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Papá, no quiero ser un Lan

Summary:

Jiang Cheng comprendía que su matrimonio con Lan XiChen era un mero compromiso. Ambas familias se beneficiaban de ello y por ende, se dijo a sí mismo que intentaría llevar la fiesta en paz.

Pero cuando Lan XiChen aparece con un niño, afirmando que es su hijo, Jiang Cheng recoge sus cosas, a Lan JingYi y firma el divorcio sin pensarlo dos veces.

Lejos de su ex marido, Jiang Cheng se convierte en un escritor famoso y entonces conoce a Nie MingJue, un pediatra que tiene más pinta de militar que desayuna clavos.

Todo va bien, excepto que Lan JingYi ya no quiere llevar el apellido de su padre.

Notes:

Este terreno no es amigable con LXC :(

Pero lo tiene merecido (aquí), he

Work Text:

Un matrimonio construido sobre una base inestable, está destinado a derrumbarse y fracasar. Es por ello que Jiang Cheng no caminó al altar con expectativas altas, al contrario, simplemente mantuvo la cabeza inclinada y repitió de forma automática sus votos matrimoniales. Él comprendía que esta unión, en palabras simples, era un gran beneficio para su familia y la de su ahora esposo, sin embargo, no pudo pasar por alto el descontento que floreció en sus entrañas.

Sobre Lan XiChen, su marido, no hay mucho qué decir. Es un alfa sencillo, risueño y con tendencia a evitar el conflicto. Es por ello que durante seis años Jiang Cheng se permitió bajar la guardia y creer que su matrimonio podría funcionar o al menos no ser un asco como el de sus padres. Y entonces, Lan XiChen apareció con un niño de aproximadamente cinco años, al que presentó como su hijo primogénito. 

—Debe ser una maldita broma.

Pero Lan XiChen tan solo suspiró y procedió a enviar al niño a su habitación de la mano de la servidumbre. —No tengo otra opción —es lo que dijo.

—¿Cuándo fue? —Jiang Cheng preguntó mientras se frotaba el rostro con exasperación—. No puedo creer que… Eres una mierda, Lan XiChen.

—Bien sabes que jamás quise casarme contigo —aquella afirmación provocó algo doloroso en el corazón de Jiang Cheng—. Aún así, intenté tratarte bien y hacer de esta farsa algo llevadero.

El rostro del omega se tornó azul producto de la ira. —¿Esa es tu justificación? Oh, pobre Lan XiChen, su única escapatoria a esta tortura fue follar a su amante.

—¡No tengo un amante! —Exclamó en defensa—. Él y yo estuvimos juntos el día previo a nuestra boda, desde entonces no volví a verlo. Tienes que entender que… Tengo un hijo con él y no puedo abandonarlo a su suerte, menos ahora que está enfermo.

A Jiang Cheng esto le provocó un terrible presentimiento. —Si crees que me quedaré aquí a esperar a que se te ocurra traer al padre del mocoso, estás muy equivocado.

El rotundo silencio de Lan XiChen confirmó aquel temor que se instaló dentro de su pecho. Por supuesto, si existía algo que Jiang Cheng detestaba del alfa, era esa tonta manía de querer solucionar la vida de todas las personas, como un maldito santo. Es por ello que, tal vez, jamás lograron congeniar; ambos son polos demasiado opuestos, hasta el punto en que la mayoría del tiempo tiran hacia el lado contrario. 

—No puedo abandonarlo a su suerte, Jiang Cheng —es lo que Lan XiChen dijo para luego, con voz tenue, añadir—. Lo amo.

Para Jiang Cheng, no es la confesión lo que lo hiere, sino la certeza de que, si se queda, se convertirá en un omega a la sombra de un amante, como su madre.

—No me harás quedar como un tonto, Lan XiChen —afirmó dando grandes zancadas hacia la habitación de su hijo.

Allí durmió con la excusa de que su cama estaba demasiado fría. El niño no pidió más explicaciones ya que estaba demasiado feliz de ser mimado aún más por su padre y duerme plácidamente hasta la mañana siguiente, y la siguiente y todas las que siguen hasta que reúnen sus pertenencias y se marchan de allí.

El divorcio sucede en un borrón. Jiang Cheng incluso cree oír un suspiro de profundo alivio huir de los labios de Lan XiChen cuando garabateó su firma, en el papel que le brindó la tan anhelada libertad. ¿Realmente fue una tortura? Según su padre, el compartir tantas similitudes con su madre tarde o temprano causaría problemas en su matrimonio, y podría ser cierto, no obstante, Jiang Cheng se niega a dejar que toda la culpa recaiga sobre sus hombros.

Con la tranquilidad de un omega que dio mucho de sí para cuidar a un alfa que jamás le perteneció del todo, Jiang Cheng se presentó delante de su familia con la frente en alto y el orgullo casi intacto. Puede decir con certeza que la decepción de su padre no consiguió herirlo con la misma facilidad de siempre y que, parte de su corazón, se regocijó al saber que la familia de su ex esposo lamenta su desvinculación.

Lo que sí es inesperado para Jiang Cheng, es que la ira explosiva de su madre no cae sobre él sino sobre su padre y su ex esposo; y que, tras años atrapada en un matrimonio infeliz, finalmente haya decidido ponerle fin y migrar junto a él a la localidad de Meishan. Los tres se instalan en el hogar que perteneció a su abuela y se enfocan en dar inicio a una nueva etapa de sus vidas, una donde las normas de la sociedad no dictan sus movimientos sino se guían por sus propios deseos. Su madre, por ejemplo, optó por mantener un perfil bajo y abrir una florería frente a una cafetería famosa en el corazón de la ciudad y es que, según sus propias palabras, estaba agotada de verse en la obligación de vivir bajo el foco de los medios y lidiar con gente absurda. 

Por su parte, Jiang Cheng dedicó los primeros cuatro años posteriores a su divorcio a criar a su hijo y publicar su trilogía de terror, bajo el pseudónimo de: Sandu Shengshou. Gracias al éxito en ventas, siente que la vida le sonríe y finalmente tiene el control absoluto de su vida financiera y por ende ya no depende del dinero que obtuvo de su divorcio. En tu cara, Lan XiChen.

El único factor negativo que ronda a su alrededor es la falta de cariño paternal de parte de Lan XiChen con Lan JingYi. Si bien el primer año distanciados, Lan XiChen actuó como un alfa decente y visitó al niño mes por medio, a medida que avanzaron los años sus viajes a Meishan menguaron de tal manera que la cifra bajó a cero. Por supuesto, Jiang Cheng cree que no lo necesitan, sin embargo, Lan JingYi tiene una forma completamente diferente de pensar y no lo culpa. El niño pasó meses enteros preguntando por qué su padre había dejado de quererlo hasta que se hartó de obtener las mismas respuestas y optó por masticar la decepción en silencio.

JingYi tiene doce años cuando Jiang Cheng ya es considerado un escritor destacado a nivel nacional. El día que una editorial internacional le envía un correo para informar sus deseos de traducir sus primeras obras, Jiang Cheng lloró por primera vez en frente de su madre y la oyó decir cuán orgullosa estaba de él. También fue el día en que condujo a toda velocidad al hospital tras recibir una llamada de parte de un maestro de la escuela, comunicando el traslado urgente de su hijo tras presentar síntomas de alergia alimentaria.

No contó el número de infracciones cometidas pero si los minutos que tardó en detenerse delante del edificio: 10 minutos con 40 segundos. Por fortuna, encontró a su hijo en perfectas condiciones, riendo a rienda suelta con el resto de pacientes de su edad.

—Algún día te voy a estrangular—Jiang Cheng se quejó tan pronto cruzó la entrada de la habitación.

—¡Papá! —JingYi prácticamente saltó de la camilla hacia los brazos de Jiang Cheng—. Perdón, no me di cuenta que compré las galletas incorrectas.

—Agradece a tu maestro que te trajo a tiempo o de lo contrario. . . 

Jiang Cheng cerró la boca de golpe tras la aparición repentina de un alfa de casi metro noventa de alto. Su rostro de rasgos severos y cabello corto le hacían lucir como un militar que desayuna clavos en lugar de cereal, aunque su atuendo gritaba “médico” por todos lados. Jiang Cheng se preguntó si con la sola flexión de su bicep podría rasgar la tela de la bata o si en algún momento esos pobres botones perderían la batalla en contra de semejante par de pectorales.

Bueno, hola.

El hombre se detuvo al notar su presencia e inmediatamente esbozó una sonrisa cuando sus ojos se encontraron. —¿Es el padre del muchacho?

Jiang Cheng necesitó batallar en contra de sus deseos de acicalarse. —Sí. Digo, ¿de cuál muchacho?

Una risa grave y “moja bragas” vibró en la garganta del alfa, causando un corto circuito en el cerebro de Jiang Cheng. —De Lan JingYi.

Al notar que su padre tardaba demasiado en contestar, el niño se aclaró la garganta de forma sonora y dramática, atrayendo la atención del médico. —Sí, es mi papá.

—Soy el Doctor Nie, un placer ¿Señor…?

El omega parpadeó. —¡Oh! Si, soy Jiang Cheng. . . Un placer.

JingYi miró a ambos adultos con una expresión de horror. De pronto pasó de ser el centro de atención a un mueble más de la habitación, por no mencionar que el aroma de su padre y su médico se tornaron tres veces más empalagosos. ¿Qué? ¿Justo enfrente de mí? Sintió náuseas inmediatas cuando su padre esbozó una sonrisa complaciente luego de que el doctor Nie le besara el dorso de la mano. ¿Es en serio? ¿Ahora actuaba como una damisela? Esa actitud tan risueña no coincidía con el omega gruñón que muchas veces le lanzó una pantufla por negarse a lavar sus dientes.

—Eh, papá. . . Sigo acá, ¿sabes?

Por supuesto que fue ignorado. Jiang Cheng solo le hizo un gesto con la mano y continuó prestando atención a lo que el doctor Nie decía. 

Después se marcharon juntos.

 

Jiang Cheng condujo de regreso a casa con la cabeza en las nubes. Nie MingJue -ese es el nombre del doctor- fue el primer alfa que logró lo imposible: hacerle sentir como un estúpido adolescente con las hormonas alborotadas. Pensó en todas las veces en las que compartió la cama con Lan XiChen y no hubo revoloteo de mariposas en su vientre, ni calor en las venas. Es por ello que le asombró la facilidad con la cual el aroma de Nie MingJue agitó sus extremidades y alborotó a su omega interior, sin mencionar que juntó las piernas de forma automática cuando el hombre le tocó el hombro.

JingYi lo observa con ojos entrecerrados. —¿Por qué estás sonriendo?

Al instante, Jiang Cheng se sobresaltó y frunció los labios. —¿Estaba sonriendo?

—Sí. No has dejado de sonreír desde que salimos del hospital —declaró cruzándose de brazos con un mohín—. ¿Es por el doctor Nie?

El omega resopló. —Pff. Claro que no. 

—Mhm. 

Jiang Cheng mantuvo la mirada fija en el camino a sabiendas que su mirada lo iba a delatar con su hijo. Aún así, el niño continuó observándolo con sospecha hasta que el vehículo se detuvo y se vio en la obligación de bajar para entrar en la casa. Por su parte, Jiang Cheng huyó en dirección al jardín para, según él, echarle un vistazo a las plantas de su madre. Pero allí, mientras observaba los nuevos brotes, pensó en Nie MingJue y en todos sus grandes atributos. Incluso su padre, un alfa ya maduro, parecía pequeño en comparación e incluso Lan XiChen, cuya figura estaba construida con músculos sólidos, sería la mitad de lo que el otro alfa es.

—Tiene manos grandes con… bonitos dedos —murmuró distraído—. Y… mhm.

Hubo días en los cuales Jiang Cheng decidió resignarse a la idea de morir solo. Era un omega divorciado y por ende, todos los alfas que había conocido posterior a su separación se daban la vuelta y no volvían porque para todos ellos era un fracasado. La reacción era muchísimo peor cuando mencionaba a su hijo. Es por ello que renunció a la búsqueda de un romance y se dedicó en alma y cuerpo a criar a JingYi y crecer como escritor. Pero con la aparición de Nie MingJue, ese anhelo de conectar con un alfa nuevamente despertó, haciéndolo sentir miserable y ansioso. 

Lo peor de todo es que esa sensación agridulce en la boca del estómago lo acompañó durante toda la semana e incrementó el día que tuvo que presentarse en el hospital junto a JingYi para un control médico. Según palabras de su madre, una cita médica para llevar un seguimiento de la recuperación del niño no era necesaria y creía fielmente que se trataba de una tonta excusa del alfa para volver a ver a Jiang Cheng. Lan JingYi lo creyó a ojos cerrados pero su padre omega no. ¿Por qué se interesaría en mí? Es lo que les dijo entre tanto escogía qué suéter vestir para el reencuentro.

Antes de utilizar un par de sillas de la sala de espera, la puerta de la oficina de Nie MingJue se abrió y él se asomó con una expresión bastante risueña.

—Hey, me alegra de que estén aquí.

El corazón de Jiang Cheng dio un vuelco y sus mejillas se tornaron completamente rojas. Lan JingYi frunció el ceño.

—Doctor Nie —el omega saludó inclinándose de manera cordial.

Lan JingYi creyó oír que Nie MingJue ronroneaba. Iugh.

—Señorito Jiang. Joven Lan JingYi. Pasen, por favor.

Jiang Cheng fingió que prestaba atención a lo que Nie MingJue decía, pero lo cierto es que estaba distraído observando el movimiento de sus labios y la flexión de sus brazos durante el examen físico del niño. ¿Cuántos kilos podrá levantar en el gimnasio? Se preguntó suspirando en el proceso. Por supuesto, esto llamó la atención de su hijo quien le dedicó un gesto de horror y luego se las ingenió para acaparar toda la atención de Nie MingJue. Tsk, este mocoso.

Sintiéndose ofendido, Jiang Cheng los ignoró y comenzó a estudiar la habitación con mirada. Descubrió un gran número de certificados colgando en una pared y un enorme estante con tomos de generoso grosor, la mayoría sobre medicina a excepción de…

Jiang Cheng parpadeó, atónito. Había al menos cuatro libros de su colección de terror y dos de sus más famosas trilogías de suspenso. ¿Acaso…? Su pecho se infló con orgullo al instante e incluso sonrió con presunción mientras se acomodaba en la silla. Nie MingJue lo miró de reojo, fascinado con su belleza y aura eléctrica. Era similar a una noche de tormenta que parpadea con luces vibrantes y sonidos estruendosos, pero que no deja de ser hipnótica y maravillosa. Por primera vez pensó que ponerse de rodillas y dejarse pisotear por un omega no sonaba tan descabellado.

En cuanto la consulta terminó, Jiang Cheng permitió que JingYi corriera hacia el siguiente pasillo para conseguir algo de comer de la máquina expendedora. Pero lo cierto es que fue una sucia excusa impulsada por su deseo de quedarse a solas con el alfa un par de minutos extra.

—Si su hijo muestra signos de un nuevo cuadro, ya sabe donde encontrarme —Nie MingJue dijo, de pie bajo el umbral de la puerta. 

—Lo tendré en cuenta, doctor Nie —contestó, preguntándose si se le consideraría un mal padre por usar a su hijo como excusa para ver a Nie MingJue una vez más.

—Mhm, creo que es mejor que tengas mi contacto —declaró extendiendo una tarjeta hacia él—. En caso de que surja alguna emergencia.

Jiang Cheng la aceptó con una sonrisa complacida. ¡Sí, sí, sí! —Gracias, doctor Nie.

“Por cierto, pude notar que tienes libros de Sandu Shengshou en tu librero…”

El rostro del alfa se iluminó aún más. —¿Te gusta? Es uno de mis autores favoritos.

—S-si… me gusta mucho —contestó, intentando con todas sus fuerzas mantener una expresión neutral aunque por dentro estaba gritando y brincando.

—Estoy esperando con ansias la publicación del último volumen de su más reciente trilogía.

Jiang Cheng sintió que el corazón le latía con mayor rapidez. —Yo también. Realmente deseo saber qué secretos oculta la secta del Monte Yujun.

Al notar que Lan JingYi se aproximaba a ellos, Nie MingJue se acercó a Jiang Cheng para susurrar en su oído. —Si algún día tienes tiempo, estaría encantado de compartir un café contigo y continuar esta charla.

El omega se estremeció producto de la caricia cálida del aliento de Nie MingJue. 

—O puedes llamarme —añadió, dando un par de pasos hacia atrás—. Ahora tienes dos excusas.

Y se marchó tras guiñar un ojo con coquetería, dejando a Jiang Cheng con las rodillas temblorosas y un rubor que se extendió hasta su cuello.

 

El asunto dio vueltas en su cabeza durante días. Llamar o no llamar, ese era el dilema. No quería parecer un omega desesperado por atención alfa y tampoco perder la oportunidad de conocerlo un poco más. ¿Cómo encontrar el equilibrio perfecto entre ambos pensamientos? Jiang Cheng no se considera muy versado en estos temas, prácticamente lo entregaron a la familia Lan con su inocencia intacta y sus intentos de citas resultaron ser un completo fracaso.

Intentó concentrarse en los últimos detalles de la publicación de su nuevo libro, pero lo consiguió a medias ya que recordaba con demasiada frecuencia el entusiasmo de Nie MingJue. Lo imaginó observando la página web de la editorial a la espera del inicio de la pre-venta y su corazón dio un vuelco, ilusionado. También tuvo una idea.

Llamó a Nie MingJue esa misma noche. No quiso prestar atención al temblor de sus manos y mucho menos al dolor de estómago producto del nerviosismo, o de lo contrario terminaría la llamada antes de siquiera decir “hola”.

—¿Diga?

Jiang Cheng estuvo a punto de lanzar el teléfono al otro extremo de su habitación.

—Hey… Es… —Maldición—. Soy Jiang Cheng.

Hubo una pausa y luego el estruendo de una persona chocando contra los muebles. —¡Jiang Cheng! Vaya, que… que sorpresa.

—Si, eso creo —¿Qué significa eso? Jiang Cheng eres un tonto.

Nie MingJue rió. —Creí que me habías dejado en el olvido.

El omega se sonrojó. —Mhm. Puede ser. 

Oh —más risas—. Entonces ¿a qué debo el placer de esta llamada?

Jiang Cheng necesitó tomar una respiración profunda. ¿Por qué el nerviosismo sólo iba en aumento?

—Solo tenía curiosidad… ¿Conseguiste reservar el último libro de Sandu Shengshou a tiempo?

—Por supuesto, ¿y tú?

—No —mintió—. Es una pena.

—No estés triste, cariño. Podemos compartir el mío —dijo con bastante entusiasmo,  totalmente ajeno a la forma en que agitó las entrañas de Jiang Cheng por llamarlo así—. Aunque… Tengo una pequeña condición.

¡Eso! 

Jiang Cheng se aclaró la garganta. —¿Cuál sería?

—Qué aceptes compartir una taza de café conmigo.

¡Sí, sí, sí! 

—Eres un tramposo, ¿no crees?

Nie MingJue resopló y rió. —¿Por qué lo dices? Es un trato justo.

 

Acordaron reunirse en un café central de la ciudad el próximo fin de semana. A Jiang Cheng la espera se le hizo eterna y, sumada a la expectativa de la publicación de su libro, le hicieron sentir tan ansioso que sintió náuseas la mayor parte del tiempo. Su hijo resopló y resopló, descontento con este aroma tan dulce que emanaba de su padre pero también muy curioso debido a que era la primera vez que lo olía en él. Yu ZiYuan se burló de Jiang Cheng con tanta frecuencia que parecía una versión un tanto más tosca de Wei WuXian.

Cuando llegó el día Jiang Cheng estaba frenético. No logró comer puesto que sentía un nudo en el estómago y pasó la mayor parte del día decidiendo qué vestir para impresionar a Nie Mingjue, pero que no expusiera demasiado su entusiasmo y mucho menos que lo hiciera ver como un desesperado. Es solo un café, se decía una y otra vez en intentos fallidos de calmar su alocado corazón.

Nie MingJue lo esperaba sentado en un rincón apartado del resto. Vestía una camisa color vino y pantalón negro que se ajustaba de manera perfecta a sus muslos musculosos. Traía las mangas arremangadas hasta los codos concediéndole una vista bastante atractiva de sus antebrazos tan bien esculpidos como el resto de su cuerpo, y de las venas que sobresalen dándole un aspecto más tosco y varonil. A Jiang Cheng se le formó un nudo en el estómago de tan solo imaginar tocarlo o que él lo tocara con esas manos grandes y dedos largos.

Cálmate.

Tomó una gran bocanada de aire y avanzó dando grandes zancadas. Nie MingJue le sonrió en cuanto le vio e inmediatamente se levantó para saludarlo y ayudarle a sentarse.

—Luces encantador —le dijo, descansando su mano demasiado tiempo en el respaldo de la silla. Jiang Cheng podía sentir el candor de ese cuerpo colándose bajo sus propias capas de ropa—. Gracias por venir.

Jiang Cheng resopló. —Suenas como un hombre de negocios.

El alfa rió y los ojos de Jiang Cheng quedaron suspendidos en sus hoyuelos. —¿Quieres que confiese que estuve tan ansioso porque este día llegara que no comí ni dormí como una persona decente?

El omega se sonrojó de inmediato. —¡Tu! Ugh

—Estás mostrándome una de tus debilidades con demasiada libertad, Jiang Cheng.

—¿Cuál sería? —Jiang Cheng desvió la mirada.

—Te avergüenzas con facilidad —contestó inclinándose un poco sobre el omega—. Y eso me hace desear molestarte demasiado.

Jiang Cheng resopló. —Y tú no conoces el significado de “espacio personal ajeno”.

Nie MingJue le acarició el lóbulo de la oreja. —Tu espacio personal me parece bastante agradable.

Una vez más, Jiang Cheng se sonrojó. —Mi espacio personal no te quiere cerca —dijo, poniendo su mano sobre la cara del alfa para empujarlo lejos de sí.

—Ya veremos.

Antes de que pudiera contestar, una camarera beta se les acercó para tomar sus pedidos. Hablaron sobre libros mientras esperaban la comida y luego, comieron entre comentarios vagos y bromas coquetas de parte de Nie MingJue. A Jiang Cheng le pareció encantador a pesar de esa extraña manía por ponerle los nervios de punta. Incluso notó que disfrutaba esa sensación vibrante en el pecho y el subidón de adrenalina cada vez que el alfa se inclinaba sobre él. Es… bueno, ¿no? 

—¿Cómo supiste que querías ser médico? —Jiang Cheng le preguntó con genuina curiosidad.

Nie MingJue arrugó la nariz y resopló, como si estuviera avergonzado de sí mismo. —No es… Uhm… El motivo es bastante tonto.

—Quiero saber —el omega insistió entre risas.

—Bien, bien —respiró profundamente—. Me enamoré perdidamente de un omega muy, muy enfermizo. Con ello lo digo todo, por favor no me pidas detalles porque podría morir de vergüenza. 

En lugar de burlarse, Jiang Cheng puso su mano sobre el bicep del alfa para brindarle consuelo. —No es un motivo tonto, MingJue. Es… Lindo, creo.

—Ajam. Lindo, sí. Pero también estúpido. Sobre todo si el omega en cuestión te engañó con el hombre que considerabas un hermano.

El jadeo que Jiang Cheng soltó fue tan dramático, que acaparó la atención de varios comensales y provocó una risa explosiva en Nie MingJue. —¡Dioses! ¡No te rías! Lo que me acabas de contar es horrible.

—Lo sé —murmuró encogiéndose de hombros—. Pero continuar amargado por ello no vale la pena, Jiang Cheng. Me libré de un ser humano egoísta y manipulador.

“Lo único que lamento, es haberme visto en la obligación de abandonar al niño que críe como mío por casi cuatro años.”

Un nudo se formó en la garganta de Jiang Cheng al captar la nostalgia en los ojos del alfa. —¿Hubo un niño de por medio?

—Sí. Me hizo creer que el niño era mío hasta que mí hermano menor descubrió la verdad —aseveró entre tanto acariciaba la mejilla del omega—. Realmente me dolió saber que RuSong era hijo de otro alfa.

Al oír ese nombre, Jiang Cheng dio un brincó en su asiento y lo miró atónito. —¡¿RuSong?! ¡¿El RuSong de Meng Yao?! ¿El omega con el Lan XiChen, mi ex esposo, me engañó?

Nie MingJue se atragantó con su propia saliva y comenzó a toser de forma ruidosa. —Tiene que ser una coincidencia. . . ¡OH, MIERDA! ¡¿Estuviste casado con Lan XiChen?!

Jiang Cheng parecía que acababa de chupar un limón. —Sí, estuvimos casados. JingYi es hijo suyo, por desgracia.

—Ese cabrón —Nie MingJue gruñó, resoplando como un toro a punto de atacar—. Estuvo casado contigo y te dejó ir por ese pequeño mentiroso. Já. Es evidente que los dioses tienen sus favoritos.

—Ninguno quiso ese matrimonio —el omega se encogió de hombros—. Fue un acuerdo de nuestros padres, así que era un matrimonio destinado al fracaso.

“No lamento que se haya terminado. Tuve que poner en pausa mi crecimiento personal con tal de cumplir con las expectativas que ambas familias tenían en mí. Solo tras divorciarme y mudarme a Meishan pude hacer todo aquello que siempre soñé.”

“El único que se vio afectado es JingYi —añadió con un suspiro melancólico—. Él amaba a Lan XiChen pero… su corazón ahora está lleno de rencor y no sé cómo ayudarlo.”

—¿Se siente abandonado? 

Jiang Cheng asintió. —Lan XiChen no ha sido un padre ejemplar.

—Es un hombre fácil de manipular —Nie MingJue aseveró—. En manos de un omega como Meng Yao es el triple de imbécil.

Para sorpresa del alfa, Jiang Cheng rió suave y relajado, y se inclinó un poco más hacia su espacio personal. —¿Tú también eres un imbécil manipulable?

—Solo si eres tú quien va a tirar de los hilos —contestó en voz baja y coqueta.

Jiang Cheng volvió a reír.



Nie MingJue insistió en que volvieran a verse la semana siguiente. Jiang Cheng fingió que lo pensaba solamente para no parecer un omega desesperado, aunque el entusiasmo en su voz lo acabó delatando de todos modos.

JingYi huyó en cuanto percibió el aroma de un macho adulto sobre su padre y no le dirigió la palabra hasta el día siguiente. Por su parte, Yu ZiYuan lo miró por sobre sus anteojos y luego sonrió con malicia dejando a Jiang Cheng en el pasillo sonrojado hasta el cuello.

Debido al presentimiento que se albergó en su pecho, Jiang Cheng decidió invitar a su hijo a dar un paseo por uno de los parques de Meishan. Comprendía de cierta forma la inquietud de JingYi con respecto a la aparición de un alfa y pretendía apaciguar ese sentimiento con una charla sincera.

—A-Yi, ¿qué piensas de Nie MingJue?

El niño lo miró de soslayo un segundo. —¿Quién?

Jiang Cheng resopló ante el tono condescendiente. —El alfa con el que tuve una cita el otro día.

JingYi no contestó. Mordió de mala gana una de las galletas que Jiang Cheng le compró y siguió caminando. Debido a su actitud, el entusiasmo del omega se desvaneció dejando una sensación amarga en la boca del estómago. ¿Qué podría hacer? 

Casi a mitad de sendero el niño se detuvo.

—¿Te gusta ese alfa, papá? —preguntó sin rodeos.

A sabiendas que nada positivo lograría evadiendo la respuesta o mintiendo para evitar la vergüenza, Jiang Cheng optó por abrirse sinceramente con su hijo.

—Me atrae —contestó, apoyándose en un árbol al costado del camino—. Y por ello quiero conocerlo mejor.

JingYi frunció el ceño y los labios. —¿Y si es como mi padre?

Fue el turno de Jiang Cheng de fruncir el ceño. —¿Cómo es Lan XiChen? ¿A qué te refieres?

—Tu sabes —contestó de mala gana—. Es un mentiroso.

En cuanto notó que los ojos de su hijo comenzaban a brillar con lágrimas de enojo y tristeza, Jiang Cheng lo estrechó en un abrazo apretado.

—Nunca sabré qué me espera doblando la esquina si me niego a dar el paso —le dijo tras brindarle un beso en el cabello—. Quiero intentarlo, A-Yi. 

—Va a tener que pelear conmigo si quiere ganarse tu amor.



Para la segunda cita Nie MingJue lo llevó al cine. Jiang Cheng se quejó de ser demasiado cliché pero disfrutó de la compañía del alfa y de la comida que compartieron más tarde en un parque a la orilla del río. Hablaron sobre libros y sobre niños. A Jiang Cheng le pareció bastante cómico que un hombre del tamaño de Nie MingJue se emocionara tanto hablando de bebés y a su vez, le entristeció en gran manera comprender la profundidad del dolor que sintió al perder al pequeño que crió como su hijo.

La semana siguiente Jiang Cheng le hizo una visita sorpresa al alfa en el hospital. 

 —Calculé mal y salió una porción extra de comida —le dijo empujando una lonchera con caricaturas en el pecho de Nie MingJue—. Si no te gusta pues lo tiras y ya.

El rostro del alfa era un poema. —¿Qué dices? Si está hecho por tí, lo comeré aunque tenga veneno.

—Mh, tal vez debí ponerle veneno en serio.

Jiang Cheng recibió una caricia en la mejilla. —Permíteme llevarte a comer más tarde, por favor.

Fingió que lo pensaba. —Acepto —murmuró desviando la mirada—. Pero tienes que saber que acepté solo porque me da pereza cocinar.

—Te llamaré cuando esté de salida.

Fiel a su palabra Nie MingJue lo llamó de camino al estacionamiento del hospital y una hora más tarde recogió a Jiang Cheng y lo llevó a cenar a uno de sus lugares favoritos.

La ocasión se repitió las siguientes cuatro semanas y solo entonces Jiang Cheng sintió la suficiente confianza para incluir a JingYi en sus planes. A Nie MingJue la idea lo entusiasmó tanto, que comenzó a planear de inmediato, por el contrario a La JingYi, cuyo rostro se torció en una mueca de desagrado.

Mueca que se acrecentó cuando Nie MingJue apareció en la puerta de su casa.

—Hola, JingYi —el alfa le saludó.

El niño se sintió demasiado pequeño cuando el hombre dió un paso hacia él. —Uhm, hola.

—Hey —ambos giraron al reconocer la voz de Jiang Cheng—. ¿Por qué están parados en la entrada como tontos?

—Admirando tu belleza —Nie MingJue contestó para sorpresa de JingYi, que lo miró como si acabará de crecerle una segunda cabeza.

—Ese cuerpo tuyo tan grande solo ayuda a albergar muchísima estupidez —el omega murmuró aunque su rostro sonrojado delataba su vergüenza.

Nie MingJue rio de manera encantadora. —Entonces reconoces que soy grande.

—Si van a hablar de temas adultos que no sea con mi nieto presente —Yi ZiYuan gritó desde el otro lado del pasillo.

—No entendí —JingYi se quejó.

—Es mejor así —Jiang Cheng le dijo tras meter su cabeza bajo un gorro de lana—. Abrígate, donde iremos hará mucho frío.



Nie MingJue los condujo hacia Qinghe. Fue un viaje de aproximadamente dos horas en las cuales JingYi permaneció callado pero atento a la interacción entre los dos adultos. Recordaba vagamente los viajes “familiares” con su padre, en realidad no había algo memorable en ellos, sólo silencio y un amargo vacío que quedó grabado dentro de su mente.

Es por ello que se siente en conflicto durante el paseo por el acuario. Un maldito acuario. Monstruoso, lleno de peces, corales y todo lo que pudieses imaginar. Y Nie MingJue es un tipo bromista, atento y además muy imponente, que no lo ha perdido de vista ni un momento a pesar de estar pendiente de Jiang Cheng.

La guinda del pastel es que pide una torre de hamburguesas para todos y no se molesta en tomar los cubiertos, al contrario, usa las manos para todo aunque tenga que estar cada diez segundos limpiándose los dedos con las servilletas. JingYi no puede imaginar a su padre alfa haciendo tal cosa, no, no. Es más, duda que Lan XiChen haya probado una tonta hamburguesa en toda su vida puesto que las normas familiares prohíben la comida chatarra e incluso consideran una falta de respeto y decoro usar las manos en lugar de los cubiertos. Pero Nie MingJue succiona la comida como si no hubiese un mañana mientras ríe relajadamente y charla sobre cualquier cosa que se le venga a la mente.

—¿Por qué no estás comiendo, A-Yi?

La voz de su padre lo saca de sus pensamientos y nota que ambos adultos lo observan. —Esa montaña ya se lo devoró todo.

Jiang Cheng casi se cae de la silla ante la falta de respeto de su hijo pero Nie MingJue suelta una carcajada. —¿Y el problema? Si la comida se acaba pedimos más.

—¡MingJue!

—Cheng Cheng, si frunces tanto el ceño ninguna crema podrá hacer el milagro en el futuro —se burló tocándole la frente al omega—. No te enfades, solo déjalo y ya.

—No está bien que te hable así, MingJue.

—Dale tiempo.

JingYi no supo si llorar o reír. De haberse tratado de su padre alfa, lo habría llevado al despacho a copiar las normas aunque aquello le produjera calambres en la muñeca. Pero Nie MingJue tiene una expresión serena, divertida y cariñosa que le hace sentir comprendido y no como un mocoso que está haciendo una rabieta por nada.

—Solo estaba bromeando —dice en voz baja y aunque no es una disculpa en sí, Nie MingJue le sonríe.

—¿Lo ves, Cheng Cheng? 

—Mh.



Por supuesto que la experiencia se repite y se repite. Después del acuario vienen los autitos de carrera, el zoológico, patinaje en hielo e incluso paracaidismo. JingYi llega a la conclusión que Nie MingJue es un tipo bastante recto pero que le gusta divertirse a lo grande.

Cuando transcurren tres meses desde su primera cita, Nie MingJue los invita a cenar con su familia, quienes parecen estar tan locos como él. Nie ZieLi, su padre, es un ex militar. Su madre (que es paz descanse) ejerció como enfermera en el hospital militar de QingHe, su madrastra es una decoradora de interiores y su hermano menor, Nie HuaiSang, es un loco de la moda que además se alimenta de chismes. Fue Nie HuaiSang quien descubrió que RuSong no era hijo legítimo de Nie MingJue. 

La cena estuvo llena de anécdotas familiares y preguntas casuales. Jiang Cheng rió con libertad e incluso dejó salir su lado más venenoso sin temor a ser juzgado, ganándose el favor del padre y el hermano menor. Por su parte, JingYi habló hasta por los codos. Nadie le recordó que en presencia de adultos debe permanecer en silencio y mucho menos que su voz debía ser suave como un maldito soplo de viento. No lo malentiendan, ama a sus abuelos Lan e incluso a su tío Lan WangJi (es quien envía los mejores regalos), pero con ese estilo de vida tan rígido no fue feliz.

La siguiente cena es en casa de la abuela Yu. La familia de Nie MingJue aparece con regalos y nuevas anécdotas porque les encanta vivir al límite. Tratan a JingYi con cariño e incluso lo miman más de la cuenta, dejándolo atiborrarse de alitas de pollo con la excusa de que debe crecer tan alto como Nie MingJue. No tiene sentido, pero de alguna forma que no logra entender, se siente feliz de pensar que podría llegar a tener la contextura física del alfa.

Es recién en el quinto mes de salidas y reuniones que Jiang Cheng está de acuerdo con ponerle un “título” a la relación. Eso quiere decir que oficialmente son novios aunque aún no hay planes de vivir juntos, de momento solo visitas entre ambas partes, gracias.

Cuando ya transcurre un año Jiang Cheng le revela a Nie MingJue que es Sandu Shengshou, por medio de un libro en el que escribió una dedicatoria bastante personal.

“Acepto casarme contigo, A-Jue. Atte: Sandu Shengshou”.

Nie MingJue casi se muere tras atorarse con un pedazo de pastel pero se las arregló para abrazar y besar a Jiang Cheng.

—¿Me estás —tos— diciendo que tú —tos y más tos— eres mi autor —tos, tos y lágrimas— favorito?

Jiang Cheng le acercó un vaso con agua. —¡¿Eso es lo que tiene más importancia para tí?!

—Estoy muy feliz de que aceptes casarte conmigo —dijo tras beber un sorbo—. Que bueno que siempre traigo conmigo el anillo.

La boda se llevó a cabo un año más tarde. No hubo demasiados invitados, solo algunos familiares de Nie MingJue, compañeros de trabajo, el representante y parte de la editorial de Jiang Cheng, Jiang YanLi con esposo e hijo y Wei WuXian. A este último le confiscaron el teléfono para que no publicara fotos en sus redes sociales.

Se mudaron a una casa bastante amplia con cuatro habitaciones. JingYi pensó que era excesivo pero esa misma tarde recibió la noticia de que tendrá un hermano. Esto le genera conflicto al comienzo, debido a que no está acostumbrado a compartir, sin embargo, a medida que transcurren los días la idea le parece bastante linda.

Es en el último trimestre del embarazo de Jiang Cheng que la invitación al cumpleaños número cincuenta de Lan QingHeng aparece en su correo electrónico. Es una mera formalidad puesto que minutos más tarde el alfa lo llama para rogarle que asista junto a JingYi.

—A-Yi, es importante para tu abuelo —insiste tras la negativa de su hijo.

—Lan XiChen va a estar ahí —JingYi espera regresando su atención a la pantalla de su teléfono.

—A-Yi, tu diedie te está hablando —Nie MingJue lo reprendió cruzándose de brazos.

El adolescente gruñó con exasperación dejando el aparato de lado. —Es injusto que me obliguen a ir.

Jiang Cheng se sentó a su lado. —A-Yi, comprendo la razón por la cual no quieres asistir.

“A mí tampoco me hace feliz la idea de ver a Lan XiChen y mucho menos al arrastrado de su esposo.”

—Por los dioses, A-Cheng —Nie MingJue se echó a reír a rienda suelta.

—¿Ves? A ninguno le entusiasma la idea —JingYi espetó haciendo un mohín.

—No vamos por Lan XiChen, A-Yi. Sino por tu abuelo y tú abuela, quienes siempre han estado pendientes de tí.

—Te envían dinero todos los meses, cabeza de pollo —el alfa le recordó.

—Te visitan todos los años —añadió Jiang Cheng—. Y nunca se olvidan de tu cumpleaños.

Nie MingJue se sentó también con ellos. —Velo de esta forma. Entras, saludas a tus abuelos, entregas el regalo, comes un trozo de pastel y te vas.

JingYi lo meditó. —¿Puedo omitir lo del pastel? Son asquerosos.

—Trato hecho.




Durante el viaje JingYi no dejó de pensar en lo mucho que prefería evadir el reencuentro con Lan XiChen. Tiene catorce años, ya no se considera un niño y por ende, hay muchas cosas que por fin comprende. No culpa a Jiang Cheng por todas las veces en las que justificó a su ex esposo para que él dejara de llorar en medio de la noche. Tampoco está enfadado por las mentiras que Jiang Cheng le dijo como una forma desesperada de no romper más su corazón. ¿Que podría hacer un padre omega soltero contra las cientos de preguntas de su hijo? A los cuatro años no habría entendido la realidad, ni a los cinco, ni a los seis. 

—A-Yi, ¿dónde está tu brazalete? —Jiang Cheng preguntó mirándolo por el espejo retrovisor.

El adolescente se encogió de hombros. —Ni idea.

En realidad trae el brazalete de la familia Lan en el bolsillo pero se niega a usarlo.

—¿Es necesario que lo tenga puesto? —Nie MingJue preguntó un tanto asqueado.

—Son solo tradiciones —Jiang Cheng contestó restándole importancia—. Siempre he creído que es tonto darle un brazalete a un niño para que se identifique como miembro de la familia.

Jiang Cheng jamás quiso ahondar demasiado en el asunto. Creyó que molestaría a sus suegros si hacía demasiadas preguntas y después olvidó el asunto. Con la información que tengo basta, pensó. Tampoco estuvo ansioso porque Lan XiChen compartiera sus tradiciones con él. , sabía que ese brazalete era importante y que él como cónyuge tenía derecho a tocarlo, pero nunca lo intentó. 

Lan XiChen tampoco lo pidió.

Dejan el tema de lado porque ninguno cree que merezca la pena darle más vueltas. Prefieren hablar de otros temas como la escuela, el trabajo y los preparativos para la llegada del bebé. 

Arriban en la mansión Lan justo a tiempo. Nie MingJue prefiere mantenerse al margen y esperar afuera, aunque le insiste a Jiang Cheng que mantenga el teléfono cerca en caso de emergencia. JingYi siente náuseas.

Es Lan QingHeng quien abre la puerta. Se muestra entusiasmado y emocionado hasta las lágrimas y no tarda en estrechar a JingYi en un abrazo apretado. Le sigue su esposa quien repite el mismo patrón, con la única diferencia de que añade besos en las mejillas del nieto.

—Mi adorado A-Yi, te extrañamos tanto —ella dijo volviendo a besarlo—. Estás tan grande y tan guapo.

—Hola —JingYi murmuró queriendo esconderse en lo más profundo de su hoodie.

—Gracias por venir —el alfa expresó dejando ir al pobre adolescente. Posó su atención de inmediato en la persona detrás y su sonrisa se hizo más amplia—. ¡A-Cheng, que alegría verte de nuevo!

—Señor Lan —contestó cordialmente.

—¡Por los dioses, A-Cheng! —la mujer chilló atónita—. ¿Vas a tener un bebé?

El omega asintió un tanto incómodo. —Si, ja, ja. ¡Sorpresa!

—Oh, oh. Nosotros vamos a guardar el secreto, ¿Verdad, esposo?

Lan QingHeng rió. —Por supuesto —se acercó a Jiang Cheng para susurrar—. A nadie le hemos dicho sobre tu matrimonio.

—Se los agradezco.

Entraron tras los pasos del matrimonio anfitrión, en completo silencio y sintiéndose un par de patos en un estanque ajeno. Por fortuna el lugar seguía siendo tal cual lo recordaban, de modo que esa sensación de estar fuera de lugar disminuyó considerablemente. Al cruzar la sala se encontraron con Lan WangJi, quien se levantó de inmediato del sofá para saludar a JingYi. Tras él apareció Lan ShiZui y un adolescente que no conocía. 

—A-Yi, es bueno verte —Lan WangJi dijo enseñando una pequeña sonrisa.

—Gracias, shushu —contestó, incómodo por la insistente mirada del desconocido.

—Es de mala educación observar a la gente de ese modo, RuSong —Lan QingHeng lo reprendió usando un tono de voz que jamás ha usado con JingYi.

El aludido desvío la mirada. —Lo lamento, señor Lan.

—A-Yi, no le hagas caso —la abuela le tomó de las manos para guiarlo al sofá donde estaba sentado Lan QingHeng—. Ven, siéntate con nosotros. 

«A-Cheng, no seas tímido, acompáñanos —le habló con dulzura—. A-Zhan, dile a las muchachas que nos traigan algo de beber.»

El omega asintió sentándose junto a su hijo, no por querer estar pegado al matrimonio Lan, sino para ser un apoyo para su hijo.

—¿Cómo es la vida en Meishan, JingYi? —Lan ShiZui preguntó con genuina curiosidad.

—Es una maravilla —su entusiasmo hizo reír a Jiang Cheng—. La escuela naval es de otro mundo. 

«Hacemos excursiones en barco y mucho buceo. También hay competencias de natación en el mar y eventos en la base de la marina.»

—Genial.

Lan QingHen infló el pecho. —Vimos la transmisión de la competencia de natación, A-Yi. Lo hiciste muy bien.

—Primer lugar por tres años consecutivos —Madam Lan aplaudió como una niña.

—No es la gran cosa —JingYi murmuró avergonzado.

—¡Estoy aquí! —Todos supieron de inmediato que se trataba de Wei WuXian—. Hola a todos. 

Cuando sus ojos se posaron en JingYi y Jiang Cheng, corrió hacia ellos y se les lanzó encima. 

—Wei Ying, ten cuidado con A-Cheng —Madam Lan le palmeó los costados—. Por los dioses. A-Zhan, tu esposo está siendo rudo.

Lan WangJi tomó a Wei WuXian por la cintura. —Lan Zhan, no seas cruel, solo quería saludar a mi hermanito favorito y a mi sobrino favorito.

—¿Estás bien, A-Cheng? —la mujer le sostuvo por los hombros con notoria preocupación. 

La forma en que Jiang Cheng acarició su vientre y asintió no pasó desapercibida para Wei WuXian. 

—¿Ah? Jiang Cheng… —el hombre parpadeó y luego abrió la boca de par en par—. ¡Vas a tener un bebé!

Antes de que Jiang Cheng pudiera contestar y el resto hacer callar a Wei WuXian, una figura alta y elegante apareció en la entrada. Venía acompañado de un omega cuya sonrisa titubeó al ver a Jiang Cheng junto a los Lan.

—Jiang Cheng —Lan XiChen no se molestó en disimular su asombro—. ¿Estás en espera?

—No es de tu incumbencia —Jiang Cheng contestó metiendo las manos disimuladamente en los bolsillos de su hoodie para coger el teléfono.

Ante la rosca respuesta el alfa parpadeó como si saliera de un trance y fijó la mirada en el adolescente sentado junto a su padre.

—¿A-Yi? —Lan XiChen le sonrió—. Vaya, es bueno verte.

El adolescente se erizó como un gato. —No puedo decir lo mismo, señor Lan.

Lan QingHen y su esposa jadearon aturdidos por la respuesta, Wei WuXian se largó a reír, Lan WangJi y Lan ShiZui hicieron muecas de incomodidad, Meng Yao y su hijo resoplaron y Jiang Cheng marcó el número de emergencia.

Lan XiChen no pudo disimular el malestar que le generó chocar de frente con el rechazo de su hijo. —A-Yi…

—¿Qué esperaba, señor Lan? ¿Un abrazo y un beso?

—A-Yi, por favor, prometiste no hacer una escena —Jiang Cheng le susurró.

Lan JingYi se cruzó de brazos haciendo un mohín. —Ok.

—¿Por qué dejas que te hable así, papá? —RuSong intervino aferrándose al brazo de Lan XiChen.

—Guarda silencio, niño —Lan QingHeng le ordenó.

—Suegro, A-Song se preocupa por su padre.

Esta vez fue Madam Lan quien habló. —Calla.

Jiang Cheng suspiró. ¿En qué clase de drama familiar se vino a meter? No cabe duda de que los Lan no han aceptado a Meng Yao a pesar de estar casado con su hijo. Casi soltó un suspiro de alivio cuando el timbre sonó y oyó la voz de Nie MingJue que se aproximaba por el pasillo.

—Sabía que no era buena idea —dijo asomando su enorme figura—. Nos vamos.

Lan JingYi se puso de pie de un brinco. —¡YA ERA HORA!

El rostro de Meng Yao se tornó pálido y el de Lan XiChen rojo. Nie MingJue tan solo les dedicó un gesto despectivo que titubeó cuando su mirada se encontró con la de RuSong. Pero el adolescente en lugar de sonreír o dedicarle alguna palabra, se escondió tras Lan XiChen.

—¿Qué haces aquí, MingJue?

El aludido extendió la mano en dirección a Jiang Cheng, que no tardó en tomarla. —Vine por mí esposo y mí hijo.

La reacción fue inmediata. Tanto Meng Yao como Lan XiChen abrieron ojos y boca totalmente incrédulos. —¿Qué? Jiang Cheng y tú…

Sorpresivamente, Meng Yao soltó una risita cargada de ironía. —Vaya, no esperaba semejante giro de acontecimientos.

—Jiang Cheng —Lan XiChen insistió, ignorando a su esposo.

El omega puso los ojos en blanco. —Repito, no es de tu incumbencia.

—Por supuesto que lo es —espetó—. Tengo que saber con quién vive hijo.

Jiang Cheng rió junto a Nie MingJue y Wei WuXian. —¿Cuál hijo? ¿El que abandonaste?

—Yo no lo abandoné, tu te lo llevaste.

La furia estalló dentro de Jiang Cheng mas se contuvo de decir cosas fuera de lugar para no herir a su hijo. Nie MingJue, al comprender su esfuerzo, lo abrazó cariñosamente besando una de sus mejillas. El gesto enfadó aún más a Lan XiChen, quien creyó que la pareja intentaba burlarse de él. Pero antes de que arremetiera contra ellos, JingYi sacó el brazalete de su bolsillo y lo empujó contra el pecho de Lan XiChen.

—Yo no soy tu hijo —dijo con frialdad—. Lo único que me ata a tí es el apellido pero ahora te digo, Lan XiChen, que renuncio a ser un Lan.

«Puedes darle este brazalete a alguien más o tirarlo a la basura, realmente no me importa.»

—A-Yi, no tienes que hacer esto.

—¿Por qué no? No tengo un solo recuerdo de nosotros siendo padre e hijo. Eres un desconocido para mí.

Lan XiChen sostuvo el brazalete antes de que cayera. —Escucha…

—No. No quiero escucharte. Sigue con tu vida como lo has hecho durante todos estos años —JingYi se cruzó de brazos—. No me interesa ser llamado tu hijo. No me interesa continuar tu legado. No me interesas tu.

Meng Yao abrazó a Lan XiChen. —Cariño, te dije que le habían envenenado la mente.

El comentario hizo que el alfa mirara a Jiang Cheng con el ceño fruncido. —¿Qué le has dicho?

—¿Vas a culpar a Jiang Cheng de tu evidente incapacidad de ser un padre decente? —Nie MingJue no se molestó en medir la burla en su voz—. Eres un imbécil, XiChen. Siempre dejándote manipular.

—¿Y tú no? —Lan XiChen contraatacó.

—Yo abrí los ojos. Tú continúas siendo un ciego —señaló con el mentón a RuSong—. Es curioso que no se parezca a tí ni a Meng Yao.

Meng Yao se paralizó al instante. El matrimonio Lan compartió miradas de confusión mientras que el resto sintió genuina curiosidad. Lan XiChen no se movió debido a la ira que burbujeaba dentro de sus entrañas.

—¿Qué intentas decir? —Preguntó sin prestar atención a los jalones de brazo que le dió Meng Yao.

—Cariño…

Nie MingJue sonrió con malicia. —Nada. Solo quería hacer una observación.

—A-Jue, basta. 

—A-Cheng, no voy a permitir que ese enano te apunte con el dedo. 

Lan XiChen batalló en contra de la amargura en su pecho al ver la forma en que Jiang Cheng le sonreía a Nie MingJue. Se veía feliz, en paz e incluso su aroma era considerablemente mas dulce.

—¿Nos podemos ir ya? —JingYi les urgió. 

Nie MingJue asintió echándose a reír. —Está bien, niño impaciente.

—No tienes derecho a llevarte a hijo, MingJue.

Tras perder la paciencia, Nie MingJue sostuvo a Lan XiChen por las solapas de su chaqueta. —Ya oíste a JingYi, XiChen. No es tú hijo. Renunciaste a él hace años, ¿lo olvidaste?

El alfa Lan lo empujó. —El que estés casado con Jiang Cheng no te da derecho a interferir, MingJue. A-Yi seguirá siendo mí hijo. Lleva mí sangre.

—Es suficiente —Madam Lan intervino pero ambos alfas hicieron caso omiso.

—¿Desde cuándo la sangre tiene peso para tí? Le diste la espalda a tu hijo legítimo por criar a un bastardo.

Fue el turno de Lan XiChen de sacudir a Nie MingJue por la ropa. —Basta de rodeos.

Jiang Cheng, cansado de aquel tira y afloja, se interpuso entre ambos alfas de cara a Lan XiChen. —RuSong no es tú hijo.

Lan XiChen se tambaleó producto del peso de la verdad. Al comienzo se negó a creer, no obstante, la expresión atormentada de Meng Yao confirmó lo dicho por Jiang Cheng. RuSong rompió a llorar de inmediato pero Meng Yao, en lugar de prestarle atención, se lanzó sobre Jiang Cheng para agredirlo. 

Pero antes de lograr poner sus manos sobre el omega, Madam Lan lo tomó por el cabello y comenzó a sacudirlo como alfombra sucia.

—¡Maldito mentiroso! ¡Yo sabía que no eras de fiar! 

Por sobre los gritos de la mujer se oyeron las risas estruendosas de Wei WuXian y los intentos de Lan ShiZui de hacerlo callar. A Jiang Cheng la escena le pareció absurda, sobretodo porque en lugar de defender a su esposo, Lan XiChen se dedicó a consolar a RuSong.

—Es momento de la retirada —Nie MingJue murmuró tomando de la mano a JingYi y a Jiang Cheng. 

Antes de abandonar la sala le hizo un gesto de despedida a Lan WangJi, quien levantó su taza de té con una sonrisa complacida. 

Después salieron de la mansión sin mirar atrás.

 

Cuando estuvieron de regreso en Meishan, JingYi finalmente reunió el valor para preguntarle a Nie MingJue:

—¿Puedo ser un Nie?

El alfa hiperventiló tanto que Jiang Cheng pensó que se desmayaría ahí mismo. No escatimó el dinero que gastó en conseguir un abogado para ayudarles con el trámite y mucho menos le importó armar más de cinco escenas en el edificio del registro civil. Jiang Cheng piensa que el trámite fue acelerado solamente para librarse del alfa pero tampoco se queja puesto que, cuando JingYi pasó a ser un Nie legalmente, se sintió tan feliz rompió fuente esa misma tarde.

Dio a luz a un niño tan grande que pensó que moriría. Maldito Nie MingJue. Por fortuna, su hijo estaba sano y su corazón lleno de felicidad.

Durante su estadía en el hospital, Jiang Cheng se enteró, por medio del noticiero, de la desvinculación de Lan XiChen de las empresas familiares y de su segundo divorcio que lo dejó en la ruina.

Aunque Jiang Cheng no se considera una persona vengativa, tomó una foto a la pantalla del televisor para publicarla en sus redes sociales con la descripción: bendito karma

Posteriormente fue compartida por Wei WuXian y comentada por casi toda la familia Lan, quienes también lo felicitaron por el nacimiento de su hijo.

—Que hermosa es la vida cuando los planetas se alinean —le dijo a Nie MingJue cuando llegó esa tarde a visitarlo.



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