Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2026-07-28
Updated:
2026-07-29
Words:
4,013
Chapters:
2/?
Comments:
2
Kudos:
14
Bookmarks:
2
Hits:
234

Dos mundos, una querencia

Summary:

Vienen de dos mundos diferentes, con ideas diferentes, pero un mismo sentimiento.
Podran quererse a pesar de sus diferencias?

Notes:

No sé hacer resúmenes perdón...
Me subí al barco y no me pienso bajar

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

La tenue luz de la pequeña cantina del pueblo iluminaba la barra vacía de bebidas. El cantinero, aprovechando la soledad, limpiaba y lustraba los vasos de cerveza. Su acompañante en la larga noche era Don Juan, el dueño de un rancho a kilómetros del pueblo. Este le contaba que no le había ido muy bien.


—Nece'ito gente joven para que cuiden mi rancho... ya no puedo seguir aceptando gente mayor, se terminan jubilando antes y renuncian —dijo el viejo granjero con desgano.
—Tengo otra granja que cuidar y no quiero vender ninguna de la'do' —su acento campesino se hacía notar.


—Descuide, Don Juan, yo le llevo unos peones que quieran trabajar' —últimamente mucha gente venía a buscar trabajo, unos venían desde otro pueblo, la demanda era grande.—Uste' siempre tan amable, le agradezco, si me consigue a do' que hagan un buen trabajo, le pagaré como se debe. —

El viejo campesino se reía, ya se había bebido algunas copas de más. Le dejó información que necesitaría para correr la voz y se fue contento.

 

 

Eran las 9:00 am, el sol había salido hace rato y para cierto rubio el día recién comenzaba. Su desayuno estaba servido en la gran mesa redonda, todo recién preparado y sin mover un dedo.


—Hijo, ¿cómo has dormido? —preguntó su mamá con su acento distinguido español.

—Bien pero... mamá, te dije que me despertaras más temprano, quería ayudar a papá —el rubio reclamó molesto, su mamá lo mimaba mucho, le daba todo, hasta le quería heredar todo el establo y el club de polo... era demasiado, no es que estaba disgustado... un poco... pero él sabía que su mamá quería lo mejor para él, tenía al mejor entrenador de polo, tenía sus propios caballos, le dejaba cuidar de ellos y de los otros caballos del establo... con supervisión, claro. Pero esto comenzó a molestarle desde hace mucho y cuando su madre le dijo de volver a su país de origen, lo odió.

—Lo siento, Nico, tu padre se fue a primera hora esta mañana, era muy temprano para ti. —soltó una disculpa no muy sincera.— Además, quería hablar de nuestro viaje, estaba...

Fue interrumpida por el rubio.

—Ya te he dicho que no, mamá, te podés ir vos sola, pero yo no iré... no tengo más hambre, me voy al establo. —Se levantó de la mesa y se fue sin más a ver a sus caballos... sería un día muy largo el de hoy.


Él era el hijo de una de las dueñas de los mejores establos del país, con los mejores caballos, los mejores jugadores de polo y, por supuesto, con todos los privilegios que cualquier niño podría desear.
Él nació en España, sus padres se habían conocido allí. Su papá había tenido la gran oportunidad de viajar hasta ahí para ayudar con la construcción de un segundo establo en el club de polo de los Martínez, una familia muy adinerada. Ahí conoció a su madre y decidió tener una familia ahí.
Nació entre los juguetes más caros y las nanas más atentas.
Cuando se mudó a Argentina, su padre quería que él conociera su pueblo, donde él había nacido, creció y trabajó, pero su mamá tuvo otros planos y construyó otro club para expandir el negocio familiar.
Cuando llegó, se enamoró del país, de su amabilidad y de esa sensación de hogar que no había sentido donde él había nacido. Le costó adaptarse a las costumbres y todavía tenía su acento español, pero se esforzaba para seguir el camino de su papá, hasta se presentaba con el apellido de su padre, Paz.
A su mamá esto no le gustaba mucho, él no quería seguir con el privilegio, quería trabajar de verdad, así que después de mucha discusión llegó a un acuerdo, si él entrenaba para competir en el polo, su mamá lo dejaría trabajar en el establo y cuidar de los caballos... y en secreto su papá le enseñaba la vida de campo, él le había prometido conseguirle un trabajo decente y cuando su madre se enteró, casi que le prohíbe salir de su cuarto, eso claramente no sucedió, él era un chico mayor, ya no era pequeño como para que lo castigaran.

Ya era pasado el mediodía, no había ido a almorzar, pero no tenía hambre, se estaba escondiendo del entrenamiento de polo, ya había atendido a los caballos del establo, ya fueron alimentados y del mal humor que tenía, había limpiado toda la caballeriza, parecía nueva. Entró a los caballos en cada caja y se fue a ver a su amado caballo, su papá se lo había regalado cuando era un potrillo, básicamente habían crecido juntos, era su único amigo.


Su padre todavía no había llegado, se fijó en su reloj, a esta hora su papá iba a tomar algo a la cantina del pueblo. Preparó a su caballo y sin avisarle a su madre, fue para el pueblo.
Mientras tanto, en un pequeño campo del pueblo, en una casa cerca de la ruta, un colorado terminaba de arar la tierra para la futura siembra, hecho el trabajo se puso el sombrero y montó su caballo para dirigirse a su casa.

 

 


—¡Vieja, ya llegué! —anunció su llegada, buscando a su mamá hasta llegar a la cocina, donde ella ya le había preparado la merienda, la pava ya estaba lista para comenzar el mate, para comer tenía pan casero y para untarle tenía dulce de leche, queso y manteca, todo casero, hecho con las manos de su madre.


Saludó a su mamá, que estaba lavando un par de cosas, y se sentó para disfrutar la merienda con ella.


—¿Y cómo te fue, colito? —preguntó su mamá mientras se sentaba en la silla ya desgastada con el uso y aceptaba un mate.


—Bien, mamá, ya prepararé la tierra. —Le comentó a su mamá mientras cortaba el pan.— ¿Sabe' a qué hora llega el viejo? Estaba pensando cambiar el alambrado y hacerlo ma' alto —preguntó mientras le preparaba un pan a su mamá.


—No sé, me dijo que ma' o meno a esta hora vaya' para la cantina, quería hablar algo con vo', pero no me dijo ma' nada.
Aceptó el pan preparado de su hijo.

—Bueno, terminamo' esta pava y voy. —Le sonrio a su mamá y empezaron a charlar de otras cosas.


Valentín Barco era hijo de unos campesinos comunes, vivían de lo artesanal, su mamá preparaba todo casero y lo vendía en el pueblo, su papá además de la huerta hacía trabajo de campo en otros lados, era muy solicitado, había días donde no regresaba porque viajaba por otros lados para trabajar, hoy no fue ese el día, tenía que arreglar algunas cosas dentro del pueblo.


—Bueno, mamá, voy a buscar al viejo, en un rato vuelta. —Se despidió de su mamá, se puso su sombrero y montó a su caballo, a paso lento hacia el pueblo.


Su familia no era la más adinerada, era afortunada de tener un terreno fértil para sembrar, tenía miedo de no poder darle la vida que se merecen a sus viejos, durante días estuvo haciendo trabajos de poco tiempo para ahorrar algo de plata, quería comprarse su propio terreno y tener ahí su granja, darle todos los lujos a sus papás y vivir de su futura granja, de solo pensarlo se emocionaba.

 

 


El sol se ocultaba, Nicolás ya había pasado la entrada del pueblo, saludando tímidamente a los conocidos de su padre, que lo saludaban y le mandaban saludos para su padre. Ya había llegado y se había bajado del caballo, mientras lo ataba al palenque, divisó cómo se iba acercando otro caballo, los pocos destellos de sol que todavía se asomaban por el cielo hacían que la escena se viese como esas películas que vio una que otra vez en la tele, se veía muy místico, se sentía medio embobado, si tuviese su cámara a mano, le sacaría una foto.


El caballo ajeno llegó y quien lo montaba asomó su cara, viéndolo desde arriba, tenía una cara bastante firme, muy pecosa y unos ojos marrones acaramelados que al sol seguramente brillarían de un color miel.

 


Mientras tanto el de arriba también lo analizaba, era alto, de pelo rubio y brillante, su piel estaba bronceada, pero no había rastro de trabajo, menos con esa ropa, una camisa azul a cuadros, con algo bordado en una esquina, un caballo o algo así, unos jeans nuevos y unas botas puntiagudas, como si fuesen tejanas. Lo que más lo sorprendía eran esos ojos verdes, tan suaves como un campo con el pasto más suave para descansar, estaban llenos de vida.

Frunció el ceño ante la mirada intensa del ojiverde.


—Buenas... —Le llamó la atención con un saludo.


El rubio se percató y apartó su vista con vergüenza.


—Buenas... —respondió por lo bajo y se dio vuelta, dándole la espalda al desconocido para terminar de atar al caballo.
El colorado se bajó rápidamente y ató con agilidad a su caballo.


¿Y ese fantasma? Parecía un vaquero, un muñequito de vidriera. —Habló en su mente mientras entraba rápidamente al local, buscando a su padre entre las mesas, lo vio charlando animadamente con el cantinero, vio cómo se despedía, cuando vio a su hijo le hizo un ademán para que se acercara y se sentara en una de las mesas con él.

 


El rubio entró un rato después, enseguida escuchó la voz de su padre, que lo llamaba desde una mesa apartada, mientras se dirigía hacia ahí, vio de reojo al chico que saludó en la puerta, su pelo era como el fuego y se reía, era hipnotizante.

 


—Bueno hijo, como te contaba, hablé con e'te chico, el cantinero e'te, me dijo que un granjero necesita do' peone' pa' trabaja' en su rancho, ya le dije que vo' era' Perfecto. —Comentó con alegría.— Tene' el trabajo asegurado, hijo, solo falta otro, si hoy lo consigue, mañana a primera hora te va'!!


Terminó de contarle riéndose de alegría.


—¡¿En serio?! ¡Viejo, so' un genio! ¡Gracias! —Se levantó y abrazó con emoción a su papá.
—No lo puedo creer... ¿Por tiempo cuánto?

Empezó a bombardear a su padre de preguntas, estaba tan emocionado que no podía parar.

 


El rubio estaba atónito, no podía creerle a su padre.


—Yo... ¿me dices en serio, papá?

—Hijo, te prometí conseguirte un trabajo de verdad, esta es tu oportunidad. —Le dijo con total sinceridad.


—Pero... ¿y mamá? Ella no va a querer esto... no... no me va a dejar y me va a obligar a irme con ella de vuelta a España. —Empezó a divagar con miedo, él amaba a su mamá, pero no quería irse del país, no quería abandonar sus sueños, no estaba preparado para perder lo poco que consiguió.


—Shh, cálmate, vos no te preocupes, yo me como el garrón, vos prepárate para guardar todas tus cosas, el viaje empieza mañana a primera hora. —Intentó calmar a su hijo.
—El dueño va a venir mañana para contarles los demás y guiarlos por el camino, el cantinero me comentó que vas a trabajar con otro chico, tiene tu edad. —Sonrío dándole confianza a su tímido hijo.


—Está bien... —Una mezcla de emociones revoloteaba en su interior, miedo por lo que dirá su madre y emoción por su nuevo trabajo.

 

 

La vida iba a cambiar.