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Ferran estaba sentado en el borde de la cama de su habitación de hotel. Su pierna se movía ansiosa y se mordía las uñas con un nerviosismo que apenas podía disimular. No dejaba de mirar la puerta del baño, una y otra vez, como si sus ojos pudieran traspasarla.
Pedri y Gavi habían entrado hacía casi veinte minutos. Ferran también quiso entrar, pero Pablo le pidió que por favor esperara afuera. "Es cosa de omegas, tú quédate aquí". Ferran quiso protestar, quiso decir que esto también lo incluía ya que técnicamente tenía el 50% de la culpa, pero entendía que este era un momento vulnerable, un momento que era casi un ritual sagrado que los omegas compartían con sus omegas más allegados y Pablo era su mejor amigo casi su hermano. Pero, aun así, la ansiedad lo estaba devorando. ¿Por qué carajos tardaban tanto?
Pedri llevaba días con síntomas: mareos, náuseas, sensibilidad ante los olores. Y la prueba más evidente, la ausencia de su periodo, que debía haber llegado hacía un mes, pero con el inicio del Mundial no le había prestado atención. (Al resto de los síntomas le habían dado la explicación del estrés de la competencia) Hasta que, durante un descanso del entrenamiento, Gavi mencionó que el aroma de Pedri era mucho más dulce de lo normal, casi empalagoso. Un olor característico de Omega embarazado.
Cuando Pedri le contó las sospechas de Pablo, Ferran se quedó en shock. Era una posibilidad. Joder, era una posibilidad muy plausible si tenía en cuenta que solo usaban preservativos para el sexo anal. Pero el canario tomaba supresores. Los supresores eran anticonceptivos, ¿verdad? Eso decían Internet y los libros de texto de Biología. Pero los supresores podían fallar. Además, Pedri llevaba mucho tiempo tomándolos; quizá su cuerpo se había vuelto más resistente. Eso dejaba una ventana de posibilidad a que...
No. Ferran no iba a sacar conclusiones antes de tiempo. Iba a esperar. Iba a esperar a que las dos omegas salieran del baño y le dieran la noticia. A partir de ahí, ya vería que hacer.
Cinco minutos después, la puerta se abrió. Ferran se puso de pie de un salto, pero quien salió no fue su omega, sino Pablo, el mejor amigo de Pedri.
—¿Está todo bien? —preguntó Ferran, con la voz tensa.
—Sí, solo está un poco asustado —dijo Pablo.
—¿Él... él está...? —
—Eso te lo dirá él mismo —respondió el otro omega, señalando la puerta con un gesto—Les daré tiempo para que hablen. Estaré en mi habitación, avísame si necesita algo—
En cuanto Pablo salió, todos los sentidos de Ferran se enfocaron en la puerta del baño. Y entonces apareció Pedri, en el marco, con un pequeño rectángulo de plástico entre sus manos temblorosas. El omega se acercó lentamente a su alfa, respiró hondo y levantó la prueba, mostrándosela a Ferran.
—Estoy embarazado —dijo, y las lágrimas rodaron por sus mejillas.
Ferran sintió que el mundo se detenía. Una mezcla de temor y euforia le recorrió el pecho. Pero antes de dejarse llevar por las emociones, se obligó a preguntar
—¿Y tú... estás feliz por eso? —
Esa respuesta era muy importante para el alfa Ferran deseaba tener cachorros con Pedri, lo deseaba con toda su alma, pero sabía que era el cuerpo de Pedro. Seria Pedro el que cargaría con el cachorro durante nueve meses, el que le creceria el pecho y el vientre, el que viviría los cambios de humor, el que soportaría las náuseas y el parto, el que pondría su carrera en pausa quizá un año para ser madre. Así que aquella decisión solo le pertenecía a su omega. Si Pedri quería interrumpir el embarazo, Ferran lo respetaría y lo apoyaría.
—Yo... yo lo estoy —dijo Pedri con una pequeña sonrisa temblorosa—Yo quiero tener a tus cachorros—
Ferran no pudo contenerse. Prácticamente se lanzó contra él, lo levantó en brazos y lo hizo girar en el aire, arrancándole una risa a él omega.
—¡Vamos a ser papás, Pepi! ¡Vamos a tener cachorros! —exclamó Ferran, con una felicidad que se le desbordaba por cada poro.
—Voy a ser la madre de tus cachorros —susurró Pedri, abrazándose a su alfa con lágrimas de alegría.
—Estoy tan feliz... tan jodidamente feliz —dijo Ferran, apretándolo contra su pecho.
—Yo también estoy tan feliz... —dijo Pedro
Ferran lo bajo dejando los pies del omega contra el suelo, pero aun así no lo solto,siguio abrazándolo por la cintura con demasiada ternura.
—Me puso nervioso toda esa espera pensé que habia pasado algo malo —
—Bueno, los primeros cinco minutos fueron Pablo animándome a que me hiciera la prueba. Tres fueron esperando a que saliera el resultado y el resto fue Gavi calmando mi miedo —
—¿Miedo de que? — pregunto Ferran alzando una ceja
— Tenía miedo de que no quisieras tenerlos... de que te enojaras conmigo —confesó el canario, con la voz aún quebrada.
Ferran lo miro como si le hubiera salido una segunda cabeza ¿El enojarse con su omega? ¿Por darle cachorros y hacerlo el alfa más feliz del mundo? Ni en los más locos escenarios ficticios.
—¿Enojarme con mi omega por tener a mis cachorros? Eso jamás—dijo Ferran dándole un beso en la frente
Luego se arrodilló, apoyó la cabeza contra el vientre apenas hinchado de Pedri y comenzó a hablarle a esa diminuta vida que crecía dentro.
—Tú, cachorro, serás mi tesoro más grande. Voy a mimarte y a comprarte todo lo que quieras. Tendrás tu propia habitación, y un perro, y te enseñaré a jugar al fútbol, y te daré helado en el desayuno, y jugaremos videojuegos...—
Pedro soltó una risa aguada
—Aún no ha nacido y ya lo estás malcriando—
—Un padre debe cuidar de sus cachorros —respondió Ferran, plantándole un beso en la pancita antes de levantarse.
Ferran tomo la mano de Pedro y lo llevo hasta la cama para que se recostaran en el cabecero de la cama con el omega entre sus piernas. Empezó a acariciar su pancita con una sonrisa, estaba absorto en el momento hasta que de repente, la euforia bajo y la realidad de la vida golpeó a Ferran.
—¿Vas a poder jugar el resto del torneo? — pregunto genuinamente preocupado
—Sí. Según mis cálculos y los de Pablo, debo tener entre cuatro y siete semanas, así que aún puedo jugar —dijo Pedro—Tendré que hablar con De la Fuente y el cuerpo técnico, pero estaremos bien, tal vez no juegue de titular pero que jugare jugare—
—Ni un cachorro podrá parar a Pedri el mago —bromeo Ferran
—Soy una maquina imparable —
—Oh, por cierto, tengo que llamar a mi madre. Se va a poner tan feliz... y también a tus padres—dijo Ferran recordando que debían compartir la noticia.
—Sí, pensaba llamar a mi madre después de la cena. Y también le diré al resto del equipo —respondió Pedri
—Todos van a mimarte demasiado —río Ferran, recordando cuando Morata estuvo embarazado y toda la selección, incluidos los más jóvenes, lo colmaron de atenciones y prácticamente le hacían todo.
Pedri sonrió y se acurrucó más contra su alfa, buscando su calor, su olor.
—Estoy feliz de que tú seas mi alfa... y de que seas el futuro padre de mis cachorros—
Ferran le dio un beso en la sien y lo abrazó, acariciando su vientre con movimiento circulares, su pequeño cachorro estaba creciendo ahí dentro,formandose,absorviendo nutrientes para hacerse grande y fuerte.
—Umm, ¿podemos tomar una siesta? —murmuró Pedri cerrando los ojos, las caricias en su pancita lo estaba adormeciendo—Tanta emoción me agotó—
—Descansa. Yo te cuido —susurró Ferran
Estaba tan feliz que ni siquiera cuando ganaron la Liga había sentido algo igual. La única felicidad comparable había sido el día en que Pedri aceptó ser su omega (Aunque esta alegría de ser padre era eso multiplicado por mil). Ahora, con aquella diminuta vida entre ellos, Ferran ya quería gritárselo al mundo entero. Decirles a todos que aquel omega hermoso iba a ser la madre de sus cachorros, que sería su esposo, que formarían un hogar.
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Ferran tenía la mente puesta en el campo.
De la Fuente lo había puesto como titular, y él iba a hacer todo lo posible para que el técnico no se arrepintiera de su decisión.
El partido era importantísimo. Eran los primeros cuartos de España en dieciséis años, y definir el pase a semifinales era crucial. Ferran corría por el campo con una energía despordante,pero de vez en cuando, casi sin poder evitarlo, sus ojos se desviaban hacia su omega, que estaba en el banco. Cada vez que el juego se detenía un segundo, Ferran escaneaba su cuerpo, su respiración, buscaba cualquier señal de que algo no estuviera bien.
Quizá era un poco paranoico, pero su omega estaba embarazada. No podía evitarlo.
Los minutos corrían. España apretaba, buscaba un gol con desesperación. Lamine remataba, los delanteros subían y bajaban, pero el marcador seguía en blanco. Lo buscaban con desesperación, pero el gol no llegaba.
Hasta que, en el minuto 29:19, Lamine filtró un pase a Porro, que mandó el balón al punto penal hacia Dani Olmo. El '10' remató a puerta, pero Courtois,el mejor arquero de la Liga española lo tapó. Sin embargo, la jugada no se detuvo. El portero belga no logró atrapar el balón con seguridad, y Ferran, que se acercaba por la derecha, apareció para rematar el esférico y clavarlo en el fondo de la red.
Ferran no lo pensó. Corrió hacia el córner, tomó el balón, se lo metió bajo la camiseta y se chupó el dedo pulgar con una sonrisa mirando al público que estallaba en jubilo.
La celebración no dejaba espacio a dudas. Era el gesto clásico que los jugadores alfas hacían cuando sus parejas estaban embarazadas. Además, era de público conocimiento que Pedri y Ferran salían, sus fans amaban a la pareja, hacían edits,fanfic,dibujos y un sin fin de publicaciones (Sin duda al ver la celebración ya estarán haciendo 500 Tweets al respecto). Pero si a alguien le quedaba alguna duda, esta se disipó en el instante en que Ferran corrió hasta el banquillo y Pedro se lanzó sobre el en un fuerte abrazo, el alfa lo tomo de la mano y lo giro hacia la grada, lo abrazó por detrás, colocando una mano protectora sobre su pancita y besando su mejilla con una ternura que derritió a todos.
El estadio estalló en celebrarcion,los canticos ya presentes por el gol se hicieron aún más fuertes, Incluso algunos aficionados belgas también aplaudieron.
Ferran estaba eufórico. Había marcado un gol en el Mundial, su omega estaba embarazado, y le había dedicado aquel tanto a su futuro cachorro. Ya se imaginaba años después, sentado con su hijo o hija en el sofá, reproduciendo el vídeo de aquella celebración. "Mira, pequeño, así celebramos tu llegada."
El partido continuó, pero la sonrisa de Pedri y Ferran no se borró en ningún momento. Ni siquiera cuando Bélgica empato o cuando Mikel marco para cerrar la victoria. Ellos dos flotaban en su propia burbuja de felicidad completamente ajena al Futbol.
Cuando el árbitro pito el final y España selló su pase a semifinales, Ferran, que había salido de cambio por Baena, corrió al campo como un cohete. Allí estaba su omega, que había entrado por Fabián en el 55' y sin mediar palabra, Ferran lo besó. Lo besó con todo el amor contenido, con la euforia del gol, con la felicidad de la clasificación, con la ilusión del futuro que crecía en el vientre de Pedri.
—Te amo —dijo el delantero, con la voz entrecortada por la emoción.
—Yo también te amo, Ferran —respondió Pedri, apoyándose en su amplio pecho—No puedo creer que hayas hecho esa celebración—
—Quería que todos supieran que ahora eres la madre de mi cachorro—
—Sin duda eso estará en todos los titulares —rio Pedri.
—Y que lo esté. Guardaré las noticias, la imprimiré y pegare en un álbum y se las enseñaré al cachorro cuando crezca. Para que sepa cuánto lo amábamos incluso antes de que naciera —dijo Ferran, con una sonrisa que le iluminaba todo el rostro.
Pedri lo abrazó más fuerte, con los ojos brillantes de emoción. Sin duda, había escogido bien al padre de sus cachorros.
La burbuja se rompió cuando Pablo se lanzó sobre la pareja con una sonrisa de oreja a oreja.
—¡Vamos, tortolitos, hay que ir a celebrar! —exclamó el otro omega, saltando de felicidad— ¡Tu bebé va a vivir unas semifinales, eso hay que celebrarlo! ¡Vamos, vamos, los chicos esperan! —
El menor agarró a Pedri de la mano y prácticamente lo arrastró hacia el resto del equipo, que ya celebraba cerca de la afición.
Ferran sonrió al ver a su omega siendo abrazado y prácticamente obligado a saltar por Gavi. Pedri tenía una sonrisa enorme en la cara, y Ferran amaba verlo feliz. También le gustaba ver al mejor amigo de su omega siendo tan dulce con él, integrándolo en la celebración, pero protegiéndolo si algún jugador muy distraído por la emoción se acercaba demasiado a su pancita hinchada. Sin duda, Gavi sería un gran tío. Uno muy protector, pero también dulce y cariñoso. (Si algún día el cachorro tuviera un problema en la escuela, seguro Gavi iría a defenderlo, aunque fueran niños de 4 años)
La mirada de Ferran se encontró con la de su omega, y Pedri le hizo una seña para que se acercara. Ferran no lo pensó dos veces, cruzó el césped a zancadas, con la sonrisa más grande del mundo.
Esta era la vida que siempre había querido. Marcar goles, ganar con el equipo, celebrar con su omega y tener a sus cachorros. No pedía nada más.
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Ferran caminaba rumbo al autobús con una sonrisa que no podía borrar de su cara. Ya quería llegar al hotel, acurrucarse con su omega y, tal vez, disfrutar de un poco de sexo suave. ¿Era prudente durante esta etapa del embarazo? Hmm... lo investigaría en el trayecto. Si internet decía que no era prudente no lo haría, pero,joder,necesitaba sentir a su omega, empotrarlo contra la cama, besarle todo el cuerpo,adorarlo,mimarlo,hacerlo suyo. Repetir lo que hicieron esa noche en la que concibieron a su cachorro, pero mucho más suave y sin tantos azotes.
Mientras pasaba por la zona mixta, vio que Pedro estaba dando una entrevista a un periodista. El omega se veía tan tranquilo y relajado mientras hablaba con el reportero,respondia con una sonrisa educada y se reía achinando los ojitos.
El alfa se acercó sin dudarlo y abrazó a su omega por detrás, apoyando la cabeza en su hombro. Siempre había sido un alfa cariñosa, pero desde que supo del embarazo, prácticamente estaba pegado a Pedri como si fuera su sombra.
—Oh, Ferran, justo hablábamos de tu gran celebración —dijo el periodista con una sonrisa
—Fue una gran celebración para un gran gol, ¿no cree? —respondió Ferran con la voz llena de orgullo.
—Oh, por supuesto. Y ha enloquecido las redes sociales —comentó el periodista, acercando el micrófono al alfa—¿Es esa celebración una especie de anuncio? —
Ferran miró a su omega, acariciando suavemente su pancita mientras lo instaba a hablar.
—Pedri...Dilo tu —dijo, con la voz llena de amor.
—Bueno, creo que es bastante obvio —rió el omega—Pero... sí. Ferran y yo vamos a tener cachorros—
—¡Voy a ser papá! —exclamó Ferran con emoción
—Y yo voy a ser mamá —
—La mejor mamá omega — dijo Ferran mirando al omega
—Eso es maravilloso, nos alegra mucho la noticia —dijo el periodista, genuinamente emocionado—¿Ya tienen algún nombre? —
—Aún es un poco pronto, no sabemos si es niño o niña —respondió Pedri, con una mano sobre su vientre—Pero sea lo que sea, lo vamos a amar—
—Lo amaremos con todo el corazón —dijo Ferran
—¿Le enseñaran a jugar al futbol? —
—Oh por supuesto. Y sin duda será un gran jugador de fútbol —bromeó Ferran—La próxima gran leyenda de España—
—¿Mediocentro o delantero? —preguntó el periodista
—Mediocentro como yo, sin duda —dijo Pedri con una sonrisa cómplice.
—Delantero como su padre, que somos los que marcamos los goles —replicó Ferran, levantando una ceja.
—Los mediocentros crean el juego —respondió Pedri, dándole un golpecito en el pecho.
—Ta vez quiera ser portero—bromeo el periodista
—Mientras no sea del Madrid que sea lo que quiera ser —dijo Pedro con una sonrisa
El periodista y Ferran se rieron. A pesar de lo que decía el omega, Ferran estaba seguro de que, aunque el cachorro decidiera ser del Madrid, Pedro lo amaría con locura, porque ese cachorro es más importante que cualquier rivalidad futbolística.
—Nos alegramos mucho por la feliz familia. Mucha suerte en semis, chicos—
—Gracias —dijeron los dos españoles al unísono.
Ferran tomó la mano de su omega y caminaron hacia el autobús, ambos con una sonrisa que iluminaba sus rostros.
—Me gusta como suena eso —dijo Ferran, apretándole los dedos.
—¿El qué? —pregunto Pedro —¿Que todo estaría bien mientras no fuera del Madrid?
Ferran se rio y nego con la cabeza
—No,no,no eso no —
—¿Entonces? —
—Me refiero a lo de "Feliz familia". Me gusta que seamos una familia —dijo el delantero, rodeando los hombros de Pedri con su brazo y atrayéndolo hacia él.
—Eso somos ahora... una familia —susurró Pedri, y la palabra le calentó el pecho.
—Una familia que le brindara todo el amor del mundo a este cachorro —dijo Ferran señalando la pancita de Pedro
Cuando Pedri aceptó ser el omega de Ferran, claro que había imaginado que algún día formarían una familia. Pero con sus carreras tan exigentes, con el fútbol devorándoles el tiempo, lo veía como un sueño lejano, casi imposible. Algo bonito que pensar antes de dormir, pero nada más.
Sin embargo, ahora, sentado en el autobús de la selección, con el alfa acariciando su pancita y besando sus sienes, se daba cuenta de que estaba viviendo ese sueño. La familia Torres González iba a tener un heredero. Un cachorro que todos iban a amar. Una muestra de su gran amor hecha persona.
Pedri cerró los ojos y se dejó llevar por el vaivén del autobús, por el calor del cuerpo de Ferran contra el suyo.
Y dentro de unos meses, cuando viera a Ferran cargar a su primer cachorro con lágrimas en los ojos, se daría cuenta de que aquello era mejor que ganar un Balón de Oro. Porque tenía una familia hermosa y eso ya era ganar en la vida
