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Estaban en época mundialista.
Ese momento que siempre se prestaba para que, incluso el que menos sabía de fútbol, se siente y vea partidos de su selección con el único propósito de alentarlos como hacían los demás, fichar a algún jugador, entre otras razones.
En el caso de Oscar, él se consideraba a sí mismo un buen fan de su selección como también de los equipos que seguía cuando no había mundial, Richmond Tigers, Arsenal a veces, Boca aunque eso era más por su novio que lo obligaba a ver los partidos, en fin.
De los 48 equipos que jugaron, y seguían jugando actualmente, en este mundial, si no se equivocaba Australia había terminado en el puesto 17 después de perder contra Egipto en los dieciseisavos en la tanda de penales.
Había sido un bajón ese día, una lástima por su selección y país, la única cosa buena que salió de todo eso fue su novio consolándolo y jurando venganza por él si Argentina se cruzaba con Egipto.
. . .
Sobre ese partido–
De nuevo, Oscar se consideraba a sí mismo un buen fan, uno apasionado, pero era verdad que él quedaba bastante tranquilo al lado de cómo la vivía su novio. Mientras comían y se preparaban para el partido contra Suiza, vagos recuerdos del 7 de Julio empezaron a aparecer en su cabeza.
( . . . )
Había sido una montaña rusa de emociones, literalmente, todavía no entendía del todo cómo alguien podía pasar por tantas emociones y además empeorando progresivamente a cada minuto que pasaba.
— ¡¿Cómo le van a hacer eso al Licha?! ¿Vos podés creerlo, Oscar? Mirá, mirá. —Había girado su rostro para verlo pero, rápidamente, Franco tomó su mandíbula y lo dio vuelta de nuevo para que preste atención a la repetición, por el rabillo de su ojo podía ver la mano de su novio apuntar a la tele.— ¡¿Ves?! ¡No le pueden hacer eso! Más vale que la cobren.
— La van a cobrar, ya vas a ver, tranqui. —Esa había sido su única respuesta de consolación, la realidad es que desde Cabo Verde todavía andaba probando las aguas de cómo contener a su pareja en los partidos porque de partidos de Boca a los de Argentina había una gran diferencia en lo nervioso que se ponía Franco.
Desafortunadamente, su consolación no duró mucho, si bien anularon el gol, y esto fue festejado como debía ser, a los pocos minutos Egipto había vuelvo a anotar otro. Esta vez observó como Franco escondió su rostro en sus manos por un momento, silencio total, mala señal.
Después de unos segundos, Franco alzó su rostro y volvió a mirar el partido, en silencio, muy mala señal. Lo único que amagó a hacer como intento de hacerlo sentir mejor fue empezar a acariciar su espalda de forma suave, reconfortante, notó como se tensó ante su toque pero luego se relajó y soltó un suspiro, buena señal.
Los recuerdos que le siguieron a eso eran algo borrosos, en el famoso ‘cooling’ o ‘hydratation’ break, como sea que se llame, Franco había salido al balcón para ‘airearse’ porque según adentro hacía ‘calor’, sí, en pleno invierno. Él por su parte se mantuvo cerca por si acaso, hizo su mejor intento de sacar temas que no tenían nada que ver con el partido, jodieron con algunas cosas, pudo escuchar la risa de Franco en algún punto y, cuando el break terminó, se ganó un beso en el cachete de pasada cuando el argentino volvió a entrar al departamento.
Habían vuelto con mejores energías a ver el partido, los goles de parte de Argentina se empezaron a dar, Franco empezó a emocionarse y aflojarse, a tirar algún que otro chiste o comentario, y cuando el pitido que dio por finalizado el partido de repente el mundo se le había dado vuelta, su novio se le había tirado encima.
— ¿Viste, gordo? Los vengamos al final. —Por el bien de Franco y su orgullo, ignoró el hecho de que al argentino le estaba temblando la mano que había alzado para hacer énfasis en sus palabras.
( . . . )
— ¿Oscar? —Los recuerdos que todavía se estaban proyectando en su cabeza se esfumaron ante el chasquido de unos dedos enfrente de su cara, sus ojos se enfocaron en su novio que simplemente sonrió y le pegó de forma suave en su hombro.— Dale que están por poner el himno, levántate.
Aunque Argentina empezó ganando se seguía sufriendo, Franco se paraba, caminaba de un lado al otro, se ponía cerca del televisor, se alejaba, se sentaba de vuelta, así estaba en un loop constante. Su inquietud era clara, si bien estaban ganando, sólo iba a poder estar tranquilo si la selección anotaba uno o dos goles más.
Los partidos seguían siendo una montaña rusa de emociones, por lo menos esta vez creía que podía contener a Franco bien, o no.
Definitivamente no esperaba la cantidad de puteadas que empezaron a salir de parte de su novio, tampoco esperaba sentir como Franco en una le agarró la remera y lo tiró de esta para que se acerque.— ¡¿Cómo le van a hacer eso a nuestro capitán, Oscar?! ¡Casi hacen que se coma una tarjeta estos pelotudos! —¿Nuestro capitán? ¿Paredes? Desde cuándo él era de Boca– Bueno, esas eran cosas que mejor cuestionaba después, ahora no era el momento.
— De actor a actor, ni Neymar se atrevió a tanto. —Soltó ese comentario tranquilo al mismo tiempo que posó su mano sobre la ajena que todavía tenía agarrada su remera, de a poco su novio empezó a aflojar hasta que la soltó y sus dedos se encontraron para entrelazarse juntos, bien, había salvado a su remera de terminar estirada, o peor, rota.
Cuando el gol de Suiza llegó, silenciosamente, ambos agradecieron el haber comido temprano esta vez, por eso ahora sólo se sentía un ligero mareo combinado con nervios. Cada vez que Suiza volvía a acercarse al arco, Franco se paraba cruzado de brazos, después se sentaba, golpeaba sus rodillas con sus manos, murmuraba alientos para Argentina.
Nada había funcionado a favor y tampoco en contra, el partido siguió igualado, el alargue empezaba a asomarse y todo brillo de esperanza que se encontraba en los ojos hazel del argentino había empezado a transformarse en pura desesperación.
Faltaban unos segundos antes que empezara el alargue, las zapatillas de Franco golpeaban de forma nerviosa e inquieta el piso del departamento mientras sus manos no se quedaban atrás golpeando también sin cesar sus rodillas, él por su parte en una amagó con abrir su boca y decir algo para intentar distraerlo pero se detuvo cuando de repente su novio se quedó quieto.
Espero a ver si decía o hacía algo, nada, él intentó hablar otra vez pero de vuelta, el argentino de repente giro su cabeza para verlo fijamente, la expresión en el rostro ajeno era difícil de descifrar porque se notaba una mezcla de duda y al mismo tiempo seguridad y determinación.
— Oscar, pregunta. —Okay, raro, cuando su novio hacía eso era porque se le había venido una idea medio loca, entendible por lo claramente desesperado que se encontraba. En silencio observo como Franco abrió su boca, la cerró, frunció su ceño, miró para otro lado, volvió a mirarlo fijo hasta que al final, con un tono entre dudoso y discreto, inocente, empezó a decir.— El partido pasado, empezamos a meter goles después de que te di un beso, ¿…no?
Un pestañeo, dos pestañeos, tres.
. . .
¿Eh?
No sabía si le iba a gustar para dónde estaba yendo esto, Franco a veces era alguien impredecible lo cual podía ser o muy bueno o muy malo. Aún así, él era conocido por apoyar, o por lo menos intentar, las ideas de su novio así que con su propia duda y cuidado respondió.—…Ponele que sí, ¿qué estas pensan–? —Antes que pudiera terminar su oración, unos labios se presionaron justo en su cachete al mismo tiempo que empezaba el alargue.
Lo que sucedió después de que ese beso sea nuevamente sellado en su piel fue caos, completo caos, incluso él se había parado y puesto adelante del televisor junto a su novio. El segundo gol finalmente apareció, los comentaristas del partido, los departamentos del costado de ellos, de arriba, abajo, todos los edificios alrededor; gritaron, golpearon cosas e hicieron ruidos difíciles de ignorar.
Para otros al menos, él pudo ignorarlos con facilidad, cualquier sonido de alrededor se silencio en su cabeza, se escuchaban distantes, casi imperceptibles, todo porque apenas el gol sucedió el grito que iba a soltar se quedó atorado en su garganta, unos labios que conocía bastante bien habían sellado los suyos.
Mientras las celebraciones en el televisor seguían pasando ellos todavía no se separaban, manos que estaban agarrando y tirando de su remera desistieron, subieron y se pasaron en su nuca donde algunos dedos se enredaron con su cabello. Parecía que habían pasado minutos, únicamente rompieron el beso cuando a Franco se le escapó una risa entremedio de este.
Cuando sus miradas se encontraron, esos ojos hazel que adoraba ver estaban más brillantes que nunca, no hacía falta preguntarle a su novio cómo se sentía, estaba claro pero, por si dudaba todavía, el castaño volvió a unir sus labios pero esta vez en forma de pequeños besos, cortos, castos que se esparcieron por sus cachetes y mentón.
Bueno, si la idea ‘loca’ de su novio era darle besos por cada gol no iba a quejarse ni oponerse, menos cuando se veía así de feliz.
. . .
Okay, en el tercer gol esta vez Franco básicamente lo había tacleado, ante tal sorpresa sus ojos se cerraron con fuerza esperando el impacto que nunca sucedió, bueno, en parte, su espalda sí había golpeado el suelo, sí le había dolido, pero su cabeza había sido protegida rápidamente por la mano de su novio.
Esta vez el beso no pudo durar mucho entre las risas, los nervios que todavía estaban a flor de piel, la euforia que había surgido ante la muy probable victoria, aunque todavía faltaban cuatro minutos antes de que termine oficialmente el partido, la ilusión del pase a las semifinales que ya se podía saborear y su novio no podía contener esa emoción.
Y estaba perfecto, para nada iba a decirle que lo haga, menos cuando cada beso que era dejado en su rostro venía con un ‘te amo’ de la mano, él simplemente dejo que este ritual-celebración continúe por el tiempo que su novio quiera mientras que de vez en cuando intentaba corresponder alguno de esos besos y sus dedos dibujaban pequeñas formas en la espalda baja del castaño.
— ¡Vamos a festejar al obelisco!
— ¿Eh? ¿Cómo? Pero son casi las una, Fran.
— ¿Y? Voy yo solo entonces.
— No, no, no, ni se te ocurra, banca que me pongo las zapatillas.
