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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-07-14
Words:
1,161
Chapters:
1/1
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4
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70
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4
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309

El cielo nunca cambiará

Summary:

Quackity tiene una nueva vida con Pepito en donde puede finalmente ser feliz, pero aún así extraña a cierto doctor cada que mira hacia el cielo. A Multi no le gusta la lluvia, lo pone ansioso, pero a su vez le recuerda a su estrella, donde sea que se encuentre.

Notes:

Tenía qué escribir esto porque llevo llorando desde ayer y no paro jajaja. Si algún amigo polaco quiere que lo traduzca puedo intentarlo.

Work Text:

—Es bastante callado aquí ¿verdad?

Quackity sonríe sentado en las escaleras que llevan hacia la casa de su hijo mientras tiene al niño en sus piernas, abrazándolo, rodeado de aquellos pilares negros y observando a los enderman solamente existir.

No estaba seguro cuánto tiempo llevaba ahí, era difícil saber después de un rato, perdias la noción del tiempo al no haber día o noche, quizás llevaba unas semanas viviendo con su hijo Pepito.

Su rutina se resumía en, despertar, hacer el desayuno, platicar sobre cosas aleatorias (que en su mayoría era Pepito el que se la pasaba hablando y Quackity escuchando), construir el garage, el segundo piso o sembrar y hacerse cargo de los pocos animales que había ahí, almorzar, jugar un rato, cenar, bañarse e irse a dormir. Una rutina que para muchos no parecía emocionante pero que para Quackity le parecía lo mejor del mundo.

Algo que ni con su hija pudo hacer por ser mal padre, pero que con Pepito podía redimirse.

El niño se mueve en su regazo para observarlo en silencio.

—¿Pasa algo Apa Quack?— pregunta con inocencia pero preocupación a su vez. Nota que hay algo diferente con su padre solamente por el tono de voz, sonaba más... melancólico.

Por su parte el híbrido de pato se mantuvo en silencio, su mirada desplazándose hacia el cielo. El cielo de ese lugar era precioso, una combinación de azules, morados y negros con estrellas brillantes que los iluminaban.

Le gustaba mucho ese cielo.

Aunque por su parte también extrañaba el azul intenso de un cielo despejado. Ese color le recordaba siempre a Multi.

Multi...

Su pecho se apretó con tristeza.

Con la última conversación que tuvieron sabía que el científico quería hacer de todo para que Quackity no hiciera lo que terminó por matarlo. O quizá no estaba muerto... No estaba seguro, pero lo que si sabía es que ese ya no era su mundo, no era la isla y no estaba seguro de cómo regresar.

No es como que quisiera hacerlo de todos modos.

Pero estaba preocupado, sabía que Multi lo había dejado ir muy en contra de su voluntad, y le había ofrecido un lugar al qué regresar, un hogar.

Quackity nunca había tenido un hogar.

Sí, había tenido muchas casas. Su estatua, el norte, su cama en la cueva polaca, el sur que nunca terminó de construir, pero nada se había sentido como un hogar, solamente como lugares en los que podía ir a dormir.

Estaba muy agradecido de haber coincidido con alguien como Multi. Le había dado la chispa de esperanza de que las cosas podrían ser diferentes, de que alguien podría hacerle frente a las atrocidades que cometía Cucurucho.

—Sabes Pepito. Ojalá hubieras conocido a Multi, está algo loco pero tiene corazón.— Quackity ríe recordando que no pudo dejar morir a un huevo, así como él no pudo matar a ninguno en la primera isla.

El niño se quedó un momento viendo al pelinegro que mantenía la mirada en el cielo para después mirarlo también apretando el brazo de su papá Quacks con la manos, el que rodeaba su cintura.

—¿Lo extrañas?

Quackity revoloteó sus alas que apenas habían empezado a sacar nuevas plumas, sin dejar de ver las estrellas.

Después, una sonrisa se dibujó en su rostro.

—Sí.

Pepito no preguntó más y ambos se quedaron viendo el cielo con un silencio cómodo entre ellos.

Quackity llevó la manga de su sudadera a su nariz. Era sutil pero todavía estaba ahí el olor a desinfectante, limpiador, libros viejos y ligera acidez de material radioactivo. El olor de Multi.

Su corazón revoloteó como reconociendo un lugar seguro.

Lo extrañaba.

 

*.*.*.*.*.*.*.

 

Estaba lloviendo.

A Multi no le gustaba la lluvia.

Realmente no tenía nada contra ella, le gustaba el olor a tierra mojada y el color grisáceo del cielo. Más bien no le gustaba por lo que representaba en su mente.

Siempre que llovía recordaba a Quackity. No supo en qué momento empezó a asociar la lluvia con él, siempre que las gotas de agua comenzaban a caer del cielo su pecho se apretaba y ese tirón que comenzaba en su estómago de ansiedad se hacía presente. Su mente en seguida pensaba en el pelinegro, en dónde estaría, en qué estaría haciendo.

Llevaba casi tres meses desde la última conversación que tuvieron y desde ese día no volvió a ver a Quackity. Multi supuso que su plan había fallado ya que Cucurucho seguía apareciéndose de vez en cuando por la isla. Pero como hombre de método científico que era, no había qué hacer demasiadas hipótesis como para saber que el plan de matarlo había fallado.

No sabía si Quackity estaba muerto.

Pero algo le decía que no.

El problema era que no sabía dónde estaba. Si estaba bien, si quería regresar a su lado, porque sí, Multi le había dicho que en cuanto quisiera volver él estaría ahí para darle la bienvenida, porque era su familia.

Pero realmente, lo que quiso hacer en ese momento fue rogarle que no se fuera. Que encontrarían otra manera. Sin embargo Quackity estaba decidido, llevaba más años de los que él llevaba en la isla siendo torturado y queriendo matar a aquel oso, Multi no tenía ni el derecho ni el corazón de pedirle abandonar por lo que había estado luchando.

Aunque le hubiera encantado.

Busca en su bata mientras observa el cielo grisáceo del que comienza a apretar la lluvia mojando el césped y comenzando a desprender aquel aroma a tierra mojada que tanto le gustaba pero a su vez lo ponía ansioso y la razón era justo la misma, eso olía al pato. Estaba en la entrada de la cueva polaca y mientras siente las gotas mojar su cabello termina de rebuscar en su prenda sacando una pluma dorada.

Una pluma de Quackity. El único recuerdo que tenía de él.

—Está lloviendo. Espero que te encuentres bien.

Exclama mientras pasa la pluma por sus labios sintiendo la suavidad de la textura mientras cierra los ojos tratando de extraer el aroma. El mismo aroma que desprendía la tierra, agua, viento, algo natural y algo cítrico; Quackity olía a libertad, curiosamente, algo que nunca le dieron.

Inhala llenándose de calidez su pecho; el aroma grabándose como fuego en su corteza cerebral encendiendo la amígdala de su cerebro pasando por varias emociones a su vez. Felicidad, tristeza, melancolía, enojo, añoranza.

No sabía si volvería a ver a Quackity.

Pero dentro de él, una chispa de esperanza se negaba a apagarse.

Lo extrañaba.

La lluvia le recordaba a él mientras que a Quackity las estrellas y el cielo le recordaban al doctor.

Y se añoraban.

Quizá algún día podrían volver a estar juntos.

Y mientras ese día llegaba mirarían al cielo al mismo tiempo, y sus corazones se sentirían conectados, como lo están sus destinos.

Porque en la isla o en el end. El cielo no cambiaba, era el mismo. Y así como el cielo nunca cambiará, sus sentimientos tampoco.

*.*.*.*.*.