,una estatua en medio de una plaza y algún que otro turista curioso,debiste de verte muy imbécil al llegar y ver qué todo el pueblo estaba tapizado a su imagen.Alcancías,figuritas,discos,piñatas de calidad dudosa cubrían cada rincón,todavía recuerdas con ñañaras el desvelo por culpa de tus vecinos con su música a todo volumen cuando recién llegaste.
Comentaste una vez (inocentemente),sobre tu falta de fanatismo sobre la estrella número 1 de México a tu vecina,que te miro como si acabarás de patear un bebé antes de regresar a su casa y que tal vez sea la razón por la que casi ninguno de tus vecinos te dirige la palabra.
Veladoras de todos los colores y tamaños surcaban el camino medida que arrastras tus zapatos al mausoleo,dándole un tenue brillo al mármol de las columnas,opaco y distante en comparación con el campo de vida y colores a tus alrededores,dando pasos lentos pero agigantados por temor a tirar algo.
Metiste la llave con tu mano desocupada,un suspiro escapo de tus labios al entrar al lugar,cerrando la puerta rápidamente para evitar a cualquier entrometido—"solo termino de acomodar estos jarrones y podré irme a mi casa"—te dices a ti mismo en voz alta,rara vez se te permite estar el interior de la tumba de Ernesto,Don Antonio se encargaba de la mayor parte del mantenimiento,tu por otro lado estabas más a cargo de remover las hojas y el polvo a las afueras,contrario al pensamiento de otras personas,agradeces no tener que meterte dentro a riesgo de quedarte en bancarrota ante el más mínimo rasguño a su ataúd.
el único sonido interponiéndose entre el silencio incomodo era el eco de tus pasos a la par que acomodas las flores en los jarrones blancos probablemente más caros que tres meses de tu renta;a diferencia del exterior lleno de luces cálidas,el interior de la tumba era frío y sombrío,el aire gélido del otoño carcomiendo tú piel a pesar de llevar tú gruesa chamarra de confianza.Joaquín te contó todos los sucesos "espeluznantes" de trabajar en el panteón,como lo hacía con todos los nuevos trabajadores que llegaban cada 2-3 meses antes de renunciar cuando caían en cuenta que la paga no valía la pena el riesgo de ser "embrujado",por desgracia para él,eras lo contrario a supersticioso,claro el pago no era *excelente*,pero cubria tus necesidades básicas tal cual el adulto independiente y aislado del exterior que eras.
Tenías miedos más razonables que fantasmas y maldiciones,como el miedo a tener que volver a desayunar,almorzar y cenar comida de microondas como tus primeros meses en Santa Cecilia.
Recogiendo el último de los jarrones para colocarlo en el estante superior derecho,das pasos cautelosos apoyando todo el peso considerable en tu pecho,el contacto de la porcelana fría contra tu camisa enviaba escalofríos por tus hombros,el distinguido olor del cempasúchil que llevabas oliendo desde hace días te daba cosquillas en la nariz.
Lo colocaste con cuidado,conteniendo tu aliento en caso de que pudiera romper la delicada pieza en mil pedazos,soltaste un suspiro (más bien un respiro),al ponerlo en su lugar,ajustando unos centímetros por si acaso,casi se te sale un ojo del espanto al oír un ladrido detrás tuyo,rezando que el can de alguien no se haya orinado en ninguna columna.
Te encontraste un chihuahua sentado encima del ataúd del famosísimo cantante.
Un pequeño "Oh" salió de tu boca,Intentando no entrar en pánico y/o sobre pensar en tu despido si encontraban un cm de pelo de perro en el lugar,tus ojos recorren cualquier rastro de ojos humanos observando,un sonido de alivio escapa de tu garganta al ver el perímetro despejado antes de centrar tu atención en el can—"hola pequeñín"—susurraste a la par que te acercas al perro con cautela,su pelaje era café como el dulce de leche,con un par de manchas blancas en su hocico,pecho y la pata delantera izquierda,tenía unos ojos redondos y brillantes además de la lengua de fuera,se veía sano,no debía de pesar más de 3 kilos,además su pelaje era brillante y abundante,a pesar de no poseer ningún collar,sabías que tenía dueño.
El perro olfateo tú mano curioso—"¿Te perdiste?,¿necesitas ayuda?"—continuas hablando como si mágicamente este te fuera a entender,el chihuahua apoya su cabeza entre tu palma y suelta un gruñido feliz.
Tienes que contener un "aaaaaww" de tu boca para evitar que te oyeran,a juzgar por la cantidad de luz proveniente de las veladoras del exterior,ya debía de ser de noche,podrías meter al pequeño animal dentro de la chaqueta y llevártelo a tu casa sin muchas complicaciones,si Joaquín o alguien más pregunta,dirás que te lo encontraste por ahí y lo llevas lejos del cementerio para que no moleste.Nunca fuiste fan anterior la idea de tener mascotas,pero este perrito se miraba demasiado inocente para causarte muchos problemas,al menos hasta que encontrarás al dueño original.
Lo acaricias un par de veces,su pelaje liso y suave resulta reconfortante contra las llemas de tus dedos,lo agarras como si fuera uno de los jarrones caros que acabas de colocar,el canino se acurruca contra ti mientras lo sostienes fuertemente entre el espacio entre tú chaqueta y el pecho,sacando las llaves de tu bolsillo,ni siquiera necesitas mirarlas para identificar la llave desproporcionadamente grande de la tumba de De La Cruz.
En vez del distinguido click del cerrojo abierto,la llave traspasa la cerradura.
Te quedas en transferencia unos segundos analizando la escena frente a ti,lo intentas otra vez,mismo resultado,tus ojos se abren más y más conforme lo intentas con todas las llaves solo para que estas desaparezcan entre la puerta con un brillo dorado.Tratas de tomar la perilla con tu mano y está traspasa la madera como si nada,la sensación análoga contra tu piel te arranca un grito de sorpresa.
El chihuahua te mira por unos segundos antes de saltar de tu chamarra y traspasa las paredes del mausoleo con total tranquilidad—"hey!,¡vuelve aqui!"—lo sigues de inmediato,ignorando todo a tu alrededor a excepción del sonido de tus zapatos contra la terracería y tu respiración,no es hasta que tus zapatos tropiezan contra algo que lo pierdes de vista,cayendo contra el piso cubierto de hojas secas.—"Oh..pobre,¿necesitas ayuda?"—escuchas al lado tuyo,una mano enguantada aparece frente a ti,la tomas a la par que sueltas un tímido y suave "gracias",sus dedos son delgados y fríos,además de antinaturalmente alargados,pero quien eres tu para juzgar las manos de la gente.
Te acomodas el cabello para ver mejor la silueta de una mujer,llevaba un vestido color orquídea largo y elegante acompañado de un sombrero igual igual de largo con detalles de encaje blancos,parecía salido de otra época;parpadeaste un par de veces para enfocar mejor la vista a su rostro,antes de darte cuenta que realmente no tenía uno y estabas,inconfundible mente,en frente de un cráneo con ojos vivientes.
Ambos se inspeccionaron de pies a cabeza por una fracción de segundo,antes de que la mujer grite y aparta la mano,retrocediste unos pasos,tratando de recuperar el control de tu cuerpo en estado de shock ante la imagen frente a ti hasta que chocas contra algo y escuchas huesos chocando entre sí,seguido de un cráneo rueda por debajo de ti hasta que sus cuencas se encuentran con tu cara.
"¿Te importa—suelta la cabeza de lo que parece ser un hombre de mediana edad,no te quedas parado lo suficiente para escuchar el resto de su sermón,hechas a correr hacia cualquier otra parte lejos de lo que sea que estuviera pasando.Las figuras huesudas rodeaban todo el lugar,todas parecían dirigir su mirada hacia ti tal cual fueras una anomalía de la naturaleza,algunas asustadas,otras molestas,la mayoría con un asombro en sus ojos,intentaban acercarse a ti como un niño viendo una jirafa por primera vez en el zoológico.Cubriendote con la capucha de tu chaqueta para intentar evadir más miradas,sientes que el corazón te vuelve a latir cuando logras divisar la figura de un Chihuahua familiar con manchas blancas parado a unos metros de ti,moviendo la cola de forma juguetona.
Lo levantas del suelo sin resistencia,para ser de una raza tan peleonera,no parece tener ningún problema con ser cargado,sus pequeños ladridos te envían una sensación de calma y seguridad,dejas escapar una risita entre la pesadilla de toda esta situación.
De repente el animal se pone inquieto,moviendo sus patitas en todas las direcciones antes de bajarse de tu agarre al suelo.
El perro giró su cabeza en múltiples direcciones,más o menos como si buscara algo entre su limitado campo de visión,antes de dirigirse a ti y jalar de tu vestimenta con fuerza casi te tropiezas otra vez—"oye,oye,pequeñin,no me iré a ninguna parte"—contestaste,el perro te miro unos segundos,jurarías que acababa de rodar los ojos antes de volver a jalonear con todas sus fuerzas.Intentas en más de una ocasión hablar con alguien a tu alrededor antes de caer en cuenta lo inutil que resulta hablar con alguien cuando eres intangible e invisible ante sus ojos.
A este punto estabas depositando toda tu confianza en este perro,no es que disfrutaras la idea de seguir entre un montón de esqueletos,los cuales parecían amontonarse alrededor tuyo con cada minuto que pasaba.
Pensándolo bien,no es como si tu situación fuera el productor de unas criaturas mágicas humanoides hechas de hueso;es más,seguramente dejaste caer uno de los jarrones de cerámica blanca,rompiéndolo en mil pedazos,provocandote un desmayo ante la simple idea de imaginar la cantidad de dinero que perderás,que resultó en que golpearas tu cabeza contra el piso y causando toda esta alucinación realista e inquietante.
Cada vez que te salias del camino imaginario trazado por el perro,te ladraba y empujaba su cabeza contra tus zapatos a la dirección correcta,que resultó ser un puente enorme,no,gigantesco,hecho enteramente de cempasúchil,realzandose majestuoso contra las lapidas,pétalos de todos los tonos naranjas y amarillos en una combinación de colores espectacular,también parecía ser la fuente de todas esas figuras extrañas entrando y saliendo del cementerio,el pequeño animal dió saltitos por el camino de flores,como si quisiera demostrarte que no corrias ningún peligro,pones un pie con algo de inseguridad,luego otro y el siguiente,avanzando mientras cubres tu rostro de los demas,ganandote una que otra mirada extraña,de todas formas no tenías mucho tiempo para quedarte a observar antes que alguien te despertars.El paisaje fue cambiando del cementerio local de Santa Cecilia seguido de un cielo oscuro con neblina a tus costados,hasta edificios que desafiaban las leyes de la arquitectura,alebrijes (¡alebrijes de verdad!),cada minuto tu boca se abre más en una "O" del asombro,luces de todos los colores,estructuras extravagantes,vitrales intrincados,solo esperas que la herida en tu craneo no haya sido tan fuerte teniendo en cuenta lo realista que era esta alucinación.
Divisaste una edificación muy parecida a una estación de tren no muy lejos de ti,lo que te impulsó a tomar al chihuahua (por consideración a sus piernas cortas),aceleras el paso aún procurando no dejar tu cara muy al descubierto.Llegas en un par de zancadas a la par que te sacudes el cempasúchil de las piernas,un esqueleto con uniforme impecable sentado en una caseta (afortunadamente sin fila).
"¡Buenas noches!¿regresa tan pronto?,¿Disfrutó de su visita?,¿tiene algo que declarar?"—preguntó con un tono alegre como si fuera tu amigo de toda la vida,apoyando su brazo en el borde de la caseta mientras agarraba lo que parecía ser un portapapeles de madera y una pluma—"Uumm..bueno.....algo por el estilo"—decides quitarte el gorro,sabiendo que no te servirá de mucho teniendo a alguien cara a cara,el chihuahua sale de entre tu chamarra,como si también quisiera ser visto por el guardia,el cual abre los ojos hasta que parece que se le van a salir de sus cuencas y deja caer su mandíbula.
