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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-08-10
Completed:
2026-08-16
Words:
2,702
Chapters:
2/2
Comments:
6
Kudos:
27
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1
Hits:
241

El Espejo Del Alma

Summary:

Dicen que los ojos son el espejo del alma, pero si esos ojos han dejado de mirarte directamente, ya no puedes saber qué hay en su reflejo.

Chapter 1: Reflejo Vacío

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Sus miradas se habían cruzado cientos de veces desde que se conocieron por primera vez, ya hacía muchos años. Unai no era más que un crío que soñaba ser portero del Athletic y Mikel era otro niño que soñaba con la capitanía de la Real Sociedad. A pesar de su temprana edad, el de Vitoria fue capaz de ver un fuego y una luz que brillaban con la fuerza de mil soles en los ojos del otro muchacho, aunque lo intentase disimular con su semblante tranquilo y sosegado. Esa pasión por aquello que le gustaba no era tan fácil de esconder para alguien entrenado en analizar a sus rivales, así que Unai podía verlo claramente. Mikel quería marcar goles para dar la victoria a su equipo, mientras que Unai quería defender su portería a toda costa para evitar la derrota del suyo. De esta manera, en los derbis se desafiaban con miradas intensas llenas de pasión por el deporte que ambos amaban. Se retaban de forma silenciosa, conocida solamente por ellos dos, durante esos noventa minutos, hasta el día que ya no lo hicieron.

Unai desconocía qué había pasado, qué había cambiado o si había sido él mismo quién había hecho algo para que Mikel cambiase su forma de actuar con él. Cada vez que las pupilas de ambos jugadores se cruzaban fugazmente, el guardameta podía sentir como los ojos tristes del delantero veían más allá de él. Esos ojos tan hermosos ya no le veían, se posaban en la red que tenía detrás, siempre dispuestos a marcar un gol para el club de su vida. Incluso cuando jugaban en la selección, ambos por fin juntos en el mismo equipo, Unai sentía que cuando Mikel se giraba para mirar a la portería, fuese desde la otra punta del campo o desde el banquillo, veía a través de él, como si Unai no estuviera allí. El portero siempre se había enorgullecido de saber cuando los ojos de su delantero favorito se posaban fijamente en él, sin importar la distancia, y hacía ya demasiado tiempo que no sentía aquella sensación. Se mentiría a sí mismo si dijera que no la echaba de menos.

Dicho así uno podría pensar que Unai y Mikel habían dejado de ser amigos, pero ese no era el caso, nada más lejos de eso. Seguían compartiendo infinitud de cosas y pasaban mucho tiempo juntos cuando podían. Se conocían de casi media vida, habían construido rutinas durante los años que podían seguir de forma ciega y eso no iba a cambiar, ninguno parecía dispuesto a que aquello se esfumase. Aun así, Unai había notado como la conexión que compartían había menguado. Seguían haciendo bromas, conversando y enviándose mensajes antes de un derbi o un partido importante, como siempre, pero para el de Vitoria nada era lo mismo desde que Mikel no le miraba a los ojos.

El portero del Athletic echaba de menos que los iris verdes del capitán de la Real se encontrasen con los suyos como habían hecho tantas veces en el pasado. Añoraba esa conexión silenciosa donde se comunicaban más allá de las palabras. El fuego y la luz que Unai había visto años atrás seguían brillando con fuerza, pero ya no se dirigían a él. Mikel ya no buscaba sus ojos, de hecho los rehuía, mientras que Unai tenía que luchar consigo mismo para apartar la mirada del otro vasco y dejar de buscar sus añoradas pupilas. ¿Cómo podía saber qué le pasaba por la cabeza del eibarrés, si este le negaba el acceso más directo, el más puro? 

Unai se consideraba una persona muy afectuosa, sobre todo físicamente. Si podía, y eran bienvenidos, daba abrazos y besos a todos sus compañeros, sin importar que fueran de equipo o de la selección, pero especialmente a Mikel. Aunque su amigo fuese su rival, Unai siempre tenía algún gesto cariñoso con él. No era justo lo fácil y lo bien que se sentía tener al eibarrés entre sus brazos. Tampoco lo era lo sencillo que era plantarle un beso en la sien o en el cabello. El portero agradecía que el delantero jamás huyera de sus muestras de afecto, porque, si lo hubiese hecho, lo habría acabado devastando. De hecho, el más bajo de los dos parecía estar cómodo en cada una de esas ocasiones, cosa que desconcertaba aún más al portero del Athletic. 

Unai temía que su mejor amigo se hubiera dado cuenta de lo que sentía por él y eso le incomodara, pero entonces no entendía porqué dejaba abrazarse tantísimo. Además, había veces que era el mismísimo Mikel quien iniciaba el contacto físico con el guardameta. Aunque eran pocos momentos comparados con las veces que lo iniciaba Unai, cada uno de ellos vivía su cabeza, pero sobre todo en su corazón. Jamás olvidaría aquel abrazo tras la tanda de penaltis contra Suiza donde Mikel saltó sobre él, confiando ciegamente que lo cogería. Como no podía ser de otra forma, el portero lo agarró con todas sus fuerzas y evitó que ambos cayeran sobre el césped. Mikel se aferraba a su amigo como si este fuese a desaparecer en cualquier momento, como si fuese a desvanecerse sin dejar rastro, como si fuese arena que se perdía entre sus dedos sin remedio…

Para Unai, en aquel instante se detuvo el tiempo, se detuvo el mundo entero. Su existencia se podría haber acabado ahí, con todas sus metas futbolísticas sin alcanzar y sus sueños sin realizar, y hubiese sido feliz. Tenía a todo su mundo en sus brazos.

Muy a su pesar, el guardameta era plenamente consciente que Mikel tampoco le había mirado a los ojos en ese momento, a pesar de que él mismo los buscaba con desespero. Necesitaba conectar con él en ese momento de éxito y júbilo, pero Unai no encontró esos iris verdes que tanto añoraba, ya que el otro vasco se esmeró para que no se cruzaran. Había escondido la cara en la mejilla del otro, mientras lo felicitaba por el trabajo bien hecho y lloraba de emoción. Unai podría engañarse pensando que sintió el corazón de Mikel latir igual de desbocado que el suyo. Podría pensar que las lágrimas de felicidad solo las quería compartir con él, que Unai era la primera persona que se le pasaba por la cabeza al eibarrés, que el otro deseaba sentirlo tan cerca como él… Podía pensar y engañarse de muchas formas, pero al final solo eran mentiras que tampoco le hacían sentir mejor, más bien todo lo contrario.

No le había comentado nada de eso a Mikel, igual que él tampoco se lo había mencionado. Era como el desafío silencioso que tenían de jóvenes, solo que de otra forma menos futbolística. Unai tenía miedo de que si decía algo de aquello que le atormentaba en voz alta, se acabaría rompiendo la menguada conexión que compartían los dos vascos. Él y Mikel eran amigos, seguían haciendo las cosas que habían hecho media vida, sólo habían cambiado las miradas por parte de Mikel. ¿Por qué tenía que arriesgarse a perder su amistad con el delantero? ¿Qué le iba a decir al eibarrés sin sonar ridículo o, peor aún, totalmente enamorado de él? No podía arriesgarse a perderlo del todo. No podía perder su mundo entero por una tontería como aquella, aunque si le afectaba de esa manera, quizás no era tan tontería…

Los ojos eran el espejo del alma o eso se había dicho siempre. Era la forma de conexión más pura que podían compartir dos personas. ¿Entonces, qué había hecho Unai para que Mikel no desease devolverle las miradas? ¿Por qué se empeñaba el delantero en rehuir ese contacto en específico pero ninguno más? ¿Acaso Mikel no notaba el muro que se había formado entre ellos? Unai no tenía respuestas para ninguna de esas preguntas, ni para las muchas otras que no le dejaban dormir. Tampoco las iba a encontrar, cuando no se atrevía a formular sus inquietudes en voz alta. El miedo a perder a Mikel era más grande que cualquier respuesta que desease buscar. Así que lo mejor que podía hacer era enterrarlo todo en el fondo de su ser y seguir adelante, como había hecho desde que todo cambió. 

Al final, Unai se había resignado a entender que jamás volvería a aparecer en el reflejo de esos tristes ojos verdes que le habían robado el corazón.

Notes:

En principio había pensado en dejar el final abierto y tristón, porque la idea me vino así de sopetón y me gusta que la gente pueda teorizar sobre los posibles motivos de Mikel y hacerse la historia un poco suya. Aun así, si os interesa, podría intentar escribir el otro punto de vista de la historia.

Gracias por leer <3

EDIT:

Al final, tenéis el capítulo dos listo