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—¿Qué te pareció la película que vimos hoy, Shadow?
—Fue un poco extraño. ¿Por qué el humano tenía que arrastrar a su esposa y pelearse con su cuñado?
La adolescente reflexiona sobre eso por un momento, acomodando su dedo índice sobre una mejilla mientras observa algún punto del vacío, como si este pudiera darle la respuesta.
—Yo tampoco lo tengo muy claro —responde ella—, pero creo que era porque el esposo estaba tratando de respetar las costumbres del lugar.
Shadow se remueve de su asiento con incomodidad, mirando la pantalla que tiene enfrente, donde siguen corriendo los créditos de la película. Ambos están en la sala de estar; desnudaron antes los sillones para poner todos los cojines en el suelo y crearse una cama improvisada. Hay una iluminación tenue y cálida que viene desde las lámparas a los costados, lo que permite un asomo de oscuridad para apreciar la película sin que se les cansen los ojos.
—¿Por qué tendría que cambiar parte de sí mismo para ser aceptado por los demás? No lo entiendo.
La joven ve a su amigo y pasa una mano sobre las púas de su cabeza con ternura. Shadow bufa con vergüenza pero no se retira del tacto. Los claros ojos azules de la chica se suavizan y suelta una ligera risa.
—Todos siempre cambiamos un poco de nosotros mismos cuando conectamos con alguien. El abuelo dice que es porque tomamos una parte de la otra persona con nosotros; es como si tuviéramos un pedazo de ellos acompañándonos —dice ella, sonriente.
El erizo oscuro suspira y ve la pantalla que ya dejó de mostrar los créditos, solo hay un recuadro negro que los refleja.
—No quiero cambiar quién soy, María. —Un gruñido tenue se aloja en su pecho, causándole un pequeño dolor.
—¿Ni aunque te enamoraras de alguien?
María ve al otro con sus grandes ojos celestes, curiosa de su respuesta. Shadow, por alguna razón, se siente acorralado. Pero, ¿por qué? Él nunca se ha enamorado de alguien, no tiene por qué sentirse de esa manera.
También, hay algo en María que le incomoda. Quizá sea su mirada fija sin parpadear, la pregunta por sí misma o que sus ojos de repente han cambiado de un azul claro a un cobalto intenso.
Un ruido blanco que en inicio no percibía empieza a llenar sus oídos hasta volverse insoportable.
De nuevo en la televisión aparecen los créditos y la música melancólica.
—¿Qué te pareció la película que vimos hoy, Shadow?
—No me gusta la idea de tener que cambiar partes de uno mismo para ser aceptado por otros, ¿no te pueden aceptar por cómo eres? —cuestiona el erizo con fastidio.
María se recuesta entre los colchones. Ella recarga la nuca sobre sus dos manos entrelazadas y forma una postura relajada que no coincide.
—Eso sería lo ideal, a mi parecer. Aceptar todas las partes que componen a una persona, pero las relaciones son muy complejas. En el fondo, uno no acepta la totalidad del otro; solo trata de ignorar lo que le desagrada para mantener armonía entre ellos. También necesitan actividades en conjunto para sentirse más unidos. De ahí provienen cosas simples como ver una película juntos.
Shadow mira por unos segundos a su amiga, confundido.
—¿Hay partes de mí que no te agraden?—pregunta con cautela, temiendo en sus entrañas una respuesta cruel.
María, quien se encuentra recostada con los ojos cerrados, los abre de inmediato con una velocidad sobrenatural. Shadow siente un escalofrío cuando esos iris esmeraldas escudriñan su alma. Hay una extraña luz fría que los envuelve, un rencor profundo que surge de ellos. Una sonrisa torcida y temeraria se dibuja en los labios de María. Shadow la contempla con desconcierto.
—¿Crees que todos tus lados son buenos, Shadow? ¿Incluso si trataste de eliminar a la humanidad o destruir los sentimientos de alguien más?
—No, yo... Yo sé que he causado daño y no he sido alguien grato. —No puede soportar el peso de esa mirada y dirige su atención a la pantalla de nuevo. En esta se ve el granulado del ruido. Siente que ahora mismo su interior es parecido a la estática del televisor—. Incluso si he hecho cosas horribles, él... Él siempre ha estado dispuesto a darme otra oportunidad, aunque no la merezca.
—¿Quién es "él"? —pregunta María con una voz lejana y encerrada, atrapada en una caja.
—Ese erizo, él...
Un momento, ¿de quién está hablando?
Las personas que mejor conoce son Gerald y María; además de ellos, no se relaciona con nadie más. Entonces, ¿de quién está hablando ahora?
—¿Estarías dispuesto a hacer lo que sea por él?
La voz de aquella mujer suena impropia. Shadow nota que María no ha dejado de verlo fijamente, sin parpadear ninguna vez.
—¿Qué te pareció la película que vimos hoy, Shadow?
Shadow se incorpora de un sobresalto, alarmado.
—Un momento, ¿eso no lo habías preguntado antes? —le reclama desconcertado, pero su voz le falla y solo se escucha un murmullo que sale con poco aire.
—¿Qué cosa? ¿Ver una película romántica? —cuestiona María en auténtica confusión—. ¿O quieres decir que ya la habías visto antes? Estoy segura de que apenas hace poco se estrenó.
—¡No, yo...!
Shadow advierte que la televisión frente a ellos ha vuelto a correr los créditos con esa música empalagosa de fondo. La habitación parece más oscura, apenas alimentada de luz por una lámpara cerca de ellos, así como la que propiamente emite la pantalla. El resto del cuarto se consume por la oscuridad.
—Esto no es el ARK, ¿verdad? —Shadow retrocede de espaldas mientras ve esta versión de su amiga que parece mantener su falsa ingenuidad hasta el final—. Y tú no eres María. Ella murió hace años.
Una risa seca y aguda retumba con fuerza en la sala; de repente, las luces que quedaban desaparecen y solo el resplandor del televisor con estática los ilumina. El híbrido siente el claustro de las sombras arremolinándose sobre ellos. La dulce niña con largos cabellos de oro y sonrisa amable ya no está ahí, solo una frívola y torcida figura que apenas la emula.
—Dices que no quieres cambiar, pero una parte de ti quiere hacerlo, ¿no es así?
Esta criatura que se viste de María se incorpora para aproximarse a Shadow. Su andar es extraño, como si sus articulaciones estuvieran dañadas y le dificultase moverse. Una amplia y antinatural sonrisa adorna su rostro pálido, y sus ojos... sus ojos parecen brillar a contraluz de un verde radioactivo.
—Lo echaste todo a perder con él, lo sabes. Una parte de ti se arrepiente; quisieras regresar las cosas y dar una respuesta distinta. Quisieras cambiar por la persona que amas, igual que en una simplona película de amor. —La voz de aquella criatura se arrastra y enronquece; parecía un sonido agonizante. Sus palabras lesionan en el alma de Shadow cual ponzoña, incapaz de replicarle por sucumbir ante un dolor que no entiende.
—¿De quién hablas? Yo no amo a nadie más. Las personas a quienes amé están muertas.
Parece que la criatura esperaba por esas palabras, pues una risa desequilibrada retumba en sus oídos como respuesta y, antes de que pueda exigirle que pare, un erizo de púas cobalto y pelaje de durazno se acerca peligrosamente hacia él. Sus pechos apenas se tocan. Shadow se queda cautivado por su mirada esmeralda y su sonrisa desafiante.
—Eso me hiere, Shads.
—Sonic. —El nombre sale de sus labios antes de poder pensarlo.
—¿Cuántas veces más puedes lastimar a alguien que te ama? —dice Sonic entre la burla y el resentimiento. Sus ojos se entrecierran con astucia y su hermosa sonrisa desvergonzada sigue ensanchándose en su hocico.
Este Sonic de imitación extiende su brazo hasta que su mano se ahueca en la mejilla del otro. Shadow sabe que aquel delante de él no es su rival, no es el héroe que ha salvado a la humanidad miles de veces ni el que ha traído a su vida otra oportunidad de redimirse a regañadientes. No es más que el espejismo creado por alguien que juega con los títeres tras bambalinas.
Y aun así, no es capaz de resistir el anhelo por su contacto. Sus orejas caen y restriega su mejilla contra la mano de este imitador, deseando que el contacto le queme así como su pecho se ha mantenido ardiendo desde hace tiempo, sin haberle dado un nombre a sus sentimientos. Shadow cierra los ojos por un momento, necio en dejar ir esta tenue fantasía que nunca ha dicho en voz alta.
Pero claro, así como ocurre en cualquier sueño, uno termina por despertar.
—¿Recuerdas lo que te dije aquella vez? —La voz del otro erizo se escucha como un eco a la distancia, o tal vez lo lejano es la sensación de realidad que Shadow debería estar experimentando.
Sea como sea, el híbrido no se permite contestar esa pregunta vocalmente y emite un gruñido ronco que vibra en su pecho.
Para su propia amargura, sabe a qué recuerdo se refiere y desea evitar a toda costa revivir ese suceso en su mente, pero un pensamiento se le cuela y proyecta destellos vagos de aquella vez. Difícil de olvidar cómo un día que le parecía hermoso pudiese sentirse amargo con solo ver la sonrisa del erizo cobalto descomponerse lentamente hasta dejar una mueca vacía y tensa en su rostro.
Le hubiera gustado decir que todo fue un accidente o un malentendido, pero la realidad es que Shadow fue tan sincero en ese momento como lo ha sido siempre. El problema es que fue sincero con lo que conocía, con todo aquello que ya tenía un nombre para definirlo. Y sabía que no poseía la misma certeza con la que Sonic pronunció esas palabras, ni compartía ese extraño brillo en su mirada. Le parecía todo tan ajeno a lo que siempre habían tenido, aun cuando ambos simplemente se miraron en silencio, tumbados en el pastizal silvestre y con el cuerpo adolorido.
Esa vez Shadow había sentido un roce ocasional entre sus manos que en inicio consideró un accidente, y esa idea persistió hasta que la mano del otro se acomodó encima de la suya. Hubo un ligero apretón que le tomó por sorpresa y dirigió su atención al erizo que tenía al lado. Tenía una expresión extraña. Parecía nervioso o quizá demasiado entusiasmado. Sonic tenía una respiración acelerada y las mejillas un poco sonrojadas; Shadow lo atribuía al cansancio que venía después de una larga jornada de combate físico.
—Creo que me gustas.
Shadow observó por unos instantes a su compañero de peleas, y lo que sea que haya sentido al momento de escuchar esas palabras, lo dejó confundido. El pecho le apretaba con fuerza, la respiración le faltaba, pero era placentera y había un hormigueo extraño en su estómago. Parecía pertinente responder a su rara muestra de afecto entre rivales, pero no estaba seguro de qué decir.
—Yo... supongo que también me agradas un poco. Al menos cuando no te la pasas todo el tiempo hablando sin parar.
Una risa ligera llenó sus oídos y, sin entender por qué, se sintió tímido, preguntándose si tal vez le dio la interpretación errónea.
—No sé por qué pensé que lo entenderías de esa manera. —La risa se mantuvo, pero lentamente descendía hasta desaparecer en el silencio—. No me estaba refiriendo a un afecto fraternal, faker. Yo, eh... Llevo un rato sintiendo cosas por ti, ¿sabes? Pero, ¿cómo decirlo? Va mucho más allá de lo que sentiría por un rival o... —De repente Sonic vio al cielo con un aire nervioso— por alguien con quien pasé un poco de diversión nocturna, ¿sabes?
Un intenso rubor invadió el hocico de Sonic, y su único espectador no pudo evitar pensar en lo inusual e interesante que fue esa reacción.
—¿Cuando dices "diversión nocturna" te estás refiriendo al sexo, verdad? —dijo Shadow con naturalidad, provocando que Sonic se pusiera tenso y apretara un poco más el agarre de su mano.
—B-bueno, sí. En pocas palabras, eso es. —Las orejas del erizo cobalto se aplanaron, avergonzado. Su mirada comenzó a rehuir de la de Shadow, pero dio la impresión de que necesitaba decir algo más—. Y, eh... ¿Co-cómo te sientes tú al respecto?
El híbrido no podría decir que estaba impactado o sorprendido, pero sí desconcertado. Ambos tenían un conocimiento vago de la vida del otro, y Sonic llegó a mencionar sus experiencias íntimas de manera casual durante los descansos entre las peleas o los retos de velocidad. Él estaba seguro de que Sonic por lo general buscaba relaciones fugaces o puramente físicas, por lo que declarar sus sentimientos con intenciones románticas no coincidía con todo lo que había estado haciendo desde entonces.
—Supongo que extrañado —contestó con sinceridad, sin pensárselo mucho.
—¿Solo eso?
—Sí. Bueno, no podría corresponder a tus sentimientos, si esa era la respuesta que buscabas. A decir verdad, ni siquiera llegué a considerar esa opción contigo —decía Shadow con una indiferencia que lo desconectaba de lo que sentía—. Además, tampoco estoy interesado en una relación romántica contigo. Me siento cómodo con lo que tenemos ahora. Pienso que arruinaría nuestra rivalidad, y al menos para mí eso es más importante.
El rubor que persistía en las mejillas de Sonic se había esfumado, y en su lugar, una mecánica sonrisa trataba de mantenerse. El erizo negro no vislumbró este cambio en su rival, pero sí se percató de que aquella mano se había retirado de la suya. Lo que eso significó en su momento, Shadow sencillamente lo pasó por alto.
—Ah, entiendo. Yo... —El héroe se forzó a reírse un poco, sin conseguirlo demasiado—. Acabo de decir algo muy tonto, ¿verdad?
Shadow no prestaba mucha atención al otro erizo; sentía que esa conversación iba a terminar pronto, así que cerró los ojos para disfrutar el viento y el tenue olor floral de los alrededores.
—Si es como te sientes, no lo veo como algo tonto. Pero no puedo sentir lo mismo por ti, eso es todo.
Una tenue risa se escuchó al compás del soplo de la tarde. A Shadow le pareció una risa un poco frágil, le punzó el pecho con una especie de incertidumbre, pero contrario a lo que pudo interpretar en aquella ocasión, le parecía un sonido lindo.
—Siempre tan directo, Shads. —Por un par de minutos nadie pronunció palabra. Sonic se removía un poco incómodo de su lugar, como esperando algo pero sin saber qué exactamente—. Eh, bueno. Ya se está haciendo un poco tarde para mí, así que creo que me iré. Tú... ¿Vas a quedarte aquí un poco más?
Shadow asintió apenas y tarareó una afirmación. En ningún momento abrió los ojos de nuevo para verlo, así que nunca se percató de la expresión de dolor en su rostro.
Después de este suceso, ocurrió que Sonic estaba un poco más ocupado con otros temas, por lo que sus enfrentamientos semanales pasaron a ser mensuales, y de mensuales a bimensuales. En teoría, no representaba ningún problema para Shadow. Él entendía que sus encuentros se hicieron conforme al tiempo disponible que tenían para dedicarse a competir el uno con el otro. Pero lo cierto es que no se la estaba pasando bien.
No era solo que sus encuentros fuesen cada vez menos, sino que entre ellos la distancia emocional era innegable: Sonic ya no compartía los detalles simples que ocurrían en su semana; las bromas habían dejado de ser tan coquetas y el contacto físico parecía casi inexistente, aun contando sus enfrentamientos cuerpo a cuerpo. Parecían cosas nimias que no deberían afectarle; el detalle es que le afectaba, mucho. No se había dado cuenta de cuánto podría extrañar su tonto apodo hasta que se percató de que Sonic no volvió a llamarlo así, ni de lo mucho que disfrutaba descansar uno al lado del otro hasta que el erizo cobalto simplemente se fuera corriendo de ahí a relajarse en otro lado.
En algún punto del tiempo, Shadow ya estaba anhelando volver a encontrarse con ese idiota de nuevo, correr largas distancias sin que nada más importase, solo ellos dos midiéndose y divirtiéndose. Y esta necesidad se acrecentaba conforme Sonic le negaba sus pequeños "placeres" en cada encuentro. Cuando menos se dio cuenta, Shadow deseaba un contacto físico que en otro tiempo hubiera rechazado.
Y mientras Shadow se mostraba ante el mundo como la Forma de Vida Definitiva imperturbable y calculadora, por dentro sucumbía cual criatura abandonada y necesitada. Era ridículo el despojo en el que se había convertido; le avergonzaba haber llegado a un estado tan lamentable y poco digno, aun si nadie nunca lo llegara a presenciar.
—¿Y por qué crees que fue eso, Shads? —pregunta divertido el espejismo azul con una sonrisa fija y ojos abiertos, interrumpiendo sus recuerdos.
—No tengo idea, deja de molestarme.
—Oh, vamos. Eres un poco más listo que eso.
Shadow gruñe como única respuesta. Una risa aguda se escucha de aquel ser.
—Ay, Shads. Eres tan lindo. —Antes de que Shadow pueda reaccionar, las manos enguantadas del ente se ahuecan sobre la forma de sus mejillas, obligándolo a encararlo a pocos centímetros de distancia—. ¿Esta es la primera vez que te enamoras?
La mueca estupefacta del erizo de ébano provoca que el otro se desmorone en carcajadas.
—¡¿Lo dices en serio?! ¿Sonic the hedgehog es tu primer amor?
—¡Cierra la boca, bastardo! —exclama en respuesta, sin saber qué más decir. Es incapaz de negar nada porque... porque nunca consideró que lo que estuvo sintiendo todo este tiempo era, al parecer, un mal de amores.
—No puedo creer que el miedo más profundo de la supuesta Forma de Vida Definitiva sea un amor no correspondido —dice la criatura sin medir su risa desvergonzada—. ¡Es tan absurdo que es sublime! ¿A quién se le hubiera ocurrido? Esperaba cualquier cosa menos esto.
Shadow estrecha sus ojos, brama con fuerza y despecho; enseña sus caninos con la promesa de cobrar venganza. Lanza un potente zarpazo contra ese fallido Sonic, pero su cuerpo se deshace cual humo al hacer contacto con él.
A sus espaldas se materializa un chacal que esconde su rostro en una máscara que solo rebela uno de sus ojos bajo un visor rojo, una risa ominosa retumba con fuerza en un canto de victoria adelantada. El híbrido sisea con desprecio.
—Infinite...
—¿Qué ocurre, Shadow? ¿Ya no quieres contarme tus más profundos secretos? Ah, ya entiendo. —El humo envuelve a Infinite, y de este velo surge María, o la ilusión de ella—. ¿Tal vez así te sientas más cómodo, no?
—¡Eres un maldito enfermo!
—¿Qué pasa? ¿Ya no quieres hablar conmigo sobre Sonic? ¿Sobre cómo te lo quieres coger?
María se ríe, pero su voz no es de ella, sino la oscura y pesada voz de Infinite. Una sensación nauseabunda invade a Shadow; una combinación de furia, bilis, dolor y vulnerabilidad. Es un sacrilegio que ese chacal inmundo manche el casto recuerdo de María.
—¡Basta! ¡Deja de usar tu asqueroso vocabulario con esa apariencia!
Infinite no se contiene en reírse estruendosamente de nuevo, y muestra una sonrisa torcida en el rostro niveo de María. El humo surge otra vez, y de esa espesa niebla oscura sale Sonic con su sonrisa encantadora.
—¿Más cómodo así, entonces? —A diferencia de María, la voz de Sonic es más parecida al original, así que para Shadow verlo y escucharlo le ocasiona un conflicto— En realidad, eres de los que prefieren ir directo a la acción, ¿no, Shads?
El falso Sonic lo toma por los hombros y lo tumba sobre el suelo. Shadow no es capaz de reaccionar, no cuando lleva casi un año anhelando volver a tener contacto físico con el idiota azul. Y, contrario a lo que ambos esperaban, un tenue gemido sale de los labios del erizo oscuro; es apenas un sonido, pero es tan lastimero y suplicante que no se puede ignorar.
—Vaya, tú en realidad estás disfrutando esto. —La sonrisa de Sonic se ensancha, y una sensación de asco y repulsión se nota en su expresión facial—. La verdad, no creí que fueras tan patético.
Un gruñido de advertencia resuena mientras Shadow arruga su hocico y enseña sus colmillos, pero no empuja al impostor ni se aparta de él. ¿Cómo podría? Llevaba meses sin tenerlo tan cerca. Apenas puede percibir su olor a limón y girasoles; a pesar de ser consciente de que quien está encima de él es en realidad Infinite, y esto es una de sus tantas alucinaciones que rayan en lo real sin de verdad serlo. Maldición, no creyó que llegaría el día en el que le daría la razón al chacal, pero sí, está siendo patético.
—Mírate, tan sumiso debajo de mí, esperando que te dé algo del afecto que rechazaste. —El falso Sonic le dedica una mirada cruel e indiferente. Algo dentro de Shadow comienza a doler—. Nos hiciste un favor a ambos, parece. No te habría soportado con esa actitud tan lamentable.
—Cállate, tú no sabes nada.
El imitador presiona con fuerza el pecho de Shadow contra el suelo, y este emite un quejido necesitado. El falso Sonic sonríe con sorna; sus ojos brillan con un destello anormal.
—Sé lo suficiente. Sé que te ha estado evitando de todas las maneras posibles, y eso te ha dejado lastimado, más de lo que puedes entender —pausa por un momento, notando que la mirada feroz de híbrido se va suavizando al punto de parecer estar cerca de sollozar—. O quizá ya lo sabes ahora.
Shadow rehúye su mirada, avergonzado. Su cuerpo se pone tenso ante el tacto que tanto desea y la sensación inminente del peligro. Hubiera deseado no haber sido tan despistado con sus sentimientos. No llegó a comprender en qué punto se habían desarrollado hasta que fue demasiado tarde. Ya no tendrá nada de Sonic de vuelta; las peleas y carreras pronto desaparecerán de sus rutinas, así como todo lo demás que ha implicado estar cerca del héroe.
Siente un nudo en la garganta y se odia demasiado por haberse vuelto tan sensible y débil. Tal parece que estar enamorado no es solo una emoción, sino el conjunto de sensaciones y sentimientos que lo agobian, lo consumen; sin saber qué censurar o reprimir primero.
Maldito, estúpido erizo. ¿Qué mierda le hizo?
Una repentina ráfaga aparta a la imitación con violencia, sacándolo despedido al aire. Infinite reacciona a tiempo y logra rodar su cuerpo para amortiguar el impacto del golpe. Sin embargo, el ataque provoca que la habitación en la que están desaparezca: la ilusión al fin se detiene.
—Shadow, ¿estás bien, amigo? —dice una voz que él perfectamente reconoce. Aquel sostiene al híbrido por debajo de los hombros para ayudarlo a sentarse—. No vuelvas a hacer esa estupidez. Tails nos advirtió que Infinite estaba utilizando una nueva versión del Phantom Ruby. ¿Cómo se te ocurre pelear solo en contra de él sin nadie que te cuide las espaldas? —El regaño parece tener intención de sonar severo, pero el tono preocupado en sus palabras le quita parte de esa fuerza.
Shadow ve el rostro del otro Sonic junto a él, este se parece bastante al que tiene en sus recuerdos. Incluso tiene ese curioso tic en la oreja izquierda que siempre aparece cuando está ansioso. No está seguro si es otra alucinación de Infinite, pero la familiaridad que le transmite lo tranquiliza. Sus miradas se encuentran, pero la percepción de Shadow sigue desorientada. Confundido, palpa el pelaje corto del pecho, los hombros y las púas de Sonic.
—¿Sonic? —La mirada carmesí se aprecia perdida, y aquel que sigue sosteniéndolo con un brazo alrededor de su espalda lo ve con ternura.
—Ya estoy aquí, Shads. ¿Recuerdas quién eres? ¿Qué día es hoy? ¿A quién te tocó en el Santa Secreto?
El híbrido frunce el entrecejo.
—Todavía no se hace el sorteo.
Una amplia sonrisa se dibuja en los labios de Sonic, quien en ningún momento lo suelta de su agarre.
—Parece que ya estás regresando al mundo de los vivos. —Su mirada suave se mantiene hasta que ve al frente y se encuentra con Infinite, el cual se aproxima a ellos con pasos lentos y amenazantes.
—Vaya, ¿no estás feliz, Shadow? Sonic vino especialmente para salvarte, ¿no son esas buenas noticias?
El héroe se asegura de que Shadow pueda mantenerse sentado por sí mismo y le indica que espere unos cinco minutos para empezar a incorporarse.
—¿Te divertiste mucho, Infinite? —dice Sonic con una calma impropia, que para cualquiera que lo conociera de años, entendería que es la actitud que toma cuando está furioso. Le sonríe con una mirada vacía de picardía y le muestra lo que ha estado sosteniendo en una de sus manos—. Parece que se te cayó esto.
El chacal siente que le falta el aire de repente, pero se niega a lucir alarmado. Sonic mantiene alzado el Phantom Ruby como si fuera nada, otro accesorio frívolo que puede tirar cuando quiera.
—¿Lo tomaste en cuanto me golpeaste? Muy listo —dice con una calma que no coincide con el temor que aprieta sus entrañas.
—¿Y sabes qué es lo que me hace más listo?
A media frase, Sonic avienta el rubí a un punto muy específico del cielo. El chacal se lanza entre las ramas de los árboles para buscar el punto más alto y aventarse hacia la gema. En el momento en el que su mano toca el rubí, se da cuenta de su error: es falso. Escucha un clic detrás de él y, al voltear, se da cuenta de que una máquina con varios brazos se cierne sobre él y entre cada brazo hay una red unida de punta a punta, parecida a una tela de araña. Esta máquina lo encierra antes de poder hacer algo al respecto.
—Que mis enemigos siempre creen que son más inteligentes que yo; nunca se cuestionan por qué hago las cosas, ni siquiera las que obviamente son una trampa. —Sonríe el erizo ampliamente con arrogancia y enciende el comunicador que tiene en la muñeca—. Tails, ya lo atrapamos. La trampa que me diste funcionó muy bien. Te mando las coordenadas para que vengas por nosotros, ya tengo asegurado el Phantom Ruby —menciona mientras instintivamente lleva una de sus manos a un pequeño contenedor que tiene sujetado a la cadera.
Con una desvergonzada indiferencia se aparta de Infinite y se aproxima a Shadow para auxiliarlo. El susodicho está pasando por una situación que considera extraña; generalmente, la sensación de "sobriedad" no tarda mucho en llegar después de liberarse de las alucinaciones de Infinite, pero en este caso particular, los sentidos de Shadow seguían confundiendo el terreno desnivelado del bosque con la sala de estar donde se terminaba de proyectar una película romántica en compañía de María.
El tacto de una mano enguantada le causa un sobresalto, pero al identificar que quien lo está tocando es Sonic, su Sonic, las púas tensas se suavizan.
—Con calma, Shads.
Otra vez ese apodo molesto. Cómo extrañaba escucharlo salir de su maldita boca.
La mano sobre el hombro de Shadow se mueve hacia su espalda, entre las púas que surgen cerca de sus omóplatos. La sensación provoca una descarga eléctrica agradable en su columna y maldice su ilógico anhelo por sentir más contacto.
—Algo está mal —dice Shadow con dificultad, su voz es más ronca de lo normal y eso no pasa desapercibido por su interlocutor—. Sigo sintiendo que estoy y no estoy aquí.
Sonic ve al otro con una expresión afligida.
—Intenta responder las preguntas en lo que llega Tails a revisarte —sugiere mientras se arrodilla delante de él para que sus cabezas queden en la misma altura— ¿Cómo te llamas?
—Shadow the hedgehog.
—¿Sabes quién soy yo?
—Sonic.
—¿Sabes dónde estamos ahora?
Shadow ve a los alrededores; el follaje de los árboles y la fauna local le resultan familiares, pero no logra discernir sobre el lugar en el que se encuentran.
—No. —El híbrido lleva una de sus manos sobre su frente y la restriega contra toda su cara en señal de frustración.
—Está bien, quizá solo necesites un poco más de tiempo. —Sonic intenta sonreír para transmitirle calma, aunque le preocupa que la confusión se esté manteniendo por tanto tiempo.
—Estaba con María, habíamos terminado de ver una película. Preguntaba una y otra vez qué me parecía, también hacía preguntas muy extrañas, y yo solo me di cuenta de que... —Se interrumpe a sí mismo al caer en cuenta de a dónde está llevando su relato y a quién se lo está contando.
Sus miradas se encuentran. El híbrido se siente expuesto ante esos iris esmeraldas y duda en seguir hablando. No entiende por qué ahora se frena, se supone que fue Sonic quien se declaró hace un tiempo, ¿no? ¿Por qué ahora duda?
Hay una certeza de que está dejando pasar un detalle por alto, pero no es capaz de recordarlo.
Entonces nota un destello en los ojos de Sonic, una palabra alguna vez dicha que nunca abandonó su sentir. Shadow decide ser ingenuo y aferrarse a ese sentimiento que le transmite, quizá sin darse cuenta. Sin previo aviso, toma el rostro del héroe entre sus manos y lo acerca gentilmente hacia él.
—Me di cuenta de que también me gustas —dice con una voz aterciopelada y profunda, sus ojos se estrechan y las duras facciones de su rostro se suavizan. Parece estar en un tipo de trance en el que solo existen ellos dos.
Sonic abre los ojos hasta los límites físicos. No es capaz de pronunciar una respuesta, así que solo lo ve fijamente, estupefacto. Pasan unos segundos antes de que trate de sacar algún sonido de su boca; sus labios se mueven un poco, pero sigue sin escucharse nada, así que vuelve a sellar sus labios. Un quejido ahogado se escucha atorado en su garganta, algo parecido a la frustración, pero no hay nada más.
—Sé que no tiene caso que te lo diga si ya pasó casi un año desde que tú me confesaste tus sentimientos, y que quizá ya no sientas lo mismo por haberte rechazado —dice el híbrido, eligiendo sus palabras con cuidado, temiendo que el otro lo termine tomándolo como una broma—. Solo quería decírtelo porque estuve mucho tiempo molesto contigo, aunque no entendía por qué...
—Shadow, no hace falta que...
—No tienes que corresponder mis sentimientos, solo quiero que me escuches —le interrumpe en un volumen bajo, pero firme. La mirada de ambos comparte un anhelo mutuo que parecen contener—. Estuve molesto contigo por un tiempo, pero no sabía por qué. Asumí que era porque simplemente ya no te soportaba, pero siendo sincero, no tenía sentido porque nos veíamos cada vez menos. Solo hasta que estuve atrapado en la ilusión de Infinite me di cuenta de que mi enojo era porque las cosas entre nosotros habían cambiado. Cosas estúpidas como el que hablaras sin parar de tu día, descansar un rato después de entrenar... cosas así.
Shadow siente su lengua adormilada de repente. Mencionar que también extraña tocarlo no le parece correcto, es algo más íntimo y no cree que Sonic deba saberlo de momento. Sonic detecta su duda y le dedica una sonrisa resignada pero enternecida.
—Shadow, el hecho de que me extrañes no significa que yo te guste románticamente —responde Sonic sin apartar su mirada de él. Suelta un suspiro pesado, como si aún estuviera cargando algo sobre sus hombros.
Luego, el erizo de púas cobalto se incorpora, separándose de las manos que aprisionaban su rostro. Le ofrece su mano a Shadow para que se incorpore también y este lo acepta, aunque con una expresión molesta y un gruñido amenazante.
—Tú no decides por mí cómo debo sentirme, faker —le advierte por las palabras antes dichas.
Sonic alza ambas manos en señal de rendición a lo que podría ser una futura pelea.
—Lo siento, no quise hacerlo sonar como que estaba invalidándote. Es solo que... ¿Entiendes que pasó un año, verdad?
Shadow se cruza de brazos y le asiente sin contemplaciones.
—Entiendo si quieres rechazarme, eso lo puedo aceptar. Lo que no, es que no aceptes lo que siento por ti; eso está fuera de discusión. Es lo que es y eso es todo.
Sonic empezó a reírse nerviosamente mientras se lleva una mano al rostro y recarga su frente en ella. Todo esto es demasiado para él.
—Me vas a volver loco, de verdad. —Sonic trata de respirar profundamente para calmarse. Y, por supuesto, no lo logra—. Sé que parece sencillo lo que me estás diciendo, pero es más complicado para mí de lo que piensas.
Después de que Sonic fue rechazado, estaba todo menos bien. El erizo llegó a creer que no podía ser para tanto. Después de todo, se había declarado antes algunas veces, y de esas veces, uno que otro fue una negativa. Pero fue en sí la indiferencia del híbrido lo que más le dolió. No había arrepentimiento, culpa o lástima; sino que sus sentimientos fueron recibidos por confusión y extrañeza. Es muy tarde para negarlo ahora, pero le dolió bastante en el ego.
Cuando tuvo que verlo la siguiente semana para entrenar, cayó en cuenta de que nunca tuvo ni la más remota posibilidad. Shadow seguía siendo el mismo de siempre, con el mismo humor huraño y los gruñidos desganados. Para Shadow, sus sentimientos románticos eran nada.
Y de esa forma, cada nuevo encuentro se volvía más doloroso: un recordatorio cruel de aquel a quien anhelaba, pero que nunca conseguiría. Así que trató lentamente de separarse de él, de que lastimara menos.
No es de sus mejores decisiones, pero al menos le estaba sirviendo para aclarar un poco su mente, aceptar poco a poco la pérdida de algo que en inicio no iba a ocurrir.
O al menos eso fue lo que creyó hasta ahora.
—¿Qué es lo complicado? Ya dije que está bien si me rechazas, puedo con ello —dice Shadow en un tono firme, dispuesto a aceptar el desamor, aunque no tan seguro de poder soportar la falta de contacto.
Cualquier cosa que Sonic le pueda dar está bien, en serio.
—¡Es que no puedo darte una respuesta ahora! Deberías saber muy bien cuál es mi situación ahora —reclama el erizo, completamente frustrado de que Shadow le insista.
Shadow está visiblemente desconcertado, y Sonic lo capta al instante.
—¿Lo olvidaste?
—¿Olvidar qué?
—¡Sonic, Shadow!
A la lejanía escuchan un par de voces que los llaman y ven a la distancia las siluetas de Tails, Knuckles y Amy aproximándose a ellos. Sonic alza una de sus manos y la mueve a los lados a modo de saludo. Sonríe, pero sus labios están rígidos.
Y entonces, Shadow recuerda algo.
—Creo que deberíamos hablar de esto después, Shadow. La verdad, este no es un buen momento, y parece que aún tienes secuelas por lo de Infin-
En un arrebato, Shadow toma a Sonic por los hombros y entierra su nariz en su cuello. El erizo aspira con fuerza, queriendo retener la sensación de su pelaje contra su hocico, el penetrante olor crítico y floral, la placentera presión de su pecho contra la de él. Lo atesora y memoriza por un instante, así como un adiós precipitado, una despedida unilateral.
—Dejemos las cosas así, nunca te dije nada.
Y sin darle derecho a réplica, el híbrido se aleja de su rival para encontrarse con Tails, quien lleva consigo un aparato para medir las ondas cerebrales.
Sonic ve con desconcierto al cretino que acaba de abrazarlo y alborotarle demasiadas cosas que apenas puede pronunciar. Un quejido, parecido a un sollozo, se aloja en su garganta y arruga el entrecejo con frustración.
—Tienes que estar bromeando —murmura con furia contenida, y poco más puede hacer después, pues Amy llega radiante hacia él. Se fuerza una sonrisa confiada, esperando que su novia no sospeche el tremendo caos que ahora es su corazón.
Sí, hace unos tres meses Sonic aceptó empezar una relación con la eriza. Quiso darle la oportunidad, y al menos desde su punto de vista, no ha ido mal.
Pero claro, tenía que hacer acto de presencia su tormento personal en forma de erizo cretino y sensual para arruinar cualquier estabilidad y conformismo. Y para hacer más divertido el drama, el olor a lavanda se le ha quedado impregnado en el pelaje, eso sin mencionar el cosquilleo que siente en las manos por no haber retenido a Shadow entre sus brazos.
Estúpido, muy estúpido, Shadow.
