Chapter Text
Narrador Neutral.
El traslado del Chicago Fire a las Chivas del Guadalajara había sido duro para Brian, especialmente por el idioma, era difícil adaptarse a un idioma que no entendía del todo, claro que se suponía que él lo hablaba también, pero una cosa es hacer y la otra decir.
Otro gran problema era su sub género. Técnicamente no había nada de malo en ser un alfa, salvo las expectativas.
Es un alfa tarde o temprano se volverá más agresivo. Es un alfa, habrá que cuidarle que no tenga cientos de cachorros por ahí regados.
Bueno, es lo que venía con ser un alfa. Peor aún, un alfa futbolista. Para aclarar, nunca le habían gustado los problemas, había sido criado por dos padres amorosos que lo habían educado para ser alguien con modales, alguien que podía mantener el control ante las provocaciones. Era una persona tranquila.
Y sobre lo otro, apenas tenía veintiún años, la idea de una familia estaba tan lejos de sus metas que le era impensable cometer esa clase de descuidos.
El único lugar donde verías a Brian siendo agresivo sería en la cancha. Claro en medio de la adrenalina de un partido y la presión por dar lo mejor, por ganar, los humos podían subir rápidamente, pero lejos de eso era un alfa tranquilo.
Nunca había soportado especialmente los espectáculos de presunción de la escuela o los vestidores, donde los demás alfas de su edad (o menores, la estupidez no tiene edad) se golpeaban los pechos, se empujaban, se reían de ellos o de otros y rociaban sus feromonas por todo el lugar.
Dios, cuanto irritaba al lobo de Brian todos los molestos aromas sobre él. Era fastidioso, pero había aprendido a regularse antes de que el manejo de su lobo y feromonas se volviera más complicado.
Ahora, sin embargo, estaba muy nervioso. El viaje había durado seis horas, contando el abordaje, el vuelo y ahora la media hora de viaje desde el aeropuerto a Verde valle. Su lobo se agito dentro, como revolviéndole el estómago de una forma impaciente. Era una suerte que los supresores fueran lo suficiente fuertes para mantener el aroma a nervios en cero.
God. Esto debía ser lo más ansioso que había estado en toda su vida, ni siquiera al hacer las pruebas para el Chicago se había sentido así. El chofer del Uber lo miraba raro por el retrovisor, probablemente porque no había sacado platica, Brian había oído que en Mexico era así.
Esperaba que sus padres tuvieran razón respecto a cuan cálida era la gente porque de lo contrario su ansiedad no pararía de crecer. Ya que pensaba en eso intento concentrarse en cualquier otra cosa, por ejemplo, repasar frases en español.
Gracias. Encantado de conocerte. De nada. Por favor.
Damn que nervios.
El alfa se obligó a tragar saliva en cuanto el Uber se detuvo frente a las puertas de Verde Valle. Con un último respiro Brian agradeció al chofer por ayudarle a bajar sus maletas antes de descender del auto. Miró la entrada a las instalaciones. La entrada a una nueva etapa en su vida.
Well… Ya no había vuelta atrás.
Narra Brian.
Verde Valle era gigante y hermoso. Mis ojos intentaron captar todo lo que la guía (de quién groseramente acababa de olvidar el nombre) me mostraba.
Me contó la historia del club, desde su fundación en 1906 bajo el nombre de “Unión Football Club” hasta como en 1944 se decidió que la plantilla fuera solo mexicana, además por supuesto de iniciar su carrera en el futbol profesional. Nada que yo no supiera la verdad había investigado todo antes de aceptar el tras paso, la identidad del club, el ser 100% mexicanos era lo que me motivo.
Puede que Chicago fuera mi casa, pero México era sin duda mi hogar.
Lo difícil venia ahora. Según me dio Carla —porque sí, me repitió su nombre hasta que finalmente me lo aprendí—, ya me habían asignado un compañero. Honestly, esperaba que fuera un alfa, no porque yo tuviera algún prejuicio hacia los omegas, pero definitivamente sería más fácil llevarme con un alfa que con un omega.
Era otro de los grandes cambios. En el Chicago Fire, solo jugábamos alfas, más bien, en Estados Unidos el deporte seguía siendo exclusivo para nosotros.
Tenían este estúpido estigma sobre su fragilidad por ser omegas, seguían convencidos de que el futbol debía ser un deporte dominado por alfas. Allá todo parecía diseñado para nosotros, la competencia, las exigencias, las oportunidades. En México no. Si eras bueno, estabas dentro sin importar tu subgénero.
Es precisamente esto ultimo lo que me ponía nervioso. Mi pequeña investigación me había echo darme cuenta de que estas personas debían conocerse años atrás, igual que mis antiguos compañeros en Estados Unidos, con quienes había entrenado en las categorías menores. Yo era el foráneo aquí, un desconocido que llegaba a un grupo ya formado y ahora tenia que buscar mi lugar, solo esperaba que pudiera lograrlo sin demasiados tropiezos.
Mientras caminábamos presté atención a las fotos, a la historia en ellas, era la representación grafica de todo lo que Carla me había dicho. El patriotismo que este club representaba, todos aquí —incluido yo— eran mexicanos. La ansiedad volvió a agitar a mi lobo justo cuando Carla se me quedaba mirando.
Fue raro, como si esperara una respuesta, con una ceja algo levantada.
—Brian, ¿si me escuchaste? — Qué vergüenza. No, definitivamente no la había escuchado por estar atento a una fotografía del famoso “Campeonísimo”. Así que negué con la cabeza, tragando saliva para ocultar la vergüenza en mi voz.
—No, lo siento. ¿Qué decías? — Ella probablemente vio el pánico en mi rostro ante la posibilidad de haberme perdido algo importante, pero solo negó con la cabeza mientras reía suavemente.
—Decía que esta es tu habitación. La compartirás con Armando, es un omega muy amigable, seguro que se llevarán bien.— Bueno, definitivamente no pensé que fueran a emparejar a un alfa con un omega tan rápido. Lo que me sorprendió.
No pude evitar pensar de nuevo en la diferencia de culturas; en Estados Unidos esto sería impensable, principalmente por la diferencia de castas. Los directivos o el entrenador no lo habrían permitido simple y sencillamente por el género.
Así que desde mi perspectiva había dos razones, Armando — a quien no conozco y cuya existencia ya comienza a poner nervioso a mi lobo—, es un Omega recesivo o nos tienen mucha confianza.
No me quedo de otra que asentir, y ella abrió la puerta de la habitación revelando las dos camas en cada punta del lugar, el lado vacío, que ahora sería mi espacio de la habitación, constaba únicamente de la cama y un ropero mediano frente a ella.
Esto no era tan diferente de chicago, el centro de entretenimiento era parecido a este y las habitaciones igual. El lado de Armando sin embargo tenía mucha personalidad.
Había un pequeño desorden de ropa sobre la cama, supongo que se había levantando con algo de prisa, a un costado de la cama en la pared había dos repisas con muñequitos y en una de las puertas de su ropero (que era igual al mío solo que parecía desordenado desde afuera). Había un poster de uno de esos animes, aunque no tenia idea cual.
Bueno, personalidad no le faltaba.
Metí mis maletas a la habitación, mirando todo un poco más de cerca antes de girarme hacia Carla que había carraspeado la garganta para llamar mi atención.
—Se que esto puede ser un poco incómodo considerando tu formación anterior, pero no te dejes engañar mucho, Armando es un omega si, pero también es un chico muy vivaz. Además, solo estarás con él por un tiempo hasta que logremos ajustar el resto de habitaciones. —
—Por mi está bien, siempre y cuando él no se incomode. — Ojalá y no, además de mi mamá nunca había lidiado con un omega triste o incómodo. Supongo que sería una cosa más que aprender.
Carla me dejó luego se eso, con instrucciones claras: arreglar mis cosas y ponerme cómodo.
El obstáculo se presentó cinco minutos después cuando abrí mi maleta y el ligero aroma a Bacardí y madera se desprendió de mi ropa. No fue lo suficiente para inundar el lugar, pero me hizo pensar nuevamente en mi compañero de cuarto.
Aún no lo conocía, y Carla había dicho que era amigable, que, si todo iba de acuerdo al horario, el llegaría una o dos horas después por el entrenamiento. Aún así yo sabía que no sería exactamente de su gusto llegar cansado y lo primero que huelas en un lugar que se supone es tú espacio sea un alfa desconocido.
Personalmente, a mí me molestaría bastante.
En realidad, ahora que me daba cuenta, la habitación ya tenía un aroma. Era tenue, apenas perceptible por encima del olor a mobiliario nuevo y, aunque fuera más intenso, probablemente yo no podría olerlo del todo bien debido a los supresores. Aun así, era dulce; como almendras caramelizadas y un toque picante de canela.
No era desagradable pero el poder olerlo me ponía un poco de mal humor, y a mi lobo también.
Segui guardando mi ropa, aunque tenia esto de los aromas en mente todo el tiempo. Era una diferencia más entre Estados Unidos y México; las reglas sobre supresores eran menos estrictas que aquí, una de las cosas que al inicio había disuadido a mi manager de aceptar.
Los supresores tipo A estaban prohibidos aquí, estaba demostrado científicamente que al estar diseñados para alfas estos te daban ventaja física en la cancha. En Chicago estaba bien porque solo jugábamos alfas, ahora si usara los supresores tipo A aquí seria descalificado porque eso me daría una ventaja sobre los omega. Aumentaban la fuerza, la resistencia y retrasaban la fatiga por un rato. Eran químicos así que obviamente tenían sus efectos secundarios, golpes de somnolencia luego de que bajara la adrenalina, en mi caso hacia que me fuera imposible oler otros aromas y suprimía tanto el mío que me hacía parecer un beta. Aquí eran una droga controlada fuerte, debido a todos sus otros efectos estaban prohibidos en cualquier otro deporte profesional mixto. En estados unidos parecía mucho mas sencillo porque el futbol no era un deporte que se expusiera mucho, al menos no el futbol soccer.
Lo que me ponía en un aprieto personal incomodo. Ya los había dejado claro, no quería arriesgarme a fallar el dopaje, los deje apenas me decidí a firmar para Chivas, pero mi propio compromiso me golpeaba en situaciones como esta, cuando podía oler a otros después de tanto tiempo sin hacerlo, y si algo sabia; yo podía olerlos así que ellos a mí.
Los supresores tipo B eran mucho menos fuertes, y solo servían para evitar las expulsiones de feromonas demasiado fuertes, pero como no tenían mayor uso y mucho menos efectos secundarios eran los supresores permitidos a nivel profesional en cualquier deporte alrededor del mundo.
Pinches mamadas la verdad, yo no estaría pasando por este episodio de abstinencia si Estados Unidos tuviera mejores reglamentos. Además, como yo era terco los usaba en dos presentaciones diferentes, las pastillas y los parches, ya lo sé, un intento para hacer que mi olor no fuera tan notorio y así yo tampoco olería tanto. Claramente era un error porque solo tenían efecto cuatro horas.
Un carraspeo me hace saltar un poco hacia atrás como un gato asustado, mirando rápidamente a la puerta donde un chico castaño y de ojos muy grandes me miraba con diversión.
Este debía ser Armando, pues claro, pendejo. ¿Quién más tendría la llave sino él?, pero a juzgar por su obvia mueca de risa ya debía llevar un rato en la puerta solo viéndome divagar con la mano alrededor de mis pastillas supresoras.
—Pfft kiubo güero. Si no muerdo. ¿Porque tan asustado?— Su voz es definitivamente burlona cuando entra en la habitación, echándose una toalla al hombro mientras se acercaba a mí, por alguna razón sus ojos parecían estar evaluándome con mucha atención, desde mi mano aun apretada alrededor del frasco hasta mi garganta pasando saliva para hablar.
—No estoy nervioso, simplemente me asustaste. — Que mentira, hasta mi lobo sabia que definitivamente estaba nervioso, no solo por su exhaustiva evaluación sobre mí, sino porque este era Armando, Armando era un omega, eso se suponía, pero no parecía en absoluto uno. No se debía a que fuera más alto que algunos omegas que yo conocía, tampoco a sus hombros anchos, esos seguramente se los había dado el entrenamiento. Pero había entrado a la habitación con confianza, burlándose de mí. En realidad, no había conocido a ningún omega que se comportara así; tampoco es que tuviera muchos grandes referentes.
—Ah ya entonces te asuste, pues no pasa nada. Soy Armando, mucho gusto. — Ahora su voz era mas tranquila, aunque definitivamente se estaba riendo de mi a juzgar por los hoyuelos en sus mejillas.
Le estreche la mano ligeramente, sacudiendo de arriba abajo. Armando simplemente correspondió con una sonrisa y se movió a su lado de la habitación.
—Tu debes ser Brian. Carla me dijo que llegabas hoy, si quieres que nos llevemos bien hay una sola regla, no toques mis figuras y eso es todo. Sencillo pa’ ¿apoco no?
Aquello era definitivamente raro para mí, pero asentí, era una regla sencilla, no toques al Goku de la repisa y nos íbamos a llevar bien. Yo, en cambio no tenia pensada ninguna regla.
—Esta bien, entonces sin tocar tus figuras… ¿Y uhm, sobre lo otro? — Claramente yo no tenía la menor idea de cómo abordar este tema, me distraje acomodando un par de camisas en los cajones del ropero, mentalizándome para lo siguiente.
—Ah chinga, ¿que otro?
Bueno, lo admito. Casi me rio con eso, una pequeña sonrisita se formo en mis labios, pero desapareció enseguida porque mi lobo se sintió irritado por el comentario. ¿Cómo era posible que este omega no entendiera de que estábamos hablando?
No debí girarme para mirarlo, esa era probablemente la respuesta a todas mis dudas. Armando ya estaba quitándose la camisa con total naturalidad. Me hizo pensar que en lugar de llamarse Armando deberían de decirle “El confiancitas”.
Él también me miró, levantando una ceja poblada a modo de pregunta, mientras lanzaba su camisa a una pila de ropas en medio de su cama. Supuse que era la ropa sucia por el aroma que desprendía, lo que me obligaba a dejar de mirarlo como un pendejo y de una buena vez decir lo que quería decir desde que llego.
—Sobre tú y yo… O sea, no de esa manera me refiero a que tu eres un omega y yo un alfa. Estaremos aquí juntos mucho tiempo así que es inevitable que me huelas y que yo te huela a ti…
—Aja, ¿Y? Eso es normal güero, además si soy honesto no es como que tú huelas a nada, Carla me dijo que eras un alfa, pero no me dijo que eras recesivo. No te preocupes, aquí la verdad eso nos vale.
¿Recesivo? A chinga, ¿quién le dijo que era recesivo? Probablemente era por el olor químico de los supresores, pero yo definitivamente no era un Alfa recesivo. No sabía si alegrarme porque Armando pensaba que era un recesivo o ofenderme por ello.
Por un lado, era bueno porque significaba que los supresores estaban funcionando a su máxima potencia, pero por el otro que mi aroma fuera tan tenue solo significaba que ahora no parecía un beta, sino un alfa débil.
No era tan malo, o al menos de esa forma intento tranquilizarme mi lobo. Al final era exactamente lo que yo quería, pasar desapercibido.
Well not exactly like that.
—Entonces no molestarte? — Creo que acabo de decirlo mal.
—¿Molestarme? Nombre aquí no somos tan mameys, lo que si es que supongo que usas supresores, ten cuidado con esos parece que no pero ya luego como que te irrita la nariz. Aquí casi no los usamos la verdad, uno termina acostumbrándose al olor de los demás. Aunque ten cuidado con el piojo cuando anda de buenas apesta vestidores, y eso es casi siempre.
—Ya…pues me alegro. Que bueno no incomodarte. — Y seguí acomodando camisas mientras mi lobo daba vueltas en mis adentros, completamente confundido. Armando no dijo nada después de eso, en su lugar se metió a nuestra ducha compartida.
Tendría que acostumbrarme a su vivacidad.
Cuando termine de desempacar, las horas de viaje comenzaban a pesar, me ardían ligeramente los ojos y como que me pesaba el cuerpo. Por desgracia justamente cuando estaba por estrenar la cama Armando salió del baño completamente vestido y me dio un empujón en el hombro suavemente.
—Cámara güerito, no te me duermas. Carla me pidió que te terminara de mostrar el lugar.
You've got to be kidding me. ¿Me estás diciendo que, aparte de haber ido a entrenar, todavía tenías energía para hacerla de guía? What the hell. Mire la cama con autentica nostalgia, asintiendo lentamente antes de apresurarme para alcanzar a Armando que ya caminaba hacia el pasillo.
—Pues Carla seguramente ya te conto la historia de Verde Valle, pero acá tu servilleta te va a dar el tour útil. Comencemos con las presentaciones. Yo soy Armando “El Hormiga” Gonzales, y me puedes decir como quieras, la verdad no me molesta.
—Como tú todavía no tienes apodo te voy a decir Guti. Ya eventualmente cambiara.
Bueno, definitivamente era “El confiancitas Gonzales”, pero me reí en lugar de decir nada, Armando era esa clase de persona que hacía que estas cosas parecieran sencillas. Su tour estaba poniéndome de mejor humor, aunque claro que aun tenia sueño.
—Primero lo primero pa’, si no tienes te vas comprando unos audífonos con cancelación de ruido, el piojo siempre se nos aloca con la bocina en los traslados y no se oye más que su playlist con cantos de gallo.
Eso sí que despertó mi curiosidad.
—¿Cantos de gallo?
No se confundan, mi papá tenia de alarma a un gallo cantando que sonaba en las mañanas, pero una cosa era eso a tener música con… ¿Gallos cantando?
—Simón, solo dios sabe de donde saca tanta chingadera, pero luego pone unas rolas que… bueno, pero cae bien mi compita, es super relax.
De cierta forma yo no podía creer que estaba aquí, para empezar porque mi cerebro estaba trabajando el extra en entender todo lo que Armando decía, y, en segundo lugar, Armando precisamente. Me descoloco la forma tan rápida en la que me había recibido, como si fuéramos amigos de toda la vida en lugar de dos personas que se conocían hace cuarenta minutos.
—Cosas importantes que debes recordar hay varias, pero ahí van las mas importantes. No le ganes al utilero en domino. Siempre deja tantito café en la cafetera o de lo contrario te toca hacer más. El pinche CM yo creo que te va a caer muy bien; como lo quiero al cabron, aunque no se busque chamba. Pero lo más importante lo único que puede salvarte de una mala experiencia: no le hables de Messi a Milito.
¿Messi? Que chingados tiene que ver Messi.
—¿Te refieres a que no le diga que Ronaldo es mejor? o ¿que no le diga que Messi es mejor que Ronaldo?
Armando no se tardo nada en burlarse de mí, carcajeándose en mi cara mientras finalmente llegábamos al campo de entrenamiento. Ni mi lobo ni yo entendíamos que chingados había pasado para desatar semejante risa.
—No te lo tomes tan en serio Guti, no es como que te vaya a dejar en la banca, pero en todo caso es la primera opción, se desconecta machín si ensucias a Ronaldo.
Bueno, de todas formas, a mí tampoco me cae tan bien Messi.
El campo ya estaba vacío, pues era entrada la tarde, y aunque en definitiva estaba cansado de tanta información nueva, Armando ni siquiera me dejo negarme cuando arrastro una de las porterías de utilería al centro de la cancha, pateando un balón hacia mis piernas.
—Ya ni te pregunte. ¿En qué posición juegas? — Sus ojos, que por cierto recién note que eran muy grandes, me miraron desde donde Armando acomodaba la portería, esperando que yo hablara o que pateara la pelota.
—Soy mediocampista. — No llevaba ni los tacos para jugar, pero aun así le lancé un pase directo al centro de la portería, él lo detuvo fácilmente con la rodilla, y en cuanto el balón cayó me presumió haciendo un par de dominadas con él.
—Con razón, ya decía yo que tenias caras de que piensas un chingo.
—No estoy seguro de si es un halago eso que dices. — Nota mental, comprar un curso en línea para hablar español.
Armando no dijo nada sobre la forma en la que yo vomitaba a medias el español y en su lugar me paso la pelota. Ahora que lo conocía mas me sentí medio pendejo por haber estado comiéndome las uñas al respecto.
—¿Alla es muy diferente? Me refiero a el ambiente y eso. — Armando me hablo y yo por andar de distraído casi me gano un balonazo en la cara, sonreí mientras devolvía el balón pensando en una respuesta.
—Si, digo, solo te conozco a ti, pero por el momento puedo decir que sí. Como allá todos los que juegan son alfas, es más difícil mantener una amistad sin que se ofendan porque no les diste un pase. Hay gente que, si juega para el equipo y otros que solo juegan para sí mismos and well, that's fine. Pero luego si se enojan.
—La neta siempre me han parecido mamadas, todo el sistema de Estados Unidos respecto al futbol, es muy pendejo no dejar que los que tienen talento jueguen nomas porque son Omegas, talento es talento diría el chicharito.
Y tenia razón. Aunque tampoco me parecía bien opinar de ese tema porque para empezar yo ni omega era. ¿Cómo iba a opinar si yo siempre eh tenido el privilegio de haber nacido alfa? Aun así, no dejaba de sorprenderme todo, que el futbol aquí fuera mixto era una cosa que me generaba mucha intriga; honestamente nunca había jugado contra un omega en la cancha.
Mi único referente en este momento era Armando, quien además ya me había demostrado ser exactamente lo que Carla dijo. Un omega amigable pero muy perspicaz. Si era honesto, me moría de ganas por el primer entrenamiento, quería ver lo que Armando podía hacer.
Sin darme cuenta me encontré tan relajado que olvidé mi cansancio y comencé a jugar persiguiendo a Armando y al balón, desarrollando el juego como si realmente estuviéramos en un partido importante. Incluso mi lobo calmo su ansiedad, sintiendo inmediatamente la química que teníamos en la cancha.
Aunque quizá se debía a tener el campo completo para nosotros solos pero la conexión con la pelota fue innegable; aun sin palabras y a base de puros pases. Logré sacarle un par de risas, aunque en su mayoría de burla, y eso termino de calmar la incomodidad.
Ya no me importaba si era un omega porque de alguna manera Armando había logrado incluirme en su circulo casi de inmediato, como si llevara años aquí, como si ya fuera una parte esencial del club.
Yo siempre había sido un jugador de equipo, pero ahora sentí que lo era aún más. Había dudado en un inicio quizás porque pensé que venir a México era retroceder en mi carrera, ahora con Armando simplemente riéndose mientras yo sin querer me volaba la portería me hizo entender que no, que quizá esto era exactamente lo que necesitaba para ser mejor.
Había pasado tanto tiempo compitiendo por la estrategia que había olvidado como era jugar solo porque me gustaba hacerlo. Mi mamá tenia razón, México era un país cálido y no solo por sus altas temperaturas, porque si, tenia calor y ya casi eran las ocho, pero sus personas lo eran también. No solo Armando, sino Carla e incluso el chofer al que no supe sacarle platica.
Cuando terminamos me sentía feliz, estaba algo sudado y como no habíamos calentado en absoluto me dolían un poco las piernas, pero sonreí cuando Armando me paso un brazo por los hombros y me zarandeo juguetonamente.
—Ahora que lo pienso se me olvido darte otra regla importante.
—¿Ah sí? ¿cuál?
—Nunca pero nunca llegues tarde a la cena, y córrele güero porque ya va a empezar. — Así sin más se echó a correr rápido, sorprendiéndome de nuevo por su cumulo de energía.
¿How the hell did he do that?
Con un quejido de pura pereza comencé a correr también para perseguirlo, dándome cuenta, y mi lobo también, de que los supresores habían dejado de surtir efecto.
Y más importante aún. Ni Carla ni Armando me habían mostrado el comedor.
