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Solo es la anestesia

Summary:

Tras un accidente, Nakamura termina con la muñeca fracturada, por lo que tuvieron que aplicarle anestesia. Bajo los efectos de esta, lo que sale de sus labios solo puede ser una de dos cosas: Los delirios de un muchacho atontado que no sabe lo que dice… o las palabras que lleva guardado en lo profundo de su corazón.

Mientras lo escuchaba llamarlo hermoso y pedirle matrimonio. Hirose no dejaba de repetirse la misma frase cada vez que su corazón se ilusionaba:

"Solo es la anestesia..."

Notes:

GANBARE NAKAMURA-KUN no me pertenece, pertenece a Syundei así como todos los personajes de esta obra.
Este fanfiction fue hecho sin fines de lucro y únicamente para entretenimiento.
Tampoco se autoriza la copia y publicación de este fanfiction en otras plataformas.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

El pitido constante de un monitor fue lo primero que logró escuchar, cuando consiguió salir de un extraño sueño. El sonido era agudo, rítmico… insistente y molesto.

– Mmm…

Poco a poco comenzó a distinguir también el roce de unas telas sobre su cuerpo, el murmullo de varias voces y el tenue olor a desinfectante que impregnaba el ambiente.

Nakamura frunció el ceño.

Sentía el cuerpo extrañamente pesado, como si cada uno de sus músculos hubiera sido reemplazado por concreto. Intentó acomodarse sobre la extraña cama, buscando una posición más agradable, pero parecía imposible. Por lo que un pequeño quejido escapó de sus labios, inconforme con la vida.

– No deberías moverte tanto, Nakamura.

La voz llegó hasta él como si fuera una luz en medio de la oscuridad. Apenas lo escuchó, supo de quién era, aún con los ojos cerrados.

Lastimosamente, todavía sentía esa rara incomodidad en su espalda, así que siguió intentando acurrucarse sobre el colchón, convencido de que, si trataba de encontrar la postura correcta, todo el esfuerzo habría valido la pena.

– Nakamura… – la voz insistió con un tenue tono de preocupación.

– Parece que quiere despertar… ¿Deberíamos llamar al doctor?

– Creo que esta hablando con el profesor Otogiri.

Un gruñido de fastidio abandonó de su garganta. Había demasiadas voces ¿Por qué escuchaba tantas voces? Había una en especial que era muy chillona… Que se calle pronto.

Con un enorme esfuerzo, logró separar apenas los párpados. La luz blanca del techo lo obligó a entrecerrarlos de inmediato antes de volver a intentarlo con mayor delicadeza. Las figuras frente a él aparecieron primero como manchas borrosas que, poco a poco, comenzaron a tomar forma.

Conocía a esas personas…

El de la voz chillona era… Takeuchi.

El de la voz calmada era… Mukai.

– Vamos, chicos. Bajen la voz. Nakamura debe descansar.

Giró a su costado, en busca de esa hermosa voz.

Esa voz tan dulce e increíblemente agradable de escuchar.

Solo había una persona que tenía ese tono de voz. Una persona que llevaba mucho tiempo en su corazón.

– Hirose… – susurró, probando con satisfacción el nombre entre sus labios.

Sus ojos terminaron de enfocar al dueño de sus pensamientos, quien justo parecía estar sentado a un lado de él: Un muchacho de cabello castaño y ligeramente ondulados, de piel semi bronceada y suave, rostro muy expresivo con una sonrisa dulcemente resplandeciente.

– Hirose… está aquí… – murmuró con alivio al verlo tan de cerca.

Su corazón se llenó de amor y no pudo evitar sonreír complacido por el destino. No entendía muy bien porque se encontraba echado, ni en donde estaba, ni mucho menos porque Takeuchi y Mukai se encontraba ahí… solo le importaba la presencia de una persona.

– Hirose…

Nakamura suspiró totalmente enamorado.

– Mi Hirose… – murmuró con voz pastosa, todavía adormilado. – Jejeje… es muy lindo…

El castaño parecía estar más entretenido en la conversación de fondo que llevaba sus otros dos amigos, que no notó como el pelinegro comenzó a levantar su brazo libre. Avanzó apenas unos centímetros en dirección al rostro del menor, con una clara intención de acariciarle la mejilla y así poder obtener, finalmente, su atención.

Pero algo extraño hizo que sus movimientos se volvieran tan pesados, por lo que su brazo terminó cayendo nuevamente sobre la cama antes de alcanzar su objetivo.

– ¡Oh! Nakamura, estas despierto. – exclamó Hirose sorprendido.

Sí, justo era eso lo que quería.

Tener la mirada y atención del castaño solo para él.

– Hirose…

 

-.-

 

Mukai y Takeuchi dejaron de conversar para observar como Nakamura había recuperado la consciencia.

– Finalmente. – comentó aliviado Takeuchi mientras se acercaba a la camilla, posicionándose a lado de Hirose.

– ¿Te encuentras bien, Nakamura? – preguntó el castaño ligeramente preocupado y reposando sus brazos sobre la baranda de la camilla, a pesar de estar sentado.

– ¿Cómo está tu brazo? – añadió Mukai señalando su misma mano.

Pero el pelinegro no respondió, solo se dedicó a estirar su brazo derecho, como si fuera un gato despertando de un buen sueño. Gimió largamente y luego de hacerlo, resopló a gusto.

– Hola… – saludó Nakamura con una sonrisa agotada al tener finalmente la atención del resto.

– Eh… Hola.

– Hola.

– ¿Qué hay?

Respondieron Hirose, Mukai y Takeuchi con tonos ligeramente desconcertados.

– ¿Dónde estoy? – preguntó confundido el pelinegro, mientras miraba perdido a su alrededor.

– Estas en el hospital. – contestó Mukai tranquilamente.

– Te cayó un Hirose encima. – se burló Kota, mirando de manera divertida al castaño avergonzado de su costado.

– No fue mi intención… lo siento, Nakamura. – replicó apenado el anteriormente mencionado, sonando totalmente arrepentido.

– ¿Están lloviendo Hiroses? – preguntó genuinamente, para luego reír cortamente. – Aleluya.

– Te diste un buen golpe, Nakamura. – añadió Takeuchi mientras alzaba su mano para demostrar como lo encontraron. – Por un momento, pensamos que tu hueso se había salido.

– No tienes que ser tan explicito. – regaño Ryou, frunciendo el ceño, sintiendo un feo escalofrío.

Por otro lado, Hirose al recordar lo sucedido, no pudo evitar bajar la mirada ante el inevitable sentimiento de culpa.

Todo había sido un accidente.

Él, Takeuchi y Mukai caminaban hacia la cafetería mientras conversaban sobre el nuevo episodio de su serie favorita. Era la hora de almuerzo en la escuela y ninguno de ellos había traído comida.

En un momento de entusiasmo, Hirose se apartó unos pasos del grupo para intentar imitar un movimiento de pelea que había visto la noche anterior en televisión. Estaba tan concentrado en recrear la escena de acción que no se percató de lo cerca que se encontraba del borde de las escaleras.

Hasta que su pie encontró el vacío.

El mundo pareció inclinarse, y la gravedad hizo lo suyo. Su cuerpo se fue hacia atrás, incapaz de recuperar el equilibrio.

Fue entonces cuando chocó contra alguien que justo subía por las escaleras.

Nakamura…

El impacto hizo que ambos rodaran por los escalones hasta parar en un piso firme. Hirose apenas había sufrido un sobresalto y algunos raspones sin importancia. No había sentido tanto dolor cuando comenzó a incorporarse.

Sin embargo, el pelinegro no corrió con la misma suerte. Al intentar amortiguar la caída y proteger el cuerpo del menor, recibió la mayoría de golpes. En uno de esos, apoyó instintivamente la mano contra el suelo y todo el peso de ambos cuerpos recayó sobre su muñeca izquierda.

El castaño aún podía escuchar el crujido.

Nakamura se había encogido de dolor al instante, sujetándose la muñeca con el rostro totalmente desencajado, mientras algunas lágrimas rodaron por sus mejillas.

Por eso, ahora se encontraban en el hospital. El profesor Otogiri los había llevado de inmediato ya que el tópico de la escuela no contaba con los recursos necesarios para atender la lesión de esa gravedad.

– Los doctores pudieron atender tu brazo. – comentó el castaño, mirando con pena la mano afectada de Nakamura, cubierta de una férula azul.

– ¿Cómo se sintió? ¿Dolió mucho? – preguntó Takeuchi sinceramente curioso.

– Es obvio que le dolió, no viste como se quejaba… hasta le tuvieron que poner anestesia.

– Ay, solo quería confirmar, Mukai… Nunca me fracture un hueso.

– Pero… ¿Te siente mejor, Nakamura? – preguntó Hirose con evidente preocupación, inclinándose un poco más sobre la camilla.

El pelinegro sonrió suavemente y levantó lentamente la mano que tenía libre. Avanzó hacía el rostro del menor y, aprovechando que este se había acercado, tocó con su dedo índice la punta de su nariz.

Un pequeño piquecito.

Uno tan suave, que provocó una risa tierna en Nakamura, completamente satisfecho con su pequeña hazaña.

– Hirose… eres muy guapo…

Durante un instante, el silencio se apoderó de la habitación.

Nadie quiso decir ni una palabra, pensando de que habían oído mal.

Takeuchi y Mukai se miraron entre sí, sorprendidos. Pero cuando procesaron la información, rápidamente se llevaron una mano sobre la boca para contener sus risas.

 Por otro lado, Hirose comenzó a enrojecerse ante el cumplido.

– Parece que la anestesia le hizo efecto. – señaló Takeuchi divertido. – Esto hay que grabarlo.

Ni tarde ni perezoso, sacó el celular de su bolsillo y apuntó la cámara hacia adelante, enfocando a un risueño Nakamura y a un avergonzado Hirose.

– ¡No lo hagas, Takeuchi! – demandó el castaño molesto, alzando una mano frente a su rostro para intentar esconder su imagen.

– Hiroseeeee… – el pelinegro hizo un pequeño puchero al notar que el menor ya no le estaba prestando atención. – ¡Hirose!

– Aquí estoy, Nakamura. – contestó, volviendo a fijar su mirada en él.

Los ojos del pelinegro retomaron el brillo perdido, pero negó con la cabeza con una expresión de reproche, acordándose de que estaba molesto.

– Hazme caso… – murmuró con voz pesada. – Te estoy diciendo que eres muuuuuy lindo… muy, muy bonito.

Las carcajadas de sus amigos resonaron por toda la habitación. Por lo que esta vez Hirose trató de ignorarlos y soportar la vergüenza mientras sonreía a la fuerza.

– Eres muy guapo… – continuó Nakamura sin apartar la vista del menor. – Eres el chico más encantador que he visto en toooooda mi vida.

– G-Gracias, Nakamura… – respondió el castaño totalmente apenado, apretando con fuerza el barandal de la camilla. Deseando que apareciera un agujero bajo sus pies para caer y desaparecer en él.

¿Cómo se supone que debía responder ante tantos halagos?

La mente de Hirose estaba hecha un lío, nunca antes alguien le había llenado de tantos cumplidos.

Solo familiares…

Y ahora que su amigo le estuviera diciendo todas esas cosas tan fácilmente, le causaba tanta timidez que su cara comenzaba arder.

– Esto es oro… – Mukai miró de reojo a Takeuchi. – ¿Sí estas grabando?

Kota respondió levantando el pulgar sin dejar de sostener el teléfono.

Hirose estuvo a punto de pedirles que dejaran de hacerlo, pero volvió a sentir la mirada penetrante del pelinegro sobre él. Nakamura lo observaba como si no existiera nadie más en la habitación, como si el resto del mundo entero se hubiera desvanecido y solo quedara ellos dos.

Algo dentro de su pecho latió muy fuerte. Por un momento, el castaño se sintió un completo farsante. El pelinegro no debería mirarlo así…

Como si…

Como si estuviera enamorado…

De él…

Seguro esta confundido por culpa de la anestesia.

– Hirose… eres muy bonito… el chico más tierno del mundo…

Los ojos del pelinegro brillaron ante la frágil vulnerabilidad de sus palabras. No había vergüenza, ni nervios, ni esa conocida timidez. Nakamura solo tenía los ojos puestos en Hirose y su expresión era de alguien que anhelaba ser correspondido.

– Te amo, Hirose… – confesó con una suave sonrisa, expresando todo el cariño que guardaba en su corazón.

Aquellas palabras atravesaron el pecho de Hirose como un aguijón. Sus ojos se abrieron con sorpresa, incapaz de apartar la mirada en el pelinegro.

– ¿Qué? – susurró el menor.

Pues no entendía.

Nakamura era su amigo…

Uno muy considerado, amable, guapo, torpe y tierno…

Solo un amigo ¿No?... Ambos eran hombres, aunque a él no le generaba ningún conflicto eso. Amor es amor, no importa el género… así que imaginar a Nakamura como su pareja… sería… eso sería...

Nakamura… como pareja…

Su corazón volvió a latir dolorosamente fuerte.

¡Espera! ¡No! ¡Recuerda, Hirose!

Nakamura estaba bajo los efectos de la anestesia. Seguramente ese era el motivo por el que decía todas aquellas cosas. No hablaba en serio.

Anestesia.

Anestesia.

Anestesia.

Hirose necesitaba repetirse una y otra vez aquella palabra, para que su corazón dejara de latir tan acelerado y poder aminorar esa sensación extraña que lo envolvía en una terrible confusión y esperanza.

¿Esperanza? ...

Mientras tanto Takeuchi y Mukai no expresaron ningún sonido, solo se quedaron observando la escena con la boca abierta, totalmente atentos. Sin siquiera auxiliar al pobre castaño que estaba experimentando un color rojo intenso en su rostro.

– Te amo mucho… mucho, mucho, mucho.

Nakamura sonrió borracho por tantos sentimientos, levantó nuevamente su mano, abriendo y cerrando lentamente los dedos, como si buscara alcanzar algo.

Sin pensarlo, Hirose lo tomó entre la suya con total delicadeza.

No Hirose… esto es por la anestesia.

– Yo… también te quiero… Nakamura – respondió con una pequeña pero cálida sonrisa, tratando de convencerse de que aquellas palabras seguro nacían del cariño amical que compartían como amigos.

Amigos… claro… porque solo somos amigos…

Los dedos del pelinegro se aferraron débilmente a los de Hirose y su sonrisa se volvió todavía más hermosa ante los ojos de un débil castaño.

– ¡Casémonos! – declaró de pronto, con una felicidad tan genuina que parecía haber tomado la decisión más lógica del mundo.

– ¡¿Eh?! – exclamaron Hirose, Takeuchi y Mukai al mismo tiempo.

– Na-Nakamura… creo que la anestesia te esta haciendo decir muchas cosas... que en realidad no quieres. – comentó el castaño con un tono apenado, sintiendo nuevamente el rubor sobre su cara.

El pelinegro frunció ligeramente el ceño. Sin comprender exactamente las palabras del menor. – ¿No te quieres… casar conmigo?

– ¿Eh? No… bueno… sí… ósea, es que no… – Hirose se enredó tanto con sus propias palabras que ni él mismo entendía lo que quería decir.

– Pero yo te amo, Hirose… – siguió Nakamura con total convicción y con una pizca de desesperación. Poco a poco, suavizó su expresión para sonreír cálidamente. – Prometo que te amaré por siempre… que se muera Takeuchi si no.

– ¡¿Eeeeh?! ¡¿Por qué yo?! – protestó el aludido, llevándose una mano al pecho totalmente indignado.

Sin prestar la menor atención al escandalo a pocos metros de él. Nakamura apretó ligeramente la mano de un frágil Hirose contra la suya.

– Prometo que te haré feliz… te escucharé cuando lo necesites… estaré callado cuando quieras tranquilidad, pero tomaré tu mano… para que jamás te sientas solo.

El castaño quedó atento a cada palabra, perdido ante la mirada segura de Nakamura. Sin darse cuenta, como su corazón comenzó a hincharse y un inesperado anhelo se asentó en su mente.

– Te amo mucho, Hirose… por favor, cásate conmigo.

Anestesia.

El rubor del castaño ya había llegado hasta las orejas, sintiendo como la emoción hacia que los ojos se le empañen.

Un golpe sincero de amor que nadie se lo esperó, pero que afectó a todos los presentes.

Takeuchi chilló emocionado mientras zarandeaba a un sorprendido, pero inesperadamente feliz, Mukai.

– Vamos, Hirose… dile que sí. – alentó Ryou con un tono divertido.

El castaño, aún tímido, pero con un extraño cosquilleo recorriéndole por todo su cuerpo, miró fijamente al pelinegro con total seriedad.

– Nakamura… no sabes lo que estás diciendo.

– Si lo sé… sé que me gustas mucho… me gustas desde la ceremonia de inicio.

Hirose quedó sorprendido ante la nueva información. – ¿Desde entonces?

– Sip… – asintió totalmente orgulloso. – Por eso tenemos que casarnos…

Takeuchi resopló divertido. – Claaaro, esto tiene tanta lógica

– Eso no tiene mucho sentido. – dijo entre risas el menor.

– Sí la tiene. – insistió el pelinegro con una clara molestia.

– Bien… Bien, tú ganas… si la tiene. – comentó el castaño con un tono que denotaba la diversión y ternura de lo que sentía. Dejándose llevar por el sentimiento y ese calor que no paraba de quemar.

– Yo tendré un traje blanco y tú uno negro… – comentó, mientras comenzaba a imaginarse la escena de una hermosa y resplandeciente boda. – y habrá muchos pulpos con trajes elegantes… ¡No!… mejor, tú tendrás un traje blanco, Hirose… ¡Los dos tendremos trajes blancos!

Permaneció unos segundos pensativos para escoger muy bien el color de sus esmóquines. Pero luego de decidirlo, asintió con la cabeza.

– No me gusta vestir de negro… – murmuró. Buscó los ojos de su amado y, con una expresión casi infantil, añadió en un tono suplicante. – Hirose… no quiero vestirme de negro.

El castaño no pudo contener una suave risa.

– Esta bien… entonces será de blanco.

Aquellas palabras parecieron tranquilizar al pelinegro. Mientras tanto, el castaño terminó relajándose. Sin soltar la mano que sujetaba con delicadeza, apoyó la barbilla sobre su brazo libre y se quedó observando a Nakamura en silencio, incapaz de apartar la mirada de aquella sonrisa tan sincera.

– ¿Y nosotros estaremos invitados? – preguntó Takeuchi, rompiendo la tranquilidad del momento. Se acercó aún más a la camilla sin dejar de apuntar a Nakamura con la cámara de su celular, provocando que Hirose le lanzara una mirada de reproche.

– ¡Takeuchi!

– Mukai si… y Oomori… tal vez… – respondió Nakamura con absoluta seriedad, como si realmente estuviera organizando la lista de invitados – Takeuchi, no.

– ¿Eh? ¿Y por qué no? – protestó molesto el mencionado.

– Porque haces enojar mucho a Hirose… y eres un toooonto. – contestó el pelinegro para finalmente sacarle la lengua.

Kota abrió la boca, completamente ofendido. – ¡Hirose! ¡Defiéndeme!

Esto solo hizo que el menor se riera divertido.

– ¿Y por qué habría de hacerlo? A veces me haces enojar.

– ¿Acaso no me vas a invitar a tu boda? Qué mal amigo eres, Hirose… no te conocía así.

Nakamura abrió la boca para responder. Intentó levantar la mano izquierda para señalar al fastidioso de Takeuchi, pero la pesada férula que envolvía su muñeca lo detuvo a medio camino.

Parpadeó confundido.

Miró su mano por unos largos segundos, para luego mirar hacia el castaño.

– Hirose… mi mano…

Su voz sonó tan triste que el corazón del castaño se encogió.

– Aun no lo levantes, Nakamura. – contestó Hirose con suavidad, mientras se inclinaba más hacia el mayor y bajaba con delicadeza su brazo izquierdo devuelta a la camilla, para que guarde reposo. – Te lastimaste. ¿Recuerdas?

El pelinegro bajó la mirada hacia su mano lastimada. Después observó su mano libre que sostenía Aiki y, finalmente, comenzó a recorrer la habitación con la mirada, como si estuviera buscando algo muy importante.

– Hirose…

– ¿Sí?

– ¿Dónde está mi anillo?

– ¿Qué anillo?

Nakamura frunció ligeramente el ceño, sorprendido de que Hirose hiciera una pregunta tan obvia.

– El de novios… Nos vamos a casar… ¿Dónde está mi anillo?

– No traías ningún anillo, Nakamura.

El pelinegro abrió un poco más los ojos, como si acabara de descubrir un terrible problema.

– Entonces debes comprarme uno, Hirose… Todos los novios llevan anillos.

Hirose no pudo evitar dejar escapar una pequeña risa. Con su otra mano, envolvió la mano que sostenía de Nakamura, acariciando tiernamente el torso. Nunca lo había notado… pero el pelinegro tenía unas manos muy suaves.

– Nakamura… – susurró, incapaz de borrar la sonrisa de sus labios.

– Tiene que ser un anillo bonito… muy brillante – explicó con total seriedad antes de dedicarle una añorada sonrisa – Como tus ojos… tan bonitos…

Las mejillas del castaño volvieron a encenderse.

– Tú… Tú también tienes unos ojos muy bonitos, Nakamura.

La mirada del pelinegro se iluminó de inmediato.

– ¿Sí? – preguntó, encantado ante lo escuchado.

Pero apenas duró unos segundos. Ya qué recuperó toda la solemnidad del asunto y negó con la cabeza.

– No me distraigas… Tenemos que conseguir los anillos.

Hirose se volvió a reír. – Es cierto… si de verdad nos vamos a casar… tú también debes comprarme uno igual.

Ante ello, Nakamura asintió con una convicción sólida.

– ¡Por supuesto! – respondió con el ceño ligeramente fruncido, sintiendo la responsabilidad correr por sus venas. Apretó con suavidad la mano del castaño entre las suyas. – Te compraré el anillo más bonito que exista… porque te amo mucho, Hirose.

El castaño miró la sonrisa más hermosa que pudo apreciar en su vida. Nakamura podría prometerlo el cielo mismo, y Hirose le creería.

Recuerda… tiene anestesia…

– Amo todo de ti, Aiki… siempre lo hice… y siempre lo haré. – comentó con una completa facilidad, sin saber que aquellas simples palabras habían desarmado por completo los muros del corazón de Hirose.

Amor…

¿El calor que acobijaba su corazón era también ese conocido sentimiento?

No te ilusiones Hirose… Nakamura tiene… él tiene…

Nakamura cerró lentamente los ojos, todavía sonriendo, y murmuró con absoluta convicción: – Y nos vamos a casar.

Oh…

Hirose apretó también la mano del pelinegro y entrecerró los ojos. Mientras tanto, Mukai contemplaba la escena en silencio.

La vergüenza que en unos comienzos dominaba el rostro de Hirose, había desaparecido poco a poco, hasta no visualizarla por completo. En su lugar, quedaba una sonrisa suave, cálida… una que parecía nacer sin que él mismo se diera cuenta.

O eso pensaba.

Hirose dejó de desmentir a Nakamura, ni tampoco parecía incomodo ante tantos cumplidos. Simplemente seguía allí, sosteniendo su mano con una clara delicadeza.

El ambiente dejó de ser cómico… y se transformó en uno más íntimo.

Mukai suspiró.

Con una mano, bajó el celular de Takeuchi que aún seguía grabando.

– Vamos. Creo que es mejor dejar a los futuros esposos un momento a solas mientras buscamos al profesor.

– ¡Hey! Todavía estaba grabando.

– Ya tienes suficiente material para molestarlos durante los próximos años.

Takeuchi soltó un suspiró resignado mientras Mukai lo empujaba suavemente hacia la puerta.

– Hasta luego, gracias por invitarme a su boda… Takeuchi hará méritos, Nakamura. – se despidió Mukai.

– ¡Yo quiero ser el padrino! – exclamó Kota antes de salir.

– ¿Quién dijo que tú lo serías? Es obvio que yo lo seré.

Las voces de ambos fueron apagándose a medida que salían de la habitación. La puerta se cerró con un suave clic.

Y, por primera vez desde que Nakamura había despertado, el silencio volvió a reinar en la habitación.

No era un silencio incómodo.

Ambos permanecieron observándose el uno al otro, la sonrisa que descansaba en el rostro de Nakamura era tan tranquila y suave. Hirose deseó que esa expresión nunca desapareciera, quería admirarla todos los días… Era como volver a aquella bella atardecer en Yokohama.

Tan cálida y hermosa.

De pronto, algo pareció perturbar a Nakamura, pues su sonrisa se desvaneció y eso provocó que Hirose lo extrañase.

– Hirose… Realmente… Te vas a casar conmigo ¿no?

– ¿Realmente es lo que quieres? – El mencionado ladeó la cabeza a un lado.

– Si… – respondió el pelinegro asintiendo lentamente. – desde el día… que pise tu pañuelo…

– ¿Aún te acuerdas de eso? – el menor sonrió con ternura al recordarlo.

– Ujum… Yo te quiero mucho, Hirose. – aclaró con una sonrisa infantil en los labios de Nakamura. – Y seré el novio más afortunado del mundo…

– Nakamura…

– Tus ojos son tan expresivos… y tu forma de ser es tan encantadora.

Suspiró profundamente, como si aquellas palabras llevaran mucho tiempo esperando por salir.

– Siempre quieres complacer a los demás...

Los dedos del pelinegro acariciaron torpemente los dedos de Hirose que aún lo sostenía.

– Pero cuando nos casemos… yo aligerare tu carga…

Sus ojos comenzaron a humedecer levemente.

– Quiero estar ahí para ti, Hirose… no importa que…

El pelinegro cerró los ojos y sonrió sinceramente.

– Dejaré todo de mí… en tus manos. – Se liberó del agarre y llevo su mano buena hacia su pecho, a la altura de su corazón. – Y por fin… seré feliz.

Hirose sintió un nudo formándose en su garganta, como si cada palabra hubiera golpeado algo dentro de él.

Es solo anestesia…

Sonrió tristemente.

– Eres injusto…

– ¿Eeeeeh? – preguntó molesto el mayor.

– No lo dices en serio. – mencionó con pesar, mirando fijamente sus manos vacías.

– Pero si lo hago. – infló sus mejillas Nakamura.

– No… no lo haces… – susurró Hirose, intentando más convencerse a él que al mismo pelinegro.

– Mentiroso… yo te amo muchísimo. – replicó molesto el mayor. – Si no pregúntale a Kawamura

– ¿A Kawamura? – preguntó sorprendido el castaño.

Asintió el pelinegro con un leve entusiasmo, porque si lo hacía con más fuerza, sentía que en cualquier momento iba a vomitar.

– Le pido que me dibuje… un mundo en donde tú y yo seamos felices… juntos.

– ¿En… en serio? – preguntó con una timidez muy poco común en él.

– No hay día que no piense en ti, Hirose… ya quiero que sea nuestra boda… lo deseo con toda mi alma. – suspiró risueño, mientras se acomodaba mejor sobre la camilla. – Será hermoso… como tú… ya que nos queremos mucho… y te daré muchos besos ¡Muuuuuchos!

La risa encantadora de Nakamura hizo mover todo el mundo de Hirose, quién sonrió conmovido.

– Tendremos dos pulpitos, un perrito… un gatito… no podemos tener cangrejitos, Hirose… los pulpos comen cangrejos.

– Oh… que mal – murmuró divertido.

– Pero mi vida será tan feliz a tu lado… quiero abrazarte y decirte todos los días… que te amo… tal y como eres.

Nakamura gimió feliz para luego bostezar y sentir cada vez más la pesadez en sus parpados.

– Quiero… casarme… ¿Te casaras conmigo? ¿No, Hirose? – preguntó con una voz anhelante, haciendo todo lo posible para mirar al castaño a lado suyo.

El menor se quedó unos segundos admirando la escena frente suya y con un nuevo sentimiento revoloteando en su pecho, contestó: – Sí… me casaré contigo… Nakamura…

Y fue como si la vida se iluminara en los ojos del pelinegro, reflejando su felicidad y amor en su adorable sonrisa.

– Te amo, Hirose… – susurró, cada vez más bajito.

– Duerme, Nakamura.

– Dime… – se interrumpió a él mismo, al bostezar – que me amas, Hirose…

El castaño cerró los ojos durante unos instantes. En esos momentos, logró escuchar con mayor detalle los latidos de su corazón y sentir a flor de piel esa sensación cálida que recorrió por cada parte de su cuerpo.

Un sentimiento nuevo, pero agradable.

Cuando volvió abrir los ojos, notó la mirada indefensa y feliz de Nakamura.

Y no pudo evitar confesar la verdad.

– Yo… Te amo, Nakamura… – Le dedicó una sonrisa que el pelinegro apenas alcanzó a ver. – Ahora duerme… Estaré aquí cuando despiertes.

Una expresión completamente satisfecha apareció en el rostro de Nakamura, mientras mantenía los ojos cerrados.

– Okey… – su voz ya era apenas un murmullo. – Te quiero un montón… Aiki…

Hirose permaneció inmóvil, escuchando cómo la respiración de Nakamura se iba volviendo cada vez más lenta y acompasada.

Se había quedado dormido.

Durante unos instantes, el castaño simplemente lo contempló en silencio.

La expresión de Nakamura había recuperado la tranquilidad de siempre. Ya no quedaba rastro del entusiasmo con el que había hablado unos minutos atrás por culpa de la anestesia. Solo aquel muchacho tímido que descansaba profundamente, ajeno al torbellino que acababa de dejar en el corazón de Hirose.

Nakamura…

Sin darse cuenta de lo que hacía, se inclinó un poco hacia la camilla.

Con infinita delicadeza, apartó el flequillo que caía sobre su frente, acomodándolo a un lado. Sus dedos permanecieron allí un instante, como si se resistiera a romper aquel pequeño contacto.

Lentamente, descendió su mano hasta lograr acaríciale su mejilla.

Era cálida y sorprendentemente suave.

Hirose sonrió apenas y un pensamiento atrevido cruzó por la mente al enfocarse en los labios sonrosados de Nakamura.

El esposo… puede besar al novio.

La puerta se abrió con un sonido suave. Pero fue suficientemente claro, para que Hirose pudiera retirar el tacto en el rostro de Nakamura y dar un pequeño paso hacia atrás, fingiendo demencia de que nada había pasado.

– Me dijeron que Nakamura despertó. – comentó el profesor Ootgiri, entrando a la habitación.

– Sí… pero se volvió a dormir, profesor. – respondió calmadamente el castaño mientras volvía a tomar asiento a lado de la camilla.

Otogiri asintió con tranquilidad.

– Bien, es mejor que descanse. – comentó el adulto, mientras se acercaba a la camilla para revisar el estado de su alumno. – Ya me comuniqué con sus padres; no tardarán en llegar.

Luego dirigió su mirada hacia el castaño. – ¿Quieres que te lleve a casa, Hirose?

El menor escuchó la pregunta, pero al mirar nuevamente el rostro tranquilo de Nakamura, negó lentamente.

– Quiero quedarme… se lo prometí.

Rayos… me enamoré.

 

-.-

 

Hirose suspiró por décima vez bajó el techo de su propio cuarto. Se recostó de costado mientras trataba de no aplastar los audífonos contra sus orejas. Miró nuevamente la única fuente de luz que provenía desde la pantalla de su celular, cuyo brillo iluminaba tenuemente su rostro.

Y volvió a repetir el video que le mando Takeuchi.

– Te amo, Hirose… Te amo mucho… mucho, mucho, mucho.

El pecho del castaño se oprimió una vez más. Por cada repetición, el dolor parecía intensificarse.

Con el pulgar, deslizó la barra del video unos segundos más hacia adelante y continuó.

– Amo todo de ti, Aiki… siempre lo hice… y siempre lo haré.

Cerró lentamente los ojos, para escuchar con mayor claridad la voz de Nakamura susurrarle tales palabras sobre el oído. Aquella forma tan natural de pronunciar su nombre seguía provocándole un extraño cosquilleo en el pecho.

No recordaba que el pelinegro alguna vez lo hubiera llamado por su nombre de pila.

Siempre era Hirose…

Siempre con distancia.

Siempre con esa timidez que parecía impedirle acercarse un paso más.

Pero en ese momento…

Parecía que no hubiera barrera.

Volvió a repetir el video desde el comienzo. No se cansaba de escuchar la dulce y adormilada voz de Nakamura. Hirose llevó una mano sobre sus labios, intentado contener el temblor de su respiración.

¿Y si es mentira? ¿Y si lo dijo por culpa de esa estúpida anestesia?

– Te amo, Hirose… Te amo mucho… mucho, mucho, mucho.

Hirose sintió un ardor en sus propios ojos y como algunas lágrimas resbalaban por sus mejillas.

Luego otra.

El castaño dejó escapar una pequeña risa entrecortada mientras se limpiaba el rostro con el dorso de la mano. Nunca experimento tanto el anhelo de ser correspondido. Era nuevo, ni con Sakamoto había sentido algo tan caótico y a la vez cálido de tan solo recordar la suave sonrisa de su amigo pelinegro.

– Eres un tonto, Nakamura… ¿Quién se confiesa de esa manera? – susurró agotado de sentir tantas emociones en un solo día.

Suspiró, cansado de dudar tanto.

Aunque daba miedo saber la verdad, necesitaba saberlo. No podía aguantar las ansias de saber si todo lo que había pasado eran los delirios de un muchacho atontado, que no sabía lo que decía… o las palabras atoradas, que llevaba guardadas en lo profundo del corazón del pelinegro.

Por lo que detuvo la grabación y fue a sus conversaciones de Line.

Solo había una persona que podría ayudarlo a despejar todo este revuelo. Y según su respuesta… dependería si se arriesgaba o no.

 

 

Kawamura
online
Hola Kawamura…
Tengo un par de consultas que Nakamura me confesó
Y quiero que me confirmes…
Es sobre unos ciertos dibujos de él y yo

 

-.-

 

Nakamura regresó a la escuela unos días después.

La mano izquierda aún seguía inmovilizada por una férula, por lo que escribir en clase todavía era imposible. Como excepción, los profesores le habían permitido ser el único estudiante en utilizar el celular para grabar las explicaciones y tomar fotos de la pizarra.

Aun así, las tareas más sencillas se había vuelto un pequeño desafío.

Como comer.

Durante la hora de almuerzo se había refugiado en una de las bancas del primer piso. Colocando su caja de almuerzo sobre su regazo, trató con gran esfuerzo sujetar los palillos apropiadamente, pero era todo un reto al utilizar solo la mano derecha siendo zurdo.

Cada bocado requería mucha concentración para poder sostener bien la comida y trasladarla, sin dejarla caer, hacia su boca.

Suspiró resignado, después del cuarto bocado.

– Hola, Nakamura.

El pelinegro levantó la cabeza de golpe.

– ¡Hi-Hirose! – respondió el saludo completamente nervioso y tenso. Tanto que los palillos casi se le escaparon de sus dedos.

El castaño sonrió con timidez y se sentó a la derecha del pelinegro, justo en el espacio libre de la banqueta.

– ¿Te molesta si te acompaño a almorzar? – preguntó mientras colocaba su caja de almuerzo sobre su propio regazo.

<< ¡Oh, cieloooooos! ¡Él realmente va a sentarse junto a mí! ¡Qué Bendición! ¿Este es mi regalo de toda la vida? ¡Graciaaas! ¡En tu cara Matsumura! ¡Okey! Calmate Nakamura... contéstale como una persona normal... ya hemos practicado como hacerlo... >>

– ¡No! ¡Para nada! Es un honor… que diga… claro.

Hirose apreció el sonrojo del pelinegro con una nueva perspectiva. Al igual que ese ligero temblor en su mano y como esa mirada transmitía tantas ilusiones y anhelos.

Es tan evidente… ¿Cómo pude ser tan ciego?

El castaño jugueteó nerviosamente con sus palillos de comer que llevaba entre sus manos y carraspeó su garganta, para tomar valor en lo que estaba a punto de proponer.

– ¿Su-Sucede algo? – preguntó el mayor, un poco preocupado de que el menor tuviera la garganta seca.

Pero antes de ofrecerle su refresco, Hirose habló:

– Quería preguntarte si lo que dijiste en aquel hospital… ¿Era cierto?

El rostro de Nakamura perdió el color por completo. – ¿Eh?

– Aquel día, cuando te accidentaste… te pusieron anestesia y… dijiste algunas cosas sobre… mí.

<< Ay, no… ¿Qué dije?… ¡Ay, noooo! ¡¿Ahora, qué dije?! >>

– Yo… apenas recuerdo lo que dije… lo siento si te incomode. – contestó totalmente apenado el pelinegro.

<< Habíamos comenzado tan bien… ¿Por qué me pasa estas cosas a mí? >>

Hirose negó con la cabeza despacio. – No lo hiciste.

Hubo un breve silencio.

Hirose apretó los puños y frunció el ceño, había repetido el escenario decenas de veces en su cabeza. Pero ahora que Nakamura estaba a su lado…

Todo parecía tan difícil.

– Nakamura…

– ¿S-Sí?

El castaño respiró hondo y botó el aire por la boca. Necesitaba hacer su jugada ahora mismo o la oportunidad se escaparía de sus manos.

– Me… – el castaño se trabó ante el nerviosismo, por lo que frunció el ceño y continuó. –  Me prometiste que me comprarías el anillo de bodas más hermoso del mundo.

– ¿Eh?... – el cerebro del pelinegro dejó de funcionar.

<< ¡¿Eh?!... ¡¡¿EEEEHHHHH?!! >>

– Así que mientras lo buscas… – añadió el castaño con un tono más suave, sin atreverse en alzar la mirada, trató de esconder el enrojecimiento de su rostro. – Estaba pensando si quieres… ir a una cita… conmigo.

<< ¡¡¿EEEEHHHHH?!! >>

Esta vez Nakamura dejó caer los palillos sobre la caja del almuerzo.

– ¿Una… cita? – su voz apenas era un hilo. – ¿Cómo amigos…?

La pregunta dudosa le dio motivos para que el castaño pudiera alzar la cabeza y chocar miradas con el pelinegro. Reflejando la misma inseguridad y timidez que Nakamura estaba experimentando en ese momento.

– ¿O cómo… pareja? – completó lentamente el mayor.

El brillo en los ojos del menor se iluminó por unos segundos, anhelando que descifrara la respuesta correcta. – No lo sé… tú dime.

Con poco disimulo, el castaño apoyó la mano sobre la banca, apenas a unos centímetros de donde estaba sentado Nakamura.

No dijo nada más, solo esperó. Nervioso y expectante, ocultando el miedo que le generaba la espera.

Ante la clara invitación, el corazón del pelinegro parecía querer escapar de su pecho.

<< ¿Esto es real?... ¿Realmente Hirose está pidiéndome una cita?... ¡¿A mí?!… ¡¿Yo?!… >>

Tragó saliva y muy despacio, acercó su mano sana hacia la de Hirose. Sus dedos rozaron apenas los del castaño, temerosos y con un tacto delicado, antes de entrelazarse con ellos. El contacto bastó para que un escalofrío recorriera por los cuerpos de ambos y los corazones latieran dolorosamente rápido.

La última pizca de inseguridad en Nakamura, le hizo esperar con ansiedad que Hirose apartara su mano al sentir su toque. Pero mientras más pasaba los segundos, ningún movimiento brusco apareció. Al contrario, sus manos comenzaron a relajarse y los dedos del castaño respondieron al contacto con un leve apretón.

Ambos desviaron la mirada al mismo tiempo, completamente sonrojados y tímidos. Hasta que Nakamura reunió el valor suficiente para romper el silencio.

– ¿Te… te parece bien… este sábado?

Ante la pregunta, Hirose finalmente pudo sonreír emocionado.

Notes:

** Historia inspirada de un video viral de hace 7 años de una chica anestesiada coqueteando con el enfermero**
Buenos sin más que agregar, se agradece mucho los comentarios 💖