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pentámetro yámbico

Summary:

Al parecer, es distinto con Johnny.

Notes:

holaaa esta es una traducción del fic iambic pentameter de mi mutual veep! ella me dio la idea de traducir su one-shot ya que pensamos que podría ser un bonito aporte para el fandom ^^ ni al caso somos tres bueno igual disfruté mucho traduciéndolo lol

si por algún milagro hay alguien que hable español y lee esto asegúrate de leer el fic original también, y de paso escribirme! me gusta hablar de the outsiders, pueden buscarme en tumblr como asimilaciones.

quiero agradecer a mis amiwines kat, rex, isaac y nonomichi con su ayuda en pequeñas correcciones y leídas extras <3 les tkm

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hi! this is a translation of iambic pentameter by my mutual veep. she gave me the idea of translating her one-shot bc we thought it'd be a nice contribution to the fandom. ty veep!

if anyone reading this also speaks spanish make sure to check out the original fic too, and feel free to reach out to me on tumblr. my user is asimilaciones.

i also want to thank my dear friends kat, rex, isaac, and nonomichi for helping me proofread the translation and catch a few spelling and grammar mistakes<3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Cada vez hace más frío y el viento atraviesa el estacionamiento. Johnny cambia el peso de un pie al otro en un intento inútil por entrar en calor y evitar que se le entumezcan los dedos. Soda le sonríe y está a punto de decir algo sobre que Dally debe tener sangre fría, pero en ese momento las puertas de la cárcel se abren de golpe con un estruendo. Sylvia sale hecha una furia, con Dally caminando detrás de ella. Ella se acerca a los chicos y agarra su cartera de un tirón, luego voltea y lanza su anillo en el estacionamiento, este repiquetea en el suelo y cae a centímetros de la alcantarilla.

—¡Ojalá te atragantes con la verga de un perro! —gruñe antes de irse, empujando a Johnny en el hombro al pasar.

Johnny se acomoda, luego recoge el anillo antes de que se pierda.

—Eso no estuvo tan mal —Soda murmura en lo que Dally se les une. Dally refunfuña y se aparta el cabello de la cara con un movimiento rápido. No tiene su chaqueta puesta, por lo que sus mejillas están rosadas y el vello en sus brazos se eriza por el frío. Él y Soda se abrazan bruscamente, con una palmada en la espalda. Dally vacila por un segundo, pero luego le pasa un brazo por los hombros a Johnny, inclinándose hacia él. Así de cerca, Dally huele a sudor, cigarrillos baratos y sangre seca.

—¿Tienes un porro? —pregunta, Johnny saca uno de su bolsillo mientras Soda prende el encendedor—. Puta loca —murmura mientras toma una larga calada.

—¿Qué pasó? —pregunta Soda, mientras inclina la cabeza hacia un lado.

—Se acostó con Shepard.

—¿¡Qué!? —Los ojos de Soda se abren enormes.

—No jodas —murmura Johnny. Dally aprieta un poco más el brazo alrededor de él.

—Sí, Tim vino esta mañana a decírmelo —Se encoge de hombros y pone los ojos en blanco—. Como sea, vámonos al carajo de aquí.

***

 —Maldita sea… No puedo creer lo que hizo esa zorra—murmura Dally, apartando de una patada la ropa sucia que tiene en su camino.

A juzgar por el hedor, las ropas deben tener al menos dos semanas allí, pudriéndose en el suelo de la habitación de la propiedad de Buck desde la última vez que arrestaron a Dally. Johnny se acomoda en la cama deshecha, colocándose una almohada desinflada en la espalda, y observa a Dally mientras él tira sus anillos sobre la tapa de un frasco de jalea que usa como cenicero.

—¿Tim Shepard? ¿Se acostó con Tim? ¡Ese imbécil no es la gran cosa! —lanza una mirada rápida a Johnny y luego aleja su vista, su mandíbula se tensa. —¿Sabes qué es lo que me dijo cuando me enteré?

—¿Qué?

Dally aprieta la mandíbula.

—Me dijo que no debía enojarme porque estaba coqueteando con Mary G en esa fiesta hace unas semanas. Es como si ni siquiera entendiera… Coquetear y coger son cosas distintas, ¡todos lo saben! Incluso Soda lo hace. —De su bolsillo, saca una cajetilla de Kools de sus jeanes sucios, luego gruñe cuando lo encuentra vacío. Johnny se inclina hacia adelante y saca un Camel. Agita la cajita. Dally la atrapa con una mano y asiente en agradecimiento—. No puedo creer que todavía sigues fumando de estas —murmura, sacando un cigarrillo y tirando la caja—. Tenemos que hacer que fumes una marca de verdad.

—¿Como las Kools?

—O Marlboros o algo. Camels de mierda… —murmura. Trata de usar su encendedor sin éxito un par de veces, sacude la mano e intenta de nuevo—. Coquetear no cuenta… todos lo saben.

—Claro.

—Sylvia… —Dally empieza de nuevo, pero pronto se interrumpe para dar otra calada—. Al menos Tim me lo contó —decide al final, apartándose el cabello de sus ojos—, es decir, debería rajar sus llantas por hacerlo en primer lugar, pero mierda. Sylvia… a ella le encanta hacerme ver como un… —bufa—. Es una perra, no puedo creer que la haya aceptado de vuelta. —Su frase se desvanece. Baja la mirada hacia el filtro del cigarrilo. Las cortinas están abiertas y el sol apenas empieza a ponerse, las sombras se alargan por su rostro, marcando aún más la línea de su ceño fruncido.

—Bueno, al menos duraron casi un mes esta vez.

Dally lo mira fijamente.

—¿De qué lado estás?

—Solo digo.

Dally se acerca precipitadamente a la ventana y cierra las cortinas de un tirón, luego regresa a la cama de la misma forma. Johnny se acomoda un poco más cerca. El cigarrillo de Dally ya está consumido hasta el filtro, así que lo aplasta en la cómoda, donde se combina con el resto del polvo acumulado, y luego se coloca entre las piernas abiertas de Johnny.

Sus pecas suelen ser poco visibles en esta temporada del año. Haber pasado un par de semanas bajo las luces blancas y despiadadas de la cárcel tampoco ayuda, pero Johnny todavía puede ver unas cuantas en su nariz, bajo sus ojos. Sus labios son finos y resecos, con una pequeña costra de sangre en una comisura. Cuando se pasa la lengua por la boca, esta brilla húmeda y rosada.

Se besan por un rato, la mano de Johnny termina descansando en la nuca de Dally. Cuando se separan, Dally se ve más calmado, parpadeando despacio, con los ojos a medio cerrar.

Johnny hace una mueca.

—Esto es un poco más que coquetear —señala.

Dally se despierta y se pone tenso.

—Esto no cuenta —dice rápidamente—. Es distinto.

—No sé si lo sea —responde despacio.

Dally rebufa, alejándose.

—Bueno, pues sí lo es.

Extiende su mano como pidiendo otro cigarrillo y Johnny le pasa uno, luego agarra otro para él. Ambos fuman en silencio por un minuto. Dally se acerca y aparta el flequillo de sus ojos con los dedos, luego lo besa otra vez.

—Al menos a ti no te importa que coquetee —murmura—, ni un poco.

Johnny no dice nada, solo mantiene su mirada fija en sus uñas, las cuales están mordidas hasta quedar cortas y manchadas de sangre seca.

Dally entrecierra sus ojos.

—No te… No te importa, ¿cierto?

Johnny mira hacia otro lado, detrás de la cabecera floja donde hay una grieta oscura que lleva tiempo asomándose por ahí. Cada vez que la cabecera golpea contra ella, se abre un poco más. Ya la ha trazado con su dedo decenas de veces mientras están acostados juntos, Dally profundamente dormido, con una mano por su cintura, y Johnny demasiado despierto como para conciliar el sueño.

—Nunca dije que no.

—Oh, mierda… —Se gira de golpe y se pasa una mano por el cabello, exasperado—. ¿En serio?

Johnny se encoge de hombros. Dally lo observa.

—Pero nunca… Nunca me dijiste nada —dice atontado.

—¿Para qué? Ya sé cómo eres.

—Dios, Johnnycake, igual podrías haber dicho algo.

Se distrae mordiéndose el dedo.

—No es como si importara —dice, mientras tensa sus hombros—, no es como si yo pudiera usar tu anillo.

Dally suspira.

—Pero deberías —insiste—. Si alguien va a usarlo… deberías ser tú.

—Pues bueno, —se encoge de hombros— como dijiste, es distinto.

Dally frunce el ceño.

—Sí, pero… no porque seas un chico. Eso le importa al resto, pero a mí me da igual. Me importa un carajo.

—¿El que sea un chico?

—Sí. No hace ninguna diferencia para mí.

Johnny se tira del labio inferior.

—Para mí lo es —admite, callado.

—Bueno… —Dally desvía la mirada, perdido—, okay.

Crece un breve momento de silencio. Johnny sacude la ceniza de su cigarrillo.

—Tal vez la heriste —dice, mientras mira las cenizas desvanecerse en el aire.

—¿Qué?

—Tal vez heriste a Sylvia coqueteando con Mary de esa forma.

—Dios, Johnnycake, ¿por qué te importa? A ti ni siquiera te gustan las chicas.

Johnny se tensa.

—Puede que no… —traga saliva— puede que no me gusten las chicas, pero al menos me importan más que a ti.

Dally no dice nada, sólo se gira y camina dando vueltas a través del cuarto, busca entre los cajones de su cómoda y las cierra con fuerza, manotea la lámpara que siempre falla y hasta se agacha para sacar una caja de fósforos escondida debajo del calefactor.

—No se trata de que me importen o no. —Vuelve a hablar lentamente, una vez que se detiene—. Es sobre las reglas.

Johnny inclina la cabeza.

—¿Qué reglas?

Dally aprieta los labios.

—¡Las reglas, hombre! ¡Lealtad! Como… como no abrir el hocico cuando hay policías cerca, o no sacar una navaja en una pelea limpia. Es mierda que tú… que simplemente no se hace. No te cogerías a la novia de tu amigo mientras él está en la cárcel. ¿Qué importa si solo estaba coqueteando o no?

Johnny digiere esto, entonces saca el anillo de su bolsillo. Todavía conserva el calor de su cuerpo. Lo extiende hacia Dally.

—Toma —dice. Dally mira el anillo—. Tienes razón. Hay reglas, te gusten o no.

Dally le arrebata el anillo y lo coloca de vuelta en su dedo.

—Coquetear nunca le ha hecho daño a nadie —repite mientras mira su mano fijamente.

—Yo creo que sí.

—Te estoy diciendo que no. Podría comprarle una bebida a una chica y aun así no significaría nada hasta el momento que empiece a besarla.

Johnny lo observa, Dally le devuelve la mirada por unos segundos, luego se echa un poco hacia atrás.

—Como sea, ¿vas a terminar lo que empezaste o no? —pregunta con impaciencia. Una sonrisa burlona aparece en su rostro mientras lo mira de arriba a abajo.

Johnny resopla, pero se inclina hacia él.

***

Dally todavía está de mal humor el día siguiente, incluso termina rompiendo su navaja mientras le raja las llantas a Tim. Johnny puede notar por la forma en cómo su mandíbula se tensa que está a una mirada de romper algo. Incluso piensa en faltar a clases con tal de mantenerlo fuera de problemas y evitar que termine matando a alguien, pero Dally lo deja afuera de la escuela.

—¿Te veré después? —le pregunta, alza sus cejas con doble intención.

—Sí —responde Johnny con una sonrisa—. Claro que sí.

Ponyboy es golpeado esa tarde y Dally los invita a los dos a ver una película al Nighty Double la noche siguiente. Luego, Johnny y Dally van al apartamento de Buck y los dos se besan hasta que ya ni sienten los labios. Johnny casi olvida que estaba enojado con él, hasta que Dally empieza a hablar de cómo se muere por algo de acción de verdad.

—¿Esto no cuenta? —pregunta, haciendo referencia al chupetón que está justo debajo de la clavícula de Dally.

—Sí —le da la razón—, pero es distinto.

—No veo cómo.

Dally resopla. Su aliento se siente cálido en el cuello de Johnny.

—Lo es porque tú eres… Ya sabes. Porque sí —insiste poniéndose a la defensiva.

Johnny pone los ojos en blanco y deja el tema ahí.

***

Aún con todo, la noche no comienza mal. Pony está de buen humor a pesar de haber recibido una terrible paliza el día anterior. Los tres molestan un poco a una mesera y se la pasan persiguiendo a un grupo de niños. A Johnny casi se le olvida que Dally está al borde hasta que finalmente llegan al Nightly Double y se sientan detrás de un par de chicas soc.

Dally lo mira con una expresión en el rostro que le dice que tiene algo que probar y Johnny siente cómo se le hunde el estómago. "Te voy a mostrar lo poco que esto cuenta", su sonrisa parece decir. Johnny se hunde en su asiento, y en efecto, Dally comienza a molestar a la chica con las palabras más vulgares y desagradables que puede imaginar. No es nada que Johnny no haya escuchado antes, pero aun así le duele.

La chica no parece estar tomándoselo bien, su espalda se pone rígida, como en línea recta, mientras Dally sigue hablando.

No significa nada, Johnny trata de hacerse recordar, a pesar de los celos estrujándole el estómago.

Hasta que Dally dice algo que Johnny jamás le oyó decir y algo dentro suyo se quiebra.

—Déjala sola, Dal.

Puede que no le importe a Dally, pero a él sí. Además, ninguna chica merece que le hablen de esa manera, sea soc o no.

Dally gira la cabeza de golpe, sorprendido y confundido, pero Johnny se mantiene firme. Su corazón late rápidamente. Los ojos de Dally se posan sobre él y su expresión parece estar atrapado entre un ceño fruncido o una mueca enojada, pero Johnny sostiene su mirada sobre él, hasta que, al final, Dally se desinfla como una llanta pinchada y se va sin decir nada.

Las chicas le agradecen, sonriéndole como si no le tuvieran miedo, y él y Pony se unen a ellas. Pony y una de las chicas empiezan a conversar en voz baja y Johnny sólo se queda sentado, quieto, sin escuchar nada, sólo espera que su corazón deje de golpearle en los oídos.

***

No ve a Dally de vuelta en horas, y para ese punto, su tonta discusión es la cosa más lejana en su mente. Se siente como una persona distinta ahora, como si quizás todo lo que ha pasado le ha sucedido a alguien más. Se detiene en la entrada de Buck con sangre en sus manos, sintiéndose como una serpiente después de mudar de piel, o como si fuera la cáscara de piel que queda, tan ligera que una ráfaga de viento podría llevársela. En verdad no lo sabe. Pero lo que sí sabe es que tiene que ver a Dallas, que Dallas podrá ayudarlo.

Unos minutos después, el rubio aparece en la entrada y Johnny siente algo en su interior relajarse. Está bien. Dallas está aquí, todo estará bien.

Ya adentro, hay un momento donde Ponyboy se cambia la camisa y queda ajeno a lo que ocurre alrededor, ahí es donde Dally mira a Johnny con una expresión de dolor en su rostro. Johnny frunce el ceño y mira a otro lado, quiere decir algo pero no sabe qué. Hay cosas más importantes ahora, de todos modos.

Mientras guarda un fajo de billetes dentro de la cintura de sus jeans, Johnny tampoco tiene muy claro en qué términos están los dos; sin embargo, cuando están a punto de irse, Dally le revuelve el cabello y le dedica esa mirada, esa mirada suave reservada solo para él, así que supone que están bien. 

***

Es temprano por la mañana, Johnny está sentado en los escalones de la iglesia. No está seguro de cuánto tiempo llevan ahí, unos días quizás. El tiempo suficiente.

Escucha un silbido a la distancia, uno largo que termina en una nota alta. Más despierto que nunca, él responde con el mismo silbido.

En efecto, unos momentos después, Dally aparece en la colina. El corazón de Johnny retumba y lo siente en su garganta.

—Dal —dice tan pronto como el rubio está lo suficientemente cerca para escucharlo.

Dally le dedica una sonrisa ladeada, sus caninos se asoman y muerden su labio inferior.

—Hola.

Se quedan mirándose por un instante y luego Johnny lanza sus brazos alrededor de él, rodeando su cintura. Dally duda, pero luego apoya su brazos sobre sus hombros. Lleva una chaqueta jean demasiado delgada como para usarlo en este clima, pero está caliente. Johnny entierra su rostro en su hombro y aspira profundamente el aroma a Kools, sudor y ese característico olor terroso del rodeo. Huele a Dally. Huele a casa, y Johnny, por primera vez en días, se siente finalmente relajado.

—Hola, Johnnycake —Dally murmura en su oído.

Cuando se separan, Johnny tira de la manga de Dally y lo guía hacia la parte trasera de la iglesia. Después de fijarse sobre su hombro, lo atrae hacia sí y lo besa con desesperación.

Una vez se apartan, demasiado pronto para su gusto, Johnny posa una mano en la mejilla de Dally. Su barba de varios días le raspa y roza su pulgar a través de ella. Dally se inclina ligeramente al contacto.

—Ha sido una locura estar sin ti —murmura. Johnny traza sus labios con la yema del dedo.

—Lo imagino. Estar aquí tampoco ha sido color de rosa.

Dally deja escapar una risa.

Johnny tiene el impulso de apartar un mechón de su cabello detrás de su oreja, antes de recordar que ya no tiene tanto como antes. En vez de eso, saca de su bolsillo un cigarrillo suelto y Dally saca una caja de fósforos. De hecho es el último cigarrillo de la caja, así que lo comparten en silencio. Todavía es temprano, se puede ver un poco de neblina aún aferrándose al césped.

—¿Todavía sigues enojado conmigo? —Dally pregunta después de un minuto.

—Un poco —admite, mientras da una calada.

Dally suspira antes de apartar el cabello de sus ojos con un soplido.

—Sí… supongo que no puedo culparte.

Johnny alza una ceja.

—Dolió —dice Dally después de un rato, mira a Johnny por un instante y luego aparta su vista de él.

—¿Huh?

—Dolió. Cuando me enteré que Sylvia se acostó con Tim. Me hizo sentir… como si no le importara —La voz de Dally suena un poco alta, como quebrándose un poco.

—Oh —dice Johnny, sin saber qué responder—. Sí, me imagino.

Dally le extiende el cigarrillo, el filtro se ha humedecido un poco. Da dos caladas y lo regresa.

—Yo no… Tú… tú eres distinto —tartamudea—, y no porque seas un chico, porque yo no confiaría en Tim para nada —suspira y vuelve a mirar a Johnny, sus labios están ligeramente entreabiertos y su aliento es visible ante el frío—. Es distinto porque confío en ti.

Oh. Johnny parpadea mientras una sensación cálida se extiende hasta su estómago.

—Yo también confío en ti —responde, coloca sus manos en sus bolsillos—. Fuiste la primera persona en la que pensé cuando… cuando todo esto pasó.

—Más te vale —dice con brusquedad.

—¡Lo fuiste!

Dally guarda silencio unos segundos, luego cruza sus brazos mientras mira hacia otro lado.

—Ese es el problema.

—¿Qué cosa?

—Quiero ser alguien en quien puedas confiar —dice con calma.

Johnny frunce su ceño y se mueve en su sitio.

—Lo eres.

Dally traga saliva.

—No, quiero decir… quizá… quizá no he actuado como si de verdad me importaras.

—Pero yo sé que te importo —Se alza de hombros.

—Lo sé —resopla—, pero… he estado pensando… quizás tienes razón con eso de las chicas —suspira y sacude la ceniza—. Ligo tanto porque sé que da igual. Porque… porque yo sé que tú estarás ahí cuando acabe, pero si eres tú —le dirige la mirada—, si te vas a quedar, debería darte una razón para hacerlo.

Su boca se abre de la sorpresa.

—No estoy diciendo que seré perfecto —continúa—, pero quiero intentarlo. —Baja su mirada a los labios de Johnny—. Tú haces que quiera intentarlo.

Algo dentro de Johnny se derrite.

—Pero… pero no solo soy yo —Dally añade rápidamente—, tienes que decirme cuando te estoy sacando de quicio.

Johnny piensa por un momento, luego sonríe con burla.

—¿Eso quiere decir que puedo acostarme con Tim?

Miles de emociones cruzan en el rostro de Dally en un instante: confusión, curiosidad, y finalmente, indignación.

—Los mataría a los dos.

Johnny suelta una risa, luego baja su vista hacia sus zapatillas gastadas y el agujero que hay en una de ellas.

—Supongo que también puedo intentarlo —murmura. Sale de su boca en voz baja, le cuesta soltar las palabras.

—Vamos, Johnnycake —murmura Dally mientras jala el borde de su chaqueta de cuero—. Hagamos algo que de verdad importe antes de que el chico despierte.

Johnny mira la sonrisa juguetona de Dally y no puede evitar reír antes de inclinarse hacia él.

Notes:

kudos and comments are appreciated tyyy