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Religion

Summary:

Solía odiar a Erling Haaland cuando estábamos en Dortmund, y al parecer mi odio ha perdurado.

Encontrarme con él otra vez movió cosas que creí muertas dentro de mí. Una tensión sexual sin resolver, solo una cosa que debíamos hacer.

Ese alfa tan perfecto, dominante que todos alababan simplemente me irritaba. Pero desde ese día todo cambió, y mi odio no era más que un profundo deseo de que me hiciera suyo.

No puedo seguir aguantando más, mi celo llegó y lo único que anhelo es que me llene con su semen, hasta que me deje embarazado.

Notes:

Haré esta versión omegaverse que será aún mas detallada(  ̄▽ ̄)

(El nombre de la obra es una referencia a la canción "Religion" de Lana del Rey, que describe perfecto la obra( ̄□ ̄;)!!)

Chapter 1: Shades of blue

Chapter Text


 

Mi futuro parecía prometedor.

 

Fui seleccionado para jugar en Dortmund a muy temprana edad, a pesar de mi condición. Ya que sí, les hice creer que era un beta. Pero en realidad, soy un omega puro.

 

No hace falta explicar el porqué. Para un omega de mi tipo, cualquier sueño que salga de tener una familia tradicional, es rotundamente imposible. Todos mis conocidos me lo repetían constantemente. Pero nunca pedí nacer en este cuerpo, y un día simplemente decidí que mi segundo género no iba a definir mi vida.

 

Siempre fui un niño grande, más alto que otros omegas. Lo que me beneficiaba. Fui criado en una familia amorosa, que siempre me apoyó en todo. Mis padres me apoyaron en mi sueño de ser futbolista, a pesar de que también sabían que era imposible. Pero siempre fui resistente a las feromonas, nunca me rendí ante ningún alfa y a pesar de que me costó perfeccionar esa habilidad, lo logré. 

 

Esto no significa que no me gusten los alfas. Estuve con algunos, muchos mediocres recesivos que ni siquiera dejaron alguna huella en mí. Patético. Aunque hubo un alfa dominante, que me dejaba temblando con solo verlo, pero él ya tenía a su omega. Me besé con él una vez, dándole esa probada de pureza que nunca iba a conseguir en su patético omega recesivo. Me encantaba esa sensación de sumisión que me provocaban sus feromonas, me mojaba por completo. 

 

Pero mi naturaleza era devoción, y como él no podía darme eso, nunca más volví a mirarlo después de aquel día. El intentó buscarme, pero no cedí. Gracias a eso aprendí a tolerar a los alfas. Con la ayuda de los supresores, estaba seguro de que podía hacer cualquier cosa que me propusiera.

 

Y así fue. Al entrar a Dortmund, tuve la suerte de convivir con alfas únicamente recesivos y uno que otro beta. Excepto por él. 

 

Erling Haaland. Un alfa dominante tan imponente, que ya de por sí su simple presencia era abrumadora para los demás. Alto, fuerte y tan imponente que ningún otro alfa podía hacerle frente. Independientemente de su rango. Su arrogancia era evidente, o al menos eso me dije para no acercarme a él.

 

Mis compañeros me integraron muy bien. aprendí a tolerar sus feromonas, las cuáles no eran muy fuertes, pero de vez en cuando me abrumaban. Con el tiempo me acostumbré a ellos, los supresores que usaba realmente hacían efecto. Solo tenía que preocuparme por mejorar mis habilidades en el campo.

 

Excepto por él. Que robaba mi atención sin siquiera intentarlo. Me di cuenta de como era a medida que pasaba el tiempo. No convivíamos casi nunca, por alguna extraña razón, pero solía observarlo de lejos. Era alto sin duda, casi 2 metros, guapo, fuerte y atrevido. Tan masculino. Cada vez que se quitaba la camisa todos volteaban a verlo, ya fuera por admiración o deseo. Yo por admiración, claro.

 

Pero ese no es el punto ¿no? él era bastante serio, amable, y al mismo tiempo, tenía esa dureza característica de alfa dominante que se hacía evidente con cada paso. No era arrogante, se llevaba bien con todos, pero eso me molestaba. Seguramente, en el fondo se sentía superior a todos y simplemente no lo admitía. Si, me caía mal por eso.

 

Soy un omega puro, muy sensible y observador. Así que podía darme cuenta si alguien hacía cosas tan simples como dirigirme la mirada. Y este alfa tan imponente, era muy simple de detectar. Él me observaba, simple y detenidamente con esos ojos difíciles de leer. Me ponía la piel de gallina. Cada vez que me miraba de pies a cabeza me estremecía, pero temía más aún que mi secreto fuera descubierto. 

 

Desde ese día, empecé a evitarlo cada vez más, de una manera sutil. Pero no podía evitar para siempre a quien jugaba en mí mismo equipo. Un día, estábamos dándonos un apretón de manos entre todo el equipo luego de un partido de entrenamiento. Para mi suerte, me tocó darle la mano a ese idiota.

 

Dudé, pero le extendí la mano. Desde ese momento pude sentir sus ojos sobre mí. Ya de por sí, sus feromonas tan densas me provocaron escalofríos y un mareo inevitable. Este idiota no tenía ni la mínima intención en ocultarlas, tan arrogante que me hervía la sangre. Intenté soltarme, pero su agarre seguía fijo. Cuando decidí mirarlo, me encontré con sus ojos, filosos y de ese tono azul ártico que le daban un aura aún más siniestra. Sus pupilas estaban ligeramente dilatadas, empezó a mirarme como si quisiera devorarme ahí mismo y eso me dio aún más pánico. Para él, era su presa. Me dio una sonrisa ligera, casi indetectable y se fue.  

 

Estuve muy, pero muy cerca. Sabía que algo así podía pasar. Por más supresores que use, un alfa lo suficientemente dominante podría reconocer a un omega si así lo quisiera. Temía que, conociendo la naturaleza de los alfas, me obligara a hacer algo que no quería. Porque claro, no lo quería. A ese alfa tan imponente y musculoso, que podía cargarme fácilmente entre sus brazos, susurrándome al oído que me iba a hacer suyo… No, no, no y no. 

 

El detonante fue esa vez, donde nos encontramos en el medio del campo. Todos iban a descansar después de un partido de entrenamiento, pero él se quedó frente a mí por un instante. Se acercó a mí y yo solo pensaba que mi carrera había terminado. Pero ahí me di cuenta de algo que me atormenta hasta el día de hoy. Nuestras feromonas encajaban perfectamente.

 

Cuando se acercó a mí, pensé en huir, pero el olor de sus feromonas y las mías que pensé que solo yo podía percibir, se mezclaban dulcemente mezclando el aroma amaderado con tintes de miel y canela. Esta combinación me dejo hipnotizado, y parece que a él también. Se paró frente a mí, casi atravesando mi piel con su mirada penetrante, fría, que ahora tenía una pizca de anhelo y curiosidad. Sus pupilas volvieron a dilatarse, pero en vez de hacer algo precipitado soltó una pequeña risa como la ultima vez y se fue. 

 

Quedé impactado al ver su reacción ¿un alfa, que sabe controlarse a si mismo? Había algo mal con este tipo, definitivamente.  

 

Pero ahí no acaba. La primera vez nos quedamos solos en los vestidores, pero antes de que pudiera darme cuenta él ya estaba sobre mí. Esa vez pensé que no me dejaría ir tan fácilmente, la ultima vez pudo haberse controlado porque estábamos en público. Pero antes de que pudiera detenerlo, él ya estaba detrás de mí y su sombra cubría por completo mi cuerpo. Solo quedaba aceptar mi destino. Él me tomó suavemente por la barbilla, y hundió su cabeza en mi cuello. Después de oler y jadear por unos segundos, me soltó y se fue.

 

Lo peor del caso, es que esto pasaba reiteradas veces. En las duchas, en los vestidores e incluso en el campo, pero más disimuladamente. Lo hacía, soltaba una risa y se iba sin más. Solo venía a olfatearme como un perro callejero y se iba!!!

 

¿A caso es una indirecta? ¿no cree que sea lo suficientemente lindo como para estar conmigo? ¿Él también me odiaba? Ahhh!!!!

 

Lo odio, ahora más que nunca. Espero que terminemos en equipos distintos. Estoy seguro de que quiere provocarme para que caiga rendido a sus pies. No soy ese tipo de omega. Por más rico que este, no me doblegaría jamás a ningún alfa.

 

Una de esas veces, estuvo a punto de acercarse a mí, pero antes de pudiera acercarse más lo aparte de un empujón. Él se sorprendió, y yo más al ver que tuve la valentía de hacer eso. Pero como siempre solo se río. Ya me tenía harto.

 

 

‒¿De qué mierda te ríes?

 

Estuvo a punto de irse, pero se devolvió hacia mí al escuchar mi tono cortante. Esta vez, sin esa mirada anhelante de antes. Me agarró por el cuello, sin llegar a asfixiarme, pero con una firmeza que aún no puedo olvidar. Observó mi cara detenidamente y sus feromonas se volvieron algo amargas.

 

  ‒Ja, tan agresivo para ser un omega tan dulce…

 

Clavó esas palabras en mi piel, con su voz de alfa. Ese tono entrecortado acompañado de un suspiro caliente, casi sobre mi oreja. Aprovecho esos segundos para olfatear cerca de mi mandíbula y mi cuello, hasta mi nuca donde presionaba ligeramente con sus dedos, como si estuviera marcando el punto exacto donde dejar su marca.

 

Sus feromonas no tuvieron piedad esta vez, y acompañado de su voz, sentí como mi entrepierna se humedecía con lubricación. Mis instintos eran hábiles, pero mi debilidad por los alfas dominantes y decididos era mi completa perdición. Estaba dispuesto a entregarme. 

 

Pero él, como siempre, solo estaba jugando.

 

  ‒Volveremos a vernos, Jude…

 

Dijo, mientras me soltaba sin brusquedad y se iba. En este punto, no había nadie más en el mundo que quisiera ver muerto. Solo a un tipo como él se le ocurriría estimular a un omega y luego abandonarlo a su suerte. ¿Será que era de esos que le gustan los alfas? Que horror. 

 

 

Intenté no darle más mente, olvidarme de él, pero parecía que ni siquiera debía intentarlo. El aceptó jugar para el Mánchester city y se fue casi en una semana. Semana en la que no me dirigió ni una simple mirada. Parecía que mi pesadilla había terminado, o eso quise creer.

 

Debo admitir que me toqué un par de veces pensando en él… más veces de las que me gustaría admitir. Un alfa como él no se ve en cualquier lado. Y si su físico robusto era completamente atractivo, la manera en que me habló al oído con esa voz gruesa y dominante me terminó de enloquecer.

 

Imaginaba la manera en que me agarraría de la cintura y me cogería con su verga gruesa y venosa, sin piedad, en todas las posiciones, como se correría dentro de mí y me anudaría, la manera en que mis piernas temblarían y gritaría de placer pidiendo más. La forma en la que me hablaría al oído mientras su verga golpeaba mi próstata. Me lo imaginé pidiéndome cachorros…

 

Este deseo reprimido iba más allá de mí. Mi instinto había sido reprimido incontables veces, lo que solo desencadenó un calor frustrante en todo mi cuerpo. Que pedía a gritos, ser marcado. 

 

Siempre supe que era devoto por el simple hecho de ser puro, pero jamás pensé que perdería la cabeza por una relación unilateral. No podía seguir así. Pasaron semanas, arduas semanas en las que me masturbé hasta la saciedad. Pensando en cómo ese noruego de 2 metros me hacía suyo. Ni siquiera pensé en ir con otros alfas, ya ni siquiera las feromonas de los dominantes me satisfacían. Hasta que por fin, seguí enfocándome en mi carrera y olvidé cada rastro de él de mi cabeza.

 

.

 

.

 

.

 

 

La final del mundial esta a la vuelta de la esquina. Inglaterra acaba de ganar contra México y ahora nos enfrentábamos a Noruega. Si, contra el equipo del tipo que me marcó sin clavarme los dientes. Jugaba contra el equipo del tipo que hace tantos años, me costó olvidar. 

 

Pensé que nada sobre él podía afectarme actualmente. Estos años había convivido con toda clase de alfas sin mostrar ni el más mínimo interés ni reacción hacia ellos.

 

 

Ambos equipos llegaron unos días antes al hotel en miami, pero por cosas de la vida, tuvimos que cambiarnos de hotel por problemas de confidencialidad. Quién iba a decir, que terminaríamos alojándonos en el mismo hotel que el equipo contrario. 

 

Al principio hubo conflicto, pero ya no nos quedaba tiempo para buscar un tercer hotel cerca de esta zona, así que ambos dirigentes llegaron a un acuerdo. A nosotros, solo nos dijeron que ni se nos ocurriera ocasionar ningún tipo de conflicto, o iban a sancionarnos. Aparte, nos obligaron a recibirlos en la entrada con un apretón de manos.

 

 

El equipo contrario llegó y todos bajamos a recibirlos. Ellos también eran amables y serenos así que las posibilidades de conflicto eran casi nulas. Dije en mi mente, justo antes de verlo frente a mi después de tantos años.

 

Si antes era imponente, ahora este toque de madurez le daba un atractivo irritante. Lo odio.

 

Lo odio tanto que ni siquiera pude ver su irritante cara. Él actuaba indiferente, como siempre. Quedó con la mano estirada mientras yo lo ignoraba y el director se dio cuenta rápidamente e intervino.

 

‒¿Qué pasa aquí? Jude, ¿Por qué no le das la mano al sr Haaland?

 

El solo se reía, aun con su inútil mano estirada. Le lancé una mirada de odio puro justo en ese momento, que él ignoró, mirando al directivo en busca de respuesta.

 

‒No hay ningún problema, señor. 

 

  ‒Él me odia, señor director.

 

‒ESO ES… debatible…

 

La cara del director paso de intriga a completa frustración, y más al ver como otros jugadores se preguntaban por qué no avanzaban.

 

‒Ustedes dos, vengan. 

 

 

 

Nos llevaron a un lobby interno, donde según resolveríamos nuestros problemas.

 

‒Quédense aquí, y resuélvanlo. No me importa cómo. La junta directiva dará un pequeño discurso. Nada que no hayan escuchado ya.  

 

Dijo antes de irse apresuradamente. Él también tenía que hacer acto de presencia. Pero la tensión entre nosotros era tan densa que podía cortarse con un cuchillo.

 

  ‒Te dije que volveríamos a vernos, Jude.

 

‒Ojalá te hubieras equivocado.

 

  ‒Jaja… sigues siendo igual de agresivo, y dulce. No has cambiado nada.

 

‒Sabrías más de mi si terminaras lo que empiezas, cobarde.

 

  ‒Oh, lamento no haber cumplido con tus expectativas. No me gusta forzar a nadie a seguir su instinto.

 

‒Eso diría un cobarde.

 

Estas últimas palabras me salieron de lo más profundo del alma, aunque sonaban crueles solo quería descargar mi ira. Creo que olvidé el efecto tan fuerte que tiene un alfa dominante en un omega de mi tipo. 

 

Él estaba, visiblemente irritado, y no dudó en arrinconarme contra la pared que tenía al lado. Tomo mi rostro y lo miró con detenimiento. Hizo un espacio entre mis piernas con su rodilla, cuando intenté bajar el rostro me enderezó forzosamente. Y antes de que pudiera tener alguna queja al respecto, me besó.

 

Tuve un espasmo involuntario al sentir el ataque repentino. No lo esperaba. Sus feromonas que hace un momento eran amargas se entremezclaron con las mías, creando un olor embriagante y abrumador. Exactamente como la primera vez. Mis piernas temblaron y se apretaron contra su rodilla. Mis labios cedieron y pronto, metió su lengua húmeda y caliente en mi boca. Haciendo que el calor en mi bajo vientre solo se intensificara.

 

Su sola presencia era abrumadora, y tenerlo encima de mí, besándome con tanta hambre y deseo solo terminaría provocando que me mojara con desesperación. 

 

Ya no podía aguantar más.