Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandoms:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 8 of mundial 2026
Stats:
Published:
2026-07-21
Words:
1,225
Chapters:
1/1
Comments:
6
Kudos:
116
Bookmarks:
11
Hits:
905

en las buenas y en las malas

Summary:

Enzo no dice nada cuando entra al vestuario. No puede ni pedir perdón. Julián está con un ojo atento, merodeando alrededor, pero no se acerca, no le dice nada. Lo deja llorar en silencio con la bronca haciendo que se muerda el cuello de la camiseta; la cara roja, los ojos hinchados, una mueca en la cara que le parte el alma a cualquiera.

Notes:

con todo el dolor en el alma: supimos llegar a la final, que no nos saquen eso. un poquito de julienzo dándose animos para duelear <3

como siempre mil gracias a mi beta <3 y estoy en twitter

Work Text:

Enzo no dice nada cuando entra al vestuario. No puede ni pedir perdón. Julián está con un ojo atento, merodeando alrededor, pero no se acerca, no le dice nada. Lo deja llorar en silencio con la bronca haciendo que se muerda el cuello de la camiseta; la cara roja, los ojos hinchados, una mueca en la cara que le parte el alma a cualquiera.

Hay un silencio que te hunde el pecho. Varios de los chicos están sentados; mirando a la nada, en el celu. Otros se están cambiando. Las medallas tiradas por ahí porque tocarlas quema. El vacío es colectivo y se nota en las caras: el dolor de haber llegado a la cima sin alcanzar el cielo. Enzo nunca vivió algo así. Muchos le dirían que el trayecto de tantos años vale igual, pero solo siente culpa.

Lionel entra al cuarto con la cara larga. Se cruza de brazos sin dar más de dos pasos para adentro. Los mira, y ellos lo miran a él.

“No se olviden lo que dije cuando perdimos contra Arabia. Este día iba a llegar.” Se le notan los ojos rojos y tiene los puños apretándose los biceps. “Solo me queda–” Se le parte la voz y frunce el seño, visiblemente peleando contra las lágrimas. “Solo me queda agradecerles. Nada borra lo que consiguieron, chicos. Nada. Muchas gracias.”

Se le fruncen los labios, al borde del llanto otra vez.

Es Leo el que empieza a aplaudir. El vestuario suena a algo mejor que la tristeza.

“Gracias a vos,” le dice Leo. “Gracias a todos.”

“En 15 salimos.”

De uno a uno se empiezan a parar para alistarse.

Enzo se levanta con el cuerpo pesándole el doble. Lentamente se saca la camiseta que más ama y se seca las lágrimas con ella.

 

Julián se sienta al lado suyo en el micro. Le toca la rodilla y aprieta dos veces. Ninguno de los dos dice nada. Enzo lo necesita más cerca. Cierra la cortina de la ventana por privacidad y pasa un brazo por los hombros de Julián, que apoya la cabeza en su hombro y deja descansar su mano en su muslo. El viaje transcurre en silencio colectivo.

Enzo recuerda Catar todo el viaje.

 

Julián y Enzo entran a su habitación con Julián masajeándole los hombros, pulgares firmes trabajando en su espalda alta.

El avión sale en dos horas y ahora toca juntar las valijas ya armadas, que tienen ropa, pero no la copa. Tienen un rato para descomprimir.

“Vení,” le dice Julián agarrándolo del brazo para llevarlo hasta la cama.

Enzo se deja. Julián lo sienta en la cama contra el respaldo y hace lo mismo a su lado. Se dan vuelta los roles; ahora es Julián el que lo abraza por los hombros y Enzo acomodándose en su pecho. Le tiemblan las manos y se permite desmoronarse en el confort del tacto.

Un sollozo fuerte se le escapa que se convierte en un río de lágrimas, soltando todo lo que viene reprimiendo porque no quería partirse enfrente del resto. Le duele la garganta y el pecho. Le cuesta respirar entre el llanto. Lo agarra a Julián de la remera con un puño y aprieta hasta que tiene los nudillos blancos. Llora desconsolado, con rabia, frustración y tristeza. No le da el alma. No sabe cómo lidiar con este vacío así que cierra los ojos con fuerza y deja salir todo el dolor, mojándole la remera a Julián.

Julián lo apreta contra si, acariciándole el brazo en un intento fútil de consolarlo.

“¿Sos consciente de todo lo que lograste?”

Sabe. No quiere responder porque poco le importa el pasado en este momento. También sabe que con el tiempo va a poder ver las cosas en perspectiva. Muy poco le importa. Su historia con Argentina es más felicidad, victoria y gloria que pérdidas. Pero esta le duele en los huesos.

La expulsión va a ser su mayor arrepentimiento por el resto de su vida. Una amarilla pelotuda y otra que hizo en el peor momento. Tal vez las cosas hubieran sido distintas si no la cagaba así. Tal vez estarían todavía en la cancha festejando. Tal vez. Tal vez él fue la sentencia de Argentina.

Julián está esperando que Enzo le conteste.

Los segundos pasan y Enzo sigue llorando.

“¿Te acordás de Egipto? Sabés lo mucho que valió eso. ¿Inglaterra?” Enzo aprieta los labios y respira profundo; el llanto apaciguándose lentamente. “Enzo.” Julián lo sacude un poco. “Sin vos no pasábamos de octavos.”

“Sin mi expulsión tal vez–”

“No. No sabés. Te estás torturando al pedo. Ya sabés cómo son las cosas; le podría haber pasado a cualquiera. Me podría haber pasado a mí. ¿Me culparías?”

Enzo no lo duda un segundo. “No.”

“Entonces, ¿por qué lo hacés vos?”

Porque no le tocó a Julián. Le tocó a él. Necesita culpar a alguien, a algo, y no culparía a nadie más.

La respiración de Enzo se estabiliza. Respira profundo. Se calma.

“La puta madre,” dice Enzo mientras esconde su cara en el cuello de Julián.

“Fuimos campeones del mundo y campeones de América con vos. Llegamos a otra final. Todo seguido. Ya sé que vos sabés. Pero no dejes que esto lo pase por alto.” Enzo asiente con la cabeza, reconociendo los hechos porque necesita encontrar seguridad, confort y tranquilidad en algo. “Sos parte de esta histórica selección. Sos parte de un antes y después y tu nombre va a marcar esta era por el resto de la historia.”

Enzo lo abraza fuerte por el torso.

“Ojalá hubiera sido distinto.” Enzo tiene la voz ronca con la garganta áspera. “Es una herida tan grande que no sé cómo empezar a sanarla. Quiero despertarme mañana y que sea ayer. Poder hacerlo de vuelta y bien.”

“Yo también.” Julián le acaricia el pelo. “Yo también. Que perder no minimice el camino que recorriste hasta acá. Te merecés irte con la cabeza en alto.”

“¿Vos cómo estás?”

Por unas horas Enzo fue incapaz de consolar a nadie, pero ahora que puede pensar sin llorar, tiene espacio para alguien más. Julián no es de llorar fácil y parece estar más entero que Enzo. Enzo sabe que eso no significa que no está sufriendo.

“Mal. Me siento horrible. Pero me digo a mí mismo lo mismo que te digo a vos. Somos historia, Enzo. Somos historia y lo somos juntos."

Enzo se despega despacito y lo mira.

“Te amo."

“Yo más."

Julián le sonríe y a Enzo se le escapa otra.

Juntos.

El celular de Enzo empieza a sonar con una llamada y se lo saca del bolsillo para contestar.

Pasan unos segundos mientras Enzo escucha.

"Sí, sí,” contesta Enzo. "Tenemos todo listo. Dale, chau” Cuelga y le dice a Julián: "Scalo nos está apurando. Nos quiere en el lobby ahora, ya está el micro.”

"Antes de eso,” le dice Julián.

Agarra a Enzo del mentón y le deja un beso delicado en los labios, para después acariciarle la cara. Enzo sonríe sin despegarse.

“En las buenas y en las malas,” le recuerda Julián. Una frase tantas veces usadas en su carrera.

Enzo asiente. Mañana será otro dia y toca levantarse de vuelta. Le pesa todo en el corazón pero no está solo. La culpa lo va a seguir un rato largo. Hasta entonces, están Julián, su familia y un país entero empujando atrás.

Series this work belongs to: