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De WCKD a Beacon Hills

Summary:

Cuando los chicos del laboratorio y del brazo derecho llegan a un nuevo lugar, Aris no imagino que podía confiar de nuevo.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: El primer encuentro

Chapter Text

Llegar a un nuevo lugar siempre era aterrador, eran nuevas caras, nuevas sensaciones y para personas como ellos sin duda todo era mucho peor, no estaban acostumbrados a tener una vida normal, nunca lo fueron, siempre huyendo por sobrevivir, siempre alerta así que ahora se debían de acostumbrar a todo.

Recuerda el primer día que llego, Thomas y los demás rápidamente entablamos conversación con demás chicos, parecía que llamaran a ser sociales, todos parecían llevarse bien, todos menos el, seguía alerta, sentía que en cualquier momento alguien de WCKD llegaría y los sacaría de su ensoñacion y volverían a estar corriendo y escondiéndose.

En medio de aquellas platicas salio del lugar, se alejo para estar en un lugar más tranquilo, estar rodeado de personas aún lo abrumaba, no se dio cuenta que alguien lo seguía por la habitación.

Corey sabía que llegarían personas nuevas, les habían avisado a todos los estudiantes que fueran amables y pacientes con los nuevos, después de todo venían de un lugar problemático así que el y sus amigos se habían acercado a ver de quienes se trataban cuando llegaron.

—Mira, son ellos...— Mason lo movió un poco, aunque el ya tenia su atención puesta en los nuevos llegados.

Su mirada se había fijado de inmediato en aquel chico, delgado, iba en medio de los más grandes, junto a un chico rubio, tenía una sudadera de color gris puesta, la capucha le caía por la cara casi sin poder verle nada, aunque aun alcanzo a ver pecas en aquella piel lechosa.

Corey Observo como se acercaban a los demás, como hablaban y se reían, aun así no quito su vista de aquel chico, Observo como el chico parecía nervioso, vio como poco a poco se apartaba hasta que se alejo llegando a una esquina apartada.

—Y harás algo?...— Mason lo volvió a mover haciendo que su tensión cayera en el.

—Que?...—

—Si, llevas desde que llegaron viéndolo... por qye no vas y le hablas?...— Mason tenía una sonrisa en el rostro.

—No creo...— Ni siquiera pudo terminar la frase cuando Mason lo empujó.

—Solo ve...— Y con eso se alejo.

La Quimera tomo aire y asintió para poco a poco acercarse a aquel chico, cada paso que daba se sentía como entrar a un lugar con mayor peso y cuando estuvo cerca quiso arrepentirse pero paso algo que lo dejo quieto en su lugar.

Había estado cerca de la ventana revisando uno de los folletos que les habían dado, quería memorizar todo lo más rápido que podía, no quería terminar perdido. Estaba en eso cuando unos pasos lo hicieron entrecerrar los ojos, aun así no se movió. Los pasos se acercaban y cada uno era una alarma. Ya había aprendido eso: pasos igual a peligro. Pero estos se detuvieron, no sonaban como botas, no sonaban como guardias. Levantó la vista solo un poco, lo justo para ver. Y se encontró con un chico, alto, nervioso, con cara de "No se que hago y me asusta". Era como ver a un ciervo atrapado por los faros. No gritaba, no lo agarraba, solo... lo miraba, como si fuera la primera vez que veía a alguien de verdad, y eso fue peor, porque por primera vez en mucho tiempo, no sintió ganas de correr y eso lo asustaba más de lo que debería.

Cuando aquel chico levantó la mirada Corey perdió todo, sintió su mundo caerse y levantarse ahora con un nuevo propósito, aquellos ojos lo observaban con curiosidad y el se sentía un bicho bajo un microscopio y es que no podía moverse, sentía la boca seca y las manos le temblaban y sudaban como si hubiera hecho ejercicio y su corazón, podría estar sufriendo un paro cardíaco ahí mismo, sentía que se le quería salir del pecho, quería ponerse de rodillas y rogar para que aquel chico no le quitara la vista de encima y es que ahora todo su mundo se reducir a aquellos ojos verdes brillantes que lo observaban, quizá aquel chico era una especie de hechicero o algún portador de magia pues ahora sentía que iba a poder mirar otros ojos qué esos, que su mundo ya no era nada porque ahora su mundo era ese chico.

—Puedo ayudarte?...— La voz del chico rompió la tensión como un cuchillo muy afilado y caliente cortando mantequilla y fue como tirarle un balde de agua fría, aquella voz empeoró todo.

Aquel chico de ojos verdes hermosos tenía una voz también hermosa, era suave, calmado, como un mar en calma, se escuchaba como una melodía que sin duda querría escuchar toda su vida, una melodía que lo arrullaba, que calentaba su pecho con algo que aún no tenía nombre pero que sin duda seguiría creciendo.

—Y-yo... Corey... digo, soy Corey... mi Nombre es Corey...— Si pudiera golpearse lo haría, lo hizo mentalmente, su voz temblaba, para nada tan calmada como la de aquel chico, estaba nervioso, su lengua se sentía pesada, sentia un nudo en la garganta que no lo dejaba hablar bien.

—Esta bien?...— El chico pareció captar su nerviosismo pues Ladeo la cabeza y aquellos hermosos ojos se habían entrecerrado con curiosidad, desde su punto de vista parecía un adorable gato, pero sabía que hasta el gato más calmado podía sacar las garras y lastimarlo, debía tener cuidado de no asustarlo.

Con esa idea en mente, soltó un suspiro tratando de calmar sus latidos y sus pensamientos qué no dejaban de gritar, quería hablar con el, quería estar cerca, quería ser su amigo.

—Cual es tu nombre?...— Y dios, celebró mentalmente por poder pronunciar la pregunta sin sonar desesperado.

—Aris... mi nombre es Aris, un gusto conocerte Corey...— El chico pareció relajarse al no ver una amenaza en Corey.

Si Corey pudiera pensar en algo al escuchar aquel nombre sería sin duda "es perfecto" y es que para el aquel nombre sonaba perfecto.

—Aris...— No pudo evitar repetir aquel nombre y si ya de por si sonaba perfecto, ahora podía decir que sabía así, aquel nombre dicho por su propia voz, por su lengua, sabía a miel entre sus labios, una especie de ambrosía qué si no tenía cuidado lo volvería adicto.

—Si, así me llamo...— La comisura de sus labios se elevaron un poco, no una sonrisa como tal, pero había demostrado que toda aquella interacción le había generado un poco de gracia y ver ese pequeño movimiento fue todo para Corey, fue hermoso, fue perfecto.

Si Corey podía asegurar algo sin duda seria que el amor a primera vista existía, el era de los que cayeron en ese hechizo, no había duda que sin protección había caído al mundo de Aris, se había enamorado de aquellos ojos, se había enamorado de esa voz, se había enamorado de sus pecas y sin importar que estaba seguro que lo iba a tener para el mismo, podría sonar egoísta, obsesivo, tóxico o lo que quieran pero ya lo había decidido, vivirá por y para ese chico, sería suyo de una o de otra forma.

—Bienvenido a Beacon Hills, espero que tu estadía aquí sea la mejor y... y puedes contar conmigo para lo que gustes, estaré encantado de ayudarte y acompañarte a donde quieras...— No sabia de donde había sacado aquella valentía para decir todo eso, pero lo agradecía, quería dejar en claro que podría serlo de utilidad a Aris.

—Oh... supongo que muchas gracias, te tomaré la palabra cada vez que suceda algo...— El chico por fin sonrio de verdad, una sonrisa amable, dulce y sin duda que fue el último clavo en el ataúd de Corey, moriría por ver esa sonrisa siempre.

—Si! Yo estaré encantado, somo dime en que te ayudo y lo hago...— Sus pies se movieron antes de poder pensarlo mejor y aunque tropezó un poco, se terminó sentando a un lado de Aris.

Aris al ver a aquel chico extraño y amable tropezar no pudo evitar reír un poco, una risa que trató de disimular pero no pudo.

Las mejillas de Corey se sonrojaron tanto que parecían dos manzanas, pero no fue por la vergüenza como tal, fue porque aquella risa fue la melodía más hermosa que haya escuchado, claro, por debajo de escuchar su voz. Sus ojos brillaban con deseo, un deseo de que esa risa fuera suya, estaba tan atento qué vio como al reírse el chico dejaba a la vista sus dientes y dios, ver aquella pequeña separación entre sus dientes delanteros fue como ver a un conejito tierno, pero no lo diría, aun no, se guardaría todo lo que sentía para el mismo, al menos por el momento.

—Lo siento, no me quería reír...— Aris desvío la mirada algo avergonzado, no quería ofender a Corey, no sabia que Corey caería con tal de verlo reír una vez más.

—No te preocupes! Suelo ser muy torpe así que esta bien...— Lo que menos quería Corey, es que el chico se escondiera, no, eso sería una desdicha para el.

—Oye Aris... mira, esta bien que te rías, no me molesta... para demostrarlo déjame invitarte algo, vamos a la cafetería! Seguro que hay algo que te guste...— Corey se levantó rápido y extendió la mano para ayudar al chico a levantarse también.

Por un momento Aris se quedó callado viendo aquella mano ofrecida, sentía su pecho pesado con recuerdos dolorosos, odiaba el contacto físico, siempre lo odio, el contacto físico significaba dolor, desde pequeño lo aprendió, siempre que alguno de los científicos, de los guardias o de cualquier persona lo tocaba, significaba que le dolería, una aguja por aquí, un corte por haya, una esposas que lo sujetaba, todos experimentando con el, a veces olvidaba que ya no era un producto, ya no era solo "B1, propiedad de WCKD" ahora era Aris, Aris Jones, una persona propia que podía vivir y hacer lo que quisiera, podría ser libre, volar por fin.

Soltando un suspiro Aris extendió la mano, quería confiar, quería saber que se sentía ser tocado sin dolor, así que armandose de valor, tomo la mano qué Corey le ofrecía y fue sin duda algo extraño, la mano era cálida pero húmeda, demostraba que corey estaba igual o más nervioso que el, eso era sin duda algo tierno.

—Bien Corey, llévame...— Y así, dejando aquellas ataduras de WCKD atrás, decidió que si iba a confiar, lo haría con ese chico de ojos avellanas, lo haría con ese chico de voz nerviosa, lo haría con ese chico que le estaba demostraba confianza.

Ambos con un nuevo propósito, uno con el propósito de pertenecer y el otro con el propósito de cuidar, ambos bailando en la misma línea, ambos con sus sentimiento nuevo, ambos con un futuro incierto, pero ambos queriendo estar con el otro, ambos queriendo ser parte del otro, ambos queriendo estar y eso lo era todo, ambos emprendiendo un camino no solo a la cafetería si no también a algo que sin duda se volvería más fuerte, más puro y aunque ahora no lo veían, ya lo sentían y estaban bien con eso, todo estaría bien si siempre se quedarán juntos y así iba a ser, siempre.