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antes que a la copa, te busco a ti

Summary:

Ferran y Pedri han pasado toda su vida persiguiendo el mismo sueño, pero cuando el partido más importante de sus vidas llega a su fin, una lesión amenaza con cambiar la forma en la que recuerdan ese día.

Porque incluso cuando todo el mundo mira la copa, hay personas que solo buscan asegurarse de que alguien más esté bien.

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Dallas, Texas
14 de julio de 2026
Semifinal de la Copa del Mundo

Minuto 97:43.

Nadie en el AT&T Stadium parecía respirar.

España ganaba dos a cero. Solo quedaban unos segundos para que el árbitro pusiera fin a noventa minutos de tensión y a un sueño que todos ellos llevaban persiguiendo desde que eran niños.

El silbato sonó.

Durante un instante, el tiempo pareció detenerse.

Después llegó el caos.

Algunos cayeron de rodillas sobre el césped. Otros se dejaron caer de espaldas con los brazos abiertos, mirando al cielo como si todavía necesitaran convencerse de que era real. Más de uno se persignó. Otros cerraron los ojos y susurraron una oración entre lágrimas.

El rugido de la afición española envolvió el estadio con una fuerza casi ensordecedora.

El banquillo estalló.

El cuerpo técnico invadió el campo. Suplentes, fisioterapeutas, entrenadores… todos corrían sin una dirección clara, abrazándose con quien encontraban primero.

A unos metros, algunos españoles se acercaban a consolar a los jugadores franceses, todavía inmóviles sobre el césped.

En medio de todo aquel desorden, Pedri solo buscó una cara.

La encontró unos metros más allá.

Ferran seguía arrodillado sobre la hierba, la cabeza inclinada y las manos juntas frente al rostro.

Murmuraba algo que el ruido del estadio se tragó antes de que pudiera llegar hasta él.

Cuando levantó la vista y lo vio acercarse, sonrió.

Se puso de pie justo a tiempo para recibir el impacto de Pedri, que prácticamente se lanzó contra él.

Ferran soltó una carcajada y lo sostuvo sin esfuerzo, rodeándole la espalda con los brazos mientras el canario se aferraba a él con la naturalidad de quien había repetido ese gesto cientos de veces.

—Estoy orgulloso de ti —murmuró Ferran, todavía sin recuperar del todo el aliento.

Pedri soltó una risa entrecortada y, casi por inercia, le dejó un beso rápido en la mejilla antes de separarse.

Nadie les prestó demasiada atención.

Era simplemente ellos.

Siempre acababan encontrándose entre el caos. Siempre terminaban unos pasos apartados del resto, como si el ruido del estadio desapareciera durante unos segundos cuando estaban juntos.

Nadie dentro de la selección encontraba extraño aquel tipo de afecto. Llevaban años viéndolos comportarse así.

La celebración continuó durante varios minutos más.

Cuando Alejandra apareció junto al terreno de juego, Pedri se separó de Ferran para ir a abrazarla.

Ferran aprovechó para acercarse a los franceses, estrechar manos, intercambiar unas palabras y desearles suerte antes de dirigirse hacia otra figura conocida.

—¡Arantxa!

Su hermana apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que él la envolviera en un abrazo.

—Sabía que lo ibais a conseguir —le dijo ella, con la voz quebrada por la emoción.

Poco a poco, el estadio comenzó a vaciarse.

La euforia seguía allí, pero el partido ya era historia.

El vestuario seguía vibrando cuando entraron.

La música sonaba tan alta que apenas permitía escuchar otra cosa.

Lamine cantaba a pleno pulmón una canción que nadie parecía conocer del todo. Nico intentaba seguirle entre risas. Gavi era incapaz de quedarse quieto durante más de cinco segundos, y Cucurella conseguía convertir cualquier comentario en una broma.

Pero la adrenalina empezaba a bajar.

Entre las risas aparecían también los silencios.

Había quienes seguían viviendo el momento como si la noche no fuera a terminar nunca. Otros ya tenían la mirada puesta en la final.

La presión había empezado a instalarse antes incluso de conocer al siguiente rival.

Ferran se quitó la camiseta empapada.

Al levantar ambos brazos por encima de la cabeza dejó escapar un quejido apenas perceptible.

Fue menos de un segundo.

Nadie pareció notarlo.

Nadie, excepto Pedri.

—¿Todo bien?

Ferran giró la cabeza hacia él y sonrió con esa facilidad que siempre había tenido para restarle importancia a cualquier cosa.

—Sí.

Solo eso.

Sí.

Pedri sostuvo su mirada un instante más antes de asentir.

Le creyó.

El trayecto de regreso al hotel fue mucho más tranquilo.

Algunos jugadores dormían apoyados contra la ventana. Otros llevaban los auriculares puestos, dejando que la música sustituyera por un rato al ruido de sus propios pensamientos.

Pedri y Ferran viajaban juntos, como siempre.

No hablaron demasiado.

No hacía falta.

Ferran consiguió arrancarle un par de sonrisas con alguna tontería. Pedri respondió con uno de esos comentarios secos que siempre terminaban haciéndolo reír.

Durante unos minutos, todo pareció normal.

Cuando el autobús se detuvo frente al hotel, el cansancio cayó sobre el grupo casi de golpe.

Las conversaciones fueron apagándose mientras cada uno caminaba hacia su habitación.

Durante toda su vida habían soñado con jugar una final del mundo.

Ninguno imaginó que, cuando por fin llegara el momento, dormir sería la parte más difícil.