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La Eurocopa había sido un sueño. Nadie confiaba en ellos y lo consiguieron. Había costado, fue duro a ratos pero lo habían logrado. Habían construido un equipo sólido que casi podían hasta llamar familia. Incluso había marcado un gol. No sólo un gol sino EL gol. La celebración había sido épica. Probablemente uno de los mejores momentos de su vida. Las celebraciones junto a sus compañeros fueron épicas. Tenía ganas de volver a celebrar un título con ellos. Sobre todo con Unai.
Sentía una presión fuerte en el pecho cuando recordaba esa celebración y eso que ya habían pasado dos años. Sumergidos en la euforia, se habían dejado llevar y habían traspasado una barrera. Ya no había vuelta atrás. O eso pensaba él. Aun así, parecía que nada había pasado. Habían vuelto a casa como si nada. Mantenían la amistad, incluso hacían por verse y pasar ratos juntos antes o después de los partidos, se iban juntos de vacaciones. Mikel trataba de pasar todo el tiempo posible con Unai, tanto que a veces parecía casi forzado.
Le había roto un poco el corazón haberle marcado en el derbi vasco, vio su cara de derrota al no poder parar el lanzamiento, sabía que se castigaría por ello durante días. Nunca se había sentido tan mal después de marcar un gol. Encima no pudo hablar con él porque volvieron a casa justo después del partido. Unai incluso lo felicitó por el gol, pero Mikel detectaba la tristeza en su mensaje. Esa había sido la clave. Le había mandado un mensaje en lugar de las llamadas eternas que hacían habitualmente. Hablaban tanto que, incluso sus amigos más cercanos a veces bromeaban con el tema. Decían que parecían más un matrimonio que rivales en el campo.
Pero lo que no habían hecho nunca había sido hablar de aquella noche, la noche de la victoria. aquella noche que pasaron juntos. Tanto, que Mikel a veces se preguntaba si lo había soñado, si no había sido más que su imaginación y nunca había sucedido. Que Unai nunca lo abrazó hasta dejarle sin respiración, que nunca pegó su frente a la del portero y que nunca le había rozado los labios con los suyos, que nada de lo que pasó después había sido real.
La duda después de aquello le reconcomía por dentro. Había querido preguntarle mil veces si lo que pasó fue real, si cambiaba algo, si podían ser algo más; pero el miedo era más fuerte. Podría preguntarle, sacar el tema pero ¿y si lo negaba?¿y si se reía de él? ¿Y si explotaba la pequeña burbuja que habían creado? Prefería mantener su amistad a perderlo todo. O eso se decía una y otra vez.
Pasaban los días y el mundial estaba cada vez más cerca. No sabía que le ponía más nervioso ser o no convocado, que lo fuera él o pasar todo un mes juntos. Por un lado se moría de pensar en pasar todo un mes con él, sin rivalidad, sin tener que jugar uno contra otro. Por otro… sentía que no iba a poder aguantar. Que iba a cometer alguna estupidez como decirle a su mejor amigo que estaba enamorado de él.
Estaba perdido en sus pensamientos cuando sonó el teléfono.
-¡Mikeeeeel que nos vamos al mundial! - Parecía que lo hubiera invocado. Estaba contentisimo. - ¿Tío cuando llegas a Las Rozas? Yo llego a final de mes. ¿Estarás por allí o me toca esperarte?
- Te esperaré yo a ti, soy de los primeros. - Casi no podía creerlo, un mes entero juntos y defendiendo la misma camiseta. Por una parte era genial pero por otra… ¿y si la cagaba? ¿Y si le podía la tensión y hacía alguna tontería? ¿Y si… ? ¿Y si volvía a pasar? ¿Y si todo cambiaba para siempre?
Mikel se pasó las manos por la cara. Qué largo se iba a hacer esto. Empezó a preparar lo que le iba a hacer falta llevarse, tenía que ser positivo, pensar que tardaría en volver.
Por supuesto que lo habían convocado, Unai era el mejor portero que tenían. Aunque a veces no lo pareciera tenía la cabeza fría y no se dejaba amedrentar por nadie. Pensar en él siempre lo llevaba por el mismo camino. A pensar en cómo pasaba de esa seriedad característica suya a una sonrisa que le iluminaba la cara. Cada vez que lo veía reir, sentía que se derretía, era espectacular, cómopodía reirse con los ojos. Era su imagen favorita. Estaba bien jodido.
Así sumido en sus pensamientos, pasaron las horas.
El teléfono volvió a sonar. Una videollamada. Era Unai otra vez.
-¿Has hablado con los demás? Están todos revolucionados.
-Claro, si son apenas unos críos y ya van a vivir su primer mundial.
-Tengo muchísimas ganas, dicen que en la primera parte de la concentración aquí en España nos van a hacer compartir habitación. Ya veremos con quien nos juntan. Como me pongan a uno de los niños me moriré, que ellos no necesitan apenas dormir y por la noche parecen gremlins.
-Bueno los hay peores, que yo ya te he escuchado roncar y no veas como de insoportable eres. – Dijo riéndose. Era verdad que el portero roncaba pero no era tan insoportable como hacía parecer.
-Bueno, por lo menos no dejo todo lleno de baba como si fuera un bebé. – Le devolvió la broma Unai. Siguieron la conversación de forma ligera, llena de bromas sin ser conscientes de que, por primera vez, habían hecho referencia a aquella noche. No habían reconocido nada, pero al mismo tiempo lo tenían en mente.
