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La vida en un beso

Summary:

De Paul hace una broma que se le va un poco de las manos. Tampoco tiene intención de arreglarlo.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Triste mortal

Chapter Text

Leandro estaba acostado en la cama de la habitación del hotel donde se quedaban por el mundial, de hecho debería de estar haciendo las maletas para irse luego de la derrota contra España, pero su cuerpo no quería reaccionar. El sentimiento de pura decepción e impotencia hacia sí mismo le estaba nublando la cabeza.

Un suspiro se escapó de sus labios mientras imágenes del partido navegaban por su mente, la tristeza se hacía presente en su pecho como un peso del que no se podía despojar, sus ojos se volvieron a aguar tal como en la cancha cuando sonó el pitido final. Tragó saliva y parpadeo varias veces para despejar su visión, en ese momento escuchó dos golpes en la puerta, seguidos de un:

– Abrime Lean, sé que estás ahí–

Al escuchar la voz de Rodrigo quiso hundirse aún más en el colchón, de todas las personas que podrían ir a buscarlo justo era él. No es que tuviera un problema real contra su compañero, sino que desde hace tiempo estaba sintiendo cosas… raras por así decirlo, no podía evitar que sus ojos trataran de buscarlo en cada entrenamiento, o lugar donde estuvieran juntos, y eso para él era suficiente para asustarlo. Por lo que estar en una habitación a solas con él no era algo que hubiese elegido, ni que lo entusiasme.
Se quedó en silencio por un rato, esperando que esa fuera respuesta suficiente, pero al oír un golpe más se dió cuenta que no iba a librarse tan fácil de esto.

– Hasta que alguien se dignó a abrir, el boludo de Ota ya andaba diciendo que no querías ver a nadie. – Suspiró el otro jugador al instante en que abrió, entrando a la habitación mientras observaba como Leandro iba directamente a la cama de nuevo.
– … ¿No me pensas hablar? –

– La verdad no tengo muchas ganas de hablar – contestó mientras se acomodaba boca abajo.

– Bueno, no hablemos entonces – De Paul dió unos pasos más para luego sentarse en la misma cama que el otro, empujándolo a penas para llamar su atención. – … Realmente pensé que íbamos a ganar este mundial, después de todos los partidos en los que salimos ganando… – Hizo una pausa como si estuviera pensando qué decir a continuación. – Igual hay que destacar que verte peleando con el español ese fue…–

Al escuchar la frase inconclusa de su compañero Leandro se removió hasta quedar sentado frente a él. – Mmh, el boludo se estaba haciendo el re picante y después no se la bancó más– Reprochó frunciendo levemente el ceño para luego hacer un gesto de que ya no importaba.

Rodrigo sonrió de costado e inclinó la cabeza mientras lo escuchaba, soltando un bufido divertido antes de llevar su mano hasta el muslo del otro, palmeando dos veces la zona amistosamente y dejando que su mano descanse ahí.

El ojiclaro se quedó quieto, sintiendo el calor de la palma de su compañero y como su dedo pulgar comenzaba a dejar suaves caricias. Se mordió el labio y bajó la mirada para observar la mano áspera que lo tocaba de la manera más ligera posible para luego volver sus ojos a su compañero con una interrogante silenciosa, esto no era una acción común entre ellos, por lo que estaba un tanto confundido.

– ¿Osea que te calentaste con el español ese? –

Leandro abrió la boca para responder pero no pudo, eso era… algo sugerente, tal vez? O él estaba con el cerebro tan podrido que no podía evitar mal pensar eso? Realmente no esperaba una pregunta así, por lo que lo sacó totalmente de su zona de confort que había creado a base de evadir a su amigo.
Casi lo hizo reír, si no fuera justo De Paul el que hiciera esa “broma” (si esa misma pregunta se la hubiese hecho Dibu, seguramente se estaría riendo) Rodrigo… el mismo hombre que justo ahora le sonreía sin despegar su mirada de él, seguramente deleitándose con el lío mental en el que lo había mentido.

– Yo no, no me calenté… Osea, no de esa forma – Contestó mirándolo fijamente, sin saber muy bien para qué rumbo llevar la conversación, cada vez se sentía más perdido.

– Ah, sí? ¿De qué otra forma te calentarias? –

El centrocampista frunció el ceño, soltando el aire que ni él sabía que estaba conteniendo. Le sorprendió la rapidez con la que el otro contestó y el tono absolutamente coqueto que decidió utilizar, su mente estaba trabajando a mil por hora para encontrar una respuesta adecuada, tratando de no irse a la mierda ni quedar como un boludo.
Dios, Rodrigo estaba siendo sugerente y él se estaba comportando como un virgen? Esto definitivamente no podía ser cierto, era Leandro Paredes, millones de mujeres (y hombres) estaban interesados en él, podía conquistar a quien quisiera con solo sonreír un poco, pero acá se encontraba, boqueando sin respuesta a las palabras de su compañero de equipo. Vaya día.

En ese momento se dió cuenta que las caricias en su muslo se habían detenido, pero el calor persistente de la palma sobre él aún estaba, como si fuera un sutil recordatorio de la presencia del otro hombre en la habitación.

– Era broma boludo, ya fué – Luego de un rato de silencio incómodo De Paul decidió que puede que se haya zarpado un poco con su amigo, en su defensa él solo quería sacarle una risa, lo había visto llorar en la cancha, al igual que muchos compañeros (incluyéndose) pero algo dentro suyo le había molestado ver a su amigo con los ojos vidriosos y rojos, sentado en el césped totalmente derrotado.
Lo que sea, su plan de levantar el ánimo claramente no funcionó; Así que fue levantándose de la cama con la intención de irse.

– No! Para, para… – Se apresuró el bostero a detenerlo con una mano en el hombro. – Nomás me tomaste por sorpresa, pero ya está –

– Igual te estaba jodiendo nomás, no hacía falta pensarla tanto –

– No sí, claro – Eso lo dejó algo decepcionado, pero no quitó la mano del hombro ajeno, quería decirle algo, lo que fuera para impedir que se vaya de la habitación pero ni siquiera sabía qué, o más bien no sabía cómo iniciarlo. Él nunca tuvo problemas en demostrarle a alguien cariño, si quería a esa persona se lo iba a hacer saber, pero todo se complicaba cuando ese alguien era un hombre, su amigo, su compañero de equipo, quien claramente era demasiado heterosexual.

Leandro se mordió el labio inferior, todo bajo la atenta mirada de Rodrigo que esperaba sus palabras pacientemente. Sabía que estaba teniendo varios problemas para decirle algo y no sabía porqué, bueno a quién engañaba más bien sí tenía sus sospechas, no era tonto pero por el momento no quería insistir, colocó una mano en el brazo de él y fue acariciándolo de arriba abajo, esperando que eso fuera algo reconfortante y lo ayudara.

El ojiclaro lo observó fijamente por un rato, repasando sus opciones, si bien no quería hacer nada que podría llegar a molestar o incomodar a su amigo, las ganas de besarlo eran muchísimo más fuerte, acentuándose en su mente y en su pecho. Siempre fué una persona algo impulsiva y de dejarse llevar por el momento, así que la decisión no fué muy calculada, abalanzándose hacia su compañero chocó de manera abrupta contra los labios ajenos y agarrando su rostro con ambas manos se acercó aún más.

Tropezó un poco al querer pegar sus cuerpos sin romper la conexión, pero no le dió la mínima importancia solo quería perseguir ese calor que estaba floreciendo por todo su cuerpo y que lo lograba estremecer de pies a cabeza. Casi el mismo calor que sentía cada vez que ingresaba a la cancha, con el corazón a mil por hora y el sonido de millones de personas coreando y alentando.

Pudo identificar el momento exacto en el que Rodrigo aceptaba el beso y, para su sorpresa, era correspondido con el mismo empeño y entusiasmo. Esa fue la confirmación que necesitaba para arremeter con todo lo que tenía, logrando que el susodicho retrocediera dos pasos.

De Paul no quería quedarse atrás, si bien fue algo repentino el beso, no le sorprendió que fuera Leandro quien lo comenzará particularmente. Hace unas semanas el chiste de uno de sus compañeros fue el desencadenante de hacer notar varias señales de los sentimientos de su amigo, sin embargo él no iba a iniciar nada, ni pensaba hacerlo, eso no le impedía seguirle el juego. Después de todo tenía que ser imbécil para rechazarlo, le habían enseñado de pequeño a cuidar los sentimientos de los demás, si bien él no era gay ni nada por el estilo, no tenía problema alguno en besarlo.

Los labios de ambos se movían apresuradamente, implacables, queriendo perseguir y explorar el sabor de cada uno. Desde el inicio había sido un beso apasionado y un tanto errático, tal vez era la energía del momento, o el resultado devastador del partido, pero ninguno de los dos se quejó, completamente desenfrenados con lenguas entrelazándose y dientes chocando de vez en cuando. Ambos queriendo dominar al otro parecía más bien una pelea.

Leandro sentía tanto calor que era casi insoportable, necesitaba liberarse de algún modo, entonces Rodrigo, como si hubiese sabido exactamente lo que necesitaba metió una mano debajo del short que llevaba puesto y con un agarre un poco más fuerte de lo que pretendía ser sujetó el miembro ajeno que ya se encontraba duro y comenzó a masturbarlo lentamente. Al resultar un tanto incómoda la posición pegó sus pechos hasta lograr hacerlo retroceder, haciendo que la espalda del bostero chocará contra la pared de la habitación.

– Hacelo más rápido – Pidió con voz apagada el ojiclaro, jadeando y separando un poco las piernas para dejarle más espacio. Al no obtener rápidamente lo que quería, él mismo comenzó a mover las caderas, dejando caer su cabeza hacia atrás del placer y golpeando la pared en el proceso.

– Dios, me calentas una banda – Le murmuró De Paul contra su oído, mientras comenzaba a besar y morder su cuello sin ningún tipo de piedad, quería dejarle todo tipo de marcas, evidenciando lo que habían hecho a todo el mundo.

El bostero gimió aferrándose a los hombros ajenos para no dejarse llevar tanto (aunque ya lo estaba). Sentir la respiración agitada del otro jugador en su oreja, más los besos y mordidas en su cuello le enviaban cosquilleos directos a su ingle, por cada momento que pasaba lo hacía sentir con más hambre de más. La mano en su miembro comenzó a moverse con más rapidez, utilizando el mismo pre-semen como lubricante para masajearlo como quisiera.

De repente Rodrigo detuvo los movimientos, Paredes jadeó en protesta y fué abriendo los ojos, parpadeando varias veces e intentando averiguar qué le pasaba al otro jugador como para frenar así cuando estaba tan cerca.

– No sabes las re ganas que tengo de garcharte y hacerte mío – Declaró Rodrigo, tomando uno de sus brazos para tirarlo contra la cama.

– Ah… pero no tenías que parar para decirme eso –

– Shh, si no podemos hacer nada igual – De Paul le sonrió con fechoría mientras se subía encima de él. – No tenemos mucho tiempo –

Leandro se incorporó sobre sus codos y quiso preguntar a qué se refería, supuestamente iban a salir hacia el aeropuerto al otro día por lo tanto aún tenían tiempo, según él. En lugar de eso se encontró con los labios de su amigo que no hizo más que callarlo de la forma más fácil y descarada posible antes de separarse de nuevo.

– No te das una idea de lo hermoso que te ves en este momento –

– Entonces cogeme –

– Me estás tentando una banda… Pero igual no, en otro momento –

Su boca se abrió para reprocharle pero en su lugar soltó un jadeo un tanto subido de tono al momento en que Rodrigo reanudó los movimientos en su pene, solo que en esta ocasión fueron acompañados de simuladas embestidas que impactaron de lleno en sus testículos y perineo.

Los choques contra su parte baja lo estaban volviendo loco, el fuego se extendía por todo su cuerpo y realmente quería más, quería sentirlo sin ropa de por medio, quería que las embestidas se sintieran en lo profundo de su interior, pero a su vez tampoco quería que su primera vez juntos fuera por el ardor de un partido perdido ni mucho menos en una habitación de hotel.

El otro jugador levantó la mirada del pene de su compañero hasta su rostro para encontrarse con un Leandro deshecho, su espalda ligeramente arqueada, los labios rojos y brillantes abiertos para dejar salir los mejores sonidos que había escuchado en un hombre, el cabello totalmente despeinado contrario a como siempre lo llevaba y los párpados entrecerrados, ocultado de la vista ajena esos ojos claros que a Rodrigo lo volvían loco.

Tan cerca de llegar al clímax el bostero tiró de sus caderas para guiar con más fuerza sus embestidas que, aún con las prendas estorbando se hacían oír por toda la habitación. De Paul no podía dejar de fantasear con la idea de cómo se sentiría penetrarlo de verdad, tal vez con rudeza para luego cambiar el ritmo, solo para arruinar la imagen de perfección que tenía en la mente de su amigo, dejándolo satisfecho y totalmente destrozado, lo quería hacer llorar pero de puro éxtasis, quería escuchar esa boquita tan deliciosa que tenía rogando por más y que esos ojos brillantes solo pusieran su atención en él.

Okey, tal vez esto se le estaba yendo un poco de las manos, quién diría que una simple broma para subirle el ánimo fué el detonante de un terrible espectáculo, tampoco podía quejarse en ese momento pero no era lo que tenía en mente al llegar. ¿Hacerle una paja a Leandro Paredes? Claro que no, ni en sus sueños más locos, pero acá se hallaba, sin muchos ánimos de frenar la situación, mucho menos siendo testigo del poder que tenía sobre el bostero, en su lugar quería ver hasta dónde podía llegar, por lo que llevó su mano libre hasta el cuello de su compañero, cerrando los dedos con algo de fuerza alrededor de él.

– Así… Así le hiciste al español, ¿no? – Murmuró totalmente agitado por el esfuerzo de las embestidas, sin esperar realmente una respuesta coherente de su amigo que no hacía más que gemir debajo de él. – O fué con más fuerza, eh? –

Apretando con más firmeza su cuello, vió el momento exacto en el que el bostero se vino sobre su mano. Los ojos se cerraron con fuerza y de su boca salió un exquisito jadeo entrecortado. La imagen era simplemente majestuosa, cómo alguien podía verse tan atractivo corriendose en sus pantalones? Era todo un misterio, pero fue suficiente material para ocasionar su propio orgasmo, no sin antes darle una última embestida que movió un poco de lugar la cama, ocasionado que se escuchará en la habitación.

Ambos suspiraban ruidosamente, el calor del momento y el calor del propio clima que ni el aire acondicionado parecía salvar les había hecho sudar tanto que Leandro podía sentir su propia piel húmeda y pegajosa, necesitaba urgente un baño.

– No puedo creer… ha… que me hicieras correr en el pantalón – Musitó Paredes, llevando el brazo hacia su frente para secar un poco la transpiración. – Ahora estoy re pegajoso –

El otro centrocampista rió, sin importarle mucho y se movió para quedar acostado al lado de él.

– No parecías muy preocupado recién–

– Déjame, sos un tramposo vos –

La contestación fue interrumpida por unos golpes en la puerta que hizo que ambos se levantaran, asustados de ser encontrados en ese estado.

– Che Rodrigo estás? Hace dos horas te enviamos a buscar a Lean, dos horas hermano – Se escuchó la voz quejosa de Nahuel a través de la puerta. Un re exagerado si le preguntan a Rodrigo, tampoco habían estado tanto tiempo.

– Ya lo encontré amigazo, no te preocupes que en 5 estamos ahí –

Leandro lo miró confuso – En serio te mandaron a buscarme y no me dijiste nada? – Exclamó bajito para no ser escuchado mientras se encaminaba al baño para darse una rápida ducha, ya habían desaparecido el tiempo suficiente al parecer.

De Paul en su lugar le indicó con un dedo que guardara silencio, lanzándole una sonrisa vanidosa que fué recibida por un dedo medio antes de desaparecer en el baño, logrando ver antes de irse como la sonrisa del otro crecía aún más.

– Bueno, apurense loco – y luego se escuchó los pasos de Molina desapareciendo en el pasillo.

El centrocampista que se encontraba en el baño se miró al espejo, el pelo revuelto, los cachetes rojos y algunas marcas en su cuello que con suerte pasarían desapercibidas, lanzó un suspiro cansado. No sabía muy bien qué significaba esto para Rodrigo, iban a seguir como si nada hubiese pasado? o tendrían que hablarlo? La situación lo había dejado con más dudas que en el inicio, después de todo no había sido él quien había comenzado con el chiste de “calentarse”, coqueteando descaradamente y poniendolo de los nervios.

Definitivamente era todo un dilema que no estaba dispuesto a seguir, en ese momento no quería hacer más nada que bañarse y bajar a hablar con los demás compañeros de equipo, tal vez reírse de alguna broma que dijera Dibu y charlar relajadamente con Otamendi.

 

── ⋆⋅☆⋅⋆ ──

 

El baño frío fue relajante y necesario, salió de la ducha con una toalla envuelta en su cintura y se peinó un poco el cabello húmedo frente al espejo. Al salir y encontrarse con la habitación totalmente vacía, llegó a la conclusión que esa era suficiente respuesta a sus interrogantes anteriores, en realidad era algo que lastimosamente se veía venir de parte de De Paul.

Sonriendo con pesadez se cambió de ropa rápidamente, poniéndose unos pantalones de gimnasia grises junto con una musculosa negra deportiva y salió al pasillo para dirigirse al comedor.

El lugar de comida del hotel era amplio, blanco y ostentoso. Casi todos sus compañeros de equipo se encontraban ahí, junto con algunos del cuerpo técnico. El bullicio era algo esperable, algunos estaban charlando entre ellos, otros jugando a las cartas y algunos pocos (el Dibu de hecho) estaba con un mate en la mano y una banana (su micrófono) en la otra mientras cantaba sobre cuánto los iba a extrañar a todos los presentes, dedicándole un pequeño verso a cada uno.

– Señoras y Señores, acaba de llegar, desde su habitación y oliendo seguramente a rosas blancas nuestro queridísimo LEANDRO PAREDES! – Presentó Emiliano mientras iba directamente hacia él para pasarle un brazo sobre sus hombros y le acercaba el micrófono.

– Contanos Lean, qué vas a hacer cuando llegues a tu casa? –

Paredes sonrió divertido apunto de contestar cuando, recorriendo con la mirada a todos los que estaban ahí sus ojos chocaron con los de Rodrigo, quien estaba sentado al lado de Otamendi. Él le devolvió la mirada sonriéndole levemente, mientras seguía comiendo algo que ni le importó ver. Se había cambiado de ropa (obviamente) llevaba una remera musculosa algo pegada al cuerpo, que le hacían resaltar los hombros anchos y los miles de tatuajes que llenaban su piel.

Por su parte, Leandro se quedó quieto por unos segundos sin apartar la vista de su compañero, segundos en los que el Dibu se impaciento lo suficiente como para irse a molestar a otra persona, su víctima está vez era el mismísimo Lautaro Martínez.

– Che Lean, vení que acá hay lugar y necesitamos uno más para las cartas – Nicolas levantó la mano y gritó, como si Paredes no lo pudiera oír.

El bostero maldijo por lo bajo, pero no quería dejar en evidencia que lo que había pasado en el cuarto del hotel con su amigo le estaba afectando un poco, casi nada. Así que se dirigió al asiento, justo en frente del innombrable.

– ¿Qué pasa, muchachos, qué hacían? – Sonrió tranquilo tomando su lugar al lado de Julián, quien le sonrió de vuelta y le ofreció un poco de maní a cambio.

– Acá estábamos, hace un ratito llegó también Rodri y queríamos jugar a las cartas un ratito como para pasar el tiempo antes de irnos, vos sabés – Respondió Cuti que ni supo de dónde salió, ya que antes de sentarse no estaba en la mesa.

– Vos sabés que los tuve que ir a buscar porque los críos estos no aparecían por ningún lado? – Nahuel le pasó un brazo por los hombros al Cuti, contándole la situación como si fuera la gran cosa.

– Na, ¿en serio? Capaz estaban cogiendo y vos molestando – Bromeó el cordobés riendo ligeramente, los demás en la mesa comenzaron a asentir de acuerdo y se pudo escuchar casi al unísono un “aah” cómo si eso tuviera sentido.

Leandro solo pudo reír disimuladamente, negando con la cabeza, sin querer llevar la vista al asiento del frente. Podía sentir la mirada de ese personaje clavada en él, haciéndolo remover incómodo en su sitio.

– ¿No te dije yo? Estos dos tenían algo – Eso le hizo llevar la cabeza directamente a Julián, mirándolo confuso mientras que el otro simplemente lo miró y le dió dos palmadas en la espalda. – Era obvio, hermano –

– ¿Qué? – Ambos protagonistas hablaron al mismo tiempo, haciendo que los demás en la mesa carcajearan, como si eso fuera confirmación.

– No se hagan los boludos ahora, Leandro hace varias semanas anda baboseando por Rodrigo-

– ¿Qué yo qué? – Interrumpió solo para ser ignorado por completo.

– y él bueno… Supongo que cayó rendido ante los ojos de nuestro 5 – La conclusión de Cristian lo dejó bastante sorprendido, ¿él baboseando por Rodrigo? Es decir, sí. Pero no, nunca había sido evidente, nunca lo miraba mucho más tiempo del “permitido” mucho menos cuando había gente alrededor o cuando estaban sus compañeros de equipo, era totalmente absurdo que pensaran eso. En ese momento la voz de De Paul lo sacó de sus pensamientos.

– Nada que ver, chicos – Comenzó haciéndolo soltar un suspiro aliviado – … Él cayó rendido ante MIS ojos –

Todos los presentes rieron, Enzo apareció en ese momento para llamarlo mentiroso y que seguro él le había rogado a Leandro, entonces comenzó una pequeña disputa entre ellos dos. De ahí el comedor se llenó nuevamente de todo tipo de charlas, dejando por fin pasar el tema de la nueva “parejita” que se había formado.

Era lo mejor, dejar esto como una simple broma. Así consiguió ignorar por un gran rato la presencia de Rodrigo y se metió en una conversación con Julián quien le contaba sobre una nueva película de Spiderman que iba a salir en cines muy pronto. Trató de seguirle el ritmo pero el chico parecía demasiado entusiasmado en hablar de ese tema

– Voy al baño un rato, no me esperen – El 7 de Argentina se levantó de su lugar y al momento de pasar por el lado del bostero le colocó una mano en el hombro, dejando que se deslice suavemente por el brazo para luego desaparecer en el pasillo.

Un escalofrío lo recorrió de pies a cabeza y esperó unos minutos antes de disculparse con Julián e ir detrás de su compañero. Una vez en el pasillo vió a Rodrigo, que estaba apoyando en la puerta de uno de los baños y al notar su presencia le hizo un gesto con la mano para que se acerque.

– ¿Qué te pasa? –

Caminó despacio hasta él y cuando estuvo lo suficientemente cerca sintió como era empujado dentro de los baños haciéndolo chocar contra una de las paredes.

– Escucha, lo mejor va a ser que no le digamos a nadie lo que hicimos acá –

No podía estar más de acuerdo con él, ciertamente aunque no lo hablarán tampoco pensaba decirle a alguien sobre esto. Más allá de sus sentimientos, si una persona fuera del equipo se enteraba iba a extenderse por todo el mundo y era lo último que quería, suficiente con los millones de videos que habían salido sobre la pequeña pelea con los españoles al final del partido, y ni hablar de los comentarios que había recibido.

– No iba a hacerlo –

– Bien, bien. Así está mejor viste? Es mejor que se quede acá entre nosotros –

Él simplemente asintió, esperando para ver si tenía algo más para decir o ya podía irse. Al no obtener nada, quiso pasar por el costado del otro jugador hacía la puerta pero este lo encerró, impidiendo su escapada.

Abrió su boca para preguntarle pero fue silenciado por los labios de Rodrigo, está vez fue un roce sutil, totalmente contrario a como había sido el primero. Un beso dulce, sin lenguas ni mordidas de por medio, solo ellos con una delicadeza que nadie sabía de dónde había salido.

Una comodidad instantánea se apoderó de él, dejando de lado el lugar donde estaban y que alguien podía entrar en cualquier momento, condujo gentilmente su mano derecha hasta el pecho ajeno, rompiendo el pequeño beso finalmente.

El silencio reinó el lugar, dejando espacio a miles de pensamientos y preguntas que surgían de su mente.

– No podes simplemente besarme así… Es injusto. Respóndeme esto, por favor. ¿Yo te gustó siquiera? –

– Ya te dije que me pareces hermoso –

– No, más allá de eso. Vos me gustas más allá de eso, yo no te quiero nomás para besarte y cogerte… Ahora bien, ¿Te gustó o no?... –

La respuesta tardó mucho más de lo que su mente ya asustada estaba dispuesta a aceptar, así que optó que lo mejor era irse, tomarse su espacio e ir a ordenar sus maletas para volver a casa. Pasó por debajo del brazo que lo tenía prisionero y salió del baño.

Su corazón aún guardaba la esperanza de que quizás había tomado la decisión muy rápido, quizás Rodrigo iba a ir detrás de él a confesar que sus sentimientos eran correspondidos de igual forma como en las típicas películas. Pero nada de eso ocurrió, aún cuando estaba en la puerta de su habitación echó un vistazo por su espalda pero nada.

La decepción se hizo presente una vez más, alojándose en su pecho como una roca demasiado pesada como para ignorar, quiso gritar, quiso ir para golpearlo pero sabía que nada de eso iba a arreglar algo, tampoco iba a hacer que aparecieran mágicamente sentimientos que el otro hombre no tenía por él, por lo que se dispuso a entrar y comenzar a acomodar la ropa en las maletas.

Esperaba que con el tiempo separados, la mente ocupada en los nuevos partidos que se avecinaban y algo de suerte, las emociones que alguna vez lo habían arruinado simplemente desaparecieran.